6.
—Chicas, ya llegue ―canturreó Caroline.
Abrió la puerta de la casa de Bonnie con una de las copias que Bonnie les había dado a ella y a Elena.
Elena y Bonnie estaban sentadas en la sala sin decir nada.
— ¿Chicas? ―habló para hacerse presente.
Las vio ahí sentadas mientras que ellas la veían muy fijamente.
— ¿Qué pasa? ―preguntó interrogándolas con la mirada. Dejó sus cosas en el mueble y se acomodó el cabello ―. Siento la tardanza, las chicas del club son unas ineptas y…—empezó sin mirarlas.
No estaba acostumbrada a mentir y mucho menos a sus amigas.
—Corta el rollo, Care ―la interrumpió Bonnie—, lo sabemos todo.
Caroline abrió sus ojos y después frunció el ceño.
— ¿Qué? ¿De qué hablan? ―preguntó nerviosamente.
—Kol Mikaelson, vino ―dijo Elena―. Nos dijo que hace rato estabas en su casa con su hermano Klaus y que estaban discutiendo algo acerca de un baile.
La quijada de Caroline se abrió y maldijo a Kol de una y mil maneras.
—Ese muchacho impertinente siempre se mete en lo que no le importa ―gruñó por lo bajo―. Por eso nunca debes de salir con él, Bonnie ―dijo señalándola con un dedo, pasando por alto el hecho de que ellas sabían que en realidad no estaba con nadie del comité de la organización del evento de la universidad—. Además, ¿qué estaba haciendo ese mocoso aquí? Lo odio tanto ―vociferó rodando sus ojos y dejándose caer en un sillón frente a ellas.
— ¿Eso que importa, Care? Nos mentiste ―reprochó Bonnie, molesta―. Ni siquiera sabíamos que estarías organizando el baile de bienvenida de la primera familia fundadora, cuando teníamos planeado tener una tarde para nosotras y una pijamada, nos dejas plantadas y nos mientes diciéndonos que era algo importante.
— ¡Es algo importante! ―se defendió―. Escuchen chicas, siento no haberles contado, ¿de acuerdo? Enserio que sí. No estoy acostumbrada a mentir y mucho menos a ustedes, en realidad no. Pero ese hombre…y esa familia…
— ¿Qué? ―preguntó Elena, inclinándose en su asiento y viéndola—. ¿Qué tiene esa familia?
—Son extraños, ellos… no lo sé ―meneó su cabeza haciendo que sus ondas se movieran. Vio que Elena se acomodaba en su asiento y vio a Bonnie con su cara de meditación―. Tal vez no tenga el sexto sentido que Bonnie tiene —dijo viéndola y captando su atención―, pero siento algo cuando estoy junto a ellos. En especial junto a la chica; esa chica Rebekah tiene una mirada muy pesada y siempre que me encuentro junto a ella, hay algo demasiado denso en el aire. El hermano Elijah también, hoy que lo conocí, me veía de una forma muy extraña ―arrugó el ceño—, como si no me quisiese ahí dentro de su casa. Y de Kol ni siquiera tengo que decirles nada, es un maniaco y un acosador ―dijo rodando sus ojos.
— ¿Entonces porque sigues manteniendo contacto con ellos? ―preguntó Elena extrañada.
Fue el turno de Bonnie de rodar sus ojos, ante la inocencia de Elena.
—Es por Klaus, ¿cierto, Caroline? ―le acusó con la mirado haciendo que la rubia se mordiera el labio inferior―. A mí tampoco me dan buena espina, Care. No deberías tener ningún tipo de contacto con ellos. Siento algo negativo cada vez que me hablan de ellos y desde que llegaron a la ciudad no he tenido más que malos sueños.
Elena y Caroline se le quedaron viendo.
— ¿Qué? ―preguntaron las dos al mismo tiempo—. ¿Por qué no nos habías dicho nada? ―exclamó Elena.
—Nos pudiste haber advertido, Bonn ―dijo Caroline.
— ¿Yo cómo iba a saber que te ibas a hacer amiga de uno de ellos?
Caroline suspiró frustrada.
Bonnie era una chica muy linda. De una estatura más baja que la de Elena y Caroline, tenía los ojos verdes que hacían contraste con su piel achocolatada y tenía una sonrisa muy bonita. Era una chica calmada y de buenos sentimientos, pero no tenía la inocencia de Elena ni la maldad de Caroline. Era amable, maternal, considerara y tenía un sexto sentido que la separaba de sus dos mejores amigas. Su abuela siempre le decía que era un don que a las mujeres Bennett se les daba y que ella necesitaba aprender a usarlo porque era algo poderoso a lo cual le podría sacar provecho. Pero ni siquiera Bonnie sabía lo tan poderoso que ese don podría llegar a ser, y cuando empezó a tener malos sueños que involucraban a Mystic Falls y la llegada de la primera familia fundadora, supo que eran malas noticias y que no era bueno cruzarse en el camino de ninguno de ellos.
Así que con todo eso que Caroline le había platicado y con la horrible presencia de Kol Mikaelson en su casa, sabía que definitivamente la familia Mikaelson no era nada más que problemas.
—De acuerdo, de acuerdo ―dijo Caroline parándose del sillón―. Pero no puedo cancelarle el evento a Klaus así como si nada. Ni siquiera sabemos nada de ellos, podrían ser buenas personas.
Bonnie suspiró.
—No lo sé, Care, he tenido sueños bastante específicos ―dijo Bonnie viendo a Elena quien no sabía que decir.
—Creo que le daré una oportunidad más ―Caroline, suspiró—. Klaus se ha portado muy bien conmigo y no creo que sea de buena educación dejar de hablarle solo porque su familia no me agrada del todo y porque tú has tenido unas malas vibras.
—De acuerdo, si es lo que quieres, está bien ―dijo Bonnie encogiéndose de hombros.
Caroline era una persona demasiado terca y sabría que discutir con ella sería algo imposible, así que dejó las cosas así y se dedicó a seguir pensando en algo más que les pudiera dar pistas acerca de la primera familia fundadora.
―No Te Vayas Sin Mi―
— ¿Nik? ―Henrik entró a su despacho de poco en poco después de que Klaus le hubiese permitido pasar.
— ¿Qué pasa, Henrik? ―preguntó aun viendo los papeles que Caroline había dejado ahí. Su letra era redondita y chiquita.
Henrik entrecerró sus ojos.
—Vi a Caroline ―dijo captando su atención. Esta vez fue el turno de Henrik de sonreír―. Te gusta ―dijo como un niño pequeño.
Klaus sonrió para después dejar sus papeles aun lado.
—Siéntate, camarada ―le dijo Klaus señalando el asiento delante de su escritorio.
Henrik tomó asiento.
—Huele a chica ―dijo de repente―, huele bien ―se encogió de hombros haciendo que Klaus riera―. Es muy bonita, ¿cuándo la conoceré? ―preguntó.
—Pronto, le he pedido que organice el baile de bienvenida. Sera cuestión de tiempo para que tenga que presentarla en la familia.
Henrik asintió y se quedó callado un momento, pensando en cosas que Klaus nunca sabría.
—He escuchado a mamá y a Elijah hablando de ella ―dijo Henrik.
Klaus se acercó más hacia él, recargando ambos codos en el escritorio.
—No intentaba hacerlo, solo pasé por el pasillo del despacho de mamá y escuché a Elijah gritar.
Los dos se quedaron en silencio.
— ¿Elijah gritó? ―se preguntó más para el que a Henrik.
—Sí, de esas veces cuando se trata de contener —se encogió de hombros―, tú sabes ―Klaus asintió―. Dijo algo así como: Niklaus no está haciendo lo correcto. O algo por lo parecido.
— ¿Y después?
Henrik suspiró.
—No quise hacerlo pero…—miró hacia otra parte, sabiendo que lo que había hecho no había sido correcto― me pegué a la puerta para saber de qué hablaban ―dijo sin esconder que la verdad no le importaba ya que era un asunto que envolvía a su hermano favorito―; Mamá dijo que ella había hablado contigo y que te daría tiempo para organizar todo con la chica Forbes ―una sonrisa irónica se instaló en sus labios y negó con su cabeza, suspirando―, y Elijah dijo que era un gran error y que tarde o temprano toda la ciudad se terminaría enterando de quienes éramos. Después me fui y fue todo lo que escuché. ¿Qué pasa con Caroline, Nik? ¿Está en peligro? ―preguntó intrigado.
—No, amigo ―le dijo volviendo a recargar su peso completo en su sillón―. Elijah cree que seré tan descuidado como para soltarle todo a Caroline todo lo que somos.
— ¿Y Elijah tiene razón?
Klaus guardó silencio.
—No, claro que no ―negó―. No nos pondría en peligro de esa manera, tampoco a ella.
Henrik asintió de la manera en la que Elijah lo hacía al pensar algo que nunca nadie sabría.
—Entonces… ¿ella te interesa de verdad?
Los ojos de Henrik eran calmados, pasivos, verdes. Era un muchacho de trece años que era demasiado maduro e inteligente para su edad y lo demostraba en cada paso y respiro que daba. Klaus se le quedó viendo sin saber que decir, haciéndose esa pregunta el mismo. ¿En realidad le interesaba Caroline Forbes?
—No lo sé ―respondió apoyando ambos codos en el escritorio, cruzando sus manos―. No lo sé, Henrik.
Henrik asintió viendo a su hermano mayor perder la mirada en algún punto del despacho.
—No hablaremos de eso si no lo deseas. Podemos hablar de cualquier otra cosa; del baile, por ejemplo.
Klaus sonrió y empezó a contarle los planes que Caroline y él tenían para el baile y cómo mañana se reunirían para seleccionar todo.
―No Te Vayas Sin Mi―
—Esa chica no me agrada ―exclamó Rebekah caminando de un lado a otro―. No me agrada para nada.
Kol se quedó callado viendo a su hermana menor pasear de un lado para otro en una de las salas.
—Tenemos que deshacernos de ella.
Kol rodó sus ojos.
—Rebekah, querida, es solo una chica insignificante ―dijo despreocupado.
Se sirvió un vaso de licor y se sentó en un sofá viendo a su hermana ideando cosas.
—No lo es, Kol ―dijo enojada, su ceño fruncido, sus cabellos alborotados de tanto tocarlos por desesperación—. ¿Has visto la forma en la que Nik la ve? ¿Cómo la observa y como se la come con la mirada?
—Pfft —bufó―, es una de las chicas de paso de Klaus. Déjalo, cariño ―le dio un sorbo a su licor.
Rebekah rodó sus ojos ante el obvio desinterés de Kol.
—No lo dejo, Kol ―siseó entre dientes―. Me desharé de ella con tu ayuda o sin tu ayuda.
Kol suspiró desesperado.
—No lo hagas ―Rebekah paró en seco para verle―. Yo…tuve una situación con esa chica y Nik estu-
—Sí, sí ―rodó sus ojos—, supe de tu intento de violación, Kol. Bravo hermanito, tenías que liarte con la hija del Sheriff.
Él levantó sus brazos en un intento de defensa.
— ¡No sabía que era la hija del Sheriff! Escucha Bekah, mí tampoco me agrada la chica, pero Nik parece tenerle un afecto especial…
— ¡Lo ves! ―alzó sus cejas—. No es una chica insignificante. Maldita perra…
—Cálmate, Rebekah ―le dijo parándose―. Te he dicho que Nik le tiene un cariño especial. Me amenazó y todo por esa chica. Me amenazó, Rebekah ―dijo viéndole a los ojos.
— ¿Cuántas veces no lo ha hecho? Siempre que tienes la oportunidad de estropear las cosas, Nik se encarga de amenazarte a muerte.
—Me amenazó, Bekah ―le vio directamente―. Su cara…sus ojos, el tono de su voz. Creo que nunca lo había visto así desde…
—Tatia ―concluyó ella, dejándose caer en un sofá.
—Sí, Tatia.
—Como odio a esa mujer ―vociferó, Rebekah.
—Todos lo hacemos, cariño. Eso no la hace menos parte de la historia.
—Ella nunca fue parte de nuestra historia, Kol. Esa mujer arruino a Nik, a Elijah. Nos arruinó a todos. Esa mujer…es lo peor que le pasó a nuestra familia desde…
Kol la miró.
Ni siquiera podían llamarle padre, no podían siquiera pronuncia Mikael. No había lugar en sus bocas para hablar de eso ni en sus mentes para pensarlo. Así que los dos guardaron silencio y se quedaron sentados. Después de lo que parecieron horas, Rebekah volvió a hablar.
—No significa que no le pueda hacer el trabajo difícil ―dijo en un susurro, refiriéndose a Caroline.
Kol sonrió.
—Diviértete ―le dijo antes de salir de ahí, para dejarle sola.
Rebekah sonrió con entusiasmo sabiendo que su hermano estaría molesto por aquello.
