Gracias a: Stephany, Ale, heiji-kazu4ever, AnnForbes, Conni Stew.

N/A: Agradecería un montón si me pudieran dar su honesta opinión y decirme si la historia se está desarrollando lentamente. Me he topado con muchos comentarios desesperados acerca de cuándo va a pasar esto y cuando va a pasar aquello, y aunque entiendo que quieran un poquito más de acción, debo confesarles que yo soy una romántica apasionada y me gusta que las historias de amor tengan muchamuchamucha historia por detrás. Tampoco crean que se las voy a hacer de biblia... pero si va a tardar un poco más y sin contar que habrá una secuela de esta, vamos a decir que la voy a hacer en dos partes y así. Una vez más, entiendo que quieran acción y pasión, pero tendrán que ser pacientes porque yo no funciono así y no sé cómo ser una salvaje de un día para otro y meter a dos personajes que poco se conocen en unas escenas apasionadas.

Respondiendo preguntas: Si, entre Stefan y Caroline habrá una bonita amistad así como la de la serie.
*COD―Call Of Duty: es un juego de video.

**Y como AnnForbes fue la única que se dio cuenta ―y me lo hizo saber― de los personajes que infiltré de PLL, puede darse el lujo de desear una mini―escena dentro del siguiente capítulo.

PS. Stephany, gracias por tus palabras! Me alientan a querer escribir más y más y más.

Besos lindas y gracias por su apoyo tan precioso.

C.


15.

―Es un día maravilloso ―canturreó Caroline.

Su madre la vio escrudiñando los ojos.

― ¿Qué haces despierta un sábado en la mañana, mi amor? ―le preguntó Liz, tenía puesto su uniforme y tomaba café.

Caroline sonrió.

―Me levanté temprano, es todo. ¿Y tú? Pensé que te ibas a tomar unas vacaciones ―la fusiló con la mirada.

―Y lo haré, solo tengo unos cuantos asuntos pendientes antes de poder salir ―le sonrió.

Caroline asintió.

―Si sales sabes que debes marcarme ―le advirtió.

―Sí, saldré con Klaus ―dijo―. ¿No te molesta, cierto?

Liz abrió su boca y sus ojos se desorbitaron, lo escondió rápidamente tras la taza de su café.

― ¿Mamá?

― ¿Hm? ¿Tendrán otra reunión de trabajo? ―dijo fingiendo desinterés.

―No esta vez ―trató de ocultar su sonrisa―. Me ha invitado a salir, pero no sé a dónde.

Liz suspiró.

― ¿No crees que es poco profesional salir con él? Es un cliente, Caroline.

Caroline se le quedó viendo y después vio hacia otra parte. Su madre tenía razón y lo peor era que ella pensaba igual.

―Si te preocupa que me vaya a matar en su auto por ir muy rápido, no te preocupes; si sube la velocidad haré que pare. ¿Estas más tranquila con eso?

No, claro que no lo estoy. Ese hombre es un monstruo. Si tan solo supieras cariño…

Pero sonrió y asintió. Después de todo, Esther Smith le había dado su palabra y el mismo Lobo también lo había hecho. No tenía de otra más que confiar en eso.

―De acuerdo, mi vida. Recuerda que es un tipo mayor que tú, ten mucho cuidado.

―Sí, mamá. Que te vaya bien y regresas para la cena, eh ―le advirtió.

Liz asintió, fingió una sonrisa y salió de la casa con el alma en un hilo.

¡Estaba tan feliz! Se sentía como una tonta y se dio cuenta que esa felicidad que sentía no debía de ser. De inmediato se tomó del cabello y se lo jaló.

― ¡UUUUGHHHHH! Odio esto ―dijo a la nada.

―Yo odio que grites en la mañana ¿pero qué le voy a hacer?

Daniel entró a la cocina despeinado en pijamas y con una cara de pocos amigos.

―Que amargado eres ―le rodó los ojos―. ¿Qué quieres de desayunar, enano?

― ¿Enano? Casi te alcanzo y en un año o menos te pasare, tú eres la enana.

Ella lo asesinó con sus ojos azules.

―Pues en ese caso, no hay desayuno para ti ―le enseñó la lengua y salió de la cocina dejando a Daniel solo.

― ¡Ya cásate! ―le gritó y Caroline sonrió tantito para después gritarle un ¡Cierra el pico, enano!

Daniel seguía siendo su enano y sabía que pronto ella pronto pasaría a ser la enana. Su mente divagó entre recuerdos de la noche anterior y recordó al hermanito menor de Klaus, era igual de alto que Daniel y sabía que tenían la misma edad. Pensó que Henrik era tan diferente a Daniel; Henrik era un muchachito educado que decía buenas noches, disculpa, y cosas educadas y propias de esas, y Daniel… bueno Daniel hablaba incoherencias y tenía malos modales. ¿Qué sería si esos dos niños formaran una amistad? Sería interesante verlos y burlarse de ellos.

Subió a su cuarto y se recostó en su cama. No tenía nada de hambre y estaba pensando en que tipo de salida sería su salida con Klaus. El día anterior había sido tan cansado que ni siquiera se desmaquillo para irse a la cama. Tantas emociones le habían abrumado y cayó rendida justo al pisar su habitación. Klaus había sido el hombre más dulce de la tierra, sin mencionar cuando le gritó, pero lo pudo entender. Caroline sabía que el hombre se preocupaba por ella, lo podía ver en su mirar y en la forma en la que le hablaba y la trataba. No quería pensar que era lo que su moral de caballero ingles le dictaba porque la idea no le agradaba del todo. Aunque sabía que en parte era eso, también sabía que se estaba empezando a formar un bonito lazo de amistad ahí.

Suspiró.

―Qué pasaría si él y yo… ―susurró viendo su techo y de inmediato se calló. ―No. Es un cliente… es un amigo y nada más.

Y se quería convencer de que era solo un amigo, pero era claro que Klaus la miraba de otra forma y ella no podía hacer nada más que hacerse de la vista gorda y dejarlo pasar. Pero de nuevo, también la miraba con ojos sinceros; no eran ojos de lujuria, ni de ese tipo, eran ojos de importancia, de preocupación y de cariño. Y lo odiaba tanto, no soportaba verle esos ojos grises preocupados, no podía dejar pasar el hecho de que entre ellos pudiesen pasar muchas cosas que no necesariamente tenían que ver con algo profesional o una simple amistad.

―Basta Caroline, duerme un poco ―se ordenó a sí misma.

NTVSM―

―No es tu tipo de chica ―dijo Henrik.

Klaus sonrió.

― ¿Cómo sabes cuál es mi tipo de chica?

―No lo sé, pero ella no lo parece ―se encogió de hombros.

Jugaban COD en el Xbox de Henrik mientras que platicaban de la noche anterior.

― ¿Qué te pareció, entonces? ―preguntó expectante.

Henrik se lo pensó muy bien antes de hablar. No quería herir los sentimientos de su hermano y tampoco quería ponerle alas. Entonces se decidió por un argumento neutral y simple.

―Es bonita y amable.

― ¿Bonita? ¿Es todo?

Henrik asintió.

Klaus pausó el juego y volteó a verle. No sabía porque pero la aprobación de Henrik era más que importante para él.

―Tiene que haber algo más que 'bonita' y 'amable'.

Henrik suspiró en un acto que a Klaus le recordó de Elijah.

―Lo hay, pero no me parece correcto decirlo y mucho menos cuando ella no tiene ni idea de que gustas de su persona.

―Creo que lo sabe… pero no quiere alentar a nada más. Creo que tiene miedo.

―Creo que estás haciendo suposiciones que no deberían de siquiera existir, Nik ―le dijo Henrik con una voz calmada y llena de años.

―Rebekah tiene razón, eres como una versión miniatura de Elijah ―suspiró con un poco de exasperación y reanudó el juego.

―No me gusta que me comparen con Elijah. Es demasiado… aburrido.

Klaus soltó una risa.

―Lo es. Supongo que en ese aspecto no son tan parecidos.

― ¿Entonces? ¿Qué harás? ¿La pretendes? ¿Te gusta?

Klaus sonrió ante las preguntas de Henrik.

―No sé qué haré, no todavía. Me gusta, Caroline es tan diferente a todas las mujeres que he conocido.

― ¿La pretendes? ―preguntó de nuevo.

Klaus no dijo nada.

Hablar de Caroline y de querer pretenderla era tan peligroso. Se podía imaginar las miles de desgracias que ocurrirían si algo así sucediera. Se sentía entre la espada y la pared, querer pretender a alguien como Caroline era lo más difícil que jamás pudo imaginar. Ninguna misión se comparaba con el querer conquistar a Caroline y era aún más difícil hablarlo con Henrik, quien era su familia y tenía un voto importante en muchas de sus decisiones.

―No ―respondió al fin―. No la pretendo. Caroline es solo una amiga, nos lo hemos dejado claro ya varias veces ―pero supo que dentro de su interior esa era una mentira vil y descarada.

Henrik lo vio de reojo aun sin perder ojo en su juego.

―Me parece inteligente, pero tonto a la vez.

Klaus volvió a pausar el juego.

― ¿De qué hablas? ―una ceja levantada y un rostro de confusión.

Henrik suspiró exasperado como si estuviera tratando con un infante.

―No me pongas esa cara, Henrik. Solo tienes trece años y soy tu hermano mayor. Al menos pretende que me tienes paciencia.

Henrik sonrió de lado y Klaus hizo lo mismo.

―Solo digo que si crees que la chica merece la pena deberías intentarlo y sé que no es lo más inteligente dada nuestra situación, pero sería tonto que dejaras ir a una chica así, ¿entiendes?

Klaus rio.

―Me parece que pasas demasiado tiempo leyendo libros y menos siendo un adolescente común y corriente. Socializar con el hermano de Caroline te haría bien.

Henrik solo se encogió de hombros.

― ¿A dónde la llevaras?

―Nada especial, no quiero asustarla.

― ¿A dónde será?

―Supongo que a algún restaurante que no sea el Grill. No hay mucho en esta ciudad, pero descubrí un restaurante francés que es pequeño y casual.

Henrik asintió.

Después de que Henrik acabara con él, como era costumbre, Klaus vio su reloj, iban a dar las cuatro de la tarde y supuso que era tiempo de hablar con Caroline para ponerse de acuerdo. Marcó su celular pero no contestó, le envió un mensaje de texto y tampoco recibió nada. Iban a dar las cinco cuando decidió pasar a su casa, no era lo más inteligente del mundo sabiendo que se podía encontrar con la sheriff pero no le importó y fue a dar a la casa de los Forbes. Estacionó su auto frente a la casa y se bajó sigilosamente. No sabía que esperar, no sabía si la sheriff le recibiría con una pistola apuntando a su cabeza o con una sonrisa fingida.

Tocó el timbre varias veces hasta que la puerta se abrió.

Un chiquillo de ojos verdes le abrió la puerta, era increíblemente parecido a Caroline y supuso que era su hermano menor.

Se vieron por unos segundos y después Klaus habló.

― ¿Eres Daniel?

Tenía una memoria perfecta y recordaba el nombre desde el primer día en que Caroline se lo había dicho.

El asintió.

―Soy un amigo de Caroline.

Daniel volvió a asentir y después se alejó de la puerta dejando a Klaus solo ahí.

― ¡Caroline! ¡Te buscan! ―gritó haciendo que Klaus asomara su cabeza―. ¡Pasa! ―le gritó desde adentro. Klaus entró observando todo―. En la cocina hay comida y el baño esta en ese pasillo al fondo.

― ¿Solo me dejaras entrar así? ¿Sin preguntarme nada más?

Daniel lo escrudiñó con la mirada.

― ¿Eres un asesino? ―preguntó con una sonrisa burlona que a Klaus le recordó a Caroline.

―No, claro que no ―sonrió como un lobo.

―Bien, entonces mi casa es tu casa y te puedes llevar a mi hermana cuando quieras. Un poco de paz le haría bien a la casa ―Klaus sonrió―. ¡Caroline! ―volvió a gritar.

― ¡Ugh! ¡Qué demonios quieres! ―se escuchó gritar a Caroline cerca de las escaleras.

― ¡Me quedare a dormir con Alex, te veo mañana! ¡Y baja porque un hombre está aquí y quiere subir a raptarte! ¡Adiós!

Daniel le guiñó un ojo a Klaus antes de tomar una pequeña maleta negra y salir de ahí azotando la puerta.

Klaus no pudo evitar reír.

― ¡Un hombre! ―gritó alarmada y bajando las escaleras rápidamente ― ¿Y quién me busca? ―se paró a media escalera al ver a Klaus ahí parado en la entrada.

Estaba en pijama y despeinada y aun así Klaus no pudo evitar encontrarla hermosa.

―Yo ―Klaus le sonrió.

Caroline abrió sus ojos lo más que pudo y el sueño se fue de inmediato.

― ¡Oh por dios! ¡Me quede dormida! ―hiperventiló en las escaleras―. ¿Qué hora es? ¿Qué haces aquí? ¿Qué pasa? ―se frotó los ojos y terminó de bajar las escaleras.

No había reparado en lo que llevaba puesto hasta que Klaus le recorrió las piernas disimuladamente y después su mirada se posó en otra parte lejos de su cuerpo. Se sonrojó levemente y suspiró quedito.

―Está bien, querida ―le apresuró a calmar―. Son las cinco de la tarde y vine porque no respondías mis llamadas ni mis mensajes de texto.

Ella lo vio con horror.

― ¡Lo siento tanto, Klaus! Estaba tan exhausta, ayer fue un día tan cansado. Me quedé dormida y supongo que mi celular se quedó sin batería.

―No te preocupes ―sonrió.

― ¿Quieres algo de tomar? ¿A dónde iremos? ¿Qué me debo poner?

Klaus rio.

―No quiero nada, gracias. Iremos a un restaurante francés, puedes ponerte lo que quieras, en lo que sea te verás perfecta.

Ella volvió a sonrojarse violentamente y se mordió el labio.

―De acuerdo, dame quince minutos y estoy lista ¿sí? ―le suplicó con los ojos.

El asintió.

―Haz lo que quieras, tu casa es mi casa ―le dijo repitiendo lo que Daniel había dicho y después subió las escaleras apresurada y con la mirada de Klaus fija sobre ella.

Klaus se sintió extraño dentro de esa casa, no era nada como se la había imaginado; la cocina era espaciosa y el comedor tenía una gran mesa que supuso raramente usaban. Todo estaba en orden y la casa no podía parecer estar más limpia, se pudo imaginar a Caroline limpiando como loca y sonrió ante ello. Había pocos retratos familiares. Había varios de los tres juntos, dos de Caroline y Daniel y uno de Caroline y Daniel por separado. Había también diplomas de esto y de aquello colgados en la pared. La casa no era grande, pero era muy cálida, era como estar dentro de un lugar familiar y acogedor. Caminó hacia la sala, era grande y los muebles eran muy bonitos y sofisticados así como la decoración en sí. Podría decir que toda la casa había sido decorada por Caroline y era como una casa sacada de una revista. La chica tenía buen gusto y eso le daba razones de más para poder contratarla para cualquier tontería que se le ocurriera en un futuro, fiestas en las que ella pudiese poner a prueba su talento. Eran excusas para poder verla resplandecer cuando organizaba todo, era su pasión y él disfrutaba viéndola, aunque ella dijera que se volvía un poquito neurótica y controladora.

Se preguntó si podía instalar unos cuantos micrófonos por ahí y por allá… por si algo malo ocurría. Se estaba volviendo paranoico, pero sabía que si Caroline se involucraba más con ellos, nada bueno podía salir de ahí. Y aunque él quería tratar de alejarla, ya la había metido en su vida al momento en que le había ofrecido organizar un evento para él. Y la chica ya lo consideraba su amigo, su mejor amigo, había dicho. ¿Qué demonios debía hacer? Jamás se había encontrado en una situación como esa. No quería a su madre y a sus hermanos reclamándole todo el tiempo que la compañía de la chica Forbes no era buena para él y ni para la familia en sí; no solo podía salir lastima pero ellos podrían ser expuestos y eventualmente tendrían que huir como siempre lo hacían.

La familia Mikaelson había dejado su residencia natal en la ciudad de Londres y había seguido a Klaus a Mystic Falls. Elijah tenía varios negocios en la ciudad y Klaus también, sin decir que Esther Smith era dueña de una de las empresas que ocupaban un importante aporte económico a la pequeña ciudad que era Mystic Falls.

El llegado de la familia Mikaelson había sido decidido por Klaus, había vuelto tras enterarse de que Tatia los buscaba de nuevo y de que Mikael también lo hacía. Además, las misiones habían bajado por el diez por ciento y ya no trabajaba tanto como en los últimos años. Se mantenía más ocupado siendo Klaus Smith, un asesino a sueldo disfrazado de empresario. Aunque sí era empresario, a veces sentía que sus estudios universitarios no le hacían justicia a todo lo que él hacía sin tenerlos; es decir, claro, la carrera en administración de empresas y sus grandes habilidades para hacer negocios, le habían ganado fama en el mundo empresarial, pero también sabía que era buscado por mucha gente y que probablemente haber gastado cuatro años de su vida estudiando, no le había llevado a muchas partes más que a ser dueño de empresas por aquí y empresas por allá y ser varias veces traicionado por sus propios empleados. Eso de que su cabeza valiera millones y millones de dólares no daba muy bien de qué hablar. A muchos les caería bien uno o dos millones de dólares, y los empleados ―que eran pocos― que sabían que su jefe en realidad era Klaus Mikaelson, un criminal buscado, se habían aprovechado de la situación.

Klaus estaba acostumbrado a la traición, al rechazo, al odio que se le profanaba con tanta facilidad. Era un hombre buscado y odiado por muchos. Pero era un hombre y estar con Caroline le hacía acordarse de ello. Por eso mismo no podía dejar que saliera lastimada. Empezaba a sentir cosas que no quería y había emociones extrañas dentro de él. Aunque se las hacía de muy valiente y calmado frente a ella, en realidad no tenía ni idea de cómo conquistar a una mujer como Caroline. Nunca nadie le había rechazado como ella lo había hecho, y si bien no le había rechazado directamente, se lo había hecho entender por medio de señales, miradas y demás. No estaba acostumbrado a que las mujeres le rechazaran. ¡Era Klaus Mikaelson, por el maldito infierno! Conseguía lo que quería, cuando lo quería y como lo quería. No era necesario rogar por ello o esperar por ello. Y aunque tenía mucho dinero, no era el tipo que se jactara de ello con nadie. Era tanto el dinero que poseía, que no se le podría comparar jamás con un tipo con su misma fortuna que seguramente solía presumir de ello hasta cansarse.

Niklaus tuvo la ligera sospecha de que lo que sentía por Caroline era más que un deseo ferviente de poder poseerla y hacerla suya en cuerpo; tenía miedo de también quererla en alma.

Estaba tan nerviosa y apenada. ¡No podía creer que se había quedado dormida! ¿Y cuánto había dormido? Después de todo, solo se había levantado en la mañana por una hora o menos. Había dormido más de trece horas… hizo las cuentas y abrió los ojos desmesuradamente ¡casi quince horas!

―Por dios, Caroline… ―se regañó.

¿Cómo se le ocurría invitarla a un lugar francés a comer? ¿Por qué no simplemente al cine, tal vez a un café a platicar? ¡No! Se tenía que comportar como el hombre ricachón y prepotente que era y tenía que invitarla a un lugar elegante. Terminó de arreglarse, nada casual, nada elegante; solo algo lo suficientemente bonito y atractivo para un restaurante francés. Bajó las escaleras haciendo ruido con sus tacones de aguja y buscando a Klaus con la mirada.

―Klaus… ¿Dónde estás?

Bajó al pie de la escalera y avanzó unos pasos más poniendo atención a todo a su alrededor.

― ¿Klaus? ¿Acaso estás jugando a las escondidas? ―sonrió un tanto tratando de no hacer ruido al caminar con sus tacones, pero le resultaba un poco difícil.

Escuchó un ruido tras de ella y volteó como un gato en caza.

―No me gustan estos juegos, Klaus ―dijo en alto.

Sintió que le jalaban el cabello un tanto por atrás y gritó cagada del miedo.

― ¡AAAHHH! ¡Con un carajo, Klaus! ―gritó enojada y volteando para topárselo con una sonrisa de lobo.

Klaus reía como nunca lo había visto reír y la veía con burla.

― ¡No-es-gra-cio-so! ―decía en que le daba golpe tras golpe en el pecho―. ¡Casi se me sale el corazón! ¡Eres muy malo!

Klaus no podía parar de reír y tuvo que respirar hondo para poder tranquilizarse.

―Lo siento, cariño ―le tomó de la cintura y la acercó un tanto a él―. Decir que te ves radiante y hermosa ¿serviría de algo?

La vio directamente a los ojos haciendo que a ella se le bajaran las bragas ahí mismo, delante de él.

Caroline tragó en seco y él quiso por todos los demonios del infierno poder cerrar el espacio que había entre sus labios y poder besarla como nunca había besado a una mujer antes. Se vieron como dos amantes que vivían un amor prohibido y algo se disparó en el corazón de Caroline; se dio cuenta de que Klaus estaba ahí, ese hombre estaba ahí y la deseaba. No sabía porque lo había estado poniendo como lo último en su lista mental. Siempre lo descubría viéndole y sonriéndole como tonto. Aun así había algo dentro de ella que la hacía dejarlo pasar.

Sus olores se mezclaron y Klaus pudo oler su esencia femenina. No olía a ningún otro perfume que jamás hubiese olido; olía a coco, a flores y a una esencia sexual. Le vio los labios, los ojos que estaban azules y la nariz perfecta y fina.

Y ella no pudo nada más que embriagarse con su olor masculino. Era tan potente, tan tosco y tan fuerte que llegó a ser igual de sexual para sus sentidos.

―Tal vez ―susurró viéndole a los ojos y dándose cuenta que su corazón latía como un loco descarriado.

El agarre que Klaus tenía sobre su cintura se empezó a ceñir más y más hasta que se encontraron pegados cuerpo a cuerpo totalmente. Caroline no se lo podía creer, era demasiado para su sentido común y su coherencia. Se sentía atrapada en un mini mundo y en una burbuja en la que solo existían ellos dos, no había nadie más; no había problemas escolares, hermanas abusivas y caprichosas, madres descuidadas, amigas sofocantes, padres divorciados, pueblos desiertos ni la necesidad de la perfección.

Soltó un suspiro sintiéndose calmada y relajada contra su cuerpo. Le sonrió, era una sonrisa de alivio y de deshago. Caray, que bien se sentía estar así.

― ¿Nos vamos? ―preguntó sacándolos a ambos de su ensoñación.

Klaus suspiró y una sonrisilla vaga se asomó por la esquina de sus labios.

―Claro, partamos.

Ninguno de los dos dijo ni una palabra de ida al restaurante, se produjo un silencio cómodo en donde los dos repasaban una y otra vez lo que había pasado en casa de ella. Aunque Klaus pensaba que aquello era un inicio más que perfecto, también se debatía entre dejar todo por la santa paz de su mente, el bienestar de Caroline y de los dos en general. No podía creer que una simple chiquilla como Caroline Forbes le produjera tantas cosas y a la vez le aterrara en un sinfín de maneras. Pero ese era el problema; Caroline Forbes no era una simple chiquilla, era una mujer que había pasado por mucho y a la cual le había visto el dolor reflejado en los ojos y escuchado en su voz.

La escuchó suspirar quedito y quiso poder meterse en su cabeza para saber qué era lo que pensaba. Que pensaba de él, que pensaba de lo que había pasado, que pensaba de ellos. Un ellos sonó muy fuerte en su mente y quiso no pensar en ello, todavía no estaba preparado para algo como eso; un pronombre que les incluía a los dos como algo no era lo que sus sentidos le dictaban. No estaba seguro de nada, el juego era una total incertidumbre y Caroline no daba señales de querer tener ni un poquito con él y eso le frustraba hasta querer confrontarla, pero no se atrevía. Sus sentidos si le dictaban que mantuviera los deseos prohibidos y fervientes que sentía por un rato más. Al menos hasta que ella decidiese que también quería algo con el ―que dado su gran ego, supuso que pasaría de un día para otro― entonces… y tal vez entonces, podría sacar a relucir eso y tratar de comprender que era lo que Caroline Forbes tenía que otras mujeres no.

Caroline le vio de reojo, estaba tan calmado. Su vestimenta era impecable y su rostro era estoico. Manejaba bien, no parecía tener un exceso de velocidad como su madre había dicho. El auto al que se había subido era un auto precioso, los asientos eran de piel y el tablero de una madera finísima que relucía ante sus ojos. Le vio de nuevo tratando de no ser pillada. ¡Carajo! Era tan guapísimo, era un dios, ¿cómo se atrevía a ser tan atractivo?

Pero aun así, no podía caer rendida a sus pies. Su cabeza le gritaba que era peligroso y era tonto. Lo primero que vio en sus contras era que el hombre era ―por el momento― su cliente. Era para nada correcto tener lo que fuese con su jefe. Segundo… bueno, no soportaba a dos de sus hermanos y otro la veía como si fuera un extraterrestre. El pequeñín era el único que la había tratado con amabilidad. Y tercero… Klaus la llegaba a intimidar. ¡No! ¡No quería sentirse así! ¡Por el karma y el buen sentido de la moda! Era Caroline Forbes, una chica temeraria, atrevida y sin miedo a nada; un hombre no la podía intimidar. No Klaus, no él. Pero si tenía que aceptarlo…y nunca hablarlo pero solo pensarlo… sí, Klaus le intimidaba un poquitín y nada más. Solo un poquitín que era suficiente para pararle el corazón, mojarle las bragas y maldecirse más de un millón y billón de veces. Tonta, tonta, estúpida, cabeza hueca. NO, NO, NO. Con todos menos con él… el problema era que el hombre era tan amable, caballeroso, lindo y era el primer hombre que la había tratado así de bien después de, tal vez, Matt. Pero bueno, Matt era bueno con todos, era un pedacito del cielo que le sonreía hasta a los perros y era bueno y amable hasta la medula. Pero Klaus no era Matt y Matt no era Klaus. Klaus era… un hombre que empezaba a aterrarla por todas las emociones fuertes que le estaba haciendo sentir.

**Dejar un review es igual de bueno que ser tomada en brazos por Klaus.