Disclaimer: Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pertenecen a la novelista Kyoko Mizuki y/o Toe Animación...Esta historia y sus personajes son diferentes de la versión original del anime o la versión de la manga. Algunas de sus personalidades y características fueron tomadas pero con la variación de mi imaginación...
Una Novia
by: Keila Nott
Capítulo IV
Elroy Andrew caminaba por aquel salón buscando disimuladamente a su sobrino y a Candy, poco a poco los invitados comenzaron a tomar sus asientos ante la gran cena que estaba a punto de comenzar, todos habían abandonado el salón de baile porque los anfitriones estaban a punto de hacer el brindis para dar comienzo.
La tía con el pasar de los minutos se encontraba cada vez mas estresada, no había señales de ellos dos, desde que William preguntara por Candice había prácticamente desaparecido, ¿es que él no pensaba en las consecuencias?...se preguntaba ella... ¿o es que se le había olvidado todo el protocolo abandonando aquel evento?, dejándola sola, sin su presencia, qué vergüenza!...pensaba ella con una mano en su pecho mientras los buscaba con sus ojos...¿Donde estaban? ¿Cómo explicaría su ausencia?...se preguntaba una vez más entre dientes sintiéndose enojada al no encontrarlos por ningún lado.
Porque él le hacía esto?... ahí estaba ella prácticamente defendiendo a ese par, tratando de que vieran a Candice con buenos ojos antes de ser presentada como pareja de William, y ellos que le hacían?...se iban sin avisar!. Pero eso no se iba a quedar así, oh!, ellos la iban a escuchar cuando ella llegara a la mansión, ¿qué pensaba William?, que por que ellos eran novios podían hacer y deshacer en todo momento!.
Habían normas, reglas que seguir, pero ya la escucharían, de ahora en adelante no los dejaría ni respirar por un momento, ese par de irresponsables la iban a llevar a su tumba antes de tiempo... espetó ella mentalmente. Elroy Andrew estaba furiosa, todo su trabajo con la pequeña rubia arruinado, una preciosa oportunidad de ser introducida en aquella cena arruinada, todo gracias a William.
=o=o=o=
Albert manejaba alejándose cada vez mas de aquella mansión que se encontraba ubicada en las afueras de la ciudad de chicago, la oscuridad comenzó a cubrir el camino por donde ellos pasaban, solo la luz de la luna los guiaba hacia su destino. La primavera estaba en pleno apogeo y el aroma de las flores impregnaba el aire que ellos respiraban, su mirada estaba fija en el camino que los llevaría a aquel lugar donde finalmente ellos hablarían, mientras que sus pensamientos estaban centrados solo en ella, en su pequeña.
Candy cerró sus ojos disfrutando de aquel silencio que la noche les ofrecía, la brisa acariciaba su rostro suavemente mientras que sus rubios cabellos se movían con ella, su piel estaba erizada por el frio que hacia pero ella no lo sentía, lo único que podía sentir era el calor que emanaba con la cercanía de Albert, las emociones que en ese momento estaba experimentando eran de alguna manera más intensas, nuevas, no sabía cómo explicarlo, algo raro en la punta de su estomago hacia que sintiera como si tuviera mariposas volando dentro de ella.
La sensación y los nervios que sentía no los podía controlar, no sabía porque se sentía de esa manera si quien estaba a su lado era Albert, él era la persona a quien ella le tenía más confianza, él era la única persona con quien podía ser ella misma, pero su silencio la tenían más nerviosa que nunca, un silencio que a pesar de todo no era incomodo pero más bien lleno de expectativas, el auto continuaba su camino sin ella saber su destino.
No quería abrir sus ojos, tenía miedo de que todo fuera un sueño, que aquellos besos recibidos se desvanecieran tal y como vinieron, no podía evitar sentir miedo a pesar de que Albert confirmo con palabras que ella era su novia, si él lo había dicho, ella no se lo había imaginado, pero quizás lo hizo porque ella después de todo fue la que comenzó todo ese lio...respiro profundo antes de abrir finalmente sus ojos, el camino ahora le parecía conocido, la luz de la ciudad le dejo ver por donde pasaban, cuando ellos cruzaron esa última esquina ella supo a donde se dirigían. No paso mucho tiempo antes de que Albert detuviera el auto, Candy no entendía que hacían ellos ahí, después de tanto tiempo estaban en aquel lugar donde una vez ellos vivieron como paciente y enfermera.
-Albert, ¿pero?... ¿cómo?... — pregunto ella tan pronto los dos se bajaron del auto.
-Lo compre hace tiempo pequeña, ven subamos... — dijo él tomando de sus manos.
Candy aun no podía creer que Albert hubiera comprado aquel apartamento que estaba lleno de tantos recuerdos, al llegar a la puerta, y sin soltar las manos de ella, Albert saco de su chaqueta la llave de ese apartamento, aun se preguntaba por qué razón las había tomado, pero su instinto no le había fallado, ahí podían hablar sin interrupciones para luego regresar a la mansión, sabía que ya estaba en problemas con su tía por abandonar aquella fiesta, especialmente porque se había llevado a Candy, pero él no podía esperar un minuto más, al entrar encendió la luz del apartamento, Candy jadeo de la sorpresa soltándose de las manos de Albert.
-Albert!... — fue lo único que pudo decir, su sorpresa al ver como todo estaba cambiado, el lugar no era el mismo, apenas y pudo reconocerlo, aquel pequeño apartamento donde ellos vivieron hace mucho tiempo atrás.
Ella camino tocando con sus manos los nuevos muebles que decoraban la pequeña sala, una mesa diferente situada en el centro, ella pudo ver que habían cortinas nuevas decorando las ventanas. Continuo paseando hasta llegar a la cocina, donde también todo era nuevo, desde los gabinetes hasta los utensilios que estaban colocados ordenadamente, el apartamento había sido totalmente renovado, ella estaba emocionada, casi brincando como una pequeña niña camino hasta llegar a aquella habitación que una vez ellos compartieron, también estaba cambiada, la litera había desaparecido, en su lugar una amplia cama se encontraba, todo, pero todo, había sido cambiado.
Mientras ella seguía recorriendo el lugar emocionada, Albert busco algunos trozos de leña que estaban colocados en una pila lista para usar, poniéndose en cuclillas, él cuidadosamente los coloco dentro de la chimenea, encendiéndola, hacia un poco de frio y a pesar de que Candy no se había quejado, sabia que ella también lo sentía, pronto el calor de la chimenea comenzó a subir la temperatura de aquel apartamento, le gustaba ver como ella revisaba cada detalle con alegría.
-Albert todo esta tan cambiado... — dijo ella después de revisar cada rincón sonriendo, luciendo un poco más relajada de aquellos nervios que la habían invadido cuando dejaron la fiesta.
Albert sonrió complacido al ver nuevamente como Candy volvía a su estado normal, en el camino pudo sentir toda su tensión, por un minuto se preocupo, no le gustaba hacerla sentir inconfortable con su presencia...
-Espero te gusten los cambios pequeña, lo compre porque no estaba seguro de que vendrías a la mansión conmigo, y si decidías volver al hospital quería que tuvieras un lugar donde vivir... —dijo él levantándose por completo de su posición, quedándose parado frente a la chimenea, mirando en su dirección.
Candy se quedo un momento con sus ojos clavados en Albert, sus esmeraldas brillaban batallando las lagrimas que amenazaban por salir, él siempre pensaba en ella, él siempre con todos sus detalles, sin poder evitarlo más, algunas lagrimas comenzaron a derramarse por sus mejillas, y en un impulso, ella corrió hasta donde él estaba parado, abrazándolo con todas sus fuerzas.
Albert la recibió como siempre lo había hecho, podía escuchar sus sollozos...-No llores pequeña, recuerda que eres mucho más linda cuando sonríes que cuando lloras.
Candy levanto su rostro al escuchar aquellas palabras que siempre estuvieron con ella, un nudo en su garganta se formo mientras Albert la observaba en silencio, pensando como comenzar aquella conversación con ella, a pesar de su determinación, no podía negar que se sentía nervioso frente a ella, ¿cómo se le dice a la mujer que conoces desde que era una niña que la amas y que siempre las has amado?... ¿cómo se le dice a esa persona tan especial en tu corazón que has mantenido callado tus sentimientos durante tantos años por miedo a que se alejara de ti?... ¿cómo?...se preguntaba pensando en la mejor forma de hablar con el corazón en la mano.
Él nunca se le había declarado a ninguna dama, porque nunca había amado a ninguna como a ella, quien amaba con toda su alma. ¿Cómo comenzar?...Un simple te amo seria sencillo...pensó...Seria sencillo si él no se sintiera tan nervioso. Seria sencillo si ella no lo hiciera sentir como un joven adolecente que no tiene experiencia. Seria sencillo si él no hubiera mantenido silencio por tantos años ocultando aquel sentimiento.
Él podía enfrentar cualquier animal salvaje del áfrica, sin miedo a perder la vida en el proceso, él podía llevar el peso de lo que representaba su apellido sin miedo, pero cuando se trataba de ella, debía reconocerlo, se sentía débil, sin defensas, a su merced, prisionero de aquel amor el cual se sentía incapaz de confesar.
Quizás por eso siempre se mantuvo en silencio, el miedo a perder su cercanía y su amistad era lo más importantes para él, pero ya no más, porque ahí esa noche él lo cambiaria todo, ya no era suficiente tener solo su amistad, ya no era suficiente ser solo su confidente, ya no era suficiente ser aquella persona que estaba presente cuando ella lo necesitaba. Él quería mas, él lo quería todo, quería ser su amigo, su confidente, su amante, su esposo...Él lo quería todo. No quería que ella fuera solo su novia, pero que fuera su esposa, aunque sabía que debía ir lento con ella, no quería asustarla con todos sus reprimidos sentimientos.
Candy podía ver algo diferente en los ojos de Albert, no sabía exactamente lo que era, pero las mariposas en su estomago empezaron a revolotear con más fuerza, su corazón comenzó a latir furiosamente contra su pecho, trago seco antes de hablar.
-Hace un poco de frio Albert, quieres que prepare te?... — pregunto ella comenzando a separarse de él, aunque no pudo llegar lejos, porque Albert no la dejo, él tomo una de sus manos atrayéndola una vez más, rodeando su cintura con una mano, y con la otra tocando sus mejillas, limpiando aquellas lagrimas que cubrían su hermosa nívea piel, lentamente con la yema de sus dedos comenzó a acariciar su labio inferior, aquellos labios que beso con pasión en un impulso después de que ella declarara que eran novios, deseaba perderse en ellos nuevamente, probar aquel dulce néctar que solo los labios de ella le podían dar, no podía más.
-Candy...Te Amo... — confeso mirándola a sus ojos, viendo como sus esmeraldas reflejaban sorpresa, sintiendo como el cuerpo de ella temblaba entre sus brazos ante su confesión, la había asustado...pensó, pero no había marcha atrás, al ver que ella no decía palabra continuo...
-Siempre lo he hecho, siempre te he amado, aun sabiendo que tu corazón le pertenecía a otro, nunca lo había dicho por miedo de perderte, miedo de que te alejaras de mi, miedo de que me rechazaras, pero cuando dijiste que eras mi novia en aquella mesa delante de todos, una esperanza ilumino mi corazón, esperanza de que sintieras algo por mí, esperanza de ser correspondido, esperanza de que alguna manera pudieras amarme...Dime Candy ¿por qué dijiste que eras mi novia? ¿Porque lo hiciste?... — pregunto él con aquella agonía en su voz, sin perder detalle de ella, y sin dejar de estrecharla entre sus brazos.
Candy temblaba ante su confesión, no porque estuviera asustada, su corazón palpitaba tan rápido y tan fuerte que pensaba desfallecería en ese momento. Albert la amaba, la amaba...se repetía una y otra vez sin poder pronunciar palabra, tenía que hablar, tenía que decir algo.
-Albert...yo..yo... — ella balbuceaba, sus nervios eran grandes, sus palabras trabadas en su lengua, sin realizar que cada minuto que pasaba alargaba la agonía de Albert, él estaba a punto de soltarla, y ella pudo ver aquella angustia en sus ojos, esperando a que ella hablara, cuando finalmente pudo decir palabra, su voz sonó casi en un susurro...-Tenía miedo de perderte también, no podía seguir escuchando a la tía planeando en buscarte una novia, no lo pude resistir, porque yo también...yo también te amo Albert... —Fue un susurro aquella confesión de ella pero él lo pudo escuchar claramente, Albert la estrecho contra su cuerpo en un abrazo muy necesitado por los dos, su rostro se perdió en sus cabellos absorbiendo aquel aroma a rosas que emanaba de ella, sus ojos cerrados sintiéndose feliz al ser correspondido finalmente.
No saben por cuánto tiempo estuvieron así, pero ninguno quería dejar aquel abrazo que por primera vez en largo tiempo confortaba sus corazones, Albert sin separarse de ella levanto su rostro con sus manos.. .-"te amo"...—dijo una vez más, acariciando sus labios con los de ella, dándole un beso dulce y tierno, sin poder evitar profundizarlo, saboreando cada rincón de su boca, enseñándola a corresponder sus besos, disfrutando de aquel dulce néctar que solo ella le podía dar, pero Albert sabía que tenía que parar, no quería perder la cabeza, tenía que mantener sus hormonas en control, especialmente porque estaban solos los dos, y antes que nada él era un caballero.
A regañadientes fue rompiendo el beso lentamente, Albert abrió sus ojos viendo como ella aun respiraba un poco agitada, complacido con su reacción, feliz de saber que ella también lo amaba, espero hasta ver como un par de esmeraldas aparecían delante él. Candy al verlo sus mejillas cambiaron de color, esta vez el rojo escarlata era intenso en cada una de ellas, Albert curvo sus labios sonriendo levemente, separándose un poco de ella comenzó a buscar en su chaqueta aquel regalo que le había comprado. No era un anillo de compromiso porque él no quería asustarla proponiéndole matrimonio de inmediato, pero era una hermosa pulsera que marcaba el comienzo de los dos como pareja.
-Candy, me harías el honor de ser mi novia, y en un futuro no muy lejano mi compañera... —pidió él abriendo aquel estuche de terciopelo. Ella vio aquella hermosa joya rodeada de hermosas piedras, asentando un sí como respuesta. Albert no dudo en tomar de su mano colocándole la pulsera alrededor de su muñeca, ella lo había aceptado, cuando estuvo en Nueva York no pudo resistir comprar el juego completo de esa colección, hoy le daría la pulsera, y a medida que su relación avanzara, y que ella se sintiera confortable con esta nueva faceta de sus vidas, él le daría el resto hasta que finalmente lo aceptara como esposo.
Albert le dio un pequeño beso en sus labios tomando de sus manos, invitándola a sentarse con él frente a la chimenea, su conversación apenas había comenzado, habían preguntas que hacer, preguntas que habían rondado su angustiado corazón por mucho tiempo, ahora que sabía que era correspondido quería aclararlo todo, también tenía que dejarle saber que él ya no era su tutor. Tan pronto tomaron asiento, él entrelazo sus manos.
-Candy, desde cuándo?... — pregunto viendo como ella bajaba su rostro.
-No lo sé Albert, después de pasar un tiempo en la colina de Pony, recibiendo solo tus cartas, me hiciste mucha falta, te extrañaba tanto que dolía... — ella respiro hondo haciendo una pausa. Levantando nuevamente su rostro, viendo como aquellos ojos azul cielo la miraban tiernamente. ¿Como no lo vio antes?...él siempre la había visto de esa manera, que tonta había sido al no ver los sentimientos de él.
-Cuando regresaste de tus viajes, y te vi ahí en la colina, algo en mi había cambiado, pero no estaba segura, estaba confundida, entonces me pediste que viviera contigo en la mansión, día a día empecé a mirarte diferente. Cuando la tía comenzó a decir acerca de una novia para ti, no lo pude evitar... — concluyo ella dejando salir un suspiro al recordar su osadía, aunque en ese momento se sentía ligera de aquel peso que había llevado durante los últimos meses.
Albert tomo sus manos y le dio un pequeño beso antes de hablar, después de tantos años se sentía completo, ella lo amaba, era un sueño que casi le pareció imposible de realizar, pero tenía que preguntar aquella pregunta que si no la hacía seria una sombra en sus vidas, y a pesar de no querer sentirlo, los celos lo consumían con tan solo pensarlo.
-Entonces, tu corazón ha sanado de aquella herida?... — pregunto sin mencionar nombre, no podía, porque a pesar de todo, para él era un amigo y lo apreciaba.
Candy vio en sus ojos la duda, podía ver lo intranquilo que se le veía al preguntar por él, y como no estarlo pensó ella, cuando precisamente fue Albert quien la ayudo en aquel momento cuando su corazón dolía tanto que lloro hasta el cansancio, fue Albert quien estuvo ahí mientras ella se recuperaba, cerro sus ojos de tan solo imaginarse el dolor que él sintió en aquel momento, pero ella no sabía que lo estaba hiriendo, ella no sabía que él la amaba ya desde aquel momento, su Albert...susurro mentalmente mientras una sonrisa comenzó a dibujarse en sus labios, abriendo sus ojos y respondiendo.
-No lo dudes, esa herida está cerrada gracias a ti, él siempre ocupara un lugar especial en mi corazón, pero es a ti a quien ahora amo, no lo dudes mi adorado príncipe... — Albert sonrió reaccionando al seudónimo, aun no podía creer que ella lo considerada de esa manera, cuando recupero su memoria no podía creer que él fuera aquel príncipe del que ella siempre hablara, su respuesta le dio tranquilidad, él acerco su rostro dándole otro pequeño beso, pero esta vez en sus labios, sin profundizar, abrazándola.
-La anulación de tu adopción es completa, desde hace días eres solo Candice White.
Candy pestañeo varias veces antes de decir...-Eso quiere decir, que ya no soy más un Andrew?.
-Así es, pero espero que no sea por mucho tiempo.
Su respuesta la dejo perpleja por unos segundos al imaginarse lo que implicaban esas palabras. Ella no dijo nada regalándole una sonrisa, sus mejillas sonrojadas al imaginarse como esposa de Albert. Él la sostuvo entre sus brazos mientras observaba las llamas de la chimenea, deseaba besarla hasta que ellos perdieran el aliento, pero la tentación era demasiado grande, él debía de proteger la integridad de ella, no ponerla en peligro por su arrebato de hablar a solas.
-Candy tenemos que irnos... — dijo Albert con la esperanza de llegar primero a la mansión, sabía que su tía le reprocharía el haber abandonado la fiesta, y él no quería empeorar las cosas, además que ahora tenían que preparar la introducción de Candy como su novia, y ese pensamiento lo hacía muy feliz, la cortejaría como debía ser, le enseñaría a disfrutar de una saludable relación de novios, los dos disfrutarían de esa etapa, etapa que ninguno de los dos habían experimentado en sus vidas.
Albert la ayudo a levantarse, luego apago la chimenea, una sonrisa notable en los dos mientras iban de regreso a la mansión sin saber que una furiosa tía los esperaba, Albert manejaba con una mano mientras sostenía la de ella con la otra.
=o=o=o=
Elroy Andrew había llegado a la mansión apenas termino la cena, su indignación era grande, se sentía apenada ante la cantidad de excusas que tuvo que dar ante la desaparición del joven patriarca, eso sin contar aquellas lenguas malintencionadas con las que tuvo que lidiar por la desaparición de su aun no formal novia, decir que estaba molesta era una subestimación, los niveles de su presión sanguínea habían pasado el tensiómetro que apenas había sido introducido en aquella época, humo salía de su cabeza al descubrir que ni William ni Candice habían llegado a la mansión, que vergüenza, estaba demasiado vieja para todos esos dolores de cabeza.
Pero ella los esperaría, por su bienestar era mejor que aparecieran, sino tendría que casarlos al siguiente día, o quizás como castigo mandaría a Candice a escocía, porque ella no dejaría que el nombre de su familia fuera manchado por la locura de ellos dos, ni siquiera se pudo sentar de la rabia que recorría su cuerpo en esos momentos.
Ya era la una de mañana cuando llegaron a la mansión, Candy y Albert no habían notado como las horas habían pasado, los dos estaban envueltos en aquella burbuja de felicidad al saber los sentimientos de cada uno de ellos, entraron sin darse de cuenta de la sombra que los esperaba, ellos sonreían mientras caminaban tomados de las manos cuando finalmente escucharon aquella voz que los llamo haciendo que los dos se detuvieran en seco.
-William!...Candice!... —retumbo la voz de Elroy Andrew.
Continuara...
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