Este capítulo ha sido publicado anteriormente y ahora esta siendo re-publicado. Desde acá les pido que se relean el fic ya que he cambiado varias cosas... disculpen las molestias, las amo mucho! En los capítulos nuevos daré gracias a las chicas que estuvieron pendientes y que pusieron en favoritos y alerta a mi historia en mi ausencia, sobretodo, a aquellas lectoras que me dejaron reviews y me mandaron PM's suplicándome que actualizara.
Gracias a todas y nos vemos en los capítulos nuevos!
Gracias a: Evelin M, BarbieRamos11, Gissbella De Salvatore, Nath 3, Tepyta, Leticia Ariadna, julymartiinez, Jess, Priscilla, Agus, Juliza, Sol, Ale, Danae, Sabri, Isabel, Sofi. Carmen cullen93, Katielone, RachelMikaelson, psiren3101, annacleo123.
*¡Gracias especiales a Nath y Sabri por sus palabras tan bonitas!
**¡Animo a las chicas que no tienen cuenta a que se hagan una! Muchas me firman como invitadas y estaría súper padre que se hicieran una cuenta. Es súper fácil, practico y cómodo ya que pueden agregar todas sus historias a favoritos, pueden saber cuándo se actualizan las historias, además de que pueden mantener conversaciones con los autores y participar en foros!
Nos leemos!
25.
―Oh, vamos di algo ―Caroline se retorció las manos―. No soy la única que se siente así ―pero el no dijo nada―. ¿Cierto…? ―se mordió los labios.
Klaus no podía con aquello; se sentía culpable, se sentía eufórico y se sentía vivo y a la vez atrapado en un mar de cuchillas. Caroline no podía estar interesado en él, no ella. Era él el que la veía más allá que una amiga, se suponía que él era el de los sentimientos, las miradas furtivas y las sonrisas que ella causaba en él que lo volvían un tonto enamorado.
―Bueno, ¿sabes qué? Olvida que dije todo, volvamos a ser amigos y todos felices ―habló con una sonrisa nerviosa.
Él puso toda su atención en ella.
― ¿Qué? No. Discúlpame, es solo que… todo esto me tomó por sorpresa.
Ella arrugó el ceño.
― ¿Enserio? ―preguntó apenas―. ¿Entonces no he sido obvia?
Klaus casi sonríe, pero su estupefacción no le dejó hacerlo por completo.
―No mucho… aun así no esperaba una declaración.
Caroline suspiró y se dejó caer en el sofá a un lado de él.
―Bien, ¿y ahora qué? ―resopló.
Klaus se quedó en su misma posición, no volteó a verla y no se movió para nada. Se quedó viendo a la nada… ¿Y ahora qué? resonó en su mente.
―No lo sé ―respondió ausente.
Caroline levantó una ceja.
―Olvidémoslo ―repitió. Pero esta vez fue casi un susurro que hizo a Klaus voltear a verla. Ella lo miró con sus ojitos azules―. Por todo lo que tú me has dicho, por mi seguridad… por la tuya, por-
―También me gustas, Caroline ―la interrumpió él―. Aunque eso ha sido más que obvio todo este tiempo ―Caroline apenas sonrió y se mordió los labios―. ¿Recuerdas esa tarde que te invité a comer? ―Caroline asintió―. ¿Recuerdas haberte disculpado por haber arruinado las cosas entre nosotros? ―ella asintió de nuevo, sonrojándose―. No lo hiciste, no arruinaste nada… si algo hiciste, fue calmar el sentimiento sórdido que pensaba solo habitaba en mi interior. No llegué a creer que tú pudieses tener ese tipo de sentimientos por mí, jamás me permití albergar tales esperanzas.
Ella le tomó la mano y se la acarició despacito.
―Eres un buen hombre, Klaus… mereces esto y mucho más –le vio a los ojos, ojos que hospedaban miles de esperanzas, esperanzas y sueños que solo Caroline Forbes podía hospedar en su ser, en su mirada, en su sonrisa y en sus palabras.
Él no pudo decir nada ya que ella le besó al momento de terminar, un beso casto, corto y divino para él.
― ¿Crees que sea prudente empezar a tratarnos como algo más? ―susurró apenada y abriendo sus ojos para toparse con los suyos plata.
La vio dibujar figuras en el torso de su mano y tomó su mano deteniéndola suavemente.
―No lo creo prudente.
Ella asintió despacito.
―Entonces…
―Pero podríamos intentarlo.
Ella lo vio.
― ¿Enserio? ―preguntó irradiando alegría.
Él sonrió.
―No creo poder actuar natural después de todo esto.
―Si tampoco yo… ―sonrió ella, bajando su mirada de nuevo―. No creo que a mamá le agrade esto. Como que te odia…
Klaus rio.
―Prometí a tu madre que te protegería por sobre todas las cosas.
― ¿Hiciste eso? ―preguntó sorprendida. El asintió―. ¿Por qué?
― ¿Y porque no iba de hacerlo, Caroline? Me gustas y arriesgaría mucho por ti.
Ella se quedó de piedra. No sabía que Klaus gustaba de ella de esa forma; pensaba que solo era una mera atracción, no algo como para jurar y arriesgar.
― ¿Por qué…?
―Te lo he dicho antes, encanto. Soy un mejor hombre a tu lado ―le sonrió―. Eres una luz que no he encontrado en nadie ni en nada más. Y dudo que exista otra luz como la tuya.
Ella se mordió los labios y le abrazó impulsivamente haciendo que Klaus fuese aplastado contra el sofá y riendo acariciara su cabellera.
―Eres tierno y dulce cuando quieres ser ―le susurró al oído haciéndole tener un escalofrío―. Creo que es por eso que me gustas ―se separó de él y tomó su rostro entre sus manos―… porque un día eres callado, no sabes cómo actuar y eres rudo y después… eres tierno y me dices cosas dulces como que soy tu luz o cosas cursi de ese tipo ―soltó una risita.
Él besó su frente.
―Eres especial, Caroline.
―No lo soy… ―negó suspirando y viendo su pecho―. Pero me gusta que me lo digas ―le sonrió―. Me hace sentir especial de verdad.
El arrugó el ceño.
―No vuelvas a decir algo como eso, Caroline ―le reprendió―. Eres especial y no puede haber discusión acerca del tema.
Ella sonrió al verlo enojado y molesto.
―Vamos, no arrugues el ceño de esa forma ―dijo peinando sus cejas para relajarlo, él cerró sus ojos apenas y sonrió―. Te harás viejo y feo dentro de muy poco si sigues arrugando la cara cada que te enojas y haces un coraje.
El rio.
―Vamos, ¿has comido ya?
Ella negó.
― ¿Quieres ordenar algo? ―preguntó de nuevo.
Ella se lo pensó un segundo y asintió al instante.
―Comida coreana ―sonrió emocionada.
Klaus rio con ganas y dejó que Caroline le diera el número de la comida coreana y le dijera que pedir.
― ¿Y qué es esto? ―preguntó Klaus examinando unas rodajitas amarillas que sabían dulces.
―Es rábano, pruébalo con la comida. ¡Es delicioso! ―ella empezó a comer como un pequeño cerdito y Klaus se mofó de ella en privado―. Vamos, ¿qué esperas? Come de una buena vez ―dijo comiendo con la boca llena haciendo que Klaus estallara en risas y Caroline se le quedara viendo con una ceja levantada―. ¿Pasa algo?
El dejó de reír y carraspeó un poco.
―Eres adorable.
Ella cerró el entrecejo y se sonrojó pareciendo una niña pequeña.
―Cállate y come ―ordenó viendo su comida directamente.
Entre una plática tranquila y miradas furtivas, Klaus y Caroline disfrutaron de la comida y de la compañía mutua. Era agradable platicar como ellos lo hacían y ahora era todavía más especial después de todo lo que había pasado. Por fin, ella había aceptado sus sentimientos y él no podía estar más feliz. Aunque preocupado, sabía que Caroline a su lado era más feliz a pesar de que su vida corriese peligro. Trataría de mantener un perfil bajo para no alertar a nadie; ni siquiera su familia podría saber de eso, se lo prohibirían a pesar de ser ya un hombre mayor. Los Mikaelson trabajaban en familia y las acciones malas o buenas de uno de sus integrantes, cobraban ganancias en todos por igual. Klaus no se podía arriesgar a perder millones de dólares, euros y demás y tampoco en arruinar misiones y lo más importante, poner la vida de su familia o de Caroline en peligro. Todo conllevaba a consecuencias fuertes, graves y para nada agradables. Por el bien de su familia y de Caroline, debía llevar las cosas por debajo del agua, al menos por ahora.
―Y cuéntame… ―dijo Caroline mientras limpiaba la mesa de su cocina―. ¿Cómo es tu trabajo? ―preguntó sin verle.
Klaus tragó en seco y después carraspeó.
―Mi empresa es…
―No ese trabajo, Klaus ―le cortó ella sin elevar su voz o sonar molesta―. Tu otro trabajo... ―susurró.
El suspiró viéndola limpiar la mesa.
― ¿Qué quieres saber?
―Solo… que es lo que sientes ―le observó profundamente haciendo que él se quedara quieto viéndola.
― ¿Qué es lo que… siento? ―preguntó apenas sintiendo su corazón latir a mil por hora.
Nadie más podía provocar aquello, nadie más que ella. Nadie más pudo haber preguntado eso y por eso se encontró en un momento de estupefacción masivo al cual Caroline tuvo pánico.
―Es… muy pronto para esas preguntas, ¿cierto? ―rio nerviosamente―. Déjalo, podemos hablar de otra cosa. Ayer en la fiesta vi a-
―Satisfacción ―respondió interrumpiéndola.
Ella puso atención de inmediato y dejó de pasar el trapito por la mesa. No dijo nada, vio a Klaus quien no la veía y escondía su mirada sobre algo en la cocina.
―Placer.
Ella se mordió el labio y bajó su mirada. Tal vez ella no estaba preparada para eso.
―Eres… ¿sádico?
Klaus rio un poco a pesar de las circunstancias.
―No por opción propia, te he dicho que me encargo de personas malas…
―Personas malas como… ¿ladrones? ―preguntó curiosamente.
El negó.
―Psicópatas, querida. Gente enferma que hace dinero a expensas de los demás y de su sufrimiento. Violadores, contrabandistas de órganos humanos, de mujeres, niños…
Ella tragó en seco y sintió recorrer un escalofrío por toda su espalda hasta llegar a la planta de sus pies.
―Entonces te agrada acabar con esas personas porque son malas.
Klaus asintió.
―Es por el simple placer de destruirles después de ellos haber destruido tantas vidas ―volteó a verla―. Tus oídos son muy puros para estas pláticas, cariño. No deberías estar escuchando nada de esto.
―No… está bien… ―susurró apenas.
La palabra violadores resonó en su mente y se recargó sobre su refrigerador observando a la nada.
― ¿Y qué les haces a esas personas? ―preguntó sin verlo―. ¿Cómo matas a un violador? ―él la vio cauteloso―. Por decir un ejemplo ―corrigió de inmediato.
―No podría hablar tales cosas delante de ti, eres una dama y son platicas fuertes y horrorosas.
Ella no dijo nada y terminó por asentir.
― ¿Tu familia sabe?
Klaus negó de inmediato.
―No.
Ella asintió de nuevo, ausente.
― ¿Sientes miedo por ellos? ―preguntó viéndole directamente a los ojos.
Klaus bajó la mirada solo un poco.
―Todo el tiempo ―confesó.
―No podría imaginar… ―meneó su cabeza, sonrió vagamente―. ¿Te duele? ―preguntó señalando su rostro.
Él se quedó intrigado con lo que ella podría decir, pero no dijo nada más y siguió el hilo de su conversación.
―No mucho.
―Espero que estés sano y saludable para el baile ―le dijo volviendo a ser la Caroline controladora y mandona que era. Klaus sonrió ante eso―. Lo siento… ―se disculpó sonrojándose― vaya, a veces puedo ser demasiado impertinente. Agradezco que sigas siendo mi amigo a pesar de eso ―le sonrió con sinceridad.
―No digas ni una palabra más. Y claro que estaré listo para el baile.
Ella asintió.
― ¿Estas emocionado? ―preguntó―. ¡Porque yo si lo estoy! ―exclamó sonriendo como una niña pequeña―. No puedo esperar por supervisar todo y verte vestido en esmoqu- ―se interrumpió y se tapó la boca de inmediato abriendo sus ojos como una loca maniática.
Klaus la vio sorprendido unos segundos para después sonreír como el lobo que era. Ella se sonrojó aún más y le dio la espalda fingiendo hacer algo en la barra.
― ¿Qué decías, cariño?
Ella gruñó incoherencias.
―Que no puedo esperar ―dijo para no volver a decir nada que la delatara.
Él sonrió de nuevo pero no dijo nada más viendo que Caroline estaba lo suficientemente avergonzada por tener una boca demasiado ansiosa.
―No estoy tan emocionado ―dijo respondiendo su pregunta.
― ¿Por qué? ―volteó a verle.
Se encogió de hombros.
―La vida empresarial no es muy divertida que digamos. Los empresarios pueden llegar a tener una vida monótona y hasta aburrida. No saben hablar más que negocios y no hay muchos empresarios jóvenes.
―Ah, ya veo. Bueno, será solo una noche y después estarás libre ―le sonrió.
Hubo un silencio en donde los dos pensaron cosas diferentes y ella se sentó de nuevo frente a él en la pequeña barrita de la cocina.
―Caroline… ¿considerarías ser mi acompañante al baile de bienvenida?
Caroline se sonrojó casi al instante y bajó su mirada. Ahora era todavía más penoso que él le hablara de esa forma o la invitara a citas. Sus pequeñas confesiones la habían puesto ansiosa, deseosa y queriendo más de todo lo que Klaus pudiese ofrecerle. Creyó que ser su acompañante a un baile tan importante como ese, iba a ser algo grande y que estaría en boca de todos.
―Yo… claro, me encantaría… pero no estaría mucho tiempo contigo… ―se mordió el labio inferior.
El asintió.
―Entiendo. Pero no podría pedírselo a nadie más, deseo que estés a mi lado.
Caroline pudo lanzar un suspiro de seis metros de profundidad, pero no lo hizo. Klaus siempre había sido así aunque antes no le hubiese prestado demasiada atención. Siempre había sido un tipo encantador que atrapaba a cualquiera con sus palabras, modales y forma de ser.
―Trataré de estarlo ―le sonrió―. Asignaré un equipo de comunicación con los empleados. Será más fácil de esa forma y así podré estar contigo y organizar todo al mismo tiempo. Será perfecto ―le dijo sonriendo y asintiendo para ella misma.
Klaus sonrió. Era bueno tener de vuelta a la Caroline llena de luz que le hacía ser un Klaus menos Klaus.
*Deja un Review para que Klaus te invite a su baile.
