Gracias a: Avarel Van–Castada, sporusnote, UshieVictoria, Stephany, zpire, VaneLor, heiji–kazu4ever.
Gracias a las alertas y a los favoritos. Las amo mucho! Disfruten del capítulo.
11.
El evento que la universidad ofrecía era esa noche. Había pasado poco más de una semana desde la última reunión con Klaus y ya no le había visto. Aunque le había enviado una invitación a Rebekah, sabiendo que entraría a la universidad en el siguiente semestre, sabía que había estado mal por tener la ligera esperanza de verlo por ahí… pero estaba mal y no quería querer eso ni sentirse así. La invitación a Rebekah había tenido una doble intención y eso le llenaba de culpa y de más culpa. Sí, sí, lo aceptaba… quería verle ¿Por qué? No lo sabía ¡Carajo! Estaba tan enojada consigo misma. Claro que no invitaba a Rebekah de cortesía, puta que no. Esa chica no le agradaba, le causaba escalofríos y verla seria lo último en su lista por hacer en su vida. Pero era hermana de él… y caray, nunca debió de haber enviado la invitación.
Tenía que contarle todo a Bonnie, debía sacarlo así que marcó su celular.
―Carajo, Bonnie… hice una tontería ―se quejó desesperada.
― ¿Qué pasó? ―preguntó temiendo lo peor.
―Invité a Rebekah Mikaelson al baile de verano de la universidad…
― ¿Qué? ¿Por qué? Ella ni siquiera va a la universidad con nosotras ―dijo repentinamente molesta―. ¿Por qué hiciste eso?
―Yo… yo…
―Ah, claro ―soltó Bonnie―. ¿Por qué no lo pensé antes? Es por el tal Klaus.
Caroline no dijo nada y se sintió culpable.
―Bueno, por tu silencio puedo asumir que di en el blanco ―suspiró―. Pero bueno, no te pongas tan paranoica, por lo que me has dicho y contado acerca de esa chica, no creo que ponga un pie en la fiesta ―dijo tranquilizándola.
― ¿Tú crees? ―dijo de repente, con una mezcla de decepción y alivio en su voz.
―Sí, tu cálmate ―se apresuró a decir―. Estoy con mi abue, te llamo en un rato. Dice que te quiere mucho.
Caroline sonrió.
―Dile que la quiero mucho más ―exclamó con alegría―. Y también te amo a ti.
―Yo más, Care. Te veo hoy.
Había comprado su atuendo para ese día ya desde hacía mucho tiempo. Era verano y debía llevar algo fresco y colorido, había elegido un vestido coctel que le llegaba arriba de las rodillas, era un verde en mate, con un escote en V y con tirantes gruesos que unían al escote y llevaban pedrería, estaba dividido a la mitad con una franja del mismo color del vestido. No quería impresionar a nadie, pero sabía que lo haría; es decir, ella era Caroline Forbes, naturalmente era su trabajo, y lo sabía.
Además, tenía que admitir que tenía la ligera esperanza de verle ahí… ¿y a quién engañaba? Quería verle porque el hombre le había agradado en extremo, además, le gustaba escuchar ese acento y oírle decir esos apodos que solo a él le salían elegante.
Nunca había tenido un amigo hombre, Matt no contaba porque siempre le había gustado, se había enamorado de él y desenamorado a lo largo de lo que le conocía, y Tyler había dejado de ser su amigo al momento que la engañó. Podría decir que a pesar de que había considerado a Tyler un muy buen amigo y que Matt era su mejor amigo, no era lo mismo comparar esas amistades a la que esperaba y empezaba a formar con Klaus, todo era tan diferente y extraño con él, era simplemente diferente, no había una sola cosa que se pudiese comparar con aquellas amistades; Klaus era un hombre educado, correcto, anticuado, con cincuenta años enzima, y Matt y Tyler eran chiquillos que no tenían idea de qué hacer con sus vidas.
Además, Klaus era un poco mayor que ella y para terminar de hacer el cuento largo y bueno, la idea de que Klaus no tuviese nada que ver con su pueblo, con su historia, con esa vida que ella había formado en Mystic Falls, era lo que más le gustaba de él, que no era de ahí. Bueno, sin contar el que su familia era la primera familia fundadora, Klaus provenía de un mundo completamente distinto al de ella y eso le agradaba, le emocionaba porque lo veía como su escape a la realidad. Hablar con él, verle, preguntarle cosas, escucharle hablar con ese acento tan gracioso y sensual, era un sueño. Klaus era su escape porque no estaba envuelto en la vida cotidiana y sin chiste de la cual ella había tenido ya por diecinueve años.
Y ahora sentía la necesidad de verle porque estaba nerviosa y su voz le calmaba. Era extraño, lo sabía, ni siquiera lo conocía de más de un mes y ya sentía algo fuerte entre ellos; una conexión que no supo explicar. De todas formas, supo que ese no iba a ser ni el día ni el momento para ponerse de esa forma o mucho menos para verle, estaba a cargo de un evento importante y tenía que concentrarse al cien para que todo saliera más que perfecto.
A las cinco de la tarde ya estaba en el gimnasio de la universidad, era un gimnasio gigante, mucho más grande que el de la preparatoria y se había decorado haciéndole pasar como un salón de eventos. Caroline sonrió al entrar, era perfecto; la comida había llegado, las mesas estaban puestas y todo su sequito de sirvientes estaba terminando de arreglar todo.
Pensó que era un poco cruel llamarles sirvientes, pero en realidad no le importó mucho. Caroline era así cuando se trataba de eso, era cruel, mandona y neurótica, y no le importaba. Y parecía que al club de organización tampoco, ya que todos la amaban, o por lo menos eso pretendían. Fuera lo que fuera, sabía que esa actitud le había ganado la presidencia y no se detendría hasta tener su propio negocio.
―¡Caroline! Tendremos supervisión este año ―se acercó Hannah, la vicepresidenta del club.
―¿Disculpa? ―preguntó confundida.
―La directora de la universidad habló cuando no estabas, dijo que estaría aquí junto con otros chaperones más.
Caroline suspiró.
―De acuerdo, haz que todo sea extra perfecto. No entiendo porque vendrá ella, siempre hay chaperones, ¿pero ella?
Hannah se encogió de hombros y la conversación dio por terminada.
Vio a April a lo lejos y se preguntó qué estaba haciendo ahí, la última vez que había hablado con ella había sido en el Grill cuando escapó de las garras sangrientas de la hermana de Klaus.
Caminó hacia ella, vestía unos vaqueros y una blusa muy simple.
―Hola, April ―le sonrió―. ¿Qué haces aquí?
April sonrió y la saludo muy efusivamente, dándole un abraso y un beso en la mejilla.
― ¡Gracias! ―le gritó―. Jeremy me ha estado invitando a salir…―dijo sonrojándose y muy feliz, evadiendo su pregunta por su notable alegría.
Caroline sonrió muy en grande y vio los ojitos verdes de April cerrarse y abrirse como en una caricatura.
― ¡Lo sabía! ―gritó emocionada―. Sabía que lo de ustedes funcionaria. Y no tienes nada que agradecerme.
―Gracias a ti… en realidad fuiste una buena amiga, gracias Caroline ―le agradeció honestamente.
Caroline le devolvió una sonrisa honesta.
―No tienes nada que agradecerme, te digo. Pero dime, ¿qué haces aquí? No recuerdo que estés en ningún club de aquí. Ni siquiera estas en universidad ―dijo entrecerrando sus ojos.
―Como en Agosto empiezo mi primer semestre aquí, fui con los consejeros de la universidad para hablar acerca de mis clases y me dijeron que tendría que ser parte de al menos un club ―explicó encogiéndose de hombros―, y supe que el club de eventos estaría organizando la fiesta de verano, además recordé que tú eras la presidenta. Una amiga mía está aquí y dice que eres la mejor ―dijo riendo―. Yo creo que quiso decírmelo para que te lo dijera, porque le dije que éramos buenas amigas ―sonrió.
Caroline sonrió, era bueno saber que una chica tan linda y pura como April la consideraba su amiga. En realidad no tenía amigas fuera de Bonnie y Elena, las demás chicas con las que siempre hablaba eran de los clubs y demás. A su mejor amiga de toda la vida hacía mucho que no la veía y April era una buena chica que no era hipócrita ni engreída como muchas ahí. Le alegró que ella le considerase una buena amiga y se sintió feliz. Ya tenía dos amigos nuevos, se sentía como en su primer día de clases, cuando conseguías amigos y no te sentías tan fuera de lugar.
― ¿Y qué te parece? ¿Te unirás? ―preguntó emocionada.
―No lo sé. Pero me parece divertido… es una forma de conocer más gente. Todos en este club son muy sociales.
―Lo son y sería bueno que te rodearas de más gente ―le sonrió―. Bueno, tengo que irme, este evento no se organizará solo ―dijo haciendo reír a April―. Te veré más tarde.
April asintió sintiéndose muy feliz y se despidieron.
―Aria, necesito que arregles esas mesas ―le dijo a una chica bajita y de ojos gigantes. Señaló unas mesas al fondo y la chica bajita asintió para ir hacia allá.
Siguió caminando para ver qué era lo que hacía falta. Miembros de los clubs pasaban a su lado saludándola y sonriéndole y ella les sonreía también. Todo tenía que estar doblemente perfecto, con la directora ahí, tenían que hacer un esfuerzo para que todo se viera mejor que el año pasado.
―Emma ―llamó a otra chica―, dije que los manteles iban en dirección a la pista de baile, por favor cambia eso ―suspiró sintiéndose frustrada.
La muchacha de piel morena puso una mueca de arrepentimiento y asintió de inmediato para poder empezar a mover los manteles con ayuda de otros miembros del club. Se detuvo a observar todo, los colores eran colores llamativos, purpuras, rojos, blancos brillantes y haciéndole contraste negros y grises brillantes y mates.
―Perfecto ―susurró para sí misma.
―Lo es ―escuchó una voz tras de ella.
Su corazón empezó a latir fuertemente y se sintió rápidamente atrapada en un lugar al cual no pertenecía, porque sabía que no había razón alguna por la cual sentirse de esa manera.
Volteó lentamente para topárselo ahí.
Oh por dios, estaba tan guapo. Era tan atractivo. ¿Por qué yo, porque yo, santo dios? Siempre he sido una chica buena, ¿por qué me torturas de esta manera?
Tragó en seco y le sonrió.
―Hola Klaus ―dijo con su vocecilla nerviosa.
Eso estaba mal, se suponía que Klaus en cierta manera la calmaba, ¿por qué estaba tan nerviosa? Maldita sea, Caroline.
Klaus sonrió con esa sonrisa que ella extrañaba ver.
―Caroline ―asintió en modo de saludo―. Espero no interrumpirte, cariño.
Caroline suspiró y negó levemente con la cabeza. Seguía siendo el mismo Klaus, sus cariños, sus saludos educados, su voz, su acento, sus ojos. ¡Carajo! ¡Basta Caroline!, se regañó mentalmente.
―Oh no… no, para nada.
― ¿Segura?
Caroline asintió frenéticamente.
―Entonces, ¿podemos salir a caminar unos minutos? ―preguntó Klaus de nuevo.
Caroline volvió a asentir como loca y una sonrisa tonta se instaló en sus labios haciendo sonreír a Klaus de lado.
―Espera un momento ―le pidió ella. Caminó hasta la vicepresidente rubia quien volteó a verla inmediato ―Hanna, tengo que salir por unos minutos. Es algo urgente, solo estaré afuera del gimnasio ―Hanna asintió―. Eres la vicepresidenta, hazte cargo de todo mientras yo estoy fuera. Confío en ti ―le dijo firmemente.
Hanna le sonrió.
―No te preocupes, Caroline. Tengo todo bajo control.
Caroline asintió para después volver a Klaus. Él le sonrió y después empezaron a caminar hacia la salida.
―Te ves hermosa en ese vestido ―dijo de repente haciendo que ella mirara hacia abajo para ver su vestido y sonreír un poco.
―Gracias.
El volteó a verla una vez más, observando bien sus ojos.
―Tus ojos son verdes ―dijo enfurruñando el ceño y parando en seco para tener una mejor apreciación de eso―. Pensé que eran azules ―dijo sintiéndose tonto por no haberlo notado antes.
Caroline rio.
―En realidad, son de los dos colores ―se encogió de hombros. Klaus frunció el ceño atento a lo que ella decía―; mamá dijo que siempre tuve los ojos verdes de pequeña y recuerdo haberlos tenido hasta que entre a la adolescencia y después cambiaron a azules. No sé por qué ―dijo encogiéndose de hombros―. Pero todavía se ven verdes de vez en cuando.
―Son preciosos ―dijo haciéndola sonrojar.
―Gracias. ¿Y bien? ¿De qué quieres hablar? ―le preguntó ella cuando estaban fuera del gimnasio y caminaban por un sendero que había por ahí.
Había bonitos árboles y banquitas por aquí y por allá.
Klaus sonrió y suspiró un tanto. No sabía que decirle en realidad, solo quería verla.
―No mucho en realidad ―se encogió de hombros, algo no muy típico en él que hizo a Caroline sonreír vagamente―. Para serte sincero, echo de menos hablar contigo ―le confesó haciendo que el corazón de Caroline diera un salto.
―Ah… ¿ah sí? ―dijo tragando saliva y carraspeando.
Klaus volvió a sonreír haciéndola sonrojar.
―Si he de ser sincero… no tuve otro propósito al venir más que verte ―confesó de nuevo―. En realidad me agradas, no pude esperar a verte.
Ella sonrió viendo hacia otra parte.
―También me agradas, Klaus y también… quería verte ―dijo carraspeando un poco.
El asintió sonriendo de lado y volviéndola loca.
― ¿Y cómo está yendo todo? ―preguntó cambiando el tema al ver a Caroline sonrojada―. Mi hermana me dijo que ha recibido una invitación para asistir a este evento ―comentó―. Pensé que solo se invitaban a miembros de la universidad.
Caroline quiso ser enterrada viva. Si bien no estaba del todo acostumbrada a mentir, era buena cuando lo hacía y más si la situación en si lo requería.
Bueno Caroline, esta situación lo requiere. Miente.
―Me has dicho que planea incorporarse en el semestre siguiente a nuestra universidad. Pensé que una invitación al evento de verano sería una buena ocasión para conocer gente. Ya sabes, estudiantes con los cuales compartirá clases y esas cosas…
Ugh, bravo Caroline. Le mentiste.
Klaus sonrió complacido y agradecido con la respuesta dada.
―Me parece un buen gesto de tu parte, gracias ―dijo amablemente.
―No… no me lo agradezcas. Espero que ella pueda asistir…
―No debiste haberla invitado, cariño ―dijo él, casi interrumpiéndola.
― ¿Qué? ¿Por qué? ―preguntó de repente enderezándose notablemente.
Klaus la imitó y suspiró.
―Rebekah no ha hecho nada más que ser grosera y desconsiderada contigo. No amerita una invitación y mucho menos enviada por ti.
Caroline bajó su mirada viendo sus uñas despistadamente.
―Está bien ―dijo encogiéndose de hombros―. Creo que solo esta celosa, así son las hermanas con sus hermanos. Cuando llegue la hora de que mi hermano empiece a coquetear con chicas, será el mismo día en el que deje de tener pretendientes. Sí sabes a lo que me refiero…
Klaus rió.
― ¿Es así? ¿Y porque tendría que estar celosa? Eres solo una amiga.
―Si… es cierto. Tal vez no le guste verte con otras mujeres ―dijo volviendo a ver hacia el suelo.
¿Y por qué escuchar esas palabras le causaba aquel ardor en el pecho? Era cierto, Klaus era solo un amigo… y sobretodo, era un cliente aunque el dijera lo contrario.
― ¿Aceptarías salir conmigo mañana? ―preguntó él después de unos segundos soltando la bomba que desde hacía días retenía en la garganta.
El corazón de Caroline quedó quieto.
― ¿Enserio? ―preguntó pensando que lo que había escuchado estaba mal.
―Claro. ¿Por qué te sorprende?
―No lo hace ―dijo de inmediato―. Es solo una cita de amigos ―sonrió débilmente.
―Lo es… mañana me pondré en contacto contigo para ponernos de acuerdo. ¿Te parece?
Caroline sonrió asintiendo.
―Me parece.
―De acuerdo, te dejare para que sigas organizando todo. Todo saldrá bien, querida ―le guiñó un ojo―. Piensa en mí ―sonrió pícaramente para seguir caminando y dejarla sola.
Ella abrió su boca y murmuró un arrogante antes de caminar de vuelta hacia el gimnasio con una sonrisilla tonta en su rostro.
―NTVSM―
¿Qué acababa de hacer? ¿Invitarla a salir? ¿Por qué? ¿Por qué se presentó ahí con toda la confianza del mundo, mientras estaba hecho un mar de nervios por dentro? Pero las cosas le habían salido mejor de lo esperado. Invitarla a salir había sido un gran paso en esa extraña relación que tenían y más aún que ella hubiese aceptado. Estaba feliz, lo debía admitir. Sonreía solo por recordar sus sonrisas y sus sonrojos fugaces, era tan hermosa. Y aun así, sabía que la chica debía estar fuera de su alcance. Pero no lo estaba, estaba tan cerca, llenándolo de emociones que nunca había sentido, de sonrisas tontas que nunca había sonreído y de miradas seductoras que no tenían un propósito solamente sexual como lo había con sus conquistas pasadas. Había algo diferente en sus miradas para con ella, eran diferentes y le asustaba. No quería tener nada que ver con Caroline Forbes, pero sus instintos animales habían podido más con él y no había podido retenerlos por más tiempo. Había sido ya una semana sin saber de ella, solo sus hermanos imprudentes habían sacado el tema de 'la chica a la que Klaus corteja' y un 'la chica a la que te quieres tirar' de parte del bueno para nada de su hermano menor Kol, el cual se ganó un buen puñetazo en la cara y un griterío de blasfemias de su parte.
Sabía que cortejar a Caroline no era la mejor opción o ninguna opción de hecho, era una mala jugada. No era bueno para ella, tampoco para él. Ciertamente no para él, no podía volver a caer en el juego del amor después de lo que había pasado con Tatia en el pasado. No podía volver a cometer el mismo error de volverse loco por una mujer. Pero su subconsciente le recordaba que Caroline era diferente, que ella no era Tatia y que nunca podría acercársele ni asemejarse ni un poquito a ella. Caroline era única, era una chica especial. Cada vez que pensaba en ella se sorprendía a si mismo sonriendo como iluso y de inmediato trataba de borrar cualquier recuerdo y sonrisa. Pero ahora tenía una cita de amigos con ella, como ella lo había nombrado. Y aunque desease que fuese una cita de verdad, no pudo haber estado más feliz de que después de todo, fuese una cita.
