Gracias a: AnnForbes, Alejandra, Tepyta, Julixa.
Chicas, esta de menos decir que adoro sus halagos, como escribo y la trama en general. También les platico que muy pronto se descubrirán secretos y que tal vez haya un beso o dos... pero tienen que seguir leyendo y comentar! Gracias por todo. Les dejo capitulo corto pero informativo.
*AnnForbes: Dejare dos o tres capítulos más para poder hacer realidad tu escena deseada. Los Mikaelson también tendrán más acción, pero tendrán que esperar que algunos enemigos y personas indeseadas aparezcan.
Loveuall y nos leemos en el próximo capítulo.
16.
―Nik salió con la hija del Sheriff, madre.
Rebekah estaba parada frente al escritorio de su madre quien revisaba papeles con los anteojos puestos. La miró por sobre los lentes y suspiró.
―Escucha, Rebekah, yo no tengo poder sobre lo que tu hermano hace o deja de hacer. Trata de no meterte en sus asuntos. –le advirtió-. Sabes cómo es Niklaus, querida.
Rebekah suspiró molesta.
― ¡Nos va a echar de cabeza, madre! ―gritó―. No sabes cómo ve esa zorra a Nik…
―Lenguaje ―le advirtió viendo sus papeles de nuevo.
―Agh… lo que sea, nadie me entiende.
Se fue de ahí y Esther dejó sus papeles caer en el escritorio. Nunca pensó que sus hijos se volverían una molestia de tal magnitud. Debía admitir que aunque los amaba como nunca había amado nada, el trio que eran Niklaus, Kol y Rebekah, eran un disgusto total; Niklaus era impulsivo hacía lo que quería, tenía las manías más raras, y aunque eso le había dado el título del mejor asesino en mucho tiempo, Esther no sabía qué hacer para poder aplacarlo. Kol era, quizás, el peor de todos, no sabía porque el chiquillo se había vuelto un revoltoso total; bebía, apostaba, se acostaba con mujeres a las cuales después desaparecía… Esther no entendía el porqué de su comportamiento y estaba casi segura que tampoco quería. Y Rebekah… pobre de su niña preciada, la única mujer entre cinco hermanos y la más incomprendida, había crecido en un mundo de sangre con esperanzas de adolescentes normales. Pero no podía darles el lujo de proporcionarles una vida común y corriente como lo eran la de esas personas de Mystic Falls. Su Rebekah era la mujer más sincera, leal, y humana que nunca había podido conocer. Y exactamente, esa persona que había resultado ser su única hija, había pagado los errores que ella había cometido. No solo Rebekah, pero todos sus hijos; Henrik y Klaus… Y aun así, todos la trataban con respeto y le eran obedientes.
Podía ver en Rebekah su misma sombra reflejada; esa muchacha inocente, llena de libertad y alegría estaba atrapada por la vida que ella les había hecho tener. Sabía que Rebekah estaba enamorada de la idea del amor, de la idea de tener una familia normal y tener hijos, un perro y una casa a lado de un hombre que la amara tanto como ella a él. Podía ver el sufrimiento que escondía detrás de sus berrinches y de sus gritos de histeria, al igual que todos en la familia. Todos sabían que la pequeña Bekah no era más que infeliz. Por eso comprendía que la chica se aferrara a la idea de tener a Klaus a su lado por toda una eternidad. No podía soportar verlo con mujeres y mucho menos con una que sabía llamaba la atención de su hijo en más de una forma.
Lo único que esperaba era que aquel cambio le sirviese para poder sentirse una chica normal como todas las demás.
―NTVSM―
Comían en silencio con miradas cómplices que los hacían sonreír vagamente. Eran tontos, pensó Caroline. Tontos porque algo pasaba entre ellos y solo se veían como adolescentes.
―No he dejado de pensar en lo que pasó la noche anterior ―habló Klaus después de haberle dado un trago a su vino tinto.
Caroline terminó de darle un bocado a su pasta y se limpió un poco la comisura de los labios.
Suspiró.
―No sé qué quieres que te diga, Klaus.
El la miró a los ojos.
―Quiero que me digas que odias a mi hermana, que no la soportas, quiero que te quejes conmigo ―dijo seriamente.
Ella vio hacia otra parte y se pasó un mechón dorado detrás de su oreja.
―No lo haré.
― ¿Por qué no? Sé que te molesta. No sé lo que haya pasado anoche, pero sea lo que sea sé que te está molestando y quiero que puedas tener la confianza de quejarte conmigo.
―No… no puedo hacer eso, Klaus. No contigo.
El dejó su copa de vino en la mesa.
― ¿Por qué?
Ella sonrió irónicamente. La comida iba tan bien y ahora el apetito se le había ido.
―Eres un cliente. Aunque sé que somos amigos ―le aseguró con una sonrisa―, no es el tiempo adecuado para poder quejarme… como tú dices, o decirte cosas así acerca de tu hermana.
―Lo has hecho con Kol ―le recordó él.
Ella sonrió y casi rio, haciendo que Klaus sonriera ante la imagen de su sonrisa. La había visto llorara la noche anterior y verla sonreír de nuevo era un alivio para su alma.
―Kol es un cerdo ―se encogió de hombros. El rio―. No tiene por qué hacer lo que hace… pero con tu hermana es diferente. Sé de donde vienen sus actitudes, aunque no lo creas, la comprendo.
El levantó una ceja que lo hizo pensarse la idea de que Caroline y Rebekah tenían más en común de lo que él nunca pudo pensar o llegar a deducir.
― ¿Lo haces?
Ella asintió y le dio un trago a su vino.
―Sí, asumo que…, y no me lo tomes a mal ―dijo rápidamente haciendo que Klaus negara―, ¿tu hermana no tiene amigas…?
Él sonrió.
―No las tiene.
Ella asintió.
―También asumo que te ama como a nadie ―le sonrió. Él abrió su boca apenas y un poco―. No por nada arma todos esos escándalos cuando estás conmigo o habla de mí de esa forma. Los celos la hacen hacer todo eso. Solo te tiene a ti y ahora tú estás conmigo todo el tiempo planeando el evento. Está completamente celosa.
Él arrugó el ceño.
― ¿Lo está? ¿Enserio?
Caroline rodó los ojos.
―No puedo creerlo, Klaus. ¿Enserio no lo ves?
Él negó levemente.
―Nunca pensé que la chica estuviese celosa. Solo… pensé que era lo suficientemente caprichosa para ponerle atención a un asunto como este.
― ¿Un asunto como este? ―ella levantó una ceja.
El la vio y se vio acorralado por su mirada feroz y sus cejas ofendidas.
Carraspeó un poco.
―Por pasar mucho tiempo contigo y…
― ¿Y…?
―Solo eso ―dijo dándole un gran trago a su vino.
Ella asomó una sonrisa por la comisura de los labios.
―Entiendo ―dijo simple sin verle y empezando a rolar el espagueti en su tenedor.
Klaus la vio y quiso pensar que ella no sabía a lo que él se refería.
― ¿Qué es lo que entiendes?
Ella levantó su mirada y sonrió como escondiendo un secreto.
― ¿Enserio quieres que te lo diga?
Él vio hacia otra parte, sintiéndose repentinamente incómodo y fuera de lugar.
―No diré nada si no quieres ―dijo ella encogiéndose de hombros, después de que Klaus no hubiese dicho nada―. No tengo porque meterme en los asuntos de los demás, así que es mejor que guarde silencio ―siguió comiendo y tratando de no sonreír como niña.
Él frunció el ceño a más no poder sintiéndose obligado a aclararle las cosas a Caroline.
―No es lo que tú piensas ―dijo cerrando sus manos en puños.
Ella lo vio.
―Enserio, Klaus... no tienes por qué explicarme nada. Sigamos comiendo ―le sonrió con sinceridad.
―No ―dijo él, haciendo que ella levantara su mirada―. No es lo que parece ser…no es lo que piensas…
―Déjalo, Klaus. Soy tu amiga, ¿recuerdas? Los amigos no se juzgan los unos a los otros, se aceptan tal y como son. No te veré de otra forma solo porque tienes amantes o cosas por el estilo ―le dijo viéndolo. Tenía que decirlo ella porque claramente él no podría decirlo, no con palabras o con su boca siquiera.
Él suspiró como soltando un gran peso de encima, pero fue reemplazado por uno mayor al saber que Caroline sabia ese dato tan indecente acerca de él.
Gruñó haciendo que ella se diera cuenta que había entrado a un lugar en el cual él claramente no la deseaba.
―Disculpa, no debí de haberlo dicho… pero no te juzgo, ¿de acuerdo?
Él asintió apenas.
―Bien, me alegra. Soy tu amiga… parece que te tengo que enseñar detallitos pequeños como esos.
― ¿Cuáles?
―Como que los amigos se cuentan cosas y no se juzgan… aunque si se burlen de esas cosas ―sonrió. Él arrugó el ceño―. Con cariño ―aclaró sonriendo―. Las cosas entre amigos no son tan apecho, cariño ―le sonrió con dulzura.
Él sonrió escuchando como le llamaba y se relajó en su asiento. Veía a Caroline como una persona más madura de lo que en realidad debería de ser.
―De acuerdo. Supongo que me siento más tranquilo si las cosas serán así… como amigos ―carraspeó.
Ella sonrió.
―Eres tan lindo ―le dijo queriendo pellizcar sus mejillas.
Él sonrió con autosuficiencia perdiendo todo rastro de incomodidad y confusión.
― ¿Piensas que soy lindo? ―dijo aun con esa sonrisa.
Caroline resopló con aburrimiento.
―Sigues siendo el mismo Niklaus arrogante y ególatra.
El soltó una risa que la contagió.
―Aun así, piensas que soy lindo, querida ―le guiñó un ojo.
Ella rodó sus ojos.
―Retiro lo dicho.
―Muy tarde ―dijo él sonriendo como lobo.
Ella sonrió rindiéndose, en realidad era lindo. Caroline pensaba de Klaus como un hombre cerrado a las relaciones normales, a la amistad, incluso a su propia familia. No le era de extrañarse que el hombre fuese tan cerrado y despistado en cuanto a relaciones que requerían un tipo de afecto que él no conocía, se refería, no mucho menos después de que él le hubiese contado todo aquel pasado oscuro y triste del cual se había desahogado con ella. Lo veía como a una persona que podía a llegar a ser fuerte, intimidante, necio y hasta incluso, un poco peligroso. Pero también había una faceta inocente, tonta y linda de él; cosas como no saber ser amigo y las cosas más obvias como que su hermana estaba celosa porque estaba compartiendo tiempo con una chica con la cual hablaba y sonreía y no hacía otras cosas…
Y aun así, Caroline pudo sentir un pellizco en alguna parte del cuerpo al saber que Klaus mantenía ese tipo de relaciones con otras mujeres. Fue un pinchazo muy leve, pero lo sintió. Se estremeció un poco ante los pensamientos incoherentes que se habían formado en su cabeza y se dedicó a escuchar a Klaus hablar acerca del baile de bienvenida. A pesar de haberle sonreído y decirle que no lo juzgaría, podía sentir algo dentro de ella que le gritaba que ese asunto le molestaba y podía llegar a intensificarse con el pasar del tiempo. Sacudió un poco su cabeza tratando de sacar esos pensamientos tontos y suspiró escuchando a Klaus.
― ¿Me estas escuchando, querida?
Caroline salió de su ensoñación y vio a Klaus quien la veía fijamente esperando una respuesta.
―Si… si, discúlpame.
El asintió y la vio examinándola.
― ¿En qué piensas, Caroline?
Ella se quedó de piedra.
―En el evento, claro… solo ordeno las ideas en mi cabeza ―dijo tratando de mentir lo mejor posible.
― ¿Por qué tengo el presentimiento… de lo que me dices no es verdad?
Ella retuvo aire por una milésima de segundo y después lo soltó.
― ¿Qué pasa entre nosotros, Klaus?
Los dos se vieron a los ojos, ella esperando una respuesta mientras se frotaba las manos nerviosamente debajo de la mesa y él, sintiendo algo que jamás había sentido en el pecho: una opresión de felicidad y de miedo. Quería huir de ahí, quería correr y esconderse de ella, quería borrarle la memoria y hacer que nunca lo recordara. No quería lastimar a Caroline en ninguna forma posible, la simple idea le hacía doler el estómago. Esa chica se había vuelto alguien preciado en su vida y no le gustaba la idea de poder perderla si ella se involucraba con él.
―Hay una química que has tratado de evadir ―respondió.
Ella asintió perdida en sus pensamientos.
Su mirada estaba fija en un punto muerto del pequeño restaurante. No sabía cómo explicar lo que pensaba, lo que sentía y no sabía que diría Klaus.
― ¿Qué piensas tú? ―preguntó ella.
Él sonrió apenas sintiendo que Caroline no sabía cómo reaccionar ante nada de eso.
―Pienso que no te debes de torturar si no estás segura de las cosas, cariño.
Ella hizo una cara desesperada.
―Esto no me gusta ―dijo viéndolo fijamente―. Yo… yo siempre se lo que quiero y… esto me confunde.
Se sentía débil, confusa y no sabía cómo actuar ni que decirle a Klaus. Se arrepentía de haber sacado el tema a flote pero se sentía tan confundida que las palabras salieron solas de su boca.
―No tienes por qué decidir nada ahora, Caroline y no tienes por qué pensar tanto en ello ―le aseguró―. Sé que las cosas no están claras porque nunca lo hemos hablado, pero me alegraría saber qué piensas acerca de… nosotros –hasta para él era difícil hablar de ello aunque se mostrase mil veces más seguro que ella.
Ella se rehusó a verlo y clavó su mirada en su servilleta de tela blanca. No sabía que pensaba y no sabía cómo se sentía, era confuso y no estaba acostumbrado a ello.
Terminó asintiendo y sonriéndole.
―Gracias ―dijo en un susurro terminando su copa de vino.
Él le sonrió y pidió la cuenta.
―NTVSM―
―No entiendo cómo es que me arrastraste hasta aquí, Kol.
Elijah y Kol andaban por el centro comercial de Mystic Falls buscando un regalo que según Kol iba a ser su carnada para atraer a Bonnie Bennett.
―Te rogué hasta que te fastidié y aceptaste ―repuso Kol con una sonrisa malvada.
Elijah suspiró.
―Sigo sin comprender como es que pretendes cortejar a una chica con un regalo. ¿Has hablado con ella por lo menos?
Kol rodó sus ojos.
―Claro, está loca por mí ―le guiñó un ojo.
Elijah lo observó de reojo.
―Lo dudo mucho.
Kol pasó ese comentario por alto y se dedicó a buscar una tienda departamental que se viese lo suficientemente costosa para entrar a buscar algo de su agrado. Entraron a una pequeña boutique mientras que Elijah caminaba tras de él sintiéndose abrumado, no le apetecía para nada hacerla de niñera de su hermano.
― ¿Puedes repetirme de nuevo porque estoy aquí, Kol?
― ¿Qué no es obvio? ―preguntó Kol rodando sus ojos cafés―. Me tienes que ayudar a escoger algo.
Elijah se sintió frustrado y no dijo nada más. Kol se alejó hacia la dependienta coqueteándole descaradamente mientras buscaba un regalo para otra chica y Elijah no pudo evitar rolar los ojos, que era un gesto muy inusual en él, pero cuando se refería a sus hermanos era algo casi inevitable.
Caminó de ahí para allá observando las cosas de esa boutique; era una boutique de objetos antiguos y muy inusuales, varios objetos llamaron su atención y se dedicó a echarles una miradita a varios de ellos. Tenía que admitir que tenía un gusto impecable y un placer culposo por los objetos antiguos y raros de encontrar. Encontró un juego de ajedrez antiguo y al parecer importado, lo estudió con concentración y decidió comprarlo. Hacía mucho que no compraba nada y sería una buena distracción de todo lo que estaba pasando en su casa.
Tomó el juego de ajedrez y empezó a caminar hacia la caja registradora cuando vio a una mujer hermosa que le robó el aliento. Era alta, de cabello ondulado en un café chocolate precioso y su perfil era perfecto. La mujer estaba viendo unas vitrinas con joyería y le indicaba a una dependienta que le mostrara algo. Elijah no quiso ser imprudente, pero no pudo evitar observarla y todo lo que hacía. Un collar con una piedra azul se le fue entregado y ella lo tomó con delicadeza y lo observó con apreciación. Parecía ser una pieza que llamaba su atención y después volvió a entregar el collar a la dependienta. Elijah no podía ver nada más que su perfil, tenía una nariz preciosa y unos labios carnosos. Se quedó parado tras una vitrina que exponía unas figuras de porcelana y la observó como un maniaco. Se sintió como todo un acosador pero no le importó y siguió con aquello.
Habiendo observado a la mujer algunos minutos más, Elijah decidió salir de su escondite dispuesto a verle la cara a esa mujer. Tenía que verla, tenía que conocer sus ojos. Caminó disimuladamente hacia la vitrina, la dependienta se había alejado y la mujer seguía viendo joyas.
―Es un bonito collar, ¿un regalo?
La mujer volteó a verlo mostrando así una expresión casi nula en su rostro. Lo vio como si fuera un fantasma y no dijo nada. Regresó su mirada hacia la vitrina y siguió observando la joyería.
―No –respondió al cabo de segundos.
Elijah quedó cautivado por sus ojos; eran grandes, de un café fuerte y enmarcados por unas pestañas larguísima y tupidas. Tragó en seco sintiéndose repentinamente nervioso, ese no era el Elijah que todos conocían, ni siquiera el mismo pudo reconocer esas ansias tan enormes de poder quedarse a solas con la mujer y platicar de todo con ella.
― ¿Es para usted, asumo?
Ella no volteó a verlo.
―Sí ―dijo y después dio la media vuelta para salir de ahí sin verle.
Sus largos cabellos ondulados se fueron de un lado a otro y sus piernas largas y esbeltas caminaron lejos de él. Maldijo por lo bajo sintiéndose estúpido y sus piernas actuaron por instinto al ir tras de ella dejando al juego de ajedrez y a Kol en la tienda.
Caminó cerca de ella sin ser descubierto aunque no sabía porque. ¿Qué haría? ¿Seguir siguiéndola como un maniaco? ¿Y si se daba cuenta? No, él era mejor que eso; era un espía calificado y podría hacer aquello por días sin ser descubierto. Pero por alguna extraña razón… sabía que esa mujer estaba al tanto de que él la seguía y tenía el extraño presentimiento de que la razón de tras de ello era porque esa mujer era más que un cuerpo y rostro bonitos, esa mujer era algo peligroso.
Cuando la siguió hasta el estacionamiento, pudo ver el auto que manejaba y anotó las placas como un descarado total. Sin embargo, no sintió remordimiento y regresó a la boutique en donde Kol seguía viendo cosas quebrándose la cabeza y dándose golpes contra la pared. Elijah sintió pena por él y lo ayudó a escoger algo. Él terminó comprando el juego de ajedrez y varios objetos más para sus hermanos y su madre y partieron.
―Vi el show que montaste, Elijah. Alguien está enamorado… ―canturreó Kol para darle un manotazo en la espalda que hizo a Elijah gruñir.
―Te ayudé a escoger un regalo para tu conquista, cállate y no repitas lo que viste, Kol. De ser de otra forma, me encargaré de que la dama a la que deseas jamás te vuelva a dirigir una sola mirada.
Kol rodó sus ojos molesto.
―De acuerdo, como quieras.
Con eso, Elijah llegó a casa a investigar a esa mujer y Kol a idear como acercarse a la fiera Bennett.
