Epilogo: La madre de mis hijos.
(Edward P.O.V)
Era un turno cualquiera, yo examinaba a mis pacientes y Bella chequeaba sus signos vitales e instalaba vías intravenosas en sus brazos, hacíamos un buen equipo, como para en todo orden de cosas, ella siempre era más que mi compañera, era mi complemento.
Venia de un pequeño descanso, Bella había quedado en cubrirme mientras tanto, encontré en la sala de los médicos las fichas de algunos de mis pacientes con un informe detallado de sus síntomas, todo en la caligrafía de ella; debía reconocer que como enfermera era bastante eficiente, con su informe podría hacerme una idea de cómo examinar a mis pacientes; me sorprendí cuando vi una ficha escrita con lápiz rojo que decía "apendicitis, ¡URGENTE!"; me dirigí de inmediato al Box en donde se encontraba ese paciente, correspondía a una niña de cinco años que lloraba de dolor mientras se agarraba el costado derecho de su abdomen, su madre se hallaba histérica y Bella trataba de calmar a ambas.
-Tranquila Melanie, el doctor Cullen es un buen médico, él te va a sanar- decía Bella sin notar mi presencia.
-Señorita enfermera, ¿me van a operar?- preguntó inocentemente la niña.
-Si Melanie, pero no te darás ni cuenta, pondré una mariposa en tu brazo y ella te dará un liquido que te hará dormir, y cuando despiertes ya no tendrás ese molesto dolor de estomago- le aseguró mi Bella.
-¿Cuando va a llegar ese doctor Cullen?, más le vale que sea un buen médico, si algo malo le pasa a mi bebé los demandaré a todos, partiendo por usted enfermera Swan, lo único que ha hecho es atemorizar a mi bebé- amenazó la mujer.
-Mami, no le hables así a la señorita enfermera, ella va a ponerme una mariposa en el brazo para que no me duela nada- le dijo la niña a su madre más tranquila.
Había decidido que ya era hora de entrar en vez de quedarme escuchando tras la cortina del Box de pediatría, la pequeña me miró asustada y luego su mirada fue a parar a Bella la que le sonrió de una manera cálida.
-Buenos días, soy el doctor Cullen- me presenté fríamente con la mujer.
-Bella, prepara un examen de sangre, uno de orina y una ecografía abdominal, llama al tercer piso y pide que preparen el quirófano- le pedí a Bella entregándole una orden médica con todos los estudios que debía hacerse la niña.
-¡No toque mi barriga!- saltó alarmada la pequeña.
-Debo hacerlo, es para saber si tienes o no apendicitis- dije tratando de sonar amable pero la afinidad con los niños la tenia Bella, no yo.
-Quiero que la señorita enfermera lo haga- demandó la niña, Bella sabia como hacerlo, me había visto muchas veces realizar ese examen físico, ella tocó en el lugar preciso y la niña reclamó de dolor, era lo que pensábamos y debía operarla apenas tuviera los exámenes en la mano.
Salí del box para llamar a un doctor de relevo, yo debía operar a una niña y no podría hacerme cargo del resto de las urgencias.
-¿Esa es la mariposita?- oí a la niña preguntar, Bella había sido muy hábil al querer instalarle una vía intravenosa para bebés, era más pequeña y tenía ese pedazo de plástico para sujetarla que simulaba ser una mariposa, sin lugar a dudas ella era muy buena en su trabajo y no podía estar más orgulloso de ser el novio de semejante mujer.
La madre de Melanie no estaba con ella, había ido a arreglar lo de la hospitalización y el quirófano de su hija; entré al box sabiendo que la antipática mujer no estaría allí, Bella ahora extraía un poco de sangre y la depositaba hábilmente en un tubo de ensayo cerrado.
-¿En serio necesitas los otros exámenes?, ya su madre me ha dicho que la pobre no puede caminar bien y la orina tiene un color turbio y oscuro, deberías conformarte con esto y esperar los resultados- me aconsejó Bella.
-Entonces ve a dejar eso al laboratorio, yo me quedaré con ella- le aseguré besando su frente a lo que ella se sonrojó.
-¿Usted y la señorita enfermera son novios?- preguntó la pequeña recostada en su camilla con "la mariposita" en el brazo.
-¿Por qué preguntas eso?- le respondí con otra pregunta.
-Seré pequeña pero me doy cuenta de cómo la señorita enfermera se sonroja cuando usted está cerca de ella- me respondió la niña.
-Si Melanie, ella es mi novia- le respondí con una sonrisa.
-Ella es buena, primera vez que me sacan sangre y no me duele; usted tiene suerte, ella lo quiere mucho-acotó la pequeña.
-Media hora Cullen, ahora vete preparando para la cirugía- dijo Bella interrumpiéndome cuando yo le pensaba preguntar a aquella niña como sabia que Bella me quería.
-¿Señorita enfermera?, ¿verdad que usted quiere al doctor Cullen?- preguntó la niña haciéndola sentir incomoda.
-Mejor me voy a cirugía para que puedas responderle con tranquilidad- le dije besando su mejilla a lo que ella se puso como un tomate.
Definitivamente me encantaba Bella y la manera que tenia para tratar a los pacientes, ella había sido de más ayuda para esa pequeña que su madre la cual ya estaba despotricando afuera sobre el servicio del hospital.
Me preparé para el quirófano y me sorprendió la rapidez con la que había terminado todo, ahora la pequeña señorita preguntona se encontraba sin apéndice y en la sala de recuperaciones siendo vigilada de cerca por Bella ya que cuando se despertó de la anestesia pidió casi a gritos que "la señorita enfermera" la cuidara, debió ser un golpe bajo para su madre.
Si no hubiese sido por ese turno largo que forzadamente tuvo que hacer Bella la hubiera llevado a cenar, hoy más que nunca me había convencido que ella era la madre de mis futuros hijos, era tan cálida con los niños, tan simpática, tan linda, aun no me creía que una mujer así pudiera haberse fijado en un tipo como yo.
-Si quieres puedes irte a casa, yo terminaré en unas horas más-dijo Bella ahogando un bostezo.
-Ella estará bien, le daré el alta mañana, y tú debes descansar- le aconsejé.
-Iré a hablar con su madre, espérame en el coche- dijo ella y dejó un beso en la comisura de mis labios.
Me quedé como un idiota con la mano sobre mi boca, se supone que en el trabajo no teníamos manifestaciones públicas de cariño, de hecho si las teníamos en el trabajo era en alguna oficina vacía y siempre con alguna excusa barata, sí, yo Edward Cullen, él que repudiaba las relaciones entre los doctores y las enfermeras en el horario de trabajo me escabullía bastante seguido con mi novia a algún rincón apartado en donde no pudiéramos ser vistos o escuchados.
Ella llegó a los minutos después, bastante cansada y ojerosa, iba a sugerirle que me dejase examinarla, ya no me parecía sana la palidez de su piel.
-Me comería una lasaña entera y luego me iría a dormir- dijo una vez estuvo en el coche conmigo.
-Estas trabajando mucho, últimamente comes demasiado, duermes todo el tiempo y estas tan pálida como un fantasma, ¿me dejaras examinarte cuando lleguemos a casa?- sugerí haciendo que ella se pusiera nerviosa.
-No tengo nada fuera de lo normal Edward, estoy bien- dijo mientras se frotaba el abdomen, no le creía mucho, algo tenia y aunque fuera dormida la iba a examinar.
Cuando llegamos a casa ella parecía haberse olvidado completamente de la lasaña, se limitó a llenar la tina del baño y a meterse ahí, la seguí para ver si podía sacarle alguna información sobre su estado de salud, hace días que andaba rara y no me quería decir nada.
No era por perversión pero me quedé mirándola mientras se desnudaba para meterse a la tina buscando algún indicio de enfermedad en ella, su piel seguía siendo tan blanca como siempre solo que ahora la había notado mas rellenita, ella había subido de peso, quizás era diabética y no lo sabía y como fui tan tonto para no darme cuenta que ella estaba cambiando.
Salí de ahí para darle privacidad, ya sabía por ella que era bastante molesto cuando me quedaba mirándola largo rato.
Quise ponerme algo mas cómodo por lo que rebusqué en el closet por el pijama que Bella me había regalado tiempo atrás, como no lo encontré entre mis cosas lo busqué entre las de ella, entre tanta ropa de mujer lo encontré, olía a su ropa, y también había encontrado un pequeño calendario que tenia marcado un día cada veintiocho días, si ahora estábamos a enero y ella había dejado de marcar desde diciembre eso me daba para pensar, también aquél calcetín amarillo claro y extremadamente pequeño que se asomaba entre sus cosas.
-¿Hay algo que quieras decirme Bella?- le pregunté cuando ella entró en nuestra habitación con una toalla enrollada a su cuerpo.
-Emm ¿estoy cansada?- dijo tanteando si esa era la respuesta que yo esperaba oír.
-Algo te pasa y quiero saber que es- exigí molesto, yo ya sabía lo que le pasaba, pero ¿por qué me lo ocultaba?
-No seas paranoico Edward, no me pasa nada raro, estoy bien- dijo ella sentándose en mis piernas y besando mi cuello, había comenzado a utilizar el arma mortal, cuando llegara a mi pecho ya me habría olvidado hasta de mi nombre.
-Solo estoy preocupado por ti- dije dejándome acariciar por ella.
-Eres un paranoico, pero te amo- dijo para luego besarme en los labios, oh dios, me derretí en ese beso, juro que en ese momento me perdí en la suavidad de sus labios mientras ella jugaba con el cabello de mi nuca.
-Créeme Bella que si es lo que creo que es seré el hombre más feliz del mundo- le aseguré.
-Y si tu vas a hacer lo que creo que harás preferiría que lo hicieras porque quieres y no porque debes- dijo, había entendido su punto, por lo que muy a mi pesar me levanté de la cama, rebusqué por una caja en mi closet en donde había escondido un anillo, de oro con un diamante en el centro, sencillo pero elegante.
-Entonces y solo porque quiero y porque no concibo una vida sin ti lo hago- dije poniéndome de rodillas a ella.
-¿Quieres casarte conmigo?- pregunté lleno directo al grano, ella inundo sus ojos con lagrimas, parecía demasiado ahogada en ellas por lo que no me pudo responder con palabras, solo asintió con la cabeza y me abrazó.
-Creo que tienes algo que confesarme ahora- la presioné mientras ella se limpiaba las lagrimas.
-¿No deberías primero poner ese anillo en mi dedo?- me sugirió, con toda la emoción del momento se me había olvidado darle el anillo, tomé su mano delicadamente y deslicé por su dedo la argolla de metal.
-¿Ahora me dirás que te pasa?- le pregunté.
-¿Para qué si tu ya lo sabes?- me respondió.
-Quiero oírlo de tu boca- dije abrazándola.
-Estoy embarazada, Jessica se hizo una prueba en el trabajo y como no quería hacérsela sola Ángela y yo accedimos a hacernos una con ella, las de ellas salieron negativas y la mía positiva, de ahí que me hago una todos los días en el trabajo, aun no me convenzo de que voy a ser mamá, pero Alice está bastante convencida de que va a ser tía, te sorprendería la cantidad de ropa de bebé que hay escondida en su apartamento- confesó.
-¿Y porque no querías decírmelo?- le pregunté con una sonrisa boba en la cara, seria padre, tendría un hijo con la mujer de mi vida.
-Hace tiempo limpiando la habitación me topé con la caja y el anillo, no quería que te casaras conmigo por el bebé, quería que lo hicieras porque esa era tu voluntad, no por obligación- me respondió.
-¿Sabes que pienso?, creo que deberíamos casarnos cuanto antes e irnos a una luna de miel muy larga antes de que nazca el bebé y lo único que hagamos sea cambiar pañales- dije haciéndola reír, adoraba verla con una sonrisa en su rostro.
-¿Sabes que pienso?, que tengo frio y sueño y quiero dormir abrazada a ti y si es posible cambiar el odioso turno de mañana para quedarme en casa todo el día- dijo ella saliéndose de mis brazos para ponerse su pijama.
-Lo sabia Swan, desde ese día en el que dejaste sola a Alice haciendo el trabajo del instituto por irte a escuchar música conmigo supe que serias la madre de mis hijos- confesé sonriéndole, porque si lo sabía, Alice dijo en su paranoia de "me creo adivina" que mi destino me estaría esperando en la sala de nuestra casa, no le tomé sentido hasta que la vi, estudiando con mi hermana y totalmente ajena a lo que nos esperaba.
bueno chicas, este es el fin, espero que les haya gustado, si quieren pueden pasarse por mis otros ficts
gracias por leer y por comentar.
bye!
