Disclaimer: Los personajes de candy candy no me pertenecen, pertenecen a la novelista Kyoko Mizuki y/o Toe Animación...Esta historia y sus personajes son diferentes de la versión original del anime o la versión de la manga. Algunas de sus personalidades y características fueron tomadas pero con la variación de mi imaginación...

Una Novia

by: Keila Nott

Capítulo XIV

Sus esmeraldas estaban fijas en aquel oso negro que se encontraba en la orilla. Aquel animal se encontraba parado de pie sosteniendo su peso sobre sus patas traseras oliendo, buscando, y ella esperaba que no fueran ellos. Candy temblaba sin saber cómo controlar los nervios que poco a poco se apoderaban de ella, mientras que Albert a pesar de haber sido tomado por sorpresa, sabía exactamente lo que debía de hacer.

El estar con Candy debajo de aquella cascada había nublado su sentido de razonamiento por unos momentos, pero ahora debía de poner en uso su vasta experiencia en ese tipo de situaciones, no era la primera vez que cruzaba su camino con esa clase de animales. Estaba agradecido porque ellos se encontraban en la zona del norte, y no del Noroeste, donde los Osos eran realmente agresivos.

Normalmente él no se preocuparía al verlos, especialmente porque el animal que tenían en frente no era territorial, ni mucho menos agresivo. Actualmente ellos se podían admirar de lejos. Pero en este caso, si lo estaba. Delante los ojos de la madre: Candy y él representarían un peligro. Y ella sin duda alguna seria territorial protegiendo a sus oseznos. El hecho de que ahora estuviera levantada sobre sus patas posteriores era solo asegurándose de que no hubiera peligro para sus pequeños, especialmente cuando sus cachorros se estaban devorando su almuerzo. Almuerzo que incluía una variedad de frutas, nueces y vegetales, todo lo que un animal omnívoro le gustaba. Tenía que actuar y pronto.

Albert sintió a Candy temblar, una ráfaga de humedad y viento frío pudo sentir. Él desvió su mirada de aquellos osos buscando su origen, sus ojos intensamente miraban a través de la corriente de agua que caía naturalmente, respiró hondo al darse cuenta de que había una cueva detrás de la pared de agua... ¿Sería posible?...

- Candy... — la llamo silenciosamente y apretando levemente su cuerpo. Candy poso sus ojos en él, reflejando la angustia que sentía.

- Pequeña, quiero que me sigas lo más silenciosa que puedas — pidió él asegurándole con sus ojos que todo saldría bien. Candy solo asentó.

Albert miro a los osos una vez más con la esperanza de que aun no los hubieran detectado. Cuidadosamente. Lentamente, ellos pasaron a través de la cortina de agua. Albert daba cada paso sin dejar de mirar a la madre osa, la cual seguía levantada sobre sus patas, una vez que traspasaron aquella cortina, él respiro más tranquilo, entraron en la cueva subiendo por algunas rocas.

Ya en el interior sus ojos escanearon el lugar, húmedo y lleno de varias plantas verdes. Un solo agujero en la parte superior permitía que los rayos del sol se colaran en un ángulo, iluminando el espacio con un resplandor dorado. Albert la guio hacia donde un suave bache de musgo se encontraba, sentándola, tocando su rostro, y revisando cada expresión en ella.

- No son tan hermosas como las flores que encontramos, pero tienen su propio tipo de belleza — dijo Candy confundiendo a Albert, regalándole una sonrisa y empezando a arrancar las hojas de hierba desde el suelo. Ella estaba nerviosa y no sabía que harían.

- Candy... pequeña, quiero que me esperes aquí, pase lo que pase no quiero que salgas de esta cueva, al menos que yo venga personalmente a buscarte — pidió él sosteniendo su rostro para que ella pusiera atención, la conocía perfectamente, y sus nervios para él, eran palpable.

- ¿Que vas a hacer? — pregunto ella con un tono de preocupación, sus ojos mirándolo intensamente.

- Voy a intentar ahuyentarlos, estoy seguro de que puedo hacerlo — aseguró Albert confiando en su experiencia.

Los ojos de Candy se abrieron en horror de tan solo imaginárselo, las memorias de aquel león atacándolo fluyeron como una ráfaga por su mente.

- ¡NO! — protestó. Tapándose su boca nuevamente, controlando su ansiedad al saber lo que él pretendía hacer. - Absolutamente NO, no me voy a quedar aquí sentada esperándote, y si te atacan! No Albert, no lo soportaría.

- Candy…. — Albert susurro su nombre entendiendo su preocupación, pero si no lo hacía, tendrían que esperar a que ellos se marcharan, y eso podría tomar horas, especialmente porque el lugar donde estaban era no solo abundante en agua, pero también en peces. Perfecto para una familia de Osos.

- Quédate conmigo Albert, espera hasta que se vayan — suplicó ella mientras se aferraba a él, olvidándose de su propia desnudez.

- Pequeña... No estoy seguro si se irán del todo, no sabemos cuánto tiempo ellos se queden, prometo no tardarme — aseguró él acariciando sus cabellos.

- Si tú vas, yo voy contigo — su inquebrantable determinación era clara en su voz. Ella no se quedaría mientras él arriesgaba su vida, no lo haría.

Albert al ver en sus ojos, y escuchar su determinación, meditó por un momento. Quizás podían esperar un poco, quizás la madre seguiría su camino con los pequeños, mientras tanto, tenía que asegurarse de que su joven esposa no se enfermara.

- Esperaremos un poco entonces, ok. — susurro él tranquilizándola y envolviéndola entre sus brazos, dándole todo el calor de su cuerpo, y recibiendo el de ella al mismo tiempo.

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El camino hacia el Rancho de Tom era más rudimentario y con más polvo que cuando ella visito a Candy en la Colina de Pony. Habían dejado la carretera secundaria hace veinte minutos, y ahora estaban en el corazón del país del ganado, bueno, era cierto. Patty reflexiono sonriendo. No había una solo construcción a la vista, solamente pastos y colinas que se podían distinguir a lo lejos, un cielo tan azul y translúcido que no tenía comparación.

Polvo era el rastro que dejaban detrás de ellos. La carretera al parecer estaba hecha sólo de grava, lo que en última instancia, con suerte!...pronto llegarían al Rancho de los Stevens. No era que ella había notado ninguna señal. ¿No debería haber señales? Ahora que lo pensaba ella ni siquiera había visto pasar a otro vehículo. Pero había algo por delante. Ella podía ver una forma oscura en la carretera. Un momento. Habían formas oscuras por todas partes. No sólo en la carretera, pero en ambos lados también.

Tom aflojó el acelerador, reduciendo la velocidad cautelosamente. Patty lo miro de reojo, ella era la única que lo acompañaba en aquel auto, su abuela prácticamente la había abandonado. Insistió en conocer primero el orfanatorio donde Candy creció, y Jimmy por supuesto prometió traerla luego al Rancho. No era justo, ya que se suponían estarían juntas las dos, pero ella no la dejo, ya que sería descortés si ninguna se presentaba con Tom en el Rancho a donde fueron invitadas. Patty tomó una bocanada de aire cuando de repente las formas oscuras eran reconocibles. Oh, Dios mío. No había visto esa cantidad de vacas en un largo, largo, largo tiempo.

Eran al menos quinientas cabezas, pensó. Estaban cruzando la carretera en un flujo constante. Probablemente subieron a una área donde había mayor pastos por el verano. La vista, el sonido, y sobre todo el olor de ellos, eran abrumadores para ella. Tom detuvo el auto mientras el ganado pasaba, a lo lejos pudo distinguir dos de los trabajadores que ayudaban en el Rancho.

Su mirada se desvió en dirección donde Patty estaba sentada. Una sonrisa se dibujo en sus labios al saber que tendría la oportunidad de conocerla un poco mejor. Y quizás, quizás era hora de sentar cabeza. Aunque no estaba seguro que una chica como ella lo aceptaría y se acostumbraría a su mundo. Suspiro hondo.

El silencio era incomodo. Patty no sabía de qué hablar con él, su sombrero de color marrón claro ocultaba los rasgos de su rostro a excepción de su firme mandíbula, y su barbilla delicadamente moldeada. ¿Cuánto tiempo tendrían que esperar antes de que el camino fuera despejado?...No lo sabía, en realidad, solo pasaron quince minutos antes de que el centenar de cabezas de ganado y dos vaqueros más despejaran el camino.

Con el camino finalmente vacío, ellos continuaron, solo un par de kilómetros antes de llegar al rancho. Patty finalmente se relajo, el lugar era pintoresco y acogedor. Serían unas semanas interesantes. Aunque en el fondo se sentía preocupada por su abuela.

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¿Cuánto tiempo había pasado?... él no lo sabía, pero aquel incesante rugido que había estado escuchando cesó. Se había sorprendido con el sonido rugiente que oyó.

-Candy... pequeña, tengo que salir a investigar, no podemos quedarnos aquí por más tiempo — informó Albert acariciando su rostro, no podían permanecer ocultos por más tiempo, la noche pronto caería y si ellos seguían así, de seguro se enfermarían.

-Lo sé, pero lo haremos juntos... — Albert podía ver que su determinación no había cambiado, en sus esmeraldas había preocupación, él entendía. Pero no arriesgaría, ni permitiría, por nada del mundo, que a ella le sucediera algo.

-No — respondió haciendo una pausa antes de continuar. - Primero deja que me asegure que ellos se marcharon — pidió él claramente rogando que lo comprendiera.

- Albert... — apenas pudo decir, sus dedos tocaron sus labios interrumpiendo su obvia protesta. Él tomo su rostro entre sus manos suplicando con sus ojos.

-Por favor princesa, dame unos minutos — Candy dejo salir un respiro de frustración, no era justo. Cerró sus ojos intentando tranquilizar su angustiado corazón. El sonido de la corriente de agua cayendo por la cascada era un sonido intenso. Abrumador. No ayuda en nada a calmar la creciente ansiedad que sentía. Sin embargo, después de lo que pareció una eternidad, finalmente asentó, unos minutos le daría. Solo eso esperaría, después ella misma iría en su búsqueda.

-No tardare pequeña — Prometió. Abrazándola una vez antes de comenzar su camino, lentamente él desapareció de su vista, sumergiéndose bajo aquella corriente.

Albert continuaba moviéndose hacia adelante con sus brazos hasta que emergió lentamente desde las profundidades, a lo lejos pudo distinguir a sus visitantes, no se habían marchado, poco a poco hizo camino al notar que la madre literalmente estaba tendida en la grama, no se movía del lugar donde se encontraba, le parecía extraño ese comportamiento, al llegar a la orilla, salió con mucho cuidado. Sin perderla de vista. Midiendo cada pasó.

Acercándose cautelosamente, y cuando estuvo cerca, pudo claramente escuchar como la madre osa respiraba con dificultad, sus ojos escaneaban cualquier movimiento; cualquier actitud agresiva. No comprendía el comportamiento del animal, ¿por qué habría bajado su guardia? ¿Por qué no se movió al verlo?... se pregunto, decidido a investigar.

Los pequeños oseznos lo miraban con curiosidad, bostezando, cada uno sentado al lado de la madre. Albert camino lentamente rodeándolos, estaba seguro que algo andaba mal. Él podía ver en los ojos de la madre Osa su clara agitación. Sin embargo, en ellos no habían señales de agresividad. Albert se movió despacio hasta llegar a donde sus ropas se encontraban, colocándose primero sus bóxers, sin perder de vista la madre osa, al terminar de vestirse se acerco a ella nuevamente, sus ojos comenzaron a recorrerla. Fue en ese entonces que pudo notar la sangre que corría a lo largo del lomo derecho de su pierna.

Albert abrió sus ojos de par en par mirando a los pequeños, de alguna manera, la madre había escapado de una trampa hecha para osos, la posibilidad de supervivencia al pisar una trampa a la intemperie era muy baja, por eso los pequeños devoraron su almuerzo, la madre había sido incapaz de proveer ninguna clase de alimentos para los pequeños. Con cuidado. Albert se acerco aun mas a ella, estaba seguro que había perdido mucha sangre.

Actualmente, él no sabía cómo fue capaz de ponerse de pie temprano cuando llego, ahora se notaba demasiado débil por la pérdida de sangre, el rugido que escucho toda la tarde fue de dolor. Albert vio como la madre Osa finalmente perdió el conocimiento. Tenía que detener que continuara perdiendo sangre, sino lo más probable era que muriera desangrada. Necesitaría la ayuda de Candy, quien al parecer no espero que la buscara, su impaciente esposa se acercaba nadando hacia donde él estaba. Albert dejo salir un respiro de frustración al verla salir del agua.

-¿Que sucede Albert? — Pregunto ella respirando agitada, él verlo inspeccionar a la madre osa tan pronto se asomo a través de la cascada, hizo que no esperara.

- Esta herida — señalo él antes de continuar. - Por eso no se habían marchado. Ven pequeña, tenemos que ayudarla — Albert tomo de su mano guiándola hacia donde sus ropas se encontraban. Tomando luego entre sus manos su mochila, buscando entre los primeros auxilios que trajeron lo que podían utilizar. Mientras Candy se secaba y se vestía. El frio que sintió temprano desapareció en el mismo instante en que vio a Albert cerca de aquellos Osos. Ahora se sentía preocupada por el animal.

- Albert!... — llamo ella con un tono de preocupación al verlo ponerse en cuclillas frente a la madre Osa.

-No te preocupes pequeña, ella esta inconsciente — aseguró él mientras Candy se acercaba.

Albert no perdió tiempo y comenzó su tarea con la ayuda de su joven esposa. Ella miraba con admiración al ver la manera con la que Albert suturaba la pierna de la madre Osa. Nunca lo había visto hacerlo, especialmente porque ellos estaban improvisando con lo que habían traído, ella era enfermera, sin embargo, la habilidad, la confianza, y la seguridad que emanaba con cada movimiento que él hacía, la dejaron sorprendida. Esperaba que la madre Osa no se despertara, al menos no cuando ellos la curaban. El bostezar de los pequeños oseznos hizo que se reirá.

-Listo — dijo Albert al terminar, colocando los desechos en la bolsa que Candy mantenía entre sus manos.

-¿Crees que se recuperara? — pregunto ella tan pronto Albert se levanto de su posición.

- Estoy seguro que lo hará — aseguró él caminando hacia el lago, lavándose la sangre que cubrían sus manos. -Pequeña, es mejor que nos vayamos — informó Albert tan pronto termino, no debían de estar presentes cuando la madre osa recuperara el conocimiento.

-Pero... Albert... ¿Y los pequeños? — pregunto Candy preocupada, mirando cómo se acurrucaron al lado de su madre. Dormidos se habían quedado.

Albert se acerco a ella, mirándola tiernamente antes de decir:- Ellos sobrevivirán princesa, recuerda que se comieron todo nuestro almuerzo —. Candy sabía que él tenía razón. Sin embargo, aun así, le preocupaba. Salió de su estupor al sentir su cálida mano en la de ella. Era tiempo de regresar. Sus brillantes ojos verdes captaron como la luz del día comenzaba rápidamente a desaparecer, el sol hundiéndose en el horizonte indicándoles que la noche se acercaba.

Después de recoger todo, y mientras hacían camino de vuelta, Albert se sentía preocupado, pensando que quizás el incidente con los osos arruinarían los planes que tenía en mente. Quizás ahora Candy no desearía pasar la noche acampando bajo las estrellas, pero no la culpaba si ahora sentía miedo. Un leve apretón en sus manos lo sacaron de sus pensamientos.

- Albert, ¿donde aprendiste a hacer suturas como esas? — tenía que preguntarle. Su curiosidad era grande.

-En África — fue su simple respuesta. Y la única que Candy necesito para entender. Como se le pudo olvidar. Ahora todo tenía sentido, Albert pasó tanto tiempo rodeado de animales que era normal supiera hacerlo. Y la manera tan rápida que él reacciono, sus instintos, y su amor hacia los animales, lo hicieron más proficientes que ella como enfermera.

-¿A dónde iremos mañana? — Pregunto entusiasmada, sorprendiendo unos ojos azules. Su preocupación desvanecida con el entusiasmo que mostraba su joven esposa.

- Estas segura? — respondió con otra pregunta, haciendo una pausa antes de continuar, mirando como aquellas esmeraldas le sonreían. - ¿No tienes miedo? — levanto una ceja, al parecer se había equivocado.

Candy se detuvo acortando la distancia entre los dos. Sus manos se colaron por sus rubios y alborotados cabellos. Su mirada en la de él. Era cierto que tuvo miedo, miedo de que algo le ocurriera a él. No soportaría perderlo. Un beso en sus labios le dio antes de pronunciar palabra.

- No, porque realmente fue una suerte que ellos cruzaran su camino con nosotros, sino hubiéramos estado ahí — cerro sus ojos antes de terminar.- Los pequeños hubieran perdido a su madre.

Albert no pudo evitar rodearla con sus brazos y estrecharla contra su cuerpo, era cierto, si ellos no hubieran ido a explorar, la madre de aquellos pequeños oseznos no hubiera sobrevivido. Su dulce Candy tenía razón. Además, que ellos eran libres como el viento, y el viento era libre como ellos. Tal vez... ellos sólo debían permitir que la madre del Tiempo le mostrara el camino. Así que, por ahora. Continuarían con sus planes.

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Era mediodía. El sol estaba caliente. Tom y las tres manos que lo ayudaban estaban terminando con la cerca de alambre de púas para cerrar algunas de las superficies designadas como tierras de pastoreo. Habían pasado ya tres semanas desde que Patty y su abuela Martha vinieran con él al rancho. Tomó un martillo, clavando un clavo en el poste de la cerca, estaba intentando concentrarse cuando la escucho, aquella dulce voz que lo traía de cabeza. Ella se acercaba a donde ellos se encontraba trayendo entre sus manos una jarra de limonada junto con una canasta.

Tom suspiro, se alegraba que fuera ella quien viniera, no tenia porque hacerlo, sin embargo, ella no dudaba en dar una mano. Cada día que pasaba se sorprendía más. Al principio pensó que por ser una chica de sociedad nada le gustaría, pero en realidad, no era así, no era una chica engreída. Trataba a todos cortésmente. Con respeto. Ella no hizo demandas, ni pidió ningún tipo de tratamiento especial. Lo mismo era su abuela, una persona realmente espontanea, al contrario de su nieta, que cada vez que la miraba, hasta la raíz de sus cabellos se sonrojaban. Y eso, no podía negar que le gustaba.

A medida que se acercaba, las mejillas de Patty se enrojecían. Sus ojos no perdían de vista lo fuerte que era él joven Ranchero. Podía imaginar lo segura y protegida que se sentiría estar entre sus brazos. Patty se reprimió ante tales pensamientos. Era culpa de su abuela. Quien al parecer se estaba encargando de dejarla pasar más tiempo con Tom que con ella, un ejemplo claro era este, su excusa era que tenían que ayudar.

Habían pasado semanas por demás interesantes, habían dado paseos y hasta visitado el pueblo, donde por cierto ella pudo notar como las jovencitas rodeaban de inmediato no solo a Tom, pero al grupo de vaqueros que estaban listos para el rodeo. Ella se preguntaba, en su observación esos últimos días, ¿Por qué las mujeres se sentían tan atraídas por ellos?... Ok, sabía la respuesta, no era difícil: Porque ellos eran hombres honorables y fuertes. Porque no solo trabajaban la tierra, sino que se conectan con la naturaleza. Porque eran por demás seguros de sí mismos. Aunque podrían ser algunas veces rústicos, pero también podían ser suaves.

Y claro, estaba que no dolía que la mayoría de ellos eran encantadores y en excelente forma. Patty agito su cabeza tratando de eliminar esos pecaminosos pensamientos de su cabeza. Pero como no hacerlo. Tomó una bocanada de aire fresco, intentando tranquilizar su agitado corazón, porque a pesar de solo haber pasado tres semanas, ella sin darse cuenta, se estaba enamorando de él, pieza por pieza. Su mente le gritaba que nadie se enamoraba en menos de un mes, que tenía que pasar tiempo para desarrollar una relación, más tiempo del que tenían ellos conociéndose.

-Ah-ha!... Entonces lo admites!... Es tu Novia! — gritó Jimmy sonriente, sin darse cuenta de que Patty se acercaba.

- Jimmy— Tom empezó, con voz grave y peligrosa, — si no te vas en los próximos diez segundos, tu trasero terminara en el suelo...y en el otro lado de esta cerca!

-¿Qué? ¿Por qué? — Jimmy levanto una ceja, porque no reconocía de una vez que eran novios, todos notaban claramente su interés.

- Diez.

-P-pero — ¿Qué demonios le sucedía?...Jimmy pensaba aun de espaldas ante una Patty roja escarlata.

-Nueve.

-Hey, vamos! — Rayos! no entendía.

-Ocho!

-¡Esta bien! — Jimmy concedió, ya que prácticamente sabía que las amenazas de Tom no eran palabras sin cumplir. - Me voy!... Feliz! — dijo él dando la media vuelta deteniendo su paso de Ipso facto al ver a Patty.

-H-hola Patty — pudo pronunciar Jimmy antes de desaparecer.

Después de haber escuchado su conversación, Patty no tenía palabras, ella tartamudeo cuando Tom le dirigió la palabra. Al terminar ella se fue tan rápido como pudo y termino vagando hacia donde los establos se encontraban, ahí se dio cuenta del hermoso caballo frisón que estaba encerrado en una arena redonda, parecía inquieto y... bueno, lucia infeliz.

El hermoso frisón vino trotando hacia ella, chocando su nariz contra su brazo, ella amablemente comenzó a acariciarlo.

-¿Qué te pasa? ¿Quién te puso aquí y luego te ha dejado solo? — pregunto en un susurro mirando al caballo, mientras media docena de caballos pastaban en un potrero al oeste de la arena. Patty sentía sus emociones a flor de piel, estaba tan confundida, por un lado estaba su abuela, quien lucía radiante y rejuvenecida desde que llegaron, y de cierto modo estaba muy agradecida por la invitación de Tom. Al parecer el venir a pasar unas semanas en el Rancho de los Stevens iluminaba sus días. Aunque, por el otro lado, estaba él. Quien tenía la habilidad de ponerla nerviosa, un hombre que era tan seguro de sí mismo que a ella se le enredaba su lengua.

Levanto su mirada al sentir la nariz del caballo rozar su rostro, no había estado en un caballo desde pequeña. Sin embargo, un fuerte impulso en su interior la llevó a la brida. Deslizándose entre los barrotes de la verja, tomó las riendas de plata, dejando que el caballo oliera las correas. El caballo olfateo la brida, luego volvió sus hermosos ojos marrones en Patty.

-¿Quieres que te lo ponga? — Patty se echó a reír. Nunca había visto a un caballo tan ansioso como éste. Amablemente, y cuidadosamente, le puso el freno, comprobando que las correas estuvieran segura, ella recogió las riendas, colocándose de pie en el lado izquierdo del caballo, parecía que ahora sólo había una cosa que hacer. Subió a el, y luego se echó a reír pensando que lo que hacía era una locura.

Habían pasado muchos años desde que se monto a uno, pero el frisón parecía complacido. Ella comenzó a caminar a un buen ritmo, en un arco alrededor de la arena de tamaño mediano. Inesperadamente, Tom apareció, había notado su incomodidad ante el comentario de Jimmy. Pero lo que vio lo dejo sorprendido. El corazón de Patty comenzó a latir mil por horas al verlo. ¿Por qué tuvo la loca idea de montar su caballo?.

- Pensé que aun seguían trabajando en la cerca? — fue lo primero que se le ocurrió preguntar.

A Tom le tomo unos segundos asimilar su pregunta, nunca se imagino ver a su frisón dejarse montar por otra persona, era un caballo salvaje, agreste.

- Ya terminamos. Ahora, puedes decirme qué crees que estás haciendo? — pregunto con cierto tono en su voz, no era su intensión sonar así, pero era peligroso lo que ella acaba de hacer, su caballo no era uno dócil, y fácilmente la podía tumbar y herirla.

- Lo siento. Debí haber preguntado primero. Pero... — No pudo terminar, Tom la interrumpió.

-¿Cómo hiciste para montarlo? y sin silla, no menos. — Estaba impresionado, a pesar de todo, la escena le dio una sensación maravillosa. Pero antes de que Patty pudiera responder, el caballo de repente rompió a medio galope, y ella tuvo que luchar para mantener el equilibrio.

Tom miró con incredulidad como su caballo galopó hacia el pasto con Patty. No sabía lo que le sorprendió más. Que su caballo había permitido que alguien más le pusiera un freno y lo dejara montarlo en su espalda...O que Patty, la hermosa dama de ciudad, la chica que no podía negar le gustaba, sabía cómo montarlo, y de paso lo hacía muy bien.

Ella no había dado ninguna indicación de que sabía nada alrededor de los caballos. Pero, ahora, estaba sentada en su caballo, ni más ni menos, con una postura perfecta, ni siquiera había perdido su equilibrio cuando su caballo la sorprendió con su repentina huida de la arena.

Patty desmontó con una simple gracia que lo dejó sin habla. Ella le entregó las riendas.

-Lo siento, — se disculpó de nuevo. -Juro que me obligó a hacerlo — Patty nuevamente tenía las mejillas encendidas, un color carmín adornaba su rostro, sus largos cabellos ahora estaban despeinados por el viento, su linda blusa había llegado fuera de sus pantalones, pantalones que su abuela había escuchado la había obligado a portar. Los vestidos no eran muy acogedores cuando se está en un Rancho.

Él la miró... irresistible. Deseaba tanto robarle un beso. Pero tenía que estar seguro de que no estaba herida. Tom tomó firme control de las riendas y se acercó a ella. Se llevó la mano a la parte posterior de la cabeza y la miró profundamente a sus ojos.

- ¿Estás bien? — preguntó

- Estoy-bien — dijo, sonando un poco sin aliento.

- Yo decidiré si realmente lo estas —murmuró antes de besarla.

- ¿Dónde has aprendido a montar de esa manera? — Tom le preguntó después de romper el beso, pero sin dejar que ella se alejara.

Patty abrió sus ojos. Su primer beso había sido dado por Tom, un beso lleno de ternura y pasión... Y lo más importante, como si ella fuera alguien a quien él realmente le importara. Pero ahora, le preguntaba dónde había aprendido a montar?... Después de haberla besado de esa manera?... Como esperaba que le respondiera cuando ella apenas podía procesar ningún pensamiento coherente.

Tom continúo.

- Nadie ha montado ese caballo excepto yo. El no deja que nadie se le acerque.

- ¿Quieres dejar de hablar del caballo ya?! — Él la había besado. Sin duda alguna, eso era lo más importante en este caso ¿cierto?... Él parecía estar esperando que ella dijera algo más, y cuando no lo hizo, se aclaró la garganta.

- Sobre el beso... — comenzó un nervioso Tom, quien había desviado la conversación por miedo a escuchar su rechazo, o quizás una merecida bofetada por su atrevimiento.

-¿Sí? — Patty esperaba ansiosa.

-¿Debo pedir disculpas? — pregunto un inseguro Tom. Patty tragó saliva antes de hablar. Que esperaba?

-Yo no creo que sea necesario. — dijo ella sintiéndose quizás un poco decepcionada.

- Entonces, no hay ningún problema si lo repito? — murmuró con voz ronca, mientras pasaba la palma de su mano contra su mejilla, mejilla que rebasaba el color carmín, bajando lentamente hasta llegar a la parte inferior de su delicada piel, a través de su labio inferior, sus ojos centrándose en sus labios, después de observar su hermoso rostro llenarse de sorpresa.

-Tom...— balbuceo. Todos los pensamientos coherentes la abandonaron por completo cuando sus suaves labios rozaron los de ella nuevamente. En un beso que sería el comienzo de ellos dos. Tom se encontraba internamente feliz, porque después de ese beso, estaba seguro que había ganado Una Novia.

Mientras que a lo lejos, la abuela Martha observaba al horizonte, la noche comenzaba a caer. Sonrió al saber que pronto, su querida Patty no estaría sola.

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Jenkins curvo sus labios mirando de reojo a la pareja que se encontraba a pocos metros de ella, nunca en su vida se imagino que precisamente esa pareja necesitaría alta supervisión. Con su abanico en manos ella los veía conversando amenamente. Probablemente recordaban su previo comportamiento que dieron como resultado la necesidad de su presencia.

No se quejaba, su esposo no viajaría más fuera de América, así que se veían todos los días, y ella tuvo la suerte de aceptar esta última asignación, que era más que nada un favor, bueno no, fue prácticamente una súplica por parte de la Señora Cornwell, y la Señora Britter. Ella se preguntaba que fue exactamente lo que esos dos hicieron para que su presencia fuera solicitada. Levanto una ceja al ver como el joven Cornwell se acercaba peligrosamente a Annie.

Tomó una bocanada de aire cerrando su abanico, levantándose de su asiento dirigiéndose a ellos con pasos ligeros, evitando ser escuchada, era tiempo de trabajar nuevamente.

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En el frio de la noche, y sin poder dormir, Candy observaba detalladamente a su amado esposo, quien había finalmente hecho la fogata. Habían subido por horas montaña arriba, y para cuando Albert termino de ensamblar la tienda de acampar, su cuerpo estaba agotado, y hacia frio en lo alto.

Sus ojos en él. Sus rubios cabellos contrastaban con el fuego. No creía que fuera posible amar tanto a una persona. Ella podía sentir su presencia en cada célula de su cuerpo. No creía que pudiera nunca olvidar esas últimas semanas. Semanas que fueron no solo maravillosas pero que fueron también una gran experiencia. Semanas donde eran solo ellos dos rodeados tan solo por la madre naturaleza. Con noches frías, y amaneceres que les daban la bienvenida con un tiñe en las montañas, desplegando colores que solo podían ser calificados como gloriosos.

En su memoria quedaría grabada los paseos a través de prados tan hermosos que habían tomado su aliento. Los días donde acampaban por ríos que fluían con tanta rapidez que era imposible no querer sumergirse. Aquellos altos pinos que él por complacerla subieron, admirando la inmensidad de aquel verde follaje. Ella nunca podría olvidar la manera tan especial en que él la amaba cuando se perdían en besos largos, lentos, que encendieron fuego a todo lo que existía dentro de su ser. Su dulce sonrisa, sus ojos brillando de felicidad cada vez que en sus caminos se atravesaban con las pequeñas criaturas que convivían en aquel habitad.

Ella nunca había sido tan feliz en su vida, no como lo era ahora en ese mundo donde solo eran ellos dos.

- ¿No estás durmiendo todavía? — Interrumpió Albert sus pensamientos mirando en sus esmeraldas.

- N-n-no. Tengo mucho-frío — Candy lucia exhausta con los dientes juntos temblando sobre la respuesta.

- Ven aquí pequeña. — Albert tomó una manta abriendo un lugar a su lado, cerca de la fogata que acababa de encender. Candy hizo camino a su lado, sus pies apenas tocaron la tierra, ella se subió debajo de la manta, metiendo sus rodillas bajo la barbilla y envolviendo sus brazos alrededor de sus tobillos. Mientras Albert la envolvía entre sus brazos. Respirando su aroma. Y esperando poder trasmitirle su calor.

- ¿Crees que todos se encuentren bien? — pregunto Candy pensando en la tía abuela, Annie, Archie, Patty y en su abuela Martha.

-Estoy seguro de eso. — Respondió él, atrayéndola un poco más antes de continuar. No tenían porque preocuparse, ellos solo tenían una semana más y quería seguir disfrutando de cada segundo a su lado.

-Esta es una noche perfecta para observar las estrellas pequeña. Es luna nueva, así que no hay mucha luz para atenuarlas. Hoy podremos ver todas las estrellas claramente. —Hizo un gesto hacia el cielo y Candy miró hacia arriba. Las estrellas parecían estar más cerca que de costumbre.

- Son hermosas, la forma en que brillan — murmuro ella moviendo sus brazos para abrazarlo, el calor de su cuerpo era lo que necesitaba en esa noche fría.

- Es cierto, el brillo de las estrellas siempre me recuerdan el brillo de tus ojos, el cariño de tu mirada. — dijo él posando sus ojos en ella. La dulce caricia del crepúsculo añadía un brillo a su nívea piel. Él estaba tan feliz de tenerla a su lado. Nada importaba, el tiempo fluía y pasaba sin ellos darse cuenta, las horas se convertían en días, y los días se habían convertidos en semanas. Ahora, esa noche, en lo alto de una montaña, donde sólo el sonido de los grillos y el susurro de las hojas de los árboles se oían, ellos se miraban profundamente a los ojos, sabiendo exactamente lo que había en el corazón del otro.

Candy no tenia palabras con que responder, lo amaba tanto...Acercándose lentamente, y antes de que sus labios se unieran en un beso profundo y apasionado, ella le susurro un "te amo"...

-Y yo a ti pequeña — dijo él aun rozando sus labios con los de ella. Para candy sus palabras eran como un beso de bienvenida, una manta que la envolvía dándole el calor tan necesitado. Albert cerró sus ojos cuando ella comenzó a acariciar su rostro, sus caricias para él eran maravillosas, un leve susurro escucho antes de que ella comenzara a darle suaves besos en su rostro, lentamente, dulcemente.

Albert se sentía en el cielo. Realidad. Obligaciones. Y los problemas que en sus vidas enfrentarían. Tendrían que esperar una semana más. Por los momentos, quería quedarse justamente donde estaba, y con su hermoso ángel al que tanto amaba. Por los momentos, deseaba seguir en el cielo, donde la atención de ella era solo para él, donde en noches como esa ella era solo suya. Donde las preocupaciones no existían, donde ellos podían demostrase el infinito amor que sentían sin ser observados o criticados. Por la mañana, al igual que el sol se asoma por el horizonte, él se despertaría con su esposa entre sus brazos, disfrutando de la suavidad de su piel, respirando de su dulce aroma. Feliz. Satisfecho. Y Celebrando la aurora que durará por el resto de sus vidas. Todo. Porque su pequeña tuvo el valor suficiente de decir que era Su Novia...

=o=o=o= " FIN " =o=o=o=

Gracias Por Leer...

N/A: Hola chicas, siento mucho el retraso de este capítulo final. De verdad, lo siento muchoooooo... Inicialmente, la historia terminaba en el capitulo doce, pero ya ven. Oki doki muchísimas gracias a todas, por su paciencia, por leerme, por ser tan maravillosas, y por dejarme amablemente sus comentarios. Epilogo? claro, pero no será muy largo... siiiiiiii...Desde mi rincón les mando un fuerte abrazo y mis cariño a todas mis queridas lectoras...Espero que el final les haya gustado... :D!

Mis especiales Agradecimientos a todas las chicas que amablemente me dejaron sus comentarios: Angiepelitos - Amy CL - Fersita92 - Quevivacandy - Iss - LETY - Ginaa - Guest - Mayra Exitosa - Carito Andrew - Karen Delgado - Amy Ri-So - Gatita Andrew - Melisa Andrew - Laila - Verito - Fati - Nikimarkus1 - Blackcat2010 - KattieAndrew - Gelsie - Rosi White - Chriss - Lucia Andrew - Kararely - Somiant - Addizcandia - Ms Puddle - Guest - Friditas - Carolina Clarf - Samaggy - sonice0714.