Sigan leyendo! Las amo!


10

―Le aseguro Sheriff, que su hija no corre peligro con mi hijo, Niklaus es un hombre de fiar ―Esther dijo y Liz suspiró sonoramente frotándose la frente con desesperación―. Tengo una hija también, entiendo su preocupación ―dijo con su acento Inglés―. Por favor tome mi palabra.

A Liz no le quedó de otra más que aceptar el hecho de que su bebé le estaba organizando el evento de bienvenida a una de las familias de criminales más peligrosas y buscadas de todo el mundo. Tragó en seco y un sirviente le acompañó hasta la puerta. Vio a Klaus pasar por ahí y no dudo ni dos segundos en acercarse a él con rapidez.

―Tu ―habló viéndole a los ojos. Klaus se le quedó viendo, vio los ojos azules de Caroline y el cabello corto y rubio. Esa mujer era la madre de Caroline y el sentimiento que le recorrió las manos le hizo sentirse incomodo frente a ella―. Si pones una sola mano sobre mi Caroline, te juro por mi vida, que te mato con mis propias manos ―dijo ferozmente haciendo que Klaus tragara en seco.

A pesar de ser mucho más bajita que él y de tener un cuerpo promedio, aquella mujer le daba miedo. Porque era la madre de Caroline y porque era la responsable de la protección que se les estaba dando a él y a su familia.

―No dudare ni un segundo en matarte, Niklaus Mikaelson.

―No haré nada para poner la vida de Caroline en peligro ―habló amablemente, escondiendo el temor que sintió al ver a esa mujer parada frente a él―. Se lo juro, también por mi vida.

Liz Forbes quedó petrificada en el lugar en el que estaba parada; esa mirada, esa voz, esos ojos, la forma en la que hablaba de su hija, y la forma en la que él había visto a Caroline en el hospital. El Lobo estaba interesado en su hija y eso le produjo querer llevarse a Caroline a China.

No dijo nada y asintió, caminó hasta la puerta sin mirar atrás y salió de esa casa que solo le producía escalofríos.

Klaus se quedó ahí parado mientras que todavía se sentía agitado por ese encuentro tonto que había tenido con la madre de Caroline. Se frotó la sien y empezó a caminar hacia su estudio.

Escuchó la risa de Kol y se lo topó.

―No te fue tan bien ¿huh? ―dijo sonriendo y viendo sus uñas.

Klaus frunció su ceño.

― ¿No sabes que escuchar conversaciones ajenas es de mala educación?

Kol se encogió de hombros y sonrió como un canalla.

―Yo solo pasaba por aquí… ―dijo inocentemente echando sus ojos hacia todas partes.

Klaus negó con la cabeza y siguió su camino. Escuchó los pasos de Kol tras de él y gruñó con desesperación.

― ¿Qué demonios quieres, Kol?

―Vamos, Nik ―le palmeó el hombro―, no estés de mal humor porque tu suegra ha jurado matarte con sus propias manos ―se rio, haciendo que Klaus le mirara como a un animal.

―Déjame en paz. Tú y Rebekah se están comportando como un par de adolescentes.

―Bekah es una adolescente, duh ―dijo pareciendo un chiquillo de secundaria―. Y yo no he hecho nada ―levantó una ceja ofendida.

Klaus suspiró tomándose el puente de la nariz.

―Solo déjame en paz ―replicó antes de entrar a su despacho y cerrar la puerta para dejar a Kol sonriendo como tonto.

―No Te Vayas Sin Mí―

― ¿Stefan? ¿Eres tú?

Rebekah se paró en seco al ver aquel cabello bronce pasar por una de las tiendas departamentales en el pequeño centro comercial de Mystic Falls. Era Stefan, el chico rudo y maloso que había conocido ya hacía muchos años atrás. Nik nunca le había permitido hablar con él, pero eso no le había impedido formar una fantasía de amor sintiéndose ser la señora de Salvatore.

Stefan había sido su amor platónico toda la vida. Stefan Salvatore había sido un muchachito tonto cuando ella le había conocido, era malo, hiriente y mal educado. No la tomaba enserio porque ella era una chiquilla y él era un hijo de papi que era dueño de un bar y de tantas cosas más se le ponían en frente. Ella tenía catorce años cuando se había enamorado de él y aunque dos años no fuesen mucha diferencia, lo eran para Stefan que veía a aquella niña como una sosa y una ñoña. Pero ahora era diferente, Rebekah seguía enamorada de él y estaba dispuesta a tenerlo a toda costa. Se aprovecharía el haber llegado a ese pueblo desierto para poder tratar de conquistarlo.

Stefan también se paró para verle. ¿Quién era? ¿Por qué se le hacía tan conocida?

―Soy yo ―sonrió ella. Tenía una sonrisa muy bonita y un rostro de ángel― ¿Rebekah? ¿Rebekah Mikaelson? ―dijo acercándose un poco a él.

El abrió sus ojos. ¿Era ella? ¿Esa chiquilla infantil que había conocido cuando conoció a Klaus? ¿Era la pequeña Bekah?

― ¿Bekah?

Rebekah asintió feliz.

Stefan llevaba puesta una camisa blanca pegada a su torso y unos vaqueros casuales, se había vuelto un hombre y ella podía notar eso y mucho más.

―Supe que Nik estaba en la ciudad pero no pensé que toda la familia le acompañaría ―sonrió― ¿Cómo has estado?

Stefan la observó, la chica era una pieza de arte de pies a cabeza; era alta, esbelta, rubia, de ojos azules y era preciosísima. ¿Tanto había cambiado?

Ella se sonrojó levemente.

―Bien, he estado bien. ¿Y tú?

Stefan sonrió. ¿Esa era la chica que lo acosaba cuando eran dos mocosos? Si era ella. Pero no podía reconocerla y no podía dejar de verla. Nik lo mataría.

―No Te Vayas Sin Mí―

―No sabía que conocías a Stefan ―comentó Caroline sin querer meterse en asuntos ajenos.

Klaus volteó a verla mientras que conducía.

―Es un viejo amigo de hace años. Es un buen chico.

Caroline sonrió viendo hacia la ventana del auto tan elegante que Klaus conducía.

― ¿De la primaria? ―bromeó sonriendo como un gato.

Klaus rió.

―Le conocí hace varios años. Era hijo de un… socio de mi padrastro.

― ¿De Mikael? ―preguntó Caroline sorprendida. Vio a Klaus asentir y mirar directo al camino―. Pensé que él había salido de tu vida por siempre.

Klaus sonrió tristemente queriendo que esas palabras fuesen verdad.

―Una persona así nunca sale completamente de tu vida, Caroline. Es el padre de todos mis hermanos, es una parte de nosotros. Aunque no lo queramos de esa forma, Mikael seguirá dentro de nuestras vidas aunque no se encuentre ahí.

―No tiene por qué ser así, Klaus ―dijo ella viéndole―. Tú eliges a quien y a quien no tener dentro de tu vida, tú tienes esa opción.

―No es mi caso, querida ―respondió simple.

―Claro que lo es, es el caso de todos. No sufras por cosas pasadas ―Klaus no respondió nada y Caroline supo que había ido un poco lejos―. No digo que tu situación sea fácil… olvídalo. Siento haber mencionado el tema ―dijo suspirando― ¿Y de que han hablado tú y Stefan? ―preguntó sonriendo.

Klaus suspiró y aparcó frente al estudio de Frank.

―No te disculpes ―dijo el después de haber apagado el auto―. Es algo que no estoy acostumbrado a hablar con nadie… supongo que es patético.

Caroline sonrió y tocó su mejilla. Él abrió sus ojos un poco reponiéndose al instante. Su mano era suave y su contacto cálido.

―Entiendo, no es patético, no vuelvas a decir que eso es patético. Soy tu amiga… ―dijo viendo sus labios y perdiéndose en ellos. Que fácil sería besarle… ¿Qué? ―Soy tu amiga ―volvió a decir.

Quitó su mano sintiéndose extraña.

Él vio la clara confusión en su rostro y se sintió extraño también. ¿Qué había sido eso?

―Claro, somos amigos ―dijo después de unos segundos.

―Bien, vamos. Frank espera por nosotros ―dijo saliendo del auto y dejando a Klaus solo.

El suspiró un poco y después se talló la cara con ambas manos. Salió del auto y vio a Caroline esperándole en la puerta del local, le vio sonreír y él se aproximó para entras tras ella.

―Hola Caroline ―le saludó Susy con una sonrisa―. Frank los está esperando dentro ―le echó una mirada ardiente a Klaus quien solo le dedicó una muy bonita sonrisa matadora para dejarle sonriendo más y más.

Caroline rodó sus ojos una vez que caminaban por el pasillo que llevaba al despacho de Frank.

―Sí que te gusta andar dándoles paros cardiacos a todas las mujeres que se te aparecen enfrente ―le reprochó ella.

Klaus rió.

― ¿Celosa? ―preguntó con una sonrisa canalla.

―Pfft ―se mofó―. Claro que no.

El volvió a reír.

―Lo que tú digas, querida.

Ella volvió a rodar sus ojos y tocó la puerta de Frank.

―Adelante ―se escuchó desde adentro.

―Hola Frank, Klaus y yo estamos listos para discutir los detalles finales ―dijo Caroline sonriéndole.

Ella vestía una blusa blanca de manga tres cuartos muy fresca y unos vaqueros oscuros con unos botines negros, Klaus una camisa gris con un vaquero sencillo. A primera vista, se podría decir que eran amigos de muchos años y que casi combinaban lo que vestían.

―Me alegra que los detalles estén casi terminados ―dijo Frank viendo unos papeles en sus escritorios.

Se veía tan masculino, con un vaso de licor en una mano y con un cigarrillo en otra.

―Espero que no les moleste el humo del cigarro ―dijo dando a entender que le importaba un carajo si les molestaba o no. Y sonrió, le sonrió a Klaus porque se le hacía un hombre muy atractivo. Caroline y Klaus negaron mientras que tomaban asiento enfrente de su escritorio―. Los detalles están listos y el banquete y la música han hablado a la oficina ―Caroline asintió― ¿Klaus? ―dijo él. Klaus prestó atención― ¿Te ofrezco algo de tomar? ―preguntó seriamente.

Klaus sonrió.

―Claro, lo que sea está bien.

Caroline sonrió poquito tratando de ocultar la forma en la que Frank le hablaba a Klaus. Ocultando cualquier pisca de que ese hombretón que parecía un hombre de las cuevas, estaba atraído por su mismo sexo.

Después de unas horas de estar ahí metidos discutiendo detalles, Caroline sonrió exhausta sintiéndose más que satisfecha con el trabajo que había logrado con la ayuda de Frank.

―No podría estar más de acuerdo con eso ―comentó Klaus mientras que hablaba algo con Frank que Caroline ni siquiera estaba prestando atención, estaba tan ensimismada revisando los papeles que no se había dado cuenta de la plática tan amena que Klaus y el diseñador sostenían―. Caroline, cariño ―le llamó, ella levantó su mirada―. Frank ha dicho que todo está listo y días próximos al evento nos reuniremos de nuevo ―le sonrió un poco.

―Deberías descansar, Caroline ―le advirtió Frank―. Creo que ha sido suficiente por hoy, lleva a esta dama a casa, Klaus ―le dijo Frank y Caroline pudo notar que mientras ella había estado revisando los detalles, el tono de Frank para con Klaus había tomado un poco más de confianza.

Vio a Klaus sonreír.

―Así será. Fue un gusto platicar contigo, camarada ―Frank le sonrió―. Espero verte por los alrededores de Mystic Falls.

Frank levantó su vaso con licor y asintió. Una pequeña sonrisa se asomó por su rostro mientras que se levantaba para despedir a Klaus y a Caroline.

―Gracias, Frank ―le dijo Caroline sonriendo―. No podría hacer nada de esto sin ti, eres un ángel.

Frank sonrió.

―No, tú eres el ángel. Ahora ve y descansa.

Y antes de que salieran, Frank le guiñó un ojo descarado a Caroline y levantó un pulgar para que Caroline rodara sus ojos y saliera de ahí con Klaus por detrás.

― ¿Ha habido algo entre tú y Frank? ―preguntó Klaus.

¿Por qué se le ocurría preguntar eso? ¿Qué pensaría Caroline de él?

Vio a Caroline sonreír y molesto, le abrió la puerta de su auto.

―No, claro que no ―dijo después de ver que Klaus entraba al auto también―. Es un hombre mayor que yo, no ha pasado nada entre nosotros.

Klaus asintió.

― ¿Celoso? ―preguntó ella sonriendo como gato.

Klaus tuvo que sonreír ante eso y negó levemente con su cabeza.

― ¿Qué harías si te digo que sí?

Caroline abrió su boca y después la cerró para poder tragar en seco. Sintió un leve sonrojo en sus mejillas y deseó que le tragara la tierra.

―Te diría que no tienes por qué estarlo ―dijo simple mientras se encogía de hombros.

Klaus volvió a sonreír.

―Bueno, supongo que esa pregunta quedara pendiente para algún otro día.

Caroline no quiso mover más el asunto y se dedicó a hablar trivialidades con él.

¿Por qué se portaba de esa forma con ella? ¿Qué era lo que pretendía? ¿Gustaba de ella? ¿Por qué no se lo decía y ya? No, Caroline. Es mejor que no lo haga, tú tienes una relación de trabajo con él, no puedes mezclar esas dos cosas. Es mejor que todo se quede como está. Nada de enamorarnos del inglés de hoyuelos adorables.

Suspiró. ¿Por qué sentía como si se estuviese metiendo en la boca del lobo?

Oh, porque lo estaba haciendo y ella no tenía ni la menor idea.