Don't Tell Anyone
Summary: Hace ya algún tiempo que Lucy y Edmund habían hecho su último viaje a Narnia, y es de extrañas cosas que les suceden de lo que esta historia hablará, algo que solo ellos saben, puede ser raro, incorrecto, pero solo te pido: no se lo digas a nadie
Advertencias: Incesto
Aclaración: Troy Miraz tiene 17 años aproximadamente.
Disclamer: Los personajes de Peter, Susan, Lucy y Edmund Pevensie, el usurpador Miraz y Caspian X, así también como el mundo fantástico de Narnia y todos sus habitantes son propiedad del increíble C.S. Lewis y yo solo lo uso a fines de entretención, sin ánimos de lucro. Únicamente me pertenecen el personaje de Troy Miraz y esta pequeña trama.
Chapter Six: Almost
—Ed -le llamó dubitativamente. Él dejó oír un suave '¿si?', aún sin voltearse hacia ella. Se mordió el labio inferior con nerviosismo y, finalmente, soltó su pregunta- ¿en serio crees que soy linda?
Tuvo el impulso de girarse y, con un beso, responder esa pregunta que a su parecer era algo absurda, pero era más que claro que no sería la decisión más acertada. Sin embargo, se detuvo y la miró por encima de su hombro, sonriendo ante las sonrojadas mejillas de la joven que intentaba por todos los medios huír de la mirada de su hermano.
—Hermosa, Lu -Contestó
Lucy bajó la cabeza al seguir caminando solo para ocultar la sonrisa que se extendía por su rostro al oír aquellas palabras salir de la boca del moreno, quien no volvió a hablar hasta que llegaron a la playa, al igual que ella. Se estremeció ligeramente ante la primera brisa marina porque, como todos saben, la temperatura baja aún más cuando uno se encuentra a la orilla del mar, aunque es algo que la pequeña reina no había previsto. Su hermano la miró con una sonrisa de lado y soltó su mano para abrazarla por los hombros y atraerla hacia él.
—Solo a tí se te ocurre bajar a la playa en pleno invierno, ¿verdad? -La castaña se encogió de hombros en forma culpable
—No creí que haría tanto frío -Confesó, mientras sentí su cuerpo estremecerse ligeramente; su acompañante la miró con cierta preocupación
— ¿Quieres volver al castillo? -Sugirió rápidamente, a lo que ella se apresuró a negar con la cabeza; ¿y dejar que sus damas de compañía volviesen a comerse con los ojos a su amado hermano? ¡Nunca!
Momento... ¿ella había pensado eso? No era ninguna novedad que fuese alguien sobreprotectora con su familia y que había tenido un pequeño conflicto cuando una líder de porristas comenzó a coquetearle demasiado a Peter, pero de eso a querer tener a Edmund solo para ella había un gran paso, ¿no? Se sonrojó furiosamente ante ese último pensamiento Edmund solo para ella...¿Sería alguien capaz de explicarle qué sentía por ese muchacho que la abrazaba cálidamente en esos momentos, antes de que perdiese la cordura? En los últimos años ellos se habían unido bastante y que ella disfrutase de la compañía de su hermano era algo que todos tenían aceptado, pero últimamente tenía ese extraño deseo de querer sentirlo cerca, como si sus sonrisas y sus comentarios lindos ya no fuesen suficiente, como si aquella conexión de miradas fuese algo que necesitaba y sentir su aroma y su respiración era casi como una droga; ¿qué le había pasado?
—Lulú, ¿te sientes bien? -Dio un pequeño respingo al oirlo murmurar en su oído- No tienes buen aspecto... -Con su mano libre, la tomó de la barbilla obligándola a mirarlo; en sus ojos, distinguió un extraño brillo de preocupación. Maldita sea, Ed.
—Sí, yo... -Suspiró- Descuida Ed, estoy bien -Resumió.
Metida en sus pensamientos, ella no habló y él tampoco. Observó de reojo a la castaña que tenía la vista perdida en el mar y no pudo evitar suspirar. Si tenía que ser sincero, no era así como se había imaginado su tiempo con la pequeña Pevensie; no es que se hubiese ilusionado con una escena digna de las películas cursis que Susan solía mirar en Finchley, claro que no pero... Bueno, tenía que confesar que había esperado algo que incluyera las sonrisas y los abrazos de Lucy y esos comentario que lo dejaban pensando en algún significado oculto por horas...
— ¿Crees que podemos sentarnos? -La musical voz de la pequeña la sacó de sus pensamientos; asintió
—Creí que jamás lo pedirías -Bromeó
Ambos se alejaron un poco más del agua y se sentaron cerca de un par de rocas que podrían mantenerlos un poco al reparo del viento. Miró con atención el rostro de la joven que aún mantenía abrazada por los hombros y vio temblar ligeramente su labio inferior debido al frío. Se dijo a sí mismo que probablemente sus hormonas estaban más revolucionadas que lo usual, porque la idea más rápida que llegó a su mente para que los labios de su hermana dejasen de temblar fue atraparlos entre los suyos, aunque reprenderse mentalmente no fue suficiente, porque su rostro se acercó peligrosamente al de ella que, sorprendida alzó la vista para mirarlo, ajena al comportamiento inusual en su hermano que se había detenido dejando una distancia mínima e insignificante entre su boca y la de ella, distancia que se moría por anular pero sabía que sería imprudente hacer algo sin su consentimiento previo, lo cual fue la principal razón de que él buscase sus ojos, pidiéndole permiso con ellos.
— ¿Pasa algo? -Preguntó ella con suavidad; a veces, la inocencia de la joven le sorprendía enormemente. Cerró los ojos y suspiró con cierta resignación, como había hecho minutos atrás
—Nada Lu, solo creí que tenías algo...aquí -Hizo como que quitaba algo del rabillo del ojo de su hermana y sonrió forzosamente.
Volvió a sentarse correctamente, sin saber si maldecirse a sí mismo por sus acciones, a sus hormonas por impulsarlas o a Lucy por causarlas. Quitó su brazo de alrededor de su hermana y se despojó de su chaqueta, para ponérsela por encima de los hombros.
—Increíble que tus damas de compañía no hayan notado el frío que hacía afuera -Comentó, mientras ella le agradecía en silencio, con una sonrisa
— ¿No tienes frío? -Negó con la cabeza
—No tanto -Suspiró y se dejó caer en la arena, recostando su cabeza en el regazo de La Valiente, que solo acentuó más su sonrisa
Con aire distraído, Lucy comenzó a acariciar la cabeza de su hermano y jugar con su cabello, embriagándose con el aroma exquisito que el antiguo rey ya había transmitido a la chaqueta que horas atrás le habían dado. No pudo evitar relajarse y sonreír al ver la misma mueca en los labios del moreno, que parecía encontrarse descansando plácidamente, con los ojos cerrados, ajeno a la mirada cargada de ternura que la ojiverde le dirgiía.
—Ed -Le llamó en un susurro; él abrió un ojo perezosamente- Te quiero
—Yo también te quiero, pequeña -Más de lo que todo el mundo, incluída tú, cree. Añadió mentalmente
—No soy tan pequeña -Comentó, como quien no quiere la cosa; Edmund abrió los ojos y la miró divertido
—Tienes quince, eres una niña -Replicó, no porque lo creyera así, sino porque le gustaba tener esas pequeñas discusiones con ella, quien frunció el seño ligeramente
—Pues no muchos años atrás, las mujeres solían casarse a mi edad -Le dijo, dejando su cabello y cruzándose de brazos
—Sí, bueno...pero tú no vas a hacerlo -Apuntó, muy seguro de sí mismo- Cómo máximo, lo que conseguirías sería un niñero -Añadió con malicia, levantándose del suelo justo a tiempo para evitar el golpe que su hermana pensaba propinarle.
Ella también se puso de pie y el atinó a salir corriendo por la orilla de la playa, con ella pisándole los talones y gritándole mil y una cosas acerca de la edad y lo que podría llegar a hacer. Edmund rió cuando se frenó en seco y volteó para quedar de frente a la castaña, a quien la acción la tomó por sorpresa, logrando que se estampara contra el cuerpo del chico, que la tomó fuertemente de la cintura perdiendo el equilibrio y cayendo nuevamente a la arena, entre pequeña risas mal disimuladas. Él la miró con una ceja en alto y una sonrisa divertida en su rostro, aún sujetando el menudo cuerpo de la joven contra el suyo.
—No soy ninguna niña, Edmund Pevensie -Intentó finalizar la discusión la ojiverde- Te encantaría ver lo que podría hacer con un lindo niñero en casa -Agregó con presunción; él frunció el seño
—No puedes estar pensando en ese tipo de cosas, sobre todo hablando de un desconocido -Masculló
— ¿Quién dice que no lo conocería esa noche? -Inquirió provocativamente. El moreno bufó y ella rió musicalmente antes de besarle la mejilla- Bromeo, Eddie, solo quiero que ya no me digas pequeña -Se quejó
—Eres mi pequeña, Lulú -Ella acomodó sus rodillas a ambos lados de la cadera del joven rey, irguiéndose, y él quitó sus manos de su cintura para apoyarlas tras de sí e incorporarse un poco también- No vas a cambiar eso -Y Lucy tuvo que admitir que ser la pequeña de Edmund, era mucho mejor que ser una simple niña.
—Bien... -Suspiró resignada- Aunque para Troy ya soy toda una dama -Le recordó, haciendo que él rodara sus ojos
—Ese sujeto es un simple imbécil que no tiene derecho a mirarte ni un segundo más de lo permitido -Soltó; ella alzó una ceja
—Y eso sería porque...
—Porque eres mía, Lucy -Las palabras salieron rápidamente de su boca incluso antes de que pudiese razonarlas- No lo olvides... -Añadió en un tono más bajo, un poco avergonzado por lo que acababa de decir.
Lejos de incomodarse con las palabras del moreno, Lucy solo fijó su mirada en él, ladeando la cabeza ligeramente y sopesando las frases oídas. Una de sus manos subió a su rostro y acarició su mejilla con suavidad, causando que unas imágenes comenzaran a hacer presencia en su mente, como si de flashes se tratara: dos pares de labios demasiado cerca, vio como unas manos varoniles recorrían una esbelta cintura, abriéndose paso a través de lo que parecía ser terciopelo... Parpadeó y su mente volvió a concentrarse en la realidad, donde el rostro de su hermano estaba casi tan cerca como lo había estado minutos atrás, pero esta vez ella quería hacer algo. Tomó el rostro del chico con ambas manos y lo acercó aún más a ella, ante su atónita mirada; con suavidad, depositó un beso en la comisura de su boca.
Lucy solía ser una persona muy afectiva; podía pasarse días enteros abrazada a Peter cuando niña y, al crecer, lo que más le gustaba era pasar tiempo con su otro hermano y mandarle sonrisas, revolverle el cabello, abrazarlo o, simplemente, besarle ruidosamente las mejillas, pero ella jamás lo había besado allí. Algo recorrió su cuerpo rápidamente, era una cosa entre electricidad y calidez pero completamente indescriptible: como pudo se las ingenió para poner una mano en la espalda baja de la castaña para así impedir que ella se echara hacia atrás, aunque en ningún momento lo intentó. En ese instante, supo que ese era el momento que había estado esperando durante los últimos meses y que no podía desperdiciarlo.
No estuvo seguro de si sus labios rozaron o no los de la ojiverde, pero lo que realmente quiso en ese momento, fue desaparecer el mar que tan inoportunamente había mandado una ola más alta de lo normal para que cubriese por completo a ambos hermanos. Corrió el rostro hacia un lado y, asquedado, escupió el agua salada que había logrado colarse en su boca, justo como ella hacía antes de ponerse de pie. Deseo poder dejarse caer en la arena, golpear el suelo y maldecir al universo por haber arruinado su momento perfecto, pero era más que obvio que eso no era algo muy prudente y, si debía ser sincero consigo mismo, tenía que recordarse que siempre las cosas pasaban por algo.
—Estoy congelándome -Oyó a la pequeña protestar que, cruzada de brazos, le daba la espalda. Con pesar, se puso de pie y sin decir palabra comenzó a caminar en dirección a donde habían dejado los caballos.
Una o dos veces abrió la boca para decir algo, desde disculparse hasta hacer un comentario gracioso sobre el tema pero, simplemente, no salió nada de utilidad. Por otro lado, la cabeza de La Valiente daba tantas vueltas como un huracán: ¿¡qué rayos había estado a punto de hacer! Tener el deseo de besar a tu hermano no era ética o moralmente correcto; si bien una vocesita interna le recordó que al parecer no eran hermanos de verdad, su lado racional del cerebro observó que de todas formas era su familia de corazón. Soltó un suspiro algo triste y él lo notó, por lo cual la abrazó por los hombros, sin saber si eso la confortaría realmente o no.
Ni bien pisaron el castillo, Lucy corrió escaleras arriba a encerrarse en su cuarto, asustada con toda la situación. Por un lado, agradecía enormemente la intervención del mar minutos atrás, pero por otra parte, la idea de que Edmund hubiese tratado de besarla hacía que miles de mariposas revolotearan en su interior...o quizás solo estaba imaginando cosas. Se masajeó las sienes con ímpetu, como solía hacer Peter cada vez que discutía con su hermano.
¡Maldición! ¿Por qué él tenía que estar en todo? Tomó la almohada de su cama, la presionó contra su rostro y gritó con fuerza, desahogándose. Estúpido Ed...¿por qué tenía que ser tan condenadamente lindo? Probablemente su 'paseo privado' había sido la peor idea que había pasado su mente. Suspirando se dejó caer sobre la cama, aún abrazada a la almohada como si ésta fuese un ancla; deseó que Aslan estuviese allí, el siempre sabía que hacer ¿no? Aunque claro, generalmente se trataba de asuntos de los cuales dependía la existencia de Narnia y no insignificantes problemas de sentimientos. No pudo evitar que un bufido de resignación se escapara de sus labios mientras alzaba un poco la vista para mirar como el sol se ocultaba tras su ventanal, justo antes de cerrar los ojos con pesar.
Si la pequeña Lucy estaba mal, era total y enteramente su culpa, era incapaz de decir lo contrario; lo cierto es que la conciencia no paraba de atormentarle desde el momento en que ella se deshizo del brazo que él tenía sobre sus hombros y rápidamente había desaparecido en su habitación. ¿Por qué era tan idiota? Si tan solo hubiese tenido algo de autocontrol, nada de eso habría sucedido y ella seguiría tan alegre como siempre.
Gruñendo, solo se quedó mirando por un ventanal como el sol se ponía en el horizonte, sin importarle en lo más mínimo que su ropa aún siguiese húmeda. Como la mala suerte parecía perseguirlo desde que había puesto su pie en Narnia, Troy regresó a Cair Paravel en ese preciso instante; obviamente, la mirada de inconformidad de El Justo no se hizo esperar.
—Si sabes que para darte un baño debes quitarte la ropa, ¿verdad? -Se burló el muchacho; si hubiese sido un animal, Edmund probablemente le hubiese enseñado los dientes en ese momento, pero se limitó a dirigirle una mirada rabiosa
—Cierra la boca Miraz, o probarás mi puño -Advirtió
—Amenazar un miembro de la familia real es un crimen -Dijo apresuradamente
—Soy un Rey, así que cállate o mi real pie terminará en tu trasero, ¿oíste? -Masculló; él rubio alzó las manos en señal de paz y rodó los ojos ante la actitud del chico. Se cruzó de brazos y se recargó junto a la ventana por la que Ed miraba.
— ¿Dónde estás Lucy? -Preguntó minutos después
—Donde se quedará: Lejos de ti -Respondió entredientes el Rey, a lo que el primo de Caspian frunció el seño
—Vaya, parece que tuviste un mal día -Comentó al aire y el varón menor de los Pevensie se contuvo de extrangularlo justo allí
Ninguno de los dos dijo nada; Edmund estaba absorto en lo que había ocurrido no mucho tiempo antes y, a juzgar por su apariencia, Troy parecía concentrado en algo que no era su hermana, lo cual lo dejaba bastante más tranquilo, aunque la expresión en su rostro lo desconcertaba un poco.
La cena no tardó en llegar y el moreno notó que el puesto en la cabecera de la mesa estaba vacío; frunció el seño ligeramente y estudió con la mirada al primo del Rey de Narnia, que comía sin decir palabra alguna excepto cuando algún centauro aparecía a darle un pequeño comunicado en el oído, que también tenía ese mismo brillo de extrañeza en los ojos. Ambos muchachos eran los únicos en la mesa, ya que ni siquiera Lucy había bajado a comer; el rubio pasó toda la comida en silencio, exceptuando algún comentario del tipo '¿Me pasas la salsa?' y, si tenía que ser sincero, eso le preocupaba bastante, por lo que intentó sacarle algo de información en medio de fallidos intentos de conversación, pero el chico no soltó palabra alguna.
Sí, un algo corto capítulo seis, pero es más que nada un capítulo de transición. ¿Qué pasó con Troy mientras atendía sus asuntos? ¿Por qué Caspian X todavía no llega? ¿Qué pasó con su supuesta futura esposa, la hija de Ramandu?
Otro pequeño momento Ed/Lu, solo porque no puedo evitarlo...¡tengo tantas ganas de que llegue el momento! Pero ya, me controlaré. La verdad, es que este capítulo no está entre mis favoritos, pero tenía que mostrar lo que estaba ocurriendo con el resto de la familia real, sin embargo, ustedes son las que deciden eso, con sus lindos reviews.
Estoy pensando en reescribir los primeros tres capítulos, porque he cambiado un poco (creo) la forma de narrar y explicar las cosas que, siento, es bastante pobre en los primero capítulos, así que si llego a hacer algún cambio les avisaré, por si quieren darle una leída; a su vez, también estoy armando el 'Soundtrack', porque como todos saben, las historias siempre tienen música de fondo xD
Bien, eso es todo por ahora -creo-; ¡nos leemos!
Un beso, melu
