Robin se sentía algo insegura. No con ella misma, pero temía alejarse de Zoro y esta vez perderle para siempre. Ahora se sentía feliz, en casa y con el mejor hombre que había sobre la faz de la Tierra.

-Tenía muchas ganas de verte, señor espadachín.- dijo ella con una sonrisa.- Muchas, muchas ganas.

Dicho esto, Robin acomodó a Zoro sobre la cama de blancas sábanas y se colocó encima de él. Exploraba minuciosamente cada rincón del rostro de Zoro con sus dedos. Luego se quedaba parada mirándole a los ojos durante unos segundos y le besaba apasionadamente. Repitió esto un par de veces, acariciando el ritmo de sus caricias cada vez más.

Zoro seguía muy preocupado de su porvenir, por el tema del reino, de su padre y todo lo que seguía, pero se permitió alejarse de esos pensamientos y disfrutar de la compañía y cariño de Robin.

Ella se sentía muy activa y excitada, y sabía que Zoro también, así que esta vez no iba a contenerse. Quitó los pantalones del espadachín con firmeza y entonces masajeó sus testículos con suavidad. Había momentos en los que parecía que los sospesara, pero luego seguía con las caricias. Sin cesar, con la otra mano le quitó la camiseta a Zoro, le gustaba contemplarle sin ropa y a su disposición.

No acostumbraba, pero en esa ocasión le hizo una felación, apasionada y con energía. Empezó a pensar en que estaba fuera de sí, pero no pudo detenerse. Zoro por su parte acariciaba la cabeza de Robin, con espasmos provocados por el placer y algunos gruñidos.

Él no iba a aguantar mucho más si seguían así, así que apartó a Robin de su miembro con suavidad y la acercó a su cara, besándola inmediatamente.

Parecía que Zoro empezaba a llevar la iniciativa, pero Robin no le dejó, y esta vez hizo que Zoro entrara dentro de ella, sentándose sobre él, tumbado todavía. Él tenía los brazos sobre su cabeza mientras Robin entrecruzaba los dedos con los suyos, y empezó a moverse a un buen ritmo, alternando las embestidas y apretando sus manos,

Ninguno de los dos dejaba de jadear, sin apartar la vista de sus ojos, como si apartándola se desvanecerían. Solo por si acaso no perdieron el contacto visual.

-¿Esta es la recompensa de la que me hablabas?- preguntó Zoro con un sobreesfuerzo, ya que estaba casi sin aliento.

-¿Por quién me tomas?- dijo ella bromeando, haciéndose la indignada.- Esto no es ninguna recompensa, solo es lo que te espera el resto de tu vida.- dijo sin vergüenza alguna, sin dejar de moverse.

Zoro empezó a soltar un poco de líquido, indicando que pronto llegaría al clímax. Robin se sentía casi igual que él, pero no pensaba detenerse.

Robin siguió hablando, puede que inconscientemente para atrasar el orgasmo, pero sin detenerse.

-¿Qué quieres como recompensa?- preguntó.

-¿Lo dices enserio?- dijo Zoro incrédulo. Pero no sabía qué pedirle a Robin.

-¿Te basta con mi vida?- pensó ella.- Después de todo es por ti por lo que sigo viva, así que te pertenece.

-Si me das tu vida yo te la devuelvo, es tuya.

-Pero yo quiero que la guardes tú, créeme, señor espadachín, estoy más tranquila así.

A estas confesiones le sucedieron unos gemidos y gritos de placer, por parte de los dos.

Pasaron los minutos y Robin estaba recostada sobre el pecho de Zoro, que respiraba profundamente.

El príncipe no sabía si sincerarse con Robin, no porque no se fiara de ella, solo tenía miedo a cómo reaccionaría, pero ella acababa de entregarle su vida, así que iba a confiar con ella desde ese mismo momento hasta el final.

-Robin, tengo que hacer algo.- dijo finalmente, tras reflexionar.

-¿De qué se trata?- reaccionó ella preocupada. Temía lo que Zoro iba a decir.

-No sé qué hacer con el reino…

Robin no sabía de qué hablaba, pero Zoro recordó que ella no sabía nada de lo ocurrido, así que se lo contó.

-Vinieron unos piratas interesados en salvarte para que te unieras a su tripulación, recuérdame que luego te los presente. Ellos me ayudaron a entrar en el castillo y a luchar contra los guardias. Cuando te encontré maté a mi padre y te saqué de ese lugar.

Robin no dijo palabra alguna, pero desde luego no podía imaginarse a Zoro matando a su padre. Lo que sí recordaba es haberle visto antes de desplomarse y caer inconsciente, después de que el rey intentara hacerse con ella…

-Pero lo más gracioso es que me han reclamado para el trono.- dijo finalmente, lo que le preocupaba realmente.

Robin pensó durante unos instantes.

-Puedes ser el rey justo que necesita este reino, Zoro. La gente necesita a alguien como tú.

-Y yo te necesito a ti, pero si acepto no nos veremos en la vida.

Ella sabía que estaba en lo cierto. Los rumores del asesinato del rey eran inciertos, y se negaban a pensar que había sido su propio hijo el que había manchado sus manos de sangre. Entonces, por descarte la principal sospechosa volvía a ser ella.

No obstante, Robin no iba a ser egoísta, y aunque iba a dolerle, prefería que esa gente tuviera una oportunidad en el mañana gracias a Zoro.

-Ahora que parecía que íbamos a estar juntos…- se lamentó ella.- Mañana me marcharé.

-¡No empieces a pensar eso otra vez, ya estoy cansado!- se enfadó.

Robin le besó.

-Aprovechemos estos momentos como nos merecemos. Prometo que no te heriré cuando me vaya, nada de sangre. Pero tú a cambio tienes que despedirte de mí como es debido, pero definitivamente.

-No puedo aceptar eso…

-No olvides que mi vida es tuya todavía. Cuídala hasta que nos volvamos a encontrar.

La noche y el día se sucedieron rápidamente, y ya estaba todo listo. Zoro estaba de camino a palacio y Robin se encontraba hablando con Luffy y su tripulación, pero esa vez sí se despidieron.

"-¿Nos volveremos a ver?

-Cuando lleguen noticias tuyas esté donde esté, de lo buen rey que eres. Entonces nos volveremos a ver, Zoro."

Iban a echarse mucho de menos, hasta el punto de dolerles físicamente. No habían podido disfrutar de una relación normal y corriente, sin poder estar viéndose más de dos días seguidos sin que alguien se metiera en su camino.

Robin se alegró muchísimo cuando vio el entusiasmo de sus nuevos compañeros al escuchar que era arqueóloga. Por fin iba a serle útil todo su conocimiento.

-Y dime, mi querida Robin-chwan, ¿no te asusta venirte con unos piratas?- dijo Sanji.

Robin se rio durante un largo rato.

-Yo ya he sido pirata hace algunos años, señor cocinero.- dijo ella.

-¡Imposible!- dijo Ussop asustado.

-¿Y por qué no nos suenas de nada?- dijo Luffy con curiosidad.

-Me escondía tras el nombre de Miss All Sunday.- dijo, riéndose todavía.

Por supuesto que todos conocían ese nombre, lo conocían y le temían. La mano derecha de una poderosísima organización pirata que causaba impresión en todo el mar.

-Entonces tendrás muchas historias para contarnos, ¿no?- se entusiasmó Chopper.

Ella sentía debilidad por el pequeño reno, le veía con la ternura de una madre.

-Por supuesto.

Al rato Franky y Brook llegaron, anunciando que iban a unirse a la tripulación también.

-Yo soy carpintero.- dijo Franky.

-¡Y yo músico, yohohoho!- dijo Brook.

Ya les conocían a ambos de la lucha en el castillo, y les iban a aceptar con mucho gusto.

Robin se alegró de verles allí, junto a ella. Empezaba a sentirse entusiasmada por navegar por todo el mundo.

Nami también se alegró mucho de que una chica se uniera a ellos, por fin, y más viendo cómo de tranquila y serena parecía Robin.

Ya todos estaban en el barco, y Robin no apartó la vista del castillo mientras veía el ancla alzarse con pena. Suspiró, y fue hacia donde estaban todos, ya que Luffy les había reunido.

-¿Os acordáis del tipo raro ese del castillo?- anunció el capitán nervioso.

Entonces abrió la puerta de una habitación situada tras él y alguien se dejó ver.

Zoro estaba allí de pie, vestido con unas botas y unos pantalones negros con reflejos verdes, una pañoleta del mismo color atada a su brazo izquierdo y una camiseta de pico blanca. Además se había colocado tres pendientes y de su cintura también colgaban tres espadas. Desde luego pinta de rey no tenía.

Robin no pudo creerse lo que veía, pero Zoro se acercó a ella y la tomó de la mano.

-Tranquila, todo está bien, ellos no saben quién soy realmente, y Franky y Brook no dirán nada.- le dijo en voz baja.

Ella no articuló palabra.

-¡Bueno, preséntate!- dijo Luffy entusiasmado.

-Ya me conocéis, no le veo sentido… Pero en fin, soy Zoro y soy espadachín. Un placer.

-No sé porqué no me cae bien.- murmuró Sanji.

Como era lo habitual cuando alguna novedad se les acercaba, celebraron la integración de los nuevos miembros entre comida y cerveza, pero en un descuido, Robin cogió a Zoro por el brazo y lo llevó lejos de los oídos del resto.

-¿Qué ha pasado?- dijo nerviosa.

-He nombrado a un digno sucesor.- dijo él tranquilamente.- Creo que Tashigi sabrá reinar de una manera justa.

Robin había conocido a Tashigi, pero no dijo nada.

-Muchos se oponían, pero mi decisión ha sido firme y ahora ella va a ser la reina. La conozco y sé que todo irá bien.- siguió explicando Zoro.

Robin no quiso pensar más en el tema, pero confió en él, lo hacía ciegamente, y si decía que todo iba a ir bien, así sería.

-Estoy muy contenta de verte.- dijo finalmente abrazándole con cariño.

El resto de piratas les vieron, y Sanji se decepcionó muchísimo, ninguno de ellos sabían el tipo de relación que les unía, pero ahora ya estaba claro.

-Pero parece que este es el precio que tenemos que pagar para estar juntos.- dijo Zoro.

-Ser pirata no es tan duro, el mar es muy vasto y esconde muchas cosas, pero realmente tendremos tiempo para estar juntos.

-¿Y qué hay del peligro?- apuntó el espadachín.

-No me preocupa. Si por separado nos las hemos podido arreglar, juntos seremos imparables. Además de la ayuda de nuestros nuevos compañeros.- dijo ella tranquila.

-No me creo que todo vaya a estar bien.

-Pues más te vale creerlo, porque no olvides que sigues teniendo mi vida, así que no vaciles, porque si tú caes yo también lo haré.

A Zoro se le hacía extraño que alguien le dijese algo como eso, pero si iba a estar con Robin, con su Robin, tendría que empezar a acostumbrarse.

No se desprendieron del abrazo en un buen rato, y tampoco hablaron más. Solo se mantenían ahí, apoyados en la pared, bajo la curiosa mirada de la tripulación.

Al fin y al cabo, todo terminó bien. Pudieron luchar valientemente contra las injusticias y en el camino se encontraron uno al otro, el complemento que les acompañaría para el resto de sus días por el mar.