Hola! No tomaré mucho tiempo, solo quisiera agradecer a arpey, nilse malfoy, princesaartemisa y Elena Bathory por sus comentarios y sus adds (disculpen la poca efusividad u_u estoy a punto de salir de viaje y no quería dejar pasar otra semana para subir el capítulo... prometo compensarlo a la próxima ^^). Espero que la historia les siga agradando y sobre todo el siguiente capítulo tranquilín (créanme, está tranquilo a comparación de lo que han leído y lo que leerán próximamente :D *risa malvada*). Aaaa, la crueldad xD

Amor y paz ;)

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Amigos.

Gruesas lágrimas resbalaban desde sus ojos y corrían por sus mejillas para caer finalmente en el verde prado. El aire refrescaba, a pesar de que se encontraban a principios de mayo. Sin embargo, el chico parecía no percatarse de ello. Su mirada se encontraba perdida en el horizonte, y en lo mas profundo de su ser, el joven cavilaba meditabundo. No sintió la presencia de la chica hasta que ella pronunció su nombre.

– ¿Harry?

El ojiverde miro al lugar de donde provenía la voz. Ginny Weasley se encontraba ahí de pie, mirándolo. Al igual que él, la pelirroja tenia los ojos rojos e hinchados, la nariz sonrosada y el aspecto de ser la persona más infeliz sobre la faz de la Tierra.

– Ah… Hola Ginny…

– ¿Te… te encuentras bien?

El chico no respondió. Dirigió su mirada nuevamente hacia la cristalina superficie del lago. Emitió un largo suspiro antes de contestar.

– ¿Acaso parece que estoy bien?

Los ojos de Ginny volvieron a llenarse de lágrimas. Sin pronunciar palabra, se sentó a un lado del chico del cual estaba locamente enamorada.

– ¿Es… es por Hermione, cierto?

Harry vaciló antes de contestar. La chica a su lado contaba por completo con su confianza, y en cualquier otro momento no hubiera dudado en contarle su problema. Sin embargo, había algo en su mirada, algo que él no podía describir, algo que le impedía decidirse a revelarle la verdad. Sin embargo, apostó por arriesgarse.

– Ay Ginny… No sé que hacer…

Para sorpresa de la chica, el ojiverde se arrojó en sus brazos, mientras las lágrimas volvían a deslizarse por sus enrojecidas mejillas. Ginny acarició el desordenado pelo negro, disfrutando de su contacto, mientras sus propios ojos se llenaban de lágrimas al saber que el llanto del chico era por otra muchacha. El joven, entre sollozos, comenzó a desahogarse.

– Dios mío… Cómo pude ser tan estúpido…

– Harry, no digas eso…

– ¡Es la verdad! ¿Cómo pude ser tan idiota para enamorarme de Hermione, sabiendo que ella nunca me haría caso?

– ¡Claro que no, Harry! Hermione está mal, no se da cuenta de que tiene frente a sus narices al chico más maravilloso sobre el planeta…

– Si, claro, el chico más maravilloso… Y sin embargo, prefirió al idiota de Malfoy… - murmuró Harry con amargura.

– Harry, Hermione no sabe de lo que se está perdiendo…

Harry guardó silencio, mientras pensaba cómo expresar lo que sentía.

– No lo sé, Ginny… Por un momento… - se aclaró la garganta. ¡Era tan difícil pronunciar esas palabras! – Por un momento, pensé… Pensé que tal vez ella sí me quería del modo que yo la quería… del modo que yo la quiero…

Ginny guardó silencio. Todo era tan duro, tan terrible, tan doloroso.

– Pero todo fue un engaño, un estúpido engaño… Y yo fui un estúpido por enamorarme de ella…

– Bueno Harry… - La voz de Ginny temblaba al momento de responder. – Tal vez sea que Hermione no es la chica indicada para ti…

Harry no dijo nada. La garganta le dolía, los ojos le ardían y su corazón suplicaba por un descanso.

– Y entonces, ¿quién lo es?

Ginny no podía más. El llanto comenzó a afluir desde lo mas hondo de su ser. Harry la miró alarmado.

– Ginny, Dios… ¿Te encuentras bien?

La chica no podía contener las lágrimas. Sus sollozos resonaban quedamente, mientras el ojiverde la observaba preocupado.

– Ginny, yo… No quería agobiarte con mis problemas… Lo siento mucho…

– N-no es eso, Harry…

– Entonces, ¿qué es?

Ginny vaciló. ¿Debía confesar a Harry lo que sentía por él?

– Es que… Es mu-muy difícil…

– Pero sabes que cuentas conmigo, Ginny… Somos amigos, ¿o no?

"Somos amigos, ¿o no?" Esta última frase tardó en penetrar en la mente de Ginny. "Amigos… Amigos, sólo amigos, Ginny, no eres nada para él, nada más que una amiga, sólo una amiga…". Sin embargo, dejó en el alma de la chica un resentimiento terrible que le carcomía por dentro y le hacía daño.

– Amigos… Si, claro Harry, somos amigos, ¿eh? Amigos, muy buenos amigos, ¡y nada mas!

La chica escupió las palabras con una amargura y una rabia tales que Harry se desconcertó por completo.

– Ginny, ¿qué sucede?

– Nada, nada en absoluto… Sólo que esta amiga tuya también fue una estúpida…

Y dicho esto, la chica se levantó y corrió, tratando de controlar las lágrimas que escapaban de sus ojos castaños, mientras el chico de ojos verdes la miraba alejarse, tan confundido como herida se encontraba ella.

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"¡Dios mío, Dios mío! ¿Cómo fue que te metiste en esto, Hermione?". La castaña paseaba por su habitación como león enjaulado. Había logrado llegar a ella trepando el muro con magia, del mismo modo que Draco solía subir hasta la alcoba, evitando de ese modo a los Gryffindors que seguían congregados en la Sala Común. Hermione no creía que sus nervios aguantaran una discusión más. Sin embargo, hubiera estado dispuesta a tolerar gritos y reclamaciones y perder la poca cordura que le quedaba, con tal de retroceder el tiempo hasta esa mañana. La vergüenza y el arrepentimiento le hacían daño hasta lo más profundo de su ser. Y no obstante, sabía que se merecía todo lo que estaba padeciendo, y aún más.

La muchacha se sentía particularmente intranquila por no haber hablado con Harry. El error de la mañana la estaba haciendo perder todo: a Draco mismo, a sus mejores amigos, la confianza de Dumbledore… "No puedo más, ya no. Debo encontrar a Harry en este instante" pensó con determinación. Con cierta torpeza, descendió nuevamente por la ventana, dispuesta a encontrar a su mejor amigo… si es que todavía cabía el llamarlo así.

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"Es increíble lo poderosas que pueden ser las lágrimas. Casi como la magia. Aunque… pensándolo bien, se trata realmente de magia… Es una de las tantas magias del corazón…". El muchacho terminaba de limpiar los surcos que corrían desde sus preciosos ojos verdes, aunque sabía que el origen de ellas era aún mas profundo… Esas lágrimas venían desde su alma, desde la esencia de su ser. Ya no lloraba, era cierto. Sin embargo, ahora persistía un dolor seco en el pecho, mucho más agudo que el provocado por la ira, el sufrimiento, la desesperación. Caía en cuenta de que era el dolor de la resignación.

El joven estaba tan concentrado en sus lúgubres pensamientos, que no reparó en la sombra que lentamente se acercaba a él. Reaccionó cuando la silueta pronunció su nombre.

– ¿Harry? – preguntó tímidamente.

Los penetrantes ojos verdes del muchacho se posaron en Hermione, que nerviosamente desviaba la mirada. Era incapaz de sostenérsela.

– ¿Qué quieres? – respondió aquel con una combinación de amargura, resentimiento y aparentando indiferencia.

– Harry, por favor… Necesitamos hablar…

– Creo que todo está muy claro entre nosotros dos, Hermione… ¿O debería decir tres? – dijo el muchacho con frialdad.

– Harry, escúchame…

– Ya te escuché una vez, Hermione, y me mentiste. Me dijiste que me amabas, ¡y no era cierto! ¡Una vil mentira, eso es lo que fue todo, una sucia, repugnante, asquerosa MENTIRA!

– ¡Harry, basta! Me equivoqué, lo admito, ¡por eso es que estoy aquí! ¡Para reparar todo el daño que hice!

– Tus palabras no pueden regresar las lágrimas que ya derramé por ti… Ni tu ni nadie puede desaparecer el sufrimiento que pasé… Mejor dicho, que pasamos Ginny y yo…

– ¿Has hablado con ella? – preguntó la castaña, desconcertada y temerosa de lo que la pelirroja pudiera haber dicho acerca de ella.

– No muy bien… Parecía también muy dolida, pero ahora que lo pienso, no puedo explicarme por qué…

– Harry… No sé si a mí me corresponda decirte esto… Pero lo haré, porque ya estoy harta de mentir; no tiene sentido seguir engañándonos todos. Ginny… Ginny está enamorada de ti.

Harry permaneció en silencio un momento. Las palabras no terminaban de adentrarse en su mente. Cuando por fin lo hicieron, sólo pudo emitir un gesto de incredulidad que sonó como un "¡¿Qué?!"

– Si, ella siempre ha estado enamorada de ti, desde la primera vez que te vio. Pero siempre fue demasiado tímida para confesarlo… Ahora ya lo sabes…

– Wow, yo… Yo nunca… Digo, ¿Ginny? Nunca… nunca me lo hubiera imaginado. Siempre… siempre la he visto como la hermanita de Ron…

– Pues así son las cosas, y el hecho es que Ginny te adora, pero no es correspondida.

– No… no lo es, y lo lamento muchísimo por ella, pero no lo será.

– ¿Y por qué no?

– Porque… Porque yo te amo a ti, Herm.

Un nudo se formó en la garganta de la leona, que tuvo que desviar nuevamente la mirada.

– Ay, Harry… ¿Por qué no puedes amarla a ella?

Tras una pausa, el muchacho replicó.

– ¿Y por qué no puedes amarme tú a mí, Hermione?

Súbitamente, la joven lo miró a los ojos. Los de él reflejaban un anhelo desgarrador, una desesperación por escuchar las palabras que él mismo sabía que no oiría.

– Lo siento tanto, Harry, no te imaginas cuanto…

– ¿Por qué, Hermione? ¿Por qué él, y no yo?

– Harry, yo… - La voz de la muchacha amenazaba con traicionarla, así que tomó un largo suspiro antes de continuar. – Harry, es… Es algo que se simplemente se dio, algo que no pude evitar, que no estuvo en mis manos, ni en las de él.

– ¡Pero es Malfoy, Hermione! ¡Draco Malfoy! – respondió Harry, suplicante.

– Lo sé, lo sé… Pero debes entenderlo, Harry; al amor no le importa de quién se trata o si es la persona indicada. Si realmente tú me… si realmente estás enamorado de mi, debes comprender cuando uno se enamora, le es casi imposible lograr olvidarse de esa persona…

– Si… Lo sé…

Ambos leones permanecieron callados, observando el sol que ya se había comenzado a ocultar. Por los verdes prados corría una fresca brisa, que provocaba suaves olas sobre el lago.

– ¿Harry?

– ¿Qué pasa?

– ¿Realmente… realmente irás con Dumbledore a decirle lo que hay entre Draco y yo?

Harry suspiró profundamente, evitando cualquier contacto visual con Hermione.

– Yo… No lo sé, Herm… Mi cabeza me dice que debo hacerlo, que tengo la obligación de protegerte de cualquier cosa que te pudiera pasar estando cerca de Malfoy, sean cuales sean sus intenciones. Sin embargo… mi corazón me dice que si lo hago, lograré todo lo contrario a protegerte, y únicamente te haré daño… Y yo sólo quiero que seas feliz…

Otra vez se formó un nudo en el pecho de Hermione. La chica observó a Harry, tratando de escrutar su rostro, de adentrarse en su mirada. Sin embargo, y por primera vez en el tiempo que llevaban de conocerse, no vio nada en los ojos de su amigo que pudiera delatar su sentir.

– ¿Y… entonces que, Harry?

– Pues… Si resulta que tu felicidad es al lado de ese imbécil, supongo que no tengo derecho a destruirla sólo por sospechas infundadas…

– ¿De… de verdad?

– Supongo que si… Sólo te lo pido por favor, por favor, Hermione: ten mucho cuidado. Mantente siempre alerta, con los ojos abiertos… Mas vale prevenir que lamentar.

– Oh, Harry, no sé como agradecerte… - respondido la castaña, con los ojos brillantes de felicidad.

– No tienes que hacerlo, Herm. Ya te lo he dicho, yo sólo quiero que seas feliz, ya sea conmigo… o sin mí.

El nudo se apretó aun más, y la chica inevitablemente dirigió su mirada de nuevo al rostro del ojiverde. Una vez más, parecía no haber señales de sentimientos abarrotando al joven. Sin embargo, justo antes de desviar sus ojos, pudo captar una lágrima que corría por la mejilla de Harry.

– Harry…

– ¿Qué… que pasa, Herm?

– Perdóname por no ser la indicada para ti…

Harry miró a Hermione por tercera vez en toda la tarde. La chica lucía triste, arrepentida y profundamente acongojada, y sin embargo, a él se le antojaba preciosa. Recordó todos los momentos increíbles que habían vivido juntos, y por los cuales se había enamorado de ella. Y se dijo a sí mismo que si, para que Hermione fuera de nuevo la misma de siempre, alegre, chispeante y encantadora, su corazón tenía que pertenecer a uno de sus peores enemigos… bien podía soportarlo.

– Tal vez no seas la indicada para mí, Herm… - respondió al fin el joven. – Y sin embargo… eres todo lo que quiero que seas… Mi mejor amiga…

La chica no lo soportó más, y se lanzó a los brazos del muchacho, llorando desconsolada. Sin embargo, cuando sintió los brazos de Harry a su alrededor, y su voz tranquilizadora de siempre, diciendo "Ya todo esta bien, Herm…", supo que realmente todo estaba de nueva cuenta en su lugar.

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Mayo hizo su aparición sin cambios aparentes en la vida del castillo. Sexto año seguía tan atareado como lo había estado todo el curso, pero al fin se vislumbraba una luz al final del túnel: las ansiadas vacaciones de verano. Los leones disfrutaban de planear esos maravillosos días de ocio, saboreando de antemano el descanso y las comodidades de las que se creían ya merecedores. Sin embargo, la llegada del mes primaveral no hizo más que alterar el orden en la vida de las serpientes, quienes, nerviosamente, veían acercarse la fecha de culminación de aquello que venían tramando desde hacía ya casi un año…

Draco Malfoy estaba particularmente histérico. Era de conocimiento general en la casa de Slytherin que el joven había recibido una carta de parte de los mortífagos directamente; mas el chico sólo había confiado su contenido a Zabbini, quien se había limitado a presionarlo para acelerar las cosas. El rubio sabía que su plan era prácticamente infalible, él lo había preparado así; sin embargo, dudaba de tener las agallas para llevarlo a cabo cuando llegara el momento. Pero nadie podría decir que no se había esmerado, es más, todo estaba saliendo mucho mejor de lo que él esperaba.

Por su parte, Hermione no podía encontrarse más feliz. A pesar del miedo de ser descubierta por alguien ajeno a sus fieles amigos y los de Draco, la relación con la serpiente iba viento en popa. La leona sabía que ni sus amigos ni los de su chico aceptaban su relación, pero respetaban su decisión, y se limitaban a mantener la boca cerrada y no opinar sobre la misma. Harry, a pesar de la plática sostenida con la chica, no podía evitar sentirse dolido por haber perdido cualquier oportunidad con Hermione. Sin embargo, no hacía ningún comentario al respecto, pues su amistad con ella valía más que nada para él. Por lo tanto, todo seguía prácticamente como antes para la castaña. No obstante, todavía había algo que enturbiaba su casi perfecta felicidad.

Desde lo ocurrido en clase de Pociones, Ginny se había mantenido distante de todo el grupo. Al encontrarse en los pasillos, se limitaba a caminar rápidamente para evitarlos, y abandonaba repentinamente las estancias cuando los jóvenes llegaban. Hermione sabía que era sólo culpa suya, pero no podía encontrar la ocasión de hablar con la pelirroja y pedirle, suplicarle que la perdonara. Ginny le negaba la oportunidad.

Bien dicen que la ocasión se presenta cuando menos se espera, y a Hermione le llegó repentinamente. Caminaba con rumbo a los jardines para una cita furtiva con Draco, a la cual ya iba retrasada, cuando se topó con la parte de arriba de una conocida cabellera pelirroja. El resto del cuerpo estaba completamente tapado por una pila de pesados libros que la persona apenas podía sostener. Rápidamente, Hermione fue a su auxilio.

– ¿Te ayudo, Gin?

– No, no es necesario… - respondió la pelirroja, pero Hermione ya le había quitado la mitad de su aparatosa carga.

– Gracias – musitó Ginny, y se encaminó a la Sala Común. Hermione no podía perder la oportunidad.

– Eh, Ginny… ¿Tienes un minuto?

– La verdad es que estoy demasiado atareada esta tarde, Hermione. Tal vez otro día… - respondió evasivamente la joven, y volvió a tomar su rumbo. Hermione la detuvo nuevamente.

– Ginny, por favor… ¿Hasta cuándo seguirás evitándome?

La pelirroja suspiró pesadamente. Sabía que ese momento llegaría algún día.

– ¿Qué es lo que pasa?

– Ginny, tenemos que hablar… acerca de lo ocurrido entre Harry, tu y yo.

– Creo que ese tema ya quedó claro para todos, Hermione – respondió con frialdad Ginny.

– Eso es mentira, Ginny, tú y yo no hemos hablado…

– Es cierto, pero yo sí he hablado con Ron, y él ha hablado contigo y con Harry. Sé… sé lo arrepentida que te encuentras por lo que hiciste.

Hermione dudó. Aquel día en el lago había hecho prometer a Harry que no revelaría nada respecto a los sentimientos de Ginny por él, y dudaba que el muchacho hubiera roto su palabra, y mucho menos diciéndoselo al hermano de la chica en cuestión. Por lo tanto, era muy improbable que Ginny supiera que Harry estaba al tanto de lo que ella sentía hacia él.

– Tal vez sepas ya lo arrepentida que estoy, pero yo no he tenido oportunidad de decírtelo personalmente. Y… tampoco de pedirte perdón.

Ginny no respondió. A fin de cuentas, era su mejor amiga quien le hablaba, y sabía que su sentir era sincero. Además, le parecía muy estúpido perder a su compañera del alma sólo por un chico.

– No… No es necesario que me pidas perdón, Hermione. Yo ya te he perdonado.

Los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas, y sin pensarlo, arrojó la pila de libros a un lado y abrazó fuertemente a Ginny. Esta, algo sorprendida por el arranque, y todavía con las manos cargadas, trató de responder el gesto sin tirar nada. Cuando por fin se separaron, ya todo estaba arreglado entre las amigas. Simplemente rieron.

– Y bueno, me he perdido de mucho estas últimas semanas. ¿Cómo está eso de que realmente andas con Draco Malfoy? – preguntó Ginny pícaramente.

Súbitamente, Hermione recordó su cita con el joven, y tras una rápida justificación, corrió a los jardines con la esperanza de alcanzarlo todavía. Más, cuando llegó, Draco ya no estaba ahí.

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"Se retrasa" pensó impaciente el muchacho que esperaba en el viejo árbol, junto al lago. Había elegido ese lugar para verla puesto que ahí habían tenido su primera cita. Además, era bastante privado y estaba perfectamente resguardado de la vista de los curiosos, pero al mismo tiempo era tan romántico que, estaba seguro, la muchacha no se resistiría a su propuesta. Miró nuevamente su reloj. Ya había pasado media hora, y la joven no se presentaba. Suspiró. "Tendré que hacerle una visita nocturna".

Regresó al castillo, y se encaminó a su Sala Común. Últimamente no le apetecía nada estar ahí, rodeado de Slytherins que admiraban el valor que aparentaba, al tener que realizar una misión tan arriesgada y desagradable. La mayoría ignoraba la amenaza que se cernía sobre su familia, y él no tenía intención de compartirla. Interiormente sentía que, si revelaba el secreto, la realidad caería con todo su peso sobre él, e irremediablemente lo obligaría a hacer la tarea que se le había encomendado, y que hacía que se asqueara de sí mismo. Mientras sólo unos pocos guardaran esa íntima información, la aplastante verdad no lo sofocaría, y tal vez encontraría el modo de desentenderse de ella.

Había llegado al retrato que ocultaba la estancia. Suspiró profundamente antes de entrar. "No hay opción, tienes que guardar las apariencias" se dijo para darse valor. Cuando entró, se cruzó con una alta figura que le cerraba el paso.

– ¿Y ahora qué demonios pasa, Zabbini?

– Malfoy, ha llegado otra carta – respondió el joven, acercándole un trozo de pergamino.

Draco lo tomó. Notó que las pálidas manos le temblaban, y se obligó a controlar el movimiento.

Querido Draco:

Estuvimos discutiendo la idea que nos has presentado, y hemos llegado a la conclusión de que resulta todo muy riesgoso. Recuerda que Dumbledore nos sigue la pista, y si alguien se llega a enterar de lo que haces, se irá todo al traste. No podemos arriesgarnos, la vida de tu madre está en juego. Zabbini y yo pensamos que lo mejor es forzar la situación, y seguir con nuestro plan original, sin poner sobre aviso a la chica. Debes recordar que apenas queda una semana y media, por lo que es mejor no modificar ahora el plan y que éste funcione a llevarlo a cabo de otra manera, con pérdidas irrecuperables. Es preciso que te comuniques cuanto antes para saber que todo sigue como se había dicho.

Tu padre.

Draco estaba anonadado. ¿Cómo se habían enterado los mortífagos de su plan? De pronto comprendió.

– Tú… ¡Tú les dijiste lo que planeaba hacer! ¿Qué diantre pensabas, Zabbini?

– Sí, lo hice, y no me arrepiento. Ellos piensan igual que yo, que estás poniendo mucho en juego.

– ¡Mis métodos no les interesan a ninguno de ustedes!

– En eso te equivocas, de tus métodos depende el éxito del plan. Ya de por si todos se encuentran alertas por la escenita del otro día, y si las cosas se salen de control, no dudarán ni un segundo en culparte a ti.

– ¡Eso no me importa! ¡Yo lo haré como me venga en gana, no me importa nada!

– ¿Ah, sí? ¿Y qué me dices de la vida de tu madre? – respondió gélidamente Zabbini.

Draco permaneció en silencio, la respiración agitada, el rostro rojo de ira, los puños apretados. Finalmente respondió, con la misma frialdad con que Blaise había hablado.

– Todo se llevará a cabo como ya lo he predispuesto, Zabbini. Como eres tan bueno para informar, te encargo que avises a los mortífagos mi decisión de seguir adelante como antes.

– ¡No puedes actuar así, Malfoy!

– Pues lo estoy haciendo, y lo haré. Ya quedan muy pocos días, ¿lo recuerdas? Además, ya he comenzado esa parte de la operación. Ya no puedo dar marcha atrás.

Draco abandonó la estancia principal, dejando atrás a un Blaise furioso, que, sin embargo, acató la orden de Malfoy al instante. En su cuarto, se puso a pensar. Por supuesto que había mentido al respecto de la primera fase del plan. Todavía no se había puesto nada en marcha. Pero, en su fuero interno, había algo que le impedía hacerlo todo de un modo tan brutal. Decidió descansar un momento, para ordenar sus pensamientos. Después, iría a ver a Hermione. Se quedó dormido, pensando en la dulcísima idea de ver la sonrisa de la muchacha en cuanto fuera la hora.

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Hermione estaba nerviosa. Ya todo parecía perfecto entre sus amigos y ella, era cierto, pero había faltado a su cita con Draco a costa de ello, y eso no la dejaba particularmente tranquila. Se sentó en su cama, como siempre acariciando la suave colcha. Estaba sola, puesto que todos se hallaban en la biblioteca, haciendo una composición de metro y medio para la clase de Pociones del viernes, en tan sólo dos días. Aprovechaba su soledad para pensar. Carecía de medios para comunicarse con el muchacho. ¿Y si se encontraba molesto por haberlo dejado plantado? ¿Y si nuevamente discutían? Acechada de nuevo por la angustia, comenzó a pasear por la habitación. De pronto, un golpe sordo en la ventana la hizo voltear.

– ¡Draco! – murmuró la chica alegremente.

– Hola – respondió el joven, aparentando naturalidad, pero visiblemente preocupado.

Hermione lo observó. Su cabello rubio lanzaba destellos a la delicada luz de las velas. Sus penetrantes ojos grises brillaban con especial intensidad esa noche. Se veía particularmente perfecto. Y sin embargo, había algo en él que la chica no alcanzaba a vislumbrar.

– ¿Todo bien, Draco?

– ¿Qué? Ah, sí, sí, claro, todo va perfecto… - respondió el joven, sonriéndole con dulzura. – Estuve esperándote esta tarde en el lago…

– Sí, me lo imaginé. No sabes cómo lo siento, pero es que me crucé con Ginny, y era la oportunidad perfecta para disculparme con ella. Ahora ya todo va bien.

– Ya, me imaginé que sería algo así… - respondió el muchacho distraídamente.

– Draco… ¿Estás seguro de que todo está bien?

– Si, si, todo esta increíble, Herm. Escucha, no puedo quedarme mucho tiempo, tengo que hacer… unas cosas. – Por alguna razón, el rubio rehuyó la mirada de Hermione. – Pero antes de irme, quisiera decirte algo.

¿Qué pasa?

– Pues… Me preguntaba qué harías este viernes por la noche.

– ¿El viernes? Pues… - La chica dudó. Los leones ya habían hecho planes de pasar la velada juntos, celebrando que todos eran amigos nuevamente. Sin embargo, algo le decía que era de vital importancia salir con Draco ese día. –Me parece que no tengo compromisos.

– Bueno, en ese caso, estaba pensando si te gustaría ir a dar una vuelta por los jardines. Podemos ir a nuestro árbol especial, tú sabes, donde nos encontramos en el baile; sabes que se pone mejor de noche, a la luz de la luna.

– Pues… Sí, claro, me encantaría. – dijo Hermione mientras sonreía.

– Perfecto, en ese caso, pasaré puntual por ti aquí mismo, a eso de las once. Asegúrate de estar sola.

– Si, lo haré Draco.

– Bien, entonces… Ya tengo que irme, Herm.

– ¿Tan pronto?

– Si, es que… tengo planes. – Una vez más, el muchacho no pudo ver a la cara a Hermione.

– Bueno… Está bien. Hasta el viernes, Draco.

– Hasta el viernes, mi Herm.

El joven se encaminó a la ventana, para salir antes de que alguien regresara. Hermione lo observaba. Estaba a punto de comenzar el descenso, cuando oyó la voz de la leona nuevamente.

– ¿Draco?

– ¿Si?

– Te amo.

El rubio la miró. La chica le sonreía dulcemente, tan encantadora como siempre. Draco sintió como se le estrujaba el corazón. Se adentró nuevamente en la habitación, se acercó a Hermione, y la besó suavemente, disfrutando del contacto de sus siempre cálidos labios. Ella también se deleitó con los suyos, y cuando por fin se separaron, le pareció que él era el mismo de antes.

Sin embargo, justo antes de que el chico abandonara su alcoba, le pareció ver un brillo de lágrimas en sus ojos grisáceos.

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