Disclaimer: Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pertenecen a la novelista Kyoko Mizuki y/o Toe Animación...Esta historia y sus personajes son diferentes de la versión original del anime o la versión de la manga. Algunas de sus personalidades y características fueron tomadas pero con la variación de mi imaginación...
Una Novia
by: Keila Nott
Capítulo VIII
George aun no podía creer que se dejara convencer por William, pero él realmente no se pudo negar a su petición, no después de que expusiera su dilema de una manera tan perspicaz, tenía que reconocer que el joven William había aprendido mucho durante los últimos años, el haberle recordado todas sus hazañas que podían ser clasificadas de diferentes maneras durante todos sus años de servicios en la familia Andrew, fue muy inteligente de su parte.
Realmente el joven lo conocía muy bien, sabia de lo que él era capaz y hasta donde podía llegar, durante muchos años había preformado y logrado lo que era posible e imposible gracias a sus múltiples talentos. George sonrió mentalmente al recordar la forma tan sutil en que William lo expuso.
Su astucia era bien conocida por él, y en su debate tratando de convencerlo por supuesto incluyo un ejemplo que no podía ser olvidado o ignorado, la vez en que organizo el rescate de la mismísima señorita Candy, no podía negar que se sintió orgulloso con los resultados a pesar de que ella se escapo de sus manos, la pequeña rubia en ese entonces fue mucho más astuta que ellos. Qué vergüenza había sido aquello.
Sin embargo William parecía haberlo olvidado, también agrego las innumerables veces en la que él aparecía cuando era necesitado, y sin ser llamado, excepto cuando el joven perdió su memoria, ese fue un descuido de su parte, un descuido que se prometió nunca pasaría de nuevo, él vigilaba sigilosamente a William a pesar de saber que no lo necesitaba. William sabia como defenderse sin necesitar siquiera del dinero de su familia para viajar, él mismo se forjo su camino, y sus viajes lo habían madurado mejor de lo que hubiera hecho cualquier institución, bueno demasiado diría él, porqué ahora le había asignado una misión un poco compleja en su experiencia.
Tenía que darle merito a William, no todos los días él aceptaba un reto tan intrincado que incluía una dama con el carácter y la actitud de la señora Jenkins, sin duda alguna era más fácil salir ileso confrontando la misma Matriarca, que tener que pasar una hora con ella, quien al menor descuido te podía causar heridas de índole mortal, al menos esa era su analogía después de lo que le conto William acerca del joven actor. No se quería ni imaginar si lo descubría.
Pero debía de reconocer que desde el momento en que William lo menciono se estaba entreteniendo, sus iniciales sugerencias lograron que William se pusiera pálido, al parecer él no había perdido su toque...ummm...George sintió satisfacción al recordarlas.
-¿Quieres que la rapte?... — pregunto él con toda la seriedad que lo caracterizaba.
-¡No!... — respondió Albert asombrado ante tal sugerencia.
-Entonces... ¿Amenazarla?...Despedirla quizás?... — tanteo George levantando una ceja.
-¡George!... — exclamo Albert ante las ideas de su mano derecha.
George sonrió pensando que después decían que él no era capaz de bromear, ¿y cómo no hacerlo?, el estar bajo la tutela del padre de William por muchos años lo habían enseñado a distinguir el momento oportuno para hacerlo. Y este sin duda alguna era uno de ellos, no todos los días el Patriarca de los Andrew's solicitaba ayuda para poder estar a solas con la que ahora era su novia, a decir verdad él solo quería reírse ante la situación, pero por supuesto, no lo hizo, porque antes que nada él era un hombre serio, y entendía el dilema de William, sin embargo, tenía que reconocer que era divertido su pedido.
Nunca se hubiese imaginado tal situación. La Matriarca realmente calculo bien su jugada, dejando poco espacio para ellos dos, así que ahora era tiempo de ellos alterar el juego. Por eso tuvo que investigar primero, después de todo esa era su especialidad, él no nadaría en aguas profundas sin antes saber a lo que se enfrentaría. Y vaya que le costó poner todas las piezas juntas.
¡Un enigma había sido la señora!. Sin embargo, él no descanso hasta resolverlo, él sabía de los sentimientos de William por la señorita Candy mucho antes de que el mismo William lo reconociera, él sabia que tarde o temprano el amor florecería entre esos dos, la constante preocupación por ella que William sentía no podía ser la de un amigo protector, quizás al principio lo fue, pero eso cambio con el tiempo, con la convivencia del día a día, con los detalles que quizás eran normales ante el resto, pero que transformo los sentimientos de ellos dos. Él lo supo tan pronto William regreso a Lakewood, aferrándose en el trabajo, así que ahora que finalmente estaban juntos, él gustosamente los ayudaría, a pesar de que su inicial idea no podía ser, ahora tendría que improvisar.
Su tarea no era sencilla, tratar de distraer a la famosa Dama de Hierro, requería de toda su atención, creo que por eso acepto el reto, tenía que darle crédito a la dama, realmente era merecedora de su nombre, una carrera impecable y sin nada reprochable encontró. Ella era una mujer casada aunque su esposo viajaba mucho y ellos pasaban meses sin verse, por eso ella se dedicaba a custodiar señoritas de familia respetables para ocupar así su tiempo.
Adquirió su titulo como dama de compañía en una de las más respetables escuelas que existía en chicago, y en el cual había mucha, pero mucha competencia entre ellas, una información indudablemente invaluable, y que lo ayudaría sin duda alguna, especialmente después de saber que dos de ellas habían sido invitadas. George respiro hondo acercándose a la señora Jenkins y a Madame Elroy, quienes hablaban entretenidas, en su camino él le dio la señal a William para que se marcharan, era hora de empezar.
=o=o=o=
Albert vio como George le indico al fin que podían irse, no podía creer todo lo que tenía que hacer para poder estar con Candy a solas sin supervisión.
-Vamos pequeña... — dijo él tomando de sus manos.
-¿A dónde vamos Albert?... — pregunto ella con curiosidad en sus ojos.
-Es una sorpresa... — respondió Albert comenzando a guiarla entre los invitados.
-Pero...pero Albert, la tía se dará de cuenta... y la señora Jenkins también... — dijo ella mientras ellos ahora llegaban a los jardines de la mansión.
-No te preocupes pequeña, ellas no se darán cuenta, tenemos al menos una hora entera... — sonrió él acelerando el paso.
Ellos abandonaron los jardines de la Mansión y Candy se preguntaban ¿a dónde se dirigían?...Después de pasar por la puerta de piedra de Stear, y luego de que Candy le preguntara varias veces a Albert ¿cómo sabia que la tía y su dama de compañía no notarían que dejaron la fiesta?, Albert finalmente comenzó a contarle brevemente de su conversación con George. Él realmente tenía ni idea de lo que planeaba hacer George, pero confiaba plenamente que todo saldría bien. Fue desde ese punto en que Candy no pudo dejar de reírse, y con ella Albert. Los dos se reían casi sin aliento mientras corrían por las áreas conocidas de Lakewood. Candy sostenía de una mano el largo de su vestido, mientras la otra mano era sostenida por Albert.
Cuando llegaron a donde la puerta de agua se encontraba. Albert tuvo que sostener a Candy para que no se cayera, las risas de ella eran contagiosas, él estaba disfrutando mucho escuchándola sin dejar de reírse ante todo lo que tuvo que hacer, en cierto modo le recordaba a todas sus escapadas cuando su tía lo supervisaba.
-jajajajaja...No me imagino a George raptando a la señora Jenkins, terminaría en el hospital con todos los abanicazos de ella... — dijo Candy sin poder detener su risa.
-jajajajaja...Te imaginas como llegaría George a la oficina al siguiente día... — siguió riéndose Albert pensando en el estado en que se presentaría George después de haber pasado una hora con la dama de compañía, todo realmente sería su culpa.
Les tomo un poco calmarse, pero cuando los dos finalmente se calmaron, Albert con su mano limpio las mejillas de Candy, fue tanta su risa que derramo algunas lagrimas. Él la abrazo por unos momentos antes de poder hablar.
-Ven pequeña te tengo una sorpresa... — dijo dándole un pequeño beso en la frente y guiándola hacia la orilla del lago donde el bote en forma de cisne los esperaba.
Candy al verlo se detuvo soltándose de las manos de Albert.
-¿Sucede algo Candy?... — pregunto sin entender su repentino cambio.
-Albert, la última vez que estuvimos en ese bote terminamos en el fondo del lago, si no queremos que nadie se entere que no estuvimos en la fiesta es mejor que no lo usemos... — respondió ella insegura de la idea.
-No te preocupes pequeña, esta vez me asegure que lo repararan apropiadamente, además ya lo he usado varias veces, así que no tienes por qué temer, confía en mí... — dijo él extendiendo nuevamente su mano.
Candy sonrió porque ella confiaba en él, además, un paseo a esas horas seria romántico, tomando de sus manos dejo que Albert la ayudara a subir al bote, con mucho cuidado, y procurando no arruinar su vestido, ella tomo asiento, cuando Albert vio que ella estaba segura, fue cuando se dio cuenta que tenía que remover su chaqueta y su corbata, ya que sería imposible usar los remos vestido de esa manera, al terminar de hacerlo él se sentó frente a ella tomando y asegurando los remos en cada lado.
La última vez que ellos disfrutaron de un paseo como ese, el bote se rompió en pedazos y terminaron en el fondo del lago, pero esta vez no sucedería lo mismo, o al menos eso esperaba él, la tarde ya había caído, la noche cubría el ambiente, era prácticamente un paseo a la luz de la luna.
Candy veía con una amplia sonrisa como la luna brillaba iluminando aquel lago donde ellos se encontraban, los puntos chispeante de las estrellas contrastaban su natural belleza, el agua se movía sollozando intermitente mientras que su piel sentía su tibieza, a lo lejos se escuchaba como un susurro el sonido de la orquesta que tocaba en la mansión, la tranquilidad que se respiraba era apreciada por ellos dos, su corazón se sentía feliz y completo por primera vez en largo tiempo.
Ella podía oler el perfume masculino de Albert que se mezclaba con el olor de los robles y las flores que rodeaban el lugar, un lugar que le traía tantos recuerdos de su niñez, las memorias de su adorado Anthony eran frescas cada vez que lo visitaba, las ocurrencias de su querido Stear al terminar un nuevo invento siempre serian parte de ella, Archie también, pero al menos él aun estaba con ellos.
Albert había dejado de remar logrando que ella dirigiera su atención a él, su mirada perdida observándola, la suave brisa de la noche acariciaba sus rubios cabellos mientras que sus ojos azul cielo lucían llenos de un sentimiento, sentimiento que era casi palpable por ella, el bote se detuvo y el silencio reinaba en ese momento, un silencio que era diferente, ella no sabía cómo describirlo, lo único que podía sentir era aquella corriente eléctrica generada por su cercanía, y que hacían que los vellos de sus brazos se erizaran.
Lentamente ella se acerco a él tocando con sus manos su rostro, apartando algunos de sus rubios cabellos, había algo en sus ojos que la llamaban, una necesidad indescifrable por ella, una pregunta buscando respuesta, no sabía exactamente que era, ella pensó en preguntarle y romper en el proceso aquel silencio pero no tuvo tiempo. Albert tomo delicadamente de sus manos acortando la distancia entre los dos, él beso primero tiernamente cada una de sus mejillas mientras le susurraba un te amo atrapando después sus labios, sus besos comenzaron como una suave caricia, rozando lentamente sus labios con los de ella hasta profundizarlos, llenándose y tomando todo lo que ella le ofrecía, dejando a Candy una vez mas casi sin respiración.
-Cásate conmigo Candy... — pidió él tan pronto rompió el beso, manteniendo sus frentes conectadas, la punta de su nariz tocando la de ella, mientras una de sus manos se perdía entre sus rizados cabellos. Albert mantenía sus ojos cerrados escuchando sus respiraciones mientras su pulso se aceleraba, él no había planeado en pedírselo, él ni siquiera portaba aquel anillo que había comprado para ella consigo, pero el tenerla en frente luciendo tan bella, mientras aquellas esmeraldas brillaban con la luz de la luna, hicieron que su necesidad por ella creciera.
Lo acontecido en los últimos días lograron que esas palabras salieran de manera espontánea, quizás era muy pronto pedírselo, quizás ella no estaba lista para dar ese paso tan importante, pero él estaba seguro desde hace mucho tiempo que era ella a la que deseaba a su lado, ella era la única que lo conocía y lo aceptaba como era.
Sin embargo, tampoco quería asustarla, porque estaba el detalle importante de lo que implicaba ser su esposa, habían muchas responsabilidades, y él no sabía si Candy estaría preparada para todo lo que les esperaba, o si sería una carga muy pesada para ella terminando abandonándolo en el proceso. Él había aceptado su destino, sus responsabilidades como el jefe de su familia, su pesada carga, pero él no sabía si ella quien poseía su misma naturaleza de libertad, estaría dispuesta a acompañarlo en su camino, un camino que no solo estaba lleno de responsabilidades, pero donde habrían muchos momentos difíciles que tendrían que enfrentar.
Él sabía que con ella a su lado sus días serian mas iluminados, porque ella era lo más importante en su vida, y esos últimos días, donde los dos se escapaban viviendo su noviazgo a su manera, compartiendo besos que lo invitaban a mas, sintiendo toda su ternura, escuchando sus risas, apreciando su hermosa sonrisa, y disfrutando del amor que ella le ofrecía, un amor soñado por él durante muchos años, solo lo confirmaban. La quería como su esposa.
Él estaba seguro que no podría esperar por mucho tiempo, y si seguía las reglas de su tía y los que la sociedad dictaba, tendría que pasar varios meses cortejándola, eso sin contar que su tía le daría una y mil excusas que tomarían meses de su vida para organizar su boda, simplemente no quería esperar tanto. Así que con el único miedo a ser rechazado, se arriesgo, su propuesta salió de lo más profundo de su corazón, porque él había pasado una eternidad esperando por ella.
Candy no sabía si había escuchado bien, pero los latidos de su corazón eran tan altos que hicieron casi imposible escuchar sus palabras, ella apenas y podía procesar el significado de ellas, él deseaba que ellos se ¡CASARAN!...en alguna parte de su cerebro la información era asimilada.
-Cásate conmigo pequeña... — volvió a pedir él abriendo sus ojos, perdiéndose en sus esmeraldas, esmeraldas que ahora lo observaban en sorpresa.
-¡Albert!... — exclamo ella sintiendo que derramaría algunas lagrimas...-Yo...yo...no sé qué decir... — continuo ella esta vez con lagrimas rodando por sus mejillas.
-Solo dime que si pequeña, no me condenes a vivir en soledad por más tiempo... — respondió él limpiando las lagrimas con las palmas de sus manos.
Candy no podía creer su misma felicidad, ella lo abrazo tan fuerte como pudo logrando que el bote se balanceara un poco, su vida había estado llena de penas, dolor y alegrías, y si alguien siempre había sido una constante en ella era él, Albert era parte de ella y ahora él le pedía que fuera su esposa, su deseo de estar por siempre a su lado se hacía realidad.
-Si... — susurro ella en su oído mientras lloraba de la alegría. Albert quien la sostenía fuerte sin dejarla ir y procurando que el bote no se volteara, sonreía.
Cuando ella se tranquilizo ellos se perdieron en otra ronda de besos, solo la luna era el único testigo de aquel amor que era trasmitido entre los dos.
=o=... Una Hora Antes...=o=
Elroy Andrew estaba complacida con la bienvenida que Candy recibió, su comportamiento fue verdaderamente impecable e inesperado por ella, realmente pensó que todo lo que trato de enseñarle esa semana seria en vano, satisfecha con el progreso que Candy había hecho Elroy Andrew decidió disfrutar de la fiesta, no había motivo por el que preocuparse, su dama de compañía mantenía un ojo en ellos y por primera vez en mucho tiempo ella podía socializar, no era que ellos intentarían escaparse como lo hicieron en la última fiesta. Jenkins atendería que algo así no ocurriera...
-Buenas Noches Madame Elroy... —Interrumpió George...
-George?...
-Disculpe que la interrumpa pero el fotógrafo ya comenzó las diferentes tomas familiares...
-Entonces comunícale a William y a Candy primero... — respondió ella interrumpiéndolo...
-Ellos ya fueron fotografiados, en este momento Archie, Annie y los Britter están siendo fotografiados, pero ahora su presencia y la de la señora Jenkins es requerida... — respondió George sin expresión alguna...
-¿Yo?... — pregunto Jenkins sin entender, ella no era parte de la familia...
-Ordenes del señor William me temo... — respondió George antes que la dama de compañía agregara algo mas...
-Bueno, si William lo ordeno no queda otra cosa que cumplir... — dijo Elroy Andrew respirando hondo, eran un dolor de cabeza para ella esas secciones, pero era necesario mantenerlas en los álbumes de la familia Andrew...
George amablemente comenzó a escoltarlas mientras que Jenkins chequeo una vez más en Candy y Albert quienes se movían entre los invitados, al salir del salón ella pensaba que todo estaba saliendo sin ningún inconveniente o percance que arruinara la fiesta, tenía que aceptar que al principio pensó que esos dos le darían solo dolores de cabeza, que sería difícil que respetaran las normas y mantuvieran sus manos en su lugar, pero al contrario de lo que sus predicciones habían previsto, esos dos se estaban comportando y ella se sentía orgullosa de ellos dos, especialmente por no dejarse llevar por las hormonas de la edad, no podía pedir más...
George sin embargo pudo ver de reojo como Albert llevaba de manos a Candy, tan pronto los vio desaparecer se relajo, desde ese momento todo estaba en sus manos, madame Elroy se enojaría con su fotógrafo por tomar más de una hora sacando las fotos, pero el pobre no tendría otra opción, porque ese sería el tiempo que tardaría en darse cuenta cual era el problema con su cámara de cajón, no era sencillo detectar que el cable disparador no estaba alineado con el obturador, esas dos guillotinas de bronce le darían un dolor de cabeza... Ahora solo tenía que mantener un ojo en la señora Jenkins...
=o=o=o=
¿Cuánto tiempo más tendrían que esperar?, se pregunto Jenkins comenzando a tapear sus zapatillas sin darse cuenta, la histeria de Madame Elroy era insoportable, no había dejado en paz al fotógrafo resolviendo el problema, ¿Cuál era de todas manera el problema con la endemoniada cámara?...se volvió a preguntar dejando salir un respiro en señal de frustración, necesitaba ir al tocador y no podía esperar más, así que sin que nadie lo notara ella se marcho...
Sintiéndose más relajada ella se lavo sus manos al terminar, vio su rostro en aquel amplio espejo arreglando una vez más su vestido, tan pronto salió del tocador en dirección al salón principal donde chequearía una vez más en Candy y Albert solo por si acaso ella se detuvo, solo pudo dar dos pasos deteniéndose en seco, sus ojos no podían creer lo que veían, ¿Qué hacían ellas ahí?...se pregunto sin poder moverse mientras aquellas damas se acercaban cada vez mas...
-Pero mira qué ciudad tan pequeña, ¿Emily?...— pregunto una de ellas secamente...
-Cierto, después de tantos años mira que sorpresa...Pero querida al parecer el tiempo no te ha tratado muy bien... — dijo la otra detallándola de pies a cabeza en desdén...
Jenkins sentía su mundo caerse, no podía responderles, ellas habían sido sus peores rivales tan pronto se titularon, y un gran dolor de cabeza en sus años de estudiante, su inexperiencia en aquel tiempo la hicieron objetivo de sus burlas y de sus juegos pesados, su estadía en esa institución no había sido de lo más agradable, recordaba ella... ¡¿cuántas veces tuvo que endurar las humillaciones hechas por esas dos?!...
-Señora Jenkins... — corrigió ella apenas escuchando su voz y sintiendo su titulo irse al suelo, no podía creer que después de tanto tiempo y después de lidiar con los más difíciles personajes ella se sintiera débil delante de esas dos...
-Así que ¿Señora?, escuchaste mina?...
-Sí, algo un poco difícil de creer siendo que todos en el instituto pensábamos que terminarías vieja y solterona, con lo amargada que eras... — respondió su acompañante sardónicamente
-Sí, porque no nos presentas a tu esposo, quizás así te podamos creer... — pedio la otra levantando una ceja buscando a su acompañante...Era imposible que ella se hubiera casado primero...
Jenkins quería ahorcarlas, zarandearlas, pero ella era una dama antes que nada, no caería en ese juego de palabras nuevamente, no podía presentarles a su esposo porque estaba de viaje, ella tenía meses sin verlo y lo extrañaba más de lo que mostraba, quería correr sin embargo sus piernas no se movían, la presencia de ellas hacían que se sintiera enferma...
George no lo podía creer, ¡Rayos!...se descuido un segundo escuchando a Madame Elroy y la dama de compañía desapareció, esta mujer realmente merecía su seudónimo, caminando tan rápido como pudo haciendo camino hacia el salón la vio, aun no había llegado al salón principal, el se sintió aliviado al saberlo, pero a medida que se acercaba escuchaba aquellas no tan damas agrediéndola verbalmente, pidiendo que les presentara a su esposo, el sabia que el hombre aun estaba de viaje, es mas esa fue su inicial idea, traer como sorpresa al esposo de ella así la distraería sin problemas, pero no pudo porque él estaba en Francia...
-Cariño, con que aquí estabas, te he estado buscando... — dijo el dejando a todas las presentes sorprendidas inclusive la misma señora Jenkins...-Mis disculpas señoritas, James Jenkins...— se presento él al ver que la dama de compañía seguía asombrada, George no dudo en usar el nombre de su esposo demostrando también un despliegue de protocolo, dejando a las damas encantadas y suspirando por su caballerosidad...
-¿Ustedes son amigas de mi esposa?... — Pregunto el levantando una ceja...
-Oh!, sí viejas amigas desde hace muchos años... — respondió mina sonriente, no podía ser que la amargada de Emily se casara con un hombre como ese...
George sintió como Jenkins se tenso, fue lo único que necesito para comenzar a despedirse...-Bueno, fue un placer haberlas conocidos, ahora si nos disculpan nos están esperando, vamos querida, Madame Elroy desea algunas fotos con nosotros... — dijo el entrelazando su brazo con el de Jenkins escoltándola de regreso al salón donde las fotos eran tomadas, ella se sentía perdida, no sabía qué hacer o decir así que dejo que el tomara comando...
Cuando ellos se retiraron Jenkins pudo escucharlas murmurando acerca de su relación con la familia Andrew...Cuando llegaron George noto que la cámara ahora estaba funcionando, esperaba que la señorita Candy y el joven William estuvieran de regreso, porque ya no les quedaba mucho tiempo...
-Muchas gracias señor George, no tenias porque... — dijo ella realmente agradecida sentándose y recuperándose, no podía creer que no pudiera reaccionar...
-No hay problema, y disculpe mi atrevimiento en todo caso... — contesto él, quien nunca en su vida había hecho algo semejante, era algo fuera de carácter, pero ella realmente lucia enferma enfrente de esas dos...
-No te preocupes, te agradezco mucho que pasaras por mi esposo, sino ellas nunca me hubiesen dejado en paz...Jenkins iba a decir algo mas cuando fue llamada por el fotógrafo indicándole que ahora era su turno...
George respiro hondo en señal de alivio, estuvo cerca que descubriera que Candy y Albert no se encontraban en la fiesta, que noche había tenido, ahora solo esperaba que cuando regresaran al salón principal ellos estuvieran...
=o=o=o=
Candy y Albert entraron a la Mansión digiriéndose directo al salón principal, al parecer nadie noto su ausencia, la tía y la señora Jenkins no se encontraban en el, los dos sonrieron en complicidad pensando en lo mismo, pero con la esperanza que George hubiera sobrevivido a ellas...
Candy ahora se encontraba refrescándose, su garganta no solo estaba seca, pero estaba acalorada por todos aquellos besos que se dieron, eso sin contar con la carrera que dieron para llegar a tiempo, sin embargo había valido la pena, ella aun no lo podía creer, se casaría con Albert, sonriendo y esperando por el ella bebía de su copa, él la había dejado sola, algo que tenía que buscar, en su ensoñación no noto como Annie y Archie se acercaron...
-Candy, ¿donde habías estado?... — pregunto Annie al verla...
-¿Qué?... — fue la respuesta de Candy, al parecer ellos se olvidaron de su media hermana...
-Si Candy, estuvimos buscándolos para la sesión de fotos y no los encontramos, ¿dónde está el tío?... — pregunto Archie al no verlo...
-Eh...ahhh...bueno verán, es que Albert y...y.. yo...bueno... — ella balbuceaba no segura de decirles donde ellos estuvieron...
-Candy y yo salimos a caminar por el jardín... — respondió Albert quien llego en ese momento...
Archie y Annie los vieron sonriendo en complicidad, por supuesto, claro, en el jardín...Pero no pudieron decir nada, en ese momento la tía, la señora Jenkins y un preocupado George entraban al salón...Una risa se escapo de los labios de Candy, ella realmente se sentía como una pequeña, lo que habían hecho lo recordaría para toda su vida...
-William!, hijo, que bueno que tus fotos fueron tomadas primero, no te imaginas la tortura que tuvimos que endurar Jenkins y yo, mañana temprano enviare mis quejas a ese grupo, y hare que despidan al inútil que tienen por fotógrafo...
Candy se pregunto ¿de qué fotos ella hablaba? viendo directo a Albert buscando por respuestas...
-No creo que sea necesario tía, todos experimentan problemas, además que ellos siempre nos han ofrecido el mejor servicio y calidad en todo chicago, no creo que sea posible con otros... — dijo Albert pensando que de seguro era parte del plan de George...y estuvo en lo cierto al escuchar salir un respiro de alivio de parte de su mano derecha...
-Sí, tienes razón, pero eso me ha dejado exhausta hijo, lamento tener que retirarme...
-No se preocupe tía, nosotros nos encargaremos de despedir a todos los invitados...
-Gracias hijo, que descansen todos, no se olviden del almuerzo que ofreceremos mañana, Archie los Britter también están invitados, así que recuerda buscarlos...
-Si tía...
-Muchas gracias Madame Elroy... — respondió Annie con una pequeña reverencia...
-Que descanse tía y gracias por todo... — dijo Albert dándole un beso en su mejilla sorprendiendo a la tía... el estaba muy feliz, y mañana en el almuerzo anunciarían su compromiso...
-Si tía, gracias por todo... — dijo Candy también acercándose a ella...
-Bueno, bueno suficiente con el despliegue... — dijo la tía quien no era fanática de esas muestras de afección...Buenas noches... — fue lo último que dijo ella antes de retirarse...
-Yo también me retiro, felicidades señorita Candy, William... — dijo un George ahora agotado, su agotamiento no era relacionado con la actividad misma, pero era de origen mental, el realmente estaba muy viejo para estas clases de juegos...
-Que descanses George y gracias... — dijo Candy y Albert con una amplia sonrisa, que solo George pudo entender...
-No tienen porque, el placer fue mío y todo estuvo en orden, no hay nada de qué preocuparse... — fue lo último que dijo antes de retirarse, las fotos de Candy y Albert a pesar de no haber sido tomadas por el fotógrafo de la familia serian adquiridas por la prensa, ese fue algo que negocio con los periodistas, así que no había nada de qué preocuparse, George comenzó su camino sin embargo la señora Jenkins lo alcanzo despidiéndose de él y agradeciéndole una vez más su ayuda...El se sintió contento de haber ayudado y se marcho a descansar...
Poco a poco todos los invitados fueron retirándose, Archie se despidió de Annie y su familia mientras Albert acompañaba a Candy a su habitación...
Al detenerse en frente su puerta el saco de su chaqueta aquella cajita donde mantenía el anillo que le había comprado, tan pronto llegaron el subió a buscarlo...Abriéndolo y sacando la joya que consideraba más importante porque la describía a ella, el tomo de su mano dejando a una Candy sin poder pronunciar palabra...
-Era lo que faltaba para hacerlo oficial... — dijo él mientras se lo colocaba en su delicado dedo...
-¡Albert es hermoso!... — exclamo Candy quien se encontraba corta en palabras observando aquel anillo que hacía realidad su sueño, ella recordó cuando era pequeña, las veces que se imagino bailando con su príncipe, pero lo que estaba viviendo era mucho mejor que cualquiera de sus sueños, ellos se casarían...
-Tan hermoso como su portadora, ahora solo debemos decidir la fecha... — dijo él mirándola con adoración y rogando que no lo hiciera esperar tanto...
Candy abrió sus ojos de par en par, en su emoción no lo había pensado...-Albert, ¿cuánto tiempo tendremos que esperar?... ¿No crees que debemos preguntarle primero a la tía?...
-Si lo dejamos en manos de mi tía, ella tomaría al menos un año en organizar nuestra boda, y yo me preguntaba si estás de acuerdo que fuera en tres meses?... — fue lo que pensó sería suficiente tiempo para que ella se sintiera más relajada y prepararan todo con calma, porque si fuera por el se casarían al siguiente día...
-Tres meses... — susurro ella sonrojándose, en tres meses seria la esposa de Albert...
Albert la miro confundido, quizás tres meses sería muy rápido para ella...
-Claro que podríamos esperar más tiempo si piensas que es muy pronto...
-¡No!... — exclamo Candy interrumpiéndolo...-Tres meses es perfecto... — agrego suavizando su tono de voz y sonriéndole, no pudo evitar emocionarse...
Albert sonrió complacido, por un momento pensó que tendría que esperar más tiempo...
-Descansa pequeña, mañana lo anunciaremos en el almuerzo... — dijo el rozando una de sus mejillas con sus manos...
-Sí, tu también...Albert ¿Crees que la tía se molestara con nosotros?... —pregunto antes de que él se marchara...
-¿Por qué crees que lo hará?... — respondió Albert con otra pregunta, no creía que su tía se enojaría con ellos por adelantar todo...
-Es que apenas fui presentada como tu novia, y anunciar ahora nuestra boda quizás a ella no le guste... — dijo ella con un tono de tristeza...
-Candy, en el momento que anuncie que eras mi novia, en ese momento todos sabían que serias algún día mi esposa, quizás la tía se sorprenderá que sea pronto, pero tú y yo somos los únicos que decidimos... — dijo el acortando la distancia entre los dos...
-Si... — contesto ella sintiendo muy cerca su cálido aliento...
- Si... — Respondió dándole un rápido beso en sus labios, a pesar de que sabía que eran observados...-Que descanses pequeña... — dijo el sin poder evitar curvar sus labios, las mejillas de ella estaban cubiertas por un rojo escarlata...
-Tú también... — finalmente pudo decir ella entrando en su habitación...
Albert hizo camino pensando en lo maravilloso que fue su día, ahora solo quedaba convencer a su tía de hacer todos los preparativos en ese tiempo...Y ese era el único detalle que esperaba resolver al siguiente día, porque estuviera ella de acuerdo o no, ellos se casarían...
Continuara...
Gracias Por Leer... No se olviden de dejar sus comentarios...
Mis especiales Agradecimientos para: Serena Candy Andrew Graham, somiant, lis g, Blackcat2010, miiriam121, lucia ardley, Amy Ri So, Zafiro Azul Cielo 1313, Mayra Exitosa, Laila, Vere Canedo, Amy CL, chriss chapenul, CandyFan, Noemi Cullen, Ms Puddleglum, Gatita Andrew, Laila, KattieAndrew, Lila, Karen Delgado, Cielo Azul A, Gelsie, Eydie, nikimarkus1, LETY, Kumi Kinomoto, EnakaT, Albertlover, Paolau2, Blanca Andrew, cocobets, samaggy, Rosalina, Azulenlila, Magnolia A, sara, gabyselenator, Lupisss, patty sparda, Betsabe...
