JOHAN WAS A SUCH WONDERFUL NAME, por Lorem Ipsum.
Disclaimer. El manga/anime 'Monster' por Naoki Urasawa no me pertenece.
CAPÍTULO SEGUNDO. Ich bin der abgrund!
Jueves, 13 de mayo de 1999.
«¿Qué será?, ¿qué es? Mientras más grande, menos se logra ver.»
Querido diario, ayer no terminé de contarte del todo la historia que tiene que ver con mi amiga Alicja, y es muy importante que la conozcas. Anoche era muy tarde, ¿sabes? Yo tenía que madrugar. Si me vuelvo a quedar dormido en clase me mandarán al aula de castigo o a un sitio mucho peor: al despacho de la psicóloga, que por lo visto ella es amiga de la gente que trabaja en los servicios sociales. Todo lo que le digo se lo acaba contando a esos tontos preguntones.
En fin, como diría tía Inga, «recapitulemos»:
Tras ese encuentro de lo más raro, Alicja Gniewek se limitó a limpiarse las lágrimas para después no cesar de dibujarme, mirando a menudo hacia mí o, mejor dicho, a mis ojos (el resto de mí le daba exactamente igual). Alicja dibujó frenéticamente mis ojos una docena de veces.
Mi tortura no terminó ahí. Después de dibujar, Alicja pasó el resto de aquella tarde probando mezclas de tonalidades azules con colores pastel y lápices de colores. Sinceramente, hubiera preferido que ella me lanzara desde lo alto del edificio. Yo prefería eso a estar quieto y en silencio durante tanto tiempo, viendo cómo una chica gótica dibujaba y pintaba sin parar.
El término gótico desconocía su significado hasta que Alicja me lo explicó días después de nuestro primer encuentro. Antes de eso, creía que algo gótico estaba relacionado con la arquitectura de las catedrales. Alicja me contó una historia aburrida sobre un grupo de jóvenes londinenses que en los años ochenta decidieron vestirse completamente de negro para ir en contra de la colorida moda de los años setenta. Me habló después de un sinfín de músicos, pintores, poetas y escritores que eran aclamados por la comunidad gótica. Muchos habían muerto a manos de unos tipos llamados Sífilis, Dro-Gas, Sida, Sui y Cidio. Deben ser unos criminales muy peligrosos porque ya los había oído nombrar antes por la tele.
Aquella tarde, cuando conocí a Alicja, supe su nombre. Antes de marcharnos de la azotea nada más empezó a anochecer, le pregunté cómo se llamaba. Recuerdo decir a Tía Inga que la gente educada pregunta por el nombre de la persona que acaba de conocer. Yo siempre he creído ser alguien bastante educado, así que lo hice. Ella me respondió, pero sin tener intención de preguntar por el mío.
Alicja me llama «enano». Es una caca admitirlo pero es cierto que no soy alto. Siempre he sido el chico bajito de la clase, que mide igual que una chica. Es un asco porque nunca me escogen de los primeros cuando juego a baloncesto o fútbol con mis compañeros de clase. Tampoco se me dan bien los deportes...
El caso es que creo que le caí bien a Alicja. Nos encontramos siempre en el mismo lugar, en la azotea. Es nuestro lugar de reunión. Cuando estamos en la azotea Alicja me pide hacer lo mismo del primer día: estar quieto para retratar mis ojos como una auténtica desquiciada. Ella nunca está contenta con el resultado; rompe la mayoría de los dibujos que ha hecho de mis ojos. Cuando pregunto por qué hace eso, Alicja me responde que no consigue plasmar el matiz de azul idóneo; que ese no era su color, ni tampoco el mío. Nunca he entendido a qué se refería con eso.
Por esa razón Alicja se pasa el tiempo estudiando el color de mis ojos con detenimiento, pero también me da la impresión de que ella se queda pensativa como si estuviera recordando algo o, más bien, a alguien.
Alicja Gniewek es mayor que yo. Tiene quince años aunque aparenta tener más edad, como de unos diecisiete. Ella tiene más aspecto de mujercita que de niña. A mí me pasa lo contrario: aparento tener menos edad. Quizá esto se deba a mi baja estatura, que no me ayuda en absoluto. No sé cuál será el motivo por el que los padres de Alicja, los Gniewek se mudaron con ella a este barrio tan feo o en qué otro lugar de Múnich habían vivido antes de llegar aquí. Alicja se niega a hablar sobre su pasado. No es habladora y, cuando abre la boca para decir algo, ella gana toda mi atención.
Yo intento romper el hielo con ella contándole adivinanzas. Para mi sorpresa, Alicja sabe la respuesta de la mayoría de las adivinanzas que sé. Sin embargo, la habilidad de Alicja es el dibujo. Sabe dibujar tan bien que me sorprende y me hace pensar en lo terrible que soy yo en clase de artes plásticas. Eso sí: reconozco que no me gustan los dibujos de Alicja, me resultan tan deprimentes como el color de su ropa.
Aparte de mis ojos, lo que más dibuja Alicja son angelitos tristes. Estos aparecen dibujados en el suelo, agazapados, llenos de heridas y con las alas destrozadas. Cada angelito lleva escrito su nombre en alguna parte del cuerpo (en brazos, vientre, piernas, rostro...) como si fuera una especie de cicatriz. Alrededor de los angelitos salen de la tierra gusanos que se enroscan y se deslizan hasta el punto de dar mucho asco. Estos angelitos parecen tan reales, con rostros tristes tan expresivos, que parecen retratos de niños vivos.
Mamá y tía Inga no conocen a Alicja. Yo no las he hablado de ella ni de las pequeñas charlas que tenemos en la azotea. Por su apariencia física, mucha gente podría pensar que Alicja no es una buena compañía. Creo que muchos estarían equivocados con ella por la impresión hosca y fría que transmite, al igual que con los perros de la raza rottweiler. La gente dice que estos perros se comen a los niños. Tía Inga tenía uno que se llamaba Popanz. Siempre me lamía la cara hasta dejármela pringosa de baba y me dejaba montarlo como si fuera un poni. Lástima que Popanz murió de viejo ya hace algunos años.
Hay cosas que sé de Alicja. Por ejemplo, a ella le gusta escuchar un nuevo tipo de música muy ruidosa, en donde los cantantes gritan con la voz desgarrada. No sabría definirlo mejor, pero es como si esos cantantes tuvieran un demonio dentro.
Un día, Alicja trajo un radiocasete con esa música puesta y a mí personalmente me dio un poco de miedo. Alicja llama a esta música Electro Industrial. La mayoria de estas canciones habla sobre el vacío. Si te soy sincero, querido diario, yo no las comprendo muy bien. Hay una canción en concreto que a Alicja le gusta mucho y suele cantar el estribillo, incluso sin música. Dice así:
Ich stehe vor dem Abgrund. (Estoy ante el abismo.)
Nein, ich bin der Abgrund. (No, yo soy el abismo.)
Ich bin der Abgrund! (¡Soy el abismo!)
Ich füttere Dunkelheit! (¡Me alimento de oscuridad!)
Yo, por ejemplo, prefiero la música clásica porque es agradable, bonita y, sobre todo, no me da miedo.
Aún hay más que debes saber sobre Alicja: sus padres son extranjeros venidos de Polonia. Los Gniewek decidieron vivir en Múnich años después de que el Muro cayó. Cuando supe esto, le pregunté si hablaba polaco y me dijo que sí, para después pasar la hora siguiente contándome que el polaco es un idioma muy complejo, que el alemán es difícil pero que no tiene las palabras adecuadas para referirse a cosas demasiado específicas, y bla, bla bla, hasta que yo bostecé durante un minuto seguido, ella captó la indirecta y dejó de hablar. Sin embargo, al día siguiente comenzó a caer una débil lluvia y yo pensé que Alicja tenía razón. Hay demasiados tipos de lluvia específicos y, sin embargo, llamamos a todos lluvia por igual. Hay un tipo de lluvia que tiene el aspecto de agujas de coser, otro que parece estar hecho con escupitajos, y otro que recuerda a las motas de polvo.
A propósito, ayer también estuve con Alicja en la azotea. Yo ya la estaba esperando cuando la vi asomar por la puerta, al atardecer. Ella había traído consigo un espejo de bolsillo no más grande que una mano y de forma redondeada. Me lo entregó cuando me senté a su lado.
―¿Qué ves? ―Alicja me preguntó sin más.
Me acerqué el espejo y observé al niño reflejado en él.
―¿Una... persona? ―respondí con una pregunta estúpida, después de dejar de mirarme en su espejo.
Me sentía torpe e inseguro; torpe porque no conseguía comprender el motivo de tal pregunta; y segundo, porque Alicja había sido quien había iniciado la conversación cuando normalmente era yo quien lo hacía. Ella me arrebató el espejo en respuesta con la mano derecha, se lo acercó al rostro y comenzó a retratarse usando la mano izquierda. Alicja es ambidiestra.
―Enano, ¿sabes que existen dos tipos de personas?
Me quedé en silencio, mirándola con atención. Ella seguía dibujando sin parar.
―Existen los elegidos y los gusanos ―explicó, de pronto.
Elegidos y gusanos.
―¿Por qué hay personas que son como gusanos?
Eso fue lo primero que se me pasó por la cabeza preguntar. Alicja de repente dejó de mover el lápiz y alzó los ojos hacia mí con tanta rapidez como dos flechas disparadas en dirección a una diana. Podía verla desde un ángulo diferente a través del espejo, de modo que mantuve la mirada fija en el reflejo en vez de en su cara porque sus ojos oscuros me estaban provocando una sensación extraña en el estómago.
―No es culpa tuya que tu madre te diera a luz ―dijo.
Ella dibujó de nuevo. El lápiz se movía sobre el papel con una soltura endiablada.
―Pero ¿por qué hay personas que son como gusanos? ―insistí.
En mi cabeza creé la imagen de mí mismo y, al lado, la de un gusano. No encontré ninguna similitud. A diferencia de los humanos, los gusanos parecen dedos alargados sin uñas que reptan y viven en lugares sucios o bajo tierra. Buaj.
―Porque son estúpidas ―repuso Alicja, que volvió a mirarse al espejo y sin permitir que yo siguiera recreando más imágenes de gusanos en mi imaginación.
―No lo entiendo, Alicja. ¿En qué sentido son estúpidas?
Ella volvió el espejo hacia mí y me miró de nuevo. Tenía el semblante irritado.
―Mírate bien, enano. Tú tienes un cuerpo, pero seguramente lo echarás a perder por culpa de todo lo que puedes llegar a hacer con él en cuanto te conviertas en un adulto, como ocurre con el resto de las personas que son como gusanos. ―Alicja hizo una pausa dejando atrás su enfado inicial―. Veamos... Te lo explicaré mejor para que lo entiendas. Es lo mismo que regalarle un Ferrari a un niño pequeño. Permitir que un crío de cinco años conduzca un coche deportivo es una idea terrible, ¿cierto? Alguien debe intervenir e impedir que provoque un desastre. Si el elegido interviene, el niño no se convertirá en un adulto corrupto; en un estúpido y asqueroso gusano.
―¿Eso quiere decir que los elegidos protegen a las personas?
Alicja pareció indignada al escuchar mi pregunta.
―Bueno, en cierta manera sí ―me respondió Alicja.
―Vamos, dime, Alicja. ¿Cómo ayudan los elegidos?
Entonces Alicja suspiró y me dedicó su mirada de «eres un estúpido». Es la de cuando sonríe sin sentirlo, con solo la mitad de la boca y sus ojos se vuelven pequeños y duros entre tanta sombra oscura y rímel de pestañas, negando con la cabeza como si yo la hubiese decepcionado.
Es esa mirada la que me provoca un nudo en el estómago y hace latir más deprisa mi corazón, porque en el fondo sé que soy un estúpido. Puedo acostumbrarme al rechazo de los niños de clase por no vestir con ropas bonitas y nuevas, por no tener tantos juguetes, o incluso por no tener una familia normal como la de muchos de ellos. Puedo aceptar todo ese rechazo sin afectarme tanto como ellos quisieran, pero no quiero que por nada del mundo Alicja me rechace. No quiero perder a la única persona que estaba comenzando a considerar amiga mía.
―Los elegidos os ayudamos a ver más allá de la gran mentira.
Parpadeé, incrédulo. Según sus palabras, Alicja me estaba dando a entender que ella no era un gusano sino que era un elegido.
―¿Qué gran mentira es esa?
―¿En serio me lo preguntas? Escucha, enano, ¿cómo puede la gente sonreírle todavía a esta vida? ¿Acaso nadie ve lo absurda... y lo cruel que es?
Se hizo un largo silencio. Entonces ella cambió rápidamente el gesto y sonrió, esta vez de verdad, con dulzura.
―Ven mañana a esta hora, jugaremos a algo que me enseñó una persona muy especial. ―Alicja se levantó, se dirigió a la salida y dijo sin mirarme―: Así podremos comprobar si eres un elegido o un gusano.
Su voz era muy suave y agradable. Yo me limité a sonreír de pura emoción. Alicja volvió la cabeza hacia mí antes de desaparecer por la puerta.
―Te prometo que será un juego muy divertido. ¡El mejor juego que haya existido jamás! ―El entusiasmo repentino y poco común en Alicja consiguió emocionarme como un loco―. Si pierdes contra mí, no te preocupes. No dejaré que te conviertas en un gusano porque, al fin y al cabo, yo soy tu amiga y me preocupo por ti. Soy la única que puede protegerte de este mundo cruel.
No comprendí sus palabras y aun así sentí que todos mis miedos se esfumaban, porque lo que más deseaba en este mundo era tener una amistad que se preocupara por mí.
Un momento..., ¡ya está atardeciendo! Mi habitación ha empezado a llenarse de sombras.
Hablaremos a la noche, querido diario. Ahora iré a jugar con Alicja.
¡Ah!, ¡se me olvidaba! La solución de la adivinanza de hoy es:
La oscuridad.
N.A.: Ahí va otro capítulo. El próximo sí que llegará alrededor de quince días. ¡Gracias por leer :D!
