Título:From this time forth.

Capítulo: #2. All the uses of this world.*

Fandom: Harry Potter

Personaje: Remus J. Lupin.

Palabras: 850

Género: Gen, drama.

Notas: Situado durante el funeral de Lily y James.

How weary, stale, flat, and unprofitable
Seem to me all the uses of this world.*

El funeral había sido precioso, o eso le dirían a él años después. Porque Remus no recordaría nada de la ceremonia, excepto permanecer de pie frente a las tumbas mientras un mago ataviado con una larga túnica negra hablaba. Tras su intervención, mucha gente quiso decir unas palabras en recuerdo de la querida pareja que acababa de fallecer. Bathilda Bagshot, Horace Slughorn y hasta el mismísimo Dumbledore dieron un discurso en su honor; y a él le habría tocado hacer lo mismo, hablar de ellos como nadie lo había hecho, pero no podía. Ni siquiera se lo planteó. Se quedó allí, mirando fijamente la lápida conjunta con sus nombres grabados en ella y una enigmática inscripción:

El último enemigo que será derrotado es la muerte.

No sabía lo que significaba ni le importaba, porque lo único que veía era los nombres de sus amigos tallados en fría piedra. James y Lily; Lily y James. Había podido verles una última vez, antes de que cerraran los ataúdes, y estaban tal y como habían estado en vida. James, con su pelo alborotado y sus gafas torcidas, tenía una expresión de paz que Remus hacía mucho que no observaba en él, posiblemente desde sus tiempos de colegio. Y Lily, la tierna y dulce Lily, estaba tan hermosa como siempre. La melena pelirroja le cubría los hombros, y Remus sintió como si fuera a abrir los ojos de un momento a otro y a traspasarle con la mirada; la imagen e los ojos verdes de Lily mirándole por última vez se le clavó en el alma.

Y entonces cerraron la tapa y la tierra los cubrió por completo, y todo el mundo tenía algo bueno que decir sobre ellos y todo el mundo lloraba, pero él no. El estaba seco, vacío, roto por dentro. Cuando terminó el funeral, notó cómo la gente a su alrededor se dispersaba. Muchos avanzaban hasta la tumba y depositaban un ramo de flores, o una corona, o incluso una sola flor sobre ella, hasta que pronto no cabía nada más y parecía que al cementerio había llegado la primavera, a pesar de estar a principios de noviembre. La gente que pasaba por su lado le susurraba palabras de aliento, le palmeaba el hombro o le acariciaba el brazo haciéndole saber que no estaba solo, pero Remus ni los escuchaba ni los sentía, ni quería hacerlo.

Cuando no quedó nadie más fue cuando Remus salió de su trance. Con pasos temblorosos recortó la distancia que lo separaba de la tumba y acarició el mármol con los dedos. Estaba frío, muy frío, y ese frío se le metió en el cuerpo. Remus se miró las manos desnudas; no había traído ni una simple flor. Sacó su varita y, con un movimiento casi automático, el ramo más extraño nunca visto apareció ante sí: una mezcla de lirios y girasoles atados con un gran lazo verde, que Remus depositó con suavidad en el centro de la montaña de flores. Casi todo el mundo había traído lirios por Lily, pensando que sería su flor favorita, pero todos se equivocaban: el lirio era la flor favorita de James, un romántico empedernido que decidió que esa sería su flor el día que se enamoró de Lily; peor las flores favoritas de la joven eran los girasoles. Algo que nadie sabía y que para Remus era muy obvio, porque Lily era como un girasol: fuerte y esbelta, más espléndida que el resto de las flores y siempre buscando la luz.

Remus se sentó frente a la tumba y cerró los ojos. Si los apretaba con fuerza, podía imaginar que aún estaban en Hogwarts y que James, Peter y Sirius estaba con él, haciendo travesuras y que Lily les regañaba enfurecida. Pero de aquel sueño, pues eso es lo que fue, ya sólo quedaban cenizas. Durante un momento creyó sentir una mano rozándole la nuca, como tantas otras veces había sentido cuando estaba triste o preocupado. Giró la cabeza y miró, pero allí no había nadie. Claro que no. En esa escena faltaban Peter y Sirius, y Sirius ya no estaba allí para consolarle. Nadie quedaba allí, excepto él, y el sabor de la bilis inundó su boca cuando el pensamiento que había estado intentando evitar le asaltó: no había nadie con él por culpa de Sirius.

La rabia le trajo de vuelta a la cruda realidad, y la caricia que antes había creído sentir se convirtió en un agarre, fuerte como una tenaza, que le mantenía anclado al dolor. James estaba muerto, Lily estaba muerta, Peter estaba muerto y sólo quedaba él para llorar, porque Sirius se lo había robado todo. Y no sabía si quería matarle a él, o morir con ellos.

*1 y 2.

How weary, stale, flat, and unprofitable
Seem to me all the uses of this world.

Shakespeare's Hamlet, Act I Scene I.