Gracias a: VaneLor, Rucky, Isabel, Ale, BarbieRamos11, Tepyta, Sofi, Danae, danyscreamsx, kikivicente, sandry9513, gatona, MariaAgue.
*Gracias a VaneLor que se leyó mi historia de un tirón. Gracias por tus palabras!
A Rucky: Si! Me emocionó MUCHÍSIMO el capítulo 100. Creo que lo vi solo para saber qué pasaría con Klaroline. Claro que grité, morí y resucité con todo lo que pasó... adgkuhdsg. No fue ilusión y si se besaron y mucho más! Y sí, he visto The Originals, aunque voy varios capítulos atrasada, pero pienso ponerme al día uno de estos días. .jaja. Gracias por leer la historia!
A Isabel: Gracias por tus palabras, este cap también es corto pero ya estamos llegando a lo bueno! Les tengo muchas sorpresas.
Ale: Gracias, gracias, por pensar que es el mejor fic. Loveu! No dejaré de escribir, para nada!
Barbie: Como siempre, gracias por tus inbox y por estar al pendiente de mí y de la historia.
Y a todas las demás, muchas muchas muchas gracias! No voy a dejar de escribir por nada. Aunque estos dos últimos capítulos han estado un poco cortos, contienen mucha información y ya los demás capítulos estarán más largos.
Espero sus comentarios y nos leemos en el próximo capitulo. Loveuall.
c.
24.
―Hay un problema en la entrada ―canturreó Kol entrando a la sala principal donde Elijah y Klaus se encontraban―. Y si no se hacen cargo, Rebekah lo hará en cualquier momento… ―un gritó horrible se escuchó y Kol sonrió―. Ahí está, Rebekah se está haciendo cargo.
Elijah y Klaus se vieron con el ceño fruncido y salieron disparados hacia la entrada principal.
― ¡Eres una zorra maldita! ¡Perra asquerosa! ¿Cómo demonios te atreves a pararte en mi casa? ¡Sal ahora mismo antes de que te arranque los ojos!
Tatia Petrova estaba parada con un rostro irritado y con Rebekah sobre ella. Sintió una cachetada horrible en la cara que la hizo caer al suelo.
― ¡Eso es por ser una perra maniática! ―le gritó yendo hacia ella. Se puso de cuclillas frente a ella y le escupió en la cara―. Y eso es por aparecerte frente a mí cuando una vez te advertí que no lo hicieras.
Elijah y Klaus estaban tan conmocionados por ver a Tatia que ni siquiera hicieron nada por defenderla y vieron con los ojos como platos como Rebekah la agredía.
Volteó a verlos con ojos de loca. ―Si ustedes no echan a esta zorra de la casa, juro que vendré y le daré un tiro en la cabeza ―Klaus y Elijah se quedaron serios mientras que Rebekah salía de ahí enojada y Kol la seguía un poco perturbado por haber visto a su hermana actuar de esa manera.
Tatia ya se había parado y acomodado sus ropas, se había limpiado la cara y había puesto una bonita sonrisa falsa.
―Los he extrañado tanto ―sonrió y se acercó hasta ellos.
Solo Klaus retrocedió.
― ¿Qué haces aquí, Tatia? ―preguntó Elijah con mucha paciencia.
Ella sonrió con mucha ligereza y se acercó más y más a él. Pareciera que lo que Rebekah le había hecho jamás hubiese pasado y el cinismo que esa mujer se cargaba hizo que los dos hermanos sintieran más asco de lo que su hermana sintió al verla.
―Recuerdo haberte dicho cuando hablamos por teléfono que los extrañaba a ambos. ¿Qué no puedo regresar a ver a mis hombres? ―preguntó juguetonamente mordiéndose un labio y sonriendo.
―Sal de esta casa, Tatia ―habló Klaus retrocediendo todavía más―. O me veré obligado a considerar seriamente lo que mi hermana acaba de decir.
Tatia hizo un puchero con su nariz y sonrió.
―Oh, vamos, vamos Niklaus ―dijo ella moviendo un dedo de un lado a otro―, ambos sabemos que nunca podrías hacer eso. ¿Qué no me amas más?
―Te pido que te retires de mi casa ―vociferó Elijah fuertemente haciéndola saltar un poco.
Su rostro se arrugó en una mueca de claro desagrado y se arregló su largo cabello nuez.
―De acuerdo, me iré. Pero estaré en contacto con ustedes.
Les sonrió por última vez e hizo resonar sus tacones altos y caros hasta llegar a la puerta y ser despachada por un sirviente.
Klaus y Elijah se quedaron plasmados frente a la puerta. Ninguno sabía que decir y el silencio reino por más de un minuto.
―No puedo lidiar con esa mujer en estos momentos ―dijo Klaus.
― ¿Se supone que yo lo tengo que hacer? ―preguntó Elijah volteando y viéndole.
Klaus lo miró con melancolía.
―Tú la amaste, Elijah. Yo no lo hice.
Elijah tragó en seco. De una forma u otra sabía que eso era verdad aunque Klaus nunca hubiera dicho lo contrario o eso mismo.
―Tampoco deseo lidiar con ella. No estoy interesado en ella.
―Entonces házselo saber lo más pronto posible porque la próxima vez que la vea le haré saber que yo no deseo nada con ella.
Klaus se fue de ahí dejando a Elijah solo y con sus pensamientos torturándole la cabeza y el corazón. No la amaba, de eso estaba seguro, no deseaba nada con ella. Tatia había mostrado su verdadero ser y no era una siquiera buena compañía. Ahora tendría que cerrar ese capítulo de su vida y decirle adiós por completo a la mujer que algún día había reinado su vida.
ntvsm
― ¿Qué es lo que esa mujer quiere en realidad? ―Rebekah se paseaba de un lado a otro frente a Kol quien tomaba un trago de algo café.
Kol se encogió de hombros.
―No lo sé. Probablemente quiera jugar con ellos de nuevo.
― ¿Y lo dices tan tranquilo? ¿Quieres volver a pasar por el infierno que pasamos?
Kol arrugó el ceño.
― ¿Y qué demonios quieres que nosotros hagamos? Esos dos no entienden de razones cuando se trata de esa mujer.
―La mataré ―dijo pensando en las formas de hacerlo―. Lo juro.
Kol se echó a reír.
―Y luego ellos te mataran a ti ―aventó una mano al aire―. No hagas nada, Klaus esta embobado con Caroline y Elijah ya tiene otra conquista, parece serio.
Rebekah levantó una ceja.
― ¿Quién es ella?
Kol se volvió a encoger de hombros. La verdad no le importaba mucho la vida de sus hermanos, no tenía cabeza para preocuparse por los ridículos asuntos amorosos de sus hermanos. Además, con sus propios problemas tenia.
―No lo sé.
Rebekah resopló.
―Lo investigaré yo misma ―empezó a caminar fuera de la sala pero Kol se paró rápido y la tomó del brazo.
―Necesitas dejar de meterte en los asuntos de esos dos, Bekah. No te hace ningún bien.
Rebekah rodó sus ojos cual adolescente.
―No saben escoger chicas, Kol. Son más tontos que tú, se enamoran de mujeres malas y terminan hechos un lio y de paso nos llevan a nosotros en sus embrollos de mala muerte.
―Te pido que no te entrometas más ―le advirtió de nuevo.
Ella entrecerró su mirada y suspiró.
―De acuerdo. No me entrometeré, solo los vigilaré.
Kol sonrió como canalla y Rebekah rodó sus ojos para soltarse de su agarre y salir de ahí, dejando a Kol con Bonnie Bennett en la cabeza.
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Caroline no sabía qué hacer, no sabía si hablar con Klaus era lo correcto o no. ¿Qué tal si fingía que no había escuchado nada ayer? Podría decir algo así como: ¿De qué hablas? La verdad es que estaba muy borracha ayer… ya sabes como soy yo. Y después reírse como tonta… podría funcionar. Pero no, no sería lo mismo, no vería a Klaus igual que como solía hacerlo, no podría hacerlo.
No llevaban ni un mes de conocerse y ella ya sentía algo por él que en un principio no se había permitido sentir; un cariño que empezaba a crecer y que quería parar por el bien de ella. Se recordaba a menudo que él era un amigo que también era un cliente, y aunque esa idea le estaba pareciendo más ridícula cada que se la pensaba, era una excusa tonta para no caer en las redes de ese hombre que ahora pasaba a ser peligroso y poderoso frente a sus ojos.
Ahora tenía un poder que le aterraba por todo lo que él era; Niklaus había pasado a ser el ser más noble y correcto, a ser un asesino y un mentiroso en su mente. Pero no quería que fuera así, estaba enojada y había llorado tanto después de que su mamá había dejado su habitación. Se había encerrado en el baño y había abierto la regadera para sentarse, desnuda, confundida, traicionada y sin saber qué hacer.
Pero no era para tanto, le había dicho su Caroline interior, no era para tanto porque a pesar de que ellos habían acordado ser amigos, no acordaron decirse todos sus secretos y mucho menos hablar de cosas tan personales después de conocerse de semanas. Así que se trató de tranquilizar un poco y las lágrimas lograron cesar mientras que se convencía de que las cosas no estaban tan mal.
Y ahora no sabía qué hacer y ni siquiera sabía si iba a ser capaz de pararse frente a Klaus, no después de que todo eso le recordara por lo que ella había pasado un día. Las imágenes y los recuerdos revolotearon en su cabeza haciéndola hundir la cabeza bajo la almohada y quedarse ahí por un buen rato. No era para nada fácil ser Caroline Forbes, no había sido fácil a los tres años, tampoco a los diez, mucho menos a los dieciséis y no ahora a sus casi diecinueve.
Recordaba vagamente los pocos momentos felices pero no había muchos y lo único que había eran memorias desagradables. Le asustó el hecho de que con Klaus las cosas serían iguales. Y ahora las cosas estaban peor que antes; ella lo había besado, lo había recordado entre llanto y llanto. Recordaba haberse derretido ahí dentro y que no le había importado en lo más mínimo todas esas excusas que ella se ponía para no interesarse en Klaus como más que un amigo. Lloró, lloró y después se cacheteó porque se estaba comportando como una mocosa y se había prometido no llorar en mucho tiempo, y más sin embargo, ahora lo estaba haciendo por un hombre.
Tenía que hablar con él, era ahora o nunca. No podía dejar de hablarle y mucho menos cuando habían negocios de por medio y tendrían que hablar por necesidades del trabajo, no sería profesional y para nada maduro. No tenía diez años para comportarse como una niñita malcriada a pesar de todo lo que había pasado la noche anterior y de como él le había ocultado algo tan grande.
Tomó su celular y marcó su nombre. Estaba nerviosa, carajo estaba muy nerviosa. El tono no sonó ni dos veces cuando él contestó la llamada y la asustó con su acento británico.
― ¿Caroline?
Ella tragó en seco.
―….uhm, ¿Klaus? ¿Podemos hablar?
El silencio reinó por momentos.
―Claro que sí, cariño. ¿Dónde?
― ¿En mi casa? ―su madre ya se había ido y Daniel estaba jugando con su amigo Alex en la casa de los vecinos―. Mi mamá no está y en realidad necesitamos… aclarar varias cosas.
Hubo otro momento incomodo de silencio.
―Claro, dame una hora y estaré ahí.
Caroline asintió y después se mordió el labio.
―Si… es decir, claro ―titubeó como una tonta.
―Bien, te veré en una hora.
―Si…
Caroline cortó la llamada y tomó aire como si no hubiese respirado en toda la conversación. Estaba bien, todo iba a estar bien.
…
Una hora después, Klaus estaba parado frente a la puerta Forbes debatiéndose en si debía estar ahí o si debía de huir. Pero no podía huir de ella, no de Caroline. Pudo haber estado ahí en el momento en que ella marcó su celular pero él mismo tenía que pensarse todo por un rato para saber qué era lo que le iba a decir a Caroline. Nunca había compartido ese secreto con nadie, esa era su vida secreta, una vida de la cual solo el mundo de los maleantes conocía. No era algo que pudiese ir gritando a los cuatro vientos y no era algo de lo que se sintiera orgulloso. Mikael los había orillado a todo eso, esa vida llena de sangre y de dolor había sido producto de las ganas de su madre de querer protegerlos y había funcionado a pesar de toda la sangre derramada. Pensó que tal vez y solo tal vez, Caroline comprendiese aquello.
Pinchó el timbre dos veces y esperó a que la puerta se abriera.
Caroline apareció ante él con un conjunto de pijamas largas y con el cabello recogido en un moño alto. Aun así, se veía hermosa y él no pudo evitar cambiar su rostro para que no se notara la cara de embobado que se le había formado.
―Hola Klaus, pasa ―se hizo a un lado para dejarle entrar y él entró asintiendo con la cabeza―. Vayamos a la sala. ¿Quieres algo de tomar?
Caminó delante de él y se dio cuenta de la parquedad en la que Caroline lo trataba, que a pesar de que hablarían acerca de algo importante y escandalizador, ella le ofrecía bebidas y le hablaba con amabilidad.
―No, estoy bien. Gracias.
Ella asintió y lo guio hasta la sala.
―Bien, hablemos. Creo que es necesario después de todo lo que pasó ayer ―dijo ella indicándole para que se sentara.
Klaus se sentó pero ella permaneció de pie. Lo observó con los ojos entrecerrados y puso ambas manos en su cadera. Su rostro se transformó en uno de enojo y él abrió sus ojos sabiendo que algo malo se avecinaba.
― ¿Cómo pretendiste ser algo que no eras? ―dijo ella muy enojada―. ¿Jamás me ibas a contar nada de esto? Bueno, yo entiendo que soy una extraña pero pudiste haberme advertido, no lo sé. –dijo como una niña pequeña que a quien se le agotaban las excusas. En realidad no tenía por qué exigirle nada de eso a Klaus y ella lo sabía.
Él tragó en seco, estaba enojada porque él no había compartido su secreto con ella.
―No lo entiendes, Caroline, lo que te conté fue algo serio. Mi profesión no es un juego de niños y no quería involucrarte para nada.
― ¿Involucrarme? ¡Involucrarme! ―rio aventando sus brazos al aire y pareciendo loca―. Me involucraste el día que me empezaste a llamar cariño ―le apuntó con un dedo acusador―. Me involucraste el día que me dijiste que me considerabas una amiga. Me involucraste cuando empezaste a verme de esa forma.
Él levantó una ceja.
―Oh vamos, Klaus, sabes de lo que hablo. No te puedes hacer el tonto conmigo, no conmigo. No conmigo porque es a mí a quien me has dirigido todas esas miradas y todas esas palabras. Y es conmigo con quien te besaste ayer ―dijo de nuevo acusándolo con ese tono de voz que se había vuelto mordaz y que a él le asustaba y prendía al mismo tiempo.
―Lo recuerdas ―dijo él desviando su mirada.
Ella volvió a reír.
―Lo recuerdo. Así como recuerdo todo lo que me dijiste y como golpeaste a Tyler y le dijiste que yo era tuya. ¿Qué demonios te sucede? Y ahora me dices que no querías involucrarme pero tú eres el que me ha dicho que pasar tiempo conmigo te agrada y que quisieras llegar a conocerme más. ¿Qué es lo que pasa por tu cabeza? ¿Estás entiendo la magnitud de todo esto? ¿Comprendes que tus palabras no tienen sentido?
Él suspiró y se tocó el puente de la nariz para después pasar a apretarlo. Klaus Mikaelson no tenía paciencia. Niklaus Mikaelson era un hombre de poca paciencia, que no estaba acostumbrado a que nadie le reclamara cosas y no explotar ante ello. Pero era Caroline, no podía gritarle, no podía salir de ahí enojado y no podía perder el control frente a ella.
―Comprendo todo. Lo entiendo, cariño.
―No me llames cariño ―dijo ella con casi desdén y cruzando sus brazos como una niña caprichosa.
Él sonrió apenas no queriendo que ella se enojara más.
―Caroline ―habló y ella se dignó a verlo―. Entiendo que te he involucrado de más en mi vida y que estuvo mal de mi parte.
Ella parpadeó varias veces y sintió algo en su pecho.
― ¿Lo estuvo? ―dijo viéndolo a los ojos con mucha intensidad.
―No de la manera en la que tú piensas; tú me agradas, Caroline. Has influenciado mucho en mi vida personal aunque no lo sepas ni te hayas percatado de ello, eres una chica excepcional y en realidad me agrada ser parte de tu vida. Quiero llegar a conocerte más, quiero ser tu amigo y quiero pasar tiempo contigo ―guardó silencio y ella se sentó frente a él en la mesita de café―. Pero cometí un gran error al involucrarte en mi vida… no me arrepiento ―murmuró haciendo que ella sonriera poco y bajara su guardia―. Pero haberme involucrado contigo no era parte del plan, y por más que crea que esto está bien, no lo está. Mi vida corre peligro y no tengo amigos porque sus vidas correrían peligro.
―Y no te sabes abrir a la gente… ―susurró ella bajito haciéndole sonreír.
―Y no me se abrir a la gente ―asintió―. No quiero que tu vida corra peligro por tener un amigo como yo; un criminal, un asesino, un maleante..
Ella bajó su mirada y se retorció las manos desesperadamente.
―No digas eso… ―volvió a susurrar incomoda.
―Pero es lo que soy, Caroline. Ese soy yo.
Ella negó de nuevo con su cabeza.
―No, no lo eres. No lo digas, no lo quiero escuchar.
Se sentía cada vez más atrapada dentro de una caja oscura y pequeña. No quería imaginarse a Klaus haciendo nada de todo lo que su mente le había hecho imaginarse, no quería imaginárselo siendo malo y matando gente.
Su cabeza bajó más y él tomó su mentón para obligarla a verlo. Ella lo vio con temor.
―No me veas así, Caroline ―le rogó―. Tienes que aceptar lo que soy ―ella negó una y otra vez con sus ojos cerrados y lágrimas empezaron a caer haciéndole sentir mal.
―No, por favor no me pidas eso ―sollozó―. No me pidas que te vea como un asesino porque no lo eres ―se tapó el rostro con ambas manos para que no la viera llorar, no él, no el hombre que la había visto como una mujer de verdad.
―Lo soy, mírame ―levantó su rostro de nuevo y ella destapó su cara para verlo, aún seguía siendo el Klaus lindo y amable y no aquello que él estaba a punto de decir: ―. Soy un asesino, Caroline. No merezco tu amistad, no merezco tu compañía. Ni siquiera merezco tu atención.
Ella lo vio, su rostro estaba golpeado y su ojo derecho casi no estaba abierto. Le acarició la mejilla y el rostro una vez más como lo había hecho la noche anterior y el cerró sus ojos sintiendo el dolor de sus lágrimas y de sus manos.
― ¿Y porque eres tan bueno conmigo? ¿Por qué no puedo imaginarme eso que tú dices ser?
Él sonrió apenas.
―Porque tú eres luz, Caroline. Soy otro hombre cuando me encuentro frente a ti, tú me conviertes en una mejor versión de mí mismo ―ella soltó otras cuantas lágrimas y bajó su mirada aun con sus manos en su rostro―. Tú me haces bien.
― ¿Quieres que dejemos de ser amigos? ―preguntó ella con una voz quebrada―. ¿Quieres que no hablemos nunca más? Porque yo no puedo hacer eso, Klaus ―cerró sus ojos―. Tú también me haces bien ―rio tristemente―. Me has aceptado aun con mis fases de neurótica y me tratas como a una dama…
―Eres una dama, Caroline ―interrumpió él con un tono de voz suave―. No quiero dejarte de hablar, no quiero dejar de ser tu amigo tampoco.
Ella bajó sus manos después de haber sentido su barba rasposa y su piel suave y se frotó las manos nerviosamente.
―Pero crees que es lo correcto.
Él guardó silencio.
―Es necesario, por tu bien.
―Yo estoy bien ―dijo casi desesperada, viéndolo con esos ojos azules llorosos y rojos―. No me alejes de ti, Klaus… eres la primera persona… eres el primero que no me ve como si fuera una loca, una tonta, una chica fácil o cosas peores... me has hecho apreciarte y he aprendido mucho de ti. Por favor no me pidas que me aleje de ti ―sollozó de nuevo―. Eres el único ―dijo simple como si Klaus supiera de qué era el único.
― ¿El único que? ―preguntó buscando su rostro.
Sus sollozos le dolían en el alma y verla así no era nada más que desgarrador.
―No lo entenderías ―dijo parándose de ahí―. Creo que ni siquiera yo lo hago ―empezó a dar pasos alrededor de la mesita de café.
―Explícamelo, tratare de entender.
Ella sonrió un poco, irónicamente.
―No, no lo harás. Creerás que soy una chica desesperada o algo peor.
―Nunca podría creer eso de ti, cariño.
Ella volvió a sonreír, esta vez suavemente.
― ¿Qué es lo que no entiendo? ―pidió de nuevo.
Ella se quedó en silencio y después se sentó frente a él de nuevo. Lo vio a los ojos y pronunció palabras mágicas para Klaus.
―Creo que me gustas, Klaus. No, no lo creo, lo sé.
