Hola ¿Cómo estais?, que bien ¿yo?, bien , eh si el fic...
Bien algunas aclaraciones, este fic va a tener OOC, no me maten, JK tiene la culpa por hacer los personajes tan suyos ¬¬
Ahora el fic! salen dos hombres mas altos que Amoz y vestidos de negro con cara amenazante
Amoz: ¿Qué se les ofrece?
Hombre de Negro 1: Necesitamos que firme esta citacion al juzgado
Amoz: ¿Ah? ¿Por Que?
Hombre de Negro 2: esta siendo demandado por no aclarar que Harry Potter y sus personajes y lugares no le pertenecen.
Amoz: O.O OMG!, disculpen u.u ya los escucharon. HP y su mundo fantastico le pertenece a JK y a la warner para hacer peliculas (malas peliculas ¬¬)
Antes de que se me olvide, gracias a mi Jun por ser tan amable de betearme este capitulo
Sonrió de lado y la apunto con su varita.
-Hasta nunca Hermione, no nos volverás a hacer daño… Avada Kedabra-
Capitulo 2: Cuando la razón no es suficiente.
La gente suele decir que cuando se encuentra en peligro el tiempo pasa más lento, otros que la vida pasa en frente de ellos como si se tratara de una película; Hermione siendo hija de muggles había escuchado toda clase de rumores sobre sucesos extraños: sus compañeros de clases siempre hablaban de objetos voladores no identificados y criaturas maravillosas. Ella no solía tomar en cuenta tales rumores, pero cuando se enteró que era una bruja, ella lo aceptó de inmediato, no pudo explicarlo en ese momento, pero era como si siempre lo hubiera sabido, fue de esas cosas que no necesitan explicación. Cuando Hermione escuchó la maldición, el tiempo no se congeló, ni su vida pasó ante sus ojos, pero de una cosa estaba segura, desde que vio a su mejor amigo alzar su varita, iba a morir y nada podía cambiarlo.
Cuando terminó de decir la maldición algo se quebró adentro él, los ojos vacíos de su amiga le decían a gritos la horrible verdad: había matado a Hermione, por primera vez se sintió cobarde, y corrió, corrió sin destino, corrió tratando de huir, huir de la enorme culpa que sentía.
Harry empujó a un par de alumnos de primero, recorrió los pasillos a toda velocidad intentando escapar, vio una puerta al final del pasillo, entró en el aula y la cerró con un hechizo, dejo caer su varita y con ella su entereza, y lloró, lloró por lo que pudo ser y nunca será, lloró por los recuerdos del pasado, lloró porque ya no volvería a ver la sonrisa de su amiga.
En el despacho del Director de Hogwarts, Albus Dumbledore se encontraba analizando los hechos que acababan de ocurrir hace unas horas: Voldemort había aparecido en público. Había sostenido una larga discusión con el ministro sobre las medidas a tomar, la mayoría de las que ya estaban siendo tomadas por los miembros de La Orden, pero la ayuda del ministerio era valiosa si querían derrotar a Tom, pero lo que le preocupaba en esos momentos no era el futuro del mundo mágico, el futuro de un joven le importaba más, no sabía los alcances de la muerte de Sirius podían tener en la mente del muchacho.
-¡Albus!- interrumpió su meditación el retrato de un ex director.
-Sí, ¿Qué sucede Vennet?- Preguntó Dumbledore.
-Albus, Poppy dice que tienes que ir urgentemente a la enfermería, parece que algo grave le ha pasado una alumna- El director se levantó, le dio las gracias al retrato y salió de la habitación.
En el camino a la enfermería Albus se encontró con McGonagall, la cual tenía el rostro contorsionado por la preocupación. A Dumbledore sólo le bastó una mirada para saber que ya le habían informado del incidente.
-¿Poppy también te mando a llamar?- le preguntó el viejo mago.
-Sí, la alumna es de mi casa-
-¿Te dijo quién era?-
-Sí, Hermione Granger-
Siguieron el trayecto a la enfermería en silencio, no necesitaba preguntar para saber lo que pasaba por la mente de la profesora y no es que estuviera usando legeremancia, sino que los años le habían dado la experiencia para leer los signos en la mirada de las personas.
Llegaron a la enfermería donde Poppy los recibió nerviosa, pasaba la mirada de ellos al suelo.
-Albus, Minerva esto es lo peor que ha pasado, es terrible, ¡Nunca en mis años de servicio había visto tal horror!-
-¿Qué fue lo que le pasó a la señorita Granger?- Preguntó Dumbledore. Al director el asunto ya le estaba dando mala espina, Poppy estaba muy nerviosa y el aire estaba cargado de magia tenebrosa.
-Será mejor que lo vean por ustedes mismos- La enfermera, seguida por los profesores se dirigieron a la cama más alejada de la enfermería, una vez allí corrió las cortinas para dejar ver la pálida figura de la alumna más destacada de Hogwarts.
El cuerpo de la joven descansaba inmaculado, nada en ella hacía pensar que algo le sucediera, tan solo el inusual tono de su piel hacía temer que tal vez la vida se le fue arrancada.
-¿No estará…?- se atrevió a hablar la subdirectora.
-¿Muerta? por desgracia sí, no se como ha sucedido, pero al venir a aplicarle sus pociones ya no tenía vida, le aplique los hechizos de rigor para verificar la causa de muerte, y el resultado es alarmante-
-¿Cómo murió? ¿no la habrán matado?-
-Me temo que sí mi querida Minerva, y me atrevo a afirmar que ha sido con la maldición asesina- habló el viejo mago, que ahora parecía aun más viejo, sus ojos demostraban todo el dolor que significaba perder a una de sus alumnas, aquellos ojos que habían presenciado tanto dolor a lo largo de su vida.
-Sí, fue un Avada Kedavra- afirmó la enfermera.
-¿Qué vamos a hacer Albus?- Inquirió la animaga.
-Lo primero es informar a los padres y a sus amigos. Minerva encárgate de eso, yo tengo que entrevistarme con el ministro, no podemos evitar que se incluya en un asunto como este, además necesitamos toda la ayuda posible para dar con el asesino-
-
Harry miraba sus manos como tratando de encontrar una explicación a lo que estaba sucediendo, no se sentía extraño, podía moverse con toda libertad y en su mente no estaba aquella presencia que lo había obligado a matar, pero ¿por qué ya no estaba?, ¿es que acaso solo había sido una ilusión?
No, definitivamente había sido real, ¿acaso un engaño de Voldemort? no lo creía posible, en ningún momento se sintió como cuando lo poseyó en el ministerio.
Intento no pensar en eso por unos momentos, necesitaba calmarse y pensar en lo que iba a hacer ahora, ¿iba a decir que algo se apoderó de él y mató a su amiga? Ni en su mente sonaba coherente, con la fama de loco que le había regalado el Profeta no era extraño que lo encerrasen en Azkaban o en San Mungo.
De repente recordó lo que sucedió después de los mundiales de Quidditch, los hechizos podían ser detectados por un Prior Incantatem, de inmediato realizo varios hechizos sencillos para asegurarse de que no revisaran y encontraran el Avada Kedabra, ¿Pensarían en el como sospechoso?
Quito el encantamiento de la puerta y se dirigió a la Sala Común, aún no tenía fuerzas para ver a nadie, pero algo dentro de el le decía que era lo mejor.
O tal vez no.
