-¡Zoro, esta mujer acaba de clavar una espada en el cuello de uno de los nuestros!- decía Tashigi.
-¿De los nuestros? No me pongas en el mismo grupo de los que antes habéis herido a Franky- dijo Zoro furioso mientras caminaba hacia Robin.
Entonces se quitó su abrigo y lo puso sobre los hombros de Robin, que iba medio desnuda por haber usado su camisa para tapar la herida de Franky.
-Príncipe Zoro…- decía Tashigi acentuando cada palabra.- Tenemos órdenes directas del rey para acabar con esa mujer que tanto te empeñas en defender, así que por mucho que digas que la dejemos en paz…
-Maldita sea Tashigi, ¡¿se puede saber qué te pasa?! No entiendo porqué estás tan empeñada en ir en mi contra, nunca ha sido así…- gritó Zoro, que inconscientemente tenía agarrada la mano de Robin.
Tashigi explotó.
-¡¿No ves que ella es la culpable de todo?! Te ha engatusado, y no puedo permitirlo.
-Yo no he hecho tal cosa.-dijo Robin fríamente.- Ahora déjate de estupideces y si tienes algo que decirle al hombre que amas díselo cuanto antes. Yo tengo que irme de aquí con Franky, no va a recuperarse solo.
Se soltó suavemente de la mano de Zoro y se dirigió a Franky que seguía inconsciente en el suelo. Robin hizo florecer una decena de brazos que cargaron a su amigo.
-¡No te creas que escaparás tan fácilmente, zorra!- gritó Tashigi abalanzándose sobre ella con la espada en alto.
Pero no impactó en ella, porque chocó con la espada de Zoro.
-Robin, márchate rápido de aquí. Corre.-dijo él.
Robin asintió y se marchó con Franky lo más rápido que pudo, mientras agradecía la ayuda de Zoro en silencio. Curiosamente ya no se sentía enfadada con él ni nada parecido por haberles mentido con anterioridad. Había podido ver a través de él en varias ocasiones y ya no podía engañarse a ella misma, por muy resentida que estuviera con él. No pudo evitar sonreír.
Mientras tanto, Zoro seguía bloqueando las estocadas de Tashigi, que estaba ciega por la rabia.
-Tashigi, déjalo ya.
-¿Por qué me haces esto?
-Esto no tiene nada que ver contigo.- dijo sorprendido Zoro.
-Claro que tiene que ver. Estás ciego… Dime Zoro- dijo ella bajando su espada finalmente.- ¿Por qué defiendes tanto a esa mujer? Dime la verdad, no un alegato sin sentido como el que le diste a tu padre.
Tras unos segundos en silencio, el príncipe se dijo que lo mejor era aclarar las cosas.
-Escapé del castillo por primera vez para encontrar a Robin, porque quería unirme a su causa: ayudar a los que eran tratados con injusticia. La encontré finalmente y durante un tiempo fui uno de ellos, estaba muy feliz. Ella en ningún momento intentó engañarme ni embelesarme, como tú piensas, más bien fue todo lo contrario…- cuando dijo esto, Tashigi gruñó.- Es difícil no enamorarse de alguien como ella, ¿sabes?
En ese momento Tashigi se quedó de piedra.
-Entonces es cierto… pero no puede ser… tú….
-Yo ni siquiera sé qué piensa ella de todo esto, pero me da igual.
-¡No puede darte igual! Eres el príncipe, tienes que…- dijo Tashigi.
-Yo ya no soy nada.- sentenció él.- Hoy ha sido el último día en el que he estado en el castillo. Renuncio.
-Tu padre no te dejará renunciar tan fácilmente.-dijo Tashigi, exponiendo impedimentos que pasaban por su cabeza.
-¿No lo entiendes? No quiero el permiso de mi padre, simplemente me marcho. Se las tendrá que arreglar para buscar otro sucesor.
-No puedes hacerme esto… Zoro…
-No tenemos porque acabar con nuestra amistad, Tashigi, yo te tengo aprecio.- dijo él.
-Eres un idiota. Me he estado conteniendo todo este tiempo porque sabía que sería algo imposible. Tú tenías que casarte con alguna princesa, por eso yo me mantuve al margen contentándome en amarte en silencio. Y ahora me dices que renuncias a todo, por una mujer, que ni siquiera soy yo…
-Lo siento mucho, Tashigi… Pero ya he tomado una decisión.- y lanzándole una última mirada, dio media vuelta dispuesto a marcharse.
-¡El rey sería capaz de movilizar a todo el reino para darte captura, sin importarle si terminas vivo o muerto!- gritó Tashigi.
Zoro sólo sonrió y siguió su camino, dejando atrás a la que fue su gran amiga, arrodillada en la calle sin saber hacia donde ir.
Unos minutos más tarde, Zoro dio con Robin arrastrando a Franky unas calles alejados de allí.
Zoro fue directamente a cargar con Franky para que Robin pudiera descansar.
-Has avanzado más de lo que pensaba teniendo en cuenta el peso de Franky.- dijo Zoro.
-No me subestimes, señor espadachín.- contestó ella mirándolo.- Me alegro que hayas vuelto.
-Yo me alegro que me dejes volver.- respondió Zoro.- Por cierto, ¿dónde vamos?
-Dejaremos al grandullón en la base de Los liberadores, si es que todavía no se han trasladado. El resto se lo dejaremos al doctor.
-Pareces preocupada…- notó Zoro.
-Voy a dejar la asociación, no me hace falta pertenecer a nada para ayudar a los más necesitados. Franky también quería abandonar, pero en este estado será mejor que siga en Los liberadores.
-¿Sin ti no se sentirá algo solo?- preguntó Zoro.
-Puede que un poco- admitió.- Pero también tiene muy buena relación con Brook, uno de los miembros más veteranos. Se las apañará bien.
Robin sabía perfectamente que Franky abandonaría el grupo en cuanto se recuperara, pero ya se vería qué iba a pasar. De momento los únicos que podían prestarle ayuda a un fugitivo como él eran Los liberadores. Robin lo dejaría en buenas manos y después desaparecería.
-Bueno, señor espadachín, ¿tú qué piensas hacer? ¿Volver a palacio cuando se te pase la rabieta?- dijo Robin con sarcasmo.
-También tengo que marcharme de aquí.- dijo él serio.- No voy a ser el príncipe de este lugar.
Ambos se quedaron en silencia hasta que llegaron a la base de Los liberadores, que por suerte para ellos seguían en el mismo lugar.
Cuando se aseguraron que el doctor iba a atender a Franky, Robin anunció que se marchaba.
-Vosotros de momento estáis a salvo, quieren mi cabeza, pero cuando se vuelvan a aburrir volverán tras vosotros, así que id con cuidado. Yo me tengo que ir.- decía ella.
La gente prestaba atención a sus palabras, pero también repararon en la presencia de Zoro. No se habían olvidado del incidente anterior por su culpa.
-Zoro también se marcha de aquí, tranquilos.- les dijo Robin.
-No era mi intención causaros problemas, lo lamento mucho.- se disculpó él.
Los miembros de la asociación asintieron, dando a entender que no tenía que preocuparse más por ello.
-Tened buen viaje. –dijeron como despedida.- Y cuidado…
Tras las despedidas, no del todo emotivas pero sí con respeto, Robin y Zoro abandonaron el lugar.
-¿Tú qué piensas hacer?- le preguntó Robin.
-Ir contigo.- dijo él, extrañándose, ya que creía que era evidente.
-No puedes quedarte conmigo. Si nos relacionan creerán que te he secuestrado o embrujado a algo así. Debes dejarme sola.
-Tú no quieres eso.- dijo él.
-Tú no sabes qué es lo que quiero.
-Ahora que ya no perteneces a ningún grupo…- empezó a decir Zoro mientras se acercaba lentamente a ella.
-No te acerques más, te lo advierto.- pero no sonaba demasiado convincente.
Zoro llegó hasta ella y la abrazó mientras acariciaba su melena.
Ella estaba rígida, con la cabeza recostada encima del hombro de él.
-Es peligroso estar conmigo…- decía ella.
-Deja que la gente elija los peligros que desean correr. Irte solo, estando en orden de arresto también es peligroso.- dijo él susurrando.- Voy a quedarme contigo.
Y entonces Zoro cogió a Robin por los hombros y la apartó ligeramente de él. La miró a la cara, que estaba a punto de quebrarse por las lágrimas. Su boca también temblaba, haciendo un esfuerzo por contener el llanto.
-No llores.- dijo él.
-¿Por quién me tomas?- respondió. -Déjame ir ya.
-¡No seas cabezota, Robin! Iré contigo.- dijo mientras la zarandeaba de los hombros.
Y sin esperarlo, Zoro acercó con rapidez los labios a los de Robin, que no tardaron en corresponder al beso con ansia.
Ahora sus brazos se arropaban mutuamente y sus bocas no dejaban de moverse. Cuando también sus lenguas entraron en contacto, una chispa les electrizó a ambos y sus corazones pronto empezaron a palpitar desmesuradamente.
Les faltaba aire, y cuando se separaron para respirar se miraron a los ojos. Los dos tenían las mejillas encendidas.
Sin dejar de mirarse y sin emitir palabra alguna, Robin cogió a Zoro de las manos y lo condujo rápidamente a su apartamento, que no estaba lejos de allí.
-La última vez que estuvimos aquí te negaste por completo.- observó Zoro.
-La última vez que estuvimos aquí te hacías llamar Jack y no me fiaba nada de ti.- respondió ella.
-¿Y ahora confías en mí?
-Se podría decir que no desconfío tanto como antes.
Y dejaron la charla para otro momento, porque les urgió la necesidad de volver a juntar sus labios con ferocidad.
Era la primera vez que Zoro estaba en una situación así, era un completo inexperto, pero se desenvolvía guiado por sus impulsos, a lo que Robin parecía corresponderle bien.
Empezó a desnudarla, empezando por la cazadora que él mismo le había dejado hace un rato y terminando con su ropa interior, hasta dejarla completamente desnuda frente a él.
Robin no parecía incómoda ni se sentía vulnerable estando así, mientras se rendía a Zoro. Él por su parte la besaba por todo su cuerpo, profundizando en unas zonas más que en otras, y acariciaba sus grandes pechos con suavidad, pellizcando ocasionalmente sus pezones. Cuando lo hacía, ella no podía evitar apretar los labios y emitir un ligero gruñido.
Ahora Robin cogió a Zoro del cuello y lo condujo a su cama. Ahí ya había estado él con anterioridad, pero la compañía era completamente distinta.
Robin empujó a Zoro sobre la cama tan fuerte como pudo, y se sentó encima de su cadera, mientras sin dejar de moverse, besaba su cuello.
No tardó en abrirle la camisa con rapidez pero con precisión, y el su fuerte pecho también se sumo a las caricias y besos de ella. Luego Robin se apartó de encima de él y le quitó los pantalones de un tirón, hasta dejarle desnudo.
Entonces volvió a sentarse encima de él, estando ahora sus sexualidades superficialmente en contacto. Se sintió una excitante humedad, y Zoro condujo su mano hacia la sexualidad de Robin. Ella le imitó y cogió el erecto pene de él con fuerza.
No dejaban de gemir y jadear, sintiendo sus cuerpos más pesados conforme avanzaba el tiempo y sus movimientos. Finalmente Zoro se colocó encima de Robin e se introdujo dentro de ella. Se sentía apretado, y empezó a hacer un movimiento constante de vaivén. Ella le correspondía apretándose contra su cadera y arañando su espalda. Los gemidos subieron el volumen y los movimientos se volvieron más bruscos y acelerados, hasta que ambos llegaron a la cumbre del clímax.
Zoro descargó dentro de ella mientras dejaba caer su frente sobre los pechos de Robin. Ella también estaba exausta, e intentaba volver a respirar con normalidad.
Acarició la cabeza de Zoro con cariño, este se incorporó un poco y la besó con suavidad. Entonces Zoro salió del interior de Robin y volvió a recostarse sobre ella.
-Mañana tenemos que movernos, no podemos seguir aquí.- dijo Robin, rompiendo el silencio.
-¿Eso quiere decir que aceptas mi compañía?- dijo Zoro contento.
-Sólo si me prometes que todas las noches van a ser así.
A lo que Zoro sonrió y rodeó a Robin con sus fuertes brazos.
El orgullo de los dos era demasiado fuerte para dejar que las palabras dieran forma a lo que pensaban, pero eso estaba bien para ellos. No era necesario decir ni confirmar el amor que sentían uno por el otro.
