Disclaimer: Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pertenecen a la novelista Kyoko Mizuki y/o Toe Animación...Esta historia y sus personajes son diferentes de la versión original del anime o la versión de la manga. Algunas de sus personalidades y características fueron tomadas pero con la variación de mi imaginación...
Una Novia
by: Keila Nott
Capítulo VI
Sus ojos se cerraron de manera automática recibiendo sus suaves labios, aquellos labios habían logrado que ella se olvidara de todo, y de todos los que en esos momentos los estaban observando, no podía pensar en nada más porque aquel beso que estaba recibiendo era diferente, estaba lleno de emociones desconocidas por ella, pertenecía a un territorio no explorado y era tan emocionante que lo único que pudo hacer fue dejarse guiar. El beso que Albert le estaba dando no solo era profundo en intensidad, pero estaba cargado al mismo tiempo con un sentimiento de posesividad, un beso que era tan intenso como cariñoso sin ninguna desigualdad.
Albert la había tomado por sorpresa, dejándola de inmediato sin poder pronunciar palabra, no sabía exactamente que había provocado aquel impulso que los llevo a ese momento, pero realmente a ella no le importaba, su mente estaba en blanco concentrada solo en aquellos expertos labios que la habían poseído sin previo aviso, unos labios que reclamaban y exigían atención, unos labios que hacían que su mundo en ese momento girara solo en torno hacia su dueño. ¿Cómo era posible que un beso despertara una parte de ella que no sabía que poseía?, su sorpresa fue tan grande que tuvo que sostenerse firmemente de sus brazos para no caerse, sus piernas ahora convertidas en gelatina amenazaban con dejarla caer al menor descuido por la pasión trasmitida.
Cuando Albert por fin rompió el beso, a ella no solo le hacía falta oxigeno para respirar, pero también necesitaba salir de aquella neblina donde se encontraba metida, su corazón latía tan rápido y tan fuerte que sus piernas no le respondían, el beso no solo la había dejado mareada y embelesada, pero también la había dejado sin fuerza de voluntad como para caminar.
-¡Albert!... —dijo en voz alta perdida en aquellos ojos azul cielo que de alguna manera se habían oscurecido, ella no pudo evitar pestañear por unos momentos. Tratando de recuperar la poca cordura que le quedaba.
Albert se quedo viendo profundamente en sus esmeraldas, ignorando la presencia que se encontraba alrededor de los dos. En ese momento él solo deseaba ver claramente los sentimientos de ella, necesitaba que aquellas esmeraldas le aseguraran una vez más que solo era él, y nadie más que él, el que existía en su corazón; que de ahora en adelante solo existía espacio para ellos dos, que no había cabida para nadie mas y que solo ellos dos explorarían en ese nuevo mundo que estaban descubriendo su amor, un mundo donde quería ser él quien por primera vez le enseñara que el amor a pesar de las dudas y el dolor si existía, y que antes que nada él no le fallaría.
Sus mejillas estaban encendidas, un color intenso cubría su bello rostro ¿quizás era vergüenza?... ¿Y cómo no sentirla?... sabía que había sido irracional e impulsivo de su parte besarla en la entrada de aquel hospital. Nunca pensó que se atrevería a hacerlo, él era un hombre que siempre había mantenido en control sus emociones, un hombre que no se dejaba llevar por un impulso, siempre analizaba antes de actuar, su actitud siempre había sido su mejor aliada ante cualquier problema o dilema, especialmente durante el tiempo en el que estuvo viajando, y ahora en los negocios, esa actitud serena le servía muy bien a la hora de aceptar cualquier proposición, porque analizar todos los detalles era importante en el ámbito en que se desarrollaba.
Pero el verla tomada de las manos con aquel doctor, despertó aquel comportamiento primitivo en su ser, un león que había estado enjaulado y bien vigilado por mucho tiempo tomo control de su ser. Esta vez no le iba a dejar el camino libre a nadie. Esta vez no estaba dispuesto a perderla por su actitud pasiva y tranquila, ella seria para él. No porque era posesivo, porque él no lo era, antes que nada él amaba y respetaba la libertad de cada ser, pero sería porqué él la amaba y ella a él, los dos aprenderían y disfrutarían de todo lo que les fue negado durante mucho tiempo.
Albert dejo salir un respiro de alivio mesclado con certeza cuando finalmente vio ese particular brillo en sus ojos, un brillo que le dio aquella seguridad que estaba buscando. Fue solo en ese momento de reflexión que Albert se pregunto ¿donde se había metido el bendito doctor?.
-Lo siento Candy, no quise asustarte... ¿Estás lista?... —pregunto él después de ver cómo eran observados por los empleados del hospital, y sin ver ningún rastro del doctor que había estado cuando él llego.
-Si... — fue lo único que pudo responder ella queriendo que la tierra se abriera y la tragara completa, sus compañeras de trabajo la veían murmurando entre ellas. Candy rogaba que pronto todos se olvidaran de aquella escena que acaban de presenciar.
Albert tomo de sus manos entrelazando sus dedos con los de ella, guiándola hacia el auto. Un simple acto hizo que Candy se sorprendiera una vez más, sus suaves manos y sus dedos entrelazados habían despertado nuevamente las mariposas que ahora revoloteaban con mayor fuerza.
Ella no sabía cómo controlar las emociones que estaba sintiendo, todo era nuevo, conocía a Albert desde hace tantos años que ahora no sabía cómo comportarse, su sola presencia hacia que todos sus sentidos se agudizaran, lo había abrazado mil veces, había llorado y reído muchas veces a su lado, y ahora el simple hecho de caminar junto a él, sintiendo sus tibias manos en las de ella, hacían todo aquello una nueva experiencia, experiencia nunca vivida antes por ella. Candy sentía como algunas lágrimas se debatían por salir, pero no eran lagrimas de tristeza, eran de felicidad, felicidad que no había sentido en largo tiempo.
Estaba tan metida en sus pensamientos que no se dio cuenta de cómo Albert la observaba. A medida que caminaban ella pudo sentir como él apretó sus manos ligeramente dándole la seguridad que en ese momento necesitaba, esa pequeña acción hizo que ella levantara su rostro, no se había dado de cuenta que caminaba con su rostro fijo mirando al suelo, también reacciono preguntándose donde se había ido su compañero de trabajo el doctor Robert?, que tonta, estaba tan distraída que se olvido por completo de que existía, de seguro se había marchado en el momento en que Albert comenzó a besarla.
Albert se detuvo en frente del auto abriéndole la puerta, ella sonrió acomodándose en su asiento, cuando finalmente ella se sentó, él recordó los planes que había planificado para ellos dos, de las flores y los chocolates que había comprado en su camino para ella, entrando en el auto estiro su mano hacia el asiento trasero.
-Estas son para ti pequeña... — dijo él entregándoselos.
Candy al ver su detalle sonrió nuevamente, olvidándose de todo, olio primero aquellas flores que le había dado, no podía creerlo, era la primera vez que recibía flores y chocolates como su novia, con entusiasmo abrió la caja de chocolates probando de inmediato uno de ellos, aquel chocolate se disolvía en su boca apreciando en el proceso su sabor, no podía negar que era dulce y delicioso, pero sin poder evitarlo ella pensó que no se comparaba a aquel beso que había recibido de Albert.
Ella sabía que lo amaba, pero solo en ese momento probando aquella pieza de chocolate ella realizo que su amor había nacido desde hace mucho tiempo atrás, con su presencia, con sus detalles, con todo lo que él le había dado y le continuaba dando, ella simplemente había sido una ciega, no se dio cuenta del amor que él sentía por ella. Candy suspiro dirigiéndose finalmente a él.
-Gracias Albert... —una amplia sonrisa dibujada en sus labios mientras Albert después de ver como ella disfrutaba de aquel dulce encendía el auto, comenzando a alejarse del hospital, tenían menos de dos horas antes de que el chofer viniera y la recogiera.
Mientras manejaba hacia el lugar donde ellos almorzarían, Albert observaba de reojo a Candy, ella sonreía dejando que la brisa acariciara su rostro, sus rubios cabellos que habían estado sujetos en una alta cola ahora estaban sueltos, bailando con la brisa del viento, eso era una de las tantas cosas por la cual la amaba, su espontaneidad era tan natural. Y ese fin de semana uno de sus anhelados sueños seria realidad. Ellos serian presentados como pareja, sus labios se curvaron con una leve sonrisa al pensar que por primera vez en su vida ese sería un evento al cual no faltaría, y el cual esperaba con mucha ansiedad.
Aunque había una pregunta que rondaba en su mente, ¿cuánto tiempo tendría que esperar?... ¿cuál sería el tiempo apropiado que tendría que esperar para poder tenerla siempre a su lado?... de la manera que había soñado...
Robert vio como ellos se alejaban en el auto, no podía creer lo sucedido, el joven Andrew había dejado claro una vez más que ella no estaba disponible, realmente nunca se espero que aquel hombre de una familia tan acaudalada actuara de esa manera, delante de él, sin importarle su presencia la beso, cuando lo vio caminando hacia ellos por un momento sintió aquella mirada de fuego que le dio, una mirada que solo era posible en un hombre que estaba seguro de lo que quería, se había equivocado, y lo había subestimado.
Por lo poco que había escuchado, él pensó que el joven Andrew sería fácil de poner a un lado, muchos habían dicho que él era una persona calmada y tranquila, pero nada de eso era cierto, el hombre que vio hoy se notaba que era de un carácter decisivo, mas no agresivo, su actitud fue notable, él no permitiría que nadie se acercara a Candy.
Eso hizo que reflexionara, ahora no estaba muy seguro si realmente deseaba persuadirla como pareja, ¿valdría la pena poner el esfuerzo?...se pregunto... ¡claro que sí!... él lo sabía, la había observado desde hace mucho tiempo. Candy era una mujer dulce, generosa, espontanea, ella seria la perfecta esposa para él. Los dos trabajaban en el hospital, la dedicación era la misma, no creía que un hombre como Andrew la pudiera hacer feliz, ya que esos hombres de abolengo les preocupaba mas hacer dinero que el tener una familia de quien encargarse, ella no sería feliz a su lado.
Aun seguía enojado, lo que tuvo que endurar antes de marcharse de su presencia, había hecho que dudara de su meta. Pero él no se iba a quedar ahí viendo como otro hombre la besaba, tan pronto vio como él la sostuvo se marcho. Por los momentos, haría que la transfirieran a su ala, ella estaría bajo su mando a partir de la próxima semana, ganársela seria mas fácil, porque trabajar en un hospital requería dedicación, y él había visto lo mucho que ella disfrutaba de su carrera como enfermera. Ese fue su último pensamiento antes de regresar a su rutina dentro del hospital.
=o=o=o=
Elroy Andrew había pasado toda su mañana contradiciéndose asimisma, no estaba segura si hacer la presentación en la mansión de Lakewood como se había hecho por generaciones con todos los Patriarcas de su familia, o si hacerlo en la mansión de chicago con tan solo sus más cercanos allegados?...Respiro hondo después de tanto debatirse, al final decidió, no había marcha atrás, tan pronto llegara el fin de semana, ella se llevaría a Candice a Lakewood, donde seria la presentación de ellos dos como pareja, era lo mejor, sabía que William no se negaría porque a su sobrino le encantaba estar en aquella propiedad. Una propiedad que estaba llena de muchos tristes recuerdos para todos ellos, pero que antes que nada amaban porque ahí siempre estarían presentes también los mejores recuerdos, y aunque extrañaran inmensamente a aquellos que ya no estaban, Lakewood siempre sería perfecto para la presentación.
En su mano tenía dos listas, la primera ya la podía descartar, había sido la lista de algunas candidatas a ser elijadas como damas de compañía. Cuidadosamente, y marcando que tuviera todos los requisitos necesarios, escogió a la que considero apropiada para ellos dos, muchas habían sido descartadas por ser tan jóvenes, y por no tener la experiencia que ella buscaba.
Elroy Andrew sabía que necesitaría a alguien más maduro, a alguien que realmente no diera espacio ni cabida para que esos dos se comportaran fuera de lo estipulado. Así que fue su suerte que la Señora Jenkins estuviera disponible de inmediato, ella llegaría al siguiente día y iría con ellos a la mansión en Lakewood para el evento.
Una sonrisa poco usual se dibujo en sus labios al saber que William no se esperaría a tal ejemplar supervisarlos, aquella dama era famosa como dama de compañía por su metodología, padres de muchas familias la buscaban porque sabían lo rebelde que podían ser sus hijas, no podía negar que ya le agradaba al saber que ninguna de las damas supervisadas por ella podían ser señaladas con un dedo, ni siquiera ellas eran motivo de ningún tipo de murmuración debido a su reputación.
El saber que la Señora Jenkins era la dama de compañía de alguna señorita causaba tal impacto que nadie se atrevía siquiera a hablar, y eso antes que nada, la tranquilizaba, ella confiaba en William, sabía que su sobrino era todo un caballero a pesar de su naturaleza de libertad, sabía que él jamás haría algo inapropiado, pero después de todo lo acontecido en todo ese tiempo, no era malo asegurarse de que nadie los pudiera señalar, especialmente porque él fue su tutor, y eso daba rienda a algunos mal intencionados comentarios.
Ella tomo un sorbo de su taza de té concentrándose ahora toda su atención en la segunda lista que estaba elaborando, en ella habían varios familiares que tenía que discutir con William, deseaba que Sarah y sus hijos vinieran a la presentación, sabía que tenía que convencer a Candice porque William se negaría de plano.
Desde el incidente con Neil, que ella misma causo, William le había propuesto nuevos negocios a Raymond Leagan para que se trasladaran a florida, y desde entonces él se fue con todos ellos, dejándola a ella sola, bueno estuvo sola hasta que William regreso a la mansión con Candice a su lado. Sabía que había sido el castigo que su sobrino cómo patriarca había asignado, pero de eso hace mucho tiempo, quizás permitiría que vinieran aunque fuera solo para esa ocasión.
=o=o=o=
Albert había regresado a la oficina después de dejar a Candy donde el chofer ya la estaba esperando, había sido un poco difícil dejarla ir después de haber pasado aquel tiempo donde solo eran ellos dos. La vista donde estuvieron fue estupenda, sabía que ahí no tendrían ojos curiosos, pero para él esas dos horas habían pasado muy rápidas. Él deseaba tenerla cada minuto a su lado.
En su camino de regreso decidió que le daría el collar de aquella colección el día de su presentación, presentación que por cierto debía de hablar con su tía, en su camino también se llevo una sorpresa, una sorpresa con la que no contaba, justo cuando venía de regreso a su oficina, vio aquella gigantesca pancarta que anunciaba "La tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca", obra teatral que sería presentada en el teatro de chicago, su protagonista era nada más y nada menos que su amigo, una sensación de ansiedad lo invadió en ese momento cuando detuvo su auto en seco al verlo.
Albert se puso a pensar en la mejor manera de proceder, por un lado estaba contrariado por lo que significaba su presencia en chicago, y por el otro pensaba que sería mejor que se enterara directamente por ellos y no por otro medio, era mejor decirle personalmente que él y Candy estaban juntos como pareja, no podía esperar a que algún día él se apareciera, para él era lo más correcto, pero había pensado que era imposible hacerlo a tiempo, ya que no sabía en qué ciudad se encontraba. Ahora vendría a chicago, en tan solo unos días, y antes de que Candy y él fueran oficialmente presentados. Esta sería una buena oportunidad de hablar con él. Debía también comunicarle a Candy que él se encontraría en la ciudad, no se lo iba a ocultar, la última vez no dijo nada porque fue decisión de Terry marcharse sin dejarle saber de su presencia, pero esta vez era diferente. El toque a la puerta llamo su atención.
-Adelante... — dijo Albert viendo como George entraba en su oficina con una carpeta llena de documentos.
-William, te busque en la hora del almuerzo.
-Lo siento George, se me olvido decirte que desde hoy en adelante almorzaría con Candy.
George solo asentó, sin embargo, Albert en ese momento pensó que con todo lo que había sucedido, se le había olvidado decirle a George que Candy y él ahora eran más que amigos.
-George, espero que puedas asistir este fin de semana a la presentación formal de Candy como mi pareja... — informo Albert viendo como los ojos del calmado George se abrían de par en par sorprendido. Después de unos minutos, minutos que parecieron una eternidad, George finalmente pronuncio palabra.
-Nunca me lo perdería William, me alegra mucho que al fin ustedes estén juntos... — Una sonrisa en sus labios se dibujo.
-Gracias George... —respondió Albert sabiendo que solo George lo conocía perfectamente, solo él había notado los sentimientos que guardaba por su pequeña. George le entrego la carpeta con los documentos que traía, dejándolo nuevamente con sus pensamientos.
Albert los tomo pensando que su decisión era la correcta, si deseaba un futuro con Candy, era mejor cerrar ese capítulo sin sombras que pudieran dañar o destruir lo que ellos apenas estaban construyendo.
Era mejor dejar que ellos hablaran, aunque muy en el fondo le preocupaba, la última vez que lo vio fue en aquel bar donde tuvo que hacer que reaccionara, sabía muy bien que a pesar de que él no deseo hablar con Candy en aquel tiempo, ahora que estaría pronto en chicago de nuevo, de seguro desearía poder hacerlo. Esa conversación entre ellos dos estaba pendiente, tenía que confiar en ella, tenía que confiar en que ella tenía sus sentimientos claros, pero aun así, no podía negar sentirse preocupado, esperaba que Candy no sufriera mas, él aceptaría lo que ella decidiera. Aunque antes de proceder, esta vez le preguntaría primero si ella deseaba hablar con él, porque al final del día, no era su decisión, era una decisión que solo ella tenía derecho a hacer.
=o=o=o=ƸӜƷ=o=o=o=
Candy veía como la mucama terminaba de empacar sus cosas, solo un día más y ellos se irían a Lakewood, ella estaba emocionada, no podía evitar sonreír internamente al recordar los últimos días, a pesar de que su semana fue bastante atareada con toda la organización de su fiesta, ella se había divertido un montón. Las escapadas que Albert organizaba eran la adrenalina que la mantenía viva.
La tía también se había enojado un poco con ella, y con Albert por supuesto, los dos se negaron a que los Leagan vinieran a su fiesta, al menos no se tenía que preocupar por la presencia de ellos, ya que lo único que traían cuando aparecían eran solo problemas, así que la tía en modo de rebeldía la mantuvo ocupada toda el tiempo con la selección de cada detalle, era su manera para que ella no pasara ni un segundo con Albert. Pero a ellos no les importaba, porque lo que la tía no sabía, era que antes de regresar a la mansión, habían pasado unas horas maravillosas juntos los dos.
Candy no podía negar que era emocionante esperarlo a la salida del hospital, era tan emocionante como aquellos besos que él le daba, dejándola sin respirar, besos que disfrutaba inmensamente y que estaba aprendiendo a diferenciar, cada uno era tan diferente y tan medido que causaban estragos en su ser, habían ido a varios lugares juntos, lugares que no eran muy congregados, ella disfrutaba de cada momento que compartían, conociéndose en ese nuevo ámbito, sintiéndose libres como siempre ellos dos lo habían sido.
A pesar de que la nueva dama de compañía ahora iba en el auto con Carson a recogerla al hospital, eso no evitaba que ellos dos se escaparan sin nadie notarlo, aunque algunas veces solo tuvieran tiempo para compartir un helado, a ellos no les importaba, porque poco a poco su relación crecía y ella se sentía más unida a él.
Aunque algunas veces ella podría jurar que la Señora Jenkins sabía que salía temprano y que se escapaba con Albert, desde que llego a la mansión ella los veía con aquella particular mirada, especialmente a Albert cuando regresaba de la oficina, él se sentaba con ellas después de la cena, era como si supiera todo, era como si ellos dos fueran un libro abierto en aquella mirada que les advertía sin decir palabra que tuviéramos cuidado con no cruzar la línea, daba escalofrió el saberse descubierto por ella, aunque no hubiese mencionado nada hasta los momentos.
-Señorita desea que la ayude a cambiarse?... — pregunto la mucama ya que sabía que Candy no le gustaba ser ayudada.
Candy volteo a ver el vestido que estaba en la cama, dentro de poco irían todos al teatro, Albert había comprado boletos y esa noche irían todos, excepto Archie, quien se negó rotundamente a asistir, ella tampoco se sentía de muchos ánimos, se sentía extraña, no sabía que le pasaba, pero era mejor seguir adelante, porque ella no quería mirar atrás. No quería pensar en la reacción que tendría Terry al verla después de tanto tiempo.
Ella ya le había dicho a Albert que ellos dos se dijeron todo lo que tenían que decirse aquella noche de invierno, él había sido claro al pedirle que ella fuera feliz, y ahora ella lo era, no sabía porque tenía que abrir o recordar viejas heridas, pero quizás Albert tenía razón, para que no existiera ninguna sombra entre ellos dos era mejor confrontar el pasado con la frente en alto, y quizás de esa manera después de tanto tiempo, ellos podrían ser verdaderos amigos, sin pensar nunca más en lo que pudo ser y no fue. Ella respiro hondo una vez más y se dispuso a cambiar.
Continuara...
Gracias Por Leer... No se olviden de dejar sus comentarios...
Mis especiales Agradecimientos a todas las chicas por dejar sus comentarios: Verito - monybert- amy riverasosa - Eydie - Mayra Exitosa - sayuri1707- Blackcat2010 - AmiAzu - AmiAzu - lucia ardley - Ms Puddleglum - patty81medina - Gatita Andrew - Rosa amanda - himurita - Vere Canedo - Amy C L - Lety - MIRIAM RAMIREZ - janja8 - Elenomar - rose de andrew - KattieAndrew - Patty sparda - Noemi Cullen - Laila - Paolau2 - Milady - maria1972 - samaggy - Magnolia A - somiant - Sara - Keilasfan - Cielo Azul - Guest - cocobets...
