Summary: Algo reticente, China cogió las flores sin soltar la mano de Rusia. Estaba claro que eran girasoles, pero… ¿Rojos? Los ojos marrones del chino buscaron los violetas orbes de Iván, interrogantes, pero se detuvieron cuando vio que éste miraba sus manos enlazadas con una mueca de dolor en su rostro. Ahora que se fijaba, había algo extraño en el tacto de la mano de Rusia.

Pareja(s): Iván x Yao // Rusia x China. Y nada más.

Advertencia(s): Mmm... ¿Más sangre? ¿Un Rusia [más] inestable?

Disclaimer: No, todavía no poseo Hetalia. Pero mi plan va viento en popa...


China frunció el ceño y le agarró la mano que sostenía las flores para hacerlo parar.

- ¡Ya basta, aru! ¿Para qué has venido?

- Quería traerte un regalo, Yao. ¡Un regalo muy bonito!

Algo reticente, China cogió las flores sin soltar la mano de Rusia. Estaba claro que eran girasoles, pero… ¿Rojos? Los ojos marrones del chino buscaron los violetas orbes de Iván, interrogantes, pero se detuvieron cuando vio que éste miraba sus manos enlazadas con una mueca de dolor en su rostro. Ahora que se fijaba, había algo extraño en el tacto de la mano de Rusia. Estaba cálida… Y también húmeda. Por fin se decidió a mirar la mano que sostenía entre las suyas, pero en la penumbra de la entrada sólo pudo notar que algo oscuro la cubría. Iván intentó retirar la mano para que Yao no la viera, pero éste no le dejó y tiró de ella a su vez, haciendo que el rubio soltase un quejido por lo bajo.

- ¿Qué tienes ahí, aru? – Ante un "nada" que no le convenció en absoluto por parte del otro, China volvió a preguntar, tirando de Rusia hacia el interior de su casa, donde había más luz.

Tras unos minutos de forcejeo, Iván se dejó llevar hacia dentro y observó cómo los ojos de Yao se abrían con horror ante la visión de su mano mutilada por los múltiples cortes que la cubrían. De nuevo China buscó la mirada de Rusia, que se la devolvió con la expresión que tendría un niño que acababa de ser pillado en medio de una travesura. Mitad culpabilidad y mitad diversión se reflejaban en su infantil sonrisa.

- R-Rusia… ¿Qué es esto, aru? ¿Cómo te lo has hecho?

- Yo quería llevarle a Yao un girasol, pero para que le gustase más pensé en hacerlo rojo porque a Yao le gusta el color rojo, ¿da? ¡Y el rojo de la sangre es muy bonito! – Una pequeña risita salió de los labios de Rusia, una que hizo que a China le entrasen náuseas. ¿A qué venía aquello? No era normal que alguien llegase a tales extremos para hacer un regalo, Rusia no estaba bien de la cabeza.

- Tengo que curarte eso, aru. Ven a- – Yao se detuvo en seco al ver que Japón asomaba la cabeza por la puerta del salón en el que previamente habían estado celebrando el año nuevo. Las palabras se habían congelado en sus labios, y ahora miraba con miedo a Rusia.

- Pryvet, Kiku. Schastlivogo Novogo Goda. – Kiku esbozó una forzada sonrisa y volvió al interior con sus hermanos, iniciándose en el momento en que cerró la puerta tras de sí un rumor de conversaciones que muy probablemente trataban sobre la inesperada visita.

Iván entonces siguió a Yao hasta la cocina, donde el asiático lo dejó mientras iba a buscar su botiquín. Rusia observó a su alrededor los restos de la cena que la familia del este asiático había compartido antes. Cuando China volvió a entrar en la cocina, indicó al ruso que se sentase en una silla libre. Éste obedeció, y cuando Yao se acercó a él para examinarle la mano, le rodeó la cintura con el brazo sano, acercándoselo.

- Suéltame, aru. No tengo tiempo para esto, te curaré y te irás sin perder el tiempo, aru.

- Yao no es un buen anfitrión… Estoy herido, ¡Yao tiene que cuidarme! – Dijo Rusia, fingiendo abandono. Sabía muy bien que con China funcionaría. O quizá se equivocaba…

- Tú te lo has buscado, aru. ¡En ningún momento te pedí un regalo, y menos de este tipo! De hecho, creo recordar que te dije que no quería verte, aru. – Su voz, teñida de una fría rabia; habría asustado o, al menos, amedrentado a cualquier otra persona. Pero no a Rusia. Aunque todo el cuerpo del asiático manifestaba su deseo por que saliese de su casa, él se quedaría. Para algo había ido hasta allí, ¿no? Por eso no aflojó su agarre y tiró del chino hasta conseguir sentarlo en sus rodillas, apoyando su fría frente en el delgado hombro de él. Al parecer, China pensó que si se dejaba abrazar acabaría antes y el ruso podría irse pronto, porque dejó de intentar escapar y no protestó cuando los suaves mechones blanquecinos del pelo de Rusia le hicieron cosquillas en el cuello.

China comenzó a limpiar la mano de Iván con cuidado, casi con cariño, atento a cualquier movimiento por parte del ruso que indicase que le hacía daño. Cuando acabó de limpiarle las heridas le vendó la mano, metiendo luego las suyas bajo el grifo para eliminar los restos de la sangre de Iván que quedaban en ellas.

- Ya puedes irte, aru. – Rusia lo miró, casi suplicante. Aún llevaba las flores en su otra mano, que había recogido antes de que Yao las tirase, y que le ofreció en un desesperado intento por llamar su atención.

- Pero el regalo… Yo… - China tomó los macabros girasoles y los puso encima de la mesa, señalando inmediatamente la puerta.

- Ya me los has dado, ahora déjame pasar el tiempo con mi familia, aru. – Sin esperar una respuesta, tiró del ruso hasta levantarlo y llevarlo a la puerta principal y lo echó fuera, cerrando la puerta tras él. Sin comprobar si se había ido o no, volvió donde sus hermanos le esperaban, indicándoles con un gesto de la mano que prefería no hablar de lo que acababa de pasar. Inmediatamente, Corea le volvió a saltar encima, desencadenando una sarta de protestas por parte de Yao y un gran barullo de risas de los demás que fueron escuchadas por un ruso que se resistía a marcharse de allí y que permanecía sentado contra la puerta.

Bien entrada la madrugada, dieron por concluida la celebración y cada uno se levantó para marcharse. Entre calurosas despedidas se dirigieron a la puerta principal, cortándose en seco su conversación al abrirla y encontrar a Iván sentado en el suelo, con las rodillas abrazadas contra su pecho y, aparentemente, profundamente dormido. China, con los ojos muy abiertos, se despidió de sus hermanos por última vez, asegurándoles que se haría cargo del hombre que ahora dormía frente a su puerta. Cuando se encontró solo, se agachó frente al ruso y lo zarandeó suavemente del hombro para despertarlo. Éste levantó la cabeza con un sobresalto y asió con fuerza la mano de Yao… Con su mano herida, lo que le hizo soltar un gemido de dolor y liberar el agarre. China se frotó la muñeca y le preguntó a Iván:

- ¿Qué haces aquí todavía, aru? ¿No te dije que te fueras? – A pesar de sus palabras, su tono no era en absoluto de reproche, sino más bien de… ¿Tristeza?

- No podía irme… Vine aquí para ver la sonrisa de Yao por mi regalo, sin verla no podía irme a casa… - La voz de Rusia se quebró, parecía como si en un momento se estuviese derrumbando toda la fachada que había tardado milenios en crear. – No quiero estar solo…

China observó que esta vez, el ruso era sincero. No mentía, no buscaba beneficio alguno que no fuese liberarse de aquella soledad que lo envolvía en un estrecho y asfixiante abrazo. Mordiéndose el labio inferior, tiró del brazo de Iván para levantarlo, llevándolo hacia el interior.

- Está bien, aru… Quédate. ¡Pero no pienses que las cosas van a cambiar, aru!

Rusia, aún con un rastro de tristeza presionando su pecho, se agarró del brazo de Yao; siguiéndolo hasta el salón en el que habían estado los asiáticos hasta escasos minutos antes. Una vez allí, se sentó en un sillón y se cubrió la cara con las manos, ahogando un sollozo que pugnaba por salir de sus labios. No sintió, y menos vio, que China se le acercaba y extendía una mano, quizá para consolarlo, pero sin llegar a tocarlo.

- ¿Q-qué pasa, aru? Ya te he dejado entrar… ¿Por qué te pones así, aru? – Preguntó el chino entrecortadamente, intentando separarle las manos de la cara con lentitud.

Al sentir el roce de las manos de Yao en sus muñecas, Rusia se encogió. Hacía siglos que no lloraba, y ahora que lo hacía – más aún, ahora que lo hacía delante de Yao– se sentía demasiado vulnerable. A excepción de sus hermanas, nadie le había visto mostrarse así jamás. Pero eso, en aquel momento no se dejó sujetar, revolviéndose con quizá demasiada vehemencia para soltarse. Ante eso, China simplemente lo rodeó con los brazos, ignorando los forcejeos del otro y susurrándole palabras tranquilizadoras:

- Ya está, no pasa nada, aru… Tranquilo, Iván, soy yo, aru…

Sólo al oír su nombre se tranquilizó, relajándose. Por fin, por fin le había llamado Iván. Esas dos sílabas pronunciadas por sus labios bien valían décadas de sufrimiento. Calmando su llanto –¿en qué momento había empezado a llorar de aquella manera?– Iván se acomodó en el pecho de Yao, cerrando los ojos y escuchando atentamente el rítmico pero acelerado sonido de su corazón.

- Tienes que dormir Iván, aru… Estás agotado. – China lo ayudó a levantarse y lo llevó hasta su propia habitación, señalándole la cama con un gesto y dirigiéndose hacia el armario para sacar algunas mantas. – Tú puedes dormir aquí, yo dormiré en el sofá, aru. Si necesitas algo… Sólo tienes que llamarme, aru.

- ¿Y no puede Yao dormir conmigo? – Preguntó Rusia inocentemente.

Cualquiera sabía lo que pretendía… Sin embargo, China no pudo negarse cuando vio la forma en que lo miraba Iván, casi como si estuviese asustado. Con un suspiro resignado volvió a guardar lo que había sacado del armario, encarando a un Rusia ya más animado.

- No puedes dormir con era ropa, aru… Creo que podría dejarte algo, aún guardo aquello, aru. – Se volvió hacia la cómoda que descansaba bajo su ventana y la abrió, revolviendo entre los cajones hasta dar con lo que buscaba: un pijama que el mismo Iván había olvidado allí cuando tuvo lugar la ruptura sino-soviética. Podría haberlo tirado, pero no había sido capaz. Para alguien como Yao, los recuerdos lo eran todo, no podía deshacerse de ellos así como así. – Usa esto, aru.

Rusia lo miró sorprendido y tomó la ropa entre sus manos, acercándola a su cara para sentir el tacto de la tela que tantos recuerdos le traía. Después de tantos años allí había adoptado el olor de China, ese olor a especias y a tierra que tanto le gustaba. China tomó su propio pijama y salió de la habitación, cerrando la puerta tras él para dejar a Rusia cambiarse. Tras unos instantes volvió y encontró a Iván con el pijama ya puesto y sentado en la cama, con la vista fija en algún punto de la habitación. Ni se movió cuando China entró en la habitación.

- ¿Estás bien, aru?

- Da… - No hubo más respuesta, pero al cabo de un momento Iván se cubrió la cara con las manos de nuevo y habló entre sus dedos. - ¿Por qué Yao es tan amable? No me lo merezco, ¿da? Tú mismo dijiste que no querías verme más y que sólo te hago daño…

El tono tan triste que usó desarmó a Yao; que deseaba responderle que no, que no quería verlo, que deseaba que se marchase y dejase de poner su vida patas arriba. En su lugar, se acercó y colocó una mano sobre la cabeza del ruso, acariciando con ternura los mechones rubios.

- No puedo ignorar a alguien que necesita ayuda, aru… Eso no es ser un buen anfitrión… - Su débil excusa se perdió cuando, de improviso, Iván lo empujó hacia la cama y lo aprisionó contra ella, colocándose encima. - ¡Aiya! ¿Qué haces, aru? ¡Bájate ahora mismo!

- La culpa es de Yao, por provocarme… - Su voz, peligrosamente suave y susurrante, envió un escalofrío a través del cuerpo del asiático.

Se debatió con furia bajo el cuerpo de Rusia cuando sintió los labios de éste trazar la línea de su mandíbula, desde el lóbulo de la oreja hasta su barbilla. Con un jadeo asustado intentó apartar la cara de Iván, momento en que este reaccionó y se detuvo.

No, aquello no estaba bien… No podía conseguir lo que quería por la fuerza otra vez, eso sólo haría que le abandonasen de nuevo. Esta vez quería hacer las cosas bien. Con horror, vio las lágrimas que amenazaban con desbordarse de los ojos de Yao, que le devolvían una aterrorizada mirada. Cuando se dio cuenta de que había estropeado la que probablemente sería la única oportunidad que tendría de recuperar la confianza de China se apartó de él con rapidez, encogiéndose en el otro extremo de la cama mientras se maldecía una y otra vez en ruso.

- Uzhasnyj… Ne prikasajtes' k nim, ne prikasajtes' k nim, ne prikasajtes' k nim.

Yao se incorporó, limpiándose las lágrimas con la manga de su pijama.

- Será mejor que me vaya y duerma en otro sitio, aru…

- ¡No! Yao, Yao, quédate… Por favor, pozhalujsta. No te vayas, no te haré nada, pero no me dejes solo… Por favor- – No pudo terminar la frase, pues el llanto amenazaba con interrumpirle de nuevo.

No esperaba que sus súplicas ablandasen a China, así que se sobresaltó cuando unos delgados brazos tiraron de él para que levantase la cabeza y le acariciaron la mejilla. Yao sabía muy bien lo que eran la soledad y el miedo a estar solo… No le deseaba eso a nadie. Suavemente lo tumbó en la cama y se echó a su lado, sintiendo inmediatamente cómo el ruso lo rodeaba con los brazos. Estaba seguro de que esta vez no le haría nada, y no se equivocaba. No tardó en notar que la respiración de Iván se calmaba, al igual que el latido de su corazón, y pronto cayó dormido. Yao, sin embargo, permaneció despierto algún tiempo, notando los suaves suspiros del ruso contra su cuello, donde la cabeza de Rusia había encontrado reposo; aunque finalmente también fue vencido por el cansancio y se dejó llevar por el sueño y el rítmico latir del corazón de Rusia.


Pryvet (привет): Hola

Schastlivogo Novogo Goda (Cчастливого Нового Года): Feliz Año Nuevo

Uzhasnyj (ужасный): Maldito

Ne prikasajtes' k nim (Не прикасайтесь к ним): No lo toques

Pozhalujsta(пожалуйста): Por favor


Bueeeeno… Siento haber tardado tanto ; _ ; Como he dicho en Juego de Hilos, he estado hasta arriba de exámenes y no me ha dado tiempo de subir nada de nada! La verdad es que ambos fics están escritos (tengo unas 30 páginas de este a mano), pero el problema viene a la hora de pasarlos, que es para lo que no tengo nada de tiempo :S

No puedo esperar a subir más capítulos! No debo adelantar nada, pero no puedo resistirme… El próximo capítulo será la cita de Alemania e Italia (escrito por Anyra-Luna, pasaos y leed sus fics, que son geniales!!), que ya está escrito a ordenador; y en los siguientes… Jojojojo, la cosa promete. Ya me decidí por el malo (los malos) de la historia, y la verdad… Aunque dije que Japón sería cliché, he caído en la tentación xD Solo añado que no estará solo.

Para finalizar, un adelanto del capítulo 5, que tengo muchas ganas de hacer spoiler ^o^

"Finalmente, como era de esperar, venció su instinto protector, y Yao extendió sus brazos para invitar a Iván a acercarse. Éste, algo reticentemente, se aproximó a él y se dejó envolver por los delgados brazos del asiático, que lo rodeaban contagiándole su calidez."

YAY, fanservice~ xD

Review? :D