8.

Rebekah llevaba un atuendo precioso que hizo a Caroline viborearla como hacía mucho no viboreaba a alguien.

—Rebekah, ¿qué haces aquí? —preguntó Klaus viéndola asesinamente.

—¿Me puedo sentar? Pf —exclamó aventando una mano despreocupada al aire—, claro que puedo —tomó una silla de otra mesa vacía y se sentó entre los dos viéndolos mientras sonreía y alzaba su mano muy en alto para atraer la atención de una mesera—. Qué alegría encontrarlos —dijo viendo a Caroline con una sonrisa espeluznante que hizo que se le enchinara la piel de tan solo verla— ¿Han pedido ya? —la mesera se acercó—. Un Martini seco —pidió sonriendo.

—Rebekah, por Dios —siseó Klaus—, son las cinco de la tarde.

—Haga ese Martini doble —le guiñó un ojo a la mesera que asintió rápidamente para irse—. Pensé que tenías una junta de trabajo, Nik —dijo Rebekah viéndole e ignorando a Caroline por completo.

Que me trague la tierra, pensó Caroline sintiéndose incomoda.

—Sí, con Caroline —recalcó, con la mandíbula tensa—. Y justo estábamos en la discusión de algo muy importante.

—Estoy segura que tendrán mucho tiempo para hablar de ello, ¿cierto, Caroline? —volteó a verla con ojos llenos de fuego y una sonrisa macabra que le hizo recordad lo que Bonnie les había dicho.

—Claro….—se apresuró a decir dándole una sonrisa apretada a Nik quien la vio con suplica y desesperación.

—¡Perfecto! —aplaudió como una niña pequeña para recibir su Martini y pedir otro—. Y dime Caroline, ¿a qué te dedicas?

Ella apretó sus labios no queriendo preguntar el porqué de su mirada tan feroz y su tono tan grosero.

—Estudio mi segundo año de universidad y organizo eventos.

—¿Es así? —preguntó ladeando su cabeza—. ¿Y eres buena organizando?

Caroline abrió la boca para decir algo como: hago lo que puedo o algo que no estuviera a la altura de sus verdaderos dotes. En una situación similar, que por supuesto no incluyera a la loca Mikaelson, se echaría flores y diría que es la mejor, hasta sacaría una tarjeta de contacto y trataría de persuadir a su presa de maneras sutiles y prácticas, pero esa chica le daba miedo, le daba miedo hablar y decir: Claro, soy buena en lo que hago. Ella probablemente se reiría de ella.

—Muy buena —interrumpió Klaus sonriendo.

Rebekah rodó los ojos sin importarle que ellos dos le hubieran visto.

—Esperemos que el evento que estas organizando para nuestro baile no sea un completo desastre. No nos gustan las cosas mal hechas —dijo con una leve sonrisa que hizo a Caroline arder en llamas por dentro y apretar su boca más y más.

—Claro que no —dijo para posar su mirada en otra parte.

En eso, vio a April entrar al bar y se apresuró a pararse de ahí.

—Discúlpenme un momento, saludare a una amiga —dijo sonriendo y viendo a Klaus de refilón mientras que el miraba a Rebekah con enojo.

Cuando Caroline estuvo sentada frente al bar y lejos de ellos, Klaus habló.

—¿Qué demonios te sucede, Bekah? Es una reunión de trabajo, es algo importante y tus modales impertinentes no son bienvenidos —le siseó muy cerca de la cara—. Lárgate ahora mismo.

Rebekah arrugó su ceño pero después sonrió y suspiró.

—No seas tan dramático, Nik —lanzó su mano al aire—. Solo vine a saludar, se ve que es una buena chica —sonrió sin mostrar dientes.

—Sé muy bien lo que tratas de hacer, Rebekah, y no va a funcionar. Mi vida no te concierne, ni a donde salgo, con quien me veo ni con quien como. Ni siquiera el evento te concierne, madre lo dejó en mis manos, así que has el favor de largarte de aquí de inmediato. No tolerare una más de tus estupideces de adolescente —le advirtió.

Rebekah arrugó su ceño de nuevo y se terminó su Martini violentamente.

—Vete al carajo, Nick —se paró y salió del Grill aventando a gente y lanzando malas palabras.

Suspiró viendo a Caroline caminar hacia él.

Se sentó frente a él y miró hacia otra parte.

—Siento eso, cariño —le dijo viéndola.

Ella sonrió.

—No importa —se encogió de hombros.

—Claro que importa. No volverá a pasar, Caroline.

Ella vio hacia otra parte de nuevo.

—No entiendo porque no le agrado… ni siquiera hemos hablado nunca —dijo apenas, sintiéndose fuera de lugar.

No importaba si no le agradaba o no. No era como si ella quisiese tener una relación con esa chica que lo único que hacía era ponerle los pelos de punta. Ni siquiera sabía porque se sentía tan agredida cuando muchas chicas le habían visto y hablado mal y a ninguna le había prestado la más mínima atención.

Escuchó a Klaus suspirar.

—Te ruego que no le prestes atención a las groserías de Rebekah. No hace más que abrir la boca para hablar impertinencias. Es como si ese fuese su segundo nombre.

Ella asintió viendo los ojos azules de Klaus clavados en ella.

Klaus tenía razón, no debía de ponerle atención a las palabras de esa chica.

—De acuerdo, olvidado —le sonrió un poco más animada—. Y dime —empezó a hablar para aligerar el ambiente. —, ¿qué tal te ha gustado todo hasta ahora?

Él sonrió, aliviado de que ella se encontrase en un humor más tranquilo.

—Perfecto, no podría ser mejor. Sé que el evento será magnifico.

—Lo será, ya lo veras.

Después de varios minutos más, la comida llegó y empezaron a comer en un silencio meramente cómodo.

Todo esto es como la primera vez que nos sentamos aquí, pensó Caroline.

—¿Qué has pensado acerca de ser mi mejor amigo? —preguntó divertidamente.

Él levantó la mirada de su plato y la vio con una bonita sonrisa en los labios.

—No veo porque no —respondió simple.

Ella sonrió mucho y se tambaleó en su silla haciéndole reír.

—¡Te divertirás mucho conmigo! Hoy hay una fiesta, ¿quieres ir? —él abrió su boca en una mueca que a Caroline le pareció como una de no gracias, querida o algo por el estilo—. Y no acepto negativas, es nuestra primera salida como mejores amigos, tienes que aceptar, Klaus.

El negó con la cabeza suavemente y sonrió viéndole.

—De acuerdo, ¿qué malo podría pasar?

No Te Vayas Sin Mí—

—¡Quítate! —gritó Caroline enojada. Un chico de la fiesta estaba sobre ella y había perdido a Klaus de vista— ¡Estas borracho! —le gritó. Si bien el chico no era feo, estaba totalmente ebrio y parecía estar drogado también.

Sintió el peso del chico desaparecer y vio a Klaus estamparlo contra una pared. Abrió sus ojos muy en grande para ver como Klaus empezaba a pegarle puñetazos al chico que apenas respondía.

—¡Klaus! ¡Suéltalo! —una bola de personas se había formado alrededor de ellos y muchos gritaban emocionados.

—¡Caroline! —escuchó la voz de Elena detrás suyo y volteó violentamente para verla acompañada de Stefan Salvatore— ¿Qué demonios pasa? —gritó preocupada.

—¡Elena! ¡Lo va a matar! ¡Stefan haz algo, por favor! —le gritó suplicante.

Stefan asintió viendo como Klaus seguía golpeando al chico. Se acercó a él de dos zancadas y con toda la fuerza que pudo separó a Klaus del pobre tipo que había caído inconsciente al suelo.

—Basta —le dijo Stefan con una voz seria—. Lo pudiste haber matado.

Klaus lo vio y esta vez no lo pudo ignorar; delante de él, estaba aquel chiquillo al que alguna vez había llamado amigo.

—Stefan —le habló con una media sonrisa y limpiándose la sangre de los puños— ¿Cuánto tiempo, amigo mío?