Otro, por las molestias.


EN PARTE

Parte XXIII: El tiempo no perdona, baby

Cuando James entró en la habitación se produjo un silencio. En medio del círculo que habían formado se encontraba Dumbledore, serio, aunque su semblante cambió nada más verlo entrar. Le sonrió cariñosamente y le indicó que se uniera a ellos.

Éste, sin dudarlo, se situó al lado de su esposa, la cual llevaba en brazos a su hijo de apenas unos meses de vida, Harry. Sirius, que hasta el momento había estado al lado de ella, le palmeó la espalda, dándole así la bienvenida. Éste le sonrió agradecido. Hacía tiempo que aquella sonrisa no llegaba a los ojos de su amigo. Poco más de dos años.

.- Como iba diciendo – retomó su discurso Dumbledore -, he podido confirmar los rumores. Voldemort planea un nuevo ataque, pero esta vez es especial. Tiene que ver con una profecía…

Algo en el bolsillo de Sirius vibró en ese momento. Sabía lo que pasaría pronto. Su bolsillo empezaría a calentarse. Intentando no interrumpir el anuncio del aún director de Hogwarts, el exgryfindor se excusó y salió de la sala, aplicando los hechizos pertinentes. Cuando estuvo ya en un lugar tranquilo, sacó el espejo de su bolsillo.

.- ¿Severus? – preguntó, esperando a que aquel rosto tan conocido apareciera en éste.

.- Sirius – respondió aquella voz tan conocida. Desde la graduación que no se veían, pero gracias a aquellos magníficos espejos podían seguir en contacto.

.- ¿Cómo estás? – le dijo, aliviado de saber que el otro estaba vivo.

Severus se había ido, lejos. Dumbledore le había mandado a un remoto sitio del mundo que sólo éste y el exslytherin sabía, a cumplir alguna clase de misión secreta. Su pareja – si es que se podían considerar así – nunca le había dicho qué hacía ni donde estaba.

.- Cansado – comentó con un suspiro. - ¿Cómo van las cosas por ahí?

.- Como siempre – lo cual quería decir que mal. – Se ha confirmado lo de la profecía, por lo que parece. Tendremos que esconder a James, Lily y Harry, supongo.

.- ¿Necesitáis ayuda? – preguntó entonces.

.- Claro – dijo soltando una risotada algo triste. ¿Cuándo no la necesitaban? – Aunque no creo que puedas hacer mucho desde allí – dijo ahora sonriendo, esta vez cariñosamente.

.- No tardaré en volver, Sirius – anunció entonces, con tono serio pero con una sonrisa en la boca.

.- ¿Qué…? ¿En serio?

.- Sí, vuelvo a casa.

.- ¿Cuándo? – preguntó impaciente. Severus volvía. Volvía.

.- Aún no lo sé, pero en un mes máximo. Te enviaré una lechuza cuando llegue a Londres. Ahora tengo que irme. Adiós Sirius – dijo en ese tono de voz. Ese donde Sirius siempre parecía oír un "te quiero" callado.

.- Adiós – le respondió por igual.

Ellos no lo sabían entonces, pero aquella lechuza llegaría demasiado tarde. Sirius no leería la carta donde Severus le decía que le esperaba en el cuartel esa misma noche, para verlo. Severus no sabría, no en muchos años al menos, del engaño en el cual cayeron todos. No sabría que su pareja no los había traicionado. Tal vez si lo hubiera sabido no habría tomado la decisión que cambió su vida para siempre. Y Sirius no tendría la posibilidad de cumplir su promesa. No tendría la oportunidad de explicarse.

Porque Severus regresaría un 31 de octubre, un día que sería recordado con alegría y alivio por algunos, pero con mucha tristeza por otros.


Fin de la parte veintitres

Ahora sí, llegamos definitivamente al final… No sé qué pensar. No quiero publicar los últimos capítulos.

PD: Me paso "por el forro" las edades de la gente, que conste.

Riku Lupin