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Capítulo I:
Me levanté algo cansada y sin ganas de empezar el nuevo día. La noche anterior, nos habíamos quedado hasta muy tarde en los bosques, mientras tratábamos de encontrar algo que cazar y llevar a casa.
Últimamente, los conejos, venados y ardillas escaseaban, y eso me preocupaba. Aquellos animales, habían sido nuestra mayor fuente de alimento desde hacía varios años, y ni siquiera, las teselas que pedíamos en el edificio de Justicia o el trabajo de tía Ginny en una fábrica, serían suficientes como para cubrir nuestros gastos .
Me removí entre las sábanas, y volví a cerrar los ojos.
¿Por qué?, pensé amargamente, ¿Por qué nos ocurría esto?
No sé, si era cuestión de suerte o azar, pero parecía que la vida siempre había estado en mi contra, comenzando desde que era pequeña, habiéndome dejado en completa orfandad cuando apenas tenía uso de razón.
Todo eso, me había hecho madurar demasiado pronto.
Pero, no me podía quejar de la tía Ginny, ella había resultado ser una excelente madre para mí y Hugo. Desde que tenía memoria, se había encargado de criarnos como si fuéramos sus propios hijos, y nosotros la veíamos como una verdadera mamá.
Por otro lado, los abuelos, también cuidaban de nosotros. Ellos siempre habían buscado la manera de sacarnos una sonrisa hasta en los peores momentos, y con mucho esfuerzo, lograron recrear el cálido y armonioso ambiente familiar en el que habían vivido antes de la guerra.
Mis otros primos y tías, también vivían en la Veta, pero al menos, ellos sí tenían a sus madres al lado, y eso era algo que, a veces, envidiaba.
Sin embargo, la misma situación, me había enseñado a ser fuerte y astuta, pero sobretodo, había aprendido a nunca confiar en nadie que no fuera de la familia.
-¿Ya estás despierta?-preguntó Lily, mientras me quitaba las sábanas de encima.
-Desperté hace media hora.- le contesté poniéndome de pie, y recogiendo mi pelirrojo cabello en una trenza.
-¿A qué hora llegaron anoche?…-me preguntó tendiendo su cama.- Traté de esperarlos, pero me quedé dormida... Quise encubrirlos, pero mamá se enteró que no estaban… No sé cómo lo supo...
-Sí, Hugo me lo dijo…-le comenté.-De todas formas, no cazamos mucho...
-¿Por qué?
-No encontramos muchos conejos.-le respondí sin querer preocuparla.- Ahora, cámbiate o llegaremos tarde a la escuela.
Ella, me hizo caso, y obedientemente, corrió a los baños del primer piso.
Rápidamente, y sin perder más tiempo, me deshice de la pijama y busqué la ropa que me pondría encima. Sin tener mucho cuidado, rebusqué en el baúl que tenía al pie de mi cama, y en medio de toda esa ropa revuelta, apareció el vestido que siempre llevaba en las cosechas. Parecía, que era como un recordatorio, que me anunciaba que los juegos se acercaban.
Aún faltaban dos meses, pero siempre reaparecía el mismo miedo por está época, el mismo temor de que escogieran a alguno de mis primos, pero sobre todo, de que eligieran a Hugo o Lily.
Ambos, eran dos años menor que yo y me sentía en la necesidad de protegerlos, en especial por Lily, quien a diferencia de mí, era bastante indefensa. Ella no sabía trepar árboles, nunca se había atrevido a cazar un animal, y mucho menos, lograría luchar contra alguien.
Toda mi vida, la había protegido desde la escuela hasta casa, y la consideraba mi hermana menor. Ambas, nos habíamos criado juntas y éramos muy unidas, teníamos un vínculo inquebrantable, y cada cosecha era una horrenda tortura para las dos.
-¿Vas ir a la escuela?-me preguntó Albus bostezando, mientras tomaba un pan y le untaba miel.
-¿No crees qué ya has faltado demasiado?-le respondí.
-No.-contestó.-Prefiero, pasar el día haciendo otra cosa, que ir a esa escuela.
Simplemente, me limité a mirarlo, su madre estaba parada detrás de él y había escuchado todo.
-¿Qué has dicho, Albus Potter?-le espetó la tía Ginny completamente sorprendida. De todos nosotros, Albus siempre había sido el más serio y responsable.- ¿Acaso has estado faltando a clases?
Él, se encogió de hombros y miró a otro lado.
-No entiendo, porque quieres que siga yendo, mamá. De igual manera, voy a ir a las minas cuando termine…
-Deja de decir eso, Albus. -Le contestó mi tía frunciendo el ceño.- Tú, vas a acabar la escuela al igual que James... Así, es como lo hubiera querido tu padre…Todos lo harán.
Rodeé los ojos y tomé un sorbo del té que la abuela había preparado.
Sin que lo notara, James, ingresó a la cocina, y se dejo caer en una de las sillas del comedor.
-Escúchenme bien, ustedes tres.-continuó diciendo, la tía Ginny, sin quitar su tono enérgico y poniendo ambas manos alrededor de su cintura.- No quiero que vuelvan a regresar a los bosques de noche… ¿Cómo se les ocurre hacer algo así? ¿Acaso piensan matarme?-nos reprimió.- Gracias a Dios, que no los encontró ningún agente de la paz…¿Saben lo que hubiera pasado si eso ocurría?
-¿Nos cortaban la lengua?-inquirió James en tono sarcástico.-Tranquilízate, mamá. Louis, también estuvo con nosotros.
Todos reímos, menos la tía Ginny.
-Después, seguiremos hablando sobre eso. Ahora, tomen sus desayunos, y no lleguen tarde a la escuela.-nos dijo dándose media vuelta, y retirándose.
Cuando, estuvo lo suficientemente lejos como para no oírnos, rompí el silencio.
-Volveré, después de clases.-sentencié.-Anoche, no cazamos casi nada.
-Voy contigo…-dijo James.
-¿Acaso están locos?-agregó Lily.-¿No oyeron a mamá? Tuvimos suerte, de no haber sido descubiertos por ningún agente.
-Y si tenemos suerte, más tarde encontraremos algo que cazar.-le replicó su hermano mayor.
-No cuenten conmigo.-murmuró Albus.-No estoy hecho para la caza. Anoche, tropecé más veces de las que puedo imaginar...-dijo mientras salía de casa.
Nadie podía culparlo, su puntería no era tan buena como la mía, y sólo había ido por obligación. Él prefería ayudar en otras cosas, como hacer las trampas de conejos o conseguir algún objeto que necesitáramos.
-Eh, Rose, no olvides que ayer hicimos una apuesta.-comenzó a decir James, sacándome de mi nube.
-Claro que no lo he olvidado…-contesté guiñándole un ojo.- Veremos, quien caza más ardillas después de clases.
Mi relación con todos mis primos, era excelente, pero con James, podía decirse que era especial. Juntos habíamos aprendido a cazar y siempre nos bromeábamos. A veces, teníamos tanta confianza, que terminaba por sentirme confundida.
Luego de esa charla, nos dirigimos a la escuela, y antes de llegar, notamos que había un gran alboroto en medio de la plaza.
Sin contemplación alguna, vimos como unos agentes de la paz se llevaban violentamente a un muchacho.
-¿Qué ha pasado?-me preguntó Lily.
-No lo sé…-contesté.
-Un idiota, se atrevió a robar algo en la zona comercial…-nos contestó Louis, quien iba en compañía de Fred.
-¿Ya se van a las minas?-le pregunté al ver que llevaban picos.
-Sí.-me contestó.-¿James no está con ustedes?
-Se fue antes.-le respondí.-Lo verán, allá.
Louis, asintió.
-Espero que tía Ginny, no les haya castigado por lo de anoche.-me dijo.
-No, no lo ha hecho.-finalicé sonriendo.
Nos despedimos, y cada quien siguió su camino.
Todos ellos, tenían suerte.
Tanto Roxanne, Fred, Louis, Dominique, Lucy, Molly y Victorie, habían pasado la mayoría de edad, y por ello, ya no participaban en los juegos.
Habían tomado tantas teselas, que siempre temieron ser elegidos, pero nunca lo fueron.
Suerte, supongo.
Fin del primer capítulo.
Saludos.
