Disclaimer: Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pertenecen a la novelista Kyoko Mizuki y/o Toe Animación...Esta historia y sus personajes son diferentes de la versión original del anime o la versión de la manga. Algunas de sus personalidades y características fueron tomadas pero con la variación de mi imaginación...
Una Novia
by: Keila Nott
Capítulo II
Candy sentía que su corazón iba a estallar en esos momentos, aun se estaba recuperando de sus besos, nunca pensó que Albert la fuera a besar, sentía como sus mejillas se encendían ante la mirada de aquellos ojos azules, los cuales la veían como analizando lo que pasaba por su mente. Sus fuertes brazos aun no la soltaban, y esperaba que aun no lo hiciera, porque si lo hacía, de seguro se caería, aun sentía sus piernas débiles, su respiración un poco agitada por todas las emociones que recorrían cada parte de su ser, ¿y ahora qué haría?... ¿ella era en verdad su novia?...se pregunto sin poder creerlo.
Albert observaba cuidadosamente a Candy, tenían que hablar de lo sucedido, pero estaba disfrutando mucho tenerla entre sus brazos, ella aun temblaba como una hoja, podía ver en sus ojos aquellas preguntas no formuladas que de seguro cruzaban por su mente, él también tenía muchas preguntas que hacerle, tenía miedo de pensar que solo dijo que eran novios para que la tía no los molestara mas, aunque la manera en que ella respondió a sus besos le decían lo contrario, tantas preguntas que no sabía por dónde empezar, delicadamente se fue separando de ella sin soltar sus manos.
-Candy tenemos que hablar... — dijo él tiernamente viendo como ella solo asentaba tímidamente con su cabeza. Al parecer no podía pronunciar palabra. Los labios de él se curvaron en una pequeña sonrisa al ver que ella aun estaba aturdida por sus besos, no podía negar que le gustaba ver su reacción, pero antes de que él pudiera pronunciar palabra, escucharon el toque en la puerta. Albert dejo salir un fuerte respiro, no quería ser interrumpido, no en esos momentos, había esperado tantos años por una oportunidad como esa, respiro hondo antes de decir "adelante".
-William, señorita Candy... —saludo un George con cara de preocupación.
-¿George?... — Albert se extraño de verlo a esas horas en la mansión.
- Hola George... — saludo Candy soltándose cuidadosamente de los brazos que la envolvían, y sin poder esconder sus sonrojadas mejillas.
-William, disculpa la interrupción, pero necesito hablar contigo de inmediato, he traído aquello que me pediste... — dijo George disculpándose ante la interrupción. Albert asentó resignado, la conversación con Candy tendría que esperar, seguramente George traía los últimos documentos que disolvían la adopción de Candy, eso era un alivio para él, habían comenzado el proceso de eliminar su adopción a petición de ella, pero tomo bastante tiempo, ese documento era el único impedimento que hasta los momentos él había tenido para acercarse a ella de otra manera.
-Pequeña, te parece si hablamos después... — pidió él acercándose a ella, implorando con sus ojos que lo disculpara.
-No te preocupes Albert, entiendo... —fue lo único que dijo Candy, su corazón aun no se recuperaba. Salió del estudio después de despedirse de ellos dos. Albert la vio alejarse con cierta tristeza, deseaba tanto aclarar todo en ese momento, deseaba saber los sentimientos de ella, pero como siempre los asuntos de las empresas no podían esperar.
=o=o=o=
Candy entro en su habitación cerrando la puerta detrás de ella, no podía creer todo lo que había ocurrido, había sido salvada de aquella conversación por George, conversación donde seguramente tendría que confesar sus sentimientos por él. Ella sabía que aun no estaba preparada, no, aun no podía decirle lo que sentía, todo era nuevo, y cuando se trataba de Albert en ese sentido romántico, tenía que reconocerlo, era una cobarde a pesar de su osadía.
Él la había besado, lo cual significaba algo, pero qué?... ¿se sentiría Albert de la misma manera que ella?...se pregunto antes de saltar en su cama sonriendo de alegría, ¿desde cuándo amaba a Albert?... no estaba segura, ¿quizás desde que el regreso de su viaje portando aquel traje? él se veía tan diferente, diferente a aquel Albert que amaba la naturaleza, diferente a aquel Albert que ella conocía desde que era una niña. Ella lo había extrañado tanto que cuando lo vio llegar a la colina de Pony, después de tantos meses de viajes, prácticamente corrió a sus brazos de la emoción.
Regresar a la mansión con él no fue una fácil decisión, al principio se había negado a vivir nuevamente en la mansión con la tía, pero no pudo soportar ver su triste rostro, su mejor amigo, el único que siempre estuvo ahí para ella, el que aparecía cuando más lo necesitaba, ahora le estaba pidiendo que viviera con ellos, ella sabia la carga que él llevaba, y si su compañía aligeraba de alguna manera su carga, pues viviría con ellos nuevamente, aunque lo que le había preocupado era la reacción de la tía abuela, quien al verla llegar con maleta en manos al lado de Albert, no oculto en su rostro lo disgustada que se sentía con su presencia. Sin embargo, con el pasar de los meses, esa actitud cambio, a pesar de que aun le reprochaba el hecho de seguir trabajando.
-¡Candy!... ¡Candy!... — llamo una Annie tocando en su puerta, no se iría hasta que su hermana le contara con lujos y detalles de su noviazgo con el Patriarca de los Andrew.
Candy rodo sus ojos antes de abrir la puerta, sabía de antemano lo que Annie quería, ¿ahora qué le diría? ¿Cómo explicaría sus acciones ante ella?...realmente había creado un lio con aquella noticia.
-Annie, pensé que Archie te había llevado de regreso. — dijo Candy recordándole la hora que era, y con la esperanza de evitar cualquier interrogatorio de parte de ella.
-¿Cómo crees? irme sin saber desde cuando tu y Albert son novios?... eso ni pensarlo. Ahora si Candy, dime... ¿cómo hiciste? ¿Cómo lograste lo que más de una ha intentado?... —pregunto Annie emocionada.
-¿Que quieres decir con lo que más de una ha intentado Annie?... — Candy levanto una ceja mostrando curiosidad.
- Candy, ¿en qué mundo vives?... —Pregunto Annie antes de continuar, le parecía increíble que su hermana no supiera lo perseguido que era Albert. - Es que acaso no sabes que cuando William Albert Andrew se presenta en cualquier evento social, todas las damas presentes no lo dejan ni respirar, mas de una le ha coqueteado abiertamente, con las esperanzas de ser la novia de tan importante personaje.
Candy abrió la boca para decir algo pero la cerró nuevamente, no la verdad era que no lo había pensado, había evitado ir a ningún evento social con la excusa de que tenía guardias en el hospital, pero ahora ellos irían a uno de esos evento según la tía, ¿cómo se sentiría ella si eso ocurría?... no creía soportar ver a todas esas damas coqueteando con Albert.
-¡Candy!. — llamo Annie nuevamente al verla perdida en sus pensamientos.
-Sí.
-Vamos Candy cuéntame, ¿desde cuándo tu y Albert son novios? — La curiosidad la estaba matando.
- Annie es una larga historia, tú no quieres que tus padres se enojen si llegas tarde con Archie. — Annie frunció el ceño, si ella tenía razón, ahora que era novia de Archie sus padres eran más estrictos que antes.
-¿Promete que me lo contaras todo Candy?. — Apunto ella con un dedo, no dejaría de saber tan importantes detalles.
-Te lo prometo. — contesto Candy regalándole una sonrisa a su casi hermana.
Annie se fue no muy complacida, estaba más curiosa que nunca, pero Candy no sabía que contarle, ella no sabía que haría, se fue a cambiar porque tenía que descansar, ya que al siguiente día según la tía irían de compras...
=o=o=o=
Azul, verde, rosado, blanco a este punto a Candy ya no le importaba el color del bendito vestido, estaba cansada, agotada, toda la mañana visitando tienda tras tienda la tenían un poco malhumorada, y encima de todo eso, ni siquiera pudo ver a Albert. Se levanto tarde como de costumbre, al llegar al comedor tuvo que escuchar los reproches de la tía, por su tardanza. No tuvo más remedio que escucharla y desayunar a solas con ella. Albert ya se había marchado, ahora tenía que pasar sus días libres con la tía, y para su mayor agonía, probándose vestido tras vestido.
-Tía, no cree que con un vestido es suficiente?... — pregunto ella al escuchar a la tía ordenando que les enviaran todos los que ella se había probado.
- Candice, los vestidos no son solo para un evento, o piensas que dejare que te presentes al lado de William luciendo de esa manera, ¿y con esas coletas?... — masculló la tía viendo como ella aun usaba coletas, como si fuera una niña, ella ya era una señorita, tenía que hacer algo al respecto.
Candy se sorprendió un poco, el vestido no era para solo un evento y...-¿Qué hay de malo con mis coletas?... —pregunto ahora desconcertada, las había usado desde que tenía memoria, ¿que tenían de malo?
- No hay nada de malo con ellas, si fueras una niña, pero ahora eres toda una señorita, y la novia de William. — Candy iba a responder, pero no tuvo tiempo, la tía ya había salido de aquel lugar dándole una de esas miradas para que no la contradijera, así que ella la siguió en silencio, definitivamente su día sería muy largo.
Después de no sabe cuántas horas más, habían finalmente llegado a la mansión. Candy subió a su habitación lista para un baño de agua caliente, no sabía como la tía a su edad podía ir de compras de esa manera. Su tortura no había terminado, la tía le informo que al siguiente día vendría una estilista a arreglar sus cabellos, no importo cuántas veces dijo que no, para la tía su opinión no valía, su única esperanza era hablar con Albert, la tía daba por hecho de que ellos eran novios. Ella se sumergió en el agua pensando nuevamente en aquellos besos, la tía la regaño varias veces porque prácticamente se la pasó soñando recordando los labios de Albert. Era imposible prestar atención, no podía olvidar la sensación de ellos sobre los suyos.
Al terminar se puso un vestido color rosa, sus cabellos arreglados con sus dos coletas como acostumbraba hacerlo, mirándose en el espejo una vez más, ella bajo hacia el comedor, con la esperanza de ver cierto rubio, pero nuevamente se decepciono, al ver solo a la tía, se sentó en su asiento habitual después de saludarla, no pudo evitar que un puchero se formara en sus labios, pensando donde Albert se encontraba.
La tía al ver su rostro y sus expresiones le daban ganas de reírse, sin embargo, se contuvo, sabía que William tuvo que irse de viaje para cerrar un contrato importante, y no pudo despedirse de ella, ya que Candy como siempre se levanto tarde, ella no se lo comento para que Candy le pusiera más atención, pero fue imposible, se la paso todo el día distraída, era mejor que se lo informara de una vez por todas, quizás de esa manera, pondría más atención, la fiesta era en tres días, tres días tenia para hacer que esa muchacha aprendiera un poco del protocolo, en que estaba pensando su sobrino cuando decidió tener a Candy como su Novia?...bueno el motivo ya no importaba, era su deber como matriarca asegurarse de que esa muchacha aprendiera un poco de modales, cosa que sería casi imposible con ella, quizás, ahora que estarían a solas, sin la presencia de William, quizás ella aprendería algo después de todo.
- Candice deja de mirar hacia la puerta, William no cenara con nosotras. — informo la tía en su monótona voz. Candy volteo en dirección hacia donde estaba sentada la tía.
-No vendrá a cenar?... — pregunto sintiendo un apretón.
-No. — aseguró la tía simplemente.
Candy espero a ver si la tía agregaba algo más, pero la tía continuaba consumiendo sus alimentos como si nada.
-Me imagino que tiene mucho trabajo en la oficina... — comento ella tratando de averiguar el motivo.
-William se fue de viaje Candice, estará de regreso para el evento que todos tenemos que acudir, te recomiendo que descanses porque mañana comenzaremos tus clases.
¿De viaje?... —susurro ella para sí misma, una sensación de tristeza la invadió de inmediato, no vería a Albert en varios días, y ahora pasaría esos días con las enseñanzas de la tía, dejo salir un suspiro de tristeza, tuvo que mantener la compostura al escuchar a la tía carraspear, la había escuchado.
=o=o=o=
Había salido temprano en el primer tren hacia New York, sino fuera por la importancia de aquellos contratos, él no se hubiera marchado, estuvo triste porque no pudo despedirse de ella, la noche anterior tan pronto George se marcho él había subido a su habitación, pero no sin antes detenerse en la habitación de Candy, al tocar la puerta y no obtener respuesta, entro solo para ver que ella ya estaba dormida, él sin embargo no pudo dormir bien esa noche, había tantas cosas que deseaba decirle, confesarle, pero nuevamente tendría que esperar a su regreso para poder tener esa conversación con ella.
Esperaba que en su ausencia la tía y ella se la llevaran bien, no podía quejarse, desde que mando a los Leagan a Florida, la armonía reinaba en la mansión. Y si todo salía bien, estaría de regreso a tiempo, y podría escoltarlas a la fiesta, por primera vez Candy y él irían a una fiesta juntos, como pareja, todo sería diferente desde ahora en adelante. Él no tendría que lidiar nunca más con aquellas damas de la sociedad que lo acosaban solo por su dinero, estaba feliz porque la tendría a ella a su lado. Candy, si tan solo supieras lo mucho que te he esperado...susurro para sí mismo...
El tren continuaba su camino mientras los pensamientos de Albert estaban llenos por una rubia de ojos verdes que siempre había ocupado su corazón.
=o=o=o=
Candy veía su rostro una vez más en aquel inmenso espejo, la persona que se reflejaba en el no se parecía a ella en nada, bueno si era ella, lo sabía porque a pesar de todo, ahí estaban sus pecas, sin embargo lucia diferente, a ella le gustaba mucho como aquel reflejo de su persona la observaba, los días habían pasado demasiados lentos para ella, la tía no la dejo ni respirar en ningún momento, con aquel libro de genealogía aprendiéndose todos los nombres de sus ancestros, caminando erguida con aquel corpiño que apenas la dejaba respirar.
Si, sus días fueron difíciles, pero lo más irritante fue ver como todos sus vestidos y zapatillas desaparecieron por completo, siendo remplazados por aquellos que habían comprado, ellos eran hermosos, pero a ella le daba un poco de pena portarlos. Candy respiro hondo pensando que finalmente el sábado había llegado, y con ello, la fiesta a la cual asistirían. Albert aun no había llegado, y ella no se sentía muy animada, cerró sus ojos recordando nuevamente aquellos besos, tenía que dejar de pensar en ello, parecía que era lo único en que pensaba..."Albert"...susurro su nombre antes de salir de su habitación, la tía la esperaba.
El camino se le hizo largo, sus ojos se abrieron de par en par al llegar al lugar donde era la fiesta, aquel lugar parecía un castillo antiguo, era tan grande como la mansión en Lakewood, solo que la estructura era diferente, rodeado de flores de todas clases y especies, los arbustos eran altos y bien cuidados, el camino había sido construido por un pavimento de piedras, a medida que avanzaban, Candy noto los grandes jardines que lo rodeaban, antes de llegar a la entrada el auto de los Andrew's rodeo una inmensa fuente, ahora entendía porque la tía insistió tanto en su vestuario, aquel lugar era espectacular.
El auto finalmente se detuvo, Candy y la tía al bajarse fueron recibidas y guiadas por uno de los mayordomos.
-Madame Elroy, es un placer verla nuevamente... — dijo un hombre vestido como si fuera de la nobleza, o al menos a Candy eso le pareció.
-El placer es mío, muchas gracias por invitarnos. — agradeció la tía con su saludo formalmente.
-El placer es nuestro... — aseguro el caballero antes de notar a la joven que la acompañaba...- ¿Y esta bella dama?... — pregunto él con los ojos puestos sobre Candy.
-Ella es Candice White, la novia de William, quien seguramente llegara un poco tarde. — presento la tía señalando a Candy quien dio una leve reverencia, mostrando que las clases de la tía no fueron en vano.
-Que Hermosa elección la de William. Mucho gusto señorita Candice, Scott Ross a su servicio... —dijo él tomando de su mano y dándole un pequeño beso en su dorso.
Candy saludo aun aturdida por las palabras de la tía, había sido presentada como novia de Albert, y después de todo él vendría, su estado de ánimo cambio de inmediato, sonriéndole al joven que le habían presentado.
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Apenas llego a la Mansión, subió directo a su habitación, su tía apenas se acaba de ir según la servidumbre, por más que trato no llego a tiempo, se dio un baño y empezó a ponerse su traje de etiqueta, estaba irritado por no haber llegado el viernes como lo había planeado, el nuevo socio lo había retrasado, muy a su pesar tuvo que asistir a la gala ofrecida por su familia, tomo el primer tren hacia chicago, pero sin embargo no pudo llegar a tiempo.
Al terminar de arreglarse puso en su chaqueta el regalo que le había comprado a su pequeña, estaba emocionado, esa noche buscaría el momento adecuado para hablar con ella, y haría lo que no pudo hacer varios días atrás, le pediría formalmente que fuera su novia, salió en su auto al evento donde Candy y el resto de su familia se encontraban.
Albert llego y saludo a los anfitriones, los cuales lo habían introducido cuando asumió su posición como Patriarca de la familia. Al entrar en el salón pudo distinguir a la tía, inclusive vio a Annie junto Archie, pero no vio a Candy. Recorriendo con sus ojos todo el salón no la ubico, ¿dónde estaba?... Se pregunto antes de ser rodeado por aquellas señoritas de la sociedad, amablemente, y disculpándose se pudo escapar, iba caminando en dirección hacia su tía cuando se detuvo en seco.
Sus ojos fijos donde ella se encontraba, su corazón empezó a latir de manera descontrolada al ver lo hermosa que estaba, sus coletas habían desaparecido, sus cabellos sueltos cayendo en forma de cascada a lo largo de su espalda, una cinta dorada lo adornaban.
Albert trago seco al ver como su vestido mostraba aquellas curvas que demostraban que ella ya no era más una niña, sino una hermosa señorita, aquel vestido resaltaba aun mas su belleza, belleza que él sabía ella poseía, pero él no era el único en notarlo, porque vio como tenía distraídos a los caballeros que en esos momentos la rodeaban, esperando tener una oportunidad con ella. Su dulce expresión desapareció frunciendo el ceño, tenía que dejar claro esa noche que ella no estaba sola, tenía que dejar claro que ella era su novia y que le pertenecía, así que con pasos firmes, hizo camino hacia donde ella se encontraba.
Continuara...
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