Título: Secreto
Capítulo 5: Giros ¿Yo soy el malo? II
Hoy no hay frase u.u
Agradecimientos: A Vampeny Vamp (Shizuka Kiyama), por betearme tan maravillosamente y ayudarme con mi escritura -le da una galletita-
Song's: Through Glass - Stone Sour, I Disapper - Metallica (Yo coloque el momento xD)
Comentarios al final. ~
[Viernes 12 de julio de 2013, 20:21]
—[Sabemos que ya tuviste contacto con el chico, mátalo en cuanto estén solos o nosotros lo haremos. Luego te mataremos a ti.]
—No tienes que amenazarme imbécil, se lo que tengo que hacer. Mataré a Atsuya esta noche —luego de decir eso, escuchó el ruido metálico que produce un bote de basura al caer. Como acto reflejo colgó el teléfono y sacó su arma apuntando a la dirección del sonido. Atsuya salió de allí, no había expresión en su rostro, de hecho parecía que su mirada estaba vacía—. Atsuya, ¿qué haces aquí? —preguntó aterrado, en realidad no quería hacerlo. «¿Por qué? ¿Por qué tenía que aparecer y escuchar eso?», pensó conmocionado. Atsuya miró el arma que estaba siendo apuntada hacia él y luego miró a Goenji con una pequeña sonrisa falsa, comenzó a caminar lentamente hacia él.
—Era cierto —inició—, después de todo si querían matarme. Lo sabía —en su voz había dolor.
—No te acerques.
—¿Me investigaste? Supongo que ya sabes quién soy. Y solo pasó una semana.
—Atsuya, no te acerques —pero era tarde, la boquilla del arma estaba tocando el pecho del chico. Estaba llorando, pero aun sonreía.
—Fue lindo conocerte, aunque no fueron las circunstancias que yo quería. Me pregunto si hubieses hecho todo lo que hiciste conmigo si no te hubiesen pedido que te acercaras a mí.
—¡Ya basta! Las cosas no son así —Goenji respiraba con fuerza, mirar a Atsuya llorar lo destrozaba por dentro—, yo no sabía que eras tú el del primer día.
—¿Y eso qué? —cuestionó ladeando la cabeza—. No te acercaste a mí por eso, pero aquí estamos. Tú apuntándome con el arma y yo estoy esperando a que la uses.
—¿Qué? —Goenji no comprendía. Atsuya tomó el cañón del arma y lo apuntó a su frente.
—Así será menos doloroso.
Goenji miraba los ojos de Atsuya, estos se cerraron rápidamente. Los del más alto hicieron lo mismo. Atsuya apretó los dientes tratando de no desmoronarse, pues había sospechado que querían acabar con su vida pero nunca se imaginó que fuese Goenji quien causara su muerte. Se había enamorado de él, pero no se lo había dicho, incluso para él mismo era algo tonto. ¿Quién se enamora de alguien en menos de una semana? Y sin conocerlo, ninguno se conocía. Y Atsuya aun guardaba muchos secretos.
Comenzó a llover con fuerza.
—Lo siento —se le escucho oír a Goenji en un hilo de voz, y luego, nada. Atsuya abrió los ojos como platos al sentir que Goenji lo rodeaba con sus brazos protectoramente, y lo único que escucho fue el golpe del arma caer al suelo, ya que fue arrojada—. No puedo hacerlo —le susurró ahogando su llanto. El menor comenzó a llorar con fuerza, sus gritos eran desgarradores y su rostro se mojaba por las lágrimas que se mezclaban con la lluvia. Se dejaron caer en el suelo de rodillas sin dejar de abrazarse, Atsuya frotaba su cabeza contra el pecho del más alto, como buscando meterse dentro de su piel, su cuerpo temblaba de miedo, sus manos sudaban, estaba aterrado. Pero no por Goenji, sino porque lo habían engañado como un imbécil, lo habían vendido como un perro.
Su llanto se apaciguaba a medida que Goenji acariciaba su cabello. No sabía que iba a hacer, pero debía proteger al chico, no quería que lo lastimaran, iba a averiguar la verdad tras Atsuya e iba a esconderlo mientras pensaba en algún plan. Los de la alcantarilla no se iban a dejar ni iban a olvidar el asunto así como así, así que debía actuar rápido.
—Atsuya, quiero protegerte —un trueno se escuchó ruidosamente luego de esas palabras—.No quiero tener que hacer esto, no puedo. Necesito que te escondas lejos, lejos de aquí, y de mí.
—No pienso hacer eso —Atsuya levantó la mirada para encarar al otro—, si me voy ¿qué pasará contigo? —preguntó asustado, pero escondiendo ese sentimiento con rabia—. Los que me buscan son las ratas, si no me matas ahora ellos acabaran contigo. ¿Me equivoco? —no se equivocaba. El menor sabía mucho, demasiado par el gusto de Goenji. No entendía porque pero era otra pregunta que debía tener respuestas.
—Si te investigué —comenzó ignorando las palabras anteriores. Se alejó un poco del chico para mirarlo mejor, su rostro estaba serio pero sereno—, pero aún no sé nada de ti. ¿Qué haces viviendo en esta ciudad? Siendo el hijo de un hombre tan importante. ¿Por qué sabes tanto sobre este mundo? ¿Cómo es que un chico como tu conoce tanto de esta ciudad?
Atsuya evadió la mirada del otro. Había muchísimas cosas que Goenji no sabía, cosas que no podía responderle.
—Shuuya —hizo una pausa, mordiéndose ligeramente el labio inferior—, no puedo responderte nada ahora. Lo siento —ambos callaron por un momento, uno muy largo. Lo único que se podía escuchar eran los autos pasar y la lluvia caer, una torrencial y fuerte lluvia.
—Pero me responderás eventualmente —el más bajo asintió con mucha duda—. Es suficiente para mí. Por ahora solo dime algo. ¿Hay algún lugar en donde puedas esconderte? —Atsuya pensó un poco.
—Hay una mansión en lo alto de una colina, al otro lado de la ciudad. Hay que pasar por los muelles pero, ¿que pasara contigo? —el chico se negaba a irse sin Goenji, sabía que si lo dejaba podría estar en mucho peligro.
—Yo estaré bien. Te escoltaré hasta que estemos lejos de esta zona y luego volveré para decir que el trabajo está listo.
—No te van a creer si no llevas pruebas.
—Me se algunos trucos —aún no estaba convencido pero discutir con Goenji en ese momento y en esa situación seria estúpido, y por demás inútil. Suspiró resignado, apartando varios mechones de cabello empapado de su frente. La lluvia estaba comenzando a fastidiarlo.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
[Viernes 12 de julio de 2013, 22:07]
Burn había bajado a la habitación de Nepper y ahora se miraban fijamente, como un juego para ver quien pestañaba primero.
—Escucha —comenzó el castaño, cansado por el silencio. Se sentó en su cama encorvándose un poco, con ropa seca cubriendo su cuerpo. Burn estaba de pie, de espaldas a la puerta, recostando de ella, con los brazos cruzados—, no sé qué es lo que esperas de mí en estos momentos, pero si es una disculpa o algo —Burn resopló por eso, torciendo los ojos—. Tomaré eso como un no —indicó fastidiado, era obvio que el chico en la puerta estaba molesto—. Mira, esta situación está fastidiándome, necesitas olvidar lo que pasó arriba.
—Dime que hubieses hecho si yo no hubiese estado allí.
—Nada —respondió con expresión y voz de obviedad—. ¿Por qué me tratas como si yo fuese el culpable? —entonces Burn respondió, colocando su mano izquierda de su cadera, bajando la otra, inclinando un poco su cabeza
—No se trata de eso. Necesito garantizar que sabes en la posición en la que me encuentro, porque no sé si te diste cuenta pero no eh avanzado nada en estos últimos meses —Nepper levanto una ceja y llevo su cuerpo hacia atrás sosteniéndose con sus brazos—, Gazelle es un niño problema, pero por desgracia me gusta mucho. No quiero que él piense que puede buscar lo que gana conmigo en otras personas.
—Eso te bajaría puntos.
—Me alegra que entiendas —por supuesto que entendía, había escuchado tanto del tema que sentía sabía incluso más que el mismo Burn.
—No quiero escuchar más de este tema. Ahora tengo mis propios problemas —Burn se despegó de la puerta, abrió un poco las piernas y se agachó apoyando los antebrazos en sus piernas, estaba extrañado. Pero sonrió pícaramente.
—¿Te follaste a alguien? —Nepper se dejó caer de espaldas en la cama, suspirando con fuerza.
—Ojalá.
—¿Es tan serio? —el castaño solo levantó su mano mostrando su pulgar en señal de aceptación—. ¿De qué se trata? —ya había hablado mucho, era hora de corresponderle a su compañero. Aunque era mejor recibiendo consejos que dándolos.
o-o-o-o-o-o
Corrían hasta la autopista, Goenji se insultaba mentalmente por no haberse comprado la motocicleta que quería, cuando tuvo la oportunidad. Estaba la opción de robar alguna rápidamente, pero por algún motivo la presencia de Atsuya le oprimía ese impulso. También comenzó a pensar que esa improvisada huida tenía muchos clavos sueltos, como por ejemplo la autopista. Luego de llegar allí, ¿qué? Sí, estaban metidos en un lío, uno muy grande.
Atsuya por otro lado, tenía cosas más importantes para él en su cabeza; debía ir a esa mansión, allí estaba alguien, esa persona malvada y tramposa al que maldecía cada medio minuto. Iba a entrar y lo primero que haría sería tomarlo por el cuello y ahorcarlo lentamente. Maldijo el día en que decidió conseguir ese trabajo.
Al llegar a la autopista, Goenji lo sacó de su ensimismamiento cuando por fin llegaron a su primer destino.
—¿Y bien? Ya estamos aquí —comenzó Atsuya recuperando el aliento, Goenji miraba a todas direcciones tratando de buscar algo que pudiese servir de transporte, que no tengo un dueño cercano—. ¿No piensas robar nada? —Goenji arqueó una ceja sacudido por la pregunta, en su rostro se reflejaba algo de sorpresa—. Ibas a matarme, no me molestare si robas algo que nos ayude.
—No necesito que me lo recuerdes —aclaró algo molesto, el chico solo rio por lo bajo—, ya se me ocurrió algo.
Miró a su izquierda y notó a un hombre salir de su vehículo desesperadamente, para a continuación, vomitar a lo lejos. Goenji vio la oportunidad perfecta, tomó la mano de Atsuya y se acercó al auto, era un viejo FIAT del 66' color rojo bastante magullado y viejo, se notaba su falta de cuido y su interior se veía aun peor, y olía a alcohol.
—Tiene las llaves puestas —le susurró Atsuya a Goenji. Ambos pensaron por un instante en si subirse o no, pero fue un instante muy efímero, no tenían opción. Se adentraron al vehículo con caras de asco y sin más, Goenji arranco con fuerza.
Segundos después escucharon al hombre gritarles desde lejos. Ambos rieron, Atsuya sacó la cabeza del auto y miró al sujeto.
—¡No te mereces este auto! —le gritó, luego le sacó la lengua haciendo una mueca graciosa y bastante infantil—. Eso fue fácil —le comentó a Goenji mientras entraba nuevamente al auto.
—Quien diría que el hijo adorado de los Fubuki seria tremendo ladrón. Acabas de ganarte unos años, amigo —se burló el mayor, ambos rieron.
—Seduciré a quien tenga que seducir y saldré rápido, no te preocupes por mí —y continuaron riendo.
El auto era una verdadera madriguera de animales, había miles de botellas vacías, restos de comida rápida y ropa interior de mujer en los asientos traseros, por suerte para ambos los de adelante estaban razonablemente en mejores condiciones y el vehículo podía moverse sin problemas.
El teléfono de Goenji comenzó a sonar desde su bolsillo, lo sacó extrañado, no recibía llamadas muy seguido. Lo descolgó y lo colocó en su oído, al tiempo en que llegaban a una zona concurrida.
—[¿Fue linda tu semana?] —Goenji flaqueó por un instante, miró por el rabillo del ojo a su copiloto, pero este estaba distraído. Sus nervios incrementaron cuando observo el retrovisor a su izquierda, pero no perdió la compostura.
Había un auto sospechosamente cerca de ellos, Goenji había notado su presencia pero era un simple y corriente camaro color negro, no estaba ni lejos ni cerca, pero por alguna razón temía que algo sucediera. Acelero un poco, el otro auto hizo lo mismo.
—[Lamento mucho esto pero, así son las cosas. No más negocios.] —en un instante su espalda estaba llena de camaros negros, eran cinco en total. Uno de ellos se acercó del lado derecho, Atsuya miraba el vidrio ahumado junto a él, curioso, este bajó lentamente mostrando el rostro de Fudo. Atsuya no lo conocía, así que no dijo nada. El castaño le regaló una pequeña sonrisa, era lindo, así que se la devolvió, muy tímida y desinteresada. Esa pequeña sonrisa aparentemente inofensiva se volvió a una macabra e inmensa, muy parecida a la del gato Cheshire. Atsuya se sorprendió, su corazón bombeó muy rápido y de la nada, el sujeto mostró el cañón de lo que parecía ser una F92 plateada, pero ese detalle a Atsuya lo traía sin cuidado—. [Diviértanse en la fiesta, Fudo puede ser un poco agresivo al bailar. Espero que no te importe.]
—¡Shuuya, cuidado! —gritó Atsuya.
—¡Malditos! —secundó Goenji iracundo.
—¡Muéranse perras! —terció Fudo entre risotadas.
Como acto de reflejo ambos agacharon sus cabezas, Fudo comenzó a disparar a diestra y siniestra hacia la dirección del auto junto a él, golpeando con las balas la puerta, provocando un sonido metálico estruendoso. Goenji miró la expresión de terror que tenía Atsuya en el rostro y sus ojos se llenaron de determinación, observó el retrovisor alargado sobre él y pudo visualizar tres autos tras él, uno a cada lado. Su expresión era seria pero temeraria. Su vista se posó en el volante que sostenía con ambas manos, Atsuya tomaba su cabeza tratando de evitar que las balas le golpearan. La radio se encendió repentinamente. Sí, ese auto era un trozo de metal con rueda. Goenji solo deseaba que esa cosa aguantara para lo que pensaba hacer.
*Metallica - I Disappear*
—Será mejor que te sostengas.
Movió la palanca de cambios y presionó el acelerador de un golpe, se enderezó en su asiento pero le pidió a Atsuya que no lo hiciera, eso sería peligroso muy peligroso.
Su auto salió disparado y subía de los 90Km/h mientras perdía a los otros autos, pero solo por un instante. Fudo chasqueó la lengua sin dejar a un lado su sonrisa, miró al conductor a su lado y le hizo una señal con la cabeza para que se adelantara, como respuesta el sujeto de ojos naranjas y cabellos lisos mostro su Mágnum calibre 50al tiempo en que alzaba ambas cejas y las bajaba rápidamente.
En la carretera no habían demasiados autos, pero aun así Goenji esquivaba con algo de dificultad mientras huía de un sujeto que le pisaba los talones; su nombre era Wataru, éste saco su cabeza y su mano izquierda mientras disparaba, gritaba y se reía como un maniático.
Goenji estaba colérico, el auto no lo ayudaba mucho, era un milagro que se moviera. Podía escuchar las balas estrellarse contra el metal y finalmente destruir en mil pedazos el cristal en la parte trasera. Atsuya grito al escuchar el ruido producido por la acción. En un pestañeo Fudo se encontraba de nuevo junto a ellos disparándoles sin cesar, Goenji viró a la izquierda rápidamente y movió la palanca de cambio, estaba frustrado por la impotencia, los sujetos no iban a dejarlos en paz y se le acababan las opciones. Encontró lo que parecía ser una construcción; un terreno que tenía esparcido materiales de trabajo y maquinas gigantes. No lo dudó dos veces y se dirigió a lo que pensó como un improvisado laberinto, se adentró a un tubo de cemento gigante seguido por dos autos, los otros tres no estaban a la vista lo que hizo que sus sentidos se alertaran más de lo que ya estaban.
—Necesito que sostengas el volante —habló segundos después de salir de la zona.
—… ¿Qué?
Los ojos de Atsuya se abrieron como platos al escuchar a su compañero, lo miró por un instante y se quedó sin habla ya que no lo sentía igual, no era el mismo.
—Toma el volante —sus palabras sonaban tan demandantes y serias que era difícil para el menor decir palabra—. ¡Que tomes el maldito volante! —sacó de su chaqueta su revólver. Los ojos de Atsuya estaban acuosos y se veía muy aturdido, pero hizo caso a lo que el otro le decía. Su miedo era que nunca había conducido así que no sabía cómo terminaría todo.
Tomó con ambas manos el volante incorporándose un poco, tragó con fuerza y observó como Goenji sacaba medio cuerpo del vehículo, habían salido del terreno sin lograr distanciarse ni un poco de los otros y ahora eran tres los que los perseguían. Debían perderlos como fuese.
Goenji disparó de una manera impecable al caucho del auto que se encontraba a la izquierda pero un poco detrás de él, haciendo que perdiera velozmente el control gracias a la velocidad en la que se encontraba para finalmente chocar con la parte trasera de un auto aparcado en una esquina.
Fudo estaba tras ellos, miró con furia la escena y su sonrisa desapareció por un instante. Tomo el walkie-talkie y presionó el botón.
—¿Dónde mierdas estás? Perdimos a Wataru.
—[Estoy justo tras de ti. Me adelantare y le disparare en la nuca.]
—No seas imprudente, no estamos tratando con un novato… —el chico no respondió— ¡Sakiyama!
Y justo como había dicho, aceleró y se adelantó hasta quedar a la derecha del auto de Goenji.
—¡Maldita sea! —acercó de nuevo el aparato a su boca— ¡¿Genda dónde estás?!
Sakiyama usaba una pañoleta negra sobre su boca, pero la bajó hasta su cuello para mostrar su sonrisa mientras sacaba su arma, extendió su brazo y apuntó justo en la cara de Goenji, quien estaba conduciendo nuevamente. Goenji lo miró por el rabillo del ojo y le mostró una media sonrisa, molestándolo. Le expuso el revólver y sin dudarlo disparo, un único y certero disparo en la frente haciendo que su auto girara en su eje hasta chocar contra unas mesas y la pared de un restaurante.
—Novatos —murmuró Goenji fastidiado, la cuestión no era tan difícil como él creía y asumía que el único riesgo real era Fudo. Lo conocía, sabía que no iba a ser fácil.
Llegaron a la entrada de un puente no tan corto, perseguidos por Fudo y la aparición de los otros dos restantes.
—Narukami, Genda ¿Dónde mierdas estaban? ¿Por qué no respondían, par de incompetentes?
—[El muy imbécil no se saldrá con la suya.] —dijo el primero ya que sí habían logrado llegar hasta el terreno en construcción, pero se habían quedado atrás por culpa de Goenji.
—[Iré por la Izquierda. Narukami Cúbreme.] —secundó Genda. Odiaba que Fudo le hablara así solo por ser el favorito del favorito del jefe, pero no tenía opción; mataría al sujeto y luego volvería a casa para beber hasta perder la conciencia.
—[Copiado.]
—No hagan ninguna estupidez o me encargare de matarlos si él no lo hace —ambos chicos respondieron de manera afirmativa ante la amenaza de su jefe y se dispusieron a atacar.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
[Viernes 12 de julio de 2013, 22:29]
—Déjame ver si entendí —el pelirrojo mostraba las palmas de sus manos señalando una pausa, Nepper rolo los ojos fastidiado pero no dijo nada; quería, después de todo, algún consejo con respecto a su problema—. Está este chico; te seduce apenas entras al bar —vuelve a hacer una pausa colocando una expresión escéptica en su rostro— ¿Qué hacías en un bar si fuiste por comida?
—¿A quién le importa? Continúa.
—Está bien —no quiso insistir ya que parecía inútil, así que decidió no preguntar nada innecesario—, luego de coquetear mutuamente y ligar un poco dice que quiere que vuelvas a su bar, y tú, flechado, le dices que lo harás. El único problema es que tienes un horario de salida y no puedes hacer paradas —Nepper arqueó una ceja, pues era cierto; salir de allí no era algo que hacían a voluntad. Solo salían cuando era sumamente necesario —. Eso, y que Grand no te permitiría nunca una relación con alguien de esta ciudad.
—¿Y quién es Grand? —preguntó exasperado.
—Y tus padres tampoco —habló rápidamente concluyendo, el castaño no pudo decir nada más. Ese era un tema que no iba a tocar.
—No me importa —comenzó luego de un rato—, honestamente no me importa; lo de Grand se negocia y mis padres están en Brasil justo ahora, así que no se tienen que enterar —Burn se encogió de hombros, eran buenos puntos, sin embargo aún no estaba muy convencido—. ¿Por qué no mejor me dices algo que me sirva?
Se miraron unos segundos. Ya se iban a cumplir catorce años desde que se vieron por primera vez, el tiempo se había ido muy rápido pero eso no impidió que se formara esa extraña amistad que tenían. Por un lado; Nepper era todo un personaje, tocaba la armónica más de lo que hablaba o sonreía, eran muy escasas las ocasiones en que lo hacía por periodos teóricamente largos —como esa conversación por ejemplo-, le gustaba estar solo todo el tiempo y la razón por la que se mantenía reunido con los demás en la «sala» era gracias al gran calor que hacía al bajar a las habitaciones. Era una persona muy cerrada y directa, y sin embargo no era tan difícil el «leerle» los ojos de vez en cuando, aunque en ocasiones podía ser muy impulsivo y dejarse llevar por sus emociones. Era una persona que trataba de actuar como alguien que no era. Estaba loco.
Pero allí todos lo estaban.
¿Qué por qué era tan cercano a Burn? La respuesta era tan complicada como la pregunta. Nepper no lo sabía, el pelirrojo era irritante, muy irritante. No se quedaba callado así que no era difícil saber cuándo algo le molestaba. Era una persona que indudablemente actuaba por inercia, y las cosas le salían bien por mera coincidencia. Era un tipo con suerte, eso también lo irritaba. Lo único que parecía estar mal en su vida era ese pequeño y blanco problema llamado Gazelle, cosa que también lo irritaba.
Sin dejar de mirarse, Burn caminó hasta quedar muy cerca del castaño. Luego se arrodilló frente a él.
—Desearía que las cosas parecieran igual de fáciles en mi cabeza —comenzó dando un largo y profundo suspiro, no sabía muy bien que decir—, si quieres que te diga lo que pienso: creo que deberías hacer lo que quieras.
—Es lo que tú harías —señaló Nepper ladeando una sonrisa, Burn la correspondió.
—Exacto. Pero eso no implica que debas hacer una estupidez; eso es lo que yo haría —ambos rieron. No sabían porque, pero era una mezcla agradable de fastidio que ninguno podía explicar.
La puerta se abrió bruscamente haciendo que los chicos voltearan, notando el rostro pálido de Gazelle quien los miraba con los parpados caídos y una expresión cansona. Burn se levantó preocupado. El chico se apoyó súbitamente de la puerta para no caer; tenía vértigo y estaba mareado. Burn lo tomó por los hombros y lo dirigió con cuidado hacia la cama, Nepper se colocó algo de ropa seca y se acercó al dúo.
—Está sudando frío —le dijo al castaño, asustado.
—Quizá se le bajo la tensión, lo que es raro porque acaba de comer —secundó Nepper con las manos en la cadera.
Burn miraba como Gazelle se hiperventilaba, no sabía qué hacer en esa situación. Se maldijo por no haber sido más cuidadoso y no haber prestado más atención; sentía que era su culpa.
—O quizá fue la comida. Traeré algo para el malestar —miró el cuerpo tendido en su cama—, algo para la fiebre y creo que también unas pastillas para el estómago. Verifica bien los síntomas y así sabré cual darle. Solo espero que no sea alérgico a ninguno de estos medicamentos —notó el rostro lleno de preocupación de su amigo, quien tomaba la mano de Gazelle y la acariciaba sin dejar de mirarlo—. Estará bien, no debe ser nada grave.
Salió de la habitación velozmente y subió las escaleras para buscar lo que creía necesitar. El pelirrojo colocó su frente sobre la de Gazelle y notó que estaba fría; su pulso estaba algo lento y aparentemente no podía respirar. Una alergia quizás. Acomodó la almohada para que estuviese más cómodo y le secó el sudor del rostro.
—Te ves horrible —le comentó tratando de sonar gracioso.
—Cállate —escuchó susurrar a Gazelle —.Estoy bien, solo quiero dormir. Llévame a mi cuarto —ordenó mirando a la pared, su mano estaba siendo agarrada por Burn pero no tenía fuerzas para decir nada más.
Burn suspiro resignado; ni enfermo iba a cambiar de actitud con él. Le pidió que esperara a que Nepper le diera algo de medicina y luego lo llevaría, Gazelle bufo en su cabeza, tenía sueño y sentía su cuerpo pesado. En el lugar solo se escuchaba la su respiración, hasta que llegó Nepper y le preguntó a Burn lo que creía que el chico tenia. Una vez que el castaño confirmó lo síntomas le pidió que se tomara una pastilla y le dio una botella de agua. Luego le dijo a Burn que lo llevara a su habitación para que descansara y los tres salieron.
Burn llevo al chico a su cuarto, ya luego le diría a Grand lo que sucedía. Lo recostó en su cama y acomodó su almohada; se sentó en una esquina para esperar a que se durmiera, pero Gazelle le tomó la muñeca.
—Estoy bien, lárgate de una vez.
—¿Esa es forma de hablarle a la persona que te está ayudando? Que desagradecido.
—En todo caso fue Nepper el que lo hizo —Burn arqueo una ceja—, luego le agradeceré debidamente. Ahora lárgate.
Le soltó la muñeca y se giró para quedar de cara a la pared. Burn respiró con fuerza para evitar perder la cordura en ese instante, era un masoquista y se sentía como tal. Sabía que no tenía oportunidad alguna con Gazelle pero no era de las personas que se rendían tan fácilmente, debía comenzar a tomar las riendas de esa relación si quería que algo cambiara, por supuesto no estaba esperando a que el chico fuese un amor o un ángel con él, mucho menos que lo tratara bien; solo esperaba respeto y que lo tratara menos como un juguete y más como un amante. Luego haría que se enamorara.
Sí, todo parecía ser fácil en su cabeza.
Nepper estaba frente a la puerta de Grand, miraba la perilla mientras ensayaba mentalmente su diálogo y la posible respuesta que recibiría. Luego de tres suspiros seguidos, decidió armarse de valor y tocar, escuchó al pelirrojo pedirle que pasara así que abrió.
Grand estaba sentado en la silla frente a un pequeño escritorio, leyendo unos papeles. Llevaba puestos unos lentes de lectura pequeños pero no tenía camisa. Su vista se posó en el castaño esperando a que hablara.
—¿Y bien?
—Necesito salir. Iré a un bar cerca de la 52 —se mantuvo en silencio durante un segundo esperando alguna reacción, Grand no dijo nada, así que continuó—, queda a diez minutos caminando…
—Se la distancia —lo cortó el pelirrojo—. ¿Eso es todo? —Nepper asintió— Pueden hacer lo que les plazca, la única regla es no ser descubiertos. En ningún momento les dije lo contrario; ve a donde quieras, mantente al margen y comunícate conmigo. Si entiendes eso entonces vete —se quitó los lentes y se levantó para acercarse al chico y colocarle su mano en el hombro—. Nepper, hermano. No puedes, por ningún motivo, meterte en problemas.
—¿Por qué lo dices como si fuese algo común?
Grand sonrió.
—Corazonada.
Nepper no dijo nada al respecto. Torció los ojos e inclinó la cabeza pensando que su amigo no tenía remedio. No podía contrariarlo.
—No me meteré en problemas, pero no vayan a esperarme —Grand ya sabía lo que sucedía, o por lo menos se hacía una idea. El castaño se alejó de él y abrió la puerta—. Casi lo olvidaba. Gazelle está en su cuarto con malestar, tal vez por la comida o la temperatura pero no te preocupes, no es grave. Ya está mejor.
—Me alegra escuchar eso.
Y volvió a sentarse en su silla, ya luego iría a ver a su amigo. Nepper salió del lugar y fue a su habitación para dormir un poco; si el calor lo dejaba, claro.
o-o-o-o-o-o-o
Atsuya cerraba los ojos con fuerza y se hacía muchas preguntas. La mirada de Goenji era completamente diferente a la que había visto cuando lo conoció; había algo más.
Por otro lado, aún quedaban tres autos que los perseguían y estaban entrando a la siguiente zona de la gran ciudad. En pocos minutos llegarían a los muelles, debía perderlos allí o sería imposible esconder a Atsuya. El auto estaba en su límite así que comenzó a improvisar; justo detrás estaba uno de los camaros en color negro y naranja, el conductor tenía el cabello castaño y miraba al frente con cólera. Goenji Abrió sus ojos al recordar que lo conocía. Era Genda; su antiguo compañero de encargos. No le extraño para nada que estuviese tratando de matarlo, de hecho le hubiese parecido extraño de no ser así; el sujeto hacía lo que fuese con tal de conseguir dinero.
Tampoco le dolió ni sintió remordimiento cuando pisó el freno de golpe provocando que ambos autos chocaran. Para ambos conductores la escena se vio como en cámara lenta. Aceleró nuevamente y viró a la izquierda rápidamente escuchando el sonido chirriante de las llantas en el pavimento. Su auto estaba destrozado y humeante, su parachoques estaba siendo -literalmente- arrastrado en el suelo. Pero había logrado que el auto de Genda quedara de cabeza, también humeante.
—¡Me cago en ti, Goenji! —gritó histérico. Su frente estaba cubierta de sangre y su nariz estaba rota, pero la ira que lo cubría hacia que no sintiera dolor alguno—. Juro que me las pagaras.
—[¡Genda! ¿Estás bien? Contesta, no encuentro la señal de tu auto en el radar. Genda] —no podía sentir sus extremidades pero sabía que si no salía del vehículo pronto podría explotar— [¡Genda, responde! ¡Es una orden!]
—¡Maldita sea, ojala pudiera! ¡Mierda! —maldecía a Narukami por seguir de largo, sabía que el chico no iba a poder vencer a Goenji. La voz ligeramente aguda tras el intercomunicador sonaba preocupada. Quería poder tomarlo y decir que estaba bien, pero ni siquiera sabía dónde había quedado esa cosa —. Sakuma… estoy bien. No te preocupes —comenzó a toser, su boca estaba llena de sangre y las cosas a su alrededor se difuminaban poco a poco. Sentía ganas de vomitar y tenía sueño, pero sabía que si se dormía no iba a poder despertar y aun tenia cuentas pendientes.
—[Genda] —la voz del chico sonaba contraída por la angustia—, [sé que estas vivo, así que será mejor que te levantes y vuelvas aquí… o me voy a molestar] —el castaño ladeo una pequeña sonrisa, el dolor había comenzado a sentirse cuando comenzó a toser. Se arrastró como pudo hacia afuera, desde la ventana. Quería ver de nuevo a Sakuma, quería ver el cadáver de Goenji, quería poder dispararle en la frente a Fudo y sobre todo, quería tener dinero para poder encontrar a alguien que había perdido hace mucho tiempo. No podía morir aun.
Sus piernas estaban rotas, algunas costillas y una de ellas estaba presionando uno de sus pulmones. Solo logró salir hasta la cintura, no tenía fuerzas para más.
—Voy a volver, te lo prometo.
—[¡Genda!]
Goenji pudo escuchar una explosión tras él, a unos pocos kilómetros de distancia. Vio el fuego y el humo negro desde su retrovisor pero no había expresión en su rostro; no estaba feliz ni triste.
Volteó para ver a Atsuya, el pequeño estaba que moría del terror y temblaba mucho, debía sacarlo de allí pronto. Uno de los últimos dos camaros estaba muy cerca, apuntando con su arma pero no hacia ellos. Los ojos de Goenji se abrieron de nuevo; ¡el sujeto iba a dispararle a la cabina del combustible! Si hacía eso explotarían inmediatamente, así que comenzó a conducir en zigzag mientras esquivaba a los autos y peatones que se encontraba. La gente gritaba y se escondía al escuchar los disparos.
—¡Esto es por Genda, maldito! —Narukami vio la oportunidad perfecta, disparó una última vez atinando a su blanco, pero no a su objetivo. El disparo llegó a la cabina de gasolina de un auto que se topó entre ellos. Maldijo por lo bajo, el sujeto sí que era suertudo.
Se acercaron a una ruta en cruzy Fudo salió de una esquina, chocando el lado en donde estaba Atsuya. Ninguno se lo esperó, el auto se volcó y giró un par de veces sobre sí mismo hasta quedar de pie, por suerte para ambos. Las ratas se detuvieron y al salir de sus camaros ya no había nadie cerca de la zona.
—Pronto vendrá la policía, así que acabemos con esto rápido —señaló con el pulgar el letrero verde tras él—. Esta zona no nos pertenece… aun.
Ambos sonrieron.
Narukami comenzó a rascar su cabeza con algo de desesperación, sin dejar de sonreír. Y se colocó los grandes audífonos que mantenía en el cuello.
—I'm pain, i'm hope, i'm suffer —cantando por lo bajo, la letra de una canción que no dejaba de sonar en la radio. Comenzaron a caminar hacia el FIAT con cuidado, ambos tenían un arma en la mano pero debían ser meticulosos—, ain't no mercy ain't no mercy there for me —continuaba tarareando. Fudo arqueó una ceja al no recibir signos de vida de los otros dos.
—No escucho nada.
—Quizás estén muertos ya —Fudo suspiró pesadamente.
—Es una pena, me hubiese gustado mucho dispararles.
Atsuya estaba inconsciente. Goenji sangraba mucho y su hombro izquierdo estaba dislocado, pensó en la posibilidad que tenía de ganar en una situación así; no muchas. Vio su arma, la tomó con cuidado, aun le quedaban balas, improvisar era algo muy arriesgado. Estúpida obsesión con los revólveres.
Cerró sus ojos y se mantuvo quieto, reposando su cabeza en su asiento, haciéndose el muerto, con el arma escondida en su chaqueta.
o-o-o-o-o-o-o
Silencio.
Sakuma miraba atónito a la pantalla que mostraba el mapa de la ciudad y la zona en donde se encontraban los camaros, que eran señalados como puntos rojos titilantes. Dos únicos puntos rojos.
—Esto… Esto no es posible —no podía hablar, hubiese arrancado a llorar de no ser porque habían presentes en el lugar.
Kido suspiró al ver los puntos rojos detenerse y verificar que uno de esos era Fudo. Se levantó de su haciendo y acercó el walkie-talkie a su rostro.
—¿Cuál es la situación?
—[Todo en orden. Interceptamos a Goenji y al chico, pero creo que los maté mientras lo hacía] — Kido sonrió, entrecerrando los ojos—. [Pero perdimos a tres en el trayecto.]
—¿Y Genda? ¿Está Genda contigo? —preguntó rápidamente acercándose para que Fudo lo escuchara bien, pero Kido no había presionado el botón así que no pudo escuchar nada. El castaño miró a Sakuma mecánicamente haciendo que se contrajera y bajara la mirada.
—¿Hay alguien más a parte de Narukami contigo? —el corazón de Sakuma se detuvo por un instante, Fudo no respondía y las ganas de llorar no se detenían.
—[No] —respondió finalmente —. [Perdimos a Wataru, a Sakiyama… y a Genda.]— Sakuma comenzó a hiperventilarse, se forzaba a si mismo por no hacerlo pero era inútil—. [Eso sucede cuando no me obedecen. Hablamos luego] —dijo para finalizar.
—No te diviertas demasiado, solo son las nueve de la noche.
Y soltó el aparato.
Hubo un minuto de silencio. Unos lo hacían por los compañeros caídos y otros por miedo a hablar y ser reprendidos por Kido. El castaño miraba a Sakuma implacable, esperando que éste hiciera o dijera algo. Se sentó nuevamente al notar que no sucedía nada y sonrió complacido por la misión cumplida, iría a dar el informe oral a Kageyama una vez los dos chicos volvieran a las alcantarillas, luego se relajaría un poco para ir hacia las oficinas de la empresa de Fubuki junto con su jefe para tener una charla con él. Esperando que haya entendido la indirecta.
—Sakuma —le llamó Kido. Éste no odia levantar la cabeza; sus ojos estaban ensombrecidos por la ira, y rojos por las ganas de llorar. Kido suspiro—. Vete y vuelve mañana a las nueve. Es tiempo suficiente para que te calmes un poco y lo superes —el chico se mordió el labio inferior para reprimir cualquier emoción que amenazaba con salir impulsivamente de su cuerpo. Estaba harto de ese trato, de ser degradado a una simple cucaracha solo por aceptar lo que era: un marica enamorado de otro hombre. Los hombres que trabajaban a su lado lo fueron desplazando con asco y lo humillaban. Casi no iba a misiones, esperaba el día en que le volaran la tapa de los sesos pero eso nunca sucedía. Si ya no lo necesitaban, ¿por qué no lo mataban aun? Fácil, la razón era que se había convertido en el objeto de burla de toda la alcantarilla, de todos, incluso de los novatos y él no podía hacer nada. Pensó en suicidarse una vez, de no ser porque Genda estaba allí para hablarle y «consolarle» de algún modo. Fue el único que no se alejó al saber lo que era, el único que no se asqueó ni se mofó, que no lo miraba y se apartaba creyendo que se terminaría enamorando de él. Cosa que terminó sucediendo inevitablemente.
Levantó su rostro y lo inclinó ligeramente a la izquierda, entrecerró los ojos y relajó sus facciones mostrando una pequeña sonrisa. Solo una pequeña curva en la comisura de sus labios.
—Como gustes, jefe.
Dio media vuelta y se encaminó a la puerta, escuchando los cuchicheos y las risitas de algunos presentes, no pudo hacer más que ignóralos y seguir su camino. Pero en ese lapso no agachó ni un instante la cabeza.
Caminó por el pasillo recordando cuanto pudo. Genda se acercó a él mientras escondía su rostro entre sus piernas.
¿Quieres morir?
Le preguntó mientras apuntaba un arma a la cabellera plateada del moreno. En ese momento recordaba las ganas que tenia de acabar con su vida, así que asintió sin mirarlo.
No es cierto, no eres un cobarde o no estuvieses aquí. Ahora solo quieres desaparecer.
Sakuma comenzó a desbordar lágrimas igual que lo hizo aquella tarde. Había levantado la cabeza y el arma había quedado entre sus ojos; Genda presionó el gatillo, pero el arma no estaba cargada. Sakuma no lo sabía así que cerró sus ojos y se cohibió por inercia.
Tú no quieres morir; eres un fraude. Pero puedes volverte hombre si aceptas quien eres, puedes seguir trabajando aquí si te endureces.
—Ya no tengo equipo —repitió las palabras que le había dicho al castaño, con un deje de tristeza y melancolía.
Yo seré tu equipo.
Llegó hasta las escaleras pero se detuvo, había dos chicos frente a él que se interponían en el camino. Secó sus ojos con las mangas de su suéter y levantó el rostro mirándolos con desdén, pues eran los sujetos que más odiaba a parte de Kido, claro.
—Mira lo que tenemos aquí Jimon —dijo el de lentes con arrogancia —, pero si es la pequeña bailarina.
—¿Perdiste tus zapatillas, princesa? —secundó el otro de manera socarrona mientras se acercaba al platinado.
Sakuma observaba atento todos sus movimientos, entrecerrando los ojos sin moverse. No tenía tiempo ni cabeza para jugar con ellos, quería irse y desplomarse en su cama lo más pronto posible. El sujeto de cabellos castaños hasta los hombros era Jimon; se acercó a Sakuma lentamente hasta que sus cuerpos se separaban solo por algunos centímetros. Era mucho más alto y corpulento que él, tenía que levantar más el rostro para poder mirarle desde esa distancia tan corta, pero no se sentía intimidado ya que aún estaba colérico.
—No tengo tiempo para sus estupideces —comenzó, sintiendo que ya podía hablar sin temblar sus palabras—, hazte a un lado —Ordenó de manera implacable. Porque después de todo, su rango en las alcantarillas seguía siendo más alto que el de ellos.
El de lentes comenzó a carcajearse, tomando su estómago con ambas manos. Jimon solo sonrió, volviendo algo escalofriante su mirada, ya que sus facciones eran grandes y duras.
—¿Escuchaste eso, Masaru? La princesa cree que aún tiene poder sobre nosotros. ¿Qué hacemos? —El nombrado calló su risa súbitamente, enarcó una ceja torciendo un poco sus lentes redondos. Luego metió la mano en uno de sus bolsillos. Sakuma se alertó.
—Yo opino que hay que hacerle un favor al jefe —sonreía de medio lado mostrando sus colmillos, que eran ligeramente más grandes y afilados que los normales. El platinado observo como sacaba una navaja de su bolsillo y la abría. Flaqueo por un momento y llevo un pie atrás; él estaba desarmado —, ¿por qué no bailas para nosotros?
Sakuma no tuvo tiempo de pestañear, Jimon había tomado sus muñecas y las comenzó a presionar con fuerza. Volvió en sí cuando sintió el dolor que producía la presión del castaño, cerró uno de sus ojos haciendo una mueca y agachó la cabeza cuando Jimon llevo sus brazos arriba. Después de todo ellos querían verlo bailar.
¿Por qué no hacerlo?
—Bailaré para ustedes —indicó mientras posicionaba su pie derecho—, pero no les va a gustar —llevó su pie rápidamente y con fuerza hacia arriba desde su espalda, su pie se elevó perfectamente y golpeó la nariz de su captor con el talón, haciendo que lo liberara del agarre, dando un grito gutural por el golpe. Masaru miró la escena sin dejar de sonreír. Sabía de lo que era capaz el chico, por algo lo llamaban bailarina.
—¡Baila mariquita! ¡Baila!
Sakuma se incorporó rápidamente y agachó su cuerpo inclinando sus rodillas como si de un animal a punto de atacar se tratase. Con una mano en el piso y la otra elevada y hacia atrás: Era una técnica única que había creado y perfeccionado él mismo. Solo cuatro personas la apreciaron sin morir, eso incluía a Kageyama, Kido y Fudo. Genda era el cuarto. Estaba tan furioso que se encargaría de que la cifra no aumentara.
Odiaba las armas de fuego, no era bueno con ellas así que siempre fue un problema, pero lo compensaba con su extraña pero fascinante habilidad para doblar su cuerpo, su poder al lanzar golpes y su velocidad para evadirlos. Era como una serpiente y se movía como tal.
Masaru lanzó la navaja hacia su otra mano y se inclinó ligeramente, tronó su cuello y sin hacerse esperar corrió hacia Sakuma decidido a cortarle el cuello. Pero el chico fue más rápido, impulsándose con la mano que tenía en el piso; dio un giro en el aire elevando sus piernas, luego giró sobre sí mismo con las piernas abiertas, golpeando dos veces el rostro del otro. Volvió a su pose inicial al tiempo en que los lentes del otro caían y se partían en el suelo. El labio y la ceja de Masaru sangraban pero su sonrisa no desaparecía. Trastabilló pero no se dejó caer, el golpe no había sido tan fuerte como había escuchado por allí, pero lo dejó algo sorprendido. Sacó otras dos navajas más pequeñas de su chaqueta y las lanzó velozmente, Sakuma pudo esquivar la primera pero la había lanzado tan cerca de su cuerpo que fue inútil al esquivar la segunda, incrustándose en su hombro. Arrugó la nariz y cerró los ojos con fuerza evitando emitir sonido alguno, no quería darles el gusto. Tomó el mango del objeto y de un veloz movimiento lo sacó, arrojándolo al otro extremo del lugar.
—No me mires así —le pidió el castaño de cabellera corta—, ¿Viste lo que le hiciste a mis lentes? —se relamió la comisura de su labio sangrante, luego limpió la sangre que le pendía de la ceja con la mano que sostenía la navaja— No creas que no vas a pagármelas.
—Yo no te debo…
Sakuma no pudo hablar ya que una bala se impactó en su hombro previamente lastimado. Gritó por el dolor y su cuerpo cayó hacia delante. Había ignorado por completo que Jimon seguía en el lugar y estaba tras él. La primera patada que había dado sí había sido con su fuerza máxima, logrando que cayera semiinconsciente por unos segundos. Pero no fue suficiente para noquear a alguien tan grande.
—No me gusta que me ignoren —aclaró tomando el puente de su nariz rota y torciéndolo para acomodarla, produciendo el sonido de sus huesos en el acto —. En especial, una mariquita como tú.
No podía mover su brazo derecho pero aun podía pelear, trato de incorporarse ignorando el dolor pero Masaru se acercó y pisó su hombro haciéndole presión.
—No eres tan fuerte como había escuchado —Masaru negaba lentamente con la cabeza con una mueca de decepción en su rostro—, pero no podía esperar más de alguien como tú. No me llegas ni a los tobillos.
—¿Qué tal si se los rompemos? —Propuso Jimon girando su arma con su dedo —. Se los quebraré a balazos. Tal vez así deje de estar brincando como conejo.
—Es una buena propuesta compañero —, aclaró, luego hizo algo más de presión en el hombro de Sakuma para dejarlo e inclinarse cerca de su rostro— pero creo que tengo una idea mejor.
Ambos se sonrieron. Jimon pateó el estómago del de cabellera plateada con fuerza, sus ojos se abrieron por el golpe y comenzó a tocer desesperadamente.
—Eso fue por mi nariz.
Masaru lo volteo cara arriba. Sakuma no podía moverse, gracias al golpe había perdido el aire. El castaño de cabellos cortos se inclinó aún más a su rostro, mostrándole el filo de su navaja y dibujando un camino invisible en su rostro con ella. No pudo evitar sentir miedo al contacto frío del arma, pero no dijo ni hizo nada.
—¿Te crees muy rudo, bailarina? —Llevó la navaja hasta su ojo derecho —Genda ya no podrá salvarte.
—¡Aaah! —El cuerpo bajo Masaru se retorcía de dolor. Jimon había tomado sus brazos para que no tratase de escapar. Sakuma sintió pánico, mezclado con un dolor agonizante que provenían desde lo más profundo de su ser. Su garganta se había desgarrado por aquel grito que resonó en cada pasillo del lugar.
—Ya casi terminamos. —Advirtió el sujeto, colocando la navaja ensangrentada a un lado y mostrándole dos de sus dedos más el pulgar —Ya viene la mejor parte. Y esto es por romper mis lentes.
Metió sus dedos en la cuenca de Sakuma. Arrancándole el ojo.
Gritó y gritó con desesperación, pidió perdón y se humillo, suplicó por su vida y llamó a su mamá, a Genda, al dios en quien no creía. Pero nadie salió a salvarlo, nadie quiso escucharlo. Hasta que perdió la conciencia y dejó de moverse.
Ambos sujetos se levantaron sin dejar de sonreír. Masaru miró el ojo de Sakuma en su mano y lo aplastó en su palma.
—No vamos a necesitar más esto —. Aclaró al tiempo en que sacudía su mano en el aire para quitar un poco la sangre.
—Dulces sueños, princesita.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
[La misma noche, minutos antes.]
—[No te diviertas demasiado, solo son las nueve de la noche.]
—Claro que sí jefecito —. Musitó Fudo por lo bajo sin mucho interés en obedecer, sacó su teléfono y comenzó a teclear los botones.
Narukami daba pasos al ritmo de la música y movía la cabeza de arriba abajo entretenido, mientras se acercaba a la puerta del volante en donde Goenji se encontraba. Al llegar se inclinó con las manos en la cintura para fisgonear dentro del auto, notó al chico inconsciente que aun respiraba al lado de Goenji y sonrió, Fudo tendría más diversión después de todo.
—¡Jefe! —Llamó el chico sonriendo de oreja a oreja, virando su rostro a la izquierda sin moverse —¡El acompañante del sujeto esta…! —Antes de poder concretar la frase, se derrumbó de lleno en el pavimento. Una bala le había atravesado la cien.
Y Goenji estaba saliendo del auto.
Fudo escuchó el disparo y volteó de inmediato, apuntando hacia el auto. La puerta se abría forzosamente ya que estaba abollada pero Goenji pudo salir; tenía hematomas en el rostro y sangre en toda su ropa. Miró de reojo a Atsuya y luego a Fudo, pero no lo apuntaba.
—¿Tú no te cansas, amigo? —Preguntó el castaño entre molesto y hastiado por la insistencia del otro—. Me caías bien, en serio que sí. Pero resulta que metiste la pata y ahora te toca besar el suelo —. Se acercó a Goenji a paso lento, meciendo la mano que sostenía su arma—. ¿Te lastimaste? Pobrecillo. Deja que te ayude con eso —. Le disparó más arriba de la rodilla derecha, el cuerpo de Goenji se fue hacia atrás pero no cayó al suelo de espaldas, se impulsó como pudo hacia delante arrodillándose. Respiraba por la boca lentamente, inhalando y exhalando con profundidad. —Ups. —Murmuró con gracia, le apuntaba al corazón—. Pero esta vez no fallaré, y luego mataré a tu amiguito si sigue vivo. Pero si no, me divertiré al menos jugando con su cadáver. Caminó más rápido hasta llegar frente a Goenji y lo tomó con fuerza del cabello, halándolo para obligarlo a mirarle el rostro. Fudo mantenía esa sonrisa de arrogancia que lo caracterizaba y le puso la boca de su F92 bajo la barbilla— ¿Quieres decir algo antes de morir?
—Cuando te mate…—comenzó Goenji despacio— te escupiré el rostro, tomaré al chico, tu chaqueta y tu auto… Y luego iré por Kido. Luego por la rata mayor. —Concluyó lo último con una sonrisa. El castaño no pudo evitar mofarse como loco.
—¿Me estas jodiendo, no es así? —Dejó de reír inclinándose un poco hacia delante—. Y dime una cosa, señor grandes planes ¿cómo piensas hacer eso? Porque te recuerdo que ya no te quedan balas, y pelear cuerpo a cuerpo conmigo en tu situación, ahora es inútil —. Sonaba muy confiado, pues no había más que verdad en sus palabras. Goenji lo sabía.
—Tienes razón. A mí ya no me quedan balas —, Fudo deformó su expresión en una parecida a sorpresa, giró su torso al tiempo en que escuchaba el disparo de un arma y sentía una bala impactar en la parte baja de su abdomen, haciéndolo caer. Soltando el arma—. A mí.
Atsuya se encontraba más delante de él, apuntando uno de los revólveres de Goenji con las manos temblantes por el miedo. Su rostro estaba lleno de sudor y sangre, sus ojos estaban rojos e hinchados por el llanto y le dolía la garganta. Su ropa también estaba cubierta de sangre y sentía que en cualquier momento volvería a perder el conocimiento desplomándose, su vista estaba en un punto específico en algún lugar frente a él, daba pequeños brinquitos parecidos a espasmos de vez en cuando por la conmoción y el llanto que reprimía pero no quería expulsar. No dejaba de apuntar y no se movía, así que Goenji se levantó lentamente tratando de no afincar demasiado su pie, se acercó cojeando hacia el chico y tomó con cuidado el pequeño cañón del revólver.
—Ya está Atsuya, todo acabó, dame eso. Todo termino —, Atsuya seguía sin mover un musculo. Lentamente comenzó a aflojar el agarre del arma entre sus manos pero aun no dejaba de mirar ese punto inexistente— Tranquilo —. Le decía llevando el arma a su bolsillo trasero—. No pasa nada, lo hiciste bien —. Goenji abrazó al chico por el cuello y éste lo correspondió rápidamente, cerrando sus ojos con fuerza y desahogándose al fin.
—Yo… ¿Lo maté? —Preguntó con miedo, jamás había hecho algo parecido, nunca había disparado un arma y mucho menos había matado a alguien alguna vez.
—Claro que no Atsuya, no lo mataste.
Fudo se retorcía de dolor en el suelo. Goenji se separó del chico segundos después, ya estando más calmado. Le pidió que se dirigiera al camaro y dio media vuelta, pero Atsuya no se movió, no podía. Goenji se acercó al castaño con cuidado de no lastimarse más de lo que ya estaba. Estaba muy oscuro ya, las luces tenues de la calle eran la única iluminación que tenían, ya que esa noche no había estrellas. Una vez que se encontró lo suficientemente cerca como para que el sujeto lo viese, le escupió en la cara, limpiándose los labios con su manga. Fudo movió su cara sin dejar de retorcerse, no sabía exactamente donde había quedado la bala, pero sabía que había sido un lugar en donde una bala jamás debería llegar. Goenji se paró con la cabeza de Fudo al frente y se inclinó para alar su chaqueta, con algo de forcejeo logró quitársela, la sacudió un poco y revisó sus bolsillos, consiguiendo las llaves del camaro.
—¡Maldito! —Gritó histérico, luego rió con ganas—, te está faltando algo ¿No crees?
—No estoy haciendo las cosas en el orden que dije que las haría. Y también hay un cambio de planes—, se encaminó hacia Atsuya, quien no se había movido de su lugar. Goenji estaba preocupado —Te dejare vivir, para que le digas a Kido que lo mataré en cuanto lo vea —. Volteó su rostro para mirarlo una vez más —Y dime, ¿qué mejor manera de que pagues por lo que estás haciendo, que dejarte vivir sabiendo que no cumpliste con tu tarea, y volver a las alcantarillas en donde serás el hazmerreír por haber sido vencido por un chico que jamás había usado un arma en su vida?
Tomó el hombro de Atsuya haciéndolo volver de su ensimismamiento, le sonrió amablemente y le besó la mejilla con dulzura para que se calmara un poco. Atsuya le correspondió la sonrisa con algo de torpeza, y de un momento a otro sintió como su entorno se desvanecía cayendo en los brazos de Goenji, quien trastabilló un poco pero logró mantenerse de pie. El chico se estaba muriendo, había recibido la mayor parte del golpe.
El camaro estaba algo dañado en la parte delantera pero estaba mejor que el viejo FIAT así que era una buena idea después de todo. El único problema que parecía tener era llevar a Atsuya hacia el auto sin lastimarlo ni lastimarse.
Fudo trataba de no moverse ya que eso intensificaba el dolor, tomo su walkie-talkiecon la mano ensangrentada, mientras oprimía la herida con la otra y escuchaba como las llantas de su auto chirriaban y rallaban el pavimento a toda prisa. Al tenerlo por fin entre sus dedos se dispuso a presionar el botón, pero la voz de Kido lo detuvo.
—[¿Fudo? ¿Por qué quitaste el rastreador de tu auto? ¿Qué estás haciendo?] —sonaba molesto, Fudo también lo estaba. Maldijo a Goenji pero se contuvo para no gritar—. [¿A dónde te diriges? Responde maldita sea.]
—¿Quieres calmarte y dejarme hablar? ¡Coño! El puto se fue —, era demasiado, no quería decirlo. La ira lo estaba consumiendo, miró el cielo y se limpió el sudor de la frente arrugando la boca al pensar sus palabras—. Se fue con mi auto. Mató a Narukami y se llevó al chico, estoy herido de muerte tirado cerca de la calle principal —. Su voz se hacía débil con cada palabra, estaba perdiendo la conciencia—. Ven por mi Yuto.
Kido se mantuvo en silencio por unos segundos eternos.
—[No soy tu niñera Akio, te dije que era peligroso. Debiste dejar que Densuke se llevara a los muchachos, tú ya no estas…] —Fudo lo cortó antes de poder terminar la oración.
—No necesito que me sermonees —. Respiraba con fuerza. Comenzó a escupir sangre para no ahogarse—. [¿Vendrás por mí?] —su mirada estaba perdiendo el brillo.
Kido suspiró.
—[Sabes que sí. Siempre te ando salvando la vida después de todo.] —Fudo sonrió, sintiendo los parpados extrañamente pesados—. [Pero no creas que saldrás salvo de esta. Seguramente te darán de baja, si logro evitar que te linchen.]
—Eso está bien —, el de ojos verdes no sabía cómo es que aun podía hablar
—[¿Fudo? Espérame allí ¿OK?... ¿Fudo?]
—Estaré esperándote justo aquí —. Mintió. Ya conocía su final —Y Yuto —, su mano dejó de obedecerlo, ya no estaba presionando el botón para poder ser escuchado por el otro. Kido se quedó en silencio pero no escucho nada.
—[¿Qué pasa? ¿Fudo?]
—Cuídate —. Le dijo a la nada, cerrando sus ojos y dando el último suspiro para caer inconsciente.
—[¿Akio?...] —Kido se dejó caer en su silla—. Iré por ti amigo mío.
—Jefe —, le llamó un castaño de cabellos negros, pelo liso y labios grandes. Kido no lo miró— ¿Perdimos a Fudo?
Silencio.
—No Kazumichi, el idiota sigue vivo —. Se levantó nuevamente y tomó su chaqueta para caminar a la entrada. — No pierdas de vista el auto de Narukami —, suspiró al decir el nombre—. Ese chico tenía futuro. Como sea; iré por Fudo. ¿Pero dónde está Jimon?
—No lo sé jefe, estaba con Masaru más temprano en la oficina. Continúa hablando con los del sector dos. Parece que harán algo grande, pero no los vi salir. Luego vine para acá.
—Planeaba ir con él, pero si están con los del sector dos deben de estar ocupados. —No dijo nada más, salió y cerró la puerta pensando qué le diría a su jefe sobre la incompetencia de Fudo. —Nos metiste en serios problemas —murmuró para sí mismo—,si no estás muerto para cuando yo llegue, seguramente te mataran aquí. Y yo no podré hacer nada —. Suspiró nuevamente—. Eres un dolor de cabeza.
Al abrir la última puerta notó que llovía a cantaros, no se podía ver nada. Dio unos pasos pero chocó con un bulto a un lado de un contenedor de basura. Era Sakuma. Se inclinó curioso, quitándose los lentes para tratar de verlo mejor y al notar el estado tan deplorable en el que se encontraba, no supo realmente si aún respiraba hasta que le tocó el cuello.
—Otro imbécil que se está muriendo —. Estaba comenzando a perder la paciencia. Le levantó el rostro y notó que le faltaba un ojo —Masaru… —Esa noche no dejaba de suspirar. Se levantó yendo hacia un pequeño techo para sacar su teléfono—. ¿Hola? Necesito que vengas a la entrada, hacia el contenedor de la esquina; recoge la basura de aquí y llévala adentro. Cuando hagas lo que ya sabes, busca a Masaru y dile que no me importa si tiene una reunión con el primer ministro o si se está follando a la tesorera de Japón: lo quiero en mi oficina hasta que yo llegue —. Y sin esperar respuesta colgó. Miró al chico con una ceja enarcada y pateó con cuidado su pierna, pero no hubo reacción de su parte. Decidió que dejaría todo en manos del sujeto que sabía de medicina y se fue a buscar a Fudo.
o-o-o-o-o-o-o-o
[Sábado 13 de Julio de 2013, 22:45]
Estaba fastidiado, muy fastidiado. No había casi nadie en el bar por culpa de unos locos que se pusieron jugar al gato y el ratón en la avenida, ahora había policías cerca de la zona desde la mañana y no había matones en el local. ¡Los que más dinero llevaban! Solo deseaba que Goenji no estuviese involucrado, porque de ser así, iba a hacer que se las pagara muy caro. Se recostó de la barra sentándose en una silla con la vista en la puerta, comenzando a creer que los pocos idiotas en el lugar no iban a tardar en irse. Roló los ojos por eso. Luego, de un momento a otro, comenzó a pensar en el castaño de la noche anterior; esa cinta gruesa en la cabeza le quedaba muy bien. Comenzó a fantasear sobre lo que haría al topárselo de nuevo y no pudo evitar sonreír como tonto. Quizá podría sacarle mucho dinero.
Y como si lo hubiese llamado; el castaño abrió la puerta. Llevaba un chaleco negro sin abrochar sobre una camisa a botones marrón, muy sexy. Heat pasó una de sus piernas sobre la otra lentamente, sonriendo.
—Bienvenido —le saludó una vez el chico estuvo cerca—, ¿Deseas tomar algo?
—Claro —Nepper lo tomó del brazo y lo levantó de un jalón, ignorando las pocas personas que estaban en el lugar. Lo elevó sobre la barra y lo sentó en ella, abriendo sus piernas para poder acercarse más al chico, levantó los brazos de Heat haciendo que éste le rodeara el cuello con ellas y le abrazó la cintura. Todo en menos de cinco segundos.
Heat estaba sorprendido y sonreía como niño chiquito en navidad, el muy idiota había caído redondito en su trampa en menos de veinticuatro horas, eso sí que era un record personal. Nepper no entendía cómo es que el chico era tan atrayente, lo miró a los ojos y notó algo extraño en ellos pero omitió esa parte, luego bajó hasta su mejilla y besó la pequeña cicatriz del chico sorprendiéndolo. La acción no era la que él esperaba, solo lo estaba mirando sin decir nada; con esa cara de bobo enamorado que por supuesto no se creía. Trató de no perder la compostura y seguir con el teatro.
—¿Qué deseas tomar? —susurró Heat con algo de nerviosismo, estaba comenzando a sentir la penetrante mirada del otro. Una mirada que jamás le habían dado.
—A ti.
La puerta se abrió furtivamente, destruyendo el silencio ambiente del lugar.
—¿Qué mierdas? —se sobresaltó Heat separándose bruscamente de Nepper y levantándose de su lugar—¿Pero qué mierdas? —repitió aun sin creerse todavía lo que estaba viendo.
To be continued.
Ah ~ amo esto.
Las canciones no eran realmente necesaria, pero como me ayudaron a inspirarme creí que tal ves entrarían en la historia con ellas ^^
De verdad espero que los siguientes capítulos sean igual o más largos que este, porque de verdad no mee agradan mucho los primeros que escribí -w- Posiblemente cuando este más avanzada la historia decida extenderlos un poco, no sé. Aun debo escribir el segundo capitulo de otra historia y estoy escribiendo otro One-shot (no me peguen), pero no voy mal [LOL estoy bloqueada]
Próxima actualización: [Indefinida] Seguro no paso de dos semanas pero daré la fecha en facebook :3
Capitulo 7: [No tengo ni el nombre aun ._.]
Hasta luego. ~
