Título: Secreto

Capítulo 6: Segunda Orden ¿Quizás ha cambiado?

Comentarios al final. ~


[Viernes 12 de Julio de 2013, 22:59]

—¿Es que no piensas irte?

Y tenía muchas ganas de hacerlo, pero era tan grande su orgullo y tanta su idiotez que no se movía de la puerta. Miraba al chico como esperando a que reaccionara, que volteara a verlo al rostro y le dijera que no se fuera, pero sabía que eso no iba a pasar. Aun así no salía.

La habitación era blanca –como las otras–, tenía un tocador y un espejo pequeño en una esquina, una mesita junto a una papelera, ambas llenas de botellas vacías, y un pequeño cesto con ropa sucia. Gazelle estaba hecho bolita en la cama oprimiendo un poco su estómago y arrojando la almohada y la inútil –por no decir inutilizada- sabana al suelo. Estaba mejor pero aún le dolía, y no podía quejarse como era debido porque Burn aun lo estaba mirando.

—Eres una molestia —le dijo esperando que fuese suficiente para que se fuera.

—Pues no me crees una molestia cuando te acuestas conmigo —dijo Gazelle rápidamente ignorando la pequeña punzada que apareció en el acto. Lo miró con una ceja enarcada y luego comenzó a reír por lo bajito. Sus risas aumentaban el volumen de a poco y sin darse cuenta, sus carcajadas resonaban en toda la habitación, ya no le dolía el estómago. Burn frunció el entrecejo confundido, no era la reacción que esperaba. Pero con Gazelle no se podía estar seguro de nada.

—Suenas dolido —trataba de controlar su risa mientras hablaba—,¿no me digas que sientes algo por mí? Burn estaba sorprendido, trató de no mostrar expresión alguna ante la interrogante pero le fue inútil, evadiendo los ojos del otro hacia el suelo. Gazelle se volvió a reír¡Por favor! alzó la voz divertido,no esperes que yo sienta lo mismo, que decida correr a tus brazos para abrazarte y decirte todas esas mariconadas de amor en las que no creo. Tenemos sexo y ya. Pensé que te había quedado claro si algo odiaba más que el desinterés de Gazelle era su manera de destruir a las personas con sus palabras sin sentir ni una pizca de remordimiento,pero ya veo que no. Es una pena, pero no puedo seguir acostándome con alguien como tú.

—¿Con alguien como yo? repitió rápidamente,defíneme eso porque no te entiendo. Esas deberían ser mis palabras, debería ser yo el que dijera que ya se cansó de todo esto pero no. Porque la verdad es que yo si tengo corazón, tenía esperanzas. Yo si soy humano, soy masoquista y puedes insultarme como te plazca con cada palabra daba un paso, y ahora estaba tomando con fuerza los hombros de Gazelle, zarandeándolo de vez en cuando, pero tú, tú eres quien menos debe juzgarme; eres un ser despreciable, te burlas de todo y de todos porque tu vida es una mierda. A mí eso me traía sin cuidado, me gustaste porque vi en tus ojos lo que tratabas de ocultar. Tú y yo no teníamos sexo, estábamos haciendo el amor pero no lo viste. Yo si lo vi Gazelle trataba de zafarse del agarre pero era inútil, la punzada estaba volviendo—,yo te conozco mejor que nadie, mejor de lo que te conoces a ti mismo porque te estas engañando. Pero a mí no me engañas.

—Suéltame —le pedía—, me estas lastimando.

—¡Esto no es nada comparado con lo que tú me has hecho estos últimos años! le gritó, haciendo que Gazelle dejara de forcejear y lo mirara pasmado¿Quieres saber que es dolor? Trata de vivir cerca del amor de tu vida y que éste sea un mierda con todos y todos, hasta consigo mismo. Yo tampoco creo en estas mariconadas del amor, pero eso no significa que no quiera ayudarte.

—¡Yo!

—¡Sí! ¡Sí necesitas ayuda!

—¡Suéltame Nagumo!

—¡Jamás! ¡No importa lo que me digas o lo que hagas, ya no me va a doler! ¡Y la próxima vez que decida metértela, porque será mi decisión; haré que sientas tanto placer que me grites que no te la saque!

—¿Se puede saber que están haciendo? Burn lanzó a Gazelle en la cama al escuchar la voz de Grand tras él¿Cómo estas amigo? preguntó al aire, aunque ambos chicos pensaron que la pregunta se dirigía a Gazelle.

—Estoy bien respondió.

—La pregunta no era para ti aclaró suavemente mirando a Burn, éste giro su rostro a un lado y le dio un ligero asentimiento con la cabeza. Gazelle bufó por lo bajo—,pero me alegra mucho saber que ya estas mejor. La próxima vez iras tu a comprar la comida.

—Como quieras respondió restándole importancia al asunto.

Burn y Grand salieron de la habitación hacia la del segundo. Se sentaron, Grand en la silla y Burn en la orilla de la cama. Se miraron sin decir nada por un tiempo, Grand se cansó del asunto y se colocó los lentes, comenzando a leer los papeles sobre su escritorio, ignorando al otro. Burn se rascaba la cabeza con insistencia y fastidio, hostigado por el silencio pero resignado a no poder salir del lugar a menos que Grand se lo pidiera. Sabía que el pelirrojo de cabellos lisos estaba esperando que él hablara, no sabía exactamente de qué hablar o que decir pero debía decir algo para poder irse y tomar un baño largo. Deseaba que Grand iniciara la conversación pero sabía que no sucedería, porque le encantaba molestarlo, y más aún; era un placer perverso.

—¡Ahhh está bien! dijo al fin—. Tengo sentimientos encontrados.

Grand levantó la mirada de las hojas arqueando una ceja. Burn entornaba los ojos hacia todos lados nervioso y frustrado. El de cabellos lisos se quitó nuevamente los lentes y se reclinó en su lugar, dando un largo suspiro. Haciéndole perder la paciencia al otro.

—No quiero saber sobre tus sentimientos encontrados respondió simplemente—,lo que quiero es que me digas lo que sabes sobre las repentinas ganas de Nepper por salir —. Burn se quedó callado unos segundos, pestañeando rápidamente.

—¿Y porque mierdas no preguntaste eso desde el principio? exclamó obstinado. Grand sonrió pícaramente.

—Porque me diviertes Burn pestañeó de nuevo.

—Maldito… susurró molesto, y se dejó caer en la cama. Grand amplio su sonrisa¿No te cansas de hacer eso? Ni siquiera en deportes me dejabas en paz, ¡y era de tu mismo equipo! Grand sencillamente se encogió de hombros—.Nepper, al igual que todos nosotros, solo quiere follarse a alguien. No lo culpo. Y por lo que entendí es un barman lanzado Grand detuvo su explicación.

—¿Es un chico? el otro pelirrojo asintióPensé que no era gay, en fin. Continua.

—Como decía; es un chico cualquiera de los lados más pobres de esta zona, aunque a mí me parece que se lanza solo por dinero. Pero esa es mi opinión hizo una pausa, miraba el techo húmedo pensando que su amigo tenía más suerte que él—,como sea; está flechado o algo así, quiere volverlo a ver y todo eso. Si quieres mi opinión con respecto al tema de que lo vea o no volvió a hacer una pausa, esta vez mirando a Grand, quien solo asintió con expresión de «hazlo, no te voy a morder» en el rostro—:yo digo que no importa que vaya y se la meta un par de veces, sabes que Nepper no es escandaloso. Nadie se va a enterar de su presencia, luego se aburrirá del sujeto y volverá tocando su música para pasar el tiempo. Otra vez.

Y concluyó su explicación.

—No tengo problema con que vaya y vea al… muchacho ambos se miraron y rieron, Nepper tendría que dar algunas explicaciones luego—, lo que no quiero es que se ilusione y termine involucrando al otro. Espero que sea como tú dices y se aburra rápido, porque si no lo hace; tendremos problemas Grand estaba serio—, todos.

—¿Lo dices por algo específico? Grand vaciló un poco, pensando bien en sus palabras.

—¿Recuerdas el baile de graduación de los licenciados en medicina? Burn asintió, recordando el desastre y las sirenas de policíaTe dije que tenía un mal presentimiento.

—Y luego explotó el sonido por culpa del sujeto al que le dijiste que no subiera a la tarima con el ponche en la mano completó, sin dejar de recordar la peculiar fiesta. Muchas cosas pasaron esa noche—,y con eso…

—Le previne de algo y sucedió algo desagradable, que involucró a todos los de la fiesta y a la policía. Pues tuve una sensación muy similar cuando hablé con Nepper hace poco Burn colocó la mano en su barbilla en una pose pensativa, él era muy escéptico en ese tipo de cosas, pero algo que jamás se le iba a olvidar era ese día, por muchas razonesNo quiero que nos veamos todos involucrados en los problemas de Nepper y que se arruinen mis planes.

—Hablaré con él mañana, si eso te hace sentir mejor le comunicó levantándose y mostrándole los nudillos de la mano derecha—,y le preguntaré si puedo acompañarlo Grand igualó su gesto con la mano y chocaron los nudillos—.¿Te parece?

—Perfecto.

—Y sobre mis sentimientos encontrados…

—¿De verdad quieres hablar de eso? No soy psicólogo ni terapista del corazón.

—¡Iba a pedirte que lo olvidaras! Grand no pudo evitar reírse por eso—.Eres el menos indicado para dar consejos amorosos.

Paulatinamente dejó de reír, mirando a su compañero con una sonrisa y unos ojos que mostraban melancolía, pero solo un poco. Burn no notó eso.

—Tienes toda la razón.

[Sábado 13 de Julio de 2013, 15:00]

Habían transcurrido cuatro horas.

Ahora se encontraba en una silla frente al escritorio del casero.

Decidió dormir un poco y cambiarse de ropa, pero su mente seguía turbada y la situación no mejoraba ni un poco. Se había puesto en contacto con su abogado sin levantar sospechas, solo un simple traslado porque querían cambiar de ambiente, pero Kazemaru se había ido temprano al trabajo así que decidió hacer los trámites solo. El abogado no dudó de su palabra por supuesto, se dispuso a comenzar a hacer los papeles. Le preguntó si ya habían decidido en donde querían vivir y Endou le mostró la imagen y la dirección de una casa muy pequeña y modesta, nada en comparación al elegante departamento. El abogado estaba confundido, sin embargo; decidió que en donde viviera su cliente no era de su incumbencia, cerrando el trato verbal y pidiéndole que consultara muy bien con Kazemaru por si cambiaban de parecer a última hora. Endou le sonrió y le dijo que lo haría. Ahora estaba sentado en la silla. Deseando que alguien estuviese desesperado por comprar un departamento y pagar en efectivo.

El dueño del edificio era un hombre alto y delgado, de cabellos grises y bigote en candado. Estaba hablando con una voz gruesa por el teléfono tratando de ayudar a Endou, pero no era difícil conseguir alguien que tuviese lo que el chico estaba pidiendo que, para lo que era ese amplio departamento, era muy poco.

—¿Está seguro de vender el departamento a ese precio? ¿No le parece un poco baja la suma?

—No se preocupe le respondió Endou, tratando de formar una sonrisa—, es un precio justo para la velocidad con la que quiero que se haga el trámite —. El hombre aun sin estar muy convencido lo dejó así, después de todo tenía cierta razón; no se podía vender tan rápido un departamento siendo costoso, y la suma en realidad no era exageradamente baja.

—Muy bien, si es lo que desea. Conseguí a dos hombres que están interesados en el departamento.

—¿Dos hombres? inquirió Endou.

—Dos hermanos se explicó el señor—,sucede que en cuanto les dije la dirección pidieron hablar conmigo y con usted en persona —.Endou sentía que su suerte estaba cambiando, solo debía cerrar el trato y cambiar los nombres de los papeles del lugar. Todo se terminaría en menos de tres días. Solo deseaba tener tiempo suficiente para hacerlo.

Escuchó las palabras del hombre con cuidado, pero no había detalles de los posibles compradores así que solo debía esperar. Estaba ansioso.

Treinta minutos habían pasado ya.

—Deben estar por llegar, no se preocupe el golpetear de la puerta perturbó por un momento el silencioso ambiente—, deben ser ellos. Adelante.

La puerta se abrió dejando ver a dos hombres con rasgos muy similares entrando en el lugar. El más alto sonreía amablemente mientras daba un saludo cordial, el otro solo asintió mostrando su gratitud. Sus cabellos eran de un azul oscuro muy brillante, y ambos llevaban un abrigo largo negro.

—Por favor disculpen la tardanza dijo el más alto—,pero el tráfico y la lluvia no nos ayudó mucho. ¿Qué les parece si comenzamos? Endou se puso de pie con una sonrisa aliviado por la aparición, pero fue rápidamente deformada en asombro y espanto cuando, quien le hablaba; extendía sonriente una placa color dorado brillante y se la mostraba, junto a su silencioso acompañante quien le imitaba el acto.

—Déjenme presentarnos: Soy el detective Tsurugi Yuuichi y él es mi hermano; el agente Kyousuke, queremos hacerle algunas preguntas señor Zatoru Endou con respecto a algunas cosas, aparte del departamento, claro pestañaba sin poder creérselo. ¿Qué hacía la ley allí? No le había dicho nada a nadie, era imposible que se enteraran por si solos. El detective le pidió a Endou que los escoltara hasta su departamento y se disculpó con el dueño del edificio quien quedó algo atarantado por el repentino desenlace del asunto.

—No estoy entendiendo dijo Endou, yo no tengo nada que hacer con la policía. ¿A qué han venido? —Yuuichi lo miró confundido pero no duró mucho, su sonrisa apareció nuevamente.

—Vinimos a comprar el departamento.

Subieron por las escaleras –por petición del detective-, y entraron en el departamento. Endou no dijo nada en el pequeño recorrido, temía por la seguridad de Kazemaru y que ese repentino encuentro lo ponga en peligro. Parecía ser que el secuestrador podía ver lo que Endou hacía, así que debía ser meticuloso. Al entrar recordó el desastre que había causado él mismo en la sala, el cual no se había molestado en recoger, pero pareció no ser de importancia para los invitados. Éstos se sentaron y el castaño les ofreció algo de tomar.

—Y díganos, señor Endou. ¿Dónde está el otro propietario del departamento? el aludido tragó con algo de dificultad, se veía tenso y sudaba pero trataba de que no se notara demasiado—. Antes de que trate de excusarlo sepa esto el agente se levantó de su lugar con una mirada fría y una expresión de fastidio, quería terminar con el asunto para volver con su pareja.

—Recibimos la llamada de una oficina en la empresa de Seguros Kira. El jefe de departamento de ese sector había desaparecido y no se le podía localizar con su teléfono, un hombre con sus mismas características se presentó en la comisaria hace un par de días, se fue y no volvió. Y buscaba a la misma persona; Ichirouta Kazemaru Endou escuchaba atentamente. Claro que había abierto la boca, pero fue antes de recibir la llamada, que casualmente es el jefe de departamento que desapareció desde el miércoles, y la persona que la estaba buscando era usted.

—¿Por qué se fue repentinamente señor Endou?

—No sé de qué me…

—Mentir no servirá de nada lo cortó Kyousuke—,solo empeorara las cosas con usted.

—Pero si coopera con nosotros podremos dar con el paradero de Kazemaru. ¿Qué dice? Yuuichi no dejaba de sonreír, mantenía las piernas cruzadas y una mirada persuasiva. Kyousuke sacó una grabadora y una pequeña libreta—.Por ahora todo lo que tiene que hacer es responder a nuestras preguntas—.Endou se dejó caer en el sofá tapándose el rostro con ambas manos, no sabía las consecuencias que podría tener aquello, pero no tenía escapatoria. Aceptó la propuesta y el agente encendió la grabadora.

—¿Por qué quiere vender el departamento?

—Estoy obligado a hacerlo respondió—,es una de las órdenes que debo cumplir para que me devuelvan a Ichirouta.

—¿Sabe quién puede ser esa persona?

—No. No sé quién pueda ser el tono de Endou era de obviedad, pero Kyousuke estaba obligado a hacer esas preguntas estúpidas. Cuando me llama, habla con una voz computarizada.

—¿Cuántas ordenes ha cumplido? ¿Sabe cuántas son? Endou comenzó a darles una explicación breve del asunto.

—Si logro vender el departamento serían dos, pero el sujeto llama cuando quiere y lo poco que sé me lo dice en el momento. Me dice lo que quiere qué haga y cómo quiere que lo haga, luego me da una pista de cuánto tiempo puedo usar para hacerlo pero no me da un límite, así que estoy contra un reloj que no conozco, con miedo a que llame y aun no haber acabado nada la tensión y la furia de Endou se incrementaban con cada palabra que decía.

—Señor Endou, ¿tiene alguna idea de quién podría ser esa persona? el castaño se quedó en silencio, no podía pensar en alguien que pudiese hacer algo así. Miró al detective quien aún le sonreía, ahora como para darle ánimos. Luego de unos minutos decidió hablar.

—Lo lamento, no se me ocurre nadie.

—Alguna persona inconforme con su trabajo, una…

—No dijo Endou cortando a Kyousuke—,no se me ocurre nada.

Yuuichi se levantó acercándose al ventanal de la sala. Sus ojos seguían la línea de los autos que pasaban la esquina, tocó con la yema de los dedos y luego rascó el pequeño lunar a un lado de su barbilla. Ese caso se complicaba; no había pistas ni posibles sospechosos, no había piezas para unir, no había rastros que los llevaran a ningún lado. Como lo veía, estaban en un callejón sin salida.

El cielo estaba gris, el hombre del clima había dicho esa mañana que había pocas probabilidades de lluvia pero el cielo estaría nublado. Cualquiera con una pizca de oxígeno en el cerebro notaría que la lluvia era algo inevitable. Les había llovido en el camino, les llovería de nuevo. Llovería hasta que llegara agosto, eso es lo que pensaba el hombre, ya que debía llover en agosto y no antes, así que lógicamente en agosto cesaría la lluvia. A Yuuichi le gustaba la lluvia, le parecía nostálgica y hermosa aunque nunca lo dijera.

Su mente era muy tranquila, sin embargo la de su hermano. Ese era un caso aparte.

Kyousuke tomó la grabadora sintiendo que no había más nada que preguntar, no estaban llegando a ningún lado y eso le molestaba. No estaba concentrado en el caso y quería irse pronto antes de que comenzara a llover de nuevo. Tenía suficientes problemas con el caso anterior –que le parecía mucho más importante- y aun no estaba resuelto. Debía trabajar en eso en vez de estar allí por petición de su hermano. Además quería llegar temprano a su casa ese día, planeaba dormir un poco en su propia cama con su pareja por primera vez en semanas antes de volver al otro caso. Le dejaría el supuesto secuestro a su hermano, quien se veía más interesado en el asunto.

—Ustedes pueden ayudarme en esto, ¿no es así? Me refiero al apartamento. No sé cuándo volverán a llamarme y yo…

—No se preocupe señor Endou lo cortó Yuuichi acercándose a él—,tenemos todo bajo control pero Endou no parecía entender—. Nosotros compraremos el apartamento y usted dirá que se lo ha vendido a una pareja de recién casados, eso es lo que dirán los papeles.

—No, usted no lo entiende Endou se levantó impasible—.Es como si el sujeto supiera lo que hice.

Ninguno de los presentes logró conectarse en ese momento quizás había algo que no les decían aun. Kyousuke arqueó una ceja suspicaz.

—Cada vez que el hombre me llama sucede algo extraño: dice algún acontecimiento que yo realicé segundos antes de atender la llamada, como si pudiese verme. Pueden decirme paranoico, pero siento que puede vernos ahora mismo.

—Paranoico.

—Kyousuke, por favor el menor se encogió de hombros restándole importancia. Pero decidió inspeccionar el lugar antes de irse. Endou habló un poco más con el detective logrando calmarse y llegar a un acuerdo razonable. Les vendería el apartamento legalmente y harían las transacciones necesarias para que no se levantaran sospechas, esperarían a que el secuestrador llamara para interceptar las líneas y averiguar su ubicación exacta, el resto del plan no se lo darían a conocer aún. Cosa que lo molestó, pero no dijo nada.

Hablaron por media hora más. El agente no logró encontrar ninguna cámara o micrófono pero se aseguraría de llamar a un equipo especial para una inspección más minuciosa. Cuando bajaron hablaron con el dueño del edificio alegando que no había problemas jurídicos ni legales con Endou ni Kazemaru, así que podían continuar con la venta. El trato se cerraría unos meses antes de lo programado y enviarían el dinero a la cuenta del castaño, para mayor seguridad.

—Si le llama antes de que nosotros volvamos, actúe con naturalidad y siga con el plan del sujeto. Luego llámenos, no tardaremos.

Endou no estaba convencido del todo, el asunto de la ley y el hecho de que el tráfico alentaría su ida y vuelta le erizaba la piel, pero prefería tenerlos lejos y pensar de nueva cuenta sobre el asunto. No creyó necesario el que la policía interfiriera, de hecho no pensó en ella en todo el transcurso de la semana y su sorpresiva aparición fue como un balde de agua fría en la cabeza, no podía hacerlo solo. No si quería recuperar a Kazemaru.

Volvió a su departamento y se acercó al teléfono de la casa, lo descolgó y marco un número que conocía de memoria.

[¿Endou? ¡Cuánto tiempo amor!] —el castaño sonrió al oír al chillonsita voz conocida—. [No creas que no te extraño, porque te extraño mucho pero ¿Qué no es sábado?]

—Kazemaru fue a casa de unos parientes el otro brincó al otro lado de la línea tragándose con facilidad la mentira—,¿Puedes venir aquí? Sucede que venderé el departamento.

[¿Qué tu qué?]

—Sí. Y me gustaría pasar esta noche contigo, sería nuestra última vez en este lugar Endou sonaba seductor, sabía que el chico amaba eso. Coloco el teléfono entre su oreja y su hombro para presionarlo, usar ambas manos y poder tomar un vaso de vidrio pequeño y abrir una botella de ron—. ¿Vas a venir?

[Por supuesto mi amor, sabes que nunca te puedo decir que no. ¿Seguro que no nos interrumpirán como la última vez?]

—Totalmente sentía que debía relajarse, estaba pasando por demasiada presión en ese momento, más de la que podía resistir. Bebió un sorbo de alcohol en su vaso y volvió a colocar el aparato en su mano—,ven a las seis treinta. Te voy a estar esperando el chico confirmó y colgó encantado. Endou se dejó caer en el sofá pensando en ordenar un poco antes de que su cita llegara, no quería perder esa buena impresión que se había ganado. Y se olvidó rápidamente de Kazemaru, con cada sorbo que llevaba a sus labios.

Desabotonó su camisa y pensó que la hora acordada estaba muy lejos de llegar.

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[Sábado 13 de Julio de 2013, 16:15]

«Grand era una persona muy seria».

Mentira. Era el ser más extraño –interesante- del planeta. Y la razón principal de su comportamiento desinteresado y cambiante era cierto personaje que se había ido tan rápido como había aparecido en su vida.

Si bien esa misma persona había cambiado partes de los otros chicos; en él se notó una fuerte atracción que terminó dando sus frutos. La persona cuyo nombre no se mencionó más luego de su súbita desaparición, era de esas personas que podían tener múltiples estados de ánimo o múltiples personalidades en tan solo dos minutos. Pero no era todo, ya que también lograba ser la «manzana prohibida» de la que todos quieren comer, pero nadie nunca pudo. No complacido con eso también era dotado de incansable carisma que lograba transformarlos a todos –de uno u otro modo- y moldearlos a su gusto, si fuese una persona interesada. Pero ese no era el caso, por eso todo mundo lo deseaba. Esa inocencia infantil, ese cuerpo perfecto, ese carisma antes mencionado, esa actitud erráticamente atrayente. Todo eso cambió al grupo, uno por uno hasta llegar a Grand. Oh Grand, quizá su más grande creación. Pero no fue porque se haya querido, eso más bien fue un accidente en donde solo hubo recompensa, y no desdicha.

Grand era su reflejo, lo había convertido sin darse cuenta en una extensión de sí mismo. Actuaba por impulso y al momento, no pensaba en consecuencias o en lo que pasara después. Hacía lo que quería sin lastimar realmente a nadie –a menos que esa fuese la idea-, pero sus amigos se preguntaban si realmente era bueno o no. Era cierto que era una réplica casi exacta de aquel ser majestuoso y efímero, pero Grand sonreía de medio lado al pensar que habían más tornillos oxidados en su cabeza sueltos. ¿Era malo realmente? Ni él mismo lo sabía, pero estaba consciente de que la respuesta no lo afectaría. No era bueno ni malo, no lo entendían y no se entendía. Era un ser muy raro.

Imperfecto.

Porque era humano. Y como todo humano, deseaba algo, quería poseerlo a como diera lugar. Y en esos momento estaba frente a él, solo una puerta lo separaba de la felicidad que creía absoluta. Giró la perilla lentamente, mordiéndose con marcada ansiedad el labio inferior. Gazelle aún estaba en cama por petición del pelirrojo y no le molestó la idea de ser él quien le llevara la comida y el agua. Ya había entrado al cuarto ese día, pero igual se sentía como niño frente a un puesto de helados a pocos segundos de recibir el suyo. ¿Y por qué? Por ese deseo insólito, ese descabellado experimento, quería probar si era cierto; y si no, pues recrearía todo de nuevo. Porque quería tener cerca de nuevo a ese ser que no parecía humano.

Porque estaba loco.

Abrió finalmente la puerta con una botella de agua en su mano derecha y lo vio, con una franelilla blanca y pantaloncillos marrones, sin zapatos. Había un cintillo rojo que le quitaba el cabello de la cara, el resto estaba siendo recogido por una cebolla alta algo mal hecha. Grand no se movió, estaba contemplando a quien sería prontamente parte de su experimento: la recreación de un ser prefecto.

Kazemaru levantó el rostro con la mirada vacía para observar al recién llegado, deseando que fuese el chico de cabellos blancos. Pero era el otro, el sujeto que lo había besado el día anterior. Estaba sentado a una esquina de la cama encorvado hacia delante, su ropa al igual que su cuerpo estaban húmedos, había un calor infernal en ese lugar y no entendía muy bien porqué, el ambiente afuera debía ser frío o al menos debía comenzar a hacer frío, la única respuesta que podría darse sería que no estaba en Inazuma, o que estaba bajo tierra. No tenía las manos atadas pero eso no hacia diferencia, no había arma u objeto que pudiera usar para defenderse, no sabía pelear y aun no sabía exactamente qué era lo que buscaban esos sujetos. Deseaba que solo fuese dinero, Endou y él tenían ahorros en al menos tres cuentas, no era mucho pero sabía que los contactos del castaño servirían y estaba la policía, debían estar buscándolo. Eso deseaba.

Miró al sujeto cansado, no había dormido mucho por el miedo y el calor, se despertaba periódicamente sin poder evitarlo, la cama no parecía un lugar muy acogedor en esas circunstancias. Suspiró, había una botella de agua en la mano del sujeto, quien no trató de hacerle nada en la mañana. Pero eso no significaba nada.

Grand entró con una sonrisa pequeña, simulando la de un gato mirando a su comida aún viva. Sus ojos verdes buscaron los suyos pero no logró conectar la mirada. Mordió de nuevo su labio, era demasiado injusto ver y no poder tocar, pero sí podía tocar, solo que no era el momento aun. Sus pasos eran lentos, como si cuidara de pisar el lugar equivocado, pero realmente lo que temía era ahuyentar al pequeño. Cuando estuvo más cerca de él notó algo que logro que su sonrisa aumentara.

—¿Te bronceaste con la luz del bombillo?

—¿Qué? Kazemaru ladeó por inercia la cabeza, confundido. Fijó la vista en sus manos algo más oscuras de lo normal, solo un poco. Y abrió los ojos con sorpresa, la cual trató de disimular cuando el pelirrojo hablo nuevamente.

—Me gusta —. Caminó un poco más hasta quedar frente al chico, quien no reaccionó a la cercanía. Se inclinó para quedar más o menos a su altura y le extendió la botella de agua, Kazemaru dudó un poco pero la sed estaba siendo exasperante así que la tomó con lentitud, sin mirar el rostro del otro.

Cuando la tuvo entre sus manos el sujeto se enderezó y se sentó en la cama, hasta la otra esquina. Kazemaru bebió con insistencia de la botella hasta la mitad, luego respiró un poco y tomó otro sorbo, esta vez con más cuidado y lentitud. Sus prejuicios le decían que el agua podría contener algo pero su ansiedad le provocaba más sed, lo que la hacía incontrolable en su momento. Bajó la botella casi vacía y notó el silencio incómodo que se había formado en el lugar, silencio que le incomodaba solo a él porque para Grand era como estar en un museo. No despegaba sus ojos del chico, lo que lo puso nervioso.

—No te voy a hacer daño, ya te dije lo que quiero.

—Y yo ya te dije que no tengo que responderte nada Kazemaru estaba más calmado, al menos por fuera. Se veía molesto y hastiado de esa situación que parecía repetirse—. Si quieres dinero está bien. Si buscas algo ajeno a eso déjame decirte que te equivocaste de persona.

Grand se rió con gracia, era una risa tonta que en un momento y ocasión diferente, le pudo parecer a Kazemaru algo realmente atrayente.

—No es que no quiera dinero, pero eso no es todo en la vida ¿o no? había visto muchas películas de acción y secuestros, pero ese secuestrador no se parecía a ninguno de esos, ni por asomo. Y estoy completamente seguro de que no me equivoqué al traerte con nosotros. ¿Sabes por qué? Kazemaru no respondió—, porque eres igual a esa persona. No físicamente, tu voz tampoco es la misma, sin embargo te miro y siento que lo miro a él. No sé cómo explicarlo.

—¿Pero no me vas a lastimar? ¿No planeas matarme si no consigues lo que quieres? el pelirrojo lo miró con algo de vacilación, parecía confundido aunque no lo estaba realmente¿Le pediste algo a alguien? ¿Alguien sabe que estoy aquí? eran solo expresiones exageradas. Ahora Grand parecía haber entendido luego de quince explicaciones de la misma fórmula matemática.

—¡Ahhh! Sí, sí, claro Kazemaru arqueó una ceja, dudando que ese fuese el líder de todo eso—. Yo hablo de vez en cuando con el tal Endou, ¿así se llama no? Y le pido que haga cosas para mí rió por lo bajito—, es divertido escuchar sus reacciones, desearía poder verlo.

—¿Qué le has pedido? estaba aliviado de que alguien lo estuviese buscando, de repente creció valentía en el para seguir con la conversación como si le agradara el sujeto.

—¿Qué le he pedido? Grand pronunció la frase lentamente en una tonada fingiendo no recordar nada—. Ya me acordé dijo por fin, pero no puedo decirte nada porque eso arruinaría la sorpresa.

—Pero…

Grand lo calló.

—Ya has preguntado demasiado.

Gotas de sudor rodaban por la frente de ambos, que ahora se miraban. Kazemaru no sentía el miedo de antes, ya no era el «cuidado, pueden matarte» ahora era más bien algo como «cuidado, no sabes qué dirán después» o algo así.

Confundido, decidió arriesgarse nuevamente, pero Grand no dijo nada, solo continuó contemplándolo sosegado. Ya no sonreía, pero su semblante de calma le decían al otro que no estaba molesto. El de cabellera azul comenzó a frotarse un ojo levemente, Grand se acercó a él rápidamente y sostuvo la mano que utilizaba para el acto. «Te harás daño.» fue lo que dijo el otro, para después ser besado por éste. Kazemaru lo empujó lejos de sí, separándose solo del beso. Grand lo tomó por la cintura con la otra mano, respiraba por la boca y se relamía los labios al tiempo en que observaba el rostro del chico, y lo recorría sus ojos rápidamente por cada extremo de ella. Kazemaru también respiraba de manera agitada, todo estaba pasando muy rápido. Le pedía que se alejara de él pero el otro hacía caso omiso a sus suplicas. Solo un poco, si tan solo obtenía solo un poco más de él podría saciarse.

Comenzaron a forcejear, el pelirrojo no usaba toda su fuerza para ver las capacidades del chico. Era fuerte pero no tanto. Lo lanzó en la cama y continuaron con su pequeña guerra, no buscaba lastimarlo y no lo hacía, pero Kazemaru eso lo traía sin cuidado ya que no quería que aquello sucediera. Él era solo de Endou, aunque Endou no fuese completamente suyo.

—¿Por qué no te rindes? Te dije que no te haría daño.

—¡Me estás haciendo daño ahora mismo! Grand utilizó una maniobra sencilla para tomar las muñecas del menor y evitar que moviera las maños. Ahora si estaba confundido. Kazemaru lloraba, trataba de no hacerlo pero era inútil. Yo no quiero, pero me estas obligando. Eso me lastima.

Grand abrió los ojos.

—No era ese daño el que no quería causarte. ¡No te estoy haciendo nada que no hayas querido antes!

—¿Antes? —. El pelirrojo comenzó entonces a besar su cuello con delicadeza, Kazemaru se cohibía y subía los hombros tratando de evitar aquello pero era ineficaz. Además, se sentía bien.

¿Estaba alucinando? No, no era eso. Su cuerpo reaccionaba ante los besos que coincidían por casualidad con esos puntos débiles que tenía por toda la zona de su cuello. Su piel se erizó rápidamente y el calor no lo ayudaba a ignorar esas pequeñas sensaciones de placer. Quería alejarse pero a la vez quería que continuara, hacía mucho tiempo que nadie lo tocaba con esa ternura y pasión.

Grand levantó la mirada y sonrió para sus adentros, Kazemaru había cerrado los ojos y parecía que lo disfrutaba a regañadientes. El chico no se sonrojó sino hasta que sintió como paseaba una mano por debajo de su franelilla hasta su ombligo, provocando que su piel se erizara nuevamente y sus ojos se cerraran con más fuerza. Grand había soltado ya sus manos, pero éstas se mantenían en el mismo lugar, quería arriesgarse.

—Pídemelo y me detendré.

Le susurró en el oído, pasando sus labios por su barbilla, acariciando todo lo que podía tocar muy lentamente. Era sensualidad que desbordaba desenfreno, era algo más grande. Indescriptible.

Normal si estás loco.

Pero Kazemaru no lo estaba, él estaba consiente de todo lo que estaba pasando aunque deseara no estarlo. Todo se sentía endemoniadamente mágico, fastidiosamente familiar. Tomó su cabello con ambas manos y lo apretó con fuerza gracias a la frustración y el placer, no es que le estuviesen haciendo gran cosa, es que lo estaban haciendo muy bien. Pero su cordura le gritaba que dijera algo, que lo detuviese allí antes de que todo se saliera de control. Grand volvió a bajar hasta su cuello tratando de escuchar los suspiros contenidos casi perfectamente por el otro, lamía de vez en vez, saboreando el sudor salado que emanaba su presa, se relamía los labios y continuaba su camino de besos sin mucha prisa, deleitándose con cada roce. Su mano jugaba con el estómago y abdomen del chico, mientras la otra lo sostenía por encima de la prenda.

—Yo… yo no servía, no podía concluir ninguna frase a pesar de tenerlas muy claras en la mente. Suspiraba aunque no quisiera y se mordía el labio cada vez que sentía venir algún ruido producto de las caricias y los besos.

El sonido que calmó el ambiente fue el de la puerta siendo golpeada. Kazemaru agradeció a algún ser sobrenatural y Grand se separó de él lentamente, dedicándole una sonrisa cómplice antes de levantarse de la cama.

—¿Puedo pasar? preguntó Gazelle del otro lado de la puerta y sin escuchar respuesta la abrió. Sabía que estarías aquí. ¿Qué le estabas haciendo?

—Solo charlábamos, ¿es eso tan malo? cuestionó Grand de manera rígida, Gazelle roló los ojos por la actitud del otro.

—Ya estoy mejor y es mi deber cuidarlo, no el tuyo. Es hora del… no sé, ¿hora del baño? titubeaba. La verdad no tenemos hora del baño dijo dirigiéndose a Kazemaru, ya que la situación se volvió incómoda para el de cabellos blancos—, pero como no sé si has ido ya y tal vez quieras darte un baño.

Kazemaru asintió una vez mirando el suelo. Quería darse una ducha de agua helada y quedarse allí para siempre de ser posible. Grand suspiró resignado y salió de la habitación sin decir nada ni mirar a nadie, con una actitud muy diferente a la que tenía cuando entró.

—Déjalo le dijo al chico—, solo se quiere ver genial ante ti.

Luego de recordarle que era inútil cualquier intento de escape, salieron de la habitación hacia la puerta al fondo le pasillo.

El baño era completamente diferente a lo que se había imaginado en el corto camino, pensaba en paredes desgastadas y un tubo hueco por donde saliera el agua y ya. Pero no, claro que no. Las paredes estaban cubiertas de azulejos con toda la gama de azules, el piso era igual que en todo el lugar pero éste brillaba, como si estuviese pulido y cubría gran parte de el por una alfombra mullida blanca. Había una tina con ducha frente a ellos, nada ostentosa, un lavabo y un retrete blanco. La decoración sencilla en sí era muy elegante y bonita, lo que hacía el ambiente abrumador y siniestro era el único foco de iluminación en el techo, que titilaba de a poco y no daba mucha luz realmente.

Gazelle le mostró las toallas y su cepillo de dientes cerca del lavamanos.

—Puedes tomar la que quieras y será tuya hasta que haya que cambiarla por otra estaba siendo atento, él no era así ni con las mascotas que alguna vez tuvo en su infancia. No estaba del todo sano tampoco, pero no quería que la impulsividad de su jefe arruinara todo—, como sea. Usa ese cepillo nuevo que está allí. Las otras cosas que normalmente se tienen en el baño están en esta repisa, todo menos afeitadoras. No las necesitas.

—Yo jugaba futbol —. Inquirió tratando de doblegar al otro.

—Y yo era nadador. Pero eso ya no importa, acostúmbrate caminó hasta la puerta y se recostó de ella—. Todas las puertas de este lugar al cerrarse automáticamente se necesita una llave para abrirla de nuevo sacó entonces un llavero con muchas llaves iguales, tomó una que no se parecía a las otras y se la arrojó—. Esta, al igual que la de tu cuarto son las únicas que se diferencian de las demás tomó la cadena que ocultaba en su camisa mostrándole que de ella colgaba una llave azul, también diferente a las demás—, te quedarás con la del baño para que puedas salir, mi cuarto es el siguiente a la derecha, me llamaras para abrir el tuyo. No pierdas esta llave o me tendré que quedar dentro hasta que termines de hacer tus cosas. Las preguntas que quieras hacer te las respondo mañana. ¿Necesitas algo antes de que me vaya?

Kazemaru permaneció en silencio observando la llave dorada entre sus manos.

—No podrás dármelo.

Gazelle suspiro.

—Pues lamento oír eso. Creo se rascó tras la nuca sin saber que decir, estaba comenzando a fastidiarse y tenía sed—. Tárdate todo lo que quieras, estaré en mi cuarto así que solo toca cuando termines —. Y con eso salió del lugar, cerrando la puerta.

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[Sábado 13 de Julio de 2013, 17:38]

—Vámonos por la intercepción dijiste…

Yuuichi estaba al volante, suspiraba resignado ante las múltiples quejas de su hermano con respecto al tráfico y la lluvia.

—Kyousuke, por favor.

—¡No habrá embotellamiento dijiste!

—Tienes casi treinta, deja de actuar como un niño pequeño.

—Tengo veinte seis corrigió acomodándose en el asiento del copiloto, había pasado un rato pero lo sentía más largo—. Y soy más maduro que tú.

—Le diré a Tenma que iré a cenar a tu casa.

—¡No te atrevas! ¡El adora cuando vas! Me desplazara.

Los dos actuaban como niños.

El auto no se movía y tenían prisa, a lógica de Yuuichi era que estaban en el lugar menos congestionado, así que no había problema. Le había mandado un mensaje a Endou para decirle que llegarían tarde por el tráfico pero que no se preocupara. Este caso le estaba interesando, no todos los días se sabe de un secuestrador que te pide deshacerte de algo de ropa. Pero su hermano no parecía estar del todo interesado en el asunto.

—¿Te pidieron trabajar en el caso de los noventa? preguntó luego de un rato de silencio.

—Así es, es importante para mí. Si logro hacer esto bien me ascenderán.

—¿Y sabes porque lo llaman el caso de los noventa? Kyousuke enarcó una ceja, claro que lo sabía. Porque se abrió a principios de esa fecha, y hasta ahora no han logrado cerrar el caso.

—Yo lo cerraré —. Sus palabras sonaban seguras.

—Es arriesgado.

—Puedo cuidarme solo.

—Ese no es el punto —. Ambos quedaron en silencio, la cola comenzó a moverse un poco así que comenzaron a andar, pero solo unos centímetros, luego volvieron a estancarse

—¿Y cuál es el punto?

El mayor lo miró por el rabillo del ojo, no sabía cómo continuar con la conversación ya que su hermano era una persona muy terca y testaruda. Suspiró nuevamente y se dispuso a dar de esos sermones que ambos odiaban.

—Kyousuke…

—Ay no.

—Yo estuve dos años en ese caso; cuando era novato. Tu solo tienes dos meses, veras cosas que van a marcarte, comenzaras a temer de todos y de todo. No es que dude de tus capacidades ni mucho menos pero, adentrarse a esas alcantarillas no es para cualquiera. Además, estas en una relación y si te adentras demasiado en esto la vas a perder Kyousuke escuchaba atentamente a su hermano, no sabía que había pertenecido al caso en su juventud aunque ahora se explicaban mejor algunas cosas.

Ambos miraron al frente por un largo rato, el auto avanzaba de a poco así que pronto llegarían a la curva que podrían usar como atajo para llegar más rápido a su destino. Kyousuke pensaba en Tenma, quería darle lo mejor y para eso debía trabajar duro, no era fácil vivir con alguien al que le pagaban solo con hacer acto de presencia pero no tenía más opciones, lo amaba y era correspondido, así que debía esforzarse por ser alguien y caminar junto a él sin que lo menosprecien los demás. Sucede que se le ocurrió la brillante idea de enamorarse de un niño rico que vivió toda su vida orinando en bacinillas de oro, no era culpa del chico que sus padres fuesen importantes –su madre actriz y su padre cineasta-, se conocieron por accidente y fue amor a primera vista –en realidad cuando lo vio deseo follárselo con fuerza-, era adorable y carismático, todo mundo lo conocía y sabían de Kyousuke, pero todos lo ignoraban como si el sujeto no existiera.

Trabajar en la policía no era malo, lo amaba, ambos hermanos lo hacían. Pero no era algo realmente «genial» como para estar junto a Tenma, era algo de orgullo.

Por otro lado Yuuichi no tenía ese problema. Se concentraba en sus casos y su vida amorosa era nula. Salía solo con algunos colegas del trabajo y mantenía siempre sus asuntos personales a distancia de todos, podía ser la persona más amable del mundo pero eso no significaba conocerlo realmente.

—Hermano llamó Kyousuke de pronto. Lo lamento, pero esto es importante para mí. Si tengo que enfrentarme a algo que sé que no podré manejar, lo dejaré.

Yuuichi le regaló una linda sonrisa.

—No trato de asustarte para que abandones, sabes que eres lo único que tengo, hermano; si te pierdo no lo soportaría. Yo soy el viejo aquí, soy quien se debe morir primero ambos se echaron a reír.

—Tienes razón con lo de viejo.

La lluvia se estaba apaciguando y los autos avanzaban con algo más de rapidez, para la suerte de todo mundo allí.

—Yuuichi —. Llamó el menor.

—Dime.

—¿De verdad cenarás en mi casa? —. Preguntó algo asustado.

Yuuichi rió nuevamente.

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[Viernes 12 de Julio de 2013, 23:20]

Se lanzó en su cama aguantando las ganas inmensas que tenía de gritar.

¿Quién rayos se creía Burn que era? Para hablarle así y decirle todo aquello. No había reaccionado como lo habría hecho normalmente, algo que dijo lo noqueó de verdad.

¡Esto no es nada comparado con lo que tú me has hecho estos últimos años!

¿Qué la había hecho? Ambos estaban conscientes de lo que sucedía. Solo era sexo y ya, eso es a lo que habían quedado en algún momento. ¿Cuándo había cambiado eso? No lo recordaba, no cambió nada en él, sino en el pelirrojo; no había pedido que se enamorara y no quería enamorarse porque no creía en esas mariconadas. Lo había heredado de su familia, le habían enseñado que todo era interés, que te ofrecían algo con el fin de conseguir algo a cambio. Él le daba sexo a Burn y recibía placer como pago, era un trato justo pero ¿qué mierda era esa de amor desinteresado? Sus padres no se amaban, su hermana menor no amaba a su esposo, eso es todo. Por dinero o prestigio social. No sabía que era eso de dar sin esperar recibir nada, nadie se lo había enseñado. La razón de que estuviese allí ayudando a Grand era porque recibía a cambio algo de diversión sin hacer mucho esfuerzo. No entendía porque había planeado aquello pero cuando le pidió ayuda no dijo que no, lo pensó un poco y le pidió algo a cambio. Grand accedió y todos felices, así era aquello en ese extraño mundo en el que no decidieron nacer. No le molestaba, tenía lo que quería y hacia lo que le daba la gana, no le importaba nadie más porque él no le importaba a nadie. Y luego estaba Burn.

Por supuesto que no le creía, era estúpido aunque le haya hablado con esa voz tan sincera. Maldita sea por la confusión en su cabeza. Tenía sed, mucha sed pero no quería salir del cuarto y encontrarse a alguien. Le dolía el estómago y el dolor aumentaba al escuchar el eco de las palabras del pelirrojo en su cabeza.

Tú y yo no teníamos sexo, estábamos haciendo el amor pero no lo viste. Yo si lo vi.

¿Amor? Se rió quedito mientras se hacía bolita. Era gracioso que alguien le dijera eso a él, no es que fuese una zorra que se acostaba con todo el mundo. Él tenía tratos muy diferentes con todos, su actitud también cambia para ayudar a que las cosas funcionaran, lo consideraba una práctica para cuando le tocara ser el jefe en el negocio de su padre y se enorgullecía cuando todo salía como lo planeaba. Que alguien le mencionara esa extraña palabra era ofensivo. Comenzó a dar vueltas en la cama y las risitas previas aumentaron, sin darse cuenta se carcajeaba como loco y tomaba sus cabellos con fuerza. Se levantó tratando de contener la risa y se acercó al pequeño espejo para mirarse, trataba de colocar una mueca de duda pero las risas no lo dejaban.

¿Estaba llorando? Comenzó a reír con fuerza nuevamente.

—¡Que gracioso es esto! decía tratando de no ahogarse—, ¡Soy un tonto! Debería aprovechar sus absurdos sentimientos en vez de estar ignorándolos su rostro estaba rojo por la risa y mojado por el llanto que no cesaba—. ¿Pero porque lloras? le preguntó al espejo alguien te ama, deberías estar feliz. Sé feliz.

Comenzó a girar en su sitio danzando con gran destreza sin caer, escuchando su melodía favorita en la armónica de Nepper dentro de su cabeza. Al tiempo en que secaba sus mejillas y miraba de vez en cuando el espejo. Era una persona con un físico muy hermoso, lo sabía, lo usaba a su favor, todo era parte del plan.

Ya no tenía sed, cuando el sonido en su cabeza se detuvo se quitó toda la ropa y se dejó caer en la cama, durmiéndose al instante.

Jugaba con todos. Hasta consigo mismo, lo hacía porque estaba loco.

Pero allí todos lo estaban.

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[Sábado 13 de Julio de 2013, 17:00]

El agua helada empapaba todo su rostro y su cuerpo desnudo, trataba de concentrarse y disfrutar el momento pero los sucesos previos se lo impedían. Tardó unos minutos en entrar a la ducha ya que temía que hubiese cámaras o algo por el estilo, no se quería volver loco pero no estaba de más ser precavido. Se desvistió con lentitud y ahora estaba en la ducha, con la cara roja por la vergüenza delineándose el labio inferior con la yema de los dedos. «No me besó en los labios» pensaba, pero no sabía porque lo inquietaba aquello. Quizá no lo hizo para no incomodarlo más, quien sabe.

Pensaba también en cómo serían esos sujetos, eran cuatro si su memoria no le fallaba. Ya conocía a dos y había visto muchas veces otro, el músico. Cuanto tiempo iba a estar allí y que sería de su estancia, no parecían tener intenciones de hacerlo sufrir y debía obedecer las reglas básicas si quería salir vivo de esa. En que lio estaba. Un sujeto tenía muchas ganas de metérsela y no había hecho nada para impedirlo, nada que sirviera realmente. Ser bueno en la cama no es motivo para revolcarse con cualquiera, menos si esa persona te tiene prisionero.

Luego de enjabonarse y lavarse el cabello se quedó otro rato bajo el agua, sabía que apenas saliera sudaría como animal. Tal vez le pediría al chico que lo cuidaba dejarlo salir del cuarto un rato, arriba no parecía hacer tanto calor como allí. Cerró la llave y tomó una toalla blanca, sacó un pie pisando la alfombra blanca y contuvo un grito, sus ojos se abrieron con terror. Luego miro la toalla de la cintura y la extendió, estaba roja al igual que la alfombra, parecían manchadas de sangre. Grito con fuerza sin poder contenerse y se dejó caer de rodillas en la alfombra ensangrentada. Pasaron unos segundos pero no sentía dolor en ningún lado, palpaba con la palma de su mano la alfombra y esta se volvía roja y húmeda, miraba su mano pero no había nada, el miedo fue disminuyendo de apoco.

La puerta se abrió deprisa dejando ver la figura de Gazelle algo exaltado.

—¿Se puede saber que carajos te pasa?

—L-la alfombra… Yo… Sangre tartamudeaba y miraba al chico, luego señalaba las manchas rojas, luego de nuevo al chico. Gazelle suspiró fastidiado, tomó una toalla verde oscuro de la repisa y la colocó en la espalda Kazemaru cubriendo su cuerpo desnudo.

—Es una broma el menor pestañó un par de veces—. No te asustes, son lo último en decoración para espantar a los invitados: el contacto al agua las pone rojas como si estuviesen manchadas con sangre. Es gracioso.

—¡¿Te parece que me estoy riendo?! ¡Casi muero de miedo!

Gazelle sonrió con malicia, el chico era divertido.

—Te ves lindo cuando te enojas Kazemaru notó como las manchas en la alfombra se hacían más pequeñas, las más chiquitas y superficiales. Solo era humedad así que desaparecían rápido. Levantó la mirada hacia Gazelle quien estaba más cerca de lo que recordaba, sin dejar a un lado esa sonrisa—. ¿Recuerdas cómo me llamo?

—Ga-ga…

—Gazelle pronunció lentamente, acercando su rostro al del otro—. Por favor no lo vayas a olvidar Kazemaru negó llevando su cuerpo hacia atrás quedamente—, ¿somos amigos verdad? Te contare un secreto: aquí todos estamos locos, si quieres hacer algo que consideres normal posiblemente te vaya mal.

—¿Por qué dices que están locos? en su voz había marcado temor hacia la respuesta. Gazelle amplió su sonrisa.

—Todo es tu culpa. Fácilmente podría matarte en este instante por lo que me hiciste, no lo recuerdas pero no me importa. Por supuesto no voy a hacerlo porque hice un trato con Grand, uno muy bueno si me lo preguntas, pero me gustaría a cambio de no matarte hacer un trato contigo.

—¿Qué quieres? De mí.

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[Sábado 13 de Julio de 2013, 19:29]

Los policías no volverían por un rato más, estaba agotado y muy bebido. Tenía a un precioso rubio a su lado, ente sus brazos y no lo quería soltar.

—Amor, eso fue asombroso. Hace mucho que no hacíamos nada tan loco se rió luego de decir eso, con su vocecita para nada masculina. Su cuerpo era más pequeño que el de Kazemaru, su piel era morena y su actitud distinta; era la mascota perfecta. Amaba con locura a Endou y no le importaba ser el otro, le parecía divertido. Siempre usaba cosas exóticas en sus encuentros y le encantaba jugar. Endou se sentía un hombre con mucha suerte.

Acaricio los cabellos húmedos del rubio y se besaron.

—A mí también me gustó mucho, Ryou. Aunque no esperaba que trajeras el traje de gato negro.

—¿Te sorprendí? el castaño sonrió pícaramente. ¡Qué bien! Lo sabía. Es que hacía mucho que no me disfrazaba para ti.

—Fue buena idea.

Miyasaka se incorporó un poco en el sofá -ni siquiera dejó que Endou lo llevara a la cama-, rebuscó con los ojos las orejas de gato que se le habían caído cerca y se las colocó nuevamente.

—No sé por qué sigues con Kazemaru si me tienes a mí comentó colocándose sobre el castaño, rozando sus hombrías al tiempo en que besaba y lamía su abdomen¿Por qué no terminas con eso? ¿No vas a vender el departamento? se acercó a su oído para susurrarle. Ven a vivir conmigo.

Endou lo separó un poco de su cuerpo para que lo mirara, su rostro estaba sereno pero sus ojos no reflejaban eso.

—Te dije que no puedo hacer eso, es complicado.

—Sí, sí, sí. Porque puedes conseguir mucho dinero y todo eso. Pero aun no me has dicho cómo.

—Todo a su tiempo Ryou lo tomó de las caderas y de un movimiento lo colocó bajo su cuerpo—, créeme que te encantara la sorpresa.

—Y ¿estaremos al fin juntos? Endou no respondió de inmediato, le sonrió tiernamente y le quito las orejitas levantándole el fleco de la frente. Miyasaka estaba sonrojado, amaba que le hiciera eso, sabía que vendría después. El castaño le depositó un beso en la frente, sabía que al hacer eso podía pedirle lo que quisiera y el chico saldría corriendo a hacerlo sin importar lo que costase. Era demasiado fácil…Zatoru.

—Van a venir unos compradores en un rato, tienes que irte Ryou.

Sonaba tan dulce que logró camuflar el fastidio que estaba comenzando a sentir. Miyasaka asintió algo triste, quería estar más tiempo con el castaño pero no había opción. Pero no le importaba mucho porque pensaba que estaban más cerca de vivir juntos. Pobre ingenuo.

Recogieron, se dieron una ducha rápida y se despidieron en la puerta del departamento con un beso largo.

¿Vivir con él? Endou tenía planes mejores, primero debía encontrar a Kazemaru, luego se vengaría del sujeto que se interpuso en su camino. Un paso a la vez.


Hasta aquí. ~

Personalmente este capitulo no me gusto mucho, me pareció algo aburrido y raro. Pero aclarare algunas cosas; Grand y Gazelle no están locos realmente, entenderán mejor sus personalidades más adelante, les estoy mostrando fragmentos, luego les diré el porque y el como :B

Si tienen alguna pregunta déjenlas en los comentarios o por facebook, creo que si me quedo muy raro. Pero estoy deseando el siguiente *-* Lo amaran.

Gracias por leer y por ser pacientes.

Besos!