Título: Secuestro.

Capítulo 8: Encuentro peligroso ¿Viviré para verte? I

Comentarios al final. ~


O-O-O-O-O-O-O-O-O

[Sábado 13 de Julio de 2013, 16:01]

Dicen que las personas enamoradas se vuelven en extremo perfeccionistas e indecisas. Pues este era un caso bastante parecido.

Para Nepper escoger algo tan simple como una camisa le había tomado más de una hora. Sí que estaba flechado. Colocó dos prendas sobre la cama: una camisa negra manga larga y una camisa blanca a botones con un chaleco. Luego de mucho pensar se decidió por la blanca y el chaleco. Los tomó y caminó hacia el pequeño espejo colgado en la pared para mirarse « ¿Qué estás haciendo? Preocupándote por esas estupideces… No es como si le fueses a pedir matrimonio o esas mierdas.» Se repetía sacudiendo la cabeza. No era fácil para él todo esto que le pasaba, pero no podía dejar de recordar a ese chico, no es que no le gustaran los hombres antes, es solo que nunca se interesó por ese tipo de cosas, el romance no era lo suyo. Prefería concentrarse en su música, era lo que siempre se decía. Prefería esperar a estar en lo más alto de la fama, demostrarles a sus padres que la música no era una pérdida de tiempo y luego tal vez saldría con alguien. Pero allí se encontraba, debajo de la tierra secuestrando a un chico por la malcriadez de su amigo.

Se sentó en la cama colocando los pies sobre la silla que tenía en frente, y rodándola de adelante hacia atrás con sus pequeñas ruedas. ¿Debía llevar su armónica? No creía necesitarla así que no la guardó, después de todo no iba al bar precisamente a tocar música. Tampoco tenía un plan, iba a llegar y listo, era todo lo que tenía hasta ahora.

¿Qué pasa Netsuha? Tú no eres de ponerte nervioso se dijo a sí mismo en voz alta, mirando los dedos de sus pies y moviendo la boca de un lado a otro.

Debes estar bien mal como para hablar contigo mismo. ¿O es que ya te volvió loco el calor?

Nepper miró a Burn recostado en el marco de la puerta de brazos cruzados pero no se sorprendió. Solo levantó una ceja y luego se dejó caer en la cama con las manos tapándole por completo el rostro. Dio un sonoro suspiro y empujó con sus pies la silla hacia el otro extremo del cuarto.

Ambas.

Burn se rió.

Se quedaron en silencio por un rato. El calor desbocado volvía a la gente loca, eso parecía más que obvio pero, ambos sabían que no era ese el caso del castaño.

¿De verdad te gusta tanto? preguntó Burn, rompiendo el silencio. Nepper no respondió así que decidió acercarse y repetírselo¿De verdad te gusta, Nepper?

¿Eso importa? cuestionó casi al instante, quitándose las manos de la cara. Parecía que le hablaba al techo¿Por qué debería gustarme para ir al bar?

No tiene que gustarte, si no es así no importa. Solo era una duda que tenía.

Se acercó lo suficiente como para sentarse en la cama. Miro por encima de su hombro a Nepper, que aun miraba el techo. Se preguntó por qué no le gustaba, ¿por qué Gazelle? Nepper era más normal, menos irritante, ok no; eran igual de irritantes, pero se entendían mejor. Quizá por eso no le gustaba. El físico no tenía nada que ver, era lo que Burn sentía. Sí, esos estúpidos y molestos sentimientos que comenzaron a fastidiarle la vida cuando supo que los tenía.

Extraño los días en los que solo me amaba a mí mismo dijo con la voz queda.

También yo respondió Nepper, aunque sabía que no iba dirigido hacia él—, y cuando solo pensaba en dinero y en hacer felices a mis padres. Cuando no existían los sentimientos. Cuando no teníamos corazón.

Cuando no sabíamos que teníamos corrigió Burn.

Nepper pensó un poco.

Cierto.

Pero ¿Qué edad teníamos? ¿Doce? A esa edad no se piensa en sexo. Cuando comienzas a pensar en sexo es que comienzan también los problemas.

¿El amor?

¡No! Las hormonas. Esas que te confunden y hacen que no se te pare con ninguna mujer.

Nepper se quedó en blanco por un momento, levantándose para mirarlo.

¿Qué no se… Te pare? Burn asintió.

Y no solo eso. Llega un momento en el que comienza a despertar en las mañanas sin que tú se lo pidas. O se mueve cuando estas cerca de alguien que te gusta.

¿Por qué hablas de tu pene como si fuera una persona? ¿Y porque con ese diálogo aniñado? Admito que me paso un par de veces en la juventud pero…

¡Ese es el punto! lo cortó de pronto—, antes éramos tan felices y nunca nos dimos cuenta.

Eso es irónico Nepper puso su mano en la espalda de Burn, y sonrió con amargura—, porque recuerdo que mi infancia fue una mierda.

Burn lo miro con una ceja enarcada.

La mía también. ¿Quién está hablando de la infancia? Yo estoy hablando de las hormonas.

El castaño roló los ojos y tomó el puente de su nariz con dos de sus dedos.

Ya me perdí.

No importa le consoló—, pero no era eso de lo que quería hablar contigo. ¿Vas a ir esta noche cierto? Nepper asintió¿Puedo ir contigo? y luego negó con la cabeza¿Por qué no?

¿Qué no es obvio? Voy a ir a tratar de follarme al chico. No quiero a una niñera que me esté dando lata en la noche. Además, tú no bebes. ¿Qué vas a hacer?

Burn desvió la mirada. Eran las desventajas de tratar de ser un tipo sano.

No voy a molestar.

¿Por qué quieres ir? el pelirrojo acercó su cara a la del otro lentamente pero Nepper no se movió, cosa que le extraño. Tomó su hombro y llevó su cuerpo hacia atrás, quedando recostados uno sobre el otro¿Vas a besarme? ¿No me digas que vas a tirar todos estos años amando a Gazelle solo porque descubriste que me gustan los hombres? pero Burn no decía nada, sus ojos amarillos lo miraban penetrantemente, comenzó a sentir algo de nervios porque parecía que iba en serio. No podía ser en serio, era imposible que quisiera besarlo¿Burn?

Y qué tal si… comenzó el chico, dejando que la espalda de Nepper tocara la colchaY qué tal si te olvidas del chico, y yo me olvido de Gazelle llevó la mano que tenía en el hombro del castaño hasta su cuello, acariciándolo lentamente. Sus narices se rosaban y sentían la respiración del otro.

¿De que estas hablando? Tú amas a Gazelle.

No soy masoquista. Y sabes que si tú te enamoraras de ese chico no serviría de nada, no podría haber nada entre ustedes. Piénsalo, es perfecto pero Nepper no podía pensar en nada, una mano acariciaba su cuello y la otra su abdomen bajo y su cintura. Burn estaba actuando muy extraño y celos no eran, él sabía cómo se ponía cuando estaba celoso y ese no era el caso—. No veo que no te guste. Quiere decir que estás esperando a que te bese.

¿Estás loco?

O-O-O-O-O-O-O

[Viernes 13 de Julio del 2013, 00:32]

Estaba decidido a ayudarlo, pero esa herida era algo más grave de lo que él había previsto. Jamás había visto algo como aquello y aunque tenía conocimientos sobre como curarlo, nunca los había puesto en práctica. Estaba nervioso.

Ya detuve la hemorragia. Había entrado en estado de shock y estaba desmayado cuando lo trajeron el sujeto limpió un poco el rostro de Sakuma y comenzó a envolver su ojo con una venda—, le coloqué un calmante para los dolores que tendrá cuando despierte. Le dolerá mucho —. Se quitó los guantes y tomó un pequeño paño de la mesita junto a sus materiales y se secó la frente.

¿Qué tanto, Kogure? preguntó su asistente reocupada. Él no quería responderle.

Lo suficiente como para que se quiera arrancar la cabeza. Habrá que amarrarle las manos y los pies a la cama, o podría hacerse daño a sí mismo su asistente quedó horrorizada.

¿Y eso lo causa el medicamento? Kogure asintióPobre Sakuma, me siento mal por él. ¿Qué te dijo Kido?

Ambos se sentaron en sus sillas frente a la cama del paciente. La chica mantenía una carpeta en su mano y Kogure le pidió que se la diera para comenzar a ojearla.

Pidió que lo trajeran para que fuese atendido, pero no dijo nada más. Le daré reposo absoluto y pediré que no se le moleste. Yo me haré cargo de él personalmente la mujer se mordió el labio inferior con angustia y miró al doctor a los ojos. Él le dedicó una sonrisa para tranquilizarla pero no sirvió de mucho—. ¿Haruna, que sucede?

Es que suenas tan seguro de que te permitan todo eso. Sabes que no es decisión tuya, puede que incluso lo mande a una misión en una semana.

No lo harán. No existe misión que requiera a un moribundo, menos aquí en las alcantarillas. No te preocupes, me encargaré de que se cumpla. Soy el doctor de este lugar después de todo pero Haruna no estaba convencida del todo.

Se levantaron y Kogure dejo la carpeta aun lado. Tomaron unas cintas y comenzaron a inmovilizar a Sakuma ya que había comenzado a moverse, como si algo lo estuviese incomodando en la cama.

¿Qué tan alta era la dosis? preguntó Haruna al notar como Sakuma daba pequeños brincos en la cama, como espasmos, y respiraba con fuerza.

Tan alta como me fue necesaria.

Y de pronto abrió el ojo que no tenía vendando y levantó su cuerpo con rapidez de la cama, aunque no pudo hacerlo completamente porque sus brazos no se lo permitieron. La brusquedad de su movimiento asustó a Haruna que estaba muy cerca de él. Luego comenzó a gritar y a mover su cuerpo para tratar de zafarse.

Sakuma, por favor cálmate, el dolor se irá pronto le decía la chica. Pero el continuaba gritando.

¡Genda! ¡Malditos todos! ¡Ah, me duele!

Sakuma, tranquilízate —. El doctor trató de acostarlo de nuevo.

¡Muérete! caía en la cama y se levantaba de nuevo. Era tanto el dolor que las lágrimas caían solas, le ardía mucho la cuenca y se sentía muy raro. Estaba molesto y frustrado, quería salir corriendo y matarlos a todos¡Déjame salir de aquí maldito imbécil! ¡Ah! Haruna no podía estar más conmocionada, jamás habían tratado un caso parecido, siempre eran heridas de bala o puñaladas pero a nadie le habían sacado un ojo antes.

Sera mejor que lo dejemos solo.

No podemos hacer eso Kogure. ¿No le puedes dar anestesia?

Ya le suministré demasiada, hacerlo de nuevo significaría un fallo en su corazón.

¡Mátenme!

Ambos lo soltaron. Él seguía retorciéndose de dolor. Kogure suspiró.

Dejémoslo, mejorará en unos minutos.

¡No! gritó desesperado. Haruna trató de caminar pero su chaqueta estaba siendo tomada por Sakuma. No quería voltear a verlo de ese modo, era demasiado dolorosoNo me dejen solo…

Sakuma… susurró la chica con los ojos acuosos, luego miró a Kogure con algo de determinaciónDile a Kido que yo me haré cargo de él. No puedo dejarlo así.

El doctor lo pensó un poco. No era prudente dejarla a ella sola con un paciente, sin embargo, no le hacía daño a nadie y nadie la lastimaría. Al final se rindió, Haruna siempre lograba convencerlo con su carita. Tomó su carpeta y su bolso y fue a la salida, pero se giró para mirarla nuevamente.

Me preocupas.

Estaré bien y le dedicó una sonrisa. Se sentó en su silla para mirar al chico, que parecía estarse controlando a sí mismo—, no te preocupes por mí, sabes que puedo defenderme bien.

Kogure rió un poco.

Eso lo sé bien. Me iré entonces.

Suerte.

O-O-O-O-O-O-O

[Ese mismo día, una hora antes.]

Ya era muy tarde.

Miró su reloj con algo de impaciencia, no demasiada, y luego bajó el rostro para entender mejor la escena: el gran Fudo tirado en el piso lleno de sangre, y nada más.

«Eres un inútil» pensó, refiriéndose a su agonizante compañero.

Prefería mil veces que se muriese allí a tener que hacer todo el trabajo de curarlo y luego llevarlo ante Kageyama para ser cruelmente aniquilado. Sin mencionar el fastidioso papeleo. Todo eso requería de esfuerzo y un tiempo que en estos momentos no poseía. Su prioridad –y la razón real de que estuviese allí- era saber que había pasado, si Fudo podía decirle algo que sirviera tal vez le perdonaría la vida. La única razón por la que no le voló la tapa de los sesos de un disparo apenas lo vio es que necesitaba saber si Goenji le había dicho algo importante. Tenía que intentar.

Fudo miraba el cielo con los ojos entrecerrados, apenas y podía mantenerlos fijos en algo. Respiraba lentamente por el dolor y el agotamiento, no estaba pensando en nada, su mente estaba en blanco, su pupila dilatada, sus labios secos, su rostro lleno de tristeza. Eso sucede luego de que expulsas toda la ira, porque hasta los malos merecen estar tristes de cuando en cuando.

Pero simplemente no se movía, quizá debía morirse de una vez, ese algo se lo decía. No. No era oportuno, aun debía hacer muchas cosas, cosas que solo él podía realizar.

Kido quedó de rodillas junto al cuerpo y acercó su rostro para que el otro pudiese escucharlo.

Fudo comenzó quedamente, ¿puedes escucharme?

Pero él no parecía escucharlo. Kido no quiso desesperarse.

Fudo, te lo advierto; no te permito morirte aquí y menos de esta manera.

«Después de todo sí le importo», se dijo mentalmente el castaño.

Pero eso no le bastaba, Kido debía saber de inmediato algo que lo pudiese llevar a Goenji. Una camioneta blindada se detuvo tras él y bajaron dos hombres con una camilla para transportar el cuerpo, Kido se levantó y se quitó los lentes, dejando que la lluvia mojara sin problemas su cara. «Es un inútil» pensó una vez más.

Todos entraron en el auto excepto Kido, que iba en uno propio. Miró como la camioneta negra se alejaba hasta que desapareció, solo entonces se montó en el auto dispuesto a seguir la misma ruta.

Muchas cosas estaban pasando, no eran del todo buenas así que no estaba contento; Goenji había desaparecido con el muchacho, si su jefe se llegase a enterar sería problemático, sobre todo para él, su vida estaba pendiendo de un hilo en esos momentos y su única salvación era que pasara algo bueno. Para él, claro está.

Al llegar a las alcantarillas fue directamente hacia la oficina que había visitado Goenji, no se le escapaba nada. Algo que lo enorgullecía era su memoria. Abrió la puerta y entró sin más, sabiendo que dentro estaba aquel fastidioso sujeto.

Masaru estaba sentado en la silla frente al escritorio, con los pies cruzados sobre éste y jugando con su navaja con una mano. Parecía bastante entretenido y relajado. Kido cerró la puerta de la manera más normal posible y suspiró pesarosamente, unos segundos después se acercó al sujeto y antes de que éste pudiese decir algo, le había bajado los pies de una patada y lo había empujado con todo y silla hacia la pared, tomando ágilmente la navaja y colocándosela en el cuello. La presión que mantenía hacia que el objeto rozara ligeramente la piel del de lentes, creándolo un poco, y dejando relucir la línea roja producto del acto.

Se miraban intensamente, con odio, como una lucha de miradas que ninguno quería perder. Kido había perdido ya la paciencia y no le importaba matar al tipo allí mismo, sin embargo, sabía que no podía hacerlo en ese momento, Masaru también lo sabía.

No está permitido, óyeme bien su voz sonaba profunda y sus palabras denotaban más aun su exasperación, causando un pequeño escalofrío en el otro—; no te permito que ataques, te muevas, que ni siquiera respires sin que yo te lo ordene. Te recuerdo que no tienes voz ni voto aquí, eres una simple y pútrida rata como todos los de tu sucio rango. Yo mando y tú asientes calladito como una fiel mascota, ¿te quedo claro?

Pero el otro no dijo nada.

Aquí quien da las órdenes soy yo. Si digo que mates a alguien lo matas, si digo que violes a alguien; lo violas. Si digo que te cortes los dedos…

Me los corto respondió rápidamente al sentir que la presión en su cuello aumentaba. Kido sonrió satisfecho, sabía que el único orgullo que se asemejaba al de Fudo era el de Masaru y ver como se retorcía de ira bajo él lo calmaba un poco. Su sonrisa superior y burlona aumentó considerablemente la ira de Masaru, pero trató de que no se notara.

Exacto. Tú haces lo que yo diga y si no, no haces nada, suficientes problemas tengo con la sección de mi línea como para estar preocupándome por trozos de mierda del tercer y cuarto rango. Ahora desaparece de mi vista hasta que se te llame a alguna misión.

Se alejó de él dejándolo respirar, ambos estaban de pie frente a frente. Masaru tomaba su cuello con una mano agitado, deseaba con muchas ganas arrancarle la lengua para que dejara de hablar. Kido arrojó la navaja en el suelo cerca de la puerta y se sentó en su escritorio.

Ya puedes irte.

Masaru se acercó a la entrada y tomó su arma, no dijo nada, ni se le escuchó un murmullo, pero si un suspiro. Kido habría jurado que el extraño sujeto salió sonriendo.

Pasaron algunas horas, posiblemente en ese tiempo Fudo estaba siendo atendido, debía esperar a que sobreviviera. Odiaba la idea de dejar algo a medias.

Por otro lado el asunto perdió importancia casi instantáneamente. Tomó unos papeles que estaban sobre su escritorio y no había leído, al tomarlos notó que en la primera página estaba escrito el nombre del doctor que trabajaba para ellos y su asistente, su hermanastra. Pensó por un instante en leerlo pero prefirió tomar el teléfono y llamar para una charla cara a cara.

Cuando acabe con Fudo que venga a mi oficina.

Fue lo único que dijo, y con la misma colgó.

Tiempo después Kogure tocó la puerta pidiendo permiso para entrar. Su tardanza hizo que irremediablemente Kido comenzara a leer los papeles para entretenerse con algo, debía resolver sus asuntos uno por uno o se liaría más.

Kogure entró con sigilo, sus pasos no hacían ruido alguno y no hizo ruido al sentarse en la silla frente al escritorio, con su bolso en su regazo.

¿Qué necesitas? Ya te entregué el informe médico y las muestras de los medicamentos que necesita. Veo que los estás leyendo ahora.

Sí, lo estoy leyendo pero no es de lo que quería hablar contigo.

Kogure cambió su semblante apacible y arqueó una ceja lentamente. Kido cerró la carpeta y la arrojó al escritorio, reclinando su cuerpo en la silla y entrelazando los dedos de ambas manos apoyándolas en su nariz. Pasaron unos segundos y luego de un suspiro por parte del castaño, decidió continuar.

Dime, Kogure: ¿Por qué estás aquí?

Por supuesto esa pregunta fue confusa para el chico, podría referirse a muchas cosas.

¿Aquí? repitió arrastrando la palabra junto a un suspiro, bastante quedito.

Sí, aquí. En mi oficina, en este trabajo, en este lugar. Permíteme que reanude la pregunta por favor. ¿Por qué aceptaste este trabajo? Tu más que nadie sabe lo ilegal y peligroso que es esto, cualquier error que cometas podría costarte la vida. Básicamente cavaste tu propia tumba sin boleto de retorno a la vida normal, o decente, como quieras llamarlo. Entonces ¿qué es lo que te impulso a decir que sí a mi propuesta?

Kogure tragó seco, pero volvió a su semblante relajado. Por alguna razón el ambiente en la habitación estaba tenso, casi palpable. Sabía muy bien lo que trataba de hacer Kido, cuando estaba en un mal día acostumbraba a golpear a las personas en donde más le dolía y nadie podía quejarse solo seguirle la corriente. Carraspeó ligeramente y decidió responder con sencillez.

Mataste a mis padres porque no aceptaron el chantaje que les ofrecías, frente a mí, me ofreciste la propuesta de trabajar para ustedes a cambio de mi vida y dije que sí hizo una pausa muy breve al notar la pequeña curva que se formaba en el rostro del otro—… porque tenía miedo. De hecho, temo todos los días, a cada instante, en cada segundo. Aun después de tantos años.

Aunque ya nada te encadena a este lugar. Como habrás notado no tenemos el mismo personal que antes, las ratas se reproducen rápido ¿no es fascinante? la metáfora no le pareció en lo absoluto graciosa al de cabellos azules, pero asintió con la cabezaTodo es culpa de tu padre por no aceptar el dinero. No era honor, era estupidez el comentario golpeó a Kogure con fuerza, pero ni se inmutó—. Como sea, que se mueran una o dos personas no nos afecta en nada.

¿Me estas pidiendo que renuncie? ¿Estás diciendo que si decido irme, me dejará-n hacerlo?

«Los Kogure permanecieron como la familia de doctores y enfermeros más reconocidos en todo Japón. Dueños uno de los hospitales más importantes del país, financiados por empresas del exterior en experimentos para curar enfermedades y ampliaciones en los edificios, también máquinas y herramientas. La alcantarilla quiso utilizar los contactos de los Kogure en el exterior y usarlos a ellos como mediadores para no entrar en sospecha, pero al negarse el jefe de la familia –y actual director del hospital- fue asesinado junto con su esposa en su residencia, frente a su hijo».

Siempre pudiste hacer eso. Pero por supuesto significaría acabar con tu vida, solo para estar seguros de que no decidas traicionarnos. Hay muchas cosas que sabes y no nos conviene que vivas.

Un sudor frío recorrió la frente del chico hasta llegar a su sien.

¿Entonces…?

Entonces nada. Solo quería hablar esto contigo porque creí que debías saber que tu estancia aquí es permanente, que tus miedos jamás se irán y que no necesitas estar aquí pero no tienes otra opción.

Y de nuevo sonrió, esta vez con más gozo. Kogure estaba impactado, se notaba por su estado de shock y su mirada sorpresiva. Su rostro de «¿Qué está pasando?» era la píldora final para el estrés de Kido, aunque decidió llegar hasta el postre.

Por cierto sabía que Kogure aun procesaba todo lo dicho, era quizá el momento más perfecto que tenía—, decidí cambiar tu asistente. Espero que no sea un inconveniente para ti, como están tan unidos.

… ¿Qué?

Fue la respuesta que recibió.

Así es. Como Sakuma esta imposibilitado y necesito a alguien ágil para un trabajo que tengo pendiente, ¿qué mejor que una sexy y voraz gatita? Tengo entendido que ayudó a la preparación de Sakuma, me servirá.

No creo que eso sea…

Pero Kido levantó una ceja.

—¿Estas contradiciéndome? Porque no recuerdo haber pedido tu opinión o consejo. De hecho, es una orden.

Haruna decidió encargarse de la rehabilitación de Sakuma y su cuidado diario, todo está en el informe.

No leí esa parte Kogure no sabía que responder, odiaba por todos los motivos que enviaran a Haruna para hacer trabajos sucios. Los trabajos más bajos—. En todo caso puedes encargarte tú de eso, ya que, como te dije; no eres realmente necesario en este lugar.

Y de nuevo contra la espada y la pared. Era aceptar o que le volaran la cabeza, por supuesto ese era el escenario más bonito que se le ocurría.

Le diré a Haruna en ese caso.

Kido sonrió nuevamente.

Perfecto, pídele que venga a mi oficina en una hora. En unos días pasaré a ver cómo avanza Sakuma, si no progresa sabes lo que tienes que hacer.

Kogure asintió simplemente y salió del lugar.

Kido aún tenía algo que hacer.

O-O-O-O-O-O-O-O-O-O

[Sábado 13 de Julio de 2013, 22:47]

—¿Qué deseas tomar? —susurró Heat con algo de nerviosismo, estaba comenzando a sentir la penetrante mirada del otro. Una mirada que jamás le habían dado.

—A ti.

La puerta se abrió furtivamente, destruyendo el silencioso ambiente del lugar.

—¿Qué mierdas? —se sobresaltó Heat separándose bruscamente de Nepper y levantándose de su lugar—¿Pero qué mierdas? —repitió aun sin creerse todavía lo que estaba viendo.

—Cuanto tiempo sin verte, mi querido amigo.

—¡Se supone que te quedarías afuera! —gritó Nepper repentinamente.

Burn llevaba las manos escondidas en los bolsillos de su chaqueta, sonreía de medio lado entrecerrando los ojos y mirando fijamente a Heat, ignorando por completo al castaño. Heat, aun abrumado no sabía que decir, sus palabras no salían, no sabía cómo reaccionar.

—¿Sorprendido? También yo. No sabía que ahora te hacías llamar Heat, pero ahora veo que el nombrecito tiene sentido.

—¿Qué haces aquí? —preguntó ignorando el comentario—¿Vienes a robarme de nuevo?

Nepper estaba confundido, y no era para menos. El pelirrojo permanecía en la entrada y su posible amante estaba a unos centímetros de su cuerpo, pero le pareció tan distante.

—¿Acaso se conocen? —preguntó sin saber que sobraba en esa conversación.

—Veo que te acuerdas de mí —le dijo Burn al mayor—, eso me alegra.

—A mí no.

Y sin darse cuenta el lugar estaba vacío. Burn comenzó a dar un par de pasos pero Heat pareció flaquear, todos lo notaron. Nepper detestaba ser ignorado.

—¿Se puede saber que está pasando?

—¿Es tu amigo? —preguntó atacante al castaño, que de repente pareció vital en la circunstancia— No sabía que eras como ellos, no lo parecías —cada palabra salía tras otra con aun más ira, sus ojos se humedecieron de inmediato—. Eres una basura más.

—Oye, oye. Espera un minuto ¿de qué rayos estás hablando?

—Nepper —le llamó Burn, que hasta los momentos había permanecido callado. El castaño lo miró con violencia—. ¿Recuerdas el trabajo de mi familia? —lentamente fue abriendo los ojos con sorpresas, si su familia tenía algo que ver seguramente no podía ser algo bueno. Heat cerró los puños con fuerza y agachó la cabeza para contenerse, o tratar.

—Eres un asesino —murmuró el chico, pero ambos pudieron escucharlo.

—Yo no maté a nadie. Tener el apellido no me hace cómplice, además; era incluso más joven que tú.

—¡No me importa! ¡Todos los de tu clase son iguales! ¡Los malditos creen que porque se bañan en dinero y se limpian el culo con él pueden hacer lo que se les da la gana! ¡Juegan con las vidas de las personas como si no sintieran nada! ¡Y estoy seguro de que tú no eres diferente de ellos! —gritaba y levantaba los brazos señalándolo, histérico, herido. Rememorando recuerdos de su pasado irremediablemente. Luego miró a Nepper con un odio desbordante, que lo dejó estático en su sitio— ¡Y tú tampoco!

Nepper solo se preguntaba que le había hecho la familia de Burn a la de Heat. Era absurdo que metiera a todo mundo en el paquete. ¿Y cómo es que sabía que venían de familias ricas? No podía estar más confundido. Se limitó a guardar silencio y esperar a que Burn dijera algo.

La campañilla de la puerta sonó oportunamente haciendo que los tres voltearan para ver quien interrumpía la linda plática. Heat ni siquiera se percató de quien era, solo decidió atacarlo.

—¡Esta cerrado maldita sea!

—… Heat.

Burn corrió y en dos segundos sostuvo el cuerpo mal herido de Goenji que no soportó su propio peso y se dejó caer. Lo tomó y mantuvo en su regazo bastante confundido. Para ese entonces Heat ya había caído en cuenta y sobresaltándose, siguió hacia donde estaban para agacharse y socorrer a su amigo.

—¡No lo toques! —le gritó a Burn pero no obtuvo respuesta ni obediencia de su parte. La noche de sexo de Nepper se ponía mejor y mejor.

Ensangrentado, con la ropa desecha, casi sin aliento estaba el pobre Goenji. Sentía que sus pulmones no resistirían más y perdía la conciencia. Heat no sabía qué hacer, por un lado su riña con el intruso era a muerte, pero por otro lado la vida de su amigo peligraba. Se dio un par de cachetadas mentales y corrió para subir las escaleras hacia su cuarto y buscar el botiquín de primeros auxilios.

—¿Yo que hago? —preguntó Nepper para tratar de ayudar, no tenía otra opción. Ya luego le pediría explicaciones a su compañero.

—Cierra la puerta principal y pon el letrero de cerrado. Quítenle la camisa, voy por el botiquín —las órdenes fueron pedidas mientras subía las escaleras. Nepper y Burn obedecieron, todos con el orgullo atragantado en la garganta –incluso el de Goenji-.

¿Cómo rayos terminara esa noche?

To be continued.


Bien. Bonito, bonito; dejar todo a la ultima. Quizá no lo sepan pero comenzare las clases en dos días y eso complicara las cosas. Me disculpo por la horrible tardanza pero simplemente no sabia que escribir, mi inspiración desapareció lo que explica lo corto y fail del capitulo. Quedo feo u_u I know. Las actualizaciones serán mensuales pero compensare dejando episodios más extensos y bonitos(?)

Espero que me sigan leyendo luego de esto u_u Pero compartanlo con sus amigas si gustan ^^ Sé que ha muchas preguntas y WTF pero todo a su tiempo.

Nos leemos pronto. ~

¡Kisses!