"¿Por qué huyes?

-No estoy huyendo.

Entonces, ¿a dónde te diriges?

-Al lugar donde pueda terminar con esto de una vez.

Tal lugar no existe por el momento.

-Existirá después de que yo vaya.

Entonces has decidido morir.

-Eso es.

¿Por qué?

-Si están removiendo cielo y tierra para encontrarme lo único que hago es causar problemas a la gente que se acerca a mí.

¿No crees que sea cuestión de tiempo?

-Jamás se cansarán hasta ver mi cabeza sobre una pica.

¿Y qué hay de la gente que te quiere?

-Será un alivio para ellos el deshacerse de mí. Que vuelvan a sus vidas.

No estás siendo honesta contigo misma.

-Ya lo he decidido.

Todavía puedes dar media vuelta."

Tras su conflicto interior, Robin se detuvo en seco. Estaba a escasos metros del palacio para entregarse por voluntad propia. Si iba a morir, lo haría con dignidad.

En otras circunstancias hubiera seguido escapando y escondiéndose indefinidamente, pero ahora no podía hacer tal cosa. No podía arrastrar a Zoro a tal cosa.

Sabía que él la iba a seguir a donde fuera, hasta que se hartara de la situación y abandonase o hasta que se deshiciesen de él por su culpa.

"¿Qué me pasa? Ya lo había decidido…"

Por el momento se retiró a un callejón oscuro que había al lado, necesitaba sentarse y tomar aire. Y sobretodo estar segura de lo que iba a hacer."

Por otra parte, Zoro y Franky empezaron a moverse, y sin saber por dónde empezar, recurrieron a la ayuda de Los liberadores, una vez más.

-No podemos ayudaros más.- dijeron.

No escucharon ni una réplica más. Su trabajo no era el de niñeras, ellos se ocupaban de ayudar a los desfavorecidos que dormían en las calles.

-No hay nada que hacer con ellos, Zoro…- dijo Franky.

-De todas formas no nos daremos por vencido.- dijo él.

-Disculpad…- intervino alguien.

-Oh Brook, ¿qué sucede?- advirtió Franky.

Brook era un miembro de Los liberadores un tanto peculiar, porque era un esqueleto, aunque no sorprendía a nadie. En esos tiempos te podías encontrar lo que sea.

-Voy a ayudaros a encontrar a Robin-san.- dijo.

-¿Lo dices enserio?- se sorprendió Zoro, muy contento.

-Así es. Robin-san es un ejemplo a seguir, y ella lo haría por cualquiera de nosotros.- afirmó Brook.

-¿Pero no te echarán la bronca por esto?- dijo Zoro.

-En absoluto. Actuamos independientemente, chaval.-repuso Franky.- Creí que ya lo sabías. Aquí nadie nos prohíbe nada.

-Es cierto…-se acordó Zoro.

Ahora los tres se pararon a pensar dónde podría haber huido Robin, pero estaban perdidos. Nadie la conocía lo suficientemente como para meterse en su piel, así era ella: un misterio.

Además, el ver carteles de ella colgados por todas las malditas paredes y muros de toda la ciudad les ponía nerviosos. Podían capturarla en cualquier momento, iban a contrarreloj. Y si había escapado de la ciudad, en los alrededores estaría en la misma situación, ya que al ser la voluntad última del rey, se difundiría por todo el reino.

"Ya has decidido qué harás.

-Ya lo tenía decidido.

Así que finalmente vas a acabar con todo.

-Sí. Ya nada me detendrá.

El rey armará un espectáculo contigo.

-Si se le ocurre hacer eso me tragaré la lengua.

No hay lugar para la esperanza, ¿eh?

-En este mundo no hay esperanza para nadie que no nace con ella.

Estás actuando egoístamente.

-¿Egoístamente?

Vas a morir porque quieres poner a salvo a Zoro, pero si mueres la gente dejará de recibir tu constante ayuda.

-Esa gente también podría verse implicada. La noche en la que comenzó todo murieron dos niños inocentes.

Estás poniendo excusas.

-No es así.

¿Y qué piensas? Puede que estos sean tus últimos pensamientos antes de morir.

-Eso espero.

¿Y bien?

-No tengo nada que pensar o que decir. He sido afortunada.

Eres la única que se sentiría afortunada en una situación así.

-Tengo la libertad de cómo morir, algo que no todo el mundo tiene.

¿Solo has sido afortunada por eso?

-Zoro me ha hecho sentir afortunada también.

-¿Quién me lo hubiera dicho? Espero que nos encontremos en otra vida y podamos estar juntos. Vivir en una isla desierta, solo con él, me haría tan feliz.

¿Formar una familia?

-Eso ni se me ocurre, porque es imposible tal y como estamos.

Buena suerte"

Robin entró a palacio totalmente desprotegida. Iba a entregarse sin oponer resistencia, así que iba tranquilamente, con cuatro guardias rodeándola.

En menos de dos minutos llegaron ante el rey.

-No me lo puedo creer.- decía con los ojos abiertos de par en par.

Robin no se molestó ni en mirarle.

-¿Quién ha sido el afortunado de capturarte, mujer?

Robin no respondió. Un guardia habló por ella.

-Nico Robin ha venido por su cuenta, por propia voluntad.

-Vale, podéis retiraros, esta zorra no se atreverá a tocarme un pelo.- anunció el rey a la escolta, que se retiró a sus órdenes.

-Ahora dime la verdad. ¿A qué has venido?

-He venido a terminar con esta absurdez. Si vas a matarme, hazlo ahora.

-¿A qué se debe este repentino cambio?

Robin tampoco contestó a eso.

-¿Y mi hijo qué tal está?- dijo malicioso el rey.

Robin reaccionó ante esto, tal y como el rey había previsto.

-¡¿Qué quieres conseguir con todo esto?!

-La pregunta es ¿qué quieres de mi hijo? Crees que no se ve a la legua porqué has venido. No quieres que Zoro sufra por esto, así que has escapado y aquí estás. Además, eso de decir que me estaba muriendo fue una idea excelente, debería utilizarla más a menudo.

-No entiendo cómo alguien como tú puede ser el padre de Zoro.

-Ahí estamos de acuerdo. Es demasiado blando para ser rey, pero cuando oiga que te capturamos intentando terminar con la vida de su pobre padre moribundo se endurecerá.

-Qué poco conoces a Zoro…

El rey se molestó ante esto.

-¡Guardias!- llamó.

Cuando entraron, el rey ardía de furia.

-Esta mujer se ha atrevido a herirme.- dijo.

Y al instante los guardias aporrearon a Robin hasta hacerla caer al suelo. Cuando empezaron a ver sangre se detuvieron.

-Encerradla ahora mismo y anunciad a todos los habitantes del reino que dentro de tres días ejecutaremos a esta delincuente delante de todos.

-Sí, majestad, ahora mismo.

Robin se retorcía de dolor en el suelo, pero lo que más la hería era que el rey la había humillado, y más que lo iba a hacer.

-No os olvidéis de encadenarla milímetro a milímetro.- ordenó el rey.

Los guardias asintieron y levantaron a Robin por los brazos, llevándosela de ahí a rastras.

El anuncio no tardó en escucharse por toda la capital, y por todo el reino al instante.

Zoro se quedó frío cuando lo oyó. Aunque no le sorprendió del todo, en el fondo temía que Robin hiciese algo así. Franky y Brook tampoco se sorprendieron en exceso.

-¿Qué haremos?- preguntó Brook.

-No lo sé...-dijo Franky.

Zoro no hablaba. Si quería rescatarla tendría que volver a palacio y suplicar por la vida de Robin, aunque acabaría siendo en vano. Su padre no iba a perdonarle la vida solo porque su hijo se lo pidiera.

¿Pero qué más podía hacer? Evidentemente estaba dispuesto a sacrificar su libertad y volver con la cabeza agachada a palacio, y asumir más tarde el cargo de rey. Seguramente terminaría casándose con Tashigi y lucharía contra todo aquel que se opusiese a la corona…

No. Definitivamente no iba a aceptar ese modo de vida. Robin no se había entregado para que él hiciera eso, había decidido morir por su bien, y no iba a desperdiciar el peligro que ella estaba dispuesta a correr, y que de hecho corría en esos momentos.

-No sé qué podemos hacer.- dijo él finalmente, apoyando la cabeza sobre sus manos. Estaba empezando a desesperarse.

-Siento decir esto, sabiendo que se trata de tu padre, Zoro, pero lo único que podemos hacer es entrar por la fuerza a palacio, encontrar a Robin y llevárnosla de allí.- dijo Franky.

-¿Eso no sería muy temerario…?- dijo Brook.- Solo somos tres.

-Es lo único que podemos hacer.- sentenció Zoro.

"No creo que quererla como lo hago me vaya a dar la fuerza necesaria para salvarla sin ningún inconveniente, pero estaría dispuesto a dejarme la vida allí si eso la hace libre" pensó Zoro.

-Además… aunque la podamos rescatar, no descansará hasta verla muerta.- dijo Franky.

-¿Con eso quieres decir que… debemos eliminar al rey?- dijo Brook.

-Eso mismo.- respondió Zoro.- Por muy padre mío que sea, no podemos dejar que alguien como él conduzca un reino tal y como lo está haciendo. No tiene perdón.

-¿Estás seguro de esto?- dijo Franky, preocupado por las contradicciones que podían cruzar la mente de su amigo.

Pero él asintió, muy seguro de sí mismo.

Sin embargo, ellos no eran los únicos que se movilizarían. En una isla no muy lejana de la capital del reino se encontraba una pequeña carabela anclada en el puerto. Era my peculiar, con la cabeza de un carnero de madera en un extremo, e izaban unas banderas piratas.

Alguien subió a ese barco con algo entre las manos.

-Eh, he encontrado esto por todas las paredes de la isla.- decía.

Un grupo de personas le rodearon y vieron qué traía consigo.

Era el cartel de "Se busca" de Nico Robin.

-¡Pero si es una belleza!-exclamó Sanji.

-Y la van a ejecutar por razones injustas, según lo que he oído.- dijo Nami, que era la que portaba el cartel.- Por lo visto ha ayudado de más a la gente afectada por la tiranía del rey y bueno… Ya sabéis lo que pasa.

-Vayamos a ayudarla.- dijo el capitán del barco.

-¡Luffy, es enemiga del reino entero! Nosotros tenemos ya muchos problemas como para…

-Yo estoy con Luffy, Ussop. Tenemos que ser valientes.- dijo el pequeño reno Chopper.

-Creo que empiezo a tener la enfermedad de "no tendríamos que haber visto ese cartel"…- dijo Ussop.

Sanji seguía sin creerse que alguien pudiera ser tan bella, aunque le pasaba muy a menudo

-¡Entonces decidido, vamos a salvarla y haremos que sea una de nuestros nakamas!

-¡Sí!- corearon todos.

Y así, por una casualidad, es como la esperanza de Zoro se vio incrementada notablemente, contando con la ayuda de unos piratas con ganas y fuerza para salvar a Robin, aunque por supuesto, esto ni se lo imaginaban.