Disclaimer: Los personajes de candy candy no me pertenecen, pertenecen a la novelista Kyoko Mizuki y/o Toe Animación...Esta historia y sus personajes son diferentes de la versión original del anime o la versión de la manga. Algunas de sus personalidades y características fueron tomadas pero con la variación de mi imaginación...

Hola Chicas, aquí les dejo un capitulo nuevo, continuando con la luna de miel y advirtiéndoles que este capítulo contiene escenas no aptas para menores de edad...Muchas Gracias...

Una Novia

by: Keila Nott

Capítulo XIII

Albert abrió sus ojos sintiendo el cuerpo tibio de la pequeña rubia que lo mantenía abrazado, sus rizados cabellos permanecían esparcidos a lo largo de su cuerpo mientras su rostro se acurrucaba en su pecho; ella lo abrazaba envolviéndolo con sus brazos y con sus piernas, inmovilizándolo con su pequeño cuerpo.

Albert suspiro acariciando con sus dedos sus esparcidos cabellos, una tarea difícil seria levantarse esa mañana, él simplemente estaba disfrutando mucho el tenerla de esa manera, el perfume que emanaba de su cuerpo y la suave textura de su piel era una dulce realidad que saboreaba y de la cual no se quería alejar. Se sentía incapaz de moverse; pero no tenía otra alternativa, el llamado de la naturaleza era algo que no podía ignorar por más tiempo. Una triste sonrisa se dibujo en sus labios al tener que remover sus dedos de aquellos mechones dorados.

Cuidadosamente, y tratando de no despertarla, Albert la fue moviendo hasta que finalmente reemplazo su ser por una de las largas almohadas que se encontraban en la cama. Un delicado beso en su frente le dio antes de levantarse, se sentía feliz de verla profundamente descansando, realmente para él era una gran crueldad tener que abandonar su calor, calor que permanecía en su corazón.

Resignado, hizo camino hacia el baño, donde tomó una ducha de agua tibia, relajando cada músculo de su cuerpo. Al terminar se envolvió en una toalla acercándose con pasos ligeros hacia la ventana, el alba estaba a punto de dar la bienvenida a un nuevo día y él decidió bajar y recibirla. Cambiándose en un par de pantalones cortos, sin camisa, y sin zapatos, secándose con la toalla sus aun mojados rubios cabellos, Albert salió de la habitación, pero no sin antes detenerse y admirar una vez más aquel ángel que yacía en su cama. Una satisfacción masculina se expandió por cada rincón de su pecho al saberse dueño y señor de su amor.

Parado en el porche de la cabaña, tal y como él lo había deseado, con una taza de café humeante en sus manos, y mientras su joven esposa continuaba durmiendo, Albert se perdió con el azul de su mirada disfrutando de aquel maravilloso nuevo día. El brillo del sol comenzaba a cubrir a lo lejos varias y exuberantes montañas verdes. El sonido de la vida silvestre se colaba por sus oídos como una orquesta que tocaba y sonaba magistralmente. Las gotas de agua que aun permeaban en el aire lentamente comenzaban a evaporase, a lo lejos un grupo de venados con sus crías se paseaban alrededor de aquel verde follaje. Los altos pinos que rodeaban la cabaña donde ellos se encontraban se mecían levemente con la fresca y fría brisa de la mañana. Él se sentía en el cielo.

En su mente el recuerdo de la noche anterior contrastaba perfectamente con la experiencia que estaba viviendo, su entrega absoluta fue una intensa experiencia, una que quiso repetir, la había despertado durante la noche, con sus besos, con sus caricias, tomándola sin poder evitarlo una vez más, fue imposible resistirse, el tener su cálido y desnudo cuerpo abrazando el suyo, hizo que no pudiera controlar sus ya alborotadas hormonas.

Albert levanto la vista al escuchar la multitud de pájaros que atravesaban aquel cielo despejado, respiro hondo inhalando el aire fresco de aquel maravilloso lugar, no podía pedir más, la tranquilidad que tanto había anhelado por fin había llegado. Desde que asumiera su posición como patriarca de su familia, el lujo llamado «descanso», era solo eso, una simple palabra olvidada, entre viajes y negocios no había tenido tiempo de descansar, así que ahora que podía hacerlo, no perdería el tiempo. Sonrió al saber que lo haría en la compañía de ella, disfrutando al mismo tiempo de la perfecta armonía que provenía de la naturaleza. Tres regiones ecológicas deseaba explorar, ellas serian la perfecta combinación para ellos dos.

Su primera aventura juntos vivirían; y seria él quien tendría el placer de enseñarle lo hermoso que podía ser el mundo a su alrededor, no habría lugar de predilección para ellos dos, para él era importante hacerlo, porque serian por momentos como esos de donde ella tomaría las fuerzas necesarias para continuar, serian por momentos como esos que la ayudarían a no debilitarse cuando las responsabilidades fueran agobiantes; cuando se sintiera asfixiada por las exigencias de su tía, él más que nadie lo sabía, su propia experiencia lo había enseñado, y estaba seguro que ella lo necesitaría, porque después de todo, reemplazar a su tía, no era tarea sencilla.

Albert termino su taza de café y entro nuevamente en la cabaña, dispuesto a revisar una vez más aquel mapa que debían de usar, no estaba seguro si Candy deseaba empezar desde ese día sus exploraciones, pero de igual manera si no querían perderse debía de revisar como llegar a los lugares que visitarían.

Entro en la cocina dejando su taza y buscando la mochila que había traído como parte de su equipaje, y donde había colocado los mapas que le entregaron. Al encontrarlos despejo la mesa de madera que se encontraba en la sala, extendiendo uno de los mapas y sujetando cada punta con unas piedras que eran parte de la decoración, él noto todos los puntos que había marcado después de discutirlo con Scott Ross, sus previas exploraciones servirían de referencia, habían senderos que eran menos complicados de accesar, la dificultad era poca, aunque también existían algunos tramos por caminos y sendas de tierra con un poco de desnivel, pero no creía que serian un problema...

Siguió revisando hasta que sus ojos se iluminaron, el lugar perfecto había encontrado, no tenia porque revisar más, ese sería su primer punto de exploración. Memorizando la ruta, Albert enrollo nuevamente el mapa colocándolo de regreso en su mochila, ordenado a su vez la mesa que utilizo. Al terminar, regreso a la cocina, donde se dispuso a revisar que tipo de provisiones se podían llevar por ese día, tan pronto término decidió subir y levantar a su bella durmiente.

Tan pronto entro en la habitación noto que ella no se había movido de su sitio. Sentándose en el lado opuesto de la cama, con su rostro en frente de ella, y apartando un poco las sabanas que la cubrían, Albert comenzó a delinear lentamente con las yemas de sus dedos sus curvas, admirándola una vez más ahora que la luz del día se colaba por las cortinas; sus ojos azul cielo brillaban al ver su perfecta nívea piel.

Candy se despertó al sentir sus delicados dedos recorrerla, ¿cómo no hacerlo?, aquellas suaves caricias era la que la mantuvieron flotando en una ligera nube la noche anterior, no quería moverse porque perdería todas esas sensaciones que recorrían su cuerpo en ese momento. Lentamente abrió sus ojos, encontrándose con unos azul cielo, ellos la miraban detalladamente con un destello que pudo reconocer, y que hizo que un leve sonrojo cubriera su rostro, imágenes de sus actividades nocturnas se colaron por sus pensamientos logrando inconscientemente que se estremeciera.

- Albert... — lo llamo como un susurro moviéndose perezosamente y esquivando aquellos ojos oscurecidos.

- Umm... — murmuro él continuando con su exploración, separando algunos mechones de su rostro, admirando su leve sonrojo.

- ¿Tienes mucho tiempo levantado?.

- No... — respondió él tocando sutilmente su rostro, ella cerro nuevamente sus ojos, dejando que él continuara... - ¿Te gustaría tomar un baño antes de desayunar?... — pregunto Albert tratando de enfocarse, era difícil de hacerlo al sentir su nívea piel entre sus dedos.

- Si... — pudo responder ella mientras su piel se erizaba, no estaba segura si era por el frio de la mañana, o simplemente por todo lo que estaba sintiendo.

- Iré a preparar el desayuno entonces. — dijo él levantándose de la cama pero deteniéndose por un momento.- Al menos que desees que te acompañe?. — sugirió logrando que las mejillas de Candy se encendieran furiosamente, nuevamente aquella presunción masculina en su rostro se reflejo, como le gustaba hacerla enrojecer. Negando con su cabeza, y sentándose en la cama, ella tomo las sabanas que Albert había apartado cubriéndose rápidamente. Albert sonrió entre dientes al verla hacerlo, un leve suspiro salió de sus labios antes de darle un beso en su frente, pensando en que no se podría esconder de él durante toda su estadía.

Resignado, Albert salió de la habitación, dejando a una Candy con múltiples colores en su rostro. Tomaría tiempo acostumbrarse, pensó ella tan pronto él desapareció por la puerta, levantándose de la cama, enrollada con las sabanas y dirigiéndose al baño. Al entrar se miro en el espejo, sus ojos se abrieron de par en par al ver el estado de sus cabellos, enmarañados se encontraban, le iba a tomar tiempo desenredarlos, suspiro dejando caer finalmente aquellas sabanas que la cubrían.

Se sentía diferente, se sentía relajada, ella abrió el grifo de la ducha entrando y dejando que el agua la recorriera, en su mente las memorias de la noche anterior aparecían, él había sido dulce, tierno y delicado con ella, él se dedico a amarla, a enseñarla, había sido una noche como ninguna en su vida, su cuerpo temblaba con cada memoria, con cada detalle, nunca se imagino que se podía sentir tanto. Al terminar salió del baño buscando las maletas, organizando poco a poco el contenido que habían en ellas, cambiándose en un cómodo vestido blanco, con largas rayas rojas que cruzaban por su falda, y con detalles bordados en sus mangas.

Candy podía oler el desayuno que Albert preparaba, y eso solo hizo que se apurara, ella se acerco a la cama, el estado en que se encontraban las sabanas solo aumento su rubor. Sin perder tiempo, busco entre todas las cosas que se encontraban en el closet, ahí pudo conseguir un juego limpio de sabanas, frescas olían. Cambio las sabanas colocando las usadas en una canasta, al terminar no pudo evitar asomarse por la ventana, la noche anterior cuando llegaron ella había estado durmiendo, pero ahora, podía admirar el lugar donde se encontraban, sus ojos se abrieron llenos de emoción al verse rodeados por aquel follaje verde.

Sonriendo, bajo rápido por las escaleras, entrando en la cocina emocionada.

- Albert!... ¿viste lo hermoso que esta el día? ¿A dónde iremos primero?... — pregunto casi dando palmadas y con una alegría imposible de esconder.

Albert sonrió al verla, esa era una de las tantas cualidades que amaba en ella, su entusiasmo y su espontaneidad.

- Estuve revisando el mapa que Scott me dio temprano, hay varios lugares que podremos visitar, pero por hoy creo que es mejor si no nos alejamos de la cabaña, el lugar que escogí no está muy lejos, si mis cálculos son correctos nos tomara al menos una hora en llegar al sitio, será mejor que desayunemos primero. — contesto él tomando la jarra con jugo de naranjas que acaba de exprimir para ellos dos.

Candy asentó ayudándolo a traer todo lo que había preparado a la mesa, ella se iba a sentar cuando sintió sus brazos rodearla.

- Al... — alcanzo a decir... Albert la había atraído sentándola en sus piernas, envolviéndola entre sus brazos.

- Yo creo que así terminaremos más rápido, ¿no lo crees? — pregunto él dándole un beso en sus mejillas y con su sonrisa masculina.

Candy estaba disfrutando mucho de esa nueva intimidad entre ellos dos, aquellos ojos azules la miraban con tanto amor que era imposible de creerlo, solo dos palabras salieron de sus labios... - Te amo...

- Y yo a ti princesa... — aseguro enterrando su nariz en su cuello, llenándose de ella. Quería y no quería a la vez ir a explorar, era contradictorio lo que deseaba.

- Sera mejor que nos demos prisa si queremos aprovechar la luz del día. — sugirió él antes de cambiar de opinión, Candy solo asentó tomando un par tostadas entre sus manos.

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Patty se encontraba muy nerviosa escuchando a su abuela hablar, el tema de Tom Steven se había convertido en algo que no deseaba escuchar, ellas habían venido a chicago no solo por la boda de Candy, pero también por la cita que tenía su abuela con el especialista, se suponía que ella debía de enfocar su tiempo y su energía en su abuela, no pensando o aceptando ningún tipo de invitación, no señor, ellas se quedarían en Chicago tratando la enfermedad de su abuela... Sus pensamientos y su conversación fueron interrumpidos al escuchar entrar al doctor en la habitación...

- Señora ¿O'Brian? — pregunto el doctor quien había terminado de revisar todos sus informes médicos...

- Sí, soy yo... — indico la abuela de Patty, sonriendo, sentada en la cama...

- Lamento informarle que no es mucho lo que podamos hacer por usted, he revisado cada examen, cada resultado y como muchos especialistas ya se lo han confirmado, es algo que realmente está fuera de nuestras manos...

- Pero... ¿Doctor?... ¿no es posible que ustedes no puedan hacer nada para ayudar a mi abuela?... — casi espetó Patty enojada, no aceptaba, ni concebía la idea de perder a su abuela...

- Lo siento señorita O'Brian, pero la enfermedad de su abuela está en una etapa muy avanzada y no hay mucho que podamos hacer... — se disculpo el doctor entendiendo su frustración...

Patty realmente no quería llorar, ¡¿cómo que no podían hacer nada más?!... ¡¿acaso pensaba que simplemente debían quedarse de brazos cruzados?!...ella sentía sus piernas debilitar...

- Muchas gracias doctor ¿entonces no hay problema si paso una temporada en el campo?... — pregunto la abuela de Patty haciendo caso omiso de algo que ella ya se había esperado, y pensando en lo mejor para su nieta, ella se rehusaba a aceptar la invitación del joven Steven usándola a ella como excusa.

- No, al contrario, creo que eso sería lo mejor... — aseguro el doctor con vehemencia, no valía la pena que ella estuviera encerrada en el hospital, ellos no la podían curar.

Patty miro a su abuela sabiendo exactamente sus intenciones.

- Abuela no.

- Patty hija, no dejemos esperando al joven Steven por tu respuesta, además que esta anciana se muere por conocer su rancho... — dijo ella optimista y levantándose de esa cama, lo último que deseaba era vivir sus últimos años o días encerrada en un hospital, al menos de esta manera ayudaría a su nieta a seguir adelante, quien sabe, quizás el joven Steven se gane su corazón.

-Abuela... — susurro Patty su nombre preocupada y con las mejillas encendidas, recordando la invitación que le había hecho Tom la noche anterior... ¿por qué la tuvo que invitarla delante de su abuela?...

- Nada de abuela Patty, ya escuchaste al doctor, he hecho las cosas a tu manera hija, pero ya estoy cansada de ir de hospital en hospital, tú sabes lo mucho que no me gustan estos lugares, además esta vieja no te va a dejar tan temprano, ten fe hija... — aseguro ella tomando de las manos de su nieta...

- No puedo abuela, no puedo quedarme con los brazos cruzados... — Patty estaba a punto de llorar, no podía evitarlo, pero su abuela la abrazo, dándole la seguridad que ella necesitaba, estuvieron así no saben por cuanto tiempo, tan pronto Patty se tranquilizo, las dos salieron del hospital rumbo a la mansión de los Andrews. Candy y Albert habían insistido en que se quedaran mientras estuvieran en chicago...

Tom ayudaba a la señorita Pony y a la hermana María a subir el resto del equipaje en el carruaje cuando vio a Patty y a su abuela llegar, sus ojos se iluminaron al verla.

- Joven Steven, justamente usted es con quien deseábamos hablar, que bueno que aun no se han marchado... — sonrió la abuela de Patty sorprendiendo a Tom por un momento antes de hablar...

- No podría hacerlo, no sin antes despedirme... — aseguro él mirando a Patty con intensidad...

- Entonces no habrá necesidad de despedidas. Patty y yo aceptamos su invitación joven, el doctor me ha recomendado pasar un tiempo al aire libre...

- Abuela, por favor... — suplicó Patty apenada mientras una amplia sonrisa comenzaba a dibujarse en los labios de Tom...

- No se diga más!... ustedes vienen con nosotros... — confirmo Tom sin poder esconder su alegría...

La abuela de Patty no se perdía de las reacciones de su nieta, en gran parte era un alivio para ella saber que después de tanto tiempo Patty al fin había sanado, ahora solo tenía que saber cuáles eran las verdaderas intenciones del joven ranchero.

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Habían salido de la cabaña una hora después de desayunar, Candy había deseado cambiarse antes de comenzar su camino, pero Albert había insistido que no era necesario, el camino que él había elegido realmente no poseía ningún tipo de reto, y ella estaba disfrutando de su paseo, tanto, que se suponía solo tardarían una hora para llegar al sitio que Albert le indico, aunque les fue imposible hacerlo, no cuando había tantas clases de flores y vida silvestre que apreciar, no cuando eran rodeados por aquellos altos pinos que ella ansiaba poder trepar. Aquel cielo era tan azul y tan claro como el agua que recorría varios de los arroyos y riachuelos por los que pasaron, ellos estaban en su pequeño mundo alejados de cualquier problema.

A paso lento, y sin prisa, Candy y Albert se adentraban más en aquel bosque, ellos se detenían admirando todos los detalles que les ofrecía esa provincia, sus risas contrastaban como eco entre los altos pinos que filtraban la luz del día, así continuaron, Candy llevaba entre sus manos una pequeña canasta con el almuerzo, mientras que Albert portaba su mochila sostenida por medio de dos bandas que pasaban por sus hombros, estabilizando la carga y dejando sus manos libres, en ella había colocado un kit de supervivencia que era ligero, pequeño y portátil, y que incluía no solo un botiquín de primeros auxilios en caso de emergencia, pero también contenía elementos multiuso y polivalentes.

- ¡Albert!... — exclamó Candy al ver aquel paisaje, un paisaje que había estado oculto y rodeado por aquellos árboles. Finalmente ellos habían llegado. Candy cerró sus ojos respirando el suave perfume a hierba fresca combinado con el sutil aroma de los altos pinos, el sonido del agua que corría en la cascada que se encontraba a pocos pasos se filtraba por sus sentidos, una suave brisa se extendió doblando la hierba y moviendo sus rubios cabellos.

Albert también disfrutaba de la impresionante vista, tan pronto removió los lentes que Candy le había regalado, los colores se volvieron más intensos, más vivos, se podía admirar en el verde follaje que los rodeaba, en la fresca hierba por la que caminaban, inclusive en las flores silvestre que se extendían y decoraban con su gama, los mismos riachuelos y ensenadas que cruzaron en su camino, era extraordinario, él había visitado y explorado muchos lugares, pero nunca antes había visto un paisaje tan elegante y tan sencillo en todo sentido.

Respirando una vez más aquel limpio aroma, aroma que parecía estar impregnado en cada rincón, Albert tomo de las manos a Candy guiándola hasta conseguir el lugar apropiado donde pasar el resto del día, al detenerse, Candy dudó por un momento, ella miró a Albert, y luego a la inmensa elegancia de la naturaleza que se revelaba en frente de ellos, la mano que la mantenía sostenida le dio un pequeño y ligero apretón, él inclinó su cabeza mientras sus ojos azules le dieron su consentimiento.

Sonriendo, ella levantó su mano y le dio un besó justo en su palma antes de dejar la canasta en el suelo, sus zapatillas lanzadas a un lado antes de salir corriendo. Candy reía alegremente comenzando a girar en círculos, sus largos rizados cabellos bailaban con cada vuelta que daba, mientras extendía sus brazos hacia fuera logrando que sus mangas se balancearan, parecía que hubiera pasado una eternidad desde la última vez que ella lo hiciera, libre como el viento se sentía, sin la tía que la regañara, sin seguir protocolos ni reglas.

Albert se quito la mochila dejándola caer en la hierba, sus ojos fijos en ella, él estaba disfrutando de su felicidad, escuchando sus contagiosas risas. Dejo caer su chaqueta y se quito sus botas, el deseo de besarla y perderse en ella crecía con cada vuelta que la pequeña rubia daba, una ninfa que lo tenía hechizado parecía.

Candy estaba tan feliz que no oyó las pisadas silenciosas que se le acercaban. Pero, sin duda alguna, ella pudo sentir la intensidad de su mirada mientras continuaba dando vueltas, con sus ojos cerrados, flotando. Jadeó en sorpresa cuando un brazo se deslizó alrededor de su cintura y tiró de ella con fuerza, envolviéndola en un cálido y sólido pecho.

Su mano se apoderó de su lado posesivamente y ella sintió su nariz enterrarse en sus cabellos, su cálido aliento le hacía cosquillas en la piel de su cuero cabelludo mientras se movía hacia el lado de su cuello. Ella se estremeció y bajó las manos a los costados. Todo su cuerpo sintiendo ligeramente su calor. -"Albert?".

Él no respondió, sólo rozo su rostro en su cuello como respuesta. Ella tomo una de sus manos cuando sintió algo frío y cálido acariciar por la columna de su garganta, al tratar de girar su cabeza para ver lo que le estaba haciendo, Albert se apartó y la miró con sus ojos entrecerrados, fuego en ellos había, oscuros de deseo. Candy se mordió el labio inferior logrando que se enrojecieran, una mirada llena de expectación fue la única que le dio. Su corazón se aceleró mientras que su otra mano se colaba por sus cabellos, sus dedos deslizándose por cada mechón dorado.

-Al...— Sus palabras se quedaron sin terminar cuando los labios de él atraparon los de ella, sellándolos en un beso lleno de necesidad, en un beso contenido durante todo su recorrido, devorando su aliento y separando sus labios con su lengua. Candy comenzó a subir sus manos por sus brazos y por sus anchos hombros estabilizándose a sí misma en sus pies. Sus rubios cabellos eran como seda entre sus dedos. Albert con una mano tomó la parte posterior de su cabeza, inclinando su boca y profundizando el beso mientras que la otra mano rodeaba su cintura, buscando con ansiedad el cierre de su vestido.

- Albert... — susurro su nombre en un suspiro sobre sus labios al sentir como el expertamente se deshacía de sus prendas.

- Solo somos tú y yo princesa... — aseguró él en un leve susurro, dejando que aquel vestido cayera en un instante, susurrándole que la necesitaba. Con avidez, su mano viajó hacia el frente y se deslizó trazando las modestas líneas de sus curvas. Candy se estremeció y gimió cuando él comenzó a colocar besos mojados en su cuello, y a lo largo de su cuello, lamiendo y succionando cada centímetro de su piel expuesta.

Su mente nublada olvidando totalmente donde se encontraban, él alisó las yemas de sus dedos trazando el valle de sus pechos, lentamente, pausadamente, disfrutando de cada sonido emitido que ella le regalaba. El resto de sus ropas lentamente fueron perdiéndose mientras él reclinaba sus cuerpos sobre la hierba. Candy sintió como la sangre se le subía a sus mejillas mientras que Albert la miraba abiertamente, a la luz del día, sintiendo como su cuerpo reaccionaba ante su intensa mirada, por un momento trató de proteger su cuerpo con sus manos, y con sus cabellos, pero Albert no le dio la oportunidad de hacerlo, él la atrajo presionando sus tibios cuerpos juntos, y estrechándola entre sus brazos.

Candy podía sentir la firmeza de sus músculos y el fuerte latido de su corazón contra el suyo. Sus labios susurraban contra su oído palabras de amor dejando un rastro húmedo de besos en su nuca, moviéndose a través de la curva de su hombro, y terminando en sus redondos pechos. Su boca envolvió lentamente uno de sus pechos mordiendo suavemente a través de sus sensibles capullos rosados, logrando que se arqueara al sentir una oleada de placer invadirla. Su cuerpo reaccionaba instintivamente a todas sus atenciones y aquel fuego líquido se acumulaba rápidamente en su entrepierna, sus rodillas se sentían cada vez más débiles.

- Al... — trato de decir su nombre, pero ya no podía pronunciarlo, sus propias manos acariciaban y arañaban provocativamente su espalda; escuchando un gemido vibrar en su garganta mientras pronunciaba su nombre...-"Candy".

Su cuerpo temblando por todo lo que él le estaba causando, apenas sintiendo como su rodilla separo sus piernas. Su mano libre se deslizó hacia el sur y pasó rozando por su muslo interior. Ella esperaba que sus dedos pronto viajaran hacia arriba, pero en lugar de eso dejó escapar un grito ahogado cuando de repente lo sintió en su interior, paralizándose por la completa felicidad que superó sus sentidos.

Sus brazos temblaban mientras los envolvía alrededor de su espalda. Albert con sus manos la sostuvo de sus caderas, manteniéndola presionada, deslizándose dentro de ella, lentamente, casi tortuosamente, centímetro a centímetro, escuchando como su nombre rodaba a través de su lengua, envuelto en gemidos. Ella se estremecía debajo de él apoderándose de su boca y besándolo apasionadamente, hasta que ambos jadeaban pesadamente en busca de aire.

El agua de la cascada fluía junto a ellos. El sonido del agua cristalina se mezclaba con sus entrecortadas respiraciones, con sus roncas palabras de amor. Sus bocas se amoldaban mientras sus cuerpos se movían en sincronía. Una embestida más y ellos, también, se unieron a la corriente, estremeciéndose al sentir como sus mundos se convertían en blanco, sintiendo aquella oleada de placer recorrer cada nervio de sus cuerpos, topando el cielo al mismo tiempo.

Albert dejo su cuerpo derrumbarse sobre ella, cubriéndola, agotado, satisfecho. Candy movió sus manos sobre sus cabellos con una sonrisa dibujada en su rostro. Sus ojos se posaron en el cielo, un cielo que ahora podía apreciar majestuosamente.

Albert levantó la cabeza desde la comodidad de su suave pecho, realmente no se quería levantar, pero el sonido del agua cristalina y la oportunidad de bañarse con su joven esposa, era muy atractivo para él, silenciosamente la observó. Azul con el verde se miraban fijamente entre sí. No habían palabras que pudieran expresar lo que ellos estaban sintiendo, se conocían desde hace tantos años y sin embargo solo hasta ahora se estaban conociendo en un nivel diferente, uno más intimo, uno que acompasaba su amor con sus almas.

Levantándose de la comodidad que le ofrecía su cuerpo, él estiro su mano invitándola, sin embargo Candy estaba demasiada distraída para notarlo, sus ojos en el cuerpo desnudo de su esposo, notando por primera vez aquellos rubios vellos que decoraban su pecho, suspiro hondo al ver como caían las gotas de sudor sobre su cuerpo, en sus ojos, Albert era el hombre más guapo que había visto en la vida, alto, con un cuerpo sorprendente, su cara de ángel hacían de sus facciones perfectas, simplemente parecía un dios griego y ella por muchos años estuvo ciega, ahora era su esposo...si su esposo...todo suyo...se repetía felizmente.

Albert sonrió al ver como ella lo detallaba. - Pequeña, me acompañas?. — pregunto él sacándola de su cuidadoso escrutinio, logrando que ella se sonrojara al ser descubierta. Candy tomo de su mano levantándose de aquel colchón formado por la fresca hierba, sintiendo su cuerpo estremecerse al sentir la suave brisa acariciarla.

- ¡Albert! — casi grito cuando él la levanto rápidamente entre sus brazos, sin previo aviso, no lo podía creer, tan distraída estaba?.

Albert le dio un rápido beso en sus labios, su amada esposa aun seguía flotando. Con ella en brazos, él se adentro en el agua, llegando a la pequeña cascada, donde la corriente no era fuerte, sumergiendo sus cuerpos debajo de ella.

Candy se aferro a él pensando en lo fría que estaría el agua, pero estuvo equivocada, el agua para su mayor sorpresa era tibia, el sol que se filtraba entre los arboles era suficiente para mantenerla de esa manera. Tan pronto emergieron ella sacudió sus empapados cabellos, su pecho latía de felicidad, una felicidad que no creyó posible, y que mucho menos se imagino seria al lado de Albert. Porque.

PRIMERO: Ella tuvo que aprender de la manera más triste y dolorosa a diferenciar entre una ilusión de adolescencia y el verdadero amor, amor que nace y crece con madurez, amor que solo se fortalece con la convivencia, amor que es único cuando se agregan los ingredientes correctos... Ingrediente que solo Albert fue capaz de ofrecerle.

SEGUNDO: Les había costado mucho tiempo para ellos llegar hasta donde se encontraban, desde el primer momento en que se conocieron en la colina de Pony hace trece años, ellos tuvieron que armarse de valor hasta que finalmente confesaron lo que en sus corazones existía, confrontando sus propios miedos, miedo a ser rechazado, miedo a no ser correspondido.

- Candy... pequeña, te encuentras bien? — pregunto Albert al ver su mirada ausente.

- Si, solo que me siento tan feliz. — aseguro ella dejando que Albert la envolviera.

- Yo también lo soy. — confirmo Albert sintiendo el calor de su cuerpo.

Su paraíso y su felicidad pronto se detuvieron, los ojos de Albert abiertos de par en par cuando su mirada se dirigió al lugar donde estaban sus cosas.

- Pequeña, no te muevas. — pidió él suavemente analizando la situación en que se encontraban. Debió haber revisado en los alrededores primero, debió asegurarse.

- ¿Que sucede Albert? — pregunto Candy girando su cabeza en dirección donde su mirada se encontraba enfocada. Un leve jadeo salió de sus labios brevemente al ver los dos pequeños cachorros que devoraban su almuerzo.

Albert en cambio buscaba con sus ojos a la madre de aquellos pequeños osos, ellos no podían estar solos... Finalmente la vio, justo en la orilla.

- Albert, ¿crees que ellos sepan nadar?. — pregunto Candy con cierto nerviosismo, con la esperanza de que no se acercaran hacia donde ellos estaban, aun recordaba aquellas vacaciones de verano con Stear, Archie, Annie y Patty. Aquel encuentro con el pequeño oso no era uno de los que deseaba repetir.

Albert quería negarlo, no quería asustarla, pero estaba consciente del peligro que los rodeaba, si tan solo hubiera sido más precavido.

- Princesa, los osos son mejores conocidos por ser buenos nadadores... — respondió él logrando que ella jadeara nuevamente tapándose su boca para no ser escuchada, mientras la mente de Albert trabajaba a mil por hora buscando una solución. Al menos, por los momentos, no los habían notado.

Continuara...

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Mis especiales Agradecimientos a todas las chicas que amablemente me dejaron sus comentarios: Paolau2 - Fersita92 - Carito - Rosi White - Verito - Amy C.L - Gelsie - letita27 - Gatita Andrew -Sara - KattieAndrew - Guest - Amy Ri-So - Mayra Exitosa - Lucia Ardley - Magnolia A - Ginaa - Guest - Melisa Andrew - Laila - LETY - Somiant - Blackcat2010 - Lila - Elenomar - Addizcandia - RVM85 - EnakaT - Ms Puddlegum...