Respondiendo preguntitas de los reviews…Si, con el tiempo Rebekah y Caroline se llevaran bien. Pero falta para eso, no coman ansias. Si, puede que entre más en la historia de Elijah, porque es hermano de Klaus y por lo tanto juega una parte muy importante en la vida del protagonista. Y muchas gracias a Stephany! Me alegra saber que esta historia les parece buena y que les interese tanto como les está interesando. Muchas gracias a las alertas y a los favoritos. Las amo!
Gracias a: Alanis Dawson Salvatore, sporusnote, UshieVictoria, Lenchu, Sakurita—Rock, Stephany.
7.
Caroline: En unos minutos llego.
Klaus sonrió y respondió un De acuerdo, cariño que supo la hizo sonreír y enfadar al mismo tiempo. Esa noche había dormido esperando ansiosamente por el día siguiente, no podía esperar a ver que ideas tenía Caroline y como las estaría llevando a cabo, ordenando y mandando gente. Se frotó el cuello y caminó hasta llegar a la cocina; Rebekah estaba sentada junto a Henrik y los dos estaban metidos en algunos aparatos electrónicos que él no sabía manejar. Rodó sus ojos al escucharlos pelear acerca de algo tonto y pasó a un lado de ellos para llegar al refrigerador y sacar jugo.
— ¿A dónde vas? —preguntaron los dos al oler su colonia.
Volteó para encontrarse los ojos azules de Rebekah llenos de intriga y los de Henrik fingiendo una.
—Tengo una cita de negocios —se sirvió jugo—. Cosas de adultos —se encogió de hombros escondiendo una sonrisa sobre el vaso de vidrio.
—Cosas de adultos ¿huh? —repitió Rebekah entrecerrando sus ojos—. ¿Acaso tus "cosas de adultos" tienen que ver con la chica fea de ayer? —preguntó, veneno en su voz, fuego en su mirada.
Henrik suspiró y Rebekah frunció el ceño ante eso.
—Como he dicho, cosas de adultos Bekah —dijo, para después salir y dejarles solos.
Rebekah vio a Henrik volver su mirada a su videojuego.
— ¿Y tú qué? —le preguntó viéndolo—. ¿Conoces a la chica fea o algo así?
—No es fea —contestó tranquilo—. Y no, no la conozco.
—Ugh, Henrik —exclamó molesta—, ¿siempre tienes que ser tan…sabelotodo? Elijah dos —le acusó como una niña pequeña.
Henrick rodó sus ojos y se paró de ahí.
—Iré a mi habitación —dijo antes de desaparecerse por la entrada de la cocina.
Rebekah se quedó ahí sentada, rodó sus ojos también y se dedicó a ver ropa y accesorios de moda en su Ipad. ¿Por qué Nik tenía que salir con esa chica? ¿Quién era? ¡Ugh! ¿Por qué no podía simplemente estar soltero para siempre y quedarse con ella? Ella era su hermanita, tenía que cuidar de ella. No tenía esa conexión con Elijah y a Finn raras veces lo veía. Klaus era el único que le quedaba y a Kol ni siquiera lo veía como a un hermano mayor aunque fuese dos más que ella, era más su compañero de aventuras y Henrik era su hermanito. Nik era el único con el cual compartía ese vínculo fuerte y fraternal. Niklaus había sido el padre y el amigo que nunca había tenido y un hermano excepcional, era un hombre maravilloso que peleaba por su familia y que se las arreglaba para seguir siendo esa familia. No se avergonzaba por no ser hijo del mismo padre y eso no le impedía sonreír ante todos como siempre lo hacía; con esa suficiencia y ese poder que solo él emanaba.
Aunque nadie lo tratase diferente por ser un medio hermano, Rebekah sabía que Klaus a veces se sentía muy fuera de esa familia y que por lo mismo tenía ese deseo ferviente de mantenerlos cerca y unidos. Y a pesar de todo eso, Rebekah lo amaba más que a su vida y sabía que todos sus hermanos también, aunque no lo demostrasen tanto como ella lo hacía y ni siquiera entre ellos mismos. Rebekah tenía ese extraño sentimiento de recordarle que ella lo amaba y que nunca, por ninguna circunstancia o motivo, se separaría de él o le dejaría así como Mikael lo había hecho.
Sabía que Nik no tenía una idea de cuánto ella lo amaba y lo respetaba y de cuanto se preocupaba por él. Tal vez, de todos sus hermanos, él fuese por el cual se preocupase más, aunque tenía que admitir que Henrik llenaba mucho porcentaje en esa categoría y que molestarlo era su parte favorita. Lo que ella tenía con sus hermanos y con su madre, podría ser probablemente la mejor y la peor parte de su vida. Su familia disfuncional era lo mejor que le había pasado, y también era lo peor.
Vivía rodeada de violencia y nunca se imaginó terminar dentro de eso ni siquiera cuando su madre le había hablado de la posibilidad de que Ayana se hiciera cargo de ellos y de que esa vida fuese su única salida de las garras de su padre.
Tu padre también es un criminal, Rebekah le había dicho su madre meses atrás de que el incidente pasara, y desde ese día, Rebekah había visto a su padre con ojos diferentes; le temía más que de costumbre y le escondía el peor odio y rencor que una hija pudiese sentir por un padre o una madre.
Un criminal...un criminal, eso es padre. Un criminal, al igual que madre quiere que nosotros seamos. Criminales... ¿mataremos personas malas, madre? Rebekah preguntó, era una niña de ocho años recién cumplidos y era muy inteligente. No lo sé, Rebekah pero Esther lo sabía, y Rebekah supo que harían mucho más que eso una vez que Ayana les hubiese explicado todo.
Siento tanto que tengas que pasar por esto, Bekah Klaus la vio y ella pudo ver algo que jamás había visto en su hermano Klaus, verdadera preocupación, arrepentimiento, como si todo aquello fuese su culpa. Después de eso todo cambió, supo que tenía que ser fuerte porque era la única mujer y que tenía que serlo al doble por su hermano pequeño. Pero al parecer, el mocoso había crecido con una mentalidad diferente a la que ella pensó. Henrik reflejaba una edad que no tenía y una madurez extremadamente elevada sobrepasando la de ella misma. Y entonces se sintió sola, sola porque Henrik no parecía necesitarla, porque Kol se la pasaba en sus asuntos de chico inmaduro, porque se sentía una carga para Nik, porque Elijah era un tipo muy ocupado que ni siquiera le prestaba atención a sus demás hermanos y porque Finn era un extraño para todos.
Y ahora llegaba esa chica Forbes a robarle a sus hermanos. ¿Por qué? Ni siquiera se le hacía bonita. No tenía chiste alguno. Pero algo haría, la investigaría, la seguiría, le arruinaría el chiste con su hermano Nik.
—No Te Vayas Sin Mí—
¿Se veía más guapo que de costumbre, o era su imaginación?
Se mordió el labio mientras lo veía caminar hacia su auto. Se sintió nerviosa por un momento para después recordarse que era una reunión de trabajo y que necesitaba comportarse profesionalmente, aunque ellos mantuviesen un tipo de amistad que ella catalogaba como la más extraña que hubiese tenido jamás.
Eran las diez de la mañana en punto cuando había llegado a la residencia de los Mikaelson. El sol brillaba en lo alto y el calor era horriblemente insoportable. El vestía una camisa blanca y unos vaqueros muy simples en un color azul fuerte, llevaba varios collares que ella quería esculcar con muchas ganas y sintió su colonia cuando entró a su auto.
—Buenos días, Caroline. ¿No es un bello día? —comentó sonriéndole.
Caroline levantó una ceja.
—Caliente, pero sí —se encogió de hombros—. Buenos días a ti también, ¿estás listo?
—Sí. Haremos lo que tú digas, cariño.
Caroline suspiró.
— ¿Qué te he dicho de los sobrenombres? —le regañó y arrancó su auto.
Klaus sonrió, viéndola.
Era tan hermosa.
—Disculpa, Caroline —se aclaró la garganta un poco—, pero me es imposible llamarte por tu nombre.
Caroline dejó que una sonrisilla bailarina y traviesa apareciera por sus labios.
— ¿Ah sí? ¿Y eso porque?
¿Estaban coqueteando? ¿Enserio Caroline? ¡Es una jodida reunión de trabajo! No puedes coquetear con él. Es algo así como tu jefe…uuh, mi jefe. Eso suena sucio. ¡No! Es no profesional y está mal. Ugh, basta.
—No lo sé, querida. Solo digamos que…las palabras salen por si solas al verte —sonrió mientras que veía a Caroline verle y sonreír.
Caroline soltó una risita.
—Eres bueno con las chicas ¿huh?
Fue el turno de Klaus de sonreír.
— ¿Qué puedo decir? Me adoran.
Caroline rodó sus ojos.
— ¿Arrogante?
—Para nada, cariño —sonrió de lado.
—Como sea —dijo ella meneando su cabeza—. No puedes coquetear conmigo porque soy algo así como tu empleada y eso sería una falta de ética y moral.
El bufó.
—No eres mi empleada, Caroline —dijo como obviando algo—. Digamos que somos compañeros trabajando por el mismo objetivo.
Ella sonrió.
—Acepto eso.
—Entonces… ¿Puedo seguir coqueteando? —preguntó.
—Ni lo sueñes —levantó una mano para agitarla en negación—. Acabo de terminar una relación y entrar en otra es lo menos que quiero. Y fuera de bromas…terminé todo con Matt. ¿Recuerdas?
Klaus pasó de sonreír por su reacción, a sonreír por sentirse feliz.
—Así es, lo recuerdo. Me alegra escuchar eso, Caroline.
Caroline se mordió la esquina derecha del labio inferior y suspiró.
—Él…bueno, yo pensé que él dejaría de ser mi amigo —concentró su mirada en el camino mientras que sentía la de Klaus bien clavada en ella—, pero de hecho lo tomó muy bien —sonrió—. Acordamos en seguir siendo mejores amigos —suspiró alegre de eso.
— ¿Mejores amigos? —preguntó Klaus repentinamente interesado.
—Aja, Matt y yo hemos sido amigos desde niños. Comprenderás porque lo nuestro no funcionó, teníamos una relación de casi hermanos, era extraño.
—Ya veo.
—Tú tienes…bueno, ¿una mejor amiga? —preguntó de repente.
—No, no tengo muchos amigos…
Ella asintió.
—Ya veo… ¿quieres que sea tu mejor amiga? —preguntó de repente, feliz y llenando la atmosfera de chispas de felicidad.
Klaus sonrió divertido.
—Pero tú ya tienes un mejor amigo.
Ella se encogió de hombros.
—Matt no se tiene porque enterar de nada —le guiñó un ojo— ¡Vamos! Sera muy divertido. Podremos hacer muchas cosas, juntos. Te voy a quitar lo correcto y lo anticuado que te cargas.
El rió.
—Lo dudo mucho, cariño. Pero podrías intentarlo, no tengo ningún problema con eso.
Ella negó con su cabeza.
—No vas a dejar de llamarme por sobrenombres, ¿cierto?
—No lo creo. Siento que esa condición que pusiste no sea respetada.
—Aja, claro —rodó sus ojos, haciendo que él riera—. Claro que lo sientes. Guarda silencio de una vez o podría confundirte con el tonto de tu hermano.
Klaus soltó una risa que hizo que ella riera.
—Ese chico impertinente y yo no tenemos nada en común, cariño. Tal vez solo el mismo gusto en cierta persona.
Caroline le vio de reojo y tragó en seco. ¿Estaba diciendo que él gustaba de ella? ¡Di algo, tonta!
—Si…uhm…, me pregunto quién será esa persona…—dijo sin saber que decir y muy bajito. Sus mejillas estaban rosas y su corazón latía más de lo normal.
Klaus sonrió de lado, que fácil era hacerla nerviosa.
—Tal vez con el tiempo lo descubras.
Ella volvió a tragar en seco.
Esta coqueteando, Caroline. ¡Es tan claro como las luces rubias de tu cabello! Tal vez no sea tan malo coquetear de vuelta, ¿o sí? ¡Si es! Es tu jefe, te pagara para organizar un evento. La ética y la moral ante todo.
—Llegamos —dijo estacionando su auto y tratando de terminar la tortura en la que se estaba convirtiendo estar tan cerca de él.
Después de estacionar, se bajó rápidamente de su auto para ver que Klaus se encontraba esperándola ahí afuera, a lado de su puerta.
—Si no me vas a permitir abrir la puerta por ti, por lo menos permíteme ayudarte a salir.
Caroline entrecerró sus ojos tratando de no reír mucho por ese comentario.
—Escucha, no me quiero reír de ti ¿de acuerdo? Así que deja de decir cosas de novela.
Él levantó una ceja mientras que la seguía.
— ¿De qué hablas? —preguntó extrañado.
Caroline se paró en medio de la acera donde personas caminaban.
—Es solo que eres demasiado adorable cuando hablas de esa forma. Y tu acento, Dios, tu acento lo hace todavía más adorable —Klaus sonrió y ella rodó sus ojos—. No me lo tomes a mal, no estoy coqueteando, es solo que no estoy acostumbrada a que los chicos sean de esa forma conmigo.
—Claro que no, querida; esta ciudad está plagada de imbéciles, tu misma lo has dicho.
—Y lo ratifico una y cien veces más. Vamos, podemos hablar de esto después.
Entraron a un establecimiento muy grande que se dedicaba a servir banquetes en eventos. Les dieron dos catálogos para ver con miles de platillos de todos los tipos, postres y bebidas.
—Bueno, esto es trabajo para una profesional —Klaus dijo sonriendo y cerrando su catálogo.
—Ah-ah. No, no, no —meneó un dedo frente a él—. Somos un equipo, ¿recuerdas? —abrió sus ojos azules muy en grande para verle—. Los equipos trabajan juntos. Ahora —abrió su catálogo en la sección de carnes y apuntó su dedo en una de las páginas—, tú eliges el platillo fuerte y yo lo demás, ¿de acuerdo?
Él hizo una cara de desagrado que la hizo reír y siguió viendo el menú de postres y bebidas.
Klaus suspiró.
—De acuerdo, cariño. Pero te advierto que no soy nada bueno en esto de organizar eventos.
—Yo si, por eso estoy aquí —le sonrió.
—Claro que sí —le sonrió de vuelta.
¿Cómo se iba a concentrar si a cada momento le sonreía con esos hoyuelos tan preciosos y adorables? ¿Por qué tenía que ser tan guapo? ¡Caray! Daría todo porque el hombre fuese menos atractivo; no podía concentrarse. Y claro, era una gran actriz, podía pretender que nada ocurría ahí, pero en realidad, Klaus le empezaba a parecer más y más atractivo. Es decir, el hombre era atractivo, ¡claro que sí! Pero no se suponía que lo tenía que ver de esa forma. Era un hombre al que apenas y conocía y eran a-mi-gos. Amigos. Amistad, camaradería, cosas de ese tipo.
— ¿Y bien? ¿Encontraste algo? —le preguntó, dándole una miradita a su página—. ¿Sigues en la misma página, Niklaus? —le preguntó, molesta—. Se supone que debes de ver toda la sección de carnes —le regañó viéndolo como veía a Daniel cuando hacía algo que le desagradaba.
El rió con sorpresa.
— ¿Me acabas de llamar por mi nombre completo porque te has molestado? —preguntó. Una sonrisa diabólica en sus labios y una ceja levantada.
Ella se quedó callada y abrió su boca sintiéndose tonta.
—Oh…sí, creo que lo acabo de hacer —hizo una mueca rara y frunció su ceño—. Sí, lo siento —sacudió su cabeza de un lado a otro—. Me dejo llevar fácilmente por esto. Se me olvidó advertirte que soy un poco…mandona y neurótica cuando se trata de esto. Por favor, sigue siendo mi amigo —le suplicó rápidamente.
El rió, despreocupado.
—Seré lo que tú quieras, amor.
Ella rodó sus ojos enojada.
—Vuelve a trabajar, Niklaus —le advirtió murmurando malas palabras casi ininteligibles que le hicieron reír.
Claro que no había volteado la página, estaba ocupado viéndola. La mirada de concentración que tenía al ver cada página y como entrecerraba sus ojos y arrugaba el ceño, era digno de admirar. No le gustaba a donde estaba yendo todo eso, pero no podía quitársela de la cabeza y tampoco alejar ese sentimiento extraño que se empezaba a formar en su interior.
Solo han sido tres días, Klaus. Solo la conoces hace tres días, trata de tener un poco de sentido, se regañó.
— ¿Has seleccionado algo? —preguntó ella sin dejar de ver el menú de postres.
—Hmm, ¿salmón y pollo, tal vez?
—Hmm…tal vez —sonrió viéndole de reojo.
Él sonrió viéndola.
—Oh vamos, querida, dame un poco de crédito por siquiera intentarlo.
Ella soltó una risa que lo sorprendió.
—Oh, querido, esto apenas comienza —le advirtió tomando el catálogo de las bebidas—. Te daré mitad del crédito cuando lleguemos a la selección de la música. Y tal vez, al final de todo, te deje tomar un poco más, claro, si es que haces un buen trabajo como ayudante —guiñó un ojo.
Klaus no pudo evitar sonreír en grande. Sus palabras eran tan sinceras, no tenía miedo a hablar y sus expresiones eran las más encantadoras.
— ¿Entonces soy tu ayudante? —levantó una ceja—. Creo que nunca me había sentido tan importante en toda la vida —bromeó.
—Ja-ja. Enserio, Klaus, entre los dos terminaremos más rápido. Esto debería ser lo más fácil, no es difícil escoger la comida para un evento de etiqueta.
— ¿No lo es? —preguntó.
—No —negó con la cabeza—. Los platillos siempre son simples, pero con mucha presentación. Supongo que es lo que les hace ver elegantes. Podemos dar lo que sea, en realidad. Tú escoges —sonrió.
Meditó entrecerrando sus ojos —Carne.
—Carne será —sonrió—Ahora elige un tipo.
Después de elegir los platillos para el evento, partieron hacia el lugar de la decoración. Caroline conocía al diseñador más importante y brillante de todo Mystic Falls. Aunque ella se consideraba una muy buena, no podía decir que el tipo no era bueno. Llegaron al estudio del diseñador para encontrarle en una reunión telefónica que según su secretaria estaba a punto de terminar.
Así que Klaus y Caroline esperaron pacientemente en la salita sofisticada y elegante del diseñador.
—Es un excelente diseñador —dijo Caroline después de haber contado varias cosas acerca de él—. Pero todavía no entiendo —dijo viéndole.
— ¿Qué?
—Que quieras contratar gente local cuando puedes contratar algo mejor. No lo sé, algún diseñador de París…
Él sonrió de lado.
—No me molesta para nada; quiero darme a conocer en la ciudad, dar a conocer a la familia, estoy seguro que todo lo que contrataremos aquí será maravilloso. ¿No es así?
Ella sonrió genuinamente.
—Sí, lo será.
Después de pocos minutos de esperar, Caroline y Klaus fueron pasados al despacho del diseñador. Era un hombre alto, guapo y muy masculino. Caroline tenía varias ideas que ya había discutido con Klaus y al final de la reunión el tema quedó en ser uno muy elegante y propio. Justo como Klaus, Caroline pensó.
—Espérame un momento afuera, Klaus —le dijo sonriendo—. Solo tengo que hablar algunas cosas con él acerca de otro evento que estoy organizando.
Klaus asintió.
—Te esperaré afuera, querida.
Caroline volvió a rodar sus ojos al verle sonreír.
Caroline y Frank se quedaron solos en su despacho.
— ¿Querida? —preguntó Frank levantando una ceja.
—Oh, cállate, Frank.
—Y ese acento…me lo quiero comer —le guiñó un ojo.
—Ni se te ocurra —le advirtió Caroline apuntándole con un dedo—. Te aseguro que Klaus es un hombre que disfruta de la compañía sexual de las mujeres al cien por ciento.
Frank rió.
—Se vale soñar —se encogió de hombros—. Es bueno saber que un miembro de la primera familia fundadora quiera hacer un evento y contratar a gente de Mystic Falls. Cuando Susy me avisó que estabas aquí con él, no lo pude creer.
—Si bueno, las casualidades del destino. Solo no trates de seducirlo, Frank.
— ¿Por qué? ¿Te gusta? —levantó sus dos cejas, pícaramente.
—No —rodó sus ojos—, es un buen amigo. Me empieza a agradar un montón.
—Aja. Que te crean eso los demás, Caroline Forbes. Te conozco desde que organizas eventos y eso probablemente es…desde que empezaste a hablar. No me subestimes, jovencita.
Caroline rió.
—No me gusta, Frank. Ahora, deja el asunto por la paz y discutamos la organización de la fiesta de la universidad rapidito.
Después de cinco minutos de repasar todo, Caroline salió de ahí para volver a reunirse con Klaus que le esperaba sentado.
—Siento la tardanza. Nos podemos ir —le sonrió.
Se dirigieron con los mejores músicos de Mystic Falls y decidieron en contratar música clásica. Muy al estilo de Klaus, pensó de nuevo Caroline.
—Necesitamos guardias o algo así —dijo Caroline de repente.
—No te preocupes, tengo eso cubierto.
Ella levantó ambas cejas.
—De acuerdo —se encogió de hombros.
Después de haber pasado por varios lugares más, Klaus insistió en invitar a comer a Caroline. Llegaron al Grill y esta vez, Klaus si logró abrirle la puerta del auto a Caroline. Sonrió tontamente y caminaron hacia la entrada donde Klaus volvió a abrir la puerta.
—Pero que caballero —apuntó Caroline haciéndole reír.
Entraron al Grill para que una mesera les dirigiera a una mesa alejada, según Caroline había escuchado decir a Klaus.
—No necesitamos una mesa privada, Klaus —le susurró muy bajito cuando la mesera les guiaba hasta la mesa que reconoció como la que la primera vez habían compartido.
—Es solo una mesa, cariño.
Se sentaron y dos menús se les fueron dados.
—Es la misma mesa en la que nos sentamos —dijo quedamente, viendo su menú.
Él sonrió, viéndola. Sus ojos azules estaban pegados al menú y una sonrisa todavía más ancha iluminó su rostro al verla escanear todo el menú con ojos entrecerrados y haciendo sonidos pensativos al ver algo.
—Es la misma mesa —afirmó él.
Ella lo vio por segundos infinitos sonrojándose y sonriendo apenas.
—Yo pagaré lo mío —habló de nuevo rompiendo la escena.
El rió y vio los ojos que le veían fijamente.
—No esta vez, cariño. ¿Crees que no me di cuenta que pagaste mi cuenta ese día?
Ella tragó en seco.
—No lo hice para que no te dieras cuenta —dijo y se encogió de hombros, viendo hacia otra parte.
—Pues no lo permitiré de nuevo. Fue una grosería de tu parte haberlo hecho.
Ella levantó una ceja.
— ¿Una grosería? Creo que fui amable.
—Al contrario, querida; yo quería invitarte a comer, era mi gusto hacerlo —ella suspiró—. Pero tú decidiste lo contrario y pagaste también mi comida. Lo considero grosero y rudo.
—Agh, solo tienes veinticuatro años, recuérdalo más a menudo ―rodó sus ojos para después poner su menú en la mesa y suspirar sonoramente.
El volvió a reír.
— ¿Qué pasa, Caroline?
Ella meneó sus cabellos dorados de un lado a otro.
—Nada, muchas cosas en mente, cosas tontas —sonrió un poquito—. Nada de importancia.
—Sabes que puedes contarme lo que sea.
Ella se mordió el labio.
Quería hacerlo, pero ¿en realidad podía?
—No es nada, enserio. Tengo varios eventos que organizar, y estoy tratando de poner mis ideas en claro.
—Ah, ¿una chica ocupada?
Ella rio y él sonrió.
—Supongo que sí. La fiesta de mi universidad es en dos semanas y estoy tratando de poner todo en orden para que nada se junte con tu evento.
El asintió.
—No te preocupes, Caroline. Todo está bajo control.
—Lo está —asintió sonriendo.
Después de unos segundos una mesera llegó para tomar sus órdenes y después se quedaron en silencio viéndose.
— ¿Qué? —preguntó ella con una sonrisa tonta en el rostro.
—Me gusta tu sonrisa.
Ella abrió su boca y sonrió con la boca cerrada, sintiéndose apenada.
—Me gustan tus ojos…—dijo rápidamente— y tus cejas.
Él sonrió.
A punto de hablar estaba cuando un gritito chillón llamó la atención de los dos y vieron a Rebekah caminar hacia ellos.
—Maldita sea…—susurró Klaus muy bajito.
— ¡Nik! No sabía que estabas aquí.
