Aclaraciones: Kol y Stefan son mayores que Rebekah por dos años y Elena, Bonnie, Caroline y Rebekah tienen la misma edad. Actualmente, Caroline tiene 18 y está a punto de cumplir 19 igual que Rebekah, siendo las más chicas de las cuatro. Cualquier duda me pueden preguntar por inbox o dejar un comentario. ¡Muchas gracias por los reviews! Y gracias a las chicas que se acaban de incorporar a la historia y la han leído en un día, una tarde y una noche, jajaja. Una vez más, muchas gracias y espero un reviews para ver qué les parece!


13.

―No entiendo porque fastidias tanto a esa chica. Te he dicho que Nik se pondrá de su parte y te va a ir mal.

Kol le decía mientras que veía chicas pasar de aquí a allá en el patio de la mansión que se había llenado de gente de un momento a otro.

―Nik no se tiene porque enterar de todo, diremos que hicimos una reunión y mucha gente se coló.

Kol rodó sus ojos. Llevaba puesto unos vaqueros oscuros, una camisa de vestir negra y el cabello prolijamente despeinado. Muchas chicas se le quedaba viendo y Rebekah les hacía caras para que se alejaran.

― ¿Diremos? ―exclamó poniendo ambas manos en su pecho―. A mí no me metas en esto. Suficiente fue que tuviera que ir a convencer a un montón de ebrios a la universidad de que vinieran aquí ―le guiñó el ojo a unas chicas―. Pero aprovechare para tener alguna poca de diversión ―sonrió con sorna y se alejó de ahí siguiéndole el paso a unas chicas.

Rebekah se quedó ahí parada viendo como el patio trasero se llenaba de gente. Haberle arruinado la movida a Caroline había sido una buena jugada. Sin embargo, ella sabía que podía hacer algo mejor. Pero habiéndose enterado que la chica era una neurótica de la perfección, podía estar segura de que le causaría un buen coraje.

NTVSM―

― ¡No puedo creer que haya hecho eso! ―Caroline exclamó, muy, muy molesta.

Bonnie suspiró y se frotó la frente sintiendo lastima por Caroline. En realidad estaba molesta, no era solo un enojo que se pasaría de un día para otro, no; Caroline Forbes estaba furiosa y se le notaba hasta en el caminar.

― ¡La voy a matar, Bonn! ¡Te lo juro!

―Cálmate, Caroline ―trató de tranquilizarla, pero Caroline caminaba de un lado para otro sin parar.

― ¿Care? ―la voz de Aria se escuchó por ahí―. ¿Dónde están todos?

El club de eventos estaba ahí, pero faltaban muchos miembros.

― ¿Dónde están los demás? ―preguntó Caroline exasperada―. No me digan que se fueron a casa de los Mikaelson, ¡porque los mato a ellos también!

Hanna la vio y arrugó el ceño.

―Pensábamos que habías movido el lugar del afterparty.

― ¡No! ¡Claro que no cambié el lugar! Ustedes saben que se los hubiera hecho saber de inmediato. Con días de anticipación ―los escrudiñó con la mirada.

― ¿Qué hacemos? ―preguntó Emily.

Caroline se quedó pensando, no había ni una sola alma en la casa de Aria y los pocos miembros del club que quedaban, también querían ir a casa de los Mikaelson. Pensó y pensó, no podía ir a la mansión de los Mikaelson a hacer un alboroto, no solo era casa de Rebekah, también lo era de Klaus; no se pondría en ridículo y no arriesgaría su amistad con una persona que en realidad le estaba agradando.

Esa chica no lo vale, Caroline.

Suspiró y vio a los pocos miembros fieles que le veían con expectación.

―Nada ―dijo al fin.

Bonnie y los demás abrieron sus ojos.

― ¿Nada? ¿Cómo que no haremos nada? ―una chica llamada Spencer, salió de entre los miembros del club con una expresión de enojo―. ¡No podemos no hacer nada! ¿Qué pasó en primer lugar? ¿Quién tuvo la maravillosa idea de cambiar el lugar?

Caroline cerró sus ojos y se agarró el puente de la nariz.

―Spencer... ―Aria la calló sabiendo que Caroline empezaba a impacientarse.

―Fue la chica que vi salir del gimnasio, ¿cierto? ―preguntó Emily.

Caroline la vio y desvió su mirada. Nadie se tenía porque enterar de que tenía diferencias con la menor de los hermanos Mikaelson, no con Rebekah Mikaelson, descendiente de la familia fundadora de Mystic Falls.

―No importa quien fue. El punto es que todos están en la mansión Mikaelson… supongo que ustedes también pueden ir. No se preocupen ―les sonrió rindiéndose.

Los integrantes del club se vieron.

―Está bien, yo no iré Caroline ―le dijo Aria con una sonrisa y sus grandes ojos viéndole.

―Tampoco nosotras ―dijo Emily refiriéndose a ella a Hanna y a Spencer, quienes asintieron.

―Yo tampoco iré ―Caleb dijo―. Y estoy seguro que Toby y Ezra tampoco quieren ir, ¿cierto?

Los amigos de Caleb hicieron una mueca pero terminaron por asentir.

Caroline les sonrió con cariño.

―Vamos, sé que quieren ir. Si les hace sentir mejor, iré con ustedes ―todos se vieron preocupados―. Oh por dios, no soy tan mala, no los sacare del club si van ―todos se volvieron a ver entrecerrando sus ojos―. Ugh, vamos a ir a la fiesta y se acabó ―todos se volvieron a ver, esta vez sonriendo y después todos manejaron hasta la mansión Mikaelson.

NTVSM―

Klaus sabía que algo había ocurrido, algo que involucraba a su hermana. Caroline había aparecido seria y cansada, cosa que no era normal en Caroline para nada. Salió a buscar a Rebekah lo antes posible, necesitaba aclarar ese desastre ahora mismo.

En otra parte de la fiesta, Bonnie bailaba junto con Elena a quien no se le había bajado el alcohol mucho ni después de la bolsa de papitas fritas que se había tragado.

― ¡Esto es tan divertido! ―gritó Elena sintiéndose ligera―. ¡Hace mucho que no tomaba!

―Eres una borracha, Elena ―sonrió Bonnie.

Matt llegó de la nada y se robó a Elena pidiéndole disculpas a Bonnie.

¿Ahora qué hago sola?, pensó Bonnie.

Caminó hacia una mesa con bebidas y se sirvió un trago.

― ¿Algo en especial que prefieras? ―una voz arrogante y molesta le habló al oído.

Volteó de inmediato para ver a Kol Mikaelson.

―Nada de ti, gracias ―le pasó por un lado con el trago en su mano.

―Vamos, cariño… estás muy sola, podría hacerte compañía.

Bonnie rio irónicamente.

―No, gracias ―respondió secamente.

―Solo platicar. No pido nada más.

Kol la seguía como un perrito faldero.

―Dije que no. Aléjate de mí, Mikaelson –dijo empezándose a impacientar.

Venir aquí no fue una buena idea.

―No entiendo porque me odias tanto. Ni siquiera me conoces.

Bonnie paró y se volteó para topárselo cara a cara. Tenía una expresión fingida en su rostro llena de tristeza y una sonrisilla tonta apenas notable y arrogante se asomaba por una esquina de sus labios.

―No te odio, pero no me agradas. Es todo. ¿Tienes algún problema con ello? ―cruzó sus brazos y levantó una ceja desafiante.

Kol sonrió viendo sus ojos, eran verdes y hacían contraste con su piel chocolate.

―Claro que tengo un problema con ello.

― ¿Y cuál sería ese problema?

―Que me gustas y no quisiera que tu desagrado hacia mi persona impida poder seducirte ―una sonrisa engreída se instaló en sus labios y Bonnie no pudo hacer nada más que rolar sus ojos mientras soltaba un suspiro cansado.

―Te lo advierto, Mikaelson ―le vio con ojos asesinos―. Aléjate de mí ―le siseó entre dientes.

Kol abrió sus ojos en grande viendo como la belleza chocolate caminaba en dirección contraria a él y se le escapaba de las manos. Soltó una mala palabra y se dispuso a seguirla de lejos para estudiarla mientras que ideaba planes para poder seducirla y hacerla suya.

Caroline pasaba por ahí caminando, cuando vio a Stefan y feliz fue hacia él.

―Hola Stefan ―le saludó.

Stefan le sonrió amablemente.

―Hola Caroline. ¿Cómo te encuentras esta noche?

Caroline rio y sus saludos formales le recordaron a Klaus.

―Bien, gracias. No me sorprende que seas amigo de Klaus, hablan muy parecido.

Stefan volvió a sonreír y miró hacia el suelo para después volverle a ver.

― ¿Lo crees?

Caroline asintió riendo.

―Es agradable escuchar tanta amabilidad al hablar.

―Te acostumbraras a Klaus con el paso del tiempo.

Caroline sonrió y no respondió a eso.

―Y… no quiero ser entrometida pero… ¿qué ha pasado con Elena?

―No mucho. Ninguno de los dos quiso tener nada serio ―dijo encogiéndose de hombros y sintiéndose a gusto hablando con la chica Forbes.

― ¿No? ―dijo con una mueca decepcionada―. Pero si se ven tan bien juntos ―reprochó.

Stefan rio.

―Siento desilusionarte pero parece que los dos tenemos otros intereses.

― ¿Los tienen? ―preguntó sorprendida y tratando de sacarle todo lo posible.

Stefan volvió a reír y pensó en cuan diferente era esa chica a su viejo amigo. Tal vez por eso le había agradado y se había interesado en ella de esa forma tan protectora.

―Me parece que sí. Pero basta de mí ―dijo haciéndose el modesto―, platícame de ti, ¿qué pasa entre tú y Klaus?

Esa pregunta tomó por sorpresa a Caroline quien abrió sus ojos como platos y se sonrojó violentamente.

―Es… yo solo…, yo solo organizo un evento para él. Es todo ―habló rápidamente.

Stefan no pudo evitar reír ante el desconcierto de Caroline.

―Lo sé. Hablaba de eso.

Caroline arrugó el ceño.

― ¡Claro que no hablabas de eso! Eres malvado ―dijo cruzando sus brazos y viendo hacia otra parte.

Stefan volvió a reír.

―No lo soy, solo me divierte verte de esa forma.

―Ugh, como dije; malvado.

― ¿Interrumpo algo? ―Rebekah salió de la nada asustándolos a ambos.

Tenía una ligera sonrisilla en sus labios pero unos ojos asesinos que gritaban: Aléjate, Stefan es mío.

―No para nada, yo ya me iba ―dijo Caroline empezando a dar una vuelta.

―Oh no, quédate ―habló Rebekah de inmediato. Caroline apretó sus labios lo más que pudo para no poder hablar y decirle alguna tontería que causara algún disgusto, en su mente solo estaba una persona; Klaus. No podía pelearse con su hermana, no con la hermana de un hombre que le agradaba tanto. Con la bofetada que le había dado era suficiente―. Veo que tú y Stefan se conocen.

―Muy poco ―dijo Caroline casi interrumpiéndola.

Stefan asintió.

― ¿Ustedes se conocen? ―preguntó Stefan viendo como las dos rubias se daban miradas llenas de fuego.

―Muy poco ―respondió Rebekah imitando a Caroline―. Nik la contrató para organizar el evento que daremos el próximo mes.

Stefan asintió, sintiendo que en segundos una bomba nuclear explotaría y él no quería estar cerca para presenciarlo ni para terminar quemado junto a ellas.

―Chicas… si me permiten, iré por un trago ―dijo rápidamente y se fue de ahí casi corriendo.

Cuando Rebekah estuvo segura de que Stefan se había alejado lo suficiente, habló:

―Primero mis hermanos, ¿y ahora él? ¡No te basta con robarte a Nik!

Caroline ahogó un sinfín de malas palabras.

― ¡No me he robado a nadie! Deja de decir tonterías.

―No son tonterías. Eres una zorra y me asegurare de que Nik se dé cuenta de ello y deje de defenderte como si fueras una santa. Solo eres una mosca muerta.

Caroline quiso hacer tantas cosas, quiso golpearla como lo había hecho en el gimnasio, quiso decirle muchas groserías y después quemarle ese vestido que la hacía ver tan bien. La odiaba tanto en ese momento y a la vez se sentía tan vulnerable por no querer arruinar su amistad con Klaus.

― ¿Qué está pasando aquí? ―la voz de Klaus las asustó a las dos.

Rebekah quiso salir corriendo de ahí. En realidad no era tan valiente cuando se refería a desafiar a su hermano preferido. Era la última persona a la que quería decepcionar y por lo general le hacía creer que era una buena chica, aunque en realidad los dos sabían que estaba lejos de ser eso.

―Nada ―Caroline respondió de inmediato escondiendo su rostro de enojo y poniendo una bonita sonrisa como siempre lo hacía―. Gracias por la invitación, Rebekah. Me divertí mucho. Me iré ahora.

Rebekah sonrió con autosuficiencia sabiéndose ganadora de esa batalla.

― ¿Tan pronto, querida? ¿Por qué no te quedas un poco más? Nik, convéncela de que se quede ―dijo haciendo un mini puchero.

Klaus observaba todo atentamente. Había alcanzado a escuchar las palabras que Rebekah le había dirigido a la otra rubia y no le había podido hacer nada más que escuchar e ir acercándose lentamente. Las sospechas de que Rebekah había tenido algo que ver con la actitud de Caroline, estaban confirmadas.

―No… es tarde y ha sido un largo día para mí. Estoy muy cansada, buenas noches ―les sonrió a los dos y dio media vuelta para alejarse de ahí lo más rápido posible.

Se sentía tan vulnerable, tan tonta, tan ultrajada. Ella no era nada de eso que Rebekah le había dicho. La peor parte era que ella lo sabía y aun así, no pudo evitar llorar mientras caminaba rápidamente hacia su auto.

― ¡Caroline! ―escuchó la voz de Klaus llamarle.

―No, no, no… ―susurró mientras seguía caminando. Tal vez si seguía caminando y simulando que no lo escuchaba él la dejaría ir.

Había mucha gente en esa fiesta y se le dificultaba un poco pasar entre tanta multitud. Logró que la toquetearan más de lo debido y sintió un Déjà vu pensando que había pasado así la última vez que había estado en la mansión de los Mikaelson cuando quiso entrar para buscar un baño y había terminado en las garras de Kol Mikaelson.

― ¡Caroline, espera! ―Klaus volvió a gritar.

Por fin pudo tomar su brazo y Caroline se sintió de piedra. Con una mano se quitó las lágrimas rápidamente y se quitó cualquier rastro de rímel corrido que sospechó pudo haber tenido.

―Cariño, espera ―la jaló hacia el sintiendo la suave piel de Caroline bajo su gran mano. Cuando la tuvo de cerca Caroline miraba hacia otra parte―. ¿Qué pasa?

Caroline negó levemente con la cabeza.

―Estoy muy cansada, Klaus. ¿Te importaría que habláramos en otro momento?

―Si me importaría.

Caroline volteó a verle sorprendida. Se escuchaba enojado y lo pudo comprobar cuando le vio a los ojos, tenía el ceño arrugado y la expresión furiosa.

―Vayamos dentro de la casa.

―No… por favor, estoy cansada, enserio…

Klaus la ignoró y la arrastró con cuidado entre la multitud. La pegó a el porque la idea de que pasara a lado de tantos hombres le molestaba y no sabía porque. Caroline se tranquilizó al tenerlo a su lado y dejó de llorar y de hipar. Sabía que estaba roja como un tomate y lo único que pudo hacer fue esconder su rostro en la espalda de Klaus. Estaban tan cerca que podía sentir sus músculos pegar contra sus pechos y se sintió totalmente caliente.

Basta Caroline. Las cosas no son así en ese momento… ni lo serán en ningún otro.

Después de varios empujones y de pasar la alberca, Klaus la tomó por la mano y entraron por una pequeña puerta que eventualmente los llevó dentro de la casa y lejos de la gente.

― ¿A dónde me llevas?

―A un lugar tranquilo ―dijo aun tomándola por la mano. No podía soltarla, no quería. Su mano era tan pequeña y suave y sentía que si la soltaba ella correría lejos de él.

Caroline no quiso decir más, no quería abrir la boca y tener que ser cuestionada sobre lo que había pasado con Rebekah, de lo cual estaba segura, Klaus sabía. Claro que lo sabía, Rebekah estaba gritando prácticamente que era una zorra y Klaus llegó casi al instante cuando ella había terminado de hablar, por supuesto que había escuchado todo. Se sintió tan tonta y asustada. Ella tenía la culpa de todo, no debió haber invitado a Rebekah, no con esas intenciones. O tal vez, simplemente no debió de haberla invitado con ningún tipo de intención. La chica era problemas y era obvio que no la soportaba por el simple hecho de que estaba celosa.

Entraron a una salita que era pequeña y muy privada. Había una chimenea en medio y una ventana que daba a alguna parte de afuera en la cual no había ni un alma.

Klaus dejó ir su mano y prendió dos lámparas de piso.

―Siéntate ―le indicó.

Se sentó en un sillón café y de tela, era muy cómodo y se sintió relajada como hacía mucho no.

―Dios, podría dormir en este sillón ―dijo cerrando sus ojos y suspirando.

Klaus la observó.

Seguía igual a como la había visto en la tarde. Nada había cambiado, el mismo vestido, el mismo cabello, su maquillaje y esos tacones desnudos que hacían sus piernas parecer más largas. Pero su expresión era cansada, sus ojos estaban exhaustos y tenía razón, podría quedarse dormida ahí mismo.

―Cariño, ¿qué ha pasado entre tú y Rebekah?