19.
Cuando Klaus hubo partido del Grill, suspiró y se sentó de nuevo en su silla. No podía creer que se sintiera de esa forma, si bien no estaba triste por su partida, se encontraba raramente preocupada de que el viaje durara más de la cuenta y que no le viera en un buen tiempo.
― ¿Con que a ese es al que te tiras ahora?
Caroline levantó su mirada y vio a un Tyler muy ebrio y enojado.
Arrugó el ceño.
―Déjame en paz, Tyler. Estás súper borracho ―dijo siendo Caroline Forbes en todo su esplendor, viéndolo con asco y hablándole con desdén.
Tyler rodó sus ojos con exageración y pegó un manotazo a la mesa haciendo saltar a Caroline y varias personas de las mesas de enseguida voltearon a ver.
Caroline se sintió repentinamente acosada por Tyler y se frotó la frente con desesperación. Todo en él seguía igual; esa piel trigueña, sus ojos cafés y ese cabello que siempre le había atraído. Tyler gritaba masculinidad por todas partes pero también era un cabrón de primera.
―No estoy borracho ―hipó―. Contéstame, Care.
Ella entrecerró sus ojos y molesta se paró para poder estar de pie al igual que él.
―Perdiste el derecho de llamarme Care cuando te acostaste con esa zorra ―le siseó entre dientes para que nadie escuchara―. No te atrevas a llamarme Care de nuevo.
El soltó una risa socarrona que le hizo querer golpearlo.
― ¿Entonces me vas a decir que tú no te estas acostando con ese rubio? ―rio de nuevo y ella le estampó una mano en la cara haciendo que se balanceara.
Tyler la miró con ojos bien abiertos y gruñó fuertemente.
―Eres…
― ¿Pasa algo aquí?
Los dos voltearon a ver a un Stefan parado con el ceño cerrado y una expresión más molesta que nada.
―No te metas en lo que no te importa ―le arrastró Tyler―. Mi chica y yo estábamos discutiendo algunas cosas.
Caroline abrió sus ojos bien en grande y ahogó un grito.
― ¡No soy tu chica! ―gruñó desesperada.
La gente empezaba a prestar atención a la escenita que estos dos estaban formando y Stefan volteó a ver a todas partes.
―Me voy a llevar a Caroline, al parecer no le agrada tu presencia ―le dijo Stefan haciendo amago de tomar a Caroline del brazo para tomarla pero Tyler quitó su mano rápidamente.
―Nadie se lleva a mi Care ―le gruñó como perro.
Caroline se enfureció como nunca y tomó su bolso.
― ¿Sabes que, Tyler? ―él la volteó a ver con los ojos ya borrachos―. Estoy harta de estos encuentros. Estoy harta de ti y estoy harta de que insinúes cosas de mi vida que claramente no te conciernen. Tú y yo terminamos las cosas y fue tu culpa. Nadie te obligó a acostarte con Hayley, pero lo hiciste. Tú y yo éramos amigos, pero también arruinaste eso. Así que deja de molestarme y deja de emborracharte que tu madre ya no sabe qué hacer contigo.
Lo vio una última vez y tomó a Stefan de la mano para caminar fuera del Grill. Había visto a Katherine hablando con un tipo y parecían estar muy entrados en su conversación y no le iba a arruinar el momento a su mejor amiga.
Cuando Stefan y Caroline estuvieron fuera del lugar ella soltó su mano y notó que el sol empezaba a ocultarse. Se recargó contra la pared y sintió a Stefan recargarse a su lado.
―Gracias ―susurró ella.
Sintió sus ojos llenarse de lágrimas pero se contuvo.
Él sonrió vagamente viéndola.
―Te estaba molestando y no me gustó.
Ella sonrió mordiéndose el labio para evitar llorar.
―Gracias, Stefan. Eres una buena persona.
―Soy un buen amigo también ―le dijo el guiñándole un ojo.
Ella soltó una risita y una lagrimilla se escapó.
―Entonces somos amigos.
―Claro, me encantaría.
Ella sonrió y se limpió las lágrimas.
―Gracias de nuevo. No tuviste porque ir en mi rescate pero aun así lo hiciste, lo aprecio.
El asintió.
― ¿Quieres ir a algún otro lugar? Podemos dar una vuelta por ahí y podemos platicar de cosas ―se encogió Stefan.
Caroline soltó una risa.
―Claro. Solo déjame hablarle a mi amiga y decirle que la veo más en la noche.
Stefan asintió y después de que Katherine le diera permiso de irse, los dos empezaron a caminar hacia la plaza principal que estaba frente al Grill.
― ¿Y porque te has mudado a Mystic Falls? Es una ciudad bastante aburrida y pequeña.
Stefan sonrió.
―Un tío falleció y siendo nuestra única familia, nos ha dejado a mí y a mi hermano su casa de huéspedes.
― ¿Zach Salvatore era tu tío? ―preguntó ella. Stefan asintió―. Lo siento.
Stefan asintió de nuevo y le sonrió agradecido.
―Gracias. Pero estamos bien, en realidad no éramos tan cercanos y tuvo una muerte tranquila.
Caroline asintió. Había escuchado que había sido encontrado muerto en su cama, había sido hallado por una mucama y aparentemente había muerto mientras dormía y había sido una muerte poco dolorosa y muy rápida. Debió de haber hecho cuentas cuando un Salvatore había muerto y otro había llegado a la ciudad, claramente se debía a la herencia dejada.
―Es bueno escuchar eso. ¿Entraras a Whitmore?
Stefan asintió.
―Sí. Me transferí de Nuevo Orleans a Whitmore y las cosas salieron bastante bien.
―Me alegra. Y si necesitas cualquier favor, mencionas mi nombre y listo ―le guiñó un ojo.
Stefan soltó una risa melodiosa que la hizo sonreír.
―Gracias.
Ella rio.
― ¿Te he alejado de algún asunto importante? Podemos regresar al Grill si quieres.
Stefan negó y le indicó sentarse en una banquita. Había gente caminando de aquí allá en la plaza y a pesar de que el clima no fuese el más refrescante de todos, aquella noche parecía ser no del todo caliente y más agradable que muchas otras.
―No, para nada. De hecho me encontraba solo en el bar ―Caroline sonrió―. Lo sé, suena patético.
Ella negó de inmediato.
―Para nada. De hecho así me encontraba yo hace algunas semanas ―suspiró.
― ¿Si?
―Sí, así conocí a Klaus ―sonrió vagamente―. Eso es patético ―asintió más para sí.
Stefan sonrió y volteó su cabeza hacia otra parte para que Caroline no lo viera. No podía parecer estar curioso acerca de lo que había entre esos dos. Eran personas tan diferentes y aun así parecían tener más química que cualquier otra pareja que hubiese conocido.
― ¿Klaus, huh? ―sonrió de lado haciéndola sonrojar.
―No empieces ―rodó sus ojos.
El rio burlándose de ella.
―No empiezo ―levantó sus manos en modo de defensa―. Parece que ustedes dos se llevan muy bien.
Ella volteó su mirada hacia otra parte. Los ojos de Stefan tenían mucha potencia y la miraban fijamente hasta querer no verle más. Tenía una mirada verde pardo muy bonita y el chico en sí era muy guapo. Pero aunque no le conocía de mucho podía sentirlo como un tipo de mejor amigo y como nada más. Tenía una vibra de hermano mayor que no podía cambiar por nada.
―Es un buen amigo.
― ¿Amigo?
Ella le hizo ojos.
―Sí, amigos ―recalcó fuertemente―. No insinúes nada más.
―Klaus es mi mejor amigo, Caroline. Conozco cuando tiene algo más que una "amistad"
Caroline se mordió el labio inferior.
―Bien de acuerdo, supongo que nos atraemos mutuamente… pero hasta ahí.
El asintió sonriendo.
― ¿Y no han hablado de ello?
Ella suspiró y vio hacia otra parte. A los pocos segundos asintió.
―Lo hicimos… pero es raro, ¿sabes? Klaus es… alguien diferente a todas las personas que he conocido. Para empezar, es uno de los pocos hombres que me ha tratado con respeto y no se me ha insinuado de una manera sexual o grosera… es amable y caballeroso y eso me asusta.
Stefan la miró de reojo no queriendo vera para no incomodarla. No la conocía y sabía que hablar de Klaus le causaba nervios aunque en realidad no entendía porque, no quería ponerla más nerviosa de lo que la pobre ya estaba.
― ¿Te asusta? ¿Y porque te asustaría?
Ella suspiró sintiendo el pecho pesado y se tomó la frente con las dos manos. Negó suavemente y se pasó su cabello rubio hacia todo el lado derecho.
―Digamos que… he tenido malas experiencias con… chicos. Abrirme a la posibilidad de que uno bueno exista es en realidad difícil.
Su mente se llenó de imágenes horribles y de experiencias pasadas que quería borrar para siempre. Sintió sus ojos llenarse de lágrimas pero las retuvo y las alejó. Caroline Forbes había aprendido a ser más fuerte que eso y no se rendiría ante tan poco como un recuerdo que ya no le servía de nada.
Stefan por su parte, se quedó callado, no sabía que decir ni que hacer. Klaus era un hombre con una vida que el alma pura y casta de Caroline no debía de ver. Siendo mejor amigo de Klaus y sabiendo que claramente tenía un interés en Caroline Forbes, no supo cómo actuar y se dio a la tarea de no comentar mucho en el tema. Caroline le agradaba y se veía que era una buena chica; tampoco deseaba arruinar la inocencia que se cargaba y arruinarla con la carga pesada y oscura de la vida de Klaus.
―Entiendo ―contestó viéndola―. Pero si crees que Klaus puede ser un buen prospecto, nunca está de más tratar de conocerle un poco más ―le sonrió.
Quería decir algo así como: Klaus es un buen chico, dale la oportunidad. O: Creo que ustedes dos harían una buena pareja. Pero no podía mentir y no quería darle alas a Caroline. Klaus no era un buen chico y probablemente jamás lo sería. Darle la oportunidad sería algo peligroso y tonto. Y a pesar de eso, Stefan creía que los dos encajaban a la perfección y que en realidad hacían una buena pareja. Pero nada de eso hizo que hablara esas palabras, se las guardó y siguió platicando con Caroline de cosas tontas y alegre de poder conocerla un poco más.
―NTVSM―
―No puedo creer que esté con ella ―murmuró Rebekah mientras veía a Stefan con Caroline platicando en una banca en la plaza.
Elijah la vio de reojo.
―No entiendo cómo es que tú y Kol siempre me arrastran a sus asuntos triviales ―suspiró con cansancio.
Rebekah lo miró con desdén.
―Esos zapatos que vi no son ningún asunto trivial; los vi y los quiero. Así que apresúrate, no quiero ver más a la novia de Nick con mi novio, me dan escalofríos.
―Stefan no es tu novio, Bekah ―le recordó Elijah cuando entraron a la boutique que estaba en el centro frente a la plaza.
―Todavía ―sonrió con suspicacia.
Elijah rodó sus ojos y atinó a ver algunas cosas que en realidad no le llamaron la atención. El lugar estaba diseñado para una mujer y después de diez minutos en los que Rebekah parecía comprar la tienda entera, se desesperó y le dijo que iría al Grill por una bebida.
A Rebekah le importó poco y dejó ir al pobre de su hermano mientras que ella seguía comprando más y más cosas que poco necesitaba.
Elijah caminó por la acera dando una mirada de reojo hacia la plaza donde alcanzó a divisar a Caroline con el antiguo amigo de Klaus. Regresó su mirada rápidamente al camino pensando en la reacción de Klaus ante eso.
Entró al Grill sintiendo una ola acogedora de buena vibra y un buen olor a comida. Divisó mesas de billar en una esquina y el bar al fondo y un tanto oscuro. Necesitaba un trago fuerte y corriente con la noticia que su madre les acababa de dar; no habían hecho una misión en meses y todos parecían adaptarse a la vida de Mystic Falls. Una misión los había disgustado a todos, incluyéndole.
Se sentó frente a la barra y pidió un tequila. Algo inusual en él, pero que podía usar más que nunca. Esa bebida tan fuerte y amarga no era de su gusto y prefería los vinos o un whisky dulce.
―No pensé que un hombre de tu elite tomara tequila ―habló una voz a su lado.
Era una voz sedosa y ronca que le erizó la piel al recordarla a la perfección. Si en algo era bueno Elijah, era en recordar, recordar todo, hasta los más mínimos detalles. La voz de Katherine Pierce no podía ser la excepción. Volteó a verle y sus cabellos rizados se balancearon al momento en el que ella también volteó para verle. Se quedó clavado en sus ojos avellana y esas grandes pestañas le invitaron a hacer mucho más que hablar. Se sintió un manojo de nervios porque la mirada que esa mujer le daba no era un más que de desdén y aburrimiento. No era un ególatra ni un egocéntrico, pero no estaba acostumbrado a ese tipo de mirada por parte de ninguna mujer. Pero ella había sido la excepción a su regla de Don Juan.
― ¿Qué me ves? Iniciar conversación en un bar es lo más común que puede ocurrir dentro de uno ―volteó su mirada hacia el frente del bar y le dio un trago a su bebida dejando a Elijah viéndola.
Katherine Pierce, ese era el nombre de la mujer que había investigado. Era una empresaria que le intrigaba de más, no sabía que había en ella de familiar pero sabía qué hacía varios años la había visto u oído de ella.
― ¿Me recuerdas? ―dijo sin saber que decir.
Se regañó mentalmente por ser estúpido. No sabía cómo actuar frente a una mujer y era la primera vez que le ocurría eso.
Ella sonrió de manera maliciosa sabiendo que el hombre estaba más nervioso que ella lo había estado cuando había recibido su primer beso.
―Lo hago ―respondió tratando de borrar la bonita y seductora sonrisa de sus labios―. Eres el hombre de la boutique. ¿Acaso me estas siguiendo? ―volteó a verle con una ceja levantada y un rostro de interrogación que le hizo querer salir huyendo de ahí.
Negó rápidamente sintiéndose un adolescente.
―Claro que no ―carraspeó un poco―. No haría tal cosa, señorita…
Ella sonrió de lado.
―Supongo que ya sabes mi nombre y hasta mi celular tienes guardado ―terminó su trago y se paró para dejar a Elijah con la boca ligeramente abierta. Él se paró de inmediato tratando de evitar que no huyera pero ella volteó a verle ferozmente―. No me agradan las personas mentirosas ―le fusiló con la mirada y caminó lejos del bar para después salir del Grill.
Elijah se quedó sentado viendo a la morena salir del Grill. Pagó el tequila que se tomó de un trago y salió rápidamente viendo hacia todas partes para buscarla. La localizó caminando por la acera y caminó rápidamente hacia ella. Tenía un cuerpo perfecto y su cabello largo y rizado le hipnotizaba.
―Deja de seguirme ―dijo ella aun caminando.
Él se sorprendió un poco parando en seco pero siguió caminando más despacio. Después de varios segundos ella paró y volteó a verle.
―De acuerdo, si no vas a dejar de seguirme me vas a decir que es lo que quieres conmigo. ¿Por qué anotaste los números de mi placa? ―ella lo asesinó con la mirada―. Vamos contesta, no te quedes callado. Te vi seguirme del centro comercial a mi auto y después vi como descaradamente anotabas mis placas.
Se quedaron viendo. Katherine era alta y con los tacones que llevaba puesto le podía ver a los ojos casi sin levantar la cabeza tanto.
―Eres hermosa.
Silencio.
Ella rio.
― ¿Qué? ―rio haciendo que Elijah se quedara quieto y ni una expresión cruzó por su rostro―. ¿Me acosas porque soy hermosa?
―No te acoso –se defendió de inmediato.
―Sí que lo haces. ¿Eres un Mikaelson, cierto?
El levantó una ceja.
― ¿Me conoces?
Ella asintió apenas.
―Tu empresa y la mía han hecho negocios varias veces en el pasado.
Su mente maquinó rápidamente el apellido Pierce pero no mucho pudo encontrar. Pero ahora sabía que era por eso que se le hacía conocida.
―No recuerdo haber hecho negocios con alguna compañía de nombre Pierce.
Ella levantó una ceja y sonrió negando con la cabeza.
―Eres un cínico.
Dio media vuelta y siguió caminando lejos de él. No sabía a donde caminaría porque Caroline había manejado pero podía caminar hasta casa de Caroline.
―Espera ―él la alcanzó rápidamente y le tomó del brazo―. No pretendo parecer un acosador ni invadir tu vida privada.
Ella suspiró.
―Haz hecho todo lo anterior. ¿Cuál es tu excusa?
Él se frotó la frente y soltó su brazo delgado y esbelto.
―Te vi en la boutique y…
― ¿Y?
―Y pensé que eras la mujer más bella y hermosa que nunca había visto ―vio hacia otra parte sintiéndose repentinamente incomodo pero volvió a verla fijamente haciéndole sentir incomoda a ella.
Quemó sus interiores con su mirada seria y determinada y Katherine no quiso nada más que correr lejos de ahí y esconderse tras un arbusto a espiarlo.
― ¿Es todo?
El arrugó el ceño.
―Quiero conocerte.
―Las primeras impresiones son las más importantes y tú no me has dado una buena. ¿Por qué tendría que concederte el que me conocieras?
―Porque sé que no te arrepentirás.
Ella sonrió y vio hacia otra parte.
―Ya veremos. Te veré por ahí ―le sonrió y siguió caminando.
Esta vez, Elijah no la siguió.
―NTVSM―
―Vamos Bonnie, concédeme una cita. Mañana parto a Paris y quisiera pasar mi último día en Mystic Falls contigo ―Kol le suplicó con una cara de cachorrito.
Bonnie le gruñó en la cara.
― ¿Sabes que es la segunda vez que vienes a mi casa sin una invitación? ―el asintió―. ¿Y sabes también que es de muy mala educación hacer eso? Sobre todo cuando sabes que no eres deseado aquí ―él sonrió y ella le hizo una cara de los mil diablos.
―No me importa. Soy Kol Mikaelson, puedo hacer lo que yo quiera ―soltó altanero y viéndola con una sonrisa canalla.
Bonnie rio y negó con su cabeza.
―Pues vamos a ver cómo le haces para poder sacarme de mi casa a una cita ―le cerró la puerta en la cara y se refugió en su sofá favorito.
― ¿Quién era querida? ―Sheila salió por la puerta de la cocina con un delantal puesto.
―Abue, ¿enserio? Te he dicho que te sentaras ¿y te pones a cocinar?
Sheila suspiró y sonrió.
―Tuve un ataque al corazón, mi niña. No estoy inválida.
―Necesitas reposo. Por favor, siéntate.
Entraron a la cocina y Bonnie hizo que su abuela se sentara en una de las sillas de la pequeña mesa que la cocina incluía.
― ¿Quién era ese muchacho?
―Un problema ―susurró meneando una salsa en la estufa.
―No me agradó su presencia. Sería mejor que no lo frecuentaras, mi niña.
Bonnie paró.
―No lo hago abue, él es el que quiere salir conmigo. No me gusta su presencia tampoco.
Sheila asintió.
―Entonces has lo posible por evitarlo.
Bonnie asintió y terminó de preparar la salsa. Cuando terminó de cocinar, se asomó por la puerta lentamente pero ya no vio a Kol por ninguna parte. Abrió la puerta un poco para ver un paquete en el suelo con un gran moño azul celeste en medio. Arrugó el ceño y lo tomó. Volteó hacia todas partes y se aseguró de que nadie la viera para poder meter el paquete a la casa.
― ¡Abue, voy al baño! ―gritó y se escurrió como un ratón a su habitación―. Un regalo… ―susurró―. Ese chico está loco.
Dejó el paquete en la cama y lo examinó lentamente con la mirada. Era grande y el moño también lo era, el color de la caja era blanco y tenía una pequeña tarjetita escondida por debajo del moño. La tomó con cuidado.
Para mi belleza chocolate.
Tuyo, Kol M.
Bonnie abrió su boca sorprendida.
―Atrevido ―soltó enojada y empezó a tirar del moño como loca soltando toda su rabia en el pobre papel envoltorio.
Sacó varios papeles china para encontrarse con una caja mediana y rojo vino al final.
―Hmm… que podrá ser…
Dentro había un medallón color amarillo pálido en forma de un octágono que resplandecía con los últimos rayos de sol que se colaban por la cortina. Bonnie se le quedó viendo y la pieza le pareció lo más maravilloso y fascinante que en mucho tiempo no veía.
Suspiró y negó levemente con su cabeza.
―Ese estúpido…
―NoTeVayasSinMí―
Los Mikaelson entraron a la avioneta privada, cada quien en su mundo y distraído.
Elijah había hablado con la mujer con la que no había dejado de pensar, Kol había sido ignorado por la chica que gustaba, Rebekah había visto a Stefan hablando con la chica Forbes y sonriendo como mejores amigos, y Klaus no podía sacarse a Caroline de la cabeza.
Esther los vio y suspiró, sus muchachos estaban comportándose como adolescentes enamorados y no podían parecer más ridículos y a la vez más tiernos. Claro que sabía lo que pasaba con ellos. Esther Smith no se perdía ni un detalle de la vida de sus hijos. Tenía tan claro lo que cada uno de ellos deseaba que le parecía una cosa tonta permanecer en Mystic Falls, pero no les podía arrebatar todo eso cuando ya cada uno parecía querer permanecer a un lugar por una vez y por todas.
Esther Smith se sentó a pensar en sus muchachos y también en la misión que Paris les esperaba.
