Summary: A la mañana siguiente, Iván se levantó al amanecer, preparado para volver a Rusia y solucionar todos los asuntos pendientes antes de que acabase el día, para así volver a China al anochecer, o antes si era posible. Se vistió en silencio y, antes de salir hacia el aeropuerto, besó la frente del niño que dormía apaciblemente en la cama.
Pareja(s): Iván x Yao / Rusia x China. Aún algo muy pequeño de esa otra pareja que se aclarará en el siguiente capítulo.
Advertencia(s): Supongo que… Violencia, que es lo que nos espera el resto de capítulos.
A la mañana siguiente, Iván se levantó al amanecer, preparado para volver a Rusia y solucionar todos los asuntos pendientes antes de que acabase el día, para así volver a China al anochecer, o antes si era posible. Se vistió en silencio y, antes de salir hacia el aeropuerto, besó la frente del niño que dormía apaciblemente en la cama. Éste se revolvió y se dio la vuelta, murmurando una despedida.
- 再见, Vanya… - Ni había abierto los ojos, por lo que Iván no sabía si estaba dormido o despierto. De cualquier modo, sonrió y lo arropó entre las mantas.
Luego salió de la habitación, echando un último vistazo al bulto que descansaba en la cama, y cerró la puerta en silencio, procurando hacer el menor ruido posible. En el tiempo que duró su trayecto hacia el aeropuerto, y luego hacia Rusia, no tuvo tiempo de pensar en otra cosa que no fuese la organización militar de su ejército, aunque en realidad no quería tener otra cosa en la que pensar. Habían pasado demasiadas cosas que necesitaban su tiempo para ser consideradas; un tiempo del que él, en aquel momento, no disponía. Por eso dejó su preocupación por Yao a un lado, encerrada en un rincón de su mente, mientras solucionaba todo lo necesario para poder volver.
Al llegar al edificio en el que se llevaría a cabo toda la organización, fue recibido por todos los miembros de su gobierno que podían ser útiles para aquella tarea, como les había indicado la noche anterior por teléfono. Luego, se encerraron en una de las salas de reuniones, de la que no saldrían hasta horas más tarde.
~x~
Mientras tanto, un japonés caminaba precipitadamente por las calles de Tokio en dirección a su hogar. Si siempre apacible rostro estaba congestionado en una mueca de rabia mientras sostenía un pañuelo contra su labio, que se encontraba bastante hinchado. Su pómulo comenzaba a amoratarse debido al golpe que había recibido la tarde anterior, y el hecho de que hasta entonces no había podido coger un vuelo que lo llevase de vuelta a su país no contribuía a su buen humor.
Cuando llegó a su casa, no perdió un instante antes de encerrarse en su pequeño despacho y hacer una llamada urgente.
- Hello? Habla América.
- Soy Inglaterra. ¿Quién es?
Japón tomó una bocanada de aire antes de comenzar a explicar su versión de los hechos. Tenía que ser cuidadoso a la hora de hablar, por supuesto.
- Soy Japón. Hay algo urgente en el asunto de Rusia y China que, en mi opinión, merece una intervención inmediata.
- Habla, rápido. – Dijo Inglaterra sin poder ocultar su impaciencia.
- Ayer fui a visitar a Yao dos veces, sólo por… Seguridad. La primera vez me informó de que, como sospechábamos, Rusia había pasado la noche allí. Sin embargo, cuando volví por la tarde para comprobar si se había ido, me recibió una escena curiosa. Para empezar, quien abrió la puerta fue el mismo Rusia, moviéndose por la casa como si fuese suya propia. Pero lo más alarmante es que China es ahora, por increíble que pueda parecer, un niño de no más de cinco años. ¿Alguna teoría?
- Tengo algo más que una teoría. – Al parecer, Alfred sabía algo que los otros dos desconocían. – Hace una hora escasa me ha llegado información de que el ejército ruso ha ocupado la mayoría del territorio chino tras una gran cantidad de levantamientos que amenazaban al país entero. Esta es la versión oficial, por supuesto. Una versión igual de fiable pero menos… Divulgada, dice que se ha preparado un acuerdo entre los gobiernos chino y ruso para formalizar el hecho de que Rusia controle China por un tiempo, cosa que como sabéis… No nos beneficia nada.
- Deberíamos atacar. – Dijo Inglaterra inmediatamente. – Tenemos pruebas suficientes de una posible alianza, y de momento contamos con la excusa de que pretendíamos ayudar a China.
- Coincido con Arthur… Al formar parte yo mismo de esta alianza, será más creíble que estaba dispuesto a ayudar a China. Después de todo… Es mi querido hermano mayor.
Las comisuras de los labios del japonés se curvaron casi imperceptiblemente en una sonrisa que tan solo una persona habría sabido identificar. Y esa persona no estaba en condiciones de hacerlo porque… Ni siquiera recordaba a Kiku.
- Daremos la orden de ataque dentro de una hora. Estad preparados para entonces. Arthur, te esperaremos en el aeropuerto de Tokio, y desde allí nos moveremos tú y yo a Rusia. Kiku, tú irás a China para asegurarte de que no hay peligro. – América distribuyó rápidamente el cometido de cada uno. A decir verdad, en algunos momentos el americano sabía exactamente cómo actuar.
- Entendido, hasta entonces. Inglaterra colgó el teléfono, empezando a hacer preparaciones.
- Nos vemos luego. – Japón imitó al inglés, dejando el auricular en su sitio.
Luego, se dispuso a hacer los preparativos para su movilización con aquella leve sonrisa aún adornando sus labios. Mientras preparaba una bolsa con todo lo que necesitaría en China, susurraba para sí mismo:
- Por fin llegará el momento que llevo tanto tiempo esperando… Estaremos juntos muy pronto, hermano.
~x~
Mientras Arthur y Alfred volaban hacia Japón, y sus tropas se dirigían hacia Rusia en una maniobra que esperaban resultase inesperada para el disperso ejército ruso, Iván resolvía todos los asuntos que requerían su atención e intentaba contactar con Alfred, sin éxito.
Ajeno a todo esto, un pequeño niño asiático abría los ojos y buscaba a su lado con sus pequeñas manos una figura que no encontró. Al palpar el vacío junto a él, sus ojos se deshicieron de todo el sueño que cargaban y se incorporó, quedando sentado en la cama. Tardó un instante en recordar que aquella mañana temprano, se había despedido de Iván… Pero lo había hecho más dormido que despierto. Sin embargo, todavía albergaba la esperanza de que hubiese vuelto sin que él lo oyese, así que decidió entrar en la cocina, comer algo y luego buscarlo.
Su estómago rugió, mostrándose de acuerdo en darle prioridad a la comida; así que Yao se bajó de la cama y caminó hasta la alacena, de la que sacó un paquete de galletas de panda. Luego fue al salón y se sentó en el sofá en el que se había dormido la noche anterior con Iván. En realidad… Una parte de él sabía que el ruso aún no había vuelto, sentía que estaba lejos, pero… Prefería no creerlo para poder entretenerse con algo mientras regresaba.
A su vez, no quería pensar en el hecho de que estaba solo e indefenso si alguien iba a su casa con malas intenciones. Apartando aquello de su mente, subió sus pequeños pies al sofá, encogiéndose sobre sí mismo mientras comía. No le gustaba estar solo, le daba miedo aquel sentimiento de abandono… Ojalá Iván volviese pronto.
Mientras Kiku volaba hacia China, buscando poder entrar en casa de Yao mientras éste se encontrase solo, pensaba en la que hasta aquel momento había sido su relación con su hermano. Habían pasado tantas cosas… Tantos malentendidos… Lo que su hermano consideraba una traición no era más que su intento por conseguir el poder que le faltaba. Aunque dicho poder le hubiese exigido un precio que su hermano no había estado dispuesto a pagar, él sí lo había pagado. Bueno, no importaba… Tarde o temprano se daría cuenta de que lo había hecho por él, para ser capaz de protegerlo y que no fuese al revés. Sí, tarde o temprano, en cualquier momento; Yao abriría los ojos y lo vería. Sólo necesitaba… El estímulo adecuado.
~x~
Al mismo tiempo, Arthur y Alfred mantenían una leve discusión a bordo del avión que sobrevolaba tierras rusas. Arthur no parecía estar demasiado convencido de lo que estaban haciendo, parecía haberlo pensado dos veces.
- Alfred, no me parece correcto. – Sus pobladas cejas estaban fruncidas en un gesto de preocupación que últimamente había adornado sus facciones con más frecuencia de la que le habría gustado.
- ¿Eh? – El aludido, que masticaba ruidosamente unos aperitivos que le habían servido, elevó sus ojos azules hacia el inglés. – Vamos Iggy, no seas aguafiestas. Está claro que esto sería peligroso para nosotros a largo plazo, y además… Tú fuiste quien sugirió que atacásemos, en primer lugar…
- I know, but… - Arthur pareció pensarlo durante un momento, pero luego sacudió la cabeza y se recostó en su asiento. – Olvídalo. Después de todo, esto nos traerá muchos beneficios.
~x~
Por fin firmó el último documento que necesitaba y dio las últimas instrucciones antes de poder disponerse a volver a China. Iván ni siquiera se molestó en llamar a casa de Yao para asegurarse de que estaba bien, ya que estaba seguro de que el niño no cogería el teléfono. Probablemente, ni recordaría cómo se usaba. Había ordenado que le llevasen una maleta con ropa de su casa mientras trabajaba, para no perder un segundo; y en aquel momento caminaba hacia la salida del edificio con ella en la mano.
Sin embargo, no pudo llegar demasiado lejos. Una gran cantidad de soldados procedentes de Estados Unidos, Inglaterra e incluso Japón atacó Moscú súbitamente, cosa que tuvo su efecto en el ruso. Doblándose sobre sí mismo, se dejó caer de rodillas en el suelo, sujetándose la cabeza al mismo tiempo. En ella resonaban los disparos, los gritos, el caos. Maldición, maldición, maldición. ¿Cómo no se había dado cuenta? Eran la mayoría de las tropas de los tres países, ¿cómo se les había podido pasar por alto una movilización de tal calibre?
Cuando, tras varios minutos, se hubo recuperado lo suficiente como para bloquear todas las sensaciones que le bombardeaban; se puso en pie y volvió al interior del edificio, tambaleante, donde los miembros de su gobierno le esperaban para ayudarlo a caminar y solucionar aquello. Acababan de recibir noticias de lo sucedido, y todos ellos estaban pálidos y serios, enormemente preocupados ante el peligro que aquella invasión suponía para el país, dado el estado del ejército y su ocupación en aquel momento. Se había dado a las restantes tropas la orden de contraatacar, pero a duras penas conseguían frenar el avance de los ejércitos enemigos.
Al mismo tiempo que ocurría todo aquello, un escalofrío recorrió la espalda del niño que seguía sentado con los pies sobre el sofá, encogido sobre sí mismo. Yao se llevó la mano al pecho, justo sobre el lugar en que estaba su corazón, y cerró los ojos; presintiendo que algo no iba en absoluto como debería. No le gustaba nada aquella sensación, sobre todo porque estaba seguro de que lo que pasaba tenía que ver con Iván. Ya no se sentía tan cansado como la noche anterior, en parte debido a que había dormido bastante, y en parte debido a que las tropas chinas, poco a poco, ganaban fuerza e intentaban reagruparse y retomar el control del país. El niño era plenamente consciente de que si a Iván le pasaba algo malo, él no podría ser capaz de ayudarlo. No en aquel estado, no con aquel cuerpo.
De repente, una nueva sensación se abrió paso por encima del mal presentimiento, de la preocupación: despacio, a un ritmo tortuosamente lento, el ejército volvía a hacerse con el control del país. Las tropas rusas se iban retirando a medida que se aseguraban de que no existía la posibilidad de más levantamientos como el que habían colocado al país al borde del colapso. Lenta, muy lentamente, el ejército chino volvía a ejercer su autoridad y a calmar los ánimos de la población. Y, a medida que eso ocurría, Yao se sentía fortalecer ligeramente, recuperando lo que había perdido.
La orden de abandonar territorio chino había sido enviada al ejército ruso apenas unas horas antes, cuando un muy contrariado Iván aceptó el regreso de su ejército para defender su país sólo con la condición de que le permitiesen ir a China y traer de vuelta a Yao con él, siempre que fuese necesaria su presencia en Rusia. No tenía ni la más mínima intención de dejar al niño solo en una situación como aquella. Tan pronto como le fue posible, cuando todos los cambios en las órdenes fueron aceptados, Iván salió precipitadamente del edificio por segunda vez, decidido a llegar al aeropuerto como fuese y a coger el primer vuelo que saliese hacia China. De hecho, estaba dispuesto a cambiar el rumbo del primer vuelo que saliese, en caso de que no hubiese uno lo suficientemente inmediato.
Lo que no sabía era que al mismo tiempo que salía del edificio, Alfred y Arthur se dirigían al mismo, buscándolo. Habían aterrizado hacía escasas horas, y tras dar la orden de ataque se habían encaminado hacia donde suponían que estaba Iván para… Bueno, el término diplomático era "negociar". Aunque, obviamente, la realidad no era, ni mucho menos, "negociar". La realidad era muy diferente: lo que buscaban era detenerlo, incapacitarlo, y si era posible… Arrodillarlo, obligarle a suplicar, si no por su vida, por la de su país. Por supuesto, no esperaban conseguirlo, ni que fuera tarea sencilla el intentarlo. Hablaban de Rusia, Iván Braginski, al fin y al cabo. Pero la enorme vanidad del americano eclipsaba por completo el sentido común del inglés, que insistía en que no debían abusar de su suerte. Sí, contaban con el elemento sorpresa, pero Iván… Era Iván, al fin y al cabo.
Por otro lado, el japonés también había cogido un vuelo que lo había llevado a China, y lo más rápidamente que le permitían sus piernas, se encaminaba hacia la casa de Yao. ¿Sus intenciones? Nada buenas, no cabía la más mínima duda. Un gesto de seriedad y determinación matizaba su expresión; y sus ojos oscuros, siempre en calma y vacíos de cualquier emoción, ahora reflejaban una gran y profunda concentración. No podía permitirse una sola distracción, no ahora. Un solo fallo y todo lo que llevaba siglos esperando podía desvanecerse como el humo. Y no, esta vez estaba solo, así que no tendría a nadie a quien culpar de un posible error.
Sé que la mayoría de vosotros me odiaréis a estas alturas por tardar en actualizar… 5 meses. Dios. Vale, ha sido un montón, lo siento, no hay excusa (de nuevo). Pero la inspiración me había abandonado, y dejé este fic un poco aparcado… Pero bueno, aquí está de nuevo, y solo le faltan uno o dos capítulos para acabar, así que espero que lo hayáis disfrutado, y que no estéis muy enfadados conmigo!
Reviews, así como críticas y comida, son MUY bien recibidos~
