Holaa! Por fin de vuelta a mi ciudad para traerles un capítulo nuevecito :) Agradezco mucho a suoteyu y a Lunatica Chofis por sus adds, ojalá que la historia les siga gustando ^^ Yo la verdad no sé, porque desde que volVÍ a esto de los fics me han llegado como 3 reviews T_T y ya me había dicho a mí misma desde antes que no importaba, que terminara la historia aunque fuera solo para mí, pero pues... a Mí Misma al final no le gusto la idea T_T y ahora clama por reviews haciéndole saber si su historia va bien o no.

Así que si no es mucha molestia, déjenme un review sí? ^^ Mí misma y yo se los agradeceremos con pastel y helado (bueno no, pero les garantizamos un caluroso GRACIAS en esta pequeña sección ^^).

Sin más, los dejo con este nuevo capitulo...

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Viernes

Los días siguientes fueron un torbellino de felicidad para Hermione. Recuperada la amistad con Ginny, se paseaba a todas horas con ella, sin dejar de charlar animadamente. Le contó de su cita con Draco, y de lo nerviosa que se encontraba, pues su instinto le decía que el rubio tenía algo preparado para esa noche. Ginny, que no podía dejar de recelar del muchacho en cuestión, simplemente se limitó a aconsejarle que se cuidara y se mantuviera alerta, además de prometerle que no revelaría nada a nadie acerca de la cita secreta.

Llegó por fin el viernes, y con él, un sentimiento de incertidumbre en la castaña. Definitivamente, no sabía que esperar de la cita de esa noche. El día se pasó fugazmente, y en la tarde, en clase doble de Pociones con Snape, Hermione todavía seguía rondando qué era lo que planeaba Draco. ¿Acaso alguna sorpresa romántica, como una dulce serenata a la orilla del lago? ¿O se trataba de algo devastador, alguna noticia terrible para romperle el corazón, como que la dejaba por otra chica? Hermione se sentía morir ante semejante perspectiva. Muy a su pesar, comprendía lo mucho que había llegado a depender de él, de sus besos, sus caricias, sus sonrisas. ¿Qué sería de ella si Draco decidía de pronto que ella no era la indicada, si decidía traicionarla? Ella sabía que ya no sería la misma nunca más. Su noviazgo con Draco la había cambiado, sin saber si para bien o para mal. Lo único que sabía era que su vida ahora se dividía en antes y después de él.

Por su parte, los dos días bulliciosos que vivió Hermione fueron un suplicio agotador para Draco Malfoy. Justo cuando tocó tierra después de visitar a Hermione para citarla, se arrepintió de haberlo hecho. "Por el amor de Dios, ¿qué es lo que he hecho? Ella no se merece que le haga esto" pensaba desesperadamente. Pero bien sabía que, desde el momento en que comenzó a conocerla tan íntimamente, sus destinos fueron trazados. Y a pesar de lo mucho que se negaba a cumplir su parte en lo que le deparaba, sabía que no era cuestión de no querer hacerlo, sino no poder evitarlo. Ese viernes, que para la mayoría del colegio significaba descanso al fin, para Draco marcaba su sentencia final.

La clase de Pociones transcurrió, como de costumbre, entre burlescos comentarios de Snape hacia los trabajos de los Gryffindors y grandes omisiones por su parte hacia las porquerías de los Slytherins. Precisamente Snape se encontraba concentrado, describiendo a la clase cómo Neville había agregado 4 gotas de jengibre a su Solución Matafurúnculos en vez de tres, convirtiéndola en Poción Creceverrugas, cuando se oyeron ligeros golpes sobre la pesada puerta de la mazmorra. Con un movimiento de varita, Snape abrió la puerta. Un pequeño Ravenclaw, de primero o segundo, entró a la mazmorra con un pergamino.

-¿Profesor? Me… me ha enviado el profesor Dumbledore, y le pide que excuse a la señorita Granger de su clase de hoy, puesto que es urgente que hable con ella. – Y dicho esto, el diminuto niño extendió la nota a Snape, quien, haciendo un mohín de disgusto, la leyó con rapidez.

-Granger, al parecer has obtenido algún 9.99 de calificación y el profesor exige verte para pedirte explicaciones por este desempeño tan deficiente…

Los Slytherins rieron alegremente ante el comentario sarcástico de Snape. Todos, menos uno, que observaba la nota que el profesor sostenía en su mano con creciente temor. ¿Acaso Dumbledore había descubierto lo que había entre él y Hermione? Draco no podía asegurarlo, pero por la lúgubre expresión de Hermione, al parecer ella estaba pensando exactamente lo mismo.

La chica guardaba apresuradamente su material en su bolsa de cuero, ignorando las ácidas observaciones de Snape. Tenía algo mucho más importante en la cabeza: el motivo por el cual Dumbledore solicitaba su presencia en su despacho. Sólo se le ocurría un motivo, el mismo que acosaba el pensamiento de Draco. Y si se trataba de eso… ambos estaban perdidos.

La clase entera se revolvía, inquieta. Todos compartían la misma sensación de desasosiego y temor por aquello tan importante que quería tratar Dumbledore con Hermione. Los Gryffindors, al igual que ella, sentían que su pequeño romance había tocado fin, pues si Dumbledore lo sabía, prohibiría rotundamente a Hermione acercársele. Es más, incluso podría obligarla a abandonar la escuela para protegerla. Esa angustiante posibilidad se comparaba con la de los Slytherins, al sentir su plan a punto de ser descubierto. Confiaban en que no fueran más que sospechas infundadas de Dumbledore. Y sin embargo… sólo podían hacer eso: confiar.

Por fin, Hermione terminó de recoger sus cosas, y abandonó la sombría mazmorra bajo las miradas de sus compañeros. Siguió al pequeño Ravenclaw todo camino arriba, hacia el despacho del director. Como quien no quiere la cosa, preguntó al niño si sabía para qué la quería Dumbledore, pero aquél afirmó no saber nada. "Sólo me ordenaron llevar el mensaje", respondió tembloroso, con miedo de perturbar más a la ya alterada muchacha, quien además era mucho mayor que él. Finalmente, ambos estudiantes llegaron a la puerta que separaba la oficina del director del resto del castillo.

-Varitas de regaliz – murmuró el chico.

La gárgola a la entrada se separó del muro, dejando a la vista una escalera de caracol que conducía al despacho. Los muchachos se adentraron en la oscuridad, y automáticamente la escalera los llevó directo a la estancia principal.

Albus Dumbledore se encontraba sentado frente a su escritorio. Su largo cabello plateado brillaba tenuemente, y sus claros ojos azules estaban concentrados en los finos y alargados dedos, que se movían con suavidad sobre la mesa.

-Pasen, pasen por favor – dijo el director, mientras los jóvenes entraban tímidamente a la oficina. – Veo que has conseguido que la señorita Granger venga. Excelente, Darren, te agradezco infinitamente tu ayuda. Recuérdame decirle a la profesora McGonagall que te levante el castigo por romper la taza de té en la que habías convertido por error a la señorita Cliveden. Ya te puedes marchar.

-Fu-fue un placer, señor. – respondió Darren, mientras su rostro se sonrojaba porque el director se había dirigido directamente a él, e incluso le había levantado un castigo. Rápidamente, abandonó la estancia, dejando a Hermione sola con el director.

La chica estaba tan nerviosa que no sabía que decir. ¿Debía empezar por disculparse, alegar que no sabía lo que hacía? ¿Decir toda la verdad, revelar el amor que la unía a Draco? ¿O limitarse a permanecer en silencio, dejando que el profesor diera el primer paso? No tuvo que esperar mucho para tomar su decisión, pues el mago había optado por comenzar él.

-Siéntate, Hermione, si eres tan amable. – dijo Dumbledore parsimoniosamente. Hermione no dudó en acatar la orden. - ¿Deseas un poco de té?

-N-no… Gracias, profesor.

-Bien. – dijo Dumbledore, entrelazando sus manos. – Supongo que entonces deseas que vaya directamente al grano.

-Pues… Yo lo preferiría así, profesor.

-Excelente. No tiene sentido evadirse cuando se sabe exactamente lo que se va a decir.

Hermione asintió nerviosamente. Ella sabía exactamente lo que Dumbledore le diría.

-Hermione, tú sabes el motivo por el que estás aquí.

-P-profesor, y-yo… - No tenía idea de que Dumbledore fuera tan directo. ¿Debía confesar? – Yo no…

-Bien, si el motivo no es del todo claro, me encargaré de ello. He recibido noticias acerca de que te has estado citando con cierta persona de la casa de Slytherin. Draco Malfoy, para ser más precisos.

-Profesor, y-yo… - su cerebro estaba bloqueado.

-No tiene caso que mientas, Hermione. Porque aunque digas, afirmes, jures que lo que digo no es cierto, conozco la verdad. Puedo verla en tus ojos.

Hermione agachó la cabeza, tratando de ocultar su estupor y su vergüenza. Lentamente, asintió, sin alzar nuevamente la mirada.

-Bueno, Hermione, he de decir que esta situación me parece un poco… alarmante. Lamento decirte que, en mi opinión personal, el señor Malfoy no es precisamente la mejor compañía que pudiste haber elegido, siendo tú quien eres y él quien es. Claro, puede que yo me equivoque, ya lo he hecho en otras ocasiones; pero me temo que ese es mi pensar respecto al joven en cuestión.

Lentamente, Hermione levantó la cabeza. Sus ojos transmitían una mezcla de resentimiento, determinación, y ofensa. Dumbledore interpretó su mirada.

-Veo que no pareces estar de acuerdo conmigo, Hermione. Lo entiendo, siempre he pensado (y con justa razón) que el amor es más poderoso que cualquier cosa, incluidos los prejuicios, y tú y el señor Malfoy me lo están demostrando, al tener una relación que yo, si he de ser sincero, nunca imaginé que se pudiera dar. Sin embargo, no puedo evitar recelar acerca de las verdaderas intenciones de Draco.

-¿Qué quiere decir con eso, señor? – preguntó con calma Hermione, tratando de controlar su agitada respiración.

-Creo que eso, en particular, está más que claro.

Hermione permaneció en silencio. Dumbledore continuó.

-Hermione, Hermione, veo que estás molesta conmigo. Furiosa incluso, podría afirmar. ¡Y con justa razón! El amor es el sentimiento más noble, más maravilloso, que se nos ha concedido a los seres humanos. Eso es una de las particularidades que nos diferencia de los animales, nuestra facultad innata de amar. Y cuando se es correspondido, el amor crece, se multiplica, hasta crear en el mundo aún más amor del que ya había. Te felicito, Hermione, porque has logrado comprender lo sublime que puede llegar a ser el sentimiento por excelencia.

"Sin embargo, ¡cómo duele enamorarse de la persona equivocada! Y no lo digo porque Draco sea realmente la persona equivocada. Por lo general, no solemos darnos cuenta de ello hasta que ya es muy tarde, hasta que esa persona ya penetró en cada fibra sensible de nuestro cuerpo. Hasta que esa persona agotó nuestras energías y se alimentó de nuestras fuerzas, y nos hizo débiles ante su encanto. Hasta que logró conquistar nuestro corazón, nuestra mente, nuestra vida, en pocas palabras.

"Es por ese motivo que estoy sosteniendo esta plática contigo, Hermione. No dudo que lo que sientes por el señor Malfoy sea sincero, pues tu actitud no hace sino demostrármelo. No obstante, yo no puedo asegurar lo mismo por parte de él. Hermione, debes comprender que cuando uno se enamora, queda automáticamente ciego y sordo ante cualquier insinuación de que la persona a la que ama no sea fiable. Si estuviéramos bajo otras circunstancias, puedes estar segura de que yo no trataría de impedir su relación; es más, la protegería de comentarios insensibles. Sin embargo, en estos tiempos oscuros, en los que uno ya no sabe en que confiar, yo no puedo permitir que una de mis alumnas más cercanas conviva con alguien potencialmente peligroso. Draco es un buen estudiante en general, es astuto e inteligente, y puede llegar a ser muy agradable, por los comentarios que he escuchado de alumnas de Slytherin. Pero antes de todo ello, debemos recordar que Draco es un Malfoy. Es mi obligación pedirte, suplicarte, que te mantengas alejada de él, Hermione".

La muchacha permaneció callada, incapaz de articular palabra. El torbellino de emociones que tenía dentro le impedía decir nada. Un silencio aplastante envolvió la atmósfera de la estancia, incomodando todavía más a Hermione. Ambos se mantuvieron sin pronunciar palabra, hasta que el director la presionó con delicadeza.

-Bien, Hermione, yo ya te he dado mis motivos y los he explicado con detalle. Como ya he mencionado, comprendo que no los apruebes, pero sí que los entiendas. Y como bien sabes, yo no puedo obligarte a hacer nada que tú no desees hacer; así que sólo me queda pedirte una respuesta. Te imploro, querida, que seas todo lo sincera que puedas ser, no tiene caso tratar de ocultar nada.

Hermione lo miró a los inteligentes ojos azules. ¿Es que nadie comprendía que los sentimientos entre Draco y ella eran sinceros?

-P-profesor… Usted quiere mi opinión con franqueza, y yo se la daré. Debo… debo decirle en primer lugar, ha acertado con bastante puntería mis pensamientos. Qué digo acertado: ha dado justo en el blanco. Y como creo que a usted ya le consta que no estoy de acuerdo con su forma de pensar, no me queda más que explicar mis propios motivos, y puede estar seguro que seré franca en todo lo que diga, pues ya estoy harta de tratar de contenerme.

A pesar de sentirse furiosa, deseosa de gritarle todo lo que pensaba, todo lo que él no sabía, Hermione se contuvo, hablando con una parsimonia que a ella misma le sorprendió.

-Desde que mi relación con Draco se hizo pública, todos no han hecho más que decirme lo mismo que me ha dicho usted hace unos minutos. 'Aléjate de él, Hermione, no te va a traer nada bueno', 'Es un Malfoy Hermione, de seguro tiene otras intenciones'. Y cada vez que escucho algo así, siento que me estalla el corazón, profesor. Usted no sabe lo que es escuchar día a día lo mismo, usted no sabe lo que es que sus mejores amigos, que siempre han estado ahí, le den la espalda cuando más los necesita, sólo porque la persona de la que está enamorada 'es un Malfoy'.

"Y ahora dígame: ¿no le parecen todos estúpidos prejuicios? ¿No le parece que la gente no hace más que juzgar sin conocer realmente lo que tan ruinmente está despreciando? Pero, ¿no está usted haciendo exactamente lo mismo? ¿No está usted pidiéndome que deje a Draco, que me aleje de él, sólo por ser un Malfoy, por tener un apellido que él nunca pidió, por pertenecer a una estirpe cuyas acciones no han tenido nada que ver con él, que están fuera de su control? No pienso negárselo, pues estaría insultando su inteligencia y la mía; tengo bien claro de dónde proviene, pero también lo que él es, y no miento al decirle que él no sólo no es como el resto de su familia, sino que no tendría siquiera por qué ser igual que ella. Y contrario a lo que todos piensan, sé que Draco es sincero cuando me dice que me ama, porque puedo ver la verdad en su rostro, en sus ojos, en sus manos.

"Así que, profesor, discúlpeme, pero no puedo acatar una petición que me rompería tan cruelmente el corazón, cuando no existen motivos sólidos para desconfiar. Eso es lo que yo pienso. Y parafraseándolo a usted, no espero que apruebe lo que hago, de ningún modo; pero sí que lo entienda. De verdad, espero que lo haga".

Hermione terminó de hablar, y tragó saliva. Ya cuando estaba pronunciando las últimas palabras de su monólogo, se había convencido de que era su fin en Hogwarts, que Dumbledore le diría que, dado que no podía protegerla en el colegio si ella no estaba dispuesta, la mandaría regreso a casa, donde al menos estaría más segura. Para su sorpresa, el profesor sonrió, pero era más bien una mueca triste, de resignación.

-Ya había imaginado que dirías algo así. Si de algo he de alardear, es de conocer a mis alumnos, sobre todo a los más cercanos. Además, claro, de la tendencia de los Gryffindors a ser valientes, decididos, y a enfrentarse al mundo entero por defender lo que ellos creen correcto, aunque tal vez no lo sea. Definitivamente, yo no puedo obligarte a hacer nada que no desees, Hermione. No, tampoco te voy a mandar a casa, si eso es lo que crees. Creo que por lo menos aquí yo puedo asegurar tu protección. Así que sólo me resta darte un consejo que seguramente tus amigos ya te habrán dado, en especial los señores Potter y Weasley: cuídate, mantente alerta, no pases ningún detalle anormal por alto. Recuerda que esto no es solo por ti, sino también por quienes te rodean. Presta atención a cualquier movimiento en falso, cualquier irregularidad. Y no olvides que las puertas de mi oficina están siempre abiertas, por cualquier cosa. En fin, eso era todo. Ya puedes retirarte. Espero que el profesor Snape no se moleste por haberle privado de educar a una mente tan privilegiada como la tuya – añadió, tranquilamente.

-Gracias, profesor.

Hermione se sentía aliviada de poder dejar el despacho. Se levantó inmediatamente, y se dirigió a la salida. Cuando estaba a punto de salir, oyó nuevamente la voz del director.

-Una última pregunta, Hermione, más por curiosidad que por otro motivo. ¿Cómo tomó Harry la noticia?

La chica lo miró con ojos inquisitivos. ¿Acaso Harry era quien le había dicho todo al director, en primer lugar? ¿También habría confesado lo que sentía por ella?

-No muy bien, señor. – respondió al fin. Su mirada delataba un nerviosismo especial.

-Me lo imaginé – respondió el profesor con una sonrisa. – No, no ha sido Harry quien me ha dicho de tu relación con Draco, pero también me precio de ser bastante afín a él, y por ende, conocerlo un poco más íntimamente. Y, si he de confesarlo, siempre he pensado que Harry siente algo más que amistad por ti. Supongo que ya lo habrás notado.

-S-si… Ya me había dado cuenta, señor.

-Bien, la verdad es siempre preferible a cualquier engaño, aunque se trate de ocultar tu amor por tu mejor amigo. Solo no permitas que una relación infructuosa destruya una amistad de años.

-No lo haré, señor.

-Estoy seguro de ello. Ya puedes retirarte, Hermione.

Con el corazón desbocado, Hermione abandonó la estancia del director, y fue a la Sala Común a esperar al resto de sus compañeros.

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-¡Maldición! ¡Si Dumbledore nos ha descubierto…!

-¡Ahora que estamos tan cerca!

-¿Ahora qué haremos, Malfoy?

-¡¿Quieren callarse de una buena vez?! ¡No me dejan pensar!

El miedo de Draco se estaba convirtiendo en exasperación. Apenas se escuchó la campana que indicaba el término de la clase, se abalanzó sobre la puerta y corrió a la Sala Común, reflexionando a mil por hora antes de que llegaran los demás. No podía evitar sentir un terror que pugnaba por salir de su pecho, un pánico que no le dejaba siquiera pensar. "¡Diantre, diantre, DIANTRE! ¿Qué habrá pasado? Maldición, estoy seguro de que Dumbledore ya sabe lo del plan y sospecha, no es idiota… ¿Y ahora? Si tan solo pudiera hablar con Hermione… Pero, ¿y si ella también lo cree? Peor aun, ¿y si lo cree y por ello… se aleja de mi?".

-¡Carajo!

El silencio siguió reinando en la sala. Sólo se rompió con un gélido susurro:

-¿Y ahora qué?

La fría voz de Zabbini irrumpió en la mazmorra. Draco lo miró. Los ojos de Zabbini decían que el muchacho estaba furioso, preocupado, aterrado y… Había algo más, algo indescifrable en la mirada de la serpiente y que, por alguna extraña razón, preocupaba mas a Draco que lo demás.

-Estoy… Estoy seguro de que no es más que una entrevista de rutina, Zabbini. Dumbledore debió haberse enterado de que me estoy citando con Her… Granger, y quiere asegurarse de que no le estoy haciendo nada malo a su chica…

Y entonces el rubio descubrió qué era lo que se escondía tras la ira y la ansiedad en la mirada de Zabbini, lo que le irritaba todavía más que ver la desconfianza en sus ojos. Al buscar en aquel par de ojos azules, encontró tras la cólera y el miedo un resquicio de conciencia del secreto, encontró la mirada de aquellas personas que tienen conocimiento de justo aquello que tratamos de ocultar.

-¿Seguro, Malfoy?

-S… Si – Al rubio apenas le salía la voz – Completamente.

-Creo… Creo que deberíamos adelantarnos al plan, Malfoy. – La mirada inquisitiva y conocedora de Zabbini penetraba los ojos grises de Draco – Es mejor que lo hagamos de una vez, aunque sea de mala manera. No podemos darnos el lujo de esperar y averiguar si Dumbledore ya sabe lo que nos proponemos.

-No es posible, Zabbini. Sabes bien que no estamos preparados para ello.

-¿Qué no estamos preparados? Por Merlín, ¡se supone que el plan debería realizarse ya esta misma semana! ¿Hasta cuándo seguiremos esperando, Malfoy?

El silencio sepulcral siguió dominando el recinto, mientras la lucha de miradas entre Draco y Blaise continuaba. Finalmente, fue el rubio quien agachó la mirada ante la insistencia de su compañero.

-Hoy… Esta misma noche.

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-¿Pero qué más te dijo, Hermione?

-¡Cuéntanos, tenemos que saber!

-¡De verdad, eso fue todo, ya se los he dicho!

Hermione estaba sentada en uno de los sillones de la Sala Común, rodeada por los leones de sexto curso quienes, terminando la clase doble de Pociones, se habían dirigido prácticamente volando a la estancia, donde estaban seguros que estaría Hermione. En cuanto la vieron, se dedicaron a cuestionarla a fondo sobre su visita al despacho del director. Hermione, hastiada de tantas preguntas, trató de escabullirse en cuanto acabó el interrogatorio, pero ya muy dentro de sí misma sabía que no la dejarían marcharse tan fácilmente.

-Así que Dumbledore también está preocupado… - comentó Ron, pensativo.

-Sí, y ya les dije que también me ha dicho que no tiene ninguna prueba en contra de Draco. Son meras suposiciones, basadas en la gran cantidad de prejuicios que tantas personas suelen tener… - Hermione no pudo evitar un mohín despectivo. – Nada más.

-¿Es que no te das cuenta, Hermione? Una cosa es que a nosotros nos preocupe esta ridícula relación, porque no confiamos en Malfoy, pero que el mismo Dumbledore esté angustiado es algo ya muy distinto. ¡Dumbledore no hubiera hecho esto si no estuviera realmente convencido de que es peligroso! – respondió Ron.

-¡No te atrevas a llamar ridícula a mi relación, Ronald Weasley! Y si tanto dudas de mi palabra, y tan seguro estás de que Draco tiene un plan para hacerme daño a mí y a quienes me rodean, ¿por qué no vas y se lo planteas a Dumbledore, eh? Aunque creo que ya hiciste suficiente daño diciéndole lo que hay entre Draco y yo, sin tener ningún motivo – escupió con furia Hermione.

-¡¿QUÉ?! ¡Pero… cómo te atreves! ¡Yo… nunca… Yo no he hecho tal cosa, Hermione! – las mejillas y las orejas de Ron estaban encendidas por la ira.

-Ah, claro, tienes toda la razón. Es posible que hoy en la mañana, Dumbledore se encontrara en su despacho, sin nada que hacer, y dijera: "Estoy muy aburrido, ¿qué haré para entretenerme? Ah, ¿qué tal marcar un farol, para ver si Hermione Granger y Draco Malfoy son novios?"

-Hermione, ya basta – intervino de pronto Dean. – Ron es sincero, él no ha sido.

-¿Ah no, Dean? Supongo entonces que tú sabes quién fue.

-No, no lo sé, Hermione, pero estoy seguro de que no ha podido ser Ron.

-¿Y por qué no? – replicó con aspereza la castaña.

-Porque Dumbledore estuvo ausente del colegio durante dos semanas, ¿no lo recuerdas? De hecho, si mal no lo recuerdo yo, estuvo ausente por tu causa… - dijo Parvati.

Hermione lo recordaba también a la perfección, pero no le dio importancia en esos momentos.

-¿Y?

-¿Y? Pues que, si alguien se lo dijo, tuvo que haber sido después de haber regresado, o de lo contrario te hubiera llevado en su viaje para protegerte; sabes bien que tiene más de un motivo para inquietarse, y un excelente pretexto para llevarte con él – apuntó Seamus, sin hablar más.

-¿Y no crees que ha habido tiempo suficiente para que Ronald – o cualquiera de ustedes – hablara con él apenas volvió?

-Pero si hemos estado juntos todo el día, Herm, ¿no recuerdas? Y Dumbledore ha vuelto precisamente después de que iniciaran las clases…

La leona calló. Sabía que Neville estaba diciendo la verdad, pues el viernes era el único día en que las clases de todos coincidían, por lo que era inevitable estar juntos la mañana y la tarde completas. Y ella no había echado en falta a ninguno de sus amigos en ningún momento del día.

-Sí… Tienes… - Suspiró. – Tienen la razón, todos ustedes, chicos. Me comporté como una idiota. Discúlpenme, por favor. En especial tú, Ron.

-No hay cuidado, Herm – respondió rápidamente Lavender, antes de que nadie pudiera intervenir. Ron sólo inclinó la cabeza, asintiendo. – Sólo queríamos asegurarnos de que estuvieras bien, nada más.

-Lo estoy. Gracias chicos, y perdón otra vez. Ahora, si me disculpan, me iré a recostar un rato, me siento sumamente cansada…

-Pero si mañana es sábado, y casi no tenemos deberes. Tienes todo el día de mañana, ¿no?

-Sí, pero… Quiero… Sólo… quiero estar bien hoy y ya.

Dicho esto, Hermione abandonó la estancia, dejando atrás a siete leones preocupados, en especial a uno que no había intervenido en lo absoluto en la discusión y que la miraba alejarse, con la sospecha reflejada en sus brillantes ojos verdes.

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Draco caminaba por los oscuros jardines de Hogwarts, sintiéndose protegido por la capa invisible de su padre, emocionado ante la perspectiva de ver a Hermione y asqueado totalmente por lo que sabía que pasaría. Su estómago, que durante todo el día había estado dando vueltas sin control en su interior, mareándolo, apretándolo, saltando y tratando de disuadirlo, en esos momentos lo había dejado en paz; es más, parecía haber desaparecido de su organismo. Draco casi lo extrañó; el sentir tanto pesar dentro de sí por lo que iba a hacer, si bien no era agradable, al menos le había hecho pensar que todavía poseía un poquito de humanidad en él. Sin embargo ahora, mientras se dirigía a la torre donde Hermione lo esperaba, la sensación se había evaporado en absoluto. Era como si ya no pudiera sentir nada más, como si hubiera forzado el delicado hilo sus emociones al límite y por fin lo hubiera roto, dejando dos mitades muertas, desconectadas de él y entre sí mismas. No obstante, los pensamientos sombríos no lo abandonaban, y su cerebro no dejaba de recriminarle.

En medio de sus cavilaciones, el rubio alcanzó la torre del dormitorio de Gryffindor. Lentamente, como había estado planeando, sin meditar sus acciones, levantó su varita y murmuró el hechizo que lo hizo ascender, invisible, hasta la ventana de Hermione. Sabía que estaría sola. Él se lo había pedido, por lo que así sería.

Ella ya lo esperaba, por supuesto. Draco se detuvo en el aire, todavía invisible, sólo para admirar su belleza sin recato por última vez. La leona se había puesto el que sabía era uno de los atuendos preferidos de la serpiente, un suave vestido azul que realzaba su figura con gracia y delicadeza, sin caer nunca en la vulgaridad. Además, había soltado su cabello, cosa que sabía que él adoraba, y sus brillantes ojos escudriñaban en la oscuridad, esperando el momento en que su adorado rubio apareciera por la ventana. Draco suspiró. Quería detener el tiempo, quedarse así para siempre, él disfrutando en silencio de su hermosura, gozando su presencia en secreto.

-Buenas noches, mi Julieta.

-Hermione dio un salto, sobrecogida. Había estado tan ensimismada, pensando justamente en él, que no se había percatado de cuando él se había despojado de la capa invisible.

-Oh, Draco, ¡me asustaste a muerte!

-Sí, lo noté – dijo entre dientes, sonriendo. - ¿Lista?

-Sí, claro, vamos.

El joven cubrió con su capa a la castaña, y ambos descendieron lentamente en el aire. En cuanto tocaron en suelo, Draco tomó su mano y la condujo por los jardines.

-¿Cómo has conseguido sacar a tus compañeras del cuarto? – preguntó, aparentando indiferencia.

-Oh, muy fácil: convencí a Neville y a Dean que las invitaran a salir esta noche. La verdad es que les hice un favor, aunque parezca que ellos me lo hicieron a mí – dijo Hermione sonriendo. – Tienen permiso especial de sus padres para visitar Hogsmeade, y conociéndolas, estoy segura de que volverán muy tarde en la madrugada, tal vez a las tres o cuatro. ¿Por qué lo preguntas? – inquirió Hermione, súbitamente alerta al recordar la conversación que había sostenido esa misma mañana con el director.

-Pura curiosidad – respondió el rubio con naturalidad. – Para ver si puedo aplicar alguno de tus trucos.

Hermione rió y olvidó en seguida sus sospechas. ¿Cómo podía pensar algo tan ruin de Draco?

Los jóvenes siguieron caminando, disfrutando del paseo a la luz de la luna, tal y como Draco había prometido que lo harían. Cuando por fin llegaron al que Draco llamaba su "árbol especial", Hermione se sobrecogió. El chico había preparado lo que parecía un picnic nocturno: había un lindo mantel con una canasta a un lado, cubiertos, platos, copas y dos velas. Una flor reposaba sobre el lugar que debía ser el de Hermione.

-Oh, Draco… Esto es maravilloso.

-¿Te gusta? Lo preparé todo hace un rato, espero la comida no te desagrade.

-Para nada, lo que sea estará bien… Qué flor más bella – dijo Hermione, tomando la delicada orquídea amarilla entre sus manos.

-La orquídea representa belleza, dulzura, sentimientos sublimes. Adoración por una persona. En resumen, todo lo que representas para mí. – dijo mirándola con ternura.

-Sin embargo, me has traído una flor amarilla. No sé entre los magos, pero en el mundo muggle, las flores amarillas indican celos, desprecio, infidelidad incluso. Cosas, por supuesto, que dudo mucho hayan sido tu intención transmitir – se apresuró a decir la leona, mirando como los ojos grises de Draco se habían tornado piedras. – Lo siento – se disculpó, apenada.

-No hay cuidado – respondió rápidamente el joven. – A veces pienso que sabes demasiado para tu propio bien, Hermione.

El rubio miró los ojos de Hermione, que se habían agrandado al escuchar tal afirmación. Al ver la expresión de su rostro, Draco se echó a reír, dando a entender que era sólo una broma.

-Muy simpático, ¿eh? – dijo ella, entre molesta y divertida. - Pero bueno, ya que quedó demostrado que de flores no conozco solamente yo, permíteme que te regale una yo.

-¿Una flor? ¿A mí? – Draco levantó una ceja.

-Sí, quiero darte la flor que representa lo que tú significas para mí.

Draco permaneció en silencio mientras Hermione agitaba su varita. Ante sus ojos, en medio de una cascada de chispas, se materializó la flor más bella que había visto en toda su existencia.

-Es… Es una flor de loto – dijo, con un nudo en la garganta.

-Así es – respondió ella, satisfecha.

-La flor de loto… solo crece en las aguas más estancadas y pantanosas – balbuceó en respuesta.

-Sí, y supongo que también sabrás que al abrirse, siempre es perfecta e inmaculada, simboliza la total purificación. Es un símbolo de pureza y se le adjudican cuatro virtudes –fragancia, limpieza, ternura y suavidad.

-He-Hermione… yo… Y-yo… Tú n-no puedes pensar en mí de este modo… - atinó a responder el rubio, sorprendido y conmovido profundamente.

-Por supuesto que sí, Draco. ¿No te das cuenta de lo mucho que se parecen esta flor y tú? Ambos crecieron en ambientes desagradables, rodeados de fango y suciedad. En las peores condiciones en que algo o alguien podría desarrollarse. Sin embargo, ambos conservaron su esencia íntegra, limpia, y florecieron conservando siempre estas cuatro virtudes y siendo lo más hermoso que mis ojos han llegado a ver – dijo Hermione, ruborizándose. – Para mí, Draco, eres como la flor de loto, eres el ejemplo perfecto de que se puede seguir siendo noble y honrado a pesar de verte influenciado por todos a tu alrededor.

-Hermione, yo…

-Hoy he hablado con Dumbledore, Draco – y al decir esto, las pupilas grises de la serpiente se dilataron de terror. – Me ha tratado de disuadir de que siga saliendo contigo.

"Lo sabe, ¡lo sabe, maldita sea!", pensó desesperadamente el rubio. Pero de algún modo, Dumbledore no le parecía tan importante en esos momentos. Le preocupaba que la persona que clavaba sus inocentes ojos castaños en los suyos lo supiera.

-Al parecer, alguien le ha ido con la noticia de nuestra relación, se alarmó y decidió hablarme. Pero yo no dejé que me convenciera de nada – afirmó Hermione con dulzura -, porque estoy segura de que no son más que calumnias. Estoy segura de que lo que sentimos es verdadero.

Draco no podía mirarla a la cara. Temía que ella viera en su rostro la vergüenza que bailoteaba con descaro en el suyo, las lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos. Pero sobre todo, le aterrorizaba ver la decepción en sus brillantes ojos castaños, el dolor, inclusive el odio. El nudo en la garganta se apretaba cada vez más.

-He-Hermione, escúchame… Yo… yo no he sido bueno…

-Por favor, Draco, no digas eso. Tú eres el ser humano más puro y digno que…

-¡No, Hermione, no! ¡He sido terrible, he engañado, he mentido a la persona a la que más amo!

-Pero Draco, ¿de qué rayos estás hablando?

El joven por fin se atrevió a verla. Sus ojos se encontraron con los de Hermione, y a pesar de la confusión que reinaba en ellos, vio todo lo que nunca había encontrado antes en su familia, o en sus amigos, o en cualquier otra parte: vio honestidad, confianza, seguridad… y amor. Sobre todo, amor. Un amor que traspasaba las fronteras del odio y del desprecio, un amor que ignoraba las normas y convenciones sociales, un amor que ya no percibía que estaba bien y qué estaba mal. Un amor que estaba por encima de todo, y de todos. No pudo evitar derrumbarse entre los brazos de la alarmada leona, quien, al ver las lágrimas de Draco y su repentina debilidad, supo que algo andaba muy mal.

-¡Perdóname, Hermione, por favor perdóname!

-Draco, por Dios, ¿qué…?

Pero Hermione no continuó. Había divisado una figura en la obscuridad, una figura encapuchada, alta, que se acercaba con paso arrogante al lugar donde ella sostenía al sollozante Draco. Sin embargo, los ojos fríos y amenazantes de Blaise Zabbini le dijeron todo lo que necesitaba saber.

Y mientras el Slytherin alzaba su varita en contra de ella, no sintió miedo por lo que pudiera pasarle. De todos modos, su corazón ya estaba hecho pedazos.

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Pfff! Déjenme decirles que moría por escribir este capítulo, aunque ya en el momento me costó bastante xD. Pero aún así, me gustó el resultado. Si a ti no *cof escribe tu historia ¬¬ cof*, solo aprieta ese pequeño botón verde que dice "review" y lánzame un jitomate. Si en cambio lo amaste, también aprieta el pequeño botón verde que dice "review", hazle un favor a la autora y alimenta su pequeña autoestima *.*

xD naah, ya hablando en serio, se acepta cualquier duda, comentario, idea, sugerencia, jitomatazo, flor, etc, la historia sigue cambiando y un pequeño review no cuesta nada ;)

Nos vemos la próxima semana, capítulo 18 casi terminado!