-¿Por qué no te has puesto finalmente la ropa que te había prestado?-decía Franky.
-Esto… las camisas hawaianas no me quedan tan bien como a ti.-contestaba Zoro diciendo lo primero que le vino a la cabeza.
-No creo que sea eso… Te quedarían súper.- replicaba Franky mientras intentaba desvestir a Zoro.-Vamos, no te resistas.
-¡Franky, estoy bien así!- se quejaba el príncipe.
Entonces la voz de Robin se escuchó desde el salón.
-¿Os habéis perdido ahí dentro?-dijo cansada.
La puerta se abrió al instante, finalmente Zoro consiguió llevar su propia ropa; el mismo jersey y los mismos vaqueros desgastados.
Robin se acercó sin cambiar su expresión y le acomodó el cuello del jersey a Zoro, alisando unos pliegues.
-Venga, vámonos.- dijo entonces.
-Estoy un poco nervioso…-dijo Zoro mirándola.
-No te preocupes chaval, tienes lo que hay que tener para ser uno de Los liberadores.- aportó Franky desde la puerta.
Robin sólo asintió.
Mientras tanto, en el palacio…
-Capitana Tashigi, tengo un encargo especial para ti.- decía el superior de la chica.
-¿De qué se trata, señor?-contestó ella firme.
-Es una orden directa del rey.-empezó a explicar.- Prácticamente todo el reino va a estar informado del secuestro del príncipe, pero su majestad se quedaría más tranquilo si fueras tú a buscarlo personalmente.
Tashigi se alegró de recibir tal noticia. Poder buscar a Zoro, a su querido Zoro libremente y por ella misma la hacía feliz. Sólo de pensar con el reencuentro se emocionaba.
-Naturalmente dispondrás de tu escuadrón, ¿todo entendido?-confirmó él.
-Sí, definitivamente voy a encontrarle.-dijo ella firme.
Cuando Zoro y los demás salieron a la calle, había mucho más alboroto de lo habitual. Se escuchaban rumores y cuchicheos de todas las direcciones.
-¿Qué es lo que pasa hoy?-dijo Franky.
Robin miraba a todos lados sin moverse de su posición, adentrarse en ese mar de gente podía ser peligroso, y más en su actual situación. Zoro en cambio sí se movió, quería ver lo que le pasaba a toda esa gente, hasta que de repente alguien lo señaló.
-¡El príncipe!-decía una señora con un cartel en la mano, sin dejar de temblar por los nervios.- ¡Lo he encontrado!
En el cartel podían verse tres fotografías: la primera era la de él mismo, el príncipe desaparecido, o mejor dicho, secuestrado por…
-No puede ser.- sólo pudo decir él.
En las fotos de a continuación aparecían Robin y Franky como principales sospechosos. ¿Quién podría tener la mente tan retorcida para que se le ocurra tal cosa?
Zoro sin perder un segundo más volvió al lado de sus nuevos amigos y les agarró de la mano, a ambos.
-Tenemos que irnos y ocultarnos, rápido.- dijo él apresurado.
Sin dudar ni un instante, Robin y Franky avanzaron rápidamente entre la multitud.
-Voy a adelantarme para abriros paso.-anunció Franky.-Nos veremos en la base.
Entonces soltó la mano que le había tendido Zoro y tal y como dijo, abrió el paso por donde pasaba.
-¡¿Qué está pasando aquí?!- dijo Robin desorientada.
Zoro no contestó, únicamente apretó la mano de ella con fuerza para no perderla entre la multitud.
Tras unos minutos corriendo sin cesar y avanzando, llegaron a una calle apartada de la avenida principal. No había ni un alma, allí se encontrarían a salvo.
-¿Vas a decirme qué sucede?-decía Robin mientras tomaba aire, todavía de la mano de Zoro.
El príncipe no supo qué decirle en ese momento, teniéndola tan cerca y con tanto que revelar… Pero no era el momento, no podía decirle "Os he mentido, soy el príncipe y os van a ejecutar porque creen que me habéis secuestrado".
-Mmm… Hay carteles… unos carteles que… y fotos…-iba pensando Zoro poniéndose cada vez más tenso.- Robin, os están buscando a Frany y a ti, hay carteles con vuestras fotos…
-Supongo que antes o después esto iba a pasar, tendremos que ir con cuidado, pero anunciarnos con carteles es algo excesivo…-dijo ella sin perder la templanza.
-Es que sois sospechosos de… de haber capturado al príncipe.-dijo finalmente. Lo que no dijo era que el príncipe supuestamente secuestrado era él.
-¿Y para qué querríamos nosotros secuestrar al maldito príncipe ese? Sería inútil, nosotros no buscamos…
-Ya lo sé, Robin.- la cortó él.
Tras unos segundos de reflexión, Robin habló.
-Deberías irte, estás a tiempo.
-Que debería… ¿irme?-se sorprendió él.
-Hay veces que no vale la pena esto. Nosotros sólo intentamos ayudar a la gente que lo necesita realmente. No nos merecemos esto… Yo ya… no…-iba confesando Robin mientras le flojeaban las piernas.
Zoro la sostuvo antes de que llegase al suelo.
-Escúchame Robin. Yo quiero ser de ayuda para vuestra causa. Pase lo que pase no lo olvides nunca, pase lo que pase. ¿Me lo prometes?
-Jack, yo… Échate atrás ahora que puedes. Terminarán yendo tras tu cabeza también, esperarán la mínima oportunidad para inculparte por lo que sea.
-Te he hecho una pregunta.- la cortó Zoro.
-De acuerdo, te lo prometo. Nunca olvidaré que luchas por nuestra causa.-dijo ella.- Sin embargo, puedes ayudar a la gente de otra manera más legal, en serio.
-¡Maldita sea, no pienso dejarte sola en esto!
-No necesito que nadie se haga cargo de mí.
A Zoro empezó a temblarle el cuerpo y hundió la cabeza de Robin en su cuello.
-Suéltame, por favor.- decía impasible Robin, pero no tenía intención de apartarse del espadachín.- Creo que ya te dejé claro que yo no puedo…
-A mí eso me trae sin cuidado.- dijo él tan cerca de Robin que podían escucharse las vibraciones de la garganta al hablar.
-Es suficiente.- dijo ella, apartándose bruscamente del príncipe.- Si sigues con esto no entrarás jamás en Los liberadores, ya te hablé sobre esa norma.
-Entonces si no me uno…-dijo él algo confuso. Empezaba a dudar de si mismo y sus ideales… por una mujer.
-Cállate. No hagas que me arrepiente de darte mi apoyo para ingresar. Además, la norma se aplica tanto como si uno o los dos pertenecen al grupo.
Zoro no decía palabra sin dejar de travesarla con la mirada.
-Olvidemos esto y sigamos, ¿vale?-dijo ella más calmada.
-Sí, de acuerdo… lo siento.
Ella sólo sonrió y avanzó delante de Zoro, subiendo el ritmo de los pasos.
-Debemos faltar sólo nosotros.
El príncipe le siguió el paso sin abrir la boca, con la mirada clavada en sus pasos.
En ese mismo momento, en la misma ciudad, la capitana del escuadrón Tashigi seguía con su búsqueda, y se dirigía a los ciudadanos que se habían aglomerado en cierto punto.
-¿Qué ha pasado aquí?-preguntó a un señor que cargaba una bolsa de papel.
-Parece que alguien ha encontrado al que aparece en el cartel, aunque no estoy seguro, yo acabo de llegar.-dijo este.
-Muchas gracias.- dijo ella inclinando la cabeza y siguiendo hacia adelante.
De pronto vio un corrillo que se había formado alrededor de una señora, que contaba dramáticamente algo. Tashigi se unió.
-Vi al príncipe Zoro con mis propios ojos, no era muy difícil diferenciarlo entre la multitud, pero antes de que pudiera salvarle, los dos secuestradores, los que aparecen en los carteles también, se lo llevaron y corrieron hacia esa dirección-concluyó ella señalando un callejón.
Esa señora sabía perfectamente que nadie se había llevado al príncipe, más bien fue él quien arrastró a esas dos personas, pero también sabía que si lo explicaba así estaría acusando al príncipe de traidor, y todo el peso de la corona caería sobre ella. Al fin y al cabo la conclusión era la misma, o eso pensaba ella.
Tashigi, una vez habiendo escuchando esto, reunió a los miembros de su escuadrón y les habló.
-Vamos a registrar a fondo cada esquina y cada puerta a partir de ese callejón-dijo señalando.- El príncipe está cerca.
Y tras estas palabras, los soldados avanzaron firmes, muy bien organizados.
Tashigi se había tomado esa búsqueda como algo muy personal, y es que para ella lo era. Estaba irremediablemente enamorada de Zoro, y eso la obligaba a preocuparse por él, a pensar en su cara antes de dormirse, en ocupar sus sueños y en visualizar un futuro junto a él.
Sabía que la situación era complicada, ya que él era el príncipe. No había ninguna ley que hablase acerca de que él tuviese que casarse con una chica de la realeza, pero de todas formas veía su amor como algo inalcanzable… Aunque nada estaba escrito, de momento había conseguido ser de las personas más cercanas a Zoro. Eran buenos amigos y podían hablar de cualquier cosa, pero con pensar que todo eso podía acabar por culpa de esos secuestradores… Tashigi estaba decidida a darle su merecido y aprovechar mejor el tiempo con el príncipe una vez lo hayan rescatado. Porque iban a lograrlo.
Cuando regresó en sí, se sumó rápidamente a revisar cada casa y cada rincón también.
Robin ya había conducido a Zoro a su objetivo, con cuidado y precaución para que nadie hubiese notado su presencia. No se les había olvidado que minutos atrás les querían dar caza.
-Es aquí. ¿Preparado?-dijo ella.
Zoro asintió con firmeza. Entonces Robin abrió la puerta que les llevó a una sala con gente. No había mucha, ¿Los liberadores sólo contaban con esos pocos miembros?
La sala tenía pocos muebles, lo que la dejaba bastante espaciosa, y la gente se distribuía por toda ella mientras conversaba no muy ruidosamente.
-¡Por fin habéis llegado!-gritó Franky rompiendo la calma.- Yo acabo de llegar también.
Todos los presenten dirigieron sus miradas hacia la puerta. Robin le hizo un gesto a Zoro para que entrase, y así lo hizo.
Las miradas se acentuaron, al igual que las exclamaciones.
-Este es Jack, y quiere unirse a nuestra causa.- dijo Franky en voz alta.
La gente seguía murmurando, hasta que un hombre delgado y altísimo, con el pelo afro se les acercó. Llevaba algo en su mano.
-¿Qué sucede, Brook?-preguntó Robin desconcertada.
-Esto, no sé cómo decirlo, Robin-san…-dijo él acercándole lo que sujetaba en su mano. Un papel.
No, no era un papel, era un cartel de búsqueda y captura.
Tras unos segundos con la mirada fija en el contenido de ese cartel, Robin pudo articular palabra.
-No entiendo… qué significa… no entiendo… ¿Jack?
-¡Robin, todo esto tiene una explicación!-dijo cogiendo su hombro.
Franky lo miró sorprendido también, no sabía qué pensar.
-Franky, yo…-dijo ahora dirigiéndose a su amigo.
De repente, de entre la multitud se alzó una voz.
-¡Capturadle!
-¡Sí! ¡Quería infiltrarse!
-¡Es un espía!
Todos se abalanzaron sobre Zoro mientras Robin seguía con la mirada en el cartel y Franky sólo podía pestañear.
Entre todos ataron y redujeron a Zoro.
-¿Qué pretendías?-preguntaron.
-Yo sólo quería unirme a vosotros.-contestó él.
-Eres el príncipe, y nos quieres destruir. Tú y toda la corte.
-Yo no decidí ser príncipe, pero sí que he decidido que quería unirme a vuestra causa.-dijo Zoro con frustración.- ¡Maldita sea, yo no puedo elegir eso, no podéis juzgarme en base a eso! ¿Acaso no sois vosotros los que ayudáis a la gente que vive en las calles por ese motivo? ¡Ellos no han podido elegir su vida!
-Tú eres basura en comparación con ellos, principito.-contestaron.
De repente, unas manos surgieron al lado de Zoro y se deshicieron de las cuerdas que le mantenían preso.
-¿Qué haces Robin?-dijo la multitud furiosa.
-Si actúa de manera incorrecta yo me haré responsable.-dijo sólo ella.
Ahora se dirigió hasta el príncipe.
-Por tu culpa nos tienen más en el punto de mira que nunca. Creen que Franky y yo te hemos secuestrado.
-No quería que tuvieseis problemas… Yo sólo quería unirme a vosotros.-se repitió Zoro.
-¿Pero por qué me mentiste?-dijo ahora ella llorando, con los dientes apretados.
-Robin…
-¡Deja de dirigirte a mí como si me conocieras!-estalló ella, y le dio una bofetada.
Zoro sólo se llevó la mano a la mejilla, pero por lo demás permanecía inmóvil.
-Odio las mentiras…-dijo mientras seguía llorando, apoyando su frente contra el pecho de Zoro, dando puñetazos en sus hombros.
-¿Qué haremos con él?-preguntó de repente alguien de la multitud.
-Ya ha visto demasiado. Ya que nos han acusado, que lo hagan con motivos. Matémosle.-dijo otro alguien.
Todos se sumaron a su propuesta con gritos y levantando el puño.
Antes de que pudieran mover un solo músculo, la puerta cayó de una patada.
-¡Es la Muralla!
Tashigi vio la escena que había ante sus ojos, y encontró a Zoro.
-¡Zoro!-dijo apartando a la gente hasta llegar hasta él. También apartó a Robin, aunque no reparó en su presencia. Lo abrazó.
-¿Estás bien?-dijo ella aliviada, acariciando su pelo. –Salgamos de aquí.
