Luego de eones aqui les traigo una actualizacion n-n

no se acostumbren XD, bah pero me gusta como va esta.

Capitulo 3: Nacido del dolor.

-¡Harry!-

¿Qué fue eso?, "una voz sin duda", no necesitaba que su cerebro le respondiera sarcásticamente. Por alguna razón se sentía mal, ¿Culpable?

Sí, se sentía culpable, no sabía el porque, pero un enorme sentimiento de culpa lo embargaba, mientras más intentaba encontrar el porque de esa sensación más mal se sentía.

-¡Harry!- la voz se escuchaba inquieta, ¿Qué querría?

Lentamente empezó a despertarse, se sentía incomodo, abrió los ojos y se encontró con la sorpresa de que se había quedado dormido en la sala común. Se arreglo los anteojos y busco a quien lo había despertado.

-¡Ya era hora!-

-¿Colin?- Preguntó confundido.

-El director te llama, dijo que podías tardar, al parecer sabe que dormiste fuera de la cama, mejor ve a ducharte antes de ir- dijo el joven Gryffindor.

Aun cuando no salía de su confusión su cerebro le jugo la mala pasada de recordarle el porque estaba ahí, los ojos rojos, los ojos de la muerte, de la muerte de Hermione. El la mato, era un asesino.

-Sí, gracias Colin-

Con paso lento se dirigió hasta el baño, mientras se desvestía recordaba el rostro de Hermione justo antes de que la maldición le impactara, una y otra vez la imagen lo atormentaba, el reflejo de verde de la maldición en los orbes de su amiga.

Entro a la ducha y dejo que el agua fría purgara su mente, cada gota parecía tener el efecto de un sedante, o un obliviate temporal, deseó que el tiempo se detuviera que el olvido lo poseyera, no, mejor aun deseó retroceder en el tiempo, hacer las cosas diferentes aun cuando no sabia como.

Pero sabia que nada de eso era posible ya.

La oscuridad se apoderaba de el y era inevitable.

Salio de la ducha, y mientras se cubría con la toalla escucho algo que lo dejo paralizado.

-No digas nada-

Ojos rojos.

Ahí al otro lado del espejo exactamente donde debería estar su reflejo, se encontraba el.

-Es nuestro secreto, el nos hará daño si le cuentas- El deposito el dedo índice en sus labios en señal de silencio.

Silencio.

Maldito el silencio, era como cuchillas de hielo que atravesaban una y otra vez su mente.

Cada paso que daba era una tortura en si, ¿Por qué todo parecía suceder tan lento?

Los pasillos de Hogwarts estaban inusualmente desiertos, no es que se quejara, pero el ambiente no ayudaba a su atormentada mente.

Una brisa y una desagradable sensación lo atravesaron, saco su varita y apunto a la figura nacarada.

-¡Baja la varita chico! Que le puedes hacer daño a alguien-

-¿Nick casi decapitado?- El fantasma estaba frente a el mirándolo como si fuera algo curioso.

-Sir Nicholas de Mimsy Porpington, pero puedes decirme Nick solamente, no me gusta eso de "casi" decapitado-

-Si lo siento, eh… Nick-

-Mucho mejor, ahora ¿por que no estas disfrutando de los jardines de Hogwarts como lo hacen todos?-

Así que por eso no había gente en los pasillos.

-El director me llamo- Perfecta justificación.

-Te acompaño, tengo que dejarle el informe de mi patrulla-

-¿Informe?-

-Por supuesto, los fantasmas no estamos solamente para hacer el show del banquete de inicio de año-

Harry siguió avanzando por los pasillos mientras miraba un poco distraído como Nick atravesaba cada pared que podía. Le estaba poniendo los pelos de punta su mente se ponía en alerta cada vez que el fantasma aparecía, en dos ocasiones estuvo apunto de lanzarle un hechizo, no que un hechizo pudiera hacerle algo, pero el fantasma ya había demostrado ser algo sentimental.

Cuando llegaron a la gárgola que ocultaba la entrada al despacho del director se dio cuenta que no sabía la contraseña, se detuvo para pensar en algún caramelo, cuando vio como Nick atravesó la gárgola sin esperarlo.

-¡Hey Nick, espera!- Le gritó a la estatua.

Frustrado empezó a gritarle nombres de dulces a la estatua, desde brujas fritas hasta frijoles de menta.

-¡Ábrete!- Gritó desesperado el joven mago.

Y para su sorpresa la gárgola se movió dejándole vía libre para entrar.

-¿Esa era la contraseña?- Preguntó desconcertado.

-No, lo siento Harry se me olvido que no podías atravesar las paredes- dijo Nick.

-Un detalle insignificante- Ironizó

Subió hasta el despacho donde Dumbledore los esperaba con una sonrisa.

-Te lo dije Nick, el señor Potter no puede atravesar paredes- Comento el director haciendo avergonzar al fantasma.

-¿Me mando a llamar Señor?- Preguntó lo más inocentemente que pudo.

-Sí, ¿Podrías dejarnos a hablar en privado Nick?-

-Por supuesto, Harry, Director- hizo una pequeña reverencia y atravesó la pared más cercana.

El semblante del mago cambio completamente a uno completamente serio, la penetrante mirada de Dumbledore se clavo en sus ojos, lo que puso incomodo al joven. El director sabía usar legeremancia y podría descubrir lo que hizo ante el más mínimo descuido.

-Siéntate por favor-

Intento poner el mayor desconcierto en su rostro, sabía que el director le iba a hablar sobre la muerte de Hermione y no quería hacer ver que ya lo sabía.

-¿Qué es lo que pasa?-

-El día de ayer Poppy descubrió algo perturbador-

-¿Qué me esta queriendo decir?- Preguntó

-La señorita Granger falleció, lo siento-

Palideció, de repente las imágenes de lo que aconteció en la enfermería comenzaron a pasar através de sus ojos como si de un televisor descompuesto se tratase. Interrumpidas pero increíblemente vividas las imágenes de su pesadilla consiente lo nublaron por completo, la impotencia por no poder impedir aquel acto tan ruin y malvado y el recuerdo vivo de la vida extinguida por sus propias manos lo tenia al borde del colapso.

Sintió como una mano se apoyaba calidamente en su hombro y unas palabras que sonaban reconfortadotas llegaban a su oído, pero a pesar de la intención de estas produjeron el efecto contrario.

Estalló.

Todo aquello que lo tenía casi al borde de la locura se manifestó en forma de furia, furia descontrolada contra todos y contra nadie.

Y lloró

Lloro porque no tenía derecho de estar furioso con nadie más que consigo mismo, nada ni nadie más era responsable de la muerte de Hermione, incluso su padrino murió por su falta de juicio y estupidez.

No aprendió cuando Cedric murió, y ahora se encontraba en un punto de no retorno.

-Te dije que nos haría daño-

Cállate.

-Es la verdad, desde que estamos aquí que solo se dedica a entrometerse en nuestra vida-

Cállate.

-Deberíamos eliminarlo-

-¡Cállate!- Las palabras salieron de su boca en forma de un grito que desgarro algo más que su voz.

Las estanterías temblaron y algunos de los instrumentos de plata estallaron, de pronto todo se nublo.

Cuando pudo abrir los ojos descubrió que no podía ver, o al menos no nítidamente, busco con sus manos sus anteojos hasta que alguien se los pasó.

-¿Profesor?

-Al parecer la noticia te afecto no solo en el terreno emocional, si no también en el mágico- comentó el anciano mago mientras observaba su destruido despacho.

-Ya le mande una carta a los padres, hasta que ellos decidan que hacer con el cuerpo se mantendrá en la enfermería bajo un hechizo de preservación.

Necesitaba saber el porque, no podía preguntarle directamente a Dumbledore por su "amigo" pero estaba seguro de que el director sabía algo.

-¿Cómo murió?

Un extraño brillo que no supo descifrar paso por los ojos del director.

-Alguien la asesino, hay signos claros de la maldición asesina- En ese momento la puerta se abrió para dejar paso a Fudge y dos Aurors.

-¿Qué suceda Cornelius?

-Estos caballeros se harán cargo de la investigación por el asesinato de Hermione Granger, he firmado un decreto ministerial para darles las facultades necesarias en esta investigación, espero que no sea un inconveniente, pero el ministerio esta obligado a velar por la justicia- Declaro el ministro.

Harry en su fuero interno pensó que esto le podía traer problemas.

-Vámonos de aquí-

-No para nada, mientras se respete a mis alumnos y el profesorado estaré encantado de cooperar, la señorita Granger era muy querida y al igual que yo creo que el señor Potter lo único que quiere es justicia.

-Justicia para nosotros-

No la merecemos.

-Claro que si, más que nadie-

-Esto es un tanto incomodo –comenzó uno de los Aurors. –pero necesitamos revisar sus varitas, no podemos descartar nada.

Dumbledore entrego su varita y miro atentamente como los espectros de sus hechizos eran analizados.

Luego fue el turno de Harry, aun tenia dudas, pero se fueron disipando cuando vio que solo aparecían los encantamientos que había convocado hace poco.

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Una vez afuera los Aurors y Fudge se detuvieron.

-¿Y bien? –inquirió el ministro.

-La varita de Potter tiene magia oscura.

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Una vez que se fueron, Dumbledore sacó su pensadero y se dedico a dejar memorias, mientras Harry lo miraba e intentaba reunir valor para preguntar.

-Señor, desde hace unos días hay algo que le he querido preguntar.

Albus guardo la varita y miro al joven atentamente.

-Dime.

-¿Recuerda la noche en que atacaron al señor Weasley? –Dumbledore asintió. –Recuerdo que usted me dijo que había visto una parte de Voldemort en mis ojos, ¿Cómo es posible eso si el no se daba cuenta de que yo veía en su mente?

-He pensado sobre eso, cuando vi tus ojos esa noche Voldemort ya se había enterado del enlace, pero esa no fue la primera vez, ya lo había notado antes.

-¿Antes?

-Sí, luego de que mataras al recuerdo de Tom en la cámara de los secretos y después del torneo de los tres magos, tenias ese brillo escarlata- dijo mientras volvía a poner unos recuerdos en el pensadero.

-¿Y tiene alguna idea de por que?

-Tengo que la teoría que tus enfrentamientos con Voldemort, todos, han dejado una huella de el en ti, aunque no sea exactamente el, es como podríamos decirlo su maldad.

-No, nací del dolor-