No me maten, ¡no me maten! ¡Suplico clemencia! Sé que debí haber actualizado hace mucho, pero... ("Marianna, seamos realistas, no hay pretexto válido para tus retrasos, ni siquiera puedes echarle la culpa a las voces que hablan en tu cabeza, no en esta ocasión; eso sería sumamente infant--- ¡PLONG!") ¿Les comenté que estoy estrenando resortera? ^^
En fin, Voz no. 4 tiene razón, no hay pretextos u_u (estúpida voz, siempre has de tener la razón ¬¬). Pero Voz no. 3 (la que siempre me consuela) dice que todo quedará perdonado en cuanto lean este capítulo ^^ así que confiaremos en su sabio juicio. ("Espera, espera... La encargada de los juicios aquí soy YO ¬¬" comenta molesta Voz No. 5. "¡Y luego que por qué las cosas nos salen mal, Marianna! ¿Es que nunca puedes respetar a los dem--- ¡PLONG!").
Ejemm... ¿Preparados? ^^
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El plan
-¡NO!
El grito de Draco Malfoy resonó en los jardines, mientras interponía su alta y estilizada figura entre Blaise Zabbini, temible con la varita en ristre, y Hermione Granger, quien permanecía estática, sentada en el pasto. A pesar de la conmoción, no podía dejar de notar que Hermione no había intentado defenderse del inminente ataque, que ni siquiera se había movido de donde estaba. Sintió una terrible opresión en el pecho.
-Quítate de en medio, Malfoy, y acabemos con esto de una buena vez… - dijo Zabbini entre dientes.
-¿Qué diablos estás haciendo aquí, Zabbini? ¡Te dije que ya te llamaría yo cuando fuera conveniente!
-Ah, quieres decir después de llorar como un bebé en brazos de Granger, ¿no es así? Bueno, pues me adelanté; y afortunadamente, puesto que nunca te vi con muchas intenciones de llamarnos…
-¿Así que estuviste espiándonos, eh? ¡Cual vil y asquerosa rata, Zabbini!
-Yo no lo llamaría "espiar", Malfoy; más bien lo considero como asegurarme de que ibas a hacer lo que debías hacer… Desconfiaba, y con justa razón, por eso te seguí hasta aquí, y evidentemente, no pude evitar escuchar su interesante conversación… Así que noble y honrado como la flor de loto, ¿eh, Granger?
-¡Lárgate, vete de aquí y no te atrevas a hacerle daño a Hermione!
-¿Así que ahora ya es Hermione, y no "la sangre sucia asquerosa", eh? Porque debes saber que así te llamó todo el tiempo, Granger. Sangre sucia inmunda, maldita hija de muggles, escoria del mundo mágico… Tienes de sobra para elegir – dijo Zabbini con crueldad.
No obstante, Hermione siguió sin pronunciar palabra; es más, sin siquiera dar noticia de haber estado escuchando.
-¿Qué es lo que quieres, Zabbini? – escupió con fiereza Draco.
-Ya te lo he dicho, quiero terminar lo que tú empezaste, lo que se nos encomendó y que ahora no quieres concluir…
-¿Estás… estás solo? – preguntó el rubio, observando a su alrededor con una mezcla de furia y pánico.
-No, que va, he traído conmigo a la Orden del Fénix para que después nos vayamos a tomar el té. Por supuesto que estoy solo – respondió el Slytherin, poniendo los ojos en blanco para después observar a la inusual pareja con su habitual arrogancia y con otra emoción en su mirada, algo que Draco todavía no alcanzaba a distinguir. – Quedaste de avisar al resto de la pandilla cuando fuera oportuno, presumiblemente a medianoche. Son las 11:45 – añadió, observando su reloj. – Así que, ¿listo?
-Zabbini… Blaise… Yo… - Draco tragó saliva. – Por favor, tienes que entender…
-¿Entender exactamente qué, Malfoy? – inquirió el joven, levantando una ceja. Y ahí estaba otra vez esa cosa en sus ojos, eso que le provocaba una sensación aguda, como si…
-Blaise… Blaise, pero si tú ya lo sabías… - por fin habló Malfoy, cayendo en la cuenta de que el chico parado frente a él, quien siempre había fingido ignorancia total, en realidad siempre lo había sabido todo, siempre había estado al tanto de sus verdaderos sentimientos por Hermione.
-¿Saber qué? ¿Que siempre has estado enamorado de esta… Granger? – dijo Blaise, haciendo una mueca por no poder insultar a la leona cómodamente. - ¿Que todo este tiempo has tratado de engañarnos, que has ocultado tu verdadera relación con ella, disfrazándola de "apego al plan"? Pues, si te soy honesto… sí, lo he sabido desde hace ya mucho. Y no puedo terminar de creérmelo, Malfoy. ¿Hermione Granger? ¿De verdad te has enredado con ella? ¿Y acaso es ella más importante que tu propia madre?
-Blaise, por favor, tienes que entenderme… - repitió el rubio.
Draco se sentía caer en un pozo de desesperación, uno de esos que no tienen fin; sintió su cuerpo desplomarse en la oscuridad de la noche, a un lado de esa terrible Hermione, que no hablaba, no se movía, no vivía… El chico se sentía desfallecer ante la total inmovilidad de la leona; hubiera preferido mil veces que lo golpeara, que le gritara y lo llamara de cien modos distintos, que lo hechizara, que lo matara si eso deseaba… "Bien sabe que me haría un favor", pensó amargamente.
-No, Malfoy. No me pidas que entienda la traición, que entienda la deslealtad y la falsedad entre quienes juraron servir para un mismo propósito. No me pidas que lo entienda, porque nunca lo he concebido ni aprobado – Blaise soltó un suspiro. – No obstante, Malfoy… Draco… eso no quiere decir que no te comprenda, porque lo hago mejor de lo que tú crees. Porque si hay algo que he conocido, y de lo que últimamente comprendo… es de amor, Draco. E irónicamente, todo te lo debo a ti.
"Yo nunca he sido de sentimentalismos, tú lo sabes mejor que nadie. Nadie nunca había logrado entrar en mí y apoderarse de esta manera de mis pensamientos y sentimientos; es más, nunca pensé que alguien pudiera hacerlo. Y sin embargo, Pansy… Pansy logró llegar a un sitio en mi interior, ¿lo entiendes? Un sitio que yo ni siquiera sabía que existía. Encontró en mí cosas que antes no estaban ahí, y es un sentimiento tan grande, tan irreal, tan… Bueno, supongo que tú debes saber bien cómo es esa sensación. Claro, he de admitir que si tú no la hubieras despechado tan perversamente, muy probablemente no te estaría diciendo esto esta noche. Pero, pues, quién sabe, tal vez sea que esto estaba destinado a pasar, yo con Pansy y tú con… con Hermione.
El rubio se había quedado mudo. ¿Era posible acaso pensar en una esperanza siquiera?
-Yo no voy a meterme donde no me llaman, Draco, eso lo sabes. Sin embargo, debemos reconocer que el modo en que las cosas terminen o sigan hoy ha de afectarnos a todos. Si algo podemos asegurar, es que pase lo que pase, ella no va a ayudarnos – Blaise dirigió una mirada a la estatua junto a Draco. – Por tanto, ya podemos considerar al plan un rotundo fracaso y esperar las represalias. Ahora, debemos pensar muy bien cuál será tu próximo paso, pues debemos actuar con naturalidad, ser capaces de fingir que el plan falló de un modo más… estrepitoso, digamos, y que no fue culpa tuya, por supuesto…
-Blaise, yo… Yo no puedo pedirte que mientas por mí.
-No lo hago por ti, Draco. Lo hago porque temo la ira del Señor Tenebroso en cuanto lo descubra, temo que nos haga algo a nosotros, a nuestros padres, o a nuestros – Blaise tragó saliva – seres queridos. Creo que de momento, lo más importante de todo es resolver qué haremos con esta chica.
Ambos miraron a Hermione, pero ella no se inmutó. El corazón de Draco se estrujaba y aflojaba al compás de la respiración de ella, su único movimiento perceptible. La luz de la luna le permitió ver las pupilas inundadas de la joven, y su corazón se oprimió aún más fuerte.
-Déjame… Déjame hablar con ella, Blaise.
-¿Estás seguro? – respondió la serpiente arqueando la ceja. – No me parece lo más… prudente.
-Tal vez, tal vez no lo sea, pero… Tiene que saber – afirmó el rubio, sin apartar su mirada de los brillantes ojos castaños de Hermione.
-Bien, lo que digas. Faltan cinco minutos para la medianoche – dijo Blaise, mirando su reloj tras soltar un suspiro. – Será mejor ir a comunicarle al resto que la operación se ha abortado. Ya decidiremos después cómo abordaremos la situación.
-Sí… ve, Blaise.
-No hables de más, Draco. Yo velaré por ti con la pandilla, pero tú también procura cuidar tus espaldas. Nuestras espaldas – corrigió Zabbini.
-Sí… Gracias.
Pero el muchacho ya se había alejado por los jardines de Hogwarts, en dirección a la Sala Común de Slytherin.
Draco suspiró. Todo lo que había tratado de evitar, todo lo que había procurado ignorar, todo caía ahora sobre él con un peso que amenazaba con aplastarlo si no hacía algo para liberar su carga. Pero el único modo de hacerlo, el único modo de aligerar el lastre que soportaba su alma era implorándole perdón a la única persona a la que había amado sinceramente, y que le había correspondido; la única que siempre había estado ahí y nunca le había abandonado, pasara lo que pasara, que lo había defendido de todo y de todos. Y ahora él la había traicionado, había asesinado su corazón, aunque éste siguiera latiendo. Le había hecho un daño mucho peor del que hubiera podido hacerle físicamente, o incluso en su interior, si no hubieran estado tan enamorados el uno del otro. Y eso no tenía nombre. Ni perdón.
-¿Hermione? ¿Her… Hermione, me oyes?
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-¿Hermione? ¿Her… Hermione, me oyes?
Y ella oía, sí, pero no escuchaba. No podía, no podía concentrarse en otra cosa que no fuera el terrible e insoportable dolor que sentía en el pecho, en tratar de aceptarlo, de controlarlo, de evitar que la partiera en dos y la matara de pena. Pues había comprendido desde un principio lo que pasaba; no había sido necesario que Zabbini intercambiara todas esas palabras con Draco. Por Merlín, estúpida no era, y había entendido todo, de cabo a rabo.
Draco no estaba con ella por amor… Ella era sólo un medio, un peón en el juego en el que se empeñó en hacerle participar. Draco buscaba algo más, algo que le había sido asignado, que podría salvar a su madre y que le traería la gloria con la que de seguro soñaba. Por ello, Draco no había dudado en hacerla partícipe, cómplice y víctima de su macabro plan, destinado, al parecer, a romperle el corazón. Para Draco, nada había sido importante, ni las cartas, ni los besos, ni los fugaces encuentros secretos, ni las miradas intensas, ni las palabras de amor… solo el plan.
Pero Hermione también escuchaba que hablaban de amor. ¿Amor? ¿Cómo personas como ellos podían pronunciar esa palabra tan sagrada sin que les quemara los labios? ¿Cómo se atrevían a afirmar que ellos amaban, si eran capaces de hacer bajezas tan ruines, tan viles, como la que habían hecho con ella? ¿Si eran capaces de pasar por sobre todo, sin pensar en los demás, sin actuar con compasión ni tratar con decoro a quienes lo merecían, todo por egoísmo? ¿Que ellos conocían el amor? Sí, seguramente.
"Tonta. Tonta. TontatontatontaTONTA " repetía una y otra vez su embotado cerebro. Tras la repentina aparición de Blaise Zabbini en el picnic nocturno, se había visto incapaz de mover un solo músculo del cuerpo. Al parecer, su mente no podía procesar otras órdenes mientras lidiaba con los terribles pensamientos que inundaban la cabeza de Hermione. Pero de cualquier modo, ¿para qué quería moverse, o hacer cualquier cosa? Es más, ¿para qué quería seguir viviendo, si sabía que el motivo de su existencia, su vida misma era una mentira?
Y había sido en ese momento cuando las lágrimas habían anegado los ojos de Hermione. Sin embargo, no se había permitido derramar una sola. Hasta ahora.
-¿Hermione? Por favor, mi amor; sé que me escuchas. Por favor, di algo, responde, lo que sea…
Hermione no dijo nada. No había imaginado que el nudo en su garganta estuviera tan fuertemente apretado. Pero hizo un esfuerzo por hablar, siempre mirando la nada. Pudo decir sólo tres palabras.
-¿Por qué, Draco?
Y fue entonces que, al no encontrar respuesta, la primera lágrima corrió por su mejilla, iluminada en su camino por la luz de la luna.
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Draco Malfoy se sentía basura. No, peor que basura. La basura todavía tiene derecho a existir, y personas como él deberían ser eliminadas de la faz de la Tierra antes incluso de pisarla. Sí, personas como él, capaces de herir al ser a quien más amaban, aquél quien les había dado todo… Ciertamente, esos monstruos no deberían tener la facultad de vivir para hacer tanto daño. "Y sin embargo, aquí sigo. Dios mío, ¿por qué rayos tenías que hacerme nacer?".
¿Y por qué rayos tenía ella que hacer esa pregunta? ¿Por qué, si era la más difícil, la que no tenía respuesta, sólo pretextos? "No es un pretexto el querer salvar a tu madre de la muerte", le dijo una vocecilla en su cerebro. Sin embargo, Draco sabía que en parte era su culpa, pues él había aceptado aquella perversa misión, cuando desde un principio debió haberse negado rotundamente a participar, rogar que lo cambiaran por otra persona, que le asignaran un rol distinto… y no lo había hecho.
-¿Por qué, Draco?
Y él no podía responder, no podía, porque no tenía una respuesta. La amaba demasiado como para decirle algo que le rompiera todavía más el corazón. Sin embargo, sabía que debía ser sincero; ahora más que nunca, debía hablar con la verdad si quería tener una mínima, ínfima esperanza de que ella lo perdonara…
-Hermione… Mi amor, mi Julieta, por favor…
-No me llames así, Draco Malfoy – la voz de Hermione se había endurecido de pronto; sin embargo, sus ojos seguían inundados. – No te atrevas a llamarme así nunca más, porque no te lo permitiré.
-Por favor, Hermione, escúchame…
-¿Escuchar qué? ¿Cómo planeaste engañarme, enamorarme y hacerme creer que tú sentías lo mismo por mí, todo como parte de un asqueroso plan? ¿Piensas que realmente necesito escucharlo, que no me has lastimado ya lo suficiente?
-Tú no entiendes…
-¿Y qué es exactamente lo que debo entender, Draco? ¿Qué es lo que debo escuchar? Es más, ¿por qué rayos sigo hablando contigo? Debería ya estar en el despacho de Dumbledore, contándole todo esto… - los ojos castaños de Hermione relampagueaban, mientras miraba con una mezcla de furia y repugnancia al rubio.
-¡NO! ¡Hermione, por favor, no! – aterrorizado ante la perspectiva, Draco tomó la muñeca de la chica para evitar que se marchara.
No imaginó lo que pasaría a continuación. Un estallido de luz roja iluminó el sombrío jardín, mientras la serpiente salía despedida hacia atrás y chocaba con el grueso árbol donde una hora antes, transcurría la velada romántica más perfecta que pudiera concebir. Cuando pasó el aturdimiento inicial, vio a Hermione con la varita en alto, apuntándolo directamente, y con la mirada más cargada de odio con la que Draco había tenido la desgracia de enfrentarse.
-No me toques. No vuelvas siquiera a pensar en poner una de tus asquerosas manos sobre mí, Malfoy, o lo vas a lamentar.
Draco estaba conmocionado. Hermione lo estaba amenazando. Hermione. Su Hermione. La que hacía apenas unos minutos le decía cuánto lo amaba y lo comparaba con la flor de loto. Y ahora lo desafiaba de aquel modo, con ese odio, ese desprecio tan terrible, que hacía que prefiriera mil veces enfrentarse a la furia del Señor Tenebroso a mirar una vez más los ojos de Hermione.
-Hermione…
No pudo articular una palabra más. Un sudor frío, que nada tenía que ver con el ataque del que estaba siendo víctima, le recorrió la espina dorsal. No tenía miedo, definitivamente Hermione le estaría haciendo un favor si en ese momento se decidía a liquidarlo. Pero el hecho de que fuera precisamente ella, el que lo detestara tanto al grado de amenazarlo con su varita, cuando su amor había sido tan profundo y sincero… Y sobre todo, cuando él todavía la amaba como a nadie.
-Mira, Malfoy, será mejor que acabemos con esto de una buena vez, como ya bien decía Zabbini. No tiene caso seguirnos engañando; además, no es prudente que yo siga aquí contigo, pues podría venir cualquiera de tus amiguitos a unirse a la fiesta… - cada palabra destilaba odio puro, y penetraba en el corazón de Draco como ácido. – De cualquier manera, soy más hábil que cualquiera de ellos, pero un ataque conjunto, quién sabe lo que podría… En fin, eso no importa. Lo que sí me interesa es que me expliques exactamente en qué consiste ese ruin plan del que tanto hablaban Zabbini y tú. Y me lo vas a decir.
Draco tenía toda la intención de contarle el plan, pero el tono en que la leona se dirigía a él lo hacía dudar. No podía pensar sólo en él; había que considerar también a sus amigos, y a sus padres, y a los amigos de sus padres… Y si Hermione cumplía lo de contarle a Dumbledore… significaría el fin. De todos.
-Hermione… Está bien, te lo diré, pero antes debes jurar…
-¿Jurar? ¿Te parece que estás en posición de negociar, Malfoy? – bufó la castaña con sorna. – Quien pone las condiciones en este momento soy yo. Y que te quede claro: no estoy conviniendo nada, estoy exigiendo.
El rubio bufó a su vez, pero no pudo evitar darle la razón a la chica. Además, a cada momento que pasaba, su resistencia se iba debilitando más… La estocada final la había asestado ella al llamarlo por su apellido y no por su nombre, como dando por sentado que las cosas volvían a ser como lo habían sido por cinco años, y que no merecía que ella lo nombrara tan familiarmente.
-Está bien, tienes razón. Te lo explicaré todo, todo lo que quieras saber; pero antes, me dejarás decirte algo más y no me interrumpirás en ningún momento, ¿está claro?
Hermione tragó saliva, pero asintió mientras se sentaba cerca de la serpiente, bajo el árbol, sin dejar nunca de apuntarlo con la varita. Draco suspiró, asumiendo que ella no se sentiría segura hasta que él hablara, por lo que decidió comenzar.
-De acuerdo, aquí vamos:
"Antes que nada, quiero decirte que te amo. No me interrumpas, lo prometiste – dijo Draco, al ver que la chica se disponía a discutir tal afirmación. – Es cierto, Hermione, te amo con toda mi alma y con todas mis fuerzas, más de lo que puedes imaginarte. Tanto como para negarme a adelantar los planes, a ponerlos en práctica con anticipación, como pude perfectamente haber hecho, todo con tal de permanecer a tu lado un poquito más de tiempo y engañarme con la idea de que, si lo retrasaba haciéndole creer a todo mundo que todavía era imposible realizarlos, tal vez llegaría el día en que me dijeran 'Olvídalo, Draco, ya no es necesario que hagas nada'.
"Pero fui estúpido. Muy estúpido, Hermione. No entendí desde un principio que el Señor Tenebroso no olvida las cosas así de fácilmente, y que no podría liberarme de lo que me correspondía hacer a menos que muriera. Y me seguí mintiendo, atrasando cada vez más el momento en que pusiera en marcha la operación, enamorándome cada día más de ti y haciendo cada vez más difícil actuar. Todo con tal de evitar esta terrible mirada con la que me estás viendo en estos momentos.
Draco suspiró una vez más. Podía ver que Hermione, aunque seguía apuntándolo con la varita, había bajado ligeramente la guardia, y la tensión ya no era tan palpable. Además, su rostro había cambiado, se había dulcificado, y aunque todavía podía ver cierto desdén en sus ojos castaños, también había algo de atención, de tristeza y de… ¿lástima?
-Sin embargo, el hecho de amarte tanto como lo hago no justifica mis acciones, ni me pasa al bando de los chicos buenos. La realidad de todo esto es que desde un principio actué indebidamente, puesto que no debí prestarme para esta situación. Y es ahora cuando pago – bueno, pagamos – las consecuencias. Pero en fin, tú no quieres pretextos ni justificaciones, y siendo honestos, yo tampoco quiero decirte más basura de la que ya te he dicho. Quieres la verdad, y me parece justo, por lo que es precisamente lo que te daré. Solamente la verdad.
La miró a los ojos una última vez. No creía que fuera capaz de sostenerle la mirada en otra ocasión; contando, claro, con que ella lo dejara vivir después de lo que iba a decirle. Suspiró una vez más antes de comenzar.
-Pues bien, esta es la verdad: desde que entramos al colegio este año, se me encomendó una misión, una misión de suma importancia para el Señor Tenebroso, algo que estaba fuera de su alcance pero que consideró que yo podría cumplir fácilmente con astucia y un poco de ayuda de mis compañeros.
"Si te soy sincero, Hermione, desde un principio, mi interior se rebelaba contra este destino. Me pesa mucho llevar el apellido que tengo, es como una etiqueta que me obliga a cumplir con lo que se espera de mí y evita que sea yo quien decida qué hacer de mi vida, cuando y como me apetezca.
"Pero, ¿cómo lo evadía, Hermione? ¿Cómo lo evadía, si eso equivalía a traicionar no sólo al Señor Tenebroso, sino también a toda mi familia, a mis amigos, quienes en ese entonces eran lo más importante en mi vida? Antes de que aparecieras tú, claro. Porque en cuanto entraste a mi vida, primero como Two-Faced Girl y después simplemente como Hermione, te apoderaste de mi existencia entera. Deseaba sinceramente que todo lo que hiciera, pensara y dijera fuera por y para ti. Sin embargo, me ataban cadenas demasiado fuertes, las cuales, por mucho que luchara contra ellas, eran prácticamente imposibles de romper. Así que opté por lo más cómodo y sencillo, y como ya te dije, dejé transcurrir el tiempo, esperando la llegada de una carta que dijera que me olvidara de cualquier ridículo plan y disfrutara mi vida. La cual, como es evidente, nunca llegó.
"Pero tú no quieres saber esto, dijo el rubio, viendo a la muchacha cuya mano derecha había empezado a temblar, haciendo oscilar la varita que sostenía. A ti no te interesa si yo me rebelé, o si yo quería hacerlo, o si sufrí con lo que me tocó vivir. No, no te importa, y lo entiendo. No trates de negarlo, pues no funcionará.
-Sí lo siento, Draco. ¿Crees que esto no me está afectando en un nivel… personal? – respondió la joven.
Draco no respondió, aliviado momentáneamente por el hecho de que Hermione ya lo había llamado por su nombre, y no por su apellido. Tal vez, después de todo, las cosas tendrían un final feliz.
-Bueno, de una u otra manera, en estos momentos no es eso lo que está en discusión. Ya es hora de que te revele lo que el Señor Tenebroso me encomendó. Algo que, antes de este año, yo pensé que podría hacer fácilmente, casi sin esfuerzo, antes de descubrirte a ti, y con ello, descubrir que todavía tengo corazón. Algo que te involucraba a ti directamente, y que a pesar de todas las diferencias que habíamos tenido por tanto tiempo, creí que sería pan comido.
Hermione estaba lívida, pero guardó silencio. El joven, suponiendo que prefería que él continuara, lo hizo muy a su pesar.
-Hermione… ¿Recuerdas… Recuerdas tu TIMO de Defensa Contra las Artes Oscuras? – preguntó, luchando por no atragantarse con las palabras.
-¿Mi… Mi TIMO de…? ¿Mi TIMO de Defensa Contra las Artes Oscuras? – repitió ella, perpleja.
-Sí… Sí – cada vez era más difícil, pero tenía que hacerlo.
-Pues… Pues sí. Claro que lo recuerdo, fue mi calificación más alta. Obtuve un Doble Extraordinario por el proyecto que presenté y según la Profesora McGonagall, soy la primera alumna en lograrlo desde hace más de doscientos años. Pero, no entiendo Draco… ¿Qué tiene que ver mi TIMO de Defensa Contra las Artes Oscuras con lo que estamos hablando esta noche?
La interrogación se pintaba en los castaños ojos de la leona. Pero Draco no los miraba. Observaba el prado iluminado por la luz de la luna, el resplandor tenue del lago, el movimiento de la hierba mecida por el viento… Y mientras, pensaba en cómo decirle a Hermione lo que tenía que decirle.
-¿Y recuerdas… recuerdas de qué trató tu… tu proyecto? – "Dios mío, ayúdame a que lo entienda".
-Sí, por supuesto. Diseñé este objeto… Una especie de bola de cristal, haciendo una comparación sumamente burda, claro está, cuyo interior contenía un nuevo hechizo, que también inventé. Es algo complejo…
-Tú lo creaste, sabrás como funciona – alcanzó a balbucear Draco en respuesta.
-Lógicamente. En el prototipo, tuve que utilizar algo de física muggle, pero en sí lo que buscaba era crear una especie de agujero negro, los cuales, como espero que sepas, tienen tal capacidad de absorción que ni siquiera la luz escapa de ellos. Por supuesto, los efectos estaban sumamente atenuados gracias a los hechizos extra que utilicé, por lo que no constituía ningún peligro el acercarse. Además, el encantamiento que yo creé provocaba que la Esfera de Condensación de Magia sólo absorbiera ciertas cualidades que… Pero… Espera un minuto… ¿De qué va todo esto, Draco?
La serpiente notó como la chica se ponía en guardia otra vez, sujetando con firmeza la varita.
-Tranquila, Hermione. No hay cuidado. Yo también sé perfectamente cómo funciona tu Esfera de Condensación de Magia. Y lo sé porque… Porque robé tu proyecto.
-¿Que robaste mi…? Draco, ¿qué me estás tratando de decir?
El rubio se había levantado; no podía seguir al lado de ella. Notó como su varita seguía cada uno de sus movimientos, apuntando a su espalda. Y aunque la voz de la castaña había temblado, sabía que su determinación a hacerse con la verdad no se había tambaleado. Volteó por fin y la miró.
-Lo que escuchaste. Robé tu proyecto. O más bien, la parte teórica de tu proyecto. Justo después de que presentaras el examen. Me infiltré en el despacho de la profesora McGonagall, cuando ni siquiera había sido calificada tu prueba, e hice una copia. Cuando lo presentaste frente al examinador, me intrigó lo que explicaste acerca de él y pensé que podría ser útil, por lo que decidí tomarlo. Fue una suerte, pues después se lo llevaron para todas esas condecoraciones. Incluso supe que hace poco Dumbledore se fue por dos semanas a ver al ministro, como representante de tu proyecto, lo cual solo confirmó que era un plan sumamente ambicioso. Y perfectamente plausible, además – añadió el joven.
-Pero Draco… - fue lo único que atinó a decir Hermione, pues comenzaba a hacerse una idea de lo que estaba pensando.
-Así que me lo llevé, y ese verano lo presenté a mi padre. Estaba tan excitado ante la perspectiva de mostrárselo al Señor Tenebroso. Y aún más cuando se me asignó mi misión – dijo Draco con sorna.
-Draco…
-¿No lo has adivinado todavía, Hermione? Le enseñé tu proyecto a una horda de mortífagos y al mismísimo Señor Tenebroso. Les mostré tu Esfera de Condensación de Magia, un instrumento que, según tu teoría, podía hacer que el Señor Tenebroso se adueñara del poder de cualquier criatura con sangre mágica que posara sus manos sobre él. Algo que, bien realizado, podía hacer al Señor Tenebroso diez, cien, mil veces más poderoso, y por ende, invencible. Era perfecto, perfecto simplemente. Sólo había un pequeño problema: ¿cómo crear una de ésas? Pues evidentemente, no es algo que pueda llevar a cabo un mago cualquiera. Necesitábamos a alguien excepcional, un mago inteligente, poderoso y que supiera cómo hacer el proceso. Un mago o una bruja, Hermione, que accediera a crear una Esfera de Condensación de Magia para nosotros. Mago o bruja.
-Draco… - dijo débilmente la leona.
-¿Te das cuenta ahora de cuál es la idea, Hermione? Por Merlín, claro que debes darte cuenta, no en vano eres la persona que diseñó esta cosa. Así que ya lo sabes entonces. El plan consistía en secuestrarte, llevarte fuera de Hogwarts, lejos del amparo de Dumbledore, del castillo y sobre todo, de Potter – la serpiente casi escupió el último apellido. – Llevarte y conseguir que crearas una réplica de tu Esfera de Condensación de Magia, porque, según entiendo, tu prototipo fue destruido tras ser examinado por el Ministerio.
-Draco…
-Por supuesto, no era fácil. Estas más protegida de lo que tú crees. Pero bueno, ahí era donde yo debía entrar. Estaba comisionado a acercarme a ti, a lograr ganarme tu confianza para facilitar el momento del secuestro, o incluso, convencerte de participar en nuestro plan por tu propia voluntad. El Señor Tenebroso creía que era necesaria una persona con cierto carisma, el suficiente para conquistarte, y estimó que yo estaba a la altura de las circunstancias – Draco hizo una mueca. – Así que, por el bien del plan, debía lograr que tú me aceptaras, Hermione. Que te convencieras de que yo no entrañaba ningún peligro, y que podíamos mantener una buena relación. Que podíamos ser amigos.
"Notarás que no existe ninguna lógica entre lo que te estoy diciendo y mi actitud hasta el Baile de Navidad. En ningún momento intenté acercarme a ti, ni tratarte de buena manera. ¿Por qué? Simple y sencillamente, porque no quería hacerlo. Desde un principio me negué a la misión, ya te lo he dicho, y además en esos momentos todavía no llegaba a conocerte como ahora. El aceptar el 'encargo' implicaba mezclarme contigo, y en ese entonces, para mí todavía eras una Gryffindor, la mejor amiga de Potter y… y una hija de muggles.
Hermione no respondió. Sabía que él había estado a punto de decir "una sangre sucia", y que se había contenido.
-Imagínate mi sorpresa cuando te descubrí en aquel Baile de Navidad. De todas las personas en Hogwarts que pudieron haberme tocado como amigos por correspondencia, ¡tuviste que ser tú! La única que me quedaba completamente vedada, gracias a nuestro desastroso pasado y a mí repulsivo presente. Y peor aún: la única persona de Hogwarts y del mundo que había causado una impresión en mí, y de la que me había enamorado sin remedio. Tan sólo imagínalo, Hermione. Tenía la misión de conquistarte y resulté yo el conquistado.
"Tras la sorpresa, vino el miedo, afirmó el rubio. ¿Y ahora qué hacía? Estaba entre la espada y la pared: por un lado, tenía una misión de la cual dependía la seguridad y probablemente la vida de mis amigos y mis padres, y los amigos de éstos. Y por el otro, te tenía a ti, que me hacías sentir como nunca pensé que pudiera sentirme. Mis amigos pensaron que ahora el plan sería pan comido, que probablemente estaba escrito en las estrellas que funcionara, pues aunque yo no había intentado nada contigo, tú habías llegado hasta mí. Sólo yo sabía que las cosas no eran tan fáciles como parecían. Bueno… Zabbini y yo, supongo.
"En tal dilema, me pareció que lo más prudente era fingir. Fingir con ellos que ya había puesto en marcha el plan, pero que no estaba resultando sencillo, y fingir contigo que todo iba bien, que la nuestra era una amistad común y corriente que terminaría en romance, como muchos. Lo único en lo que nunca mentí fue en mis sentimientos. Te amé desde que conocí tu interior, y eso es completamente cierto. Pero fui estúpido al actuar de ese modo, porque el ir retrasando los planes cada vez más, alegando lo difícil que era ganarse tu confianza cuando era evidente que la tenía más que segura, hizo que sucediera lo que temía: fui amenazado. Con la muerte de mi madre, si yo no lograba hacerme con esa estúpida Esfera de Condensación de Magia. Fue entonces que entré en pánico, y tuve que poner en marcha una operación de emergencia. Informé a mis compañeros que esa misma noche te pediría la cita – esta cita. Debían estar preparados para cuando hoy, a medianoche, yo los convocara para llevarte por la fuerza.
-¿Y no se te ocurrió pensar que tal vez yo no saliera contigo? – la varita de Hermione y su voz hacían una competencia para decidir cuál de las dos temblaba más.
-Hermione... Piénsalo, Hermione. ¿De verdad hubieras rechazado una cita conmigo? – respondió a su vez la serpiente, con un atisbo de ironía.
Ella no dijo nada, pero había comenzado a levantarse, siempre apuntando.
-Y ahora estoy aquí, con el plan hecho pedazos, al igual que tu confianza en mí… Y tu amor por mí también, supongo – concluyó finalmente Draco. Su voz se había enronquecido de tanto hablar, y tartamudeaba bastante.
Una vez más, Hermione guardó silencio. Draco no podía soportar la dureza que veía en su rostro, la amenaza que significaba su varita, pero sobre todo, el dolor que reflejaban esos ojos castaños que él tanto amaba. Ella tenía que perdonarlo. Él tenía que lograr que ella lo perdonara, porque si no lo hacía, se moriría.
-Hermione, por favor… Ten piedad de mí, comprende todo lo que tuve que pasar…
-¿Y lo que yo tuve que pasar, Draco? ¿Lo que estoy pasando en este momento?
-Era traicionar a mi familia, a mis amigos… - replicó él débilmente.
-¡Yo también traicioné a los míos, Draco! ¡Por ti! ¡Y no me pesó hacerlo, para nada, porque te amaba, Draco!
-Pero es diferente… Hermione, me estaban amenazando...
-¿Y no se te ocurrió pensar en ningún momento que Dumbledore pudo haberte protegido a ti y a tu familia, de ser necesario? ¿Imaginaste que, en caso de que te arrepintieras, Dumbledore te diría "Oh, agradecemos tu valor al rebelarte contra Voldemort, pero no podemos hacer nada por ti, cuánto lo lamento"? ¿O exactamente que pensaste, Draco?
Ahora fue Draco quien calló, pues sabía que ella tenía razón. Tenía toda la razón del mundo. Por ello, cada palabra le dolía como una estocada en medio del pecho. Lo único que atinó a decir fue:
-Hermione… Yo te amo, Hermione…
-¿Amor? Por favor, Draco. No me hables de amor. Tú no sabes lo que es el amor. No lo sabes, porque eres un ser ruin, vil y despreciable; las personas como tú no pueden sentir algo tan puro y noble como es el amor. Eres lo peor que he conocido en mi vida, lo peor de lo peor. Peor que un asesino, que un ladrón, que un traidor, porque eres todo eso y más. Cuántas veces me lo dijeron, sólo por tu apellido, y cuántas veces yo no hice caso y te defendí. Pero ahora ya no me cabe duda: eres un Malfoy de los pies a la cabeza.
Fue como si alguien le hubiera tapado los oídos con algodón, mientras llenaba su cabeza con un zumbido agudo. ¿Era su Hermione la que estaba diciendo aquellas cosas tan terribles?
-Ahora mismo me voy al despacho de Dumbledore, a contarle toda la basura que escuché esta noche. No intentes seguirme o huir, pues no tendré el menor reparo en echarte una maldición. No, ya no – Hermione apuntaba directamente al pecho de Draco. Sin embargo, los ojos grises de éste, embargados por la pena y la culpa, no miraban el arma, sino a los de ella. – Yo también fui una estúpida por pensar que estabas siendo sincero conmigo. Después de todo, una sangre sucia siempre será una sangre sucia. Y un Malfoy, un Malfoy.
Dicho esto, la chica se marchó corriendo por el jardín, dejando atrás al rubio, que no había logrado mover un músculo. Para cuando comenzaron a correr las lágrimas, las de ella mientras se precipitaba al interior del castillo, las de él, acurrucado bajo el resguardo del viejo árbol, ya estaban muy lejos el uno del otro, tanto en cuerpo como en alma, por lo que ninguno escuchó el llanto del otro.
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¿Y bien? ¿Qué les pareció? ¿Demasiado rebuscado, muy estúpido, muy sacado de la manga? Lo sé, lo sé (las voces también lo saben), pero realmente trabajé en ello, lo juro T_T Es que eso de diseñar planes complejos y/o imaginativos no se me da (por eso siempre perdía jugando al escondite y me compre mi resortera ^^). Y si no me creen, ¡pregúntenle a las voces, son 100% confiables! (Bueno, tan confiables como pueden llegar a ser las voces en la cabeza de una chica de 18 años adicta a HP común y corriente ^^). Se aceptan todavía comentarios y sugerencias *cof jitomatazos y escupitajos en la cara cof* acerca de este capítulo y de ese maravilloso lugar en la nada llamado "hubiera".
De todos modos, capítulo 19 arriba en cuestión de días, ya está cocido y preparado para degustar ^^
REVIEWS!! (O Voz no. 2 [la agresiva] les jalará los pies en la noche *O*)
