Gracias a: Justana97, Hope Elizabeth Mikaelson, BloodAngel1991, tiffanypastrana, naymar-Ilovenutella, Ridy-Klaroline, Naty de Mikaelson, KLAROLINE 4EVER, SAJKlarolineIS15.
Lectoras hermosas, lo siento tanto. Salí de vacaciones con todas las ganas del mundo y luego… puff, se fueron u.u Mi inspiración se largó a sabrá dónde y cómo que ahorita en la madrugada decidió volver. Ya, ya, ya viene el baile. En el próximo capítulo veremos el baile y otra sorpresa que me MUERO por escribir, de verdad creo que lo empiezo ahora mismo. Bueno, espero muchos comentarios y cositas bonita, tomatazos si quieren… Ah, y quiero agradecer en especial a Justana97 por haberse leído TODA la historia en DOS DÍAS! Oye! Los capítulos no son nada cortos y tú te comiste mi historia muy rápido, gracias por tus bonitos comentarios, espero que pueda seguir gustándote la historia. También muchas gracias a las chicas regulares y a aquellas que aunque me leen no me dejan review. Las amo y espero que sigan leyéndome, que para mí es un placer tenerlas de lectoras.
32.
Faltaba muy poco para el baile de los Mikaelson y Caroline Forbes lo sabía tan bien como sabía que aquel vestido que Klaus Mikaelson le había mandado a la puerta de su casa, era más caro que todo su guardarropa junto. ¿Qué demonios le sucedía a ese hombre gastando semejante fortuna en ella?
― ¿Por qué me has mandado un vestido tan caro? ―preguntó cuándo le hubo marcado a su celular.
Cadi pudo sentir la sonrisa macabra de Klaus al otro lado de la línea.
―Porque te lo mereces, cariño.
Caroline bufó.
―No me puedes conquistar con vestidos costosos.
― ¿Quién dijo que trato de conquistarte?
―Ugh, que inmaduro…
―Ya estás conquistada, Caroline Forbes.
Ella murmuró un tonto y colgó la llamada, dejando a Klaus riendo como un verdadero tonto enamorado.
―Tomo por hecho que estabas hablando con la señorita Forbes ―dijo Elijah entrando al estudio de Klaus, en el que últimamente pasaba sus tardes pintando y dibujando a Caroline, no que sus hermanos tuvieran que saber.
―Así es… ¿Dónde dejaste a la chica Pierce? Sé que la investigaste… y que tienes un capricho con ella ―le echó una miradita divertida.
Elijah carraspeó y se arregló el traje costoso que traía puesto.
―No tengo tal cosa con la señorita Pierce, no digas sandeces, Niklaus.
―Claro que sí, vimos como la veías en el Grill ―dijo Kol entrando.
― ¿Por qué mi estudio tiene que ser el punto de reunión? ―preguntó Klaus, irritado.
―Porque es divertido verte molesto ―se encogió Rebekah, entrando detrás de Kol.
― ¿A qué hora tenemos que ir por Henrik? ―interrumpió Elijah.
―Caroline dijo que lo traería a más tardar las once de la noche ―dijo Klaus, dibujando en su libreta.
―Hm… algo me dice que Nik está especialmente feliz de que nuestro pequeño hermanito pase tiempo con el hermanito de su novia.
―Caroline no es mi novia.
―Tomato, potato… ―canturreó Kol, encogiéndose de hombros.
―De todas formas… ¿Qué le ves a esa rubia? ―murmuró Rebekah con molestia, aun sin terminar de aceptar aquello, Caroline de verdad no le caía del todo bien.
Klaus sonrió apenas, por el falso desinterés de Rebekah al verse las uñas y no verlo a la cara.
― ¡Ja! ¡Lo sabía! ―exclamó Kol arrebatando el cuaderno de bocetos a Klaus―. ¡Solo tienes dibujada a Caroline! ―se burló como un niño pequeño, caminando de ahí a allá con Klaus por detrás.
― ¡¿Qué!? ―gritó Rebekah―. ¡Soy tu hermana! ¡Me debes dibujar a mí! ―dijo yendo tras Kol para ver el cuaderno también.
― ¡Denme eso! ―gritó Klaus corriendo.
Elijah rodó los ojos, suspiró y salió de ahí.
NTVSM
―Se la han pasado todo el día ahí, ¿puedes creerlo? Creo que Daniel nunca se había reído tanto ―dijo Caroline, sorprendida de escuchar las carcajadas salir de la habitación de su hermano.
Liz sonrió, pero la sonrisa no llegó a sus ojos y Caroline lo sabía.
―Se lo que estás pensando…
―Cariñ―
―No, mamá, escúchame, Klaus es una gran persona, de verdad que lo es… no culpes a un niño de trece años por tener a un hermano que se dedica a lo que se dedica…, mira cómo se está divirtiendo Daniel.
Liz, aun con el rostro lleno de inseguridad, suspiró y terminó por darle una sonrisa a su hija.
― ¡Mamá! ¿Henrik se puede quedar a dormir? ―gritó Daniel desde las escaleras.
Liz vio a Caroline por unos segundos quien le sonrió con muchas ganas, rodó los ojos y le sonrió también.
― ¡Esta bien! ¡Pero hablaré con su madre primero! ―gritó desde abajo.
― ¡De acuerdo!
Caroline hizo como que no escuchó aquello y siguió sacando cosas del refrigerador para hacerles de cenar a los chicos. Liz se excusó un momento notando a Caroline distraída y salió al porche a hacer la llamada a la matriarca Mikaelson. Caroline, siendo Caroline, no pudo evitar pegar su oreja a la puerta.
―Si… soy la sheriff Forbes ―habló su madre―. Daniel quiere que Henrik se quede a dormir… ―silencio, ¿Qué le estaría diciendo la madre de Klaus?―. Ya está aquí y se están divirtiendo mucho, no arruine la diversión de los chicos ―Caroline abrió la boca, ¿desde cuándo su mamá hablaba de esa manera con las madres de otros chicos? En otra situación hubiera dicho algo como… entiendo, llevaré a su hijo a casa ahora mismo―. No somos un peligro, ustedes lo son ―murmuró con enojo, Caroline no pudo evitar jadear con sorpresa. ¿Ellos… eran un peligro?―. ¿Cree que yo también estoy feliz con esta situación? Mi hija sale con su hijo, maldita sea, su vida está en peligro. Cada vez que me dice que va a salir con él, pienso en darle una pistola y un chaleco antibalas, no estoy más feliz que usted…
Caroline no pudo escuchar más, tendría que hablar con Klaus al respecto.
…
―Tu madre ha dicho que está bien que te quedes ―le sonrió Liz a Henrik.
―Muchas gracias, sheriff Forbes ―agradeció, haciendo a Liz decirle a Daniel que por que no podía ser más como él.
Daniel se quejó y Caroline observó todo con discreción y sospechas. ¿Sería que la madre de Klaus también estaba metida en eso? ¿Por eso vivían todos juntos?
La cena transcurrió con mucha tranquilidad, Caroline llegó a conocer a Henrik aunque el chico hablara poco. Lo que más le impresionaba era el gran parecido a Klaus, era como una versión adolescente de él, era casi sorprendente de ver. Daniel, quien no dejaba de hablar emocionado, mencionó lo que había pasado pocos días antes en el campo de tiro.
― ¿Lo viste, mamá? ―preguntó Daniel―. ¡Es igual de bueno que yo!
Liz vio a Caroline por el rabillo del ojo.
―Los vi a los dos, cariño. Ahora, terminen su cena porque ya es tarde.
Cuando ambos niños hubieron subido a la habitación de Daniel, Liz y Caroline se quedaron limpiando la cocina.
― ¿Mamá?
― ¿Si?
― ¿Qué piensas acerca de Henrik?
Liz la observó curiosa.
― ¿De qué hablas?
―Ya sabes… es hermano de Klaus, ¿crees que esté en peligro? ―preguntó quedamente.
Liz se guardó sus pensamientos acerca de cómo aquel niño probablemente fuera el más protegido por toda fu familia matones y sonrió a su hija.
―No, cariño. No lo creo.
Caroline asintió y se dedicó a terminar de limpiar todo en silencio. ¿Ellos eran peligrosos? ¿Quiénes? Caroline no podía encontrar una respuesta a aquello. ¿Su madre se refería a Klaus y a su madre? ¿Ellos dos eran criminales? En la mente de Caroline poco cobraba sentido y lo que tenía sentido era loco y bizarro.
― ¿Caroline? ―habló Liz.
― ¿Si?
―Klaus está aquí ―dijo echándole una mirada―. Es tarde cariño, no estén aquí hasta tarde.
Caroline asintió y observó a Liz salir de la cocina. Se lavó las manos y fue hasta la sala donde Klaus esperaba parado, viendo unas fotos familiares que estaban arriba de la chimenea.
― ¿Klaus? ¿Qué haces aquí?
Klaus volteó a verla y sonrió, habían pasado varios días desde la última vez que se habían visto. Caroline seguía ocupada con los últimos detalles del baile y él también. No habían tenido mucho tiempo para hablar y ella solamente le había hablado para reclamarle por aquel vestido costoso.
―Quería verte ―dijo con simpleza.
Caroline aún no se podía acostumbrar a aquello, ni siquiera eran nada aunque él había dicho que podrían intentar algo, de todas formas, aquello se sentía natural aunque no hubiera nada oficial ahí, eso le gustaba.
― ¿En serio? ¿Esa es su excusa, señor Mikaelson? Es tarde… no debería estar en la casa de una dama a estas horas de la noche ―checó su reloj de muñequera y negó reprobatoriamente con la cabeza―. Atrevido.
Klaus rio con ganas.
―Solo quise venir a ver a Henrik… y a ti también.
Caroline rodó los ojos.
―Henrik está bien, ven, vayamos arriba, están en el cuarto de Daniel, podemos espiarlos ―dijo con una sonrisa malvada.
Klaus sonrió y siguió a Caroline escaleras arriba. Pasaron por varias puertas y después llegaron a la de Daniel.
―Están aquí ―dijo pegando su oreja a la puerta―. Se escucha… el videojuego de Daniel, podemos abrir la puerta en silencio ―propuso de nuevo con un rostro de diablilla.
Klaus no pudo evitar sonreír y se acercó más a ella, pegándose para ver también por la ranura de la puerta. Caroline abrió despacito y ambos se quedaron pegados viendo a sus hermanos jugar frente al televisor de Daniel.
― ¡Lo mataste! ¡Si! ―gritó Daniel vitoreando y brincando por todas partes.
Henrik se encogió mientras seguía jugando.
―Mi hermano es raro ―susurró Caroline.
Klaus negó.
―Difiero, mi hermano es raro.
Caroline sonrió.
―Henrik es un buen chico. Mejor que mi hermano… espero que algo se le pegue de él.
Klaus suspiró.
―Vayamos abajo.
Caroline asintió y bajaron a la sala.
― ¿Qué pasa?
―No te lo había dicho pero…
Caroline lo vio con mucha intriga.
― ¿Si…?
Klaus sonrió, haciéndola sonreír en el proceso. Ese hombre tenía ese maldito poder, ya se le había olvidado.
―Me gusta que Henrik se junte con Daniel, le hace falta ser más extrovertido. Es muy solitario.
Caroline le indicó sentarse.
―Ser solitario no tiene nada de malo. Yo siempre fui solitaria.
―¿Tú? ¿Señorita Miss Mystic Falls? ¿Capitana de las porristas? ¿Miembro del comité de la universidad? No lo creo ―se burló haciéndola rodar los ojos.
―Es cierto… siempre estuve en todo eso porque mamá nunca estaba en casa, y Daniel siempre tuvo sus propios amigos y su mundo de niño. Yo siempre estuve sola ―se encogió como si no importara―. No es que me queje… solo digo que no tiene nada de malo.
Klaus entrecerró los ojos.
―No sé por qué no te creo, cariño.
Caroline hizo un puchero con la boca y le indicó que la acompañara a la cocina.
― ¿Quieres algo de tomar? ―preguntó.
―Agua, por favor.
―De todas formas ―continuó Caroline mientras servía el agua― ¿por qué quieres que sea más introvertido? Es amable y un buen chico, no le veo nada de malo. No tiene sentido querer cambiarlo.
Klaus suspiró. De nuevo aquel tema acerca de su familia, primero con Kol, después con Rebekah y ahora con Henrik. Caroline parecía querer hacerlo ver las cosas de otra forma, y aunque quisiera poder ver las cosas a su manera, con su familia era un tema muy diferente. No podía hablar de su familia sin involucrar todo lo que ellos eran.
―Supongo que tienes razón ―se rindió.
Pero Caroline vio aquello y sus sospechas volvieron a crecer más y más en aquella mente sigilosa y suspicaz que se cargaba.
―Klaus… tu mamá y la mía hablaron hace rato, mamá llamó a la tuya para pedirle permiso de que Henrik se quedara a dormir ―dijo, esperando una reacción en el rostro de Klaus, una que nunca llegó―. Y yo… ―se quedó penando, ¿sería bueno decirle? ¿Preguntarle que era aquello que había escuchado? ¿Si tenía algo que ver con su madre? ¿Incluso con toda su familia?
― ¿Tú…?
Caroline negó lentamente con la cabeza.
―Olvídalo ―sonrió apenas.
Klaus negó.
― ¿Qué escuchaste? ―dijo sin pensarlo.
Caroline abrió la boca.
― ¿Cómo sabes…?
Klaus bajó la mirada y se encogió levemente.
―Es… por tu trabajo, ¿cierto? Eres igual de suspicaz que yo ―se burló de aquello, haciendo que Klaus la viera con seriedad―. No me veas así… lo siento, no debí.
Klaus negó de inmediato.
―Procuremos hablar de ello lo menos posible…
Caroline asintió viéndole el rostro, aquellos golpes que había tenido habían desaparecido y apenas y quedaban marcas de colores oscuros. Volvía a ser el hombre guapo y de muy buen parecer que siempre había sido. Se acercó con lentitud a él y pasó su mano por aquella corta y clara barba raposa que se dejaba.
―Me gusta tu barba ―dijo ida en su mandíbula―. Es sexy.
Klaus rio.
―Gracias.
Caroline sonrió apenas, una sonrisa pequeña que dejó deseando mucho a Klaus. Pero cuando estuvo a punto de hablar y preguntarle el mundo, ella habló primero.
―Vamos, es tarde y mamá no quiere que estés aquí a estas horas… nos veremos en unos días ―dijo echándolo y empujándolo despacito fuera de la cocina.
―Vamos, querida… son apenas las once ―dijo reprochando, dejándose llevar por Caroline hasta la puerta principal.
Caroline negó.
―Se un buen chico…
Antes de que Caroline pudiera decir nada más, Klaus la volteó con rapidez y con fuerza la estampó contra la pared.
―Dime todo lo que te preocupe, Caroline ―susurró contra su cara, haciendo que a Caroline se le pusiera la piel de gallina.
― ¿Qué…
―Sé qué piensas de más y que no me lo dices todo.
Ella parpadeó sintiéndose desnuda frente a él.
―Yo…
―Vamos, cariño… puedes preguntarme y decirme lo que quieras, lo sabes ―dijo haciendo un mechón de cabello rubio a un lado.
Caroline vio su pecho como si fuera muy interesante.
―Yo… es decir, no… no pienso de más ―dijo sintiendo su gran mano en su pequeña cintura, ciñéndola a la perfección, todo ahí se sentía demasiado bien y no sabía si aquello le gustaba o no.
Mientras Klaus agarraba a Caroline, pudo notar todas las reacciones de nervios en ella, sintió su pulso acelerarse y sus ojos azules no lo veían, lo evadían y no podía tampoco hablar, apenas y balbuceaba, ni siquiera completando una oración coherente.
―Klaus… tú… ¿me puedes besar? ―susurró viéndolo a los ojos.
Klaus se le quedó viendo como si le hubiera dicho algo en otro idioma, un idioma que él no conocía. Caroline sonrió de inmediato, revolviéndose entre su cuerpo y la puerta.
―Olvídalo, ya vete, es tar―
Klaus la besó, la besó de verdad, un beso lento y profundo, algo que la hizo aferrarse con fuerza al cuerpo masculino de Klaus.
―Cariño… no estás sola ―le susurró cerca de sus labios―, estoy aquí contigo.
Caroline se aferró todavía más a su cuerpo, oliendo la colonia que tanto anhelaba a diario.
―Lo sé. Tampoco tú estás solo, Klaus ―lo miro con seriedad a los ojos―. ¿Lo entiendes? ―la gravedad de aquellas palabras fue tanta que Klaus se quedó sin palabras, perplejo y con el rostro tenso ante aquello―. Yo no quiero dos meses contigo, ni seis, ni un año, Klaus… yo…
Klaus no pudo más y la besó aún con más dureza, con desesperación se aferró a su cuerpo delgado y esbelto, a aquella espalda pequeñita y a aquel cuero cabelludo que tanto había aprendido a anhelar cada que no lo olía. Toda ella era perfecta, aquellas palabras que ella le estaba dedicando eran música para sus oídos.
―No digas más, lo sé ―asintió con ambas manos en su suave rostro.
Ella lo vio con ojos llorosos, con tanta felicidad que pensó podría morir a gusto ahí mismo. Ambos pudieron hacerlo.
