Gracias a todas, las amo!


9.

Klaus estaba en su peor momento cuando los hermanos Salvatore se habían aparecido en su camino. Él corría del bastardo de su padrastro y Stefan Salvatore resultó ser un buen camarada. Tenía apenas veinte años y Stefan Salvatore era un chiquillo de dieciséis que era hijo de un empresario de mucha alcurnia en Nuevo Orleans. Era un chico listo que se daba la buena vida y que tenía fama de maloso. Pero Klaus era más inteligente y le llevaba años de ventaja y de malos pesares.

Se habían conocido en un bar del cual el padre de Stefan era dueño, un bar muy solicitado y popular en el barrio francés de Nuevo Orleans. Klaus se encontraba en una de las mejores mesas, bebiendo licores caros y divirtiéndose con diferentes personas. Tenía a un sequito de perros sirvientes que le hacía y le deshacía lo que él quisiese. Entonces, Stefan Salvatore llegó a su mesa con una sonrisa muy grande en el rostro y Klaus no pudo nada más que sonreírle también, burlonamente. El chiquillo tenía muchas agallas para llegar de la nada y ponérsele en frente como si fuese el dueño de todo, y tal vez lo era, pero el padre de ese mocoso seguía teniendo asuntos pendientes con Klaus y podría arrebatarle ese bar con solo tronar los dedos.

―Yo te conozco ―le había dicho Stefan.

Se sentó en el sillón de enfrente y dos guardias que vigilaban la mesa de Klaus se acercaron cautelosamente a observar todo.

― ¿Es así? ―preguntó Klaus dándole un sorbo a su bebida y sonriéndole―. También te conozco, tu padre y yo tenemos asuntos muy importantes.

Stefan asintió.

―Estoy enterado. ¿Por qué el Lobo Mikaelson tiene asuntos con mi padre?

Klaus volvió a sonreír.

―Cosas de adultos que seguramente no entenderías.

Stefan arrugó su ceño.

―Las entiendo, padre me ha dado este bar como regalo de cumpleaños ―Klaus no pudo evitar reír haciendo que Stefan arrugara más y más su ceño―. Sé que padre se involucró con personas… como tú.

―Así es, lo ha hecho. Cuida a tu padre, muchacho.

Años más tarde, el padre de Stefan había sido asesinado. Klaus y Stefan habían comenzado una buena amistad que les llevó a separarles por motivos varios, incluyendo la muerte del padre de Stefan y de cómo éste culpaba a Klaus de ello.

Inmediatamente cuando su padre murió, Stefan dejó Nuevo Orleans y partió a Mystic Falls a la casa de un tío fallecido. Le había dejado la casa a él y a su hermano Damon por ser los únicos parientes cercanos.

Y ahora, después de cinco años de no haberse visto, Klaus y Stefan se habían reencontrado en esa ciudad pequeña y de pocos habitantes. La noche que le vio en la fiesta que Kol había organizado, no quiso dar señales de hablar con él, ya que Caroline y la chica Gilbert se encontraban ahí. Habían hablado muy poco en el hospital. Una amenaza de parte de Stefan que le hizo suspirar. Pero ahora que tenía unos tragos de más y que se encontraba en realidad molesto no pudo evitar tirarle del cuello para salir a la acera a hablar con él.

Vio como Caroline y Elena les seguían.

―Caroline, Elena, permítanos un momento ―habló Stefan para dejarlas ahí confundidas y que ellas les vieran desaparecer por la puerta.

― ¿Se conocen? ―preguntó Elena.

Caroline se encogió de hombros.

―No lo sé.

Afuera y bajo la luz de la luna, Klaus Mikaelson y Stefan Salvatore se encontraban viéndose como dos perros rabiosos.

―Debería de matarte con mis propias manos ―le soltó Stefan.

Klaus soltó una risa irónica que le hizo recordar la primera vez que le había visto y como se había reído de él por las cosas que decía. Eso hizo a Stefan enojarse más y se acercó a él peligrosamente.

―Pero no podrías ―dijo Klaus haciéndose a un lado―. Deja los fantasmas del pasado, Stefan. Tú y yo solíamos tener una excelente amistad.

―Hasta que mataste a mi padre.

Klaus volteó su mirada hacia otra parte.

―Yo no maté a tu padre, Stefan.

―Es lo que siempre dices, es la mentira con la que he tenido que vivir por cinco años.

―Es la verdad ―volvió a decir Klaus―. Se quien lo hizo, más no fui yo.

Stefan volteó violentamente a verle y le tomó de la camisa.

―No juegues conmigo, Klaus. No con esto, no con la memoria de mi padre.

Klaus se quedó quieto viéndole. Una mirada seria en su rostro y unos ojos impenetrables.

―Palabra de camarada ―se soltó de su agarre y se acomodó la camisa. ―Mikael.

― ¿Mikael? ¿El bastardo de tu padre?

―Sabes que ese hombre no es mi padre. Giuseppe y Mikael se conocían ―Stefan se quedó quieto y volteó su cabeza hacia otro lugar―; tu padre había tenido negocios muy turbios con la mafia de Nuevo Orleans, Stefan. Cosas que nunca supiste y que te aseguro nunca te enteraras ―Stefan soltó una bocanada de aire que había tenido ya por mucho tiempo atorada―. No era un santo y Mikael estaba activo en ese entonces.

―No entiendo, ¿qué tiene que ver Mikael específicamente en esto?

Klaus suspiró viendo en Stefan al muchacho tonto y descarriado que había conocido hacía ya ocho años.

―Mikael tenía mucho poder en esos años. Incluso más que yo, más que mis bandas. Yo me encontraba…

―Huyendo ―le interrumpió Stefan―, lo sé.

Klaus asintió viendo hacia otra parte. No era fácil contar esa época de su vida, había sido una de las peores y recordarlo no le servía de nada. Pero era Stefan Salvatore, un buen amigo que tiempo atrás deseó fuese sangre de su sangre.

―Supe que Giuseppe… tu padre… había rechazado una oferta que el mismo Mikael le había hecho, algo relacionado con el poder de las plazas petroleras que en ese tiempo tu padre poseía. Y bueno…lo demás es historia.

Stefan suspiró.

Se había tratado de convencer tantas veces que Klaus Mikaelson había sido el culpable, que la muerte de su padre había sido por él y que en sus manos estaba la sangre de su padre. Pero en el fondo sabía que no era cierto, sabía que su padre había tenido malos tratos con la mafia de Nuevo Orleans desde mucho antes que Mikael o Klaus llegaran a sus vidas. Pero no sabía a quién culpar, no sabía a qué recurrir.

Klaus le observó, Stefan era un desastre.

―Vamos, volvamos a la fiesta y dejemos a las señoritas en sus respectivas casas. Después de eso, te invito un trago ―le ofreció con seriedad.

Stefan alcanzó a asentir y siguió a Klaus hasta entrara a la gran casa en la que la fiesta había sido organizada.

Divisaron a Caroline y a Elena platicando animadamente junto con Bonnie que muy a su pesar, y con las insistencias de sus mejores amigas, había decidido asistir a la fiesta.

Caroline le observó y se paró rápidamente para caminar hacia él.

― ¿Estas bien? ―le preguntó viéndole toda la cara y el cuerpo― ¿Qué te pasa, Niklaus? ¿Por qué carajos hiciste eso? ¿Estás loco? Pudiste haber matado al chico, pudiste haber ido a la cárcel por eso.

Klaus la observó mientras que sentía el efecto del alcohol bajar debido a la charla con Stefan y a la carga de adrenalina que había soltado con el muchacho.

Después sonrió viéndola, el ceño de Caroline estaba fruncido y desde su pequeña estatura, le veía con mucho reproche y enojo.

―Volviste a llamarme Niklaus.

Ella frunció su ceño mucho más y puso ambas manos en sus caderas.

―Claro que sí. Y lo volvería a hacer un millón de veces más si es que sigues haciendo estupideces como esas.

Klaus sonrió de nuevo. Cada minuto le impresionaba más y más, en todos sus años de vida, ninguna mujer y ni siquiera ninguna persona, le había hablado en la forma en la que ella lo hacía. Tan simple, tan sin vergüenza y tan descarada. Le encantaba, le hacía querer hacerla enojar más para que ella siguiera mostrando ese lado atrevido que le fascinaba de sobremanera.

―Vamos, olvidemos el tema. Ya me lo agradecerás mañana cuando estés sobria.

Caroline rodó sus ojos.

―No estoy borracha, Klaus ―el entrecerró sus ojos―. Bueno, tal vez un poco, pero se lo que vi lo que hiciste. Deja de apuntarme con el dedo, pareces mi madre ―vio hacia otra parte cruzando sus brazos sobre su pecho. Klaus rió―. Elena, Bonnie y yo dormiremos en casa de Elena ―sonrió ― ¿Te molesta si me voy con ellas? ―preguntó―. Bonnie nos llevara a las tres.

Klaus negó rápidamente.

―Claro que no, diviértete con tus amigas. No tomes más y mañana te llamare para volver a reunirnos.

Caroline sonrió y se acercó a él para abrazarlo rápidamente y dejarle un beso en la mejilla muy rápido y corto. Klaus se le quedó viendo y ni siquiera se movió cuando notó que Caroline se separaba de él y que la falta de contacto no le gustaba.

― ¿Por qué pones esa cara? ¿Qué no quedamos en ser mejores amigos? Tendrás que acostumbrarte ―le dijo sonriendo.

Klaus no pudo evitar reír ante aquello y la sonrisa de la chica que tenía enfrente, le deslumbró por completo haciéndole pensar en cómo sería pasar una noche en vela junto a ella.

―Comprendo, supongo que tendré que hacerlo tarde o temprano.

Caroline rió.

―Te veo mañana, descansa ―sonrió y se alejó para ir hacia Bonnie que la esperaba.

Las vio alejarse y después vio a Stefan venir hacia él, se quedaron viendo por un rato y después empezaron a caminar hacia sus respectivos autos, no dijeron una sola palabra y ya dentro de sus autos, Stefan siguió a Klaus hasta un bar alejado de Mystic Falls, había mucha gente y ajetreo, se dirigieron a la barra de inmediato y los dos pidieron Scotch.

―Te preguntaría por el bastardo de tu hermano, pero en realidad me importa un carajo ―dijo Klaus encogiéndose y dándole un trago a su bebida.

Stefan sonrió.

―Llegará a Mystic Falls dentro de un mes ―respondió Stefan―. No que me importe mucho tampoco…

Fue el turno de reír de Klaus.

―Te creo, Klaus ―dijo después de unos segundos de silencio―. Ya no importa.

Klaus le vio y le volvió a dar un trago a su bebida.

―Lo siento, amigo ―le palmeó la espalda y pidió una botella de whisky.

Stefan asintió.

―Nunca pensé que te encontraría en Mystic Falls ―dijo Stefan―. Es una ciudad muy pequeña para el Lobo ―sonrió de lado.

Klaus rio y asintió.

―Somos los primeros fundadores ―dijo―. Madre quería regresar y le cumplí su capricho.

―Un buen hijo ―bromeó, Stefan.

―Algo así ―se encogió de hombros―. Planeo involucrarme en los asuntos de la ciudad… un poco más.

Stefan levantó una ceja y se acomodó en su asiento.

― ¿Involucrarte en los asuntos de la ciudad? ¿La gente de Mystic Falls sabe quién eres?

Klaus negó.

―Tenemos un trato con la policía ―habló un poco más bajo, acercándose un tanto a él―; protección por protección ―vio a Stefan asentir y servirse un poco más de alcohol―. Nada del otro mundo ni de mucha ciencia… es algo sencillo.

―Y peligroso.

Klaus asintió viendo hacia otra parte pensando en todo lo que su familia y él arriesgaban al ser vistos y reconocidos en público.

―Y más si sales con la hija del Sheriff ―Klaus volteó a verlo y se ganó una sonrisa ladeada de parte de Stefan ―No sé tú Klaus… pero no creo que sea inteligente involucrarse con la hija del Sheriff.

―No salgo con ella ―dijo rápidamente―. No me estoy… involucrando con ella, me está ayudando a organizar el evento que mi familia dará, es todo. Nada más.

Stefan le escrudiñó con la mirada y después lanzó una carcajada.

―Te gusta ―dijo viéndole los ojos azules.

Él no respondió de inmediato y le dio un trago a su bebida.

―Es… una chica, una amiga. Es todo ―explicó viendo hacia otra parte.

―Y es una chica que es tu amiga y que te gusta ―apuntó Stefan―. No hay necesidad de negarlo, el primer paso es aceptarlo ―dijo con sorna.

Klaus suspiró.

―No puedo darme el lujo de cortejar a una chica, no a Caroline; es… demasiado pura, yo tengo las manos llenas de sangre, Caroline no merece algo como esto.

Stefan le vio.

―Creo que es tiempo de que te des una oportunidad, desde… Tatia, han sido bastantes años.

Klaus le observó atónito al escuchar el nombre de esa mujer salir de sus labios.

―Tatia… ella habló con Elijah…hace poco ―dijo viendo a la nada―. Fue extraño saber de ella.

Stefan le observó atentamente y se dedicó a hacerle saber que lo que fuese, él estaba ahí para escucharle.

― ¿Qué le dijo?

Klaus guardó silencio recordando las palabras de Elijah.

―Quería volver a nosotros.

Stefan negó con la cabeza un par de veces, el nervio de esa mujer…

Tatia había sido una mujer que se había metido en la vida de los hermanos Mikaelson y que todavía no terminaba de salir. Era una mujer hermosa, con una belleza europea y unas mañas de arpía. Le interesaba el dinero, la atención de los hombres y la buena vida. La habían conocido en Inglaterra cuando Klaus tenía dieciocho y Elijah veinte, le gustaba jugar con los dos y saberse querida. Hija de un mafioso, era una de las muchas muñecas de la mafia que se colgaba de dinero sucio y de hombres malosos. Había tenido la oportunidad de conocer a los hermanos Mikaelson y se aprovechó de ellos lo más que pudo. Engatusó a Elijah Mikaelson, el hermano al que en realidad amaba. Era tierno, amable, educado y la trataba como a una verdadera reina. Pero con Klaus era diferente, con Klaus había salvajismo y tonterías. Jugaba con él como si fuese su pequeña mascota y Klaus la trataba como a una de sus muchas mujeres a pesar de que con el paso de los años le empezara a tener un cariño especial y diferente. Elijah y el tuvieron problemas y peleas, hubo una separación y una falta de confianza que los llevó a separarse como nunca lo habían hecho; Tatia había logrado su cometido, tenía al hermano mayor comiendo de la palma de su mano y al hermano menor le había desechado. Todo era por los regalos, los viajes, las joyas, las ropas caras y la atención que solo Elijah le podía dar. Y Klaus cayó en cuenta que ni siquiera una mujer, aunque fuese la más vulgar y mala del planeta, le escogería a él. Porque no era un verdadero Mikaelson y porque era el hijo bastardo y el maldito. Y ahora que sabía que se había comunicado de nuevo… no sabía que pensar ni que sentir.

―No la quieres, ¿cierto? ―preguntó Stefan después de un rato.

Klaus negó con la cabeza muy lentamente.

―No creo haberla querido nunca, fue…

― ¿Un capricho?

Él asintió.

―Sabía que Elijah la amaba y no podía soportar la idea de que el obtuviese algo más que yo quería. Después de todo… siempre fui el hijo bastardo.

Lleno de angustias, penas, fantasmas del pasado, rencores, sangre, odio, lágrimas y pensamientos oscuros, Niklaus Smith se permitió ahogar sus penas en alcohol junto con Stefan por un lado. Se permitió recordar todo su pasado, toda la sangre que llevaba en sus manos y todo el odio y rencor que sentía hacia su padrastro y hacia sus hermanos. Era un odio singular, envidioso, si fuese mejor corregirle. Porque a ellos les había tocado siquiera tener un padre y a él le había tocado nada, y los odiaba por eso, les envidiaba por eso, estaba mal y él lo sabía. Necesitaba desahogarse, sacarlo todo. Cuando había llegado al Grill y se había encontrado con Caroline Forbes en aquella barra, logró saciar sus penas contándole todo a una extraña. Esa extraña le hizo sentir bien y le hizo sentirse identificado. Había tanto odio y dolor en la mirada de esa chica, casi tanto como lo había en la de él. Y ahora volvía a compartir ese mismo dolor con Stefan, la única persona a la que podía llamar amigo, a la que podía llamar hermano. A la que podía llamar.

―No lo eres, eres el hijo de alguien Klaus, solo que no sabes de quien. Eso no te hace el hijo bastardo ni el no querido. Tienes veinticuatro años Nik, deja esos fantasmas atrás, déjalos. No te hacen bien, mírate ―le dijo negando una y otra vez con su cabeza―, estas hecho un jodido desastre, no eras esta ruina cuando te conocí. Recuerdo que quería ser como tú ―recordó sonriendo y tomando―. Te vi en esa mesa en el bar que mi padre me acababa de regalar y te envidié tanto, quería estar rodeado de guardias, de gente que me quisiera, de peligros y quería tener las agallas y la mirada que tú te cargabas. Eras mi ídolo, recuerdo haberte llamado el Rey.

Klaus soltó una risa.

―No hay nada que envidiar, Stefan. Mi vida podría ser la peor de todas, no quieres saber del dolor y de la oscuridad de la cual mi vida se compone. Tú eres un buen hombre, libre sobre todo.

―Lo soy. Por eso decidí vivir aquí, es un lugar tranquilo y es de donde mi familia proviene… supongo que podría hacer una vida aquí. También tú, podrías empezar desde cero.

―Empezar desde cero…

―Ya sabes, un inicio limpio. Como Niklaus Smith, un empresario con un título en Administración de Empresas que ha regresado a su pueblo de origen a reestablecer los negocios y a ser un buen ciudadano ―Klaus soltó una risa irónica―. Vamos, no te rías, es serio. Deberías intentarlo.

Klaus negó.

―Preferiría no.

―Caroline se fijaría en ti si lo hicieras… ―dijo sonriendo y volteando hacia otra parte.

Klaus se quedó en silencio, después bufó.

―No metamos a la dama en este asunto. No serviría de nada tratar de empezar de cero. Seria todo una farsa.

―Han engañado ya a toda la población de Mystic Falls. Una farsa más no le hará mal a nadie.

Klaus sonrió y en sus ojos apareció una pisca de esperanza.

―No Te Vayas Sin Mí―

―Stefan me ha dicho que Klaus es un viejo amigo ―dijo Elena encogiéndose de hombros.

Estaban en casa de Elena, vestían pijamas y comían nieve. Eran cerca de las tres de la mañana y platicaban acerca de la fiesta y de cómo Klaus se había lanzado a salvarla de inmediato.

― ¿Viejos amigos? ―se mofó Caroline― ¿A los cuantos años se conocieron? ¿En jardín de niños?

Bonnie rió.

―No me agrada Klaus, pero haberte salvado de ese depravado fue muy educado de su parte.

―Ni siquiera lo conoces, Bonnie ―dijo Caroline―. Es una buena persona.

―Sabes a lo que me refiero, Care ―explicó Bonnie sirviéndose una bola de nieve de chocolate en un tazón―. Se me sigue enchinando la piel cada vez que escucho hablar de ellos ―Caroline rodó sus ojos. ―. Lo siento ―Bonnie rió―, culpa a los genes de bruja.

―Oh, claro que culpo a tus genes mágicos. Tal vez, salir con Kol no te haga mal…

― ¡Caroline! ―gritó Bonnie―. Ese chico trató de abusar de ti, por supuesto que no saldré con él. Ugh, tan solo pensar en el me dan ganas de golpearle el rostro.

―Yo te ayudo ―se encogió de hombros, Elena.

Caroline rió.

― ¿Y tú? ―preguntó Caroline a Elena― ¿Qué te traes con Stefan?

Elena sonrió y un sonrojo apareció en sus mejillas.

―En realidad nada ―suspiró―. Es un chico muy dulce pero… tiene otros intereses… no lo sé.

―Pienso que son perfecto ―dijo Caroline sonriendo.

―Stefan me agrada, deberían intentarlo ―sonrió Bonnie.

―Si bueno… veremos qué pasa más adelante ―sonrió todavía sonrojada.

―Hablando de ver que pasara más adelante… ―empezó Caroline emocionada―, el baile que la familia Mikaelson dará será el evento del año.

Bonnie y Elena sonrieron.

― ¿Qué pasara con la fiesta de la universidad? ―preguntó, Elena―. Pensé que ese sería el evento del año.

Caroline negó.

―No ―se encogió de hombros―, tengo planes más grandes para el baile de los Mikaelson. He ido con Frank a preparar todo y mañana volveré a reunirme con Klaus para seguir discutiendo detalles. Todo será perfecto, será el mejor evento del año. Sera lo mejor ―dijo viendo hacia la nada e imaginando todo mientras que Elena y Bonnie la veían con una sonrisa burlona en sus rostros.

― ¡Estas locaaaaa! ―gritó Elena aventándole una almohada en la cabeza― ¡Al fin te ganó la loquera! ―gritó empezando a aventar palomitas por todas partes.

― ¡Elena! ―le gritó Caroline empezando a reír― ¡Estás haciendo un desastre!

― ¡Que se joda el desastre! ¡Eres una loca, Care! ―gritó Bonnie, y de repente una puerta se abrió dejando ver a Jeremy viéndolas con mucha curiosidad.

― ¿Qué pasa? ―preguntó riendo.

Empezaron a reír mientras que Jeremy hacia una mueca extraña con su rostro y después empezaron a aventar palomitas por toda la sala y arrastraron a Jeremy junto con ellas.