22.

―Pensé que este asunto de Blanc ya se había acabado ―Kol dijo, cansado de golpear hombres y más hombres.

Finn estaba ahí con él; era un hombre grande, de cabello corto y café y tenía un gran parecido a Kol.

―Tenemos que ir por Niklaus ―dijo Finn.

Klaus había sido raptado y estaba siendo torturado en un edificio baldío. Habían prohibido a Rebekah salir de la casa y Elijah estaba reuniendo hombres para poder terminar de operar esa misión que se estaba volviendo tediosa.

Finn le disparó al último hombre y salieron de ahí tan pronto como pudieron.

Klaus estaba atado a una silla vieja y fea que pronto caería si seguían golpeándolo como lo seguían golpeando. Respiraba agitadamente a pesar de intentar no hacerlo. Llevaban cerca de dos horas golpeándolo y aún seguía viéndolos como si él fuera el rey del mundo. Escupió sangre y sonrió.

― ¿Creen que estoy solo? ―habló Klaus en un perfecto francés.

Las gotas de sudor caían sobre su frente y sus ojos azules estaban rojos.

El tal hombre Blanc, estaba vestido con un traje blanco impecable y un sombrero de gánster blanco al igual. Era de estatura promedio y tenía una piel morena y una nariz grande. Era el jefe de una operación de tráfico de mujeres y ya habían causado muchos desastres, no sin mencionar que lo que hacían era totalmente repugnante.

―Tu hermana sería una bonita compra… ―dijo Blanc yendo de ahí hacia allá.

Los ojos de Klaus brillaron hasta casi hacerse de otro color y empezó a forcejear con mucha fuerza en su asiento haciendo que el dolor de sus heridas se intensificara todavía más.

― ¡Te mataré! ―gritó enojado―. Te mataré con mis propias manos ―siseó entre dientes escupiendo―. Y cuando lo haga, haré que te disculpes por esas palabras.

Blanc soltó una risotada canalla y asquerosa.

―No, no lo harás. Porque te mataré yo primero.

Fue el turno de reír de Klaus y el hombre que hasta hacia poco sentía mucha seguridad de sí mismo, se dio cuenta de con quien estaba tratando; El Lobo Mikaelson estaba sentado frente a él y casi pudo imaginar que sus ojos eran amarillos como los de un lobo de verdad.

―Te dejare pensar eso ―fue lo único que Klaus dijo para después recibir más golpes.

Después de un rato, Finn y Kol lograron entrar al terreno baldío junto con otros hombres que les ayudaban en la misión.

Blanc volteó a verlos bruscamente y los dos hombres que había ahí con él, apuntaron sus armas y dispararon a los hermanos Mikaelson.

― ¡Niklaus! ¡Haz lo tuyo! ¡Ahora! ―gritó Finn forcejeando con un hombre.

Blanc volteó a ver horrorizado a Niklaus quien le sonreía como un lobo maniaco y desquiciado.

―No debiste de haber hablado de mi hermana ―dijo y se desató de las cuerdas que lo tenían atado de manos y pies―. Ni debiste atarme como un animal.

Se paró frente al pobre hombre quien no llevaba un arma y que Klaus sabia no poseía ninguna habilidad para mandarle al suelo, así que eso fue lo que él hizo primero; tomó su cabeza y la estampó contra el suelo haciendo que el sombreo del hombre saliera volando y su vestimenta blanca se ensuciara por la tierra y la sangre en el suelo.

Loup bâtard ―tosió sangre maldiciéndolo.

Au revoir ―torció su cuello haciendo morir al hombre. No había tiempo de torturarlo y tampoco tenía la paciencia para hacerlo.

Lo único que quería hacer era regresar a Mystic Falls y que su familia estuviese reunida de nuevo. Mucho más importante, quería terminar esa maldita misión para poder ver a Caroline.

-Ntvsm-

Era viernes y Caroline estaba ansiosa por verlo. Sabía que era el día de su regreso y a pesar de haber llamado varias veces a su celular, Klaus no contestaba y ella no podía dejar de sentirse como una loca acosadora.

―Vamos, Klaus… contesta ―susurró con el celular en la mano.

― ¡Caroline! ―Elena gritó entrando por su puerta―. ¿Qué haces? La fiesta es a las nueve ―dijo empezando a sacar ropa de su armario.

Caroline suspiró y vio la hora en su reloj, eran las cinco. Tenía que arreglarse. Dejó su celular por ahí y empezó a sacar las cosas para arreglarse.

― ¿Crees que Tyler vaya a la fiesta?

Elena arrugó su nariz y asintió.

―Claro. Es Tyler, Care.

―Lo sé, lo se… es solo que… desde el altercado en el Grill, no quiero verlo de nuevo.

Elena la vio.

―Siento que hayas tenido que pasar por eso ―Caroline asintió agradeciéndole―. Si te vuelve a molestar no dudes en que Stefan le dé una buena paliza.

Caroline rio.

― ¿Por qué tú y el no funcionaron?

―No hubo química ―se encogió de hombros―. Además, me gusta su hermano ―admitió sonrojándose.

― ¿Qué? ―abrió su boca―. ¿Tiene un hermano? ¿Está bueno? ―preguntó con una sonrisa muy grande en su rostro y acercándose a ella en la cama.

Elena se carcajeó.

―Tú tienes a Klaus. Y si, es muy guapo.

Caroline ignoró la parte de Klaus y rodó sus ojos.

― ¿Y ellos están bien con eso? Es decir… sé que nunca tuviste nada con Stefan, pero aun así.

―Si, en realidad no les importa.

―Me alegro por ti, Lena ―le sonrió.

―Gracias, Care. Vamos a arreglarnos, Bonnie no tarda en llegar y me imagino que Katherine tampoco.

―Tú amas a Katherine ―se rio como una diablilla y Elena arrugó el ceño.

―Claro que no ―contestó recelosamente―. Es… una buena e interesante compañía, es todo.

―Oh calla. Arreglémonos.

-Ntvsm-

― ¿No le vas a contestar el celular a esa pobre chica? ―preguntó Elijah leyendo un libro en la sala principal.

Habían llegado en la mañana del viernes y ahora descansaban. Klaus se había mantenido ocupado para no ir a buscar a Caroline y para tampoco contestar a sus llamadas. Por mucho que quisiera verla, no podía hacerlo en el estado en que se encontraba, estaba muy golpeado y levantaría sospechas de inmediato.

―No ―contestó a regañadientes. Muy a su pesar, hablar de Caroline con alguien era un tanto gratificante y no podía agradecer mejor confidente que su hermano mayor―. No puedo permitir que me vea así.

―No tienes que verla, solo contéstale el móvil.

―No podre ―contestó sin querer hablar.

Elijah entendió y asintió.

―De acuerdo, pero tarde o temprano tendrás que verla.

Salió del despacho dejando a Klaus solo.

No podría hablar con ella, escuchar su voz y no querer verla. Aquella situación se estaba volviendo estresante y él no sabía cómo manejar el asunto. Nunca se había sentido así por nadie aunque la situación le recordase mucho a lo que hubo con Tatia hacia años. En sí, las situaciones no se parecían en nada, solo el hecho de que él estuviese cayendo por una mujer era lo que tenía un poco de similitud. Y claro que estaba el hecho de que eran mujeres completamente diferentes que nunca podrían compararse en lo más mínimo. Y aunque él no fuese un ser que expresara sus sentimientos a los cuatro vientos, debía admitir que Caroline Forbes era muy especial y era una mujer que no iba a dejar ir por nada del mundo.

― ¿A dónde van? ―Klaus interrogó a sus dos hermanos menores quienes vestían con ropas para salir.

Rebekah llevaba un vestido que le llegaba por el muslo en negro y era muy provocador pero con mucha clase. Kol solo tenía puesto unos vaqueros oscuros, unos zapatos lustrados y una camisa para salir azul rey.

―A una fiesta ―contestaron los dos al mismo tiempo.

― ¿Fiesta? Acabamos de llegar ¿y van a salir a una fiesta? ¿Y de quién es? Si mal lo recuerdo, ustedes no tienen amigos. No en Mystic Falls.

Kol rodó sus ojos.

―Vamos, vamos, Niklaus. Kol Mikaelson es amigo de todo Mystic Falls. Es mi encanto natural, ¿sabes? Algo de lo que tú careces.

―Si, por ermitaño y gruñón ―agregó Rebekah empezando a impacientarse.

― ¿Por qué no vas con nosotros? Tu rubia favorita estará ahí ―le guiñó un ojo.

Klaus prestó atención y carraspeó.

Rebekah rodó sus ojos molesta.

―Vámonos ya, Kol.

Rebekah lo arrastró y Kol se despidió de su hermano con una sonrisa de casanova y un gesto burlón.

Klaus gruñó y se propuso ir a ver a Caroline. Quería verla, pero eso no significaba que ella tendría que verlo a él.

-Ntvsm-

―No puedo creer que Klaus no haya contestado ninguna de mis llamadas.

―Tal vez todavía no haya llegado a los Estados Unidos, Caroline. Pareces una novia neurótica, deja el asunto por la paz ―le regañó Katherine empezando a impacientarse.

Caroline le hizo una cara infantil y volvió a ver su celular por milésima vez.

―De acuerdo, lo que sea. Y no parezco una novia neurótica ―la apuntó con un dedo.

Katherine rio.

―Lo que tú digas, cariño.

Cuando llegaron a la fiesta, se dieron cuenta que iba a ser una fiesta loca en donde al día siguiente no recordarías absolutamente nada. Caroline sonrió con un poco más de ánimo y las cuatro amigas entraron a la fiesta vistiendo muy provocativas llamando la atención de muchos.

― ¿Por qué esta chica se empeña en hacer fiestas Proyecto X? ―preguntó Bonnie quien veía escenas en realidad extrañas.

Katherine rio.

―Sé que solo soy unos años mayor que ustedes, pero he vivido cosas peores a esta. No pierdan el piso solo por una fiestecilla de una novata y no tomen tragos que extraños les ofrezcan, sobre todo hombres.

Las tres chicas asintieron y empezaron a caminar más adentro de la fiesta.

― ¡Caroline! ―April la llamó, estaba con Jeremy quien la tenía agarrada de la cintura. Las chicas sonrieron mientras que ellos dos se acercaban―. Sabía que estarías aquí. Hola Elena ―la saludó sonrojándose ya que Jeremy no la soltaba.

―Avergüenzas a tu novia, Jeremy. Hola April, cualquier cosa que este tonto te haga, no dudes en venir a mí ―le dijo con cariño.

―O a mí ―sonrió Caroline viendo a Jeremy quien rodó sus ojos.

April rio tímidamente.

―Bueno, las veré después ―dijo casi gritando ya que Jeremy la había arrastrado.

― ¡Cuídala bien, Gilbert! ―gritó Caroline―. Más vale que tu hermano sepa tratar a esa chiquilla. Ve lo tímida y santa que es, parece un gatito pidiendo por ayuda ―habló Caroline siguiendo a April con la mirada.

Katherine rodó sus ojos.

―Al parecer Caroline tiene un nuevo proyecto.

―Dios, Caroline y sus nuevos proyectos es como tener a un niño neurótico pidiendo por dulces y hablando como si apenas aprendiese a hacerlo ―dijo Bonnie negando con su cabeza.

―Es cierto ―dijo Elena.

―Yo diría que peor ―se encogió Katherine.

― ¿Enserio? Gracias por su apoyo chicas ―rodó sus ojos―. Iré a jugar beer pong allá, ¿alguien viene?

―No cuentes conmigo, vi a un chico sexy, iré tras él ―dijo Katherine y se alejó de ellas.

―Sí, uhmm... también vi a Damon por ahí ―comentó Elena como quien no quiere la cosa.

― ¿El hermano de Stefan? ―preguntó Caroline.

Elena asintió.

―Ahí está ―dijo feliz.

Un chico alto, de cabello negro y de muy buen parecer las saludó a todas desde lejos.

―Es guapo. ―Caroline dijo levantando ambas cejas.

Elena sonrió rodando sus ojos.

―Nos vemos al rato.

―Solo me alegro de que ese Mikaelson no esté aquí ―Bonnie dijo casi agradecida.

―Oh, vamos, las dos sabemos perfectamente que Kol te atrae ―Bonnie le dio una mirada―. A pesar de todo lo que ha hecho y de cómo se ha comportado ―recalcó sabiamente.

―Ni en un millón de años, Care.

― ¿Y porque usas el medallón que te dio? ―preguntó viendo su cuello.

Bonnie abrió su boca y parpadeó.

―Pues porque… combina con mi atuendo, es todo ―se defendió mientras caminaban hacia las bebidas.

Caroline rio.

―Seguro.

Caroline no dijo nada más y se dirigieron a una de las mesas de beer pong. Las chicas del club de eventos se encontraban ahí quienes saludaron felices a Caroline, también lo chicos y la anfitriona de la fiesta también.

―Alison te admira, Caroline ―le dijo Hannah, una rubia muy bonita.

Caroline rio.

―No me agrada la chica, pero hace buenas fiestas. Deberías alejarte de ella, es una chica problemas.

Hannah hizo una cara y asintió. Caroline y Bonnie jugaron beer pong contra Aria y Spencer y después de ganar y beber mucho, se encontraban riendo como tontas.

― ¿Pero a quien tenemos aquí? Si es mi belleza chocolate, la señorita Bennett.

Bonnie abrió sus ojos muy en grande viendo a Caroline.

―Dime que por favor no es quien yo creo que es ―susurró Bonnie con un ojo abierto y el otro cerrado.

―Yo me encargo ―dijo pasando a un lado de Bonnie, tambaleándose con mucha clase.

Kol la vio y rodó sus ojos.

―Ah y la rubia de Klaus ―dijo con voz cansada.

Caroline levantó una ceja.

―Escucha, Kol Mikaelson: se lo que haces con las chicas que se encuentran en sus cuatro sentidos y no quiero saber qué es lo que haces con las chicas que no lo están. Y en este momento, mi amiga y yo no estamos en nuestros cuatro sentidos ―Kol le dio una miradita a Bonnie quien se escondía nerviosamente tras Caroline―. Así que más vale que no hagas nada de lo que te puedas arrepentir porque te juro por mi cabello rubio, que te arrancare las bolas y te las daré de comer con sal y mucho picante ―le asesinó con los ojos.

Kol se le quedó viendo como si estuviese loca.

―Son cinco sentidos, niña tonta ―Caroline arrugó el ceño―. Supongo que ya sé que es lo que ve Nik en ti… se identificó contigo porque los dos están locos.

― ¿Me escuchaste o no? ―preguntó de mala gana.

Kol rodó sus ojos.

―Ya, rubia bonita, cálmate. La señorita Bonnie Bennett en realidad me agrada.

―Ugh, porque sigue diciendo la palabra señorita… ―susurró Caroline confundida mientras oía a Kol hablar.

― ¿Hola? ¿Me estas escuchando? Rubias… ―dijo rodando sus ojos.

Recibió un golpe en el estómago por parte de Caroline y uno en las piernas por parte de Rebekah quien se le acercó por detrás. Kol cayó al suelo doblándose y maldijo unas cosas que hicieron que Bonnie abriera su boca.

Caroline vio a Rebekah acercarse. Dios, ¿Por qué su enemiga tenía que ser tan bonita, alta, y perfecta?

―Hola, chica Forbes ―le saludó fríamente―. No me agradas por completo pero tampoco apoyo los estereotipos que se nos dan a las rubias. Supongo que en eso podemos concordar ―dijo desinteresadamente.

Caroline asintió.

―Supongo ―dijo incómodamente.

―Párate de ahí, idiota ―le regañó Rebekah a Kol quien apenas empezaba a pararse―. Espero que no hagas nada para provocar la ira de mamá y Nik esta vez… -le amenazó con cólera en los ojos-. Me voy de aquí.

Rebekah se fue dejando a las dos chicas ahí y a un Kol adolorido.

―Espero que hayas aprendido tu lección.

Kol suspiró fuertemente. ¿Qué su hermana no odiaba a esa chica? ¿Por qué demonios se ponía de su parte?

―Sí, lo que sea. Entiendo, no tocare a Bonnie, ¿feliz?

Caroline asintió y Bonnie se puso a un lado de ella.

― ¿Qué quieres Kol?

Caroline se alejó de ahí a pesar de las miradas de Bonnie de: ¡No te vayas! ¡No me dejes con este maniaco, violador, cerdo, estúpido!

Kol bajó su mirada para ver su atuendo y sonrió al ver el medallón puesto sobre su cuello.

―Veo que llevas puesto el medallón que te obsequié ―dijo prepotentemente y sonriendo como un total canalla.

―Mierda ―susurró Bonnie queriendo que la tragara la tierra y poniendo su mano en el medallón para taparlo pobremente.

―Ah, señorita Bennett, no sabía que esas palabras tan escandalizadoras podrían salir de esa boquita tan provocativa.

Bonnie le lanzó dagas con la mirada.

―Eres insoportable ―le dijo con desprecio―. Y no sabes tratar a una dama.

Kol arrugó el ceño sintiéndose repentinamente frustrado.

― ¡No sé cómo tratarte a ti! Todas son… son tan ―Bonnie lo vio batallar al hablar y arrugó levemente el ceño preguntándose de verdad si aquel chico iba enserio con ella o si era una táctica sucia para enredarla entre sus mentiras de canalla seductor―… ¡tan fáciles de conquistar!, y tú solo me ves como si fuese un vagabundo ―dijo tomándose el pelo entre las manos.

― ¿Se te ha ocurrido que yo no soy todas? ―preguntó sarcásticamente―. Tus regalos bonitos no van a hacer que caiga rendida y mucho menos tus palabras sucias y llenas de cosas inmaduras y pervertidas. Además, lo que le hiciste a Caroline da mucho de qué hablar sobre quien eres.

―Yo… ―balbuceó sintiéndose estúpido― yo me he disculpado con ella, me disculpé con Nik también, me disculpé con todos ―dijo de mala gana―. Discúlpame, Bonnie Bennett, disculpa por haberle hecho eso a tu mejor amiga. Juro que no te lo haré a ti ―le dijo sinceramente viéndola a los ojos.

Bonnie tenía unos ojos pardos hermosos y su ceño fruncido la hacía ver lindísima, Kol pensó que jamás podría ver esos ojos y no quedar hipnotizado.

Bonnie arrugó el ceño al escuchar aquellos nombres pronunciados. ¿Y porque le decía eso? ¿Iba enserio con ella?

―Está bien ―dijo sintiéndose incomoda por hablar con él y aceptarle una disculpa que claramente no se merecía.

Kol sonrió como un ganador y empezó a hablar con ella con confianza y esta vez, sin pasarse de la raya.

….

Caroline caminaba sola por la fiesta, sus amigas estaban en lugares que ella no sabía y ahora era el momento en el que deseaba volver a casa. Había visto a Stefan hablando con Rebekah, ellos hacían una linda pareja; los dos eran altos, de melenas sensuales y de ojos muy bonitos. Además, se veía que había mucha química entre ellos a pesar de que notó que Stefan no tenía mucho interés en hablar con ella a diferencia de Rebekah que más que desesperada parecía estar enamorada de él. También vio a Elena con el hermano de Stefan, Damon, quien era en realidad muy guapo pero parecía ser en extremo arrogante con el solo caminar y la forma en la que movía sus cejas y hacía reír a Elena como a una niña pequeña. Katherine había andado por ahí con varios chicos, ella no era de ahí y todos eran chicos menores que ella así que Caroline sabía que no le importaba mucho andar de ligera por ahí. Además, era Katherine Pierce por todos los cielos; esa chica tenía la palabra sensualidad tatuada en la frente y era imposible que los chicos no se le acercaran como perros babeando por un pedazo de carne. Y ella estaba sola como un hongo. Después de participar en varios eventos de tomar y reírse mucho con amigos de la universidad, se encontró con que se había quedado sola. Suspiró y se sentó en una silla que había por ahí con su cerveza en mano y observando todo. Gracias al cielo que no se había topado con Tyler, porque no tenía ánimos para…

―Care ―su voz resonó en sus oídos como si fuese un taladro.

Ugh, lo había invocado. ¿Quién diría que las habilidades mágicas de Bonnie ahora también funcionaban en ella?

Volteó su mirada hacia arriba para topárselo viéndola; estaba ebrio, dios, estaba muy ebrio y Stefan no estaba ahí para salvarla esta vez. Tampoco ayudaba mucho que ella estuviese igual de ebria.

―Tyler… ―dijo hundiéndose más en la silla.

―Yo… siento lo que pasó en el grill el otro día, es solo que no soporto la idea de tu y otro hombre juntos…

Caroline lo vio como si él fuese un completo extraño.

―Tu y yo no somos nada, Tyler… te lo he dicho muchas veces.

Tyler arrugó el ceño y ella se arrepintió de aquello; lo había hecho enojar.

―Lo sé, es solo que… yo todavía te amo, Care ―dijo forzando su voz.

―No me llames Care ―le dijo empezando a impacientarse.

― ¿Por qué Caroline? ¿Por qué tengo que dejar de llamarte así? ¿No somos amigos todavía? ―le preguntó enojado.

Ella quiso salir huyendo de ahí.

―No, no lo somos. Ahora déjame en paz y ve a molestar a alguien más.

―Te amo, Caroline. Por favor, regresa conmigo ―dijo arrodillándose ante ella.

Caroline abrió sus ojos muy en grande y le dio un gran trago a su cerveza. De acuerdo, bien, podía manejar eso. Tal vez si le decía de buena manera que no quería nada con él y que la dejara en paz, él se iría.

―Escucha Tyler ―le habló de la manera más suave y calmada que pudo―… yo te quise mucho, como amigo y como novio también… pero las circunstancias ―y por circunstancias se refería a él teniendo sexo con una zorra―… nos separaron. También arruinó nuestra amistad… no hay nada que se pueda hacer.

Lo vio dulcemente haciendo a los dos relajarse por unos segundos, pero no tardó mucho en que Tyler se mostrara violento y tomara su muñeca fuertemente.

―No, me niego a aceptar eso.

―Basta Tyler, me lastimas ―le dijo entre dientes. No quería crear una escena y mucho menos ahora cuando ella no estaba consciente―. No puedo estar ni un segundo en una fiesta disfrutando porque vienes a arruinar todo ―le reclamó―. Estoy harta de que tus borracheras hagan de mi vida un maldito infierno.

― ¡Cállate de una buena vez! Tú vienes conmigo ―la levantó escandalosamente de la silla y ella volteó a ver a varias partes para ver si había alguien que la ayudase, pero nadie parecía prestar atención y se sintió frustrada.

― ¡Qué demonios te pasa! ¡Déjame en paz, maldito cabrón enfermo! ―soltó enojada y le tiró un golpe en la cara.

Vio el rostro de Tyler transformarse y vio como una mano gigante se levantaba en el aire. Mierda, la iba a golpear.

De un momento a otro Caroline pensó en Klaus y por arte de magia, él se encontró ahí tirando a Tyler de un golpe en la cara.

Ella se quedó de piedra viéndolo. ¿Era él? ¿En realidad era él?

― ¿Klaus? ―dijo y él volteó a verla―. ¡Dios! ¿Qué demonios te pasó en el rostro? ―tenía la mejilla completamente morada y el ojo derecho casi no lo podía abrir.

Tyler se tambaleó como pudo y se puso de pie.

― ¡Tú eres el rubio que se quiere robar a mi Caroline!

A Klaus le hirvió la sangre haciendo que sus ojos se volvieron como los de un lobo y sus puños se cerraran hasta hacerse blancos. Se acercó a él rápidamente, lo tomó de la camisa y lo levantó casi unos milímetros.

―No vuelvas a decir que Caroline es tuya ―dijo como un loco maniaco―. ¡Caroline es mía! ―gritó haciendo que la misma Caroline diera un respingón en su lugar y se tapara la boca con una mano casi temblorosa. Había visto a Klaus descargar su furia antes y no quería verlo de nuevo, sería demasiado fuerte tener que verle volverse loco. Temía por él, temía que se lastimase, temía que su propia rabia desatara el infierno y él quedase atrapado en el―. Ten en cuenta eso, maldito perro ―le dijo y lo soltó con fuerza hasta que Tyler cayó al suelo tosiendo y quejándose.

―Vámonos, Caroline ―la tomó de un brazo con cuidado pero mucha firmeza y la arrastró hasta su Escalade.

―Klaus, ¿cuándo llegaste? ―dijo ella dando tropezones porque la borrachera la tenía dando vueltas―. ¿Qué te pasé en el rostro? Para, para ―dijo casi llegando a su camioneta. Él hizo caso a sus palabras y se detuvo por unos instantes para verla bien―. ¿Por qué no contestabas mis llamadas? ¿Quién te hizo eso? ―posó sus manitas sobre su rostro y él se encogió un poco―. Lo siento, ¿duele? ―el negó sintiendo sus manitas recorrer su rostro mallugado―. ¿Estás bien? ―el asintió―. Te he extrañado tanto ―dijo tomando su rostro con ambas manos. Él se quedó mudo―. Pensé que eras un producto de mi borrachera cuando te vi peleando con Tyler, pero en realidad estas aquí ―lo abrazó y hundió sus manos en su cabello―. Dios, hueles muy bien, siempre hueles muy rico ―le dijo sonriendo como tonta.

Él también la abrazó pero sabía que la chica estaba ebria y que en sus cinco sentidos jamás le hubiese dicho eso.

―Estas ebria, cariño ―dijo acariciando su cabello.

Ella rio contra su cuello haciéndole sonreír como un tonto enamorado.

―No nos hemos visto en años ¿y lo primero que me dices es estás ebria cariño? ―imitó su voz haciéndole reír.

―No han sido años.

―Así lo sentí yo ―jugó con los cabellos de su nuca―. ¿Por qué no respondiste mis llamadas? ―dijo separando su cabeza de su pecho y viéndole a los ojos.

―No quería que me vieras así ―dijo él aun sintiendo los fantasmas de sus manos en su nuca.

― ¿Me vas a decir que te pasó? ¿Fue en Italia? ¿Te metiste en una pelea?

―Te contaré todo si me dejas llevarte a tu casa. Estas ebria y no puedo permitir que ese sucio perro que tienes por exnovio se acerqué a ti de nuevo, lo mataría.

Ella negó con su cabeza.

―No, no puedes matar a nadie, eres un ser demasiado bueno para eso ―le sonrió con dulzura.

Su rostro se contrajo en una mueca de dolor y sus facciones se ensombrecieron.

―Vayamos a casa.

Ella asintió y le tomó el brazo para rodeárselo con el suyo. Era tan guapo y su brazo era tan musculoso, notó que también llevaba golpes en los brazos a pesar de que la noche era oscura y apenas y alcanzaban a verse claramente.

― ¿Por qué te hicieron esto? ―dijo acariciando su brazo tiernamente.

Su corazón dio un vuelco al oír la preocupación en su voz, nunca nadie le había hablado en ese tono, solo su madre cuando lo consolaba cuando Mikael le golpeaba. Quiso tomarla ahí mismo y darle un beso por ser una chica tan tierna y un ser humano esplendoroso.

―Porque hice cosas malas a tipos malos ―dijo sin querer hablar.

¿Sería el tiempo para contarle quien era en realidad?

― ¿Qué hiciste? ―preguntó con una vocecilla.

―No hablemos de esto hoy, Caroline. Lo importante es llevarte a casa.

Ella sonrió y no dijo nada. Se dejó guiar hasta el asiento del copiloto, donde pacientemente esperó a que Klaus subiera a su asiento y encendiera el motor de la bonita camioneta.

―No es tan tarde ―argumentó Caroline viendo el reloj del tablero―. Es la una apenas.

―Y tú ya estas tomada.

Ella rio.

― ¿Siempre va a ser así? ―preguntó ella viendo su perfil―. ¿Me vas a salvar siempre de todo?

―Sí, siempre lo haré.

Ella sonrió sintiéndose flotar porque aquello le resultaba gracioso y en realidad estaba ebria.

― ¿Por qué? Dijiste que no nos conocíamos, que no sabía nada de ti, ¿por qué tendrías que salvarme? ¿Qué soy para ti, Klaus?

Él estacionó la camioneta en una acera y se le quedó viendo como si ella fuese la única mujer en todo el planeta. Quería contarle todo pero sabía que huiría de él, sabía que jamás le volvería a ver y eso sería algo que él no podría soportar.

―Estas ebria, cariño. Podemos tener esta conversación mañana.

Ella arrugó el ceño.

-No, en realidad no estoy tan ebria –dijo enojada-. Puedo verte los golpes, Klaus. Siento el frio irradiar de tu ser, ¡me ves como si fuese una extraña! –gritó enojada-. Pues no lo soy y si lo soy, entonces permíteme bajarme de aquí de inmediato –dijo haciendo amago de abrir la puerta haciendo que él cerrara con seguro al instante, ella arrugó el ceño claramente disgustada por aquello-. Sé que algo pasó en Italia y no me lo quieres decir. Te he ofrecido mi amistad y aun así me tratas como a una tonta, como a una maldita extraña –dijo con dolor en el pecho, acción que a Klaus volvió loco sintiéndose el ser más vil y desgraciado-. Eres mi amigo, eres amigo de Stefan también, pero si no dejas comportarte de esta forma… entonces no tendrás más amigos y tampoco creo que nosotros podamos funcionar –soltó furiosa y respirando agitadamente.

Klaus estaba entre la espada y la pared. Estaba a un paso de quedarse con su nueva amiga, o de perderla por siempre.

―No estaba en Italia ―dijo fijando su mirada en el volante. Lo tenía bien agarrado y sus nudillos se habían hecho casi blancos. ―Fui a Francia, tuve una misión.

Caroline frunció el ceño.

― ¿De qué hablas? ¿Misión?

―Hay… hombres malos que hacen cosas malas y yo me encargo de ellos. Es mi trabajo, es a lo que me dedico.

― ¿No eras empresario? ―preguntó confundida.

―También lo soy.

―No entiendo nada. Eres… ¿un matón o algo así? ¿Un espía?

Klaus cerró sus ojos con muchas ansias. No quería estar ahí teniendo esa conversación con ella, jamás quería tener esa conversación con ella. Caroline se había vuelto su escape de su dura realidad.

―Soy un criminal, Caroline ―ella se quedó callada―. Mato gente mala y cobro por hacerlo.

―Eres un… asesino.