Disclaimer: Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pertenecen a la novelista Kyoko Mizuki y/o Toe Animación...Esta historia y sus personajes son diferentes de la versión original del anime o la versión de la manga. Algunas de sus personalidades y características fueron tomadas pero con la variación de mi imaginación...

Una Novia

by: Keila Nott

Capítulo VII

Albert estaba ansioso esperando por Candy, vestido elegantemente en un esmoquin negro él esperaba por ella. Todos ya se encontraban listos para irse, pero ella aun no bajaba, ¿Por qué se tardaba tanto?...se pregunto por decima vez.

Elroy Andrew veía a su sobrino nervioso, no sabía porque lo estaba, era simplemente una obra de teatro que verían esa noche, ¿y porque Candy no bajaba?, cansada de verlo así dijo:-

-Señora Jenkins, porque no sube y averigua porque Candice tarda tanto... — pidió a la dama de compañía. La señora Jenkins quien en esos momentos se refrescaba con su abanico lo cerró con sus manos y asentó comenzando a subir las escaleras, a ella también le parecía extraña la actitud del joven patriarca, ¿que había de especial en aquella obra que irían a disfrutar?. Su experiencia le decía que tenía que estar alerta, estaba segura que había detalles sobre esta pareja que de seguro Madame Elroy no sabía.

Toco varias veces la puerta, al no conseguir respuesta entro en la habitación. -Señorita Candice.. — llamo ella cuando pudo distinguir a Candy parada en el balcón de su habitación.

Candy estaba distraída, el pánico la había invadido, ahora no deseaba ir al teatro, no quería decepcionar a Albert, no quería preocuparlo o sembrar dudas entre ellos dos, pero cada vez que pensaba en Terry, su ser se estrujaba, aquella agonía olvidada por ella la cubrían sin poder evitarlo. Era ilógico lo que le pasaba, pero sencillamente no lo podía evitar, lo mejor era que no fuera, lo mejor era evitar recordar, se dijo ella saliendo de su reflexión al escuchar a su dama de compañía.

-Disculpa, no escuche la puerta.

-Todos te están esperando. — dijo la Señora Jenkins acercándose a ella.

-Lo sé... — Candy bajo su rostro, confundida.

Esa actitud tan triste de parte de ella corroboro sus sospechas, definitivamente algo mas pasaba, algo que se relacionaba con la obra de teatro a la que asistirían.

-¿Candice que sucede?... — pregunto Jenkins al ver la depresión en los ojos de la chica que custodiaba.

-Nada, solo dame unos minutos... — pidió Candy quien no decidía que hacer, horas atrás estaba tan segura, y ahora no lo estaba.

Para la señora Jenkins no era su primera ronda, ella había visto múltiple veces esa actitud desalentadora, ¡confusión!... ¡dolor!... ¡inseguridad!... La pequeña rubia que tenía en frente lo trasmitía todo, así que tenía que preguntar una vez más si deseaba poder ayudar.

-Candice, tu amas a William ¿verdad?... —su pregunta tan directa saco a Candy de aquella innecesaria melancolía.

-Por supuesto que lo amo... —respondió ella vehemente. Su respuesta dada con aquella resolución hizo que Jenkins continuara.

-Entonces porque estas confundida acerca de tus sentimientos?... — Candy parpadeo varias veces mientras en su boca se formaba un O gigantesco, no creía que era eso lo que le pasaba, un rotundo ¡No! su mente grito, no era eso lo que pasaba.

-¡No!... ¡no es eso!... — aseguró.

-¿Entonces qué es?, porque ahí abajo en las escaleras te espera un hombre que se ve te adora y te mantiene en un altar, cosa que en mi experiencia es muy raro de conseguir... — dijo ella irónicamente, su intención era simple, a veces damas tan jóvenes como la que tenía en frente de ella, eran incapaces de ver lo obvio, y algunas veces eran débiles, que su actitud solo las hacia sufrir.

Candy sabía que era cierto lo que la señora Jenkins le estaba diciendo, entonces que le pasaba?, era complicado...pensó

-Es complicado... — dijo casi en un susurro.

-No... No lo es... — la señora Jenkins se acerco a Candy y tomo de sus manos, era obvio que había un motivo para que la joven se sintiera de esa manera. -Cuéntame Candy, ¿qué sucede?... ¿por qué estas así?... ¿qué hay de especial acerca de esa obra?, ¿o hay alguien más?, porque solo hasta ayer sonreías con el joven William.

Candy dejo salir un fuerte respiro, decidió contarle brevemente su dilema. Jenkins podía ver porque ella se sentía de esa manera, pero tenía que ser madura y actuar firme en sus sentimientos, si no deseaba herir al joven William. Así que con toda la experiencia que ella poseía la aconsejo.

Albert estaba a punto de subir, ahora si estaba preocupado, cuando subió un peldaño, vio como ella y la señora Jenkins finalmente aparecían. Los ojos de Albert se abrieron de par en par al ver lo radiante que Candy lucia. Ella era simplemente hermosa, aquel vestido vino tinto con dorados hilos como bordado, hacían que su nívea piel resaltara. Albert también noto que ella tenía puesta su pulsera sobre los delicados guantes blancos que portaba, su rizada melena era sujetado por dos broches de piedras preciosas, dejando algunos de sus rebeldes rizos caer en su rostro.

-Siento haber tardado tanto... — se disculpo ella por su tardanza, mientras Albert se acercaba.

-No te preocupes pequeña, valió la pena esperar, estas hermosa... — aseguro él dándole un beso en su mano.

-¡Hm!... —escucharon ellos a la tía protestar. Candy y Albert sabían cuanto le molestaba a la tía esperar.

La señora Jenkins sonreía complacida mientras todos hacían camino hacia el auto, esos dos se amaban de una manera nunca observada por ella, así que esa noche estaría pendiente, no apartaría sus ojos de la pequeña rubia, un joven actor tenía muchas seguidoras. Peligrosos eran para cualquiera dama de sociedad esos jóvenes, ellos no sabían medir, ellos pensaban que podían robar besos, suspiros y algo más sin confrontar a la sociedad.

Así que esa noche, ella seria la sombra de Candy, no dejaría que aquel joven Ingles le tocara siquiera una hebra de su dorado cabello, porque para eso la habían contratado. Así que por el bienestar del joven actor será mejor que se comportara esa noche.

=o=o=o=

A medida que se acercaban al teatro sus nervios aumentaban, ella podía sentir el calor de la mano que la sostenía. Albert estaba ausente mirando a través de la ventana del auto ¿en qué pensaría?...se preguntaba Candy ahora entendiendo las palabras de la señora Jenkins, muy sabia era la señora, sus palabras la hicieron reaccionar de sus tonterías, porque eso era, no había razón ni motivo de que preocuparse, su ansiedad era solo el resultado de tanto tiempo sin verlo, ella esta vez apretó su mano logrando que Albert volteara a verla. Una amplia sonrisa se dibujo en sus labios.

Cuando el auto se detuvo en la entrada del teatro, Albert fue el primero en bajar, estirando su mano ayudo primero a su tía, luego a Candy, y de ultimo a la señora Jenkins, rodeado de las damas ellos hicieron camino hacia su palco, el teatro estaba lleno, sin embargo los Andrew's tenían reservado un palco privado, subiendo por las escaleras Albert escoltaba a su tía y a Candy, mientras la señora Jenkins los seguía en silencio, manteniendo una distancia apropiada, ella era solo una sombra que solo pronunciaba palabra cuando era necesario.

Al entrar en el balcón privado, y tomando sus respectivos asientos, ellos observaron a su alrededor, habían sido casi los últimos en llegar, Albert observaba de reojo a Candy, desde que dejaron la mansión no habían pronunciado palabra, ella se notaba ahora tranquila, estuvo nerviosa en el camino, pero ahora parecía que se encontraba bien. Albert esperaba que Terry entendiera y no pensara mal de ellos dos, porque después de todo los dos vivieron solos por mucho tiempo.

Las luces de aquel teatro comenzaron a oscurecerse mientras las cortinas del gran telón subían, el primer Acto dio comienzo. Candy veía con asombro aquella actuación de Terry, era la primera vez que lo veía actuar con tal pasión, ella dejo de verlo y dirigió su atención a Albert, quien para su mayor sorpresa no veía la obra sino a ella. Candy le sonrió tomando de su mano y en un susurro solo para ellos dos le dijo un...-Te Amo...

Albert sonrió con sus palabras, apretó su mano sintiéndose ahora relajado, al final del tercer acto cuando Hamlet se llevaba el cuerpo de Polonio y lo ocultaba después de haberlo apuñalado, Candy no pudo contener las lagrimas, no quería llorar delante de Albert, ella sabía que confundiría sus lagrimas, educadamente ella pidió disculpa y se dirigió al tocador, sin saber que la señora Jenkins la seguía.

Candy se lavo su rostro y respiro hondo, se alegraba que Terry estuviera triunfando como actor, ahora era tiempo de seguir adelante, al salir del baño ella escucho una voz familiar.

-Candy... Candy... ¿eres tú?... — pregunto Terry quien desde que vio hacia el alto del balcón le pareció reconocerla, tan pronto el acto termino salió a asegurarse que no se había equivocado, ella estaba en el teatro, desde que llego a chicago estuvo tentado en buscarla, saber como estaba, sin embargo, no lo hizo, no tenía derecho de hacerlo, pero ahí estaba ella.

Candy volteo lentamente, sabia quien era, ahí estaba Terry, portando aquellas vestimenta como el Príncipe de Dinamarca.

-Si... — respondió ella con una incómoda sonrisa.

Terry no lo podía creer, después de todo, la pudo ver, sus ojos no pudieron evitar en recorrer cada parte de ella, se vía madura, hermosa, increíblemente diferente. Su deseo de abrazarla era grande, pero la manera en la que ella lo veía lo detuvo. Candy trago seco antes de hablar, el ver como él la examinaba la había incomodado.

-Hola Terry, ¿Cómo has estado?... ¿Cómo esta Susana?... — pregunto ella mordiéndose los labios, no quería preguntar eso, pero fue lo primero que le vino a su cabeza.

Terry frunció sus cejas al escuchar el nombre de Susana... Susana... la causante de tanta pena y dolor en su vida.

-Yo he estado bien, de gira por varias ciudades en estados unidos... —dijo él haciendo una pausa. -Susana está bien, o al menos eso me imagino, ella ahora reside con su familia.

Candy pestañeo varias veces, no entendía, ¿acaso ellos no estaban casados? Su rostro de confusión hizo que Terry le respondiera la pregunta no formulada por ella.

-Nos separamos hace unos meses atrás, ella finalmente se dio cuenta de que nunca la amaría... — dijo dando unos pasos en su dirección, acortando la distancia entre ellos dos, dios que hermosa estaba Candy, sus pensamientos lo traicionaban.

-Creo... debo... debo de regresar, tu seguramente tienes que prepararte para el próximo acto... —dijo balbuceando ella, nerviosa y dando un paso hacia atrás.

-Aun tengo tiempo, porque no vienes conmigo y así hablamos mejor... — sugirió él acercándose aun más, no sabía lo que quería. Pero. Justo. Cuando iba a tomar de las manos de ella, sintió como un objeto lo golpeo levemente contra sus manos.

-¡Auch!... —protestó mirando con sus ojos lleno de furia a la causante de su dolor.

Candy volteo casi de manera instantánea. La señora Jenkins movía su cabeza de un lado a otro con su abanico en manos, diciendo no te atrevas a tocarla a un enojado Terry. Ella quería reírse en ese momento, pero se contuvo al escuchar la protesta de Terry.

-¡¿Por qué rayos hizo eso?! — demando él. Jenkins lo ignoro y se dirigió a Candy...

-Señorita Candice, no es apropiado que estés aquí sola con este caballero, la función comenzara en cualquier momento, es tiempo de regresar.

-Si... — respondió Candy dirigiendo su atención a Terry... -Hablaremos cuando termine la función.

-¿Por qué?...Ahora tengo tiempo... Yo no podre después de la función, hay una recepción planeada... — insistió el moreno.

-No Puedo.

-¿Por qué?

-Porque...porque...porque Albert me espera... — espetó ella... ¡Rayos!...se suponía que Albert y ella hablarían con él juntos, no ella sola.

-¿Albert?... —pregunto él levantando una ceja, aun seguía viviendo con él?...-¿Vino contigo?...

Candy dejo salir un fuerte respiro, ahora tendría que contarle todo. Ella miro a la señora Jenkins buscando aprobación. Ella asentó, sin embargo, antes de darle una pequeña distancia apropiada, se dirigió a Terry levantando un dedo.

-¡Ni un cabello!... ¡Me entiendes!... —Terry no entendía quien era esa mujer, pero al parecer vigilaba a Candy muy de cerca. Él asentó en acuerdo, tan pronto la mujer se movió unos metros pregunto.

-¿Qué sucede Candy?... ¿Quién es ella?... y porque rayos te vigila de esa manera?

-Terry, mucho ha cambiado desde la última vez que nos vimos.

-Si ya veo... — dijo él buscando donde tomar asiento, ella lo siguió, y con ellos, Jenkins, quien se mantenía a una muy pero muy pequeña distancia de ellos.

-Lo primero que creo que necesitas saber es que cuando regrese de New York al poco tiempo Albert recupero su memoria, dejándome sola en el apartamento. Después de saber la identidad de Albert. Yo me fui por un tiempo con mis madres a la colina de Pony.

Terry no entendía mucho, pero seguía escuchando, Candy le dijo que Albert era el famoso Abuelo William, actualmente Albert era el Patriarca de los Andrew's, quién se lo hubiera imaginado... Pensó él...Cuando Candy llego a la parte de que ellos eran novios, él se levanto de su asiento pasando una mano por sus largos cabellos.

-¿Desde cuándo?... — demandó.

-Este fin de semana seremos presentados como pareja y... — No pudo terminar, él la interrumpió.

-¿Desde cuándo lo amas?... — Terry reformulo su pregunta, con clara agitación, comenzando a enojarse. Candy no estaba segura de responderle, él le dio aquella mirada que muchas veces vio. Un brillo amenazante en sus ojos que nunca le gusto.

Su imaginación voló al ver que ella no respondía, incrementando su rabia, sintiendo que perdería el control, quería zarandearla para que le respondiera, es mas hizo el intento, pero tan pronto sus manos trataron de acercarse, nuevamente sintió aquel bendito abanico pegarle otra vez...-¡Auch!... — gritó en dolor.

La señora Jenkins nuevamente intervino.

-¡Quiere dejar de hacer eso!... — espetó Terry dando varios pasos hacia atrás.

-Yo me detendré cuando tú dejes de intentar tocarla. ¡No es correcto que lo hagas!...Ya te lo advertí... ¡Ni un cabello!... ¡Me entiendes! — amenazo levantando su abanico. Él la miro retándola, el golpe había logrado que se calmara de su enojo... ¡Rayos!... como le dolían sus manos.

La señora Jenkins le sostenía la mirada, sin desviar un ápice su mirada aceptando el reto. Jenkins estaba acostumbrada a que la retaran, era su oficio después de todo lidiar con esta clase de chicos. Terry no sabía si gritar, reír o simplemente ignorarla, al menos sabía que Albert estaba siendo torturado, eso de alguna manera lo reconfortaba.

-¡Ha!... — dijo riéndose, el imaginarse a su antiguo amigo ser vigilado por tan peculiar personaje, la satisfacción que sintió hizo que dejara su inmadurez. Al menos sabía que la pecosa estaba en buenas manos.

Candy aparto a la señora Jenkins quien se había colocado entre ellos dos...

-Terry, ¡basta!...yo vine por simple cortesía, no queríamos que supieras por otro medio, pero en realidad no tengo necesidad de explicarte o decirte nada... — dijo ella un poco enojada con la situación.

-Disculpa pecosa, se que tienes razón, solo que la idea de que ustedes... — no pudo terminar.

-¡Ni te atrevas!.

-Lo siento... — se disculpo antes de ser interrumpidos, lo estaban llamando, era tiempo para el próximo acto. Él vio a Candy una vez más, quería abrazarla, darle un beso de despedida, dio un paso cuando por reflejo se detuvo, miro a la chaperona quien le decía con su mirada que no lo intentara. Así que recuperando la compostura él tomo su mano dándole un beso caballerosamente y diciéndole:-

-Se feliz Candy, porque yo he aprendido a serlo con mi carrera, salúdame a Albert, dile que me disculpe por no querer hablar con él, estoy seguro que entenderá mi posición.

-Gracias Terry, cuídate tu también... —dijo Candy antes de que él se fuera.

-Lo hare. — fue su corta respuesta.

Albert había visto toda aquella escena, él bajo al ver que Candy tardaba temiendo precisamente esto, cuando pensó en unirse a la conversación, vio como la señora Jenkins intervino, no podía negar lo satisfecho que se sentía con la dama de compañía, la manera en que manejo a Terry fue extraordinaria. Aunque ahora le preocupaba, su tía no estaba jugando cuando le dijo el seudónimo de aquella dama. Ahora entendía porque la llamaban "La Dama de Hierro", aquel seudónimo realmente infundaba miedo...Respiro hondo regresando a su palco. Ahí esperaría por ellas.

=o=o=o=ƸӜƷ=o=o=o=

Tulipanes, Narcisos, y Jacintos decoraban la Mansión en Lakewood, una orquesta ubicada en el salón principal se encontraba rodeados por muchas mesas. La servidumbre corría por los salones terminando de decorar cada rincón. Elroy Andrew estaba satisfecha, su sobrino al menos sentaba cabeza. Ella dio un último vistazo antes de retirarse a cambiarse.

Las dulces Candy complementaban la decoración del cuarto de Candy, mientras una sonrisa radiante se había dibujado en sus labios, por fin había llegado el día, en sus manos ella tenia aquel estuche con un hermoso collar que era parte de la colección a la que pertenecía su pulsera. Candy sonreía porque Albert le había susurrado en sus oídos cuando nadie los veía que deseaba entregarle la colección entera. Que no lo hiciera esperar tanto, lo dijo con un tono de voz que la hizo estremecer.

Que tonta había sido al preguntarle a que se refería, porque de la colección solo le faltaban los aretes y el anillo, y para ella eso solo significaba que él deseaba mas, un hormigueo la invadió de tan solo imaginarse como la esposa de Albert.

-¡Candy!... ¡Candy!... —llamaban a su puerta. Candy se dirigió a la puerta abriéndola.

-¡Annie!... —llamo emocionada.

-Candy, ¿por qué no te has bañado?, mira como aun andas... — dijo Annie al verla aun en una bata.

-Aun es temprano Annie.

-¡Oh no!...Como crees?, tenemos que arreglar tu cabello, maquillarte, por dios Candy hoy te presentas al lado del Patriarca de los Andrew's, la prensa estará presente, mucha gente importante vendrá...muévete... — dijo ella empujándola en dirección del baño.

-¡Annie!... —protestó

-Nada de Annie, yo lo sabía, por eso vine a ayudarte... — Candy suspiro en resignación, dejo que Annie la guiara.

=o=o=o=

Albert había terminado de revisar la correspondencia en su biblioteca, tomando una copa de whiskey sonreía satisfecho. Candy lo amaba, no había sombras entre ellos dos, lamentaba no haber podido hablar con Terry de hombre a hombre, pero entendía su punto de vista, esas cosas no se perdonaban tan fácilmente. Él no se podía quejar, esa noche el regreso a la mansión había sido en plena harmonía, ella sonreía y él no podía estar más feliz de verla de esa manera.

Al terminar su whiskey, salió del estudio rumbo a su habitación, en menos de dos horas los invitados comenzarían a llegar, se le había permitido recoger a Candy en su habitación, desde ahí la escoltaría y los dos entrarían juntos al salón. Estaba emocionado, aunque quería mas tendría que esperar, este paso para los dos era uno que los llevaría al más importantes paso en sus vidas.

Después de un baño caliente Albert comenzó a vestirse en su traje formal, inclusive en su habitación él podía escuchar el ruido de los invitados moviéndose en el salón, sabía que su tía invitaría a medio chicago, al terminar de arreglar sus mancuernillas escucho el toque a su puerta, dando el paso vio a su sobrino entrar.

-Tío, ¿ya está listo?... —pregunto Archie quien había abandonado el salón, la tía abuela estaba tan ansiosa que lo mando a buscar.

-Si... — aseguro Albert colocando en su bolsillo una última pieza que tenía que entregarle a Candy.

Los dos salieron en busca de sus respectivas compañeras. Albert nervioso como estaba toco la puerta de la habitación donde Candy se encontraba. La señora Jenkins abrió la puerta dejándolo entrar. Ahí estaba ella, Albert tuvo que hacer un esfuerzo muy grande en no abrazarla. Como un ángel ella lucia, no podía pronunciar palabra al verla, aquel vestido verde esmeralda con toques blancos, dorados y azulados lo dejaron sin poder respirar.

Sus largos rizados cabellos sueltos caían por todos lados sujetados solo por una hermosa joya en forma de rosa que adornaba su cabello, un brillo exquisito estaba presente en su descubierta piel. Su ajustado corsé resaltaba aquellas curvas femeninas logrando que Albert tragara seco, aquellas esmeraldas estaban fijas en él... ¡Bella!...suspiro Albert al verla.

Al escuchar la señora Jenkins toser varias veces él salió de su estupor acercándose a ella.

-Luces preciosa pequeña... —dijo él tomando su mano y dándole un beso.

-Gracias, tu también luces muy guapo... —se atrevió a decir ella, porque al verlo entrar por esa puerta vestido de esa manera, tan masculino, tan elegante, con aquella autoridad que emanaba su persona, todo dentro de ella se derritió.

Albert saco el estuche que tenia dentro de sus bolsillos, en el tenia la Insignia de los Andrew's...

-Pequeña trajiste mi broche?... — pregunto él, esa noche ella usaría el que fue de su hermana Rosemary, y ella tenía su broche, aquel que creyó perdido la primera vez que la vio.

Candy no lo había olvidado, esa insignia había estado con ella por tanto tiempo, pero él le dijo que sería por esa noche, él quería que ella la conservara. Candy le entrego su insignia mientras Albert comenzó a colocarle la que tenía en manos.

-Es hermosa Albert... — aprecio Candy al ver los detalles en el broche, eran igual a la de Albert, pero más pequeña y con pequeñas piedras.

-Perteneció a mi hermana, ahora es tuya... —respondió el tocando sus mejillas, deseando poder besarla pero sabiendo que no podía, aun no, porque con dama de compañía o no esa noche él le robaría un beso.

-¡Albert!, ¿estás seguro?... —para ella era demasiado.

-Como nunca en mi vida...—respondió vehemente extendiendo su brazo para guiarla.

Mientras ellos dos hacían camino hacia el gran salón, la señora Jenkins por primera vez en días les dio su espacio, ellos se lo merecían, ella no era tan cruel como todos creían, estricta sí, pero ella creía en el amor y esta pareja eso era lo único que inspiraba.

=o=o=o=

Elroy Andrew se sintió tranquila al verlos entrar, todas las miradas estaban enfocadas en la joven pareja, los prensa comenzó a tomar fotos, ellos se veían perfectos, ella no podía negar la dulzura de Candy, ella lucia como toda una dama con ese vestido que mando a hacer especialmente para ella, la manera en que veía a William le decía lo enamorada que estaba esa muchacha.

Albert y Candy se acercaron a su tía quien se encontraba en el lugar donde harían el gran anuncio, la felicidad de los rubios era palpable, aquella energía que los rodeaba se esparcía con cada paso que ellos daban.

-William.

-Tía... —respondió con una leve inclinación entendiendo que era tiempo de hacer el anuncio.

Albert tomo a Candy dando señal a que repartieran el champán, tomando una copa para él y dándole una a Candy, comenzó.

-Antes que nada quiero darles las gracias por acompañarnos en este evento tan importante para nosotros, esta noche deseo compartir mi felicidad con todos ustedes, esta noche quiero presentar de manera formal a mis queridos amigos, familiares y demás invitados, a mi hermosa Novia, la señorita Candice White. Albert la guio y Candy hizo una respetuosa reverencia mientras los presentes aplaudieron.

Todos levantaron las copas brindando por la pareja mientras las hijas casaderas se mordían los labios y estrujaban sus vestidos de la rabia, aquel espécimen de hombre había sido atrapado, los jóvenes caballeros llenos de esperanza por conocer a la pequeña rubia que resplandecía al entrar, gruñeron al escuchar el anuncio que decía que ella no estaba disponible.

Sin embargo, Albert y Candy eran ajenos a todo eso, sonriendo y felices de no tener que esconderse más, ellos se centraron en el salón dando paso al primer vals. Aquel vals comenzó a resonar por todos los rincones del salón mientras otras parejas se unían a ellos en la pista de baile.

-Ya te dije que te amo... —susurro Albert solo para ellos dos.

-No, hoy no lo has dicho... — respondió ella poniendo un puchero.

Albert se rio ante aquella acción...-Te amo... — aseguró rozando sus labios.

-¡Albert!... —lo regaño ella separándose un poco.

-¿Qué?... —respondió él suprimiendo una risa, las mejillas de Candy estaban sonrojadas.

-Todos nos están viendo.

-Lo sé. Pero no pueden decirme nada... — confirmo él, porqué antes de hacerlo vio como su tía estaba ocupada hablando con la señora Jenkins y otras damas. Así que ellas no los vieron, además que él no podía pasar otro día sin probar sus labios, el régimen que les venía era impredecible y él ya había planeado metódicamente con la ayuda de su mano derecha George, distraer a la señora Jenkins. Él pobre había protestado pero a la final cedió a sus deseos, él distraería a la señora Jenkins por al menos una hora. Hora que ellos aprovecharían.

Continuara...

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Mis especiales Agradecimientos a todas las chicas lindas por tomarse un tiempito y dejarme sus comentarios...Desde el fondo de mi corazón mis más sinceras gracias...:D!

Serena Candy Andrew Graham, Blanca Andrew, Mayra Exitosa, Amy Ri-So, sayuri1707, KattieAndrew, Kumikoson4, RVM85, chriss chapenul, maria1972, Rosa Amanda, Blackcat2010, lis g, Amy C L, LETY, Gatita Andrew, monyb, Vere Canedo, Karen Delgado, Ms Puddleglum, zomblitz, Laila, ElizabethMKJP, Sarai, Gelsie, nikimarkus1, gabyselenator, Milady, samaggy, Kumi Kinomoto, somiant, Mushita, Patty Sparda...