Don't Tell Anyone

Summary: Hace ya algún tiempo que Lucy y Edmund habían hecho su último viaje a Narnia, y es de extrañas cosas que les suceden de lo que esta historia hablará, algo que solo ellos saben, puede ser raro, incorrecto, pero solo te pido: no se lo digas a nadie
Advertencias: Incesto
Aclaración: Troy Miraz tiene 17 años aproximadamente.
Disclamer: Los personajes de Peter, Susan, Lucy y Edmund Pevensie, el usurpador Miraz y Caspian X, así también como el mundo fantástico de Narnia y todos sus habitantes son propiedad del increíble C.S. Lewis y yo solo lo uso a fines de entretención, sin ánimos de lucro. Únicamente me pertenecen el personaje de Troy Miraz y esta pequeña trama.


Chapter Five: You

—Troy preguntó cuanto tiempo ibamos a quedarnos -Comentó de repente, causando que la expresión de su hermano se tornara más hosca- Oh, vamos Ed -Rió suavemente
—No me agrada ese tipo -Masculló y miró a su hermana- Y tú le agradas de sobremanera -La acusó, causando que sus mejillas se sonrojaran violentamente; el corazón de Edmund se aceleró un poco ante tal vista '¿Por qué tiene que ser tan linda?'
—Alucinas -Sentenció la ojiverde antes de gatear hasta su hermano y, allí, acostarse junto a él; ahora sí, El Justo estaba casi seguro de que sus latidos podían oírse incluso fuera e Cair Paravel. Lucy suspiró y luego giró al cabeza para quedar cara a cara con su hermano; le sonrió- ¿No te fascina volver y...contemplar toda al belleza Narniana nuevamente? -Le preguntó, con voz soñadora y los ojos brillando de ilusión

En su mente, aún sabiendo lo mal que estaba, Edmund Pevensie no puedo evitar responderse que no era precisamente Narniana la belleza que le gustaba observar, pero sí estaba seguro de que La Valiente era una obra majestuosa que solo él podía contemplar, y si Troy Miraz pensaba ponerle siquiera un ojo encima, tendría que enfrentar las consecuencias por más primo de Caspian que fuese.

Finalmente, fue incapaz de decidir algo coherente para responder a su hermana, por lo cual se limitó a asentir con la cabeza, causando que ella diese un largo y profundo suspiro, antes de volver la vista hacia el techo de la habitación, pero él no podía apartar los ojos o la mente de aquella jóven mujer que se encontraba recostada junto a él con ambas manos en su vientre observando la nada con gesto ausente. Con sus ojos delineó su perfil recortado contra la luz que se colaba por el ventanal, deteniéndose más segundos de los necesarios en sus labios, rosados y perfectos, que se encontraban trazando una sonrisa suave.

Se preguntó si ese sentimiento que había comenzado a tener por su hermana era el castigo que Aslan o algún otro ser superior le había otorgado por todo ese tiempo en que él la había tratado mal e, incluso, había traicionado a Narnia; luego de un minuto de debate interno, se decidió a que eso era imposible, porque por más extraño que fuese eso que inundaba su ser, era demasiado hermoso para ser un castigo, es más, ya con solo incluir a Lucy estaba seguro de que era más bien una bendición. Cerró los ojos y por un segundo se permitió imaginar lo que sería esa situación si ella no compartiera su sangre; seguramente él ya la habría estrechado entre sus brazos y su boca estaría devorando aquellos labios carnosos y perfectos con cierta ferocidad y deseo, y sus manos no tardarían en comenzar a trazar un camino por su cuerpo hasta conocer de memoria cada una de aquellas suaves curvaturas presentes en su cuerpo de adolescente.

— ¡Lo tengo Ed! -Exclamó ella de repente, girándose rápidamente hacia el moreno dejando como resultado sus rostros a menos de cinco centímetros de distancia; él se obligó a concentrarse, pero ella por su parte solo pensaba en lo que acababa de cruzarse por su mente- Troy dijo que tenía que atender algunos asuntos -Le informó y, a la sola mención del pariente de Caspian, el gesto de Edmund se endureció, pero esta vez la pequeña Reina de antaño pareció no notarlo- y lo cierto es que hace tiempo que quería volver a Narnia, ¿sabes? Se me ocurrió que quizás quisieras acompañarme a caminar o cabalgar por los alrededores de Cair Paravel, ya sabes, como en los viejos tiempos -Le sonrió
— ¿Solos tú y yo? -Se atrevió a preguntar, mientras ella se sentaba en la cama
—Claro que sí, necesitamos privacidad -Le guiñó un ojo con diversión y él sintió como sus mejillas tenían intenciones de arder, más aún cuando ella se inclinó a besarle una mejilla con suavidad y, en lugar de incorporarse inmediatamente, se quedase ahí, a centímetros de su rostro, como si le gustara verlo sufrir- No acepto un no como respuesta, así que te quiero en cinco minutos en la puerta del castillo

Pudo ver las mejillas de la ojiverde volverse más rojas de lo habitual cuando dejó de hablar y solo se había quedado ahí por su ya casi típica conexión de miradas. Como pudo, alargó un brazo y acomodó un mechón del cabello de ella detrás de su oreja y le sonrió con cariño.

—Seguro, mi reina -Y ella rió con suavidad antes de incorporarse y, con paso ceremonioso, salir de su habitación dejando solo su exquisito aroma a...bueno, realmente no sabía de qué era ese olor, solo sabía que pertenecía a Lucy y con eso le bastaba.

Puso sus manos detrás detrás de su cabeza y miró el techo de su adoselada cama con una sonrisa en su rostro. Era plenamente conciente de que nada debería pasar entre Lucy y él, que no se podía permitir más que un simple amor fraternal y tenía que conformarse con esos abrazos dulces que ella le daba cada vez que hacía algo a su parecer heróico o simplemente tenía sus ataques de cariño, pero aún así su mente se empeñaba en mostrarle todo lo que podría ser y lo incitaba a aprovechar cada momento que compartía a solas con ella, como lo sería el paseo que acababa de sugerir.

Sonrió y, con paso apresurado se puso de pie y salió rápidamente de la habitación en dirección a la amplia galería de Cair Paravel, donde ellos tiempo atrás habían organizado numerosos bailes en los cuales miles de príncipes se aglomeraban en torno a Susan y, los más jóvenes, pretendían cautivar a su pequeña reina mediante bailes o comentarios graciosos, planes que él siempre se encargaba de desbaratar, robándose a Lucy por algunos minutos para bailar o, simplemente, mantener una charla amena en algún lugar alejado de esos tipos. Una risita se escapó de sus labios al ver un pequeño y no muy amplio corredor a un lado de la galería, el cual ya no estaba cubierto por aquél viejo tapiz como solía estarlo antaño; cuando puso su mano en la fría pared, sintió como varios recuerdos que creía perdidos inundaron su mente...

Susan lo fulminó con la mirada en el momento en que él hizo acto de presencia en la galería; se removió el cabello color azabache con algo de inquietud justo cuando ella comenzaba a golpear el suelo con su pie rítmicamente.

— ¿Dónde diablos te habías metido? -Fue todo lo que obtuvo como saludo cuando llegó cerca de su hermana
—Ya sabes, preparándome para esta cosa -Miró a su alrededor, donde la galería de Cair Paravel había sido decorada acorde al baile que La Benévola había decidido organizar para que nobles de todos los reinos cercanos acudiesen y así realizar diferentes tratos y negocios, aunque él siempre había sospechado que todo se trataba de que le encantaba la atención que los hombres le daban
—Nunca cambiarás, ¿cierto? -Protestó ella antes de darse la vuelta y, hecha una furia, salir hacia un grupo de príncipes que esperaban ansiosos su llegada
—Nunca dejarás de hacerla enfadar, ¿cierto? -La voz del Sumo Monarca se dejó oír a sus espaldas; el sonrió de lado y negó con la cabeza- Supogo que está bien, no se lo puede pasar ordenando a todo el mundo -El rubio se encogió de hombros y pasó su brazos por los de su hermano, a fin de conducirlo hacia los Cuatro Tronos para contemplar la escena

Edmund paseó la vista con cuidado por todo el lugar, estudiando a las personas que charlaban amenamente o las que bailaban con gracia al ritmo de la música que se dejaba oír proveniente del pueblo de Mar Oriental; si bien le interesaba saber que tipo de individuos se encontraban haciendo presencia en el castillo, era más que claro que, luego de haber visto a Susan y Peter, le interesaba más que nada saber el paradero de una persona en particular

—Lucy no está aquí, así que no la busques -Una sonrisa cómplice se extendió en los labios de su hermano, mientras él sentía que sus mejillas ardían un poco
— ¿Por qué Susan no ha ido tras ella aún? -Inquirió, haciendo que el rey a su lado frunciese ligeramente el seño
—Gran pregunta -Concedió, antes de excusarse y salir en busca de la organizadora del evento.

El Justo se dejó caer en su trono, con una copa de vino en su mano. En cierta forma, no le moelstaba que su hermana no se encontrara en la estancia porque, para ser francos, odiaba la forma lujuriosa en que los hombres la miraban cada vez que pasaba, sin mencionar que detestaba tener que oír los comentarios que éstos mismos sujetos hacían de la pequeña Pevensie cada vez que ella no los veía; sin embargo, tenía que admitir que cuando aquella reina no se encontraba en el salón, sentía que algo le faltaba, que la reunión se encontraba incompleta. Antes de que sus pensamientos siguieran divagando, la figura de su hermano se hizo visible por entre los invitados y ha de confesar que la mueca que zurcaba su rostro no le agradó para nada al de ojos color chocolate, quien se puso de pie casi inmediatamente, interrogándolo con la mirada.

—Debo atender un negocio con un Carlomeno, pero tú deberías ir hacia el último balcón, no me agrada mucho lo que está sucediendo allí

Si bien no entendió demasiado de lo dicho por el rubio, decidió que lo más prudente era hacerle caso, por lo cual se alejó con un asentimiento de cabeza en dirección al lugar antes mencionado. No fue algo demasiado anormal que arrancara suspiros a las bellas nobles que se encontraban en el salón a medida que pasaba y no le sorprendieron los murmullos de las mujeres que se lamentaban de que aquél rey en particular no estuviese interesado siquiera en mirar alguna de las que se encontraban allí; de hecho, era lo mismo que creía la mayor de sus hermanas, que siempre insistía de que debería, mínimo, invitar a bailar a cualquiera de aquellas nobles, aunque fuese solo para pasar el rato, sin embargo el alegaba a su título de 'El Justo' diciendo que no lo sería si hacía eso, ya que realmente no estaba interesado en ninguna de ellas. De hecho, si alguien veía a Edmund Pevensie bailando en cualquiera de aquellos eventos sociales, sería únicamente con la otra reina, Lucy, quien en diferencia sí solía bailar con algún que otro caballero, solo hasta la llegada del Sumo Monarca o su hermano.

—...lo cierto es que nunca me había puesto a prestar la suficiente atención a este tipo de cosas, ¿sabes? -Lo descolocó oír una voz masculina proveniente del lugar que Peter le había indicado, y solo se le ocurrió apurar más el paso
—Pues para mi son prácticamente vitales, como si necesitase estar de una u otra forma en contacto con la naturaleza -Ese timbre de voz lo reconocería donde sea y, efectivamente, al llegar pudo ver a su hermana recostada en el barandal del balcón y, junto a ella, un Noble caballero.

En ese momento, el discurso de Peter cobró sentido: no había querido decir 'deberías ir hacia el último balcón', sino 'un caballero idiota intenta coquetear con nuestra hermana, impídelo' y el estaba más que gustoso en obedecer. Le sorprendió que, antes de que él pudiese siquiera carraspear, la más pequeña de la realeza se hubiese volteado hacia él y le sonriera encantada; su acompañante también lo miró, pero claro que de una forma completamente diferente

—Sabía que no tardarías -Murmuró ella
—Lamento interrumpirte, hermana, pero el Sumo Monarca requiere de su atención por un momento -Edmund se acercó a ella y la tomó delicadamente del codo, alejándola de aquél caballero- Discúlpenos, señor

Y dicho eso, ambos reyes se escabulleron hasta llegar a un viejo tapiz que, habían descubierto, llevaba a un no muy amplio corredor que no tenían idea donde acababa. El moreno dejó a la chica pasar primero, notanto lo bien que le quedaba aquél vestido de terciopelo rojo, que marcaba justa y delicadamente cada virtud que el cuerpo de la joven de diecinueve años poseía. Ésta se paró en seco al llegar prácticamente a la mitad del pasillo y se giró hacia su hermano, sonriendo cálidamente

— ¿Me explicas dónde esta Pete? -Inquirió divertida
— ¿Me explicas que hacías con ese sujeto? -Él alzó una ceja y se cruzó de brazos, haciéndola reír
—Celoso -Le acusó, provocando que el rojo se apoderara de sus mejillas
—Peter estaba precoupado -Se excusó. Ella se le acercó y pudo ver en su rostro una mueca de ¿decepción?
— ¿Y tú no? -Preguntó- ¿A ti no te importa, Ed? -Se sorprendió ante su pregunta
—Claro que sí, Lucy, tampoco quiero verte cerca de cualquier sujeto -Aseguró y la sonrisa volvió a su rostro.

Se acercó más a ella y puso su mano en la barbilla de la castaña, sosteniendo su rostro para que esos ojos color verde que tanto admiraba hiciesen contacto directo con los suyos. Una sonrisa de orgullo y un poco de presunción hizo acto de presencia en el rostro de El Justo, quien acercó su rostro un poco más al de ella, hasta quedar a escasos centímetros

—Eres mia, Lucy, no olvides eso -Susurró contra su boca y...

Nada. 'Esto no puede ser...' prácticamente exclamó en su mente

—Dije diez minutos, no veinte -El mismo tono de voz casi cinco años más joven lo hizo girarse con un respingo, para encontrarse a la pequeña Lucy que llevaba un bolso colgando de su hombro- Apura el paso o Troy volverá antes de que lleguemos siquiera a los establos -Protestó, antes de darse la vuelta y comenzar a caminar hacia la entrada del majestuoso castillo.

No pasaron más que minutos hasta que ambos reyes se encontraron cabalgando por los alrededores de Cair Paravel; la sonrisa que de felicidad que se extendía por el rostro de la castaña no hacía más que provocar la misma mueca en los labios de Edmund, quien comenzó a preguntarse cuándo la simple sonrisa de una persona había comenzado a ser la causante de que una sensación de felicidad se expandiese por su cuerpo y una sola respuesta se abrió paso en su mente: ella lo tenía atrapado, ya no había más vuelta que darle ni había cabida para el 'quizás se trate de...'; no, ella lo había enamorado y era todo de lo que era conciente. Una simple mirada o abrazo de la pequeña era suficiente para alegrar todo su día, sin importar lo que viniese después, haciendo su vida mucho más brillante de lo que era antes de realmente verla.

Detuvo el caballo cerca de unos riscos y su hermana lo imitó, justo antes de bajarse del animal, contemplando el paisaje con ojos soñadores. El moreno solo se quedó de pie junto a ella observando el escenario que se extendía a sus pies, el mar, pero más que nada las expresiones en el rostro de su acompañante, que le resultaban por mucho más fascinantes que cualquier cosa que la naturaleza pudiese ofrecerle.

—Dejemos a los caballos aquí y bajemos a la bahía -pidió la castaña que, sin esperar respuesta, lo tomó de la mano para arrastrarlo por la orilla del acantilado para encontrar el mejor camino hacia la playa

Sintió una descarga eléctrica recorrer su mano allí donde las dos hacían contacto, pero era una sensación agradable, similar a la que la inundaba cada vez sus ojos se encontraban con los de él. Era algo que se le hacía difícil de explicar; una parte de sí le decía que lo más sensato era cortar ese tipo de sentimientos antes de que se transformaran en algo peor, pero por el otro lado, era tan placentero que le daba pena tener que dejar de sentirlo, más aún teniendo la posibilidad de elegir. Sintió un suspiro a su espalda, que bien podría tratarse de uno de frustración; intentó mirar por encima de su hombro para descubrir el motivo, pero lo único que logró fue apoyar mal el pie en el borde y casi terminar la bajada a la bahía deslizándose, si no fuese porque su hermano la había sujetado.

Las manos del moreno estrechaban fuertemente la cintura de la pequeña, cuyo corazón bombeaba rápidamente debido al susto que le causó aquél resbalón, sin mencionar que la cercanía de su hermano multiplicaba por cien el cosquilleo que sentía en su mano tan solo segundos atrás. Giró su cabeza a fin de disculparse, pero el rostro de Edmund tan cerca del suyo la tomó por sorpresa; sintió la recta naríz del muchacho en su mejilla y ambos alientos mezclarse, con respiraciones agitadas y el temor a establecer aquella conexión de miradas de la cual les costaba salir una vez iniciada. La pequeña hija de Eva, incapaz de pensar en el hecho en que todavía estaba prácticamente con un pie en el borde del abismo, giró su menudo cuerpo un poco más hasta quedar frente a frente con El Justo, que se negaba a soltar la cintura de la joven de su agarre. Aludiendo a su título, Lucy fue la primera en levantar su rostro buscando aquellos ojos chocolate, los cuales se encontraban mirando debajo de su nariz, pero que rápidamente subieron hasta aquellas obres verdosas con temor a verse descubierto.

Edmund fue incapaz de darse cuenta en qué momento las manos de la castaña había pasado a quedar sobre su pecho, pero poco le importaba si debía ser sincero. Haciendo gala de toda la valentía que solía demostrar en los campos de batalla, se atrevió a acercarse un poco más a aquel femenino y delicado rostro, rozando la punta de ambas narices y siendo capaz de contar aquellas graciosas pecas en las mejillas de la reina si lo deseaba, pero no era eso lo que quería en ese momento.

—Qué susto me diste -Susurró, cerrando momentáneamente los ojos a fin de adquirir algo de autocontrol
—Lo siento -Fue la única respuesta capaz de dar, ya que a penas si recordaba que tenía la capacidad de pensar una frase antes de decirla; sin embargo él no le pidió ninguna otra palabra y se limitó a mirarla por algunos segundos, antes de que una de sus manos prefiriese subir hasta la mejilla de la chica, que se sonrojó ante el roce de la piel rugosa de las yemas de los dedos de su hermano.

Su corazón latía desesperadamente, sentía que sus orejas ardían y, si debía ser sincera, todo eso la asustaba un poco, más aún ante la aparente calma que el moreno dejaba ver. Bajó la cabeza, avergonzada e incapaz de seguir manteniéndole la mirada al antiguo rey narniano; éste acomodó un mechón de cabello castaño detrás de su oreja sonriendo débilmente de lado. Soltó un pequeño suspiro de, probablemente, resignación y besó con suavidad la frente de la castaña justo antes de soltar su cintura de su agarre y buscar su mano para tomarla.

—Anda, sigamos caminando linda -murmuró, emprendiendo la marcha nuevamente por la orilla del risco, llevando una Lucy completamente anonadada detrás.

El silencio que se había establecido entre ambos no era incómodo, porque cada uno estaba eprdido en sus pensamientos particulares, ajenos a todo lo que los rodeaba, salvo el otro. Edmund se volteó una o dos veces, solo por el placer de ver a la quinceañera y dedicarle una sonrisa, esa que a la pequeña Pevensie le encantaba y, estaba segura, era solo de ella, sin mencionar que su hermano se veía realmente lindo sonriendo de esa forma. Lo estudió de arriba a abajo por unos segundos y suspiró ¿por qué debía ser tan apuesto y tan lindo con ella si así lo quería?

—Ed -le llamó dubitativamente. Él dejó oír un suave '¿si?', aún sin voltearse hacia ella. Se mordió el labio inferior con nerviosismo y, finalmente, soltó su pregunta- ¿en serio crees que soy linda?

Tuvo el impulso de girarse y, con un beso, responder esa pregunta que a su parecer era algo absurda, pero era más que claro que no sería la decisión más acertada. Sin embargo, se detuvo y la miró por encima de su hombro, sonriendo ante las sonrojadas mejillas de la joven que intentaba por todos los medios huír de la mirada de su hermano.

—Hermosa, Lu -Contestó


Quinto capítulo al fin, como regalito de Reyes Magos, Navidad, Año Nuevo o simplemente regalito porque las amo. No me pregunten por qué es un capítulo tan cursi, solo necesitaba un momento Edmund/Lucy en el cual Ed fuese la persona más tierna que pudiesen imaginar...o al menos, que sus pensamientos sobre la pequela Lulú fueran miel sobre azúcar, sin mencionar que se merecían algo lo suficientemente largo, compensando todo el tiempo que estuve sin actualizar u.u

Bueno, aquí hemos observado un pequeño FlashBack sobre una situación ocurrida antaño, en la época dorada entre ambos reyes en un pasillo del majestuoso Cair Paravel; me pareció divertido incluír escenas así que también contribuyen a un mejor capítulo y a la imaginación, al ser interrumpidos en los momentos cruciales. Creo que una buena aclaración es decir que los hermanos Pevensie poco recuerdan de su mandato, por eso recuerdos como este llegan como 'flashes' y no siempre están completos.

En fin, como siempre, la última palabra es suya y la pueden dejar con un lindo review ya sea incitándome a continuar, obligándome a abandonar el Fic, dejando preguntas, sugerencias...ya saben, todo tipo de cosas.

Un beso grande, meluu