Don't Tell Anyone

Summary: Hace ya algún tiempo que Lucy y Edmund habían hecho su último viaje a Narnia, y es de extrañas cosas que les suceden dos de lo que esta historia hablará, algo que solo ellos saben, puede ser raro, incorrecto, pero solo te pido: no se lo digas a nadie
Advertencias: Incesto
Aclaración: Troy Miraz tiene 17 años aproximadamente.
Disclamer: Los personajes de Peter, Susan, Lucy y Edmund Pevensie, el usurpador Miraz y Caspian X, así también como el mundo fantástico de Narnia y todos sus habitantes son propiedad del increíble C.S. Lewis y yo solo lo uso a fines de entretención, sin ánimos de lucro. Únicamente me pertenecen el personaje de Troy Miraz y esta pequeña trama.


Chapter Four: Troy

—...Entonces...Caspian está vivo, ¿cierto? -No pudo evitar un respingo y rápidamente se volteó...y la vio. La sonrisa marcada, los brillantes ojos verdes, la larga cabellera castaña y aquella fina bata de seda rosa... No pudo evitar que una sonrisa algo idiota se apoderara de su rostro al tiempo que observaba a aquella antigua reina de Narnia y, para que mentirse a si mismo, probable princesa de su corazón- ¡EDMUND! -Volvió a la realidad en el momento preciso que sentía unos pequeños brazos rodearle el cuello y un segundo después se hayaba en el suelo. Parpadeó algunas veces y distinguió aquellos ojos brillantes a escasos centímetros de su rostro
— ¿Lucy? -Una amplia sonrisa se dibujó en sus labios, mientras su hermana lo miraba fijamente, creando aquella especia de trance hipnótico que solo unos ojos verdes y unos ojos chocolate pueden crear
—Estamos en Narnia Ed... -Susurró ella, sin intención alguna de romper aquella conexión
—Lu, ¿qué te dije de los susurros? -Reprendió él, poniendo un mechón de cabello de su hermana detrás de su oreja, aún con los ojos fijos en los de ella
— ¿Quién piensa en ellos ahora? -Dijo la pequeña, en voz aún más baja mientras que, inconcientemente, su rostro se acercaba unos milímetros más al de su querido hermano mayor, el cual era quizás demasiado querido.

Edmund sabía que si ella no se quitaba de encima de él rápidamente, podía llegar a perder control de sus actos, y no quería eso...¿o sí? No, claro que no, se dijo a sí mismo, pero le era imposible concentrarse con los labios de Lucy tan sonrosados, perfectos y cerca de los suyos...Soltó un gruñido al ver las mejillas de ella sonrojarse suavemente; ¿por qué debía ser tan condenadamente perfecta?

—Su majestad, ¿se encuentra bien? -Aquella voz preocupada desconcertó completamente al moreno pero, al parecer, hizo reaccionar a su hermana, quien se puso de pie rápidamente y se sacudió
—Sí, sí, no te preocupes -Farfulló, girándose con una sornisa hacia el muchacho que él de inmediato correspondió; sin embargo, se mantuvo únicamente hasta que el hermano mayor de la Reina de antaño se puso de pie, sacudiéndose también. El primo de Caspian X endureció su gesto y desvainó su espada, apuntando con ella al muchacho Pevensie
— ¿Quién eres tú? -Soltó, tomando por sorpresa a Edmund.

En el momento en que 'ese sujeto' apartó a su propia hermana (por mucho que quisiese cambiar esa condición) de su lado apra ponerla tras de sí y apuntarlo con la espada, el viejo rey de Narnia supo que el tipo era un completo imbécil, si debía dar su descripción en forma lisa y llana; claro, el hecho de que hubiese interrumpido su momento con Lucy de segundos atrás también lo convertía en un tonto. Ojalá tuviese su espada también...

—Calma Troy -Le detuvo ella, poniendo una mano en su hombro, por lo cual el muchacho se giró levemente hacia atrás- Es mi hermano, Edmund Pevensie -Los ojos de la joven miraron al chico que había estado a punto de ser atacado e, inconcientemente, sonrió- Quizás lo conozcas como el Rey Edmund, el Justo -Añadió con cierta diversión que hizo sonreír al aludido.
—Me disculpo, Majestad -Tuvo que reconocer entonces, pero no de la efusiva forma que había hecho con Lucy, sino que esa mirada hostil y desconfiada permanecía en su rostro, como si temiera que en cualquier momento el chico pudiese quitarse una máscara y atacarlos, cosa que al moreno no le pasó desapercibida.- Como me encontraba contando a Su Majestad, la Reina Lucy -Comenzó a explicar a Edmund- La corte del Rey Caspian X estará gustosa de hospedar a tan destacadas figuras como lo son ustedes -Hizo una reverencia a la joven, quien soltó una pequeña risa- Si me permiten escoltarlos, llegaremos pasado el medio día, tengo un par de caballos no muy lejos de aquí.

Dicho esto y con una sonrisa encantadora, ofreció su brazo a la Pevensie menor, quien sonrió divertida y lo aceptó para comenzar a caminar justo por delante de Edmund, quien estaba casi seguro de que esa acción había sido hecha a propósito. Rodó los ojos con fastidio y, haciendo muecas, imitó las últimas palabras del rubio que, por boca de Lucy, había oído se llamaba Troy y se dispuso a seguirlos, aún refunfuñando. La castaña lo miró por encima de su hombro y sonrió al verlo de brazos cruzados, con el seño fruncido y la vista fija en el cielo: justo como la primera vez.

— ¿Se encuentra el Rey Caspian en el castillo en este momento? -Fueron las primeras palabras que Edmund dirigió al muchacho que llevaba del brazo a su hermana; éste lo miró por encima del homrbo también, pero extrañamente tenía mucho que envidiarle a la mirada de cariño que la ojiverde le había dedicado segundos atrás
—No en este instante -Contestó en el preciso momento en que los dos caballos quedaban a la vista de ellos- Supongo que no tardará en volver, dijo que necesitaba hacer una pequeña investigación -Se encogió de hombros y suspiró.

Soltó a Lucy y puso ambas manos en su cadera justo cuando Edmund se adelantaba lo suficiente como para ponerse a su lado y, cruzado de brazos, contemplar juntos los corceles. Eran dos, y el moreno no iba a permitir que la joven (porque ya había dejado de ser una niña) que se encontraba unos metros más allá viajase en el mismo caballo que aquél sujeto; suficiente con que hubiese consentido que la llevase del brazo todo el trayecto y, además, haya soportado las (a su parecer) ridículas sonrisas y miraditas que le lanzaba.

'¿Quién se cree que es?' Se preguntó a si mismo al advertir la mirada hosca que le dirigía al adivinar sus pensamientos. Casi podía afirmar que ese sujeto, al igual que miles habían hecho anteriormente, ya estaba pensando en la menor de los Pevensie de una forma bastante indecorosa, cosa que él no pensaba permitir.

—Me temo, su Majestad -Cortó el hilo de sus pensamientos el hijo de Miraz, montándose en el animal- Que usted tendrá que cabalgar con alguno de nosotros -Comunicó y, a este punto, sonrió- Si lo desea, puede tranquilamente ir con...
—Lucy, tú vienes conmigo -Sentenció el de ojos color chocolate mientras subía también a su caballo, aunque claro, el tono de voz de Troy Miraz había sido por mucho más dulce y amable, pero a él eso lo traía sin cuidado; el primo de Caspian lo miró con el seño levemente fruncido
— ¿Acaso no vas a dejar a la dama decidir?
—La 'dama' tiene a penas quince y yo digo que viene conmigo -La aludida rodó los ojos, no tan fastidiada como divertida
—No te pases Ed -Se limitó a decir con una minúscula sonrisa en sus labios al mirar al chico en cuestión al tiempo que subía al caballo también, agarrándolo de la cintura. Y eso fue todo lo que necesitó el muchacho para mirarla sobre el hombro con una sonrisa sincera, comenzando a empreder el camino hacia Cair Paravel, camino que él conocía perfectamente.

El rubio los siguió segundos después, examinando con la vista al antiguo Rey de Narnia. Si había algo que Troy podía destacar con orgullo de sí mismo, era su capacidad de juzgar de forma casi exacta a una persona ni bien verla; Edmund Pevensie había sido bautizado como Edmund, El Justo, pero él podía decir que Aslan podría haberlo llamado tranquilamente Edmund, el Posesivo. Quizás a cualquiera le hubiese pasado inadvertido, incluso a la pequeña castaña, pero él había sido plenamente conciente de la mueca que se formó en el rostro del antiguo gobernante en el momento que la joven se había puesto de pie y había vuelto con él; más aún se había puesto en evidencia hacía escasos segundos. Sin embargo, si bien él había sido criado con Caspian X y su reinado, aquel gen dominante de la familia Miraz seguía latente dentro de él y repetía a cada instante: Un Miraz siempre consigue lo que quiere.

Lucy había recargado su cabeza en la espalda de su hermano al tiempo que cerraba sus ojos con una sonrisa placentera en el rostro, producto de la sensación que le causaba volver a cabalgar un caballo Narniano; era algo que la hacía sentir prácticamente invencible, borrando todos los problemas de su memoria, inclusive aquél sobre su familia biológica. Respiró profundamente y se llenó los pulmones de ese aroma tan exquisito que siempre estaba presente en el cuerpo de su hermano y la curvatura en sus labios se acentuó.

— ¿Quién es ese sujeto? -Inquirió desdeñosamente el moreno, justo cuando su hermana comenzaba a pensar que llevaba mucho tiempo callado
—Troy, Troy Miraz, el primo de Caspian -Respondió con total tranquilidad; sin embargo, sintió el cuerpo del chico tensarse bajo su abrazo- ¿Sucede algo?
—Me dices que ese tipo que nos viene siguiendo es el hijo del antiguo usurpador del trono, ¿y no tengo derecho a desconfiar? -Dijo, incrédulo
—Él ha sido criado por Caspian y su gente -Aseguró la ojiverde- Puedes desconfiar de él pero no de la crianza que nuestro buen amigo, el Rey de Narnia le ha dado -Apuntó con seriedad
— ¿Y si estaba mintiéndote? -No pudo evitar rodar los ojos
—Cálmate paranóico, lo tengo todo bajo control -Presumió, antes de lanzar una pequeña risa que hizo que los labios del de ojos chocolate se curvaran involuntariamente en una sonrisa

Cair Paravel seguía igual de majestuoso a como lo recordaban y ninguno de los Pevensie pudo evitar que su boca se entreabriera ligeramente al contemplar algo tan majestuoso. Lucy bajó del caballo justo cuando Troy hacía su aparición, seguida por Edmund que no tardó en ponerse de pie a su lado, más que nada para evitar que 'el sujeto', como había decidido llamar al primo de Caspian, volviese a acercarse a su hermana más de lo debido, pero ella le lanza una mirada reprobatoria

—Si gustan seguirme, sus majestades, los criados no tardarán en darles una habitación y ropas más apropiadas -Sonrió de lado antes de hacer una pequeña reverencia y un gesto que invitaba a los dos humanos a seguirlos dentro de la magnífica arquitectura que era su hogar.

Tal cual había anticipado el hijo de Miraz, damas de compañía no tardaron en rodear a Lucy para llevarla presurosamente hacia lo que se convertiría en su habitación y unos caballeros se ofrecieron a escoltar a El Justo a sus nuevos aposentos, donde encontraría una vestimenta adecuada para estar en Narnia.

La castaña logró convencer a las damas de que no necesitaba ayuda para vestirse y, sola se enfundó en aquél vestido casual que, a su parecer, seguía siendo demasiado ostentoso y algo que no se hubiera atrevido a usar si aún estuviese en la vieja Inglaterra. Se paró en una esquina de la habitación y la contempló embelesada, desde la cama adoselada de dos plazas hasta los majestuosos cuadros colgados en la pared; sin embargo, con seguridad podía afirmar que lo que más le gustaba de su nuevo cuarto era el enorme ventanal que le daba vista hacia el océano Oriental, donde las sirenas saltaban felices bajo la luz del sol; sonrió

—Disculpe, Su Majestad -Se giró hacia la puerta y distinguió el rostro del rubio telmarino en la puerta- ¿Puedo pasar? -Ella sornió
—Solo si dejas de decirme 'Su Majestad' -Condicionó, a lo que el muchacho rió y, asintiendo, ingresó en la habitación- Creo que no me llamaban así desde...bueno, hace bastante tiempo -Se encogió de hombros
—Entonces, Lucy -Y sonrió al decir el nombre- ¿Qué te ha traído de vuelta a Narnia? -Inquirió- Porque he de admitir que es algo bastante inusual que una Reina de antaño vuelva convertida en una bellísima dama -Y a este punto, ella no pudo evitar que sus mejillas enrojecieran suavemente
—No lo sé; como te dije, yo solo quería ir a mi ático -Se encogió de hombros, tal como había hecho momentos antes y se sentó al borde de la cama, indicándole con un gesto a él que también lo hiciese
—Y...¿por cuánto tiempo planeas quedarte? -Preguntó con interés, a lo que ella suspiró
—Lamento decir que tampoco lo sé...mis visitas a Narnia han sido siempre muy impredecibles, podría volver en cualquier momento -Explicó
—Una pena -Apuntó el muchacho- Sería...gratificante, para el reino que te quedases -Le sonrió con galantería y ella se puso de pie, con una media sonrisa de lado
—Eres muy amable Troy -Dijo, casi en forma ceremoniosa; él se puso de pie también
—Si me disculpas, debo ir a atender algunos asuntos -Comentó- Solo quería asegurarme que nuestra invitada se encontrara en no menos que perfectas condiciones -Tomó su mano y la besó con suavidad- SI hay algo que pueda hacer por tí Lucy, solo hazmelo saber
— ¿Dónde está mi hermano? -Cuestionó ladeando la cabeza levemente. El primo de Caspian soltó la mano de la joven y, debo decir, la galante sonrisa se desdibujó al momento de hacer referencia al otro Pevensie
—Al final del corredor -Respondió, casi como al pasar; sin embargo, la expresión monótona de su rostro se borró cuando ella se estiró para besarle la mejilla en agradecimiento
—Si me disculpa, su alteza -Hizo una graciosa reverencia antes de salir en dirección a donde el rubio le había indicado

Mientras cerraba la puerta de los aposentos de la antigua reina, Troy tuvo que admitir que jamás hubiese pensado que su pequeño paseo al Erial del Farol iba a traerle semejante belleza como lo era la ya no tan pequeña Lucy Pevensie, antigua gobernante de su país. Ni bien verla fue como si un hechizo hubeise caído sobre él, algo que lo obligaba a no apartar la vista de la reacia muchachita en bata que se encontraba a escasos metros de él, y creyó que unas cuantas bromas y algo de coqueteo simple bastaría, pero no fue sino hasta que ella mencionó su nombre que entendió la magnitud de la situación: Lucy, la Valiente había vuelto a Narnia y él quería que fuese suya, no importaba lo que Edmund dijese.

—Toc toc -Esa suave voz sacó de sus pensamientos al viejo Rey de Narnia que sonrió a la menuda figurita que se asomaba en su puerta
—Adelante, su Majestad -Bromeó el muchacho haciendo una reverencia al tiempo que Lucy se decidía a entrar a la habitación de su hermano.

Cuando Edmund alzó la vista, se encontró con una joven de castaños cabellos y esbelta figura enfundada en un casual vestido de castillo como los que Susan solía vestir la primera vez que había ingresado a este mundo del que una vez habían sido reyes; eso no hubeise sido ningún problema si aquél atuendo no acentuara todas y cada una de las suaves curvas que adornaban el cuerpo de la quinceañera; se obligó a tragar saliva y forzó a sus ojos a buscar los de ella, tratando de volver a la realidad.

—Te ves...te ves increíble Lu -Soltó, antes de pasarse una mano por el cabello con cierto nerviosismo; ella le sonrió
—Gracias; lo cierto es que me resulta algo extraño verte vestido como alguien de la realeza -Apuntó, yéndose a sentar a los pies de la cama, como hacía siempre en la habitación del chico en Inglaterra
—Bueno, tampoco es tan normal verte a tí así -Le contradijo él, yendo a la cama también pero para recostarse en ella. Lucy se giró y sonrió
—Troy preguntó cuanto tiempo ibamos a quedarnos -Comentó de repente, causando que la expresión de su hermano se tornara más hosca- Oh, vamos Ed -Rió suavemente
—No me agrada ese tipo -Masculló y miró a su hermana- Y tú le agradas de sobremanera -La acusó, causando que sus mejillas se sonrojaran violentamente; el corazón de Edmund se aceleró un poco ante tal vista '¿Por qué tiene que ser tan linda?'
—Alucinas -Sentenció la ojiverde antes de gatear hasta su hermano y, allí, acostarse junto a él; ahora sí, El Justo estaba casi seguro de que sus latidos podían oírse incluso fuera e Cair Paravel. Lucy suspiró y luego giró al cabeza para quedar cara a cara con su hermano; le sonrió- ¿No te fascina volver y...contemplar toda al belleza Narniana nuevamente? -Le preguntó, con voz soñadora y los ojos brillando de ilusión

En su mente, aún sabiendo lo mal que estaba, Edmund Pevensie no puedo evitar responderse que no era precisamente Narniana la belleza que le gustaba observar, pero sí estaba seguro de que La Valiente era una obra majestuosa que solo él podía contemplar, y si Troy Miraz pensaba ponerle siquiera un ojo encima, tendría que enfrentar las consecuencias por más primo de Caspian que fuese


Lo sé, muchísimo tiempo sin actualizar: culpen al colegio y a mi por no haber sido capaz de llevar als dos cosas a la vez. Pero, ¿saben algo? ¡Acabé el secundario! Yey, soy toda una universitaria con más tiempo libre, por ende he decidido retomar cosas que tenía abandonadas y que realmente me gustan, como es el caso de Don't Tell Anyone.

Sinceramente espero que el capítulo les guste y creo que es un poco más largo que los anteriores: realmente se lo merecían.

En fin, ya sabe, un Review me comunicará su opinión para decidirme entre seguir esta historia o dedicarme a otra cosa :P

Besos, melu