Gracias a: Mundosentrelibros, littlemisspetrova, Isabel, Tepyta, BarbieRamos.
Lean este capítulo que acá se descubren cosas... Gracias por todo!
23.
―Soy un criminal, Caroline ―ella se quedó callada―. Mato gente mala y cobro por hacerlo.
―Eres un… asesino.
Él volteó a verla, se veía tan calmada, pacifica.
―No fue buena idea hablar de esto en tu estado.
Ella frunció el ceño y volteó a verlo.
―Basta, no estoy tan ebria ―mintió―. Acabo de escuchar todo ―de nuevo se quedaron en silencio y ella acercó su mano a su rostro―. ¿Ellos te hicieron esto? ―preguntó acariciando su mejilla suavemente. Quiso llorar delante de él a pesar de estar tan enojada.
Klaus tragó en seco y asintió.
― ¿No estás molesta conmigo?
Ella asintió.
―Mucho. ¿Sabes…? ―dijo acariciando con suavidad su rostro-. Algo así suponía… no lo sé, sabía que tu vida no eran arcoíris y colores rosas, sabía que algo había detrás de tantas sonrisas arrogantes ―sonrió ella misma―. Y siempre eres muy misterioso. Además, no les creí a ti y a mamá ninguna de las patrañas que dijeron acerca de la multa. Mamá nunca había visto a nadie con tanto odio, ni siquiera a papá que la dejó con dos hijos y se fue con otro hombre… ―Klaus escuchaba todo viendo como ella relataba su vida de poco a poco incluyéndolo―. ¿Entonces mamá lo sabe? ¿Mamá sabe que eres… eso?
Klaus asintió.
―Entonces tú también lo sabias ―dijo él viéndola. Sabía que Caroline era una chica muy suspicaz. Más de lo que parecía. ― ¿Y nunca mencionaste nada?
Ella soltó una risa tonta.
― ¿Y porque iba de hacerlo? Dejé de juzgar hace… bueno, no importa –sonrió apenas-. No puedo juzgar a las personas y mucho menos acusar de algo tan serio y grave. Dime, ¿matas solo a gente mala? ―lo observó con mucha insistencia.
―Lo hago ―respondió de inmediato―. No me tienes miedo. ¿Por qué?
Ella sonrió y le vio con mucha ternura.
―Porque sé que nunca serias capaz de hacerme nada.
El asintió, aun confundido.
―Por eso eras tan misterioso. Por eso eres tan violento. Por eso has sufrido tanto… ¿cierto?
El asintió de nuevo.
―Mírate ese rostro que tienes ―le dijo acercándose. Volvió a tocar su cara y pasó sus dedos lentamente por las partes más golpeadas―. Te besaré ―le dijo ella viendo sus labios. Él se quedó en seco y la miró con mucha cautela―. Te aviso… porque no sé si te dolerá o no y quiero que me lo digas ―acarició sus labios con la yema de su pulgar―. ¿Te duele? ―susurró haciendo que sus alientos se mezclasen.
Él no dijo nada, la situación lo tenía tan consternado que lo único que pudo hacer fue pegar sus labios a los de ella; eran suaves, cálidos y sabían a miel, a pesar de que su boca supiera a cerveza, también sabia a algo como de fresa. Ella suspiró sintiendo sus labios sobre los de ella, pensando que todo aquello era producto de su imaginación, que el alcohol estaba inventando la historia del Klaus asesino… de aquel primer beso que se sentía como el primero de todos.
Los dos habían deseado eso por tanto tiempo que ninguno de los dos sabía si estaba pasando en realidad o no. Ella acarició su cabello haciéndole gruñir y ella sonrió en el beso sintiendo maripositas en el estómago y cosquillas en el pecho. Klaus sabía que ninguna otra mujer había estado hecha para sus labios pero ella, nadie nunca le había besado como ella le estaba besando, nadie. Nunca había tenido a nadie como Caroline; Caroline era especial, era alguien que venía de otro mundo porque estaba hecha para él. Cada día se convencía más de que Caroline había nacido para él, porque alguien en alguna parte supo que él la necesitaba.
Se separaron lentamente y él abrió su boca para hablar, pero ella puso un dedo sobre sus labios.
―Antes de que digas nada… no te estas aprovechando de mí, ¿de acuerdo?
―No entiendo porque haces esto después de lo que te conté, soy un monstruo.
Ella levantó una ceja y se alejó de él. Él extrañó su contacto al instante y cerró sus ojos por dos segundos sintiendo sus manos todavía en su rostro.
―No lo eres, Klaus. No se tu historia, pero estoy segura de que no eres un monstruo. No vuelvas a decir eso.
―Te llevaré a casa ―dijo encendiendo el motor―. Podemos seguir hablando de esto mañana.
Ella se le quedó viendo pero no dijo nada.
En silencio, llegaron a su casa y ella se preguntó seriamente que pasaría ahora; se habían besado y no había sido un beso cualquiera, había sido tan tierno que les asustó a los dos porque ambos sabían que no era un beso apasionado, no era un beso que se pudiese hacer pasar por calentura o por el calor del momento; era un beso que había sido deseado por mucho tiempo por ambos, aunque ninguno de los dos lo aceptaría jamás.
¿Qué pasaría ahora? ¿Qué pensaría ella de él? ¿Por qué no se había molestado? ¿En realidad estaba bien con ello?
La casa Forbes entró en escena y él estacionó la camioneta en la acera.
―Hemos llegado ―anunció. Apagó el motor y volteó a ver a Caroline quien se encontraba dormida.
Él suspiró y la observó, era una chica hermosa e inteligente. ¿Por qué alguien tan hermosa y pura como ella insistía en verle el lado bueno a alguien como él?
Salió de la camioneta y abrió su puerta para tomarla en brazos. Era ligera y rápidamente se acurrucó contra él, como si supiera que él la había tomado en brazos. Caminó hacia la puerta y tocó el timbre dos veces, Liz Forbes abrió su puerta con una pistola en mano y un ceño fruncido.
― ¿Qué haces con mi hija? ―preguntó enojada y levemente asustada por el rostro del hombre.
Klaus vio un momento a Caroline y después volvió su mirada a Liz.
―Tyler Loockwood estaba molestándola.
Liz abrió sus ojos desmesuradamente y se hizo a un lado para que Klaus pasara.
― ¿De qué hablas? ¿Te has peleado con él? ¿Por eso llevas esos golpes en el rostro?
Klaus sonrió con ironía.
―No tuve una pelea con ese bastardo, aunque eso me hubiese agradado ―sonrió un poco―. Tanto usted como yo sabemos que ese niño sigue enamorado de Caroline y que la ha estado acosando.
Liz se quedó callada. Claro que lo sabía, sabía que Tyler tenía problemas con la bebida y que después de que Caroline y habían terminado, él se había empezado a poner violento.
― ¿Por qué no ha hecho nada? ―vociferó ferozmente haciendo que Caroline se removiera en sus brazos.
Él la acunó más contra si haciendo a Liz reprimir una sarta de maldiciones.
―Es el hijo del alcalde, he hablado con él pero no sabe qué hacer.
Klaus rio.
―Usted es la ley de este pueblo, no el alcalde. Si usted no hace algo con ese maldito, lo haré yo. La próxima vez que vea a Tyler Loockwood molestando a Caroline le daré su merecido ―Liz abrió sus ojos como platos―. Así que hace algo usted o me encargaré personalmente del asunto.
Ella asintió a regañadientes e hizo que él le siguiera hasta la planta alta y a la habitación de Caroline. Era una habitación bonita, con decoraciones sutiles y femeninas, muy al estilo de Caroline, pensó él.
La dejó sobre la cama con mucho cuidado y Liz notó de inmediato que Klaus sentía algo por su hija. Lo más temido estaba pasando ahora, aunque nunca se le ocurrió que el Lobo Mikaelson se enamorara de su hija, era mil veces peor que cualquier otra cosa que Niklaus Mikaelson pudiese hacer.
―Gracias por traer a mi hija ―dijo ella. A pesar de todo, sintió la pura necesidad de agradecerle―. Y de también defenderla de Tyler, sé que es un muchacho violento.
―Mientras yo esté cerca, nada malo le pasara a su hija, Sheriff. Se lo he jurado por mi vida y mi juramento seguirá en pie por siempre.
Liz tembló ahí frente a él. Era un muchacho alto, apuesto y con una voz grave y fuerte. Por un momento, Liz Forbes se creyó esta promesa y se permitió a si misma tomar una postura menos a la defensiva ante El Lobo.
Klaus volteó a ver a Caroline quien dormía tranquilamente y salió de la habitación con Liz por detrás.
―Antes de irme, creo que es mi deber informarle que Caroline sabe quién soy ―dijo él captando la atención de Liz quien alarmada abrió sus ojos y se tomó la frente con una mano casi temblorosa.
― ¿Lo sabe? ¿Se lo has dicho? Lo menos que quería era que Caroline se entrometiera en este asunto tan grave. ¿Qué tu madre no te dijo nada acerca de ello?
Klaus tragó forzadamente y tensó la mandíbula. Claro que su madre le había dicho todo eso y mucho más. Pero él no la había escuchado.
―Lo hizo ―contestó casi a regañadientes como un niño reprendido―. Pero Caroline… ella ―le costaba hablar porque no quería hacerlo. Pero a pesar de todo, la Sheriff se merecía una explicación porque la vida de su hija estaba en juego―… ella se molestó porque no contesté sus llamadas y me cuestionó acerca de los golpes que tenía y yo no le quise decir ―Liz alcanzó a ver la desesperación en sus ojos y se quedó quieta pensando que ese hombre en realidad quería a su hija. Era tan anormal que un hombre como él se entrometiera en la vida de una chica como Caroline, y más extraño era tener que presenciarlo a él titubear y dudar al hablar. Era un hombre imponente que no le temía a nada, pero ahí estaba, hablando de su hija como si fuera la cosa más importante en toda su vida―… ella se molestó y me dijo que estaba cansada de que yo no le tuviese confianza ―se tomó el puente de la nariz entre las manos y quiso golpear una pared. Se sentía como un pequeño dándole explicaciones a su madre―. No quería perderla… perder su amistad ―carraspeó incómodo―. Tuve que decirle lo que era.
Liz se quedó de piedra y su respiración había acelerado un poco. ¿Por qué justamente él tenía que haberse enamorado de su hija? ¿Por qué él?
―Comprendo ―dijo aunque en realidad no lo hiciera del todo―. ¿Le contaste de tu familia? ―preguntó con cautela.
―No lo hice, no pienso hacerlo. No le diré más.
―Ella preguntara ―dijo con un rostro consternado.
Klaus bajó su mirada y murmuró un Lo sé que hizo a Liz saber que él en realidad lo sabía.
―Hablaré con ella mañana ―aseguró Liz―. Aminoraré tu carga ―dijo dejando la pistola en una mesita cercana. Klaus la siguió con la mirada hasta que ella regresó a pararse frente a él―. Aunque no crea que te lo merezcas ―dijo alzando su mirada y viéndolo con una mirada seria.
El asintió viendo toda la personalidad de Caroline en ella.
Ya en la puerta ellos se vieron por segundos en donde ella le agradecía con la mirada una vez más por haber salvado a su hija y en donde él le trataba de transmitir tranquilidad a pesar del rostro de matón que tenía.
―Buenas noches, Niklaus. Y gracias de nuevo ―dijo reacia frente a él.
―Buenas noche, Sheriff Forbes.
Se retiró de ahí y subió a su camioneta emprendiendo el camino a casa mientras pensaba que le esperaba con Caroline y más con su madre cuando se enterara que la chica Forbes sabía su secreto.
-NTVSM-
Caroline se despertó con un dolor de cabeza horrible y con la boca seca. ¡Santo Karma! ¿Cuánto había tomado ayer? Ni siquiera había tomado tanto… ¿o sí? ¿Qué mierdas había pasado ayer? Con la cabeza pegada a la almohada y el cabello rubio desparramado por esta, su mente le trató de recordar algo; algo que había pasado la noche anterior, pero por más que trataba de recordar, nada se le venía a la cabeza. ¿Qué demonios había ocurrido? Traía puesta una pijama que ni siquiera había recordado ponerse y el pelo era una mata horrible y enredada.
―Ugh, odio que mi cabello se ponga de mal humor ―gruñó por lo bajo y se levantó pesadamente de la cama.
―Buenas tardes, cariño ―dijo Liz entrando a verla―. Has despertado.
Caroline la vio como si ella fuese un alíen.
― ¿Qué hora es? ¿Qué demonios haces aquí? ¿Es domingo? ―preguntó rascándose la cabeza y bostezando.
Liz rio con ternura.
―Es sábado, cariño y son las cinco de la tarde, estoy tomando mi descanso ―le dijo―. Has dormido mucho tiempo ―vio su reloj de muñequera―. Dieciséis horas ―rio―. Es un record.
Caroline entrecerró sus ojos notándola extraña.
― ¿Y porque no me despertaste? Nunca me dejas dormir hasta tarde… ¿Qué está ocurriendo? ―la cuestionó.
Liz se paró derechita frente a ella y se aclaró la garganta.
―Se lo que Klaus te dijo anoche, cariño. Tenemos que hablar de ello.
Caroline frunció el ceño. ¿Klaus? Klaus… ¡Oh por el puto Karma! ¡Klaus era un asesino!
Palideció y se dejó caer en la cama.
Liz se acercó rápidamente a ella y se sentó a su lado.
― ¿Cariño? ¿Estás bien?
―Yo, yo… ayer estaba muy ebria… dios, pensé que todo había sido un sueño yo… no… tú lo sabes ―le asesinó con la mirada y Liz retrocedió un poco―. ¡Tú lo sabias! ―le gritó―. ¿Por qué no me lo dijiste? Soy tu hija, por el amor del cielo. Y él es…
― ¿Estabas ebria? ―preguntó Liz de mala gana. ― ¡Es por eso que Tyler se estaba aprovechando de ti!
Caroline arrugó el ceño.
― ¡No mamá! ¿Por qué nunca me defiendes a mí? Tyler no es un chico bueno. No tengo que estar ebria para que él se lance sobre mí y me moleste. ¿Por qué lo defiendes tanto?
Liz se sintió mal al escuchar todo eso.
―Lo siento, querida. Es solo que… Tyler era un buen partido y era un muchacho agradable, supongo que no lo es más.
―No, no lo es ―murmuró molesta―. Por eso veías tan feo a Klaus, sabía que me estabas ocultando algo, también él.
Liz suspiró sonoramente.
―Desearía que ese hombre no te haya dicho nada. Desearía que jamás te hubieses topado con él.
Liz se estaba lamentando por algo de lo cual nadie había tenido control de, aquello no había sido culpa de nadie.
―No tienes la culpa, mamá ―le dijo sobando su espalda―. Estoy bien, Klaus no me ha hecho nada.
Liz la miró con preocupación.
―Sabes lo que es. ¿Te dijo que es un criminal? ¿Un asesino?
Caroline suspiró y se mordió el labio fuertemente. Se sentía tan molesta y no podía creer aquello.
―Ayer cuando me lo dijo… yo no estaba en mis cinco sentidos y no le dije nada, creo que no reaccioné de ninguna forma. Solo le escuchaba hablar, hasta pensé que era una broma o que estaba soñando. Pero no es así, ¿cierto?
Liz la vio con melancolía.
―No, cariño, no fue una broma; Niklaus es un asesino.
Caroline se estremecía cada que escuchaba esa palabra, era fuerte, atemorizante y no le quedaba al Klaus que le sonreía con esa sonrisa de cariño esto, cariño aquello.
―Recuerdo que dijo… que solo mataba a gente mala… hombres malos que hacían cosas malas ―asintió para ella misma, como queriéndose convencer de que aquello no estaba mal.
Liz asintió.
―Es verdad, pero un asesino sigue siendo un asesino no importa a quien mate. No creo que sea bueno que sigas viendo a Niklaus.
Caroline bajó su mirada y retorció sus manos como loca. Lagrimas empezaron a salir de sus ojos y tumbó su cabeza contra el brazo de su madre.
― ¿Me odiarías si te digo que en realidad me agrada Klaus? ¿Más que un amigo? ―sorbió su nariz sintiendo las manos de su madre sobre su espalda y cabeza.
―Nunca te podría odiar, Caroline, eres mi hija. Pero estoy preocupada por ti, lo he estado desde que te vi en el hospital con ese hombre.
― ¿Qué se supone que haga ahora? ¿Debería alejarme de él? ¿Debería… dejar de hablarle? ¿Y verle también? ―más lágrimas salieron de sus ojos.
Liz se lo pensó por un momento y recordó el juramento de Klaus.
―Sé que él no te hará daño ―dijo sorprendiendo a Caroline quien guardó silencio―. Pero tiene enemigos, Caroline. Si algo llegase a suceder…
Caroline asintió de inmediato.
―Es mi amigo ―dijo dejando de llorar un poco―. Es un buen tipo ―rio aun con lágrimas en sus ojos―. Aunque no lo creas.
Liz también sonrió tomando una de las manos de Caroline.
―Sé que lo es ―dijo. Liz lo sabía a pesar de que no pudiese admitirlo jamás de nuevo―. Pero es peligroso.
―Lo sé.
Pero no me importa, pensó.
