Capítulo 6
-Él no quiere ir con vosotros.- dijo una voz alzándose entre la gente. Era Franky.
Todos se sorprendieron.
-Voy a hacer lo posible para que Jack haga lo que quiera hacer, aunque eso signifique enfrentarme a Los liberadores y a La muralla a la vez.-desafió.
-Franky, ¿qué estás diciendo?-dijeron sus compañeros.
-Digo que este chaval tiene lo que hay que tener para ser un liberador.
-¡Ya basta de trampas!-estalló Tashigi, agarrada a Zoro.- No vais a retener más a Zoro aquí, se vuelve a palacio.
Entonces una mano la agarró del brazo agresivamente.
-Deja que decida él.- era Robin, que había detenido a Tashigi ella misma.
La capitana no se asustó por la fría mirada de Robin.
-No vais a comerle más la cabeza.- dijo ella, y tras una señal, el escuadrón entero irrumpió en la sala, atacando a todo aquél que se les pusiera por delante.
Lo sucedido tras la invasión fue muy confuso y desordenado. Las tropas reales tomaron a los rebeldes por sorpresa, factor casi determinante. Se escucharon gritos, disparos y lamentos.
Entre el gran alboroto, Tashigi seguía agarrada a Zoro.
-Vámonos ya, Zoro.
-Parad…-susurraba él casi sin voz.- Por favor, no…
Tashigi estaba confundida tras ver la reacción del príncipe, ¿estaba ahí por voluntad propia? Todo apuntaba a que así era, pero no podía aceptarlo tan fácilmente. Si Zoro seguía ese camino, su padre buscaría otro sucesor para el trono y renegaría de su propio hijo, convirtiéndose así en un enemigo de la corte, y por lo tanto, también de Tashigi.
Apretó los dientes con fuerza y dio otra orden:
-Capturad a los de los carteles de "Se busca".
Y acto seguido, sin presentar ninguna dificultad, los subordinados de Tashigi atraparon a Robin y Franky, inmovilizándolos.
-Todo es por vuestra culpa.- decía furiosa.- Rezad todo lo que sepáis para cuando os lleve delante del rey.
Al escuchar estas palabras, Zoro volvió en sí, abriendo los ojos de par en par.
-Dejadles ahora mismo.- dijo con autoridad.- Inmediatamente.
Los soldados vacilaron, pero terminaron obedeciendo sus órdenes, después de todo era el príncipe.
-Zoro, ¿qué estás haciendo?-se enfadó Tashigi.
-No, ¿qué estás haciendo tú?- replicó él.- Estás diferente, no sé qué te pasa pero no me gusta nada.
Tashigi enrojeció de rabia, sabía que estaba actuando diferente porque los celos la habían cegado, pero aún así quería hacer que Robin y Franky pagaran por sus actos.
-No dejaré que los dejes al margen, han delinquido.- dijo ella.
-Yo responderé por ellos.- asumió él.-Ahora vamos a casa.
La cogió del brazo y la condujo por delante de todos hasta la puerta. Tras una señal, el resto de subordinados les imitaron y abandonaron el lugar.
-¡Jack! ¡No te vayas!-gritaba Franky.
-No es Jack, es Zoro.- le corrigió Robin, y ahora dirigiéndose a todos dijo.- Asumo la culpa de lo que acaba de pasar aquí, pero lo más importante ahora es movilizarnos y cambiar de lugar. Conocen demasiado acerca de nosotros.
Y tras sus palabras, todos los miembros de Los liberadores se pusieron en marcha a organizar cuanto antes el traslado.
-Oye Robin, yo también tengo la culpa.- le dijo Franky en privado.
-Eso ahora no importa, no te preocupes…
-¿Ya le echas de menos? Porque yo sí…-confesó él.- Quiero que vuelva.
-No podemos fiarnos de él, Franky. Nos ha engañado, a los dos, y yo…
-Pero realmente quería ayudarnos, es un buen hombre, de los que escasean.- afirmó Franky.
A Robin le dolía el pecho con sólo pensar en él. En cómo les había tenido que abandonar, sin despedirse, también asumiendo toda la responsabilidad de ella y su grupo rebelde. Realmente el rey iba a enfurecer, y estaba claro que todo era temporal y que no iban a estar a salvo demasiado tiempo, pero definitivamente iba a echarlo de menos.
-Ponte manos a la obra, Franky. Esta noche iremos a echar un vistazo por si alguien requiere nuestra ayuda.-concluyó ella.
Más tarde, en el salón del trono, se encontraban el rey, Zoro y más apartada en la puerta Tashigi.
-¿Quién te has creído que eres?-decía el rey marcando cada palabra que pronunciaba.- ¿Quién te has creído que eres?
Zoro no contestaba, sólo le miraba desafiante.
-De momento permanecerás en tu habitación encerrado hasta nuevo aviso. En cuento a tus nuevos amigos, por lo que me ha contado Tashigi, estabas muy en sintonía con ellos. Y eso es lo que más me avergüenza. Has protegido a unos sucios ladrones que alteran el orden público, especialmente el hombretón del pelo azul y su compañera, la asesina del demonio esa.
-No te consiento que hables así de ellos.- gruñó él.- No les conoces.
Tras unos segundos de reflexión, el rey siguió.
-Hijo mío, ¿te estás escuchando?-decía el rey burlón, analizando la mirada de su hijo.- En el fondo, como soy muy comprensivo, sólo castigaré a la mujer, la de la primera noche. Con que sirva como ejemplo para el resto de su calaña me basta, y es evidente que sus crímenes son más graves que el del otro.
-¡No le pongas un dedo encima a Robin!- gritó Zoro desesperado. Sabía que su padre hablaba totalmente enserio.
-Veo que he tocado la herida.- dijo el rey satisfecho. -¿Por qué no debería hacerle nada tu amiguita? Responde algo con sentido y me lo pensaré.
-Robin es una buena persona que sólo ayuda a los demás, a los más necesitados, ella no busca matar a nadie. No sería justo…-no le salían más palabras de defensa, tenía que andar con pies de plomo.
-Menos mal, por un momento creía que ibas a decirme que ibas a pedirle la mano o alguna tontería así. Entonces os hubiera tenido que matar a ambos.- aunque esto último lo dijo con sarna, Zoro dudaba que estuviese bromeando.- Lo siento pero no me has convencido. Va a morir.
-¡No puedes… no puedes hacer eso!- gritó Zoro mientras iba a abalanzarse sobre su padre, que seguía impasible sobre su trono.
Tashigi llegó a tiempo y se interpuso entre él y el rey, frenando a Zoro como podía.
-Zoro, no lo empeores.- le susurraba.
-Veo que estás muy nervioso, será mejor que te vayas a tu habitación a pensar un rato, y a empezar a asumir las cosas…- finalizó el rey indicando a Tashigi que se lo llevara.
Varios guardias entraron y cargaron con el príncipe, que dejó su cuerpo muerto, sin dejar de mirar al suelo con los ojos de par en par.
Una vez en su habitación, los guardias dejaron a Zoro y a Tashigi solos.
-Zoro.- dijo ella.- Lo mejor es cortar ese problema de raíz, lo único que puede aportarte esa gente son problemas.
-No puedo creer que seas tú quien lo diga.- dijo Zoro entrando en cólera.- ¡Tashigi!
-¡Deja de actuar como un crío, eres el príncipe!
-Pues si ser príncipe significa esto…
Tashigi no le dejó terminar cuando le abrazó súbitamente.
-Ya basta Zoro.- decía mientras unas pequeñas lágrimas brotaban de sus ojos.- Quedémonos aquí, los dos.
A Zoro le sorprendió la actitud de su amiga.
-Cuando esa mujer sea ejecutada todo habrá terminado, es como si te hubiera embrujado…- decía ella a la altura del cuello de Zoro, hundida en él.
El príncipe no dijo ni una palabra, sólo pudo quedarse estático y a la espera, pero definitivamente tendría que hacer algo para salvar a Robin.
La noche no tardó en caer, y Robin y Franky deambulaban por las calles más recónditas de la ciudad, como acordaron.
-¿Qué vas a hacer?- preguntó Franky.
Sin dejar de andar, ella respondió.
-Dejaré Los liberadores, es lo más sensato, yo no…
-No digas estupideces, ¿por qué deberías dejar el grupo?
-He causado demasiados problemas, y con lo de Zoro ya ha sido demasiado. Realmente me ha afectado más de lo que pensaba.
Robin se sorprendió de sus propias palabras, ¿realmente quería dejar Los liberadores porque se sentía la causante de todos los problemas, o era para ser libre de estar con quien ella quisiera? No pensaba reconocerlo nunca, pero había algo en Zoro que la atrajo irremediablemente. Aunque si lo pensaba mejor, dejar el grupo no le garantizaba poder estar con él, ya que era el príncipe. Lo suyo era imposible.
La voz ronca de Franky la devolvió a la realidad.
-Entonces yo iré contigo.
-¿Tú quieres que estemos ambos fuera de Los liberadores? Ya te lo he dicho muchas veces, sólo somos y seremos amigos.- dijo ella escéptica.
-Jajajaja, no seas tan engreída, Nico Robin. Me gustas mucho, ya lo sabes, pero es por principios. Sin ti el grupo será un desastre.- dijo él.
-No, será un desastre si no estás tú, Franky. Por favor, quédate. Hazlo por mí.
No hubo respuesta, y siguieron caminando lentamente. Proporcionaron a un par de vagabundos algo de comida y algo para abrigarse, pero no toda la noche transcurrió con tranquilidad. A altas horas de la madrugada, algunos guardias que patrullaban la ciudad se toparon con Robin y Franky.
-Mirad quién está aquí, los delincuentes ladrones…- dijeron.
-Maldita sea, vámonos de aquí- dijo Franky sorprendido.
El que parecía el capitán del escuadrón habló.
-Las órdenes más recientes de su majestad indican que debemos dejar de preocuparnos por el grandote del pelo azul.- una vez dicho esto, Franky se sintió aliviado.- En cambio, tenemos indicado capturar a la mujer, Nico Robin. El rey no ha especificado los motivos, pero tiene toda la pinta de ser una ejecución.- concluyó con una sonrisa maliciosa.
Franky y Robin se quedaron paralizados. Sabían que no les iban a dejar en paz tan fácilmente, pero tampoco que llegarían a tal extremo.
-Robin- susurró Franky- Huye de aquí inmediatamente.
-No podemos permitir que huya.- dijo el capitán, que les escuchó- Son órdenes de máxima prioridad, lo que significa que se nos está permitido hacer cualquier cosa.
-¡No podéis impedir que escape!- dijo Franky desesperado.
-Y vosotros no podréis impedir que acabemos con la vida de todo vagabundo que nos encontremos. Sería extremadamente fácil, así que Rabin, entrégate y evita un desastre. Por el bien común. ¿Tú no luchas por eso?
-No queda alternativa…- dijo finalmente Robin.- No huiré. ¡Os pararé los pies aquí mismo!
Franky la miró con una sonrisa.
-Así se habla. Cuenta conmigo, lucharé contigo hasta que no me quede aliento.
-Gracias por todo, Franky.- dijo ella agradecida, sabiendo que esta podría ser su última batalla.
El capitán del escuadrón miró a Robin con rabia, y luego con aceptación.
-Como queráis. Adelante.- dijo haciendo una señal con el brazo.
Una veintena de soldados se adelantaron hacia ellos. Empezaron disparando, haciando que Robin y Franky retrocedieran hacia una pared para cubrirse.
-Cien fleurs. ¡Delphinarium!-dijo Robin, haciendo que una cadena de numerosas manos avanzara por el suelo hasta llegar a los soldados. Las manos consiguieron inmovilizar a algunos de ellos, pero no a la mayoría.- Franky, ahora.
Y entonces Franky colocó su brazo a la altura del pecho y su pucho salió despedido ferozmente gracias a una cadena, noqueando a cuantos guardias pudo.
Los soldados dejaron las ramas de fuego y desenvainaron sus sables, avanzado hacia donde estaban los fugitivos. A Robin le costaba más defenderse a corta distancia, así que se limitaba a esquivar las estocadas y a dejar que Franky le dejara espacio para concentrarse y atacar ella también.
La batalla se iba desarrollando bien, Franky era la defensa, que golpeaba a todo aquel que se acercaba, protegiendo a Robin de los ataques inesperados, mientras ella florecía más manos atacantes, pero no contaron con algo. El capitán del escuadrón, que había desaparecido, apareció por detrás.
Robin advirtió su presencia no lo suficientemente rápido, y el capitán iba a travesarle el pecho con su espada, pero Franky estuvo rápido y la separó del filo, haciendo que el arma se hundiera en su estómago.
-Agh…- sólo dijo él mientras la sangre le salía por la boca.
El capitán retiró su espada del cuerpo de Franky y miró a Robin.
-¿Cuántas muertes innecesarias quieres causar, demonio? Entrégate sin resistencia o le corto el cuello a tu amigo.- dijo él.
Robin cayó arrodillada en el suelo, junto a Franky, mirando cómo tenía dificultades para respirar. Sin perder un segundo se quitó su camisa e hizo un torniquete para detener la hemorragia de su amigo.
-Oye mujer, ¿no me escuchas?- dijo el capitán furioso.
-Sí.- dijo ella, y cuando se aseguró que Franky dejaba de sangrar se levantó.- Vamos.
Con la mirada clavada en el suelo, sin poder expresar nada con su rostro, se levantó y se puso delante del soldado. Éste apuntó con la punta de su espada a la espalda de Robin y la acercó, para asegurarse que no escapaba, pero Robin no iba a dejarse capturar tan fácilmente, ahora mismo tenía que cuidar de Franky, así que silenciosamente, hizo florecer dos manos en los brazos del capitán que la hostigaba y sin vacilar clavó su propia espada en su cuello.
-Sabía que eras una asesina, pero no que tuvieras esa sangre fría.- dijo una voz que le sonaba familiar.
-¿Quién eres?- dijo ella perdiendo los nervios.
La voz avanzó y dejó ver que era Tashigi, que avanzaba desenvainando su espada rápidamente dispuesta a acabar de una vez por todas con Robin.
-Detente Tashigi.- dijo otra voz que ambas reconocieron.
Era Zoro, que había seguido a la capitana hasta llegar ahí. Sabía las órdenes que les había dado su padre a todos los escuadrones, y esa era su oportunidad para encontrar a Robin.
