14.

―Cariño, ¿qué ha pasado entre tú y Rebekah?

Klaus había hablado con Rebekah, pero esta había evitado hablar del tema diciéndole que se olvidara de esa chica y que no valía la pena, que ella no había hecho nada y que dejara de hablar de Caroline todo el tiempo.

Caroline abrió los ojos de golpe y observó al hombre sentado frente a ella. Se mordió el labio inferior y quiso tener un espejo para ver en que lio estaban su rostro y su cabello metidos.

―Nada. ¿Por qué preguntas? ―dijo inocentemente.

―Sé que algo está pasando. No me mientas, Caroline ―le advirtió con ojos severos.

Ella tragó en seco y se dedicó a pensar en lo culpable que se sentía por todo el asunto y en que seguramente Klaus dejaría de hablarle si le contara que invitó a Rebekah solo para verle. Pero se sentía tan cansada y había pasado por tanto ese día, que le importó muy poco y soltó todo.

Suspiró.

―De acuerdo, te contaré… comprenderé si después de lo que te cuento… bueno, solo escúchame.

Klaus asintió. No podía ser tan malo, ¿cierto? Caroline era una chica pura, lo podía ver en sus ojos. A pesar de hacérselas de ruda y valiente, era una chica inocente que temblaba y deseaba ser protegida.

―No invité a Rebekah por las razones que te dije… ―él la escuchaba― la invité… porque tenía la ligera esperanza de poder verte y siento tanto haberte mentido y haber enviado esa invitación por las razones equivocadas ―miró hacia un punto muerto de la salita―. No sé qué demonios estaba pensando ―susurró para ella misma tomándose la cara entre las manos.

Klaus la vio, la vio por décima vez, por milésima vez. Su rostro, sus manos, sus movimientos, Caroline era la criatura más perfecta que nunca había conocido y aunque tuvo que molestarse por aquello, no pudo haberse sentido más feliz por lo que escuchó.

―Y debido a que la invité…

― ¿La invitaste porque deseabas verme? ―el la interrumpió.

Ella asintió.

―Sí, y lo siento tanto Klaus ―le vio a los ojos.

― ¿Por qué simplemente no llamarme? ―preguntó queriendo saber todo lo que pasaba dentro de su cabeza.

Ella miró hacia otra parte.

―No es así de fácil… no quise ser inoportuna y fuera de lugar y hablarte a tu celular para solo… verte, es tonto.

―No lo es ―dijo al instante―. No es tonto.

Ella parpadeó varias veces.

― ¿No lo es?

―No.

Pero no dijo nada más, estaba tan inmerso en sus propios pensamientos que se creó un silencio sepulcral en donde los dos veían hacia otra parte y pensaban en cosas distintas.

―Pero eso no responde mi pregunta ―dijo Klaus después de momentos―. ¿Qué pasó en realidad entre tú y mi hermana?

Caroline tragó en seco y volteó hacia otra parte.

―No creo que deba discutir nada contigo, Klaus. Te digo esto con mucho respeto… pero lo que sea que pase entre Rebekah y yo, no tiene nada que ver contigo y por lo tanto es mejor que no te entrometas.

Klaus arrugó su ceño.

― ¿No quieres que me entrometa? ―preguntó enojado―. ¿Después de lo que escuché que te dijo? ¿Qué eras una…? ―ni siquiera pudo repetir las palabras de su hermana―. ¡Estas equivocada, Caroline! ―se paró y lanzó los brazos al aire―. Mi hermana no tuvo por qué hablarte de esa forma ni decirte todo lo que dijo.

―Klaus, por favor, déjalo. Te he dicho que no te entrometas.

―No solo fue eso, estoy seguro que pasó mucho más en la universidad. Quiero que me lo cuentes.

―No.

El caminaba frente a ella frenéticamente.

―No fue una pregunta, querida. Te lo estoy ordenando ―la miro ferozmente.

Ella se paró rápidamente y puso sus manitas en su cadera.

― ¿Quién te crees? ¡No eres mi padre para darme órdenes!

El la miró por unos momentos y soltó un gruñido.

―Podrías por favor decirme que es lo que ha pasado entre tú y Rebekah, cariño ―dijo con una sonrisa forzada y un tono de voz suave y calmada, lo suficiente para darle a entender a Caroline que no era un hombre paciente y que obtenía lo que quería cuando lo quería.

―No quiero ―dijo volteando su cabeza en un movimiento caprichoso.

―Que terca eres… ―susurró por lo bajo haciéndola fruncir el cejo.

―Escucha Klaus, haya pasado lo que haya pasado, fue mi culpa por haberla invitado. Fue mi culpa y por eso no tengo porque explicarte nada.

―No fue tu culpa que ella haya sido tan grosera.

―Lo sé, pero así se dieron las cosas y no podemos hacer nada para cambiarlo.

―Yo puedo y lo hare.

―Ugh, no Klaus. Déjalo así te digo.

― ¿Por qué no te defendiste de ella?

―…lo hice en el gimnasio ―vio hacia otra parte mordiéndose su labio interior―. La abofeteé.

Klaus soltó su quijada y sus ojos se abrieron en grande. Aunque no le parecía del todo correcto que golpearan a su hermana, se lo merecía y no le veía nada de malo si venia de parte de Caroline. En especial por todas las veces que ya la había insultado.

Sonrió.

― ¿Por qué esa sonrisa? ―preguntó confundida.

―Porque hiciste bien ―dijo encogiéndose de hombros.

― ¿Qué? ―ella levantó una ceja.

―Rebekah se lo merecía, cariño. Es una niña caprichosa, y aunque yo nunca me atrevería a ponerle un dedo encima, no le veo problema si lo haces tú.

Ella entrecerró sus bonitos ojos que se encontraban verdes.

―No sé qué decir. Quería abofetearla, pero no lo hubiera hecho si ella no se hubiera portado de la manera en que lo hizo.

― ¿Y qué hizo?

Ugh, bravo Caroline. Hablas de más y él quiere saber más.

―No pasó nada. Déjalo ya, Klaus.

El la observó notando que en realidad se veía cansada.

―Muy bien, lo dejaré… por hoy. Tendré una plática muy seria con mi hermana.

―Por favor, no…

―No le mencionaré que hablamos, si es lo que te preocupa.

Ella suspiró.

―No es necesario que intervengas, pero si no hay manera de convencerte…

Él sonrió.

―No la hay. Ahora, permíteme llevarte a casa ―dijo volviendo a ser el Klaus educado y propio que ella conocía.

―Traje mi auto ―dijo sonriendo.

―Bien, entonces te seguiré y te entregare en tu puerta ―respondió con toda la normalidad del mundo.

Caroline se le quedó viendo y después rio. Sintió que con esa risa y esas cosas tontas y educadas que Klaus decía, soltaba todo el estrés que había estado acumulando al pasar de los meses al organizar el evento.

El frunció el ceño.

― ¿He dicho algo que te cause gracia?

Ella no pudo hacer nada más que reír y negar con la cabeza.

―No, olvídalo ―sonrió. Volteó hacía todas partes observando la salita y sintiendo un deje de Déjà vu―. Siento que ser rescatada por ti en tu propia casa se ha vuelto una costumbre.

Él sonrió recordando la primera vez.

―No tengo problema en rescatarte ―dijo simple haciéndole sonrojar―. Pero sería mejor que te alejaras de los problemas, no me agrada verte llorar.

Ella lo observó, era tan serio y a la vez tan dulce.

―Siento que hayas visto eso, no pretendía hacerlo… ―se dio cuenta que estaba pensando en voz alta y de inmediato guardó silencio―. Como sea, gracias por rescatarme ―le sonrió― De nuevo.

Ahí estaba otra vez, esa sonrisa que se había acostumbrado a ver, una sonrisa preciosa, llena de alegría, y que le iluminaba el rostro.

Él le sonrió.

―Vamos, te acompañaré a tu casa.

Ella asintió y salieron de ahí para empezar a caminar hacia la salida.

Caroline se sentía tan relajada y en paz consigo misma. Aunque no le había contado nada a Klaus de lo que había pasado entre Rebekah y ella, le había contado lo que más le estaba volviendo loca y era lo de la falsa invitación.

Klaus era una fuente de relajación. Su voz era tan sexy, su acento era de seda y sus palabras eran como de algodón con una pisca de fuego. Con un simple cariño la relajaba y la hacía sonreír. Klaus tenía ese efecto en ella y era increíblemente increíble.

― ¿Nik? ¿Kol hizo otra de sus fiestas?

Klaus y Caroline voltearon y Henrik estaba parado ahí en pijamas y despeinado. Cuando Caroline lo vio no pudo evitar ver a un mini Klaus.

―Por dios, es igualito a ti ―le dijo a Klaus.

Klaus sonrió y Henrik examinó a Caroline discretamente.

―Caroline, él es mi hermano menor; Henrik. Henrik, ella es Caroline.

―Disculpa mi vestimenta, Caroline ―dijo el viéndole fijamente a los ojos―. Sucede que el escándalo que hay afuera me ha despertado…

―Y habla igual a ti ―dijo Caroline sonriendo muy en grande―. No te preocupes, me da gusto conocerte ―le sonrió.

Henrik asintió amablemente.

―Me da gusto conocerte también.

― ¿Seguro que no es tu hijo? ―comentó divertida.

Klaus rio.

―No, claro que no. Te aseguro que no tengo hijos o nada por lo parecido.

Ella asintió viendo a Henrik quien también la veía a ella.

―Vuelve a dormir, Henrik. Me hare cargo del escándalo. Iré a dejar a Caroline a su casa.

―Muy bien. Que pases una buena noche ―se dirigió a Caroline antes de dar vuelta y regresar por donde había llegado.

Caroline no podía borrar la sonrisa de su rostro. Klaus la vio y sonrió también.

― ¿Impresionada? ―ella asintió―. Aunque no veo la razón, todos dicen que se parece más a Elijah que a mí.

―Na-ah, ese niño es igual a ti. ¿Qué no lo ves? Si fuera rubio y tuviera los ojos azules, sería igual a ti.

―Supongo que podría ser verdad ―dijo sonriendo―. Vamos, se hace tarde y te ves muy cansada. Me asegurare de que no te duermas en el camino.

―No me dormiré ―dijo ella rolando sus ojos y empezando a caminar junto a él.

―Nunca podemos estar tan seguros.

―Lo que sea ―dijo suspirando.

Llegados a la casa Forbes, Caroline estacionó su auto y se bajó rápidamente para ver como Klaus se bajaba también de su auto. Klaus caminó hasta ella al porche, quedando frente a la puerta.

―Gracias por acompañarme, no era necesario pero aprecio el gesto ―le sonrió.

―Era necesario ―la vio haciéndola sentir revolturas en el estómago.

Se quedaron en silencio viéndose.

―Supongo que mañana nos veremos, ¿cierto?

―Claro ―respondió él aclarándose la garganta un poco.

―Bien ―le sonrió.

Una vez más se acercó a él para plantarle un beso en la mejilla.

―Pasa una buena noche, Klaus ―le dijo quedito―. Gracias por todo ―le vio a los ojos, le sonrió y después entró a su casa.

Klaus soltó un suspiró contenido y una sonrisa tonta se instaló en sus labios, Caroline hizo lo mismo y los dos durmieron contentos y felices esa noche.

Atención: Dejar un review es casi tan bueno como ser acompañada por Klaus a tu casa.