Bonne nuit à tout le monde! XD Perdón, llevo una semana estudiando francés sin parar XD ergo, mi cerebro subdesarrollado no coordina demasiado bien en estos momentos (sumo a ello el hecho de que son las 2 de la mañana, y culpo totalmente a mi profe y a las voces en mi cabeza ["Hey! ¿Y nosotras qué? No tenemos ni vela en el entier-- ¡PLAF!"]). Ahh sii, también por eso me había sido imposible actualizar, pero en fin ^^ El punto es que ya está aqui el nuevo capi.

Agradezco muchísimo los últimos adds, de AranaTokashi, sweetnez dark y velvet9uchiha. Ojalá la historia les siga agradando, dejen reviews, la recomienden a sus amigos, la impriman, encuadernen y pongan en un lugar de honor en su recámara, y me propongan como nuevo Premio Nobel de Lite--- ¡PLAF! ¡Oigan, eso no es justo, es MI RESORTERA! ¡No. 1, suelta eso y regresa INMEDIATAMENTE al interior de mi cabeza!

Ejemm... Sin más dilaciones y delirios, el capi ^^

IMPORTANTE!! LEER NOTA AL FINAL :P


Explicaciones

La luna llena se alzaba justo a mitad del cielo, iluminando los prados del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. El pasto y las copas de los árboles resplandecían gracias a la fina capa de rocío que caía sobre ellos, mientras el lago reflejaba el satélite y las estrellas lanzaban destellos a las ondulantes aguas. El muchacho sentado bajo el árbol más grande y viejo también brillaba. Sin embargo, su luz era triste y paradójicamente, apagada. Tal vez se debía al modo en que observaba el tranquilo lago, con ojos torturados por el dolor y una mueca desgarradora, o quizás fuera por sus mejillas que, empapadas en lágrimas que reflejaban la luz de la luna, eran las que le conferían aquella luminiscencia tan abatida. De cualquier manera, su aspecto contrastaba claramente con el paisaje sereno que lo rodeaba, aunque él parecía no percatarse de nada; nada que no fuera su propia pena.

De pronto, el joven se puso de pie. Su rostro, todavía atormentado, mostraba ahora también trazas de resignación. Sabía lo que había perdido esa noche, lo que tenía que hacer a continuación, y que no valía la pena intentar evadirlo. Era completamente inevitable.

Fue por ello que Draco Malfoy se dirigió a su Sala Común. De haber sido por él, hubiera permanecido en el jardín, bajo la luna, hasta el fin del mundo.

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A pesar de lo que le había dicho a Draco, Hermione no se dirigió al despacho de Dumbledore. Sabía que era un error imperdonable, que tenía que delatar a los Slytherins que habían conspirado contra ella antes de que fuera demasiado tarde, pero simplemente no podía. No podía hacerlo, porque era demasiado para una sola noche, demasiado para una sola persona, demasiado para un solo corazón. Necesitaba compartirlo, sí, pero no con Dumbledore. No en esos momentos.

Por lo tanto, Hermione hizo el recorrido directamente a su Sala Común, rogando que la Señora Gorda no pusiera muchas trabas para dejarla pasar. Estaba exhausta, física y emocionalmente. Entró a la estancia con la idea de tumbarse frente al fuego y esperar a cualquiera, a la primera persona que acudiera a salvarla del abismo en el que estaba cayendo lentamente, sin importar quien fuera. Fue grande su sorpresa cuando encontró que alguien había atendido su silencioso llamado con anticipación, aunque no tanta al pensar que, de cierto modo, ella ya sabía que lo encontraría ahí esperándola pacientemente, dispuesto a sostenerla apenas comenzara a caer, tal como lo había hecho durante seis años.

-Hola, Herm – los inquisidores ojos verdes de Harry Potter escrutaban el rostro de Hermione, tratando de encontrar la grieta que estaba seguro se encontraba ahí.

-Harry… Oh, Harry – Y aunque hubiera preferido que se tratara de cualquier otra persona, alguien que no fuera su mejor amigo, quien estaba profundamente enamorado de ella, no pudo evitar derrumbarse.

Y tal como esperaba, Harry la sostuvo. Sostuvo su cuerpo para que no tocara el suelo y sostuvo su alma para que no se desprendiera de su ser.

-Tranquila, tranquila, todo está bien… - susurraba una y otra vez en su oído, mientras ella se acurrucaba entre sus brazos y se cobijaba bajo su pecho, las lágrimas fluyendo incansablemente.

-Mentira, todo fue mentira… - repetía ella sin poder detenerse.

Y así permanecieron los mejores amigos un largo rato, hasta que los sollozos de la leona se transformaron en vagos hipidos y su cuerpo dejó de temblar. Aunque ya se había calmado, Harry no la soltó; es más, la abrazó todavía más fuerte.

-Espero que no te haya molestado que estuviera aquí, aguardando a que volvieras. No pude evitarlo, no sé, te noté muy extraña hoy en la tarde tras la cita con Dumbledore; y no pude creer que quisieras irte a tu habitación tan temprano, sin alguno de tus mil pendientes por hacer, no es nada normal en ti – dijo sonriendo. – Y cuando supe que Lavender y Parvati no estarían esta noche en la habitación… pues, comencé a sospechar. Así que, en cuanto se fueron a dormir todos, saqué el Mapa del Merodeador y seguí tus pasos. Te vi bajar por la torre de tu dormitorio, y luego en el jardín frente al lago, con – casi escupió la palabra – Malfoy. Pero pensé "bueno es su… agh… su novio, ¿y qué? Pueden salir, supongo". Pero por si acaso, me quedé vigilando el mapa… bueno, hasta antes de quedarme dormido. Eh, lo siento, estaba realmente cansado y… En fin, el punto es que cuando desperté, vi que Zabbini se alejaba de donde estaban ustedes. Y tuve miedo, ¿sabes?, realmente temí que hubiera pasado algo malo. Pero en lo que me decidía entre bajar y acusar a Malfoy de querer hacerte daño cuando Zabbini tal vez solo le había llevado una aguja para ayudarle a deshinchar su inflada cabeza, enfrentarme a tu mirada de odio más exclusiva (ya sabes, la que reservas para Snape y los que te despiertan muy temprano)… además de la furia de Malfoy (la cual, si te soy sincero, me hubiera alegrado) y quedar como un idiota… Bueno, en lo que me decidía a hacer el ridículo o no, vi que te alejabas de Malfoy y venías hacia aquí, por lo que supuse que estarías bien. Pero, pues… Tal parece que me equivoqué.

Pero la leona estaba tan sumida en sus pensamientos que no se percató del fin del monólogo de su amigo. El ojiverde la miró con angustia.

-¿Hermione? Mira, sé que no debo meterme donde no me llaman, y que tú ya me dejaste muy claro que prefieres al bastardo ese, por alguna extraña razón. Pero… Si te soy sincero, estoy preocupado, muy preocupado, Herm. Con gente como ésa no se juega, y… Mira, sólo dime que todo fue una estúpida pelea de noviecitos para ver quién quiere más a quien, y me iré a dormir.

-Harry, yo… - el nudo en la garganta le impedía hablar. Por una parte, deseaba poder desahogar el torbellino de emociones que la inundaba, y nada más y nada menos que con su mejor amigo, que seguramente tendría una palabra de aliento para ella, o simplemente un abrazo. Pero por otra, no quería hacerle daño a Harry con sus palabras, o infundirle falsas esperanzas, ni mucho menos, meterlo en un lío con Draco Malfoy. Ahora que sabía quién era realmente, temía lo que pudiera pasar, pues ahora sí sería un asunto muy personal.

El chico pareció adivinar lo que bullía en la cabeza de su amiga; no en balde la conocía tan bien. Tomó su rostro con ambas manos, haciendo que sus ojos castaños se encontraran con los suyos.

-Escucha, Hermione Jean Granger, porque voy a decirte algo muy importante y quiero que prestes toda tu atención – La miraba intensamente, sus ojos verdes destellando –. Estoy enamorado de ti, sí, es cierto y lo sabes muy bien. Detesto al imbécil de Draco Malfoy, y si a estas alturas no lo sabes bien, tendré que golpearte – Hermione sonrió débilmente. – Pero antes que nada, primero que cualquier sentimiento de amor o de odio, está el cariño que siento por ti, mi mejor amiga. Nada ni nadie podrá cambiar eso, pues antes que tu enamorado y su peor enemigo, soy tu mejor amigo, Herm, y estoy aquí siempre que lo necesites, ¿recuerdas? Y si lo que tienes es miedo de que me pase algo a mí o – Harry hizo una mueca – incluso a él, te digo que no hay nada de qué preocuparse. No voy a hacer nada que tú no quieras. No moveré un solo dedo sin tu autorización. Eso, claro, contando con que me quieras platicar lo que sucedió esta noche. Tampoco voy a obligarte a nada. Sólo quiero que sepas que estoy aquí, Herm, pase lo que pase, pese a quien le pese. Para toda la vida y por sobre todas las cosas.

Fue entonces que el último atisbo de desconfianza desapareció. Las lágrimas comenzaron a correr nuevamente por las mejillas de la leona, mientras se aferraba al torso de su mejor amigo con desesperación.

-¡Ay Harry, Harry! ¡Fue horrible, terrible!

Y entre sollozos, la chica comenzó a narrarle la historia de esa noche al muchacho, cuyos ojos verdes, a medida que escuchaban el relato, iban ensanchándose con horror y llenándose de furia.

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"Por Merlín, ¿en qué diantres estaba pensando al venir aquí en primer lugar?", pensó Draco Malfoy cuando arribó a la estancia que compartía con los miembros de su casa. Ahí, cinco pares de ojos lo esperaban en medio de la oscuridad de la sala, iluminados por el tenue resplandor de algunas velas que todavía no se consumían. Sin embargo, la luz era casi innecesaria; los ojos mismos prácticamente echaban chispas de rabia y pánico, lo suficiente para ver lo furiosos que estaban todos, lo aterrorizados que se sentían y el enorme problema en el que se habían metido.

-Zabbini nos ha comunicado que ha habido una falla en nuestro plan – espetó Nott, tratando de controlar su cólera.

-Así fue – respondió el rubio con calma. "Todavía no es momento de perder el control".

-¿Podrías ser un poco más específico, Draco? Porque Zabbini no ha querido decir ni media palabra de más, y dijo que tú serías quien nos contaría lo que pasó – repuso Pansy, su voz temblorosa.

Malfoy dirigió su mirada al aludido. Sus ojos se encontraron, gris contra azul, mientras Zabbini hacía un casi imperceptible movimiento de aprobación con la cabeza. "Gracias, amigo", pensó el rubio.

-Y eso es justamente lo que haré, Parkinson, a su debido tiempo.

-¿A su debido…? ¡Por Merlín, Draco Malfoy! ¿Es que no te das cuenta de lo que sucedió? ¡Falló el plan, el plan que nos encargó nada más y nada menos que el mismísimo Señor Tenebroso, mira por dónde! ¡No se trata de algo menor, algo que pudiéramos solucionar fácilmente! El plan FALLÓ y punto; ¡no hay vuelta de hoja! ¿Sabes lo que eso significa? ¿Lo sabes?

-Lo sé muy bien, Parkinson, créeme.

-¿Y entonces por qué no pareces preocupado, eh Draco? ¿Piensas que el Señor Tenebroso será indulgente contigo? ¿O con tu madre?

-Silencio ya, Pansy – interrumpió por fin Zabbini con su gélida voz, justo cuando Draco se disponía a contestarle, con el rostro rojo de ira. – Creo que lo más productivo sería que dejaras a Malfoy explicar qué fue lo que pasó, en lugar de estar discutiendo. Todo es irrelevante hasta que sepamos cuál es la situación.

Entonces la estancia se sumió en un denso silencio, y Draco pensó que era preferible el estar peleando con Pansy a este nuevo ambiente pesado en el que los Slytherins esperaban una aclaración. Sus sentidos estaban alerta; incluso podía oler en el aire la expectación: una mezcla de miedo, de enojo, de duda... Respiró hondo en la cargada atmósfera; había planeado lo que diría mientras seguía en el jardín y lo había ensayado rumbo a la Sala Común.

-Pues… La cosa está así: logré que Granger saliera del dormitorio de Gryffindor sin que nadie se diera cuenta, justo a las once, tal y como habíamos acordado. La llevé al sitio donde debía llevarla: el gran árbol, junto al lago, y ahí permanecimos, hablando de cosas intrascendentes, hasta que se empezó a acercar la medianoche, y fue entonces que le di la Poción de Sueño en su bebida, como estaba programado… Y ahí fue donde se empezaron a torcer las cosas.

-¿A torcer? ¿Qué quieres decir con eso? – interrumpió bruscamente Pansy.

-Cállate, Parkinson; deja que siga hablando – los ojos cafés de Nott brillaban de ira mientras veía a Malfoy.

-Con eso quiero decir que nunca se me ocurrió pensar que Granger tuviera la más mínima sospecha de lo que planeaba hacer con ella. Nunca se me ocurrió pensar que pudiera desconfiar; está tan enamorada de mí, la muy idiota… - "Auch", pensó Draco. "No hay opción; mantén los insultos al máximo o pueden recelar" le respondió una vocecilla en su cabeza que, curiosamente, hablaba como Hermione.

-¿Pero qué pasó, entonces? – la voz gruñona de Crabbe resonó en la estancia.

-Pues que yo, tratando de seguir con la farsa, actué tan natural como pude, y en algún momento me distraje y la chica puso Veritaserum en mi copa – dijo pausadamente el rubio.

El silencio imperó en la Sala mientras los Slytherins trataban de asimilar el significado que esas palabras encerraban.

-¿Y… confesaste? – se atrevió a preguntar Zabbini, aunque él conocía la verdad, aún sin escuchar el cuento chino de Draco.

-Sí.

Una vez más, nadie pronunció palabra. Los ojos de todos se encontraron, intercambiando miradas de comprensión.

-Entonces… ella sabe.

-Y a estas alturas probablemente lo sepa también Dumbledore, el profesorado y la mitad de los Gryffindors, o como mínimo Potter y sus amigos – añadió Draco, retirando sus ojos grises del encuentro que tenía lugar.

Por tercera vez, todos callaron, pero en esta ocasión, el mutismo era diferente. Si bien antes también había sido de temor, ahora éste tenía un matiz diferente, pues estaba teñido con la certeza que viene con el entendimiento de los hechos.

-Tenemos que hacer algo – dijo Pansy, con la urgencia en su voz.

-¿Crees que no lo sé, Parkinson? – respondió el rubio. – Ésa no es la cuestión, la cuestión es…

-El qué – completó Blaise. Sus ojos azules estaban inexpresivos. - ¿Qué vamos a hacer?

Y el silencio, ya tan familiar como un viejo amigo, hizo acto de presencia una vez más. Sin embargo, nadie le dio la bienvenida.


-¿Qué vamos a hacer?

La misma pregunta acosaba tanto a las serpientes de sexto año como a un par de Gryffindors del mismo curso que, insomnes, discutían la situación de emergencia. Ni a Harry ni a Hermione se les ocurría una respuesta; al primero por los riesgos a los que podía exponer a la población de Hogwarts si se daba la voz de alarma, a la segunda por la comprometida situación en la que ponía al dueño de su corazón si se corría la noticia. Ambos permanecían silenciosos, tensos, tratando de decidir qué era lo mejor para todos en este caso.

-Tenemos que alertar a Dumbledore – concluyó finalmente Harry. Sus ojos verdes estaban hinchados y enrojecidos por la falta de sueño, y sin embargo, mostraban la misma determinación de siempre que había un problema.

-Harry, yo… - Hermione no sabía qué decir. ¿Cómo explicarle a Harry que ella simplemente no podía hacerlo? No podía hacerle daño a Draco a pesar de su traición; lo amaba demasiado.

-Puedo subir por mi capa invisible y por el Mapa del Merodeador; estaríamos en su despacho en unos diez minutos siempre y cuando no esté Filch por ahí…

-Harry…

-Espero que no esté muy dormido… Aunque claro, son mas de las dos de la mañana y de seguro está más que desmayado…

-Harry, no…

-¿No qué, Herm?

-No puedo hacerlo.

-¿No puedes hacerlo?

Harry la miró con una mezcla de incomprensión y curiosidad. La mirada triste y resignada de Hermione le hizo entender lo que en un principio no captaba.

-Oh… No puedes delatarlo.

-No.

Hermione no se atrevió a encontrarse con los penetrantes ojos verdes de Harry, que en ese momento la observaba con asombro e incredulidad.

-Pero… ¡Hermione! ¿Es que no te das cuenta? ¡Ese imbécil trató de hacerte daño; tenía planeado secuestrarte esta misma noche! ¿Y tú lo proteges? ¡¿LO PROTEGES?!

-Harry, no es así…

-¡Por supuesto que es así! ¡Él estaba actuando deliberadamente! ¡Sabía perfectamente lo que estaba haciendo! ¡Y aún así lo hizo, cuando juraba que te amaba y te adoraba sobre todas las cosas! ¡Lo hizo!

-Harry, tú no entiendes.

-¡Claro que entiendo! Entiendo que al estúpido ese no le importas y nunca le has importado, y que sólo trató de utilizarte…

-Y evidentemente el relatarme todo el complot en mi contra y dejarme ir era parte del plan; es obvio… - observó Hermione con sarcasmo.

-¿Qué? Eh, pues… ¡Aún así, no puedes negar que él es parte de toda esta conspiración! – refutó atropelladamente Harry.

-No, admito que no puedo. Pero sí puedo afirmar, es más, asegurarte que Draco está arrepentido de lo que hizo.

-¿Y cómo lo sabes?

Hermione no contestó. Se alejó con los brazos cruzados del sillón frente al cual estaban ella y su amigo, y miró tristemente por la ventana.

-Lo vi en sus ojos – respondió finalmente.

-Lo viste. En sus ojos. Por favor – bufó impacientemente Harry. – ¿Y le crees? – preguntó con escepticismo.

Hermione suspiró. Aunque conocía la respuesta, no quería decirla. Sin embargo, el silencio fue suficiente para Harry.

-Le crees – declaró Harry, sin dar crédito a lo que escuchaba.

El león estaba tan sorprendido que se sentó en el sofá, tratando de asimilar lo que sucedía. Hermione se acomodó a su lado, y le tomó la mano.

-Por favor, Harry; te suplico que me entiendas. Aunque tú no lo creas, conozco muy bien a Draco, más de lo que puedes imaginarte… Sé que es sincero cuando dice lo mucho que lamenta lo que pasó. Lo sé, puedo verlo en él. Por eso fue que me dijo todo lo del plan, por eso no me hizo daño, porque él no quiere formar parte de todo eso… Y la verdad… La verdad es que lo amo demasiado para hacer algo que lo perjudique, no importa lo que él haya querido hacerme a mí… - admitió la joven.

-Así que vas a permitir que quede sin castigo…

-Sí, de todos modos si yo ya estoy advertida, y si ellos creen que Dumbledore está sobre su pista, no pueden actuar…

-Y – Harry tragó saliva – vas a volver con él.

Hermione desvió la mirada.

-El que no lo delate no significa que lo perdone.

Ambos guardaron silencio, mientras observaban los jardines del colegio iluminados por la luna. Era casi imposible creer que, apenas unas horas antes, Hermione se paseaba por ellos con Draco Malfoy, en lo que parecía la cita de amor perfecta.

-Aún así creo que deberías contárselo a Dumbledore – insistió el chico.

-¿Para qué, Harry? ¿Para que Dumbledore los expulse a todos del colegio y caigan en manos de Voldemort antes de tiempo? ¿Para que los asesine a todos y yo cargue en mi conciencia con sus muertes? No, Harry. Si con mi silencio puedo garantizarles aunque sea unas semanas extra de protección bajo el cuidado de Dumbledore, en el que puedan planear qué hacer para sobrevivir… bien puedo hacerlo.

-No sé, Herm. No sé si eres muy buena o muy tonta – Hermione sonrió con tristeza infinita. – Esá bien, haremos lo que tú quieras… Pero a la primera señal de alarma o de algo que no me parezca, me voy derecho con Dumbledore, ¿de acuerdo?

-De acuerdo – acordó la leona, reprimiendo un bostezo. Estaba agotada.

-Será mejor que vayamos a la cama – dijo Harry, al notar el cansancio de su amiga. – Ha sido un día muy intenso.

-Ambos leones se levantaron del sofá y se dirigieron a las escaleras, para subir a sus respectivos dormitorios. Eran las tres de la mañana.

-Hasta mañana, Herm.

-¿Harry?

-¿Sí?

-Yo sólo… Sólo quería darte las gracias. Por todo – dijo tímidamente la chica.

-¿Y para qué son los amigos, si no para escuchar conspiraciones en tu contra a mitad de la madrugada y guardarlas en secreto mortal? – respondió Harry, haciendo una mueca ante la palabra "amigos".

Hermione sólo sonrió. Ojalá se hubiera enamorado de alguien como Harry Potter, tan complicado en algunos sentidos, pero tan adorable y normal en otros.

-Buenas noches, Harry.

-Que descanses, Herm.

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El final de mayo trajo consigo una intensa lluvia que mantuvo a la mayoría de los estudiantes encerrados en sus respectivas casas. Sin embargo, tras la tormenta, el sol brilló de un modo que no se había visto en todo el año, augurando el inicio de un verano espectacular cuya llegada ansiaban todos. No obstante, ni Hermione ni Harry disfrutaban del inmejorable clima. El dolor de ella por la traición y el desengaño de quien más amaba en el mundo, y la impotencia de él por tener que guardar su secreto con todos los riesgos que esto conllevaba, los mantenían algo huraños y alejados del resto de sus amigos quienes, preocupados, les preguntaban una y otra vez qué ocurría, sin obtener respuesta alguna.

El panorama era todavía peor para los Slytherin. Tras el fraude que había resultado el plan, se atacaban los unos con los otros frente a los mortífagos, culpándose entre ellos de lo ocurrido, todo con tal de evitar la ira del Señor Tenebroso a la cual, sabían, tarde o temprano se enfrentarían.

Lo peor era cruzarse por el pasillo con los Gryffindor. Las miradas de odio eran algo a lo cual ya estaban habituados; sin embargo, ahora era imposible no responderlas con temor, si es que las respondían. Fue un cambio que, si bien fue notado por los leones, no se le dio mucha importancia. Sin embargo, comenzaron a preocuparse ese viernes una semana después cuando observaron, sin saberlo, el primer encuentro entre Hermione y Draco tras los acontecimientos de la semana anterior.

Tanto la castaña como el rubio sabían que ese coincidir era irremediable. Compartían la clase de Pociones, por lo que debían verse si querían seguir asistiendo a la lección con Snape. Y aunque ambos sabían que sucedería y se prepararon para el momento, sus reacciones fueron inevitables.

Hermione iba caminando con el resto de sus compañeros de casa rumbo a la mazmorra de Pociones. Los leones comentaban lo fastidiosas que eran las clases con Snape, y mencionaban también lo alegres que se sentían de que ya solo quedaran unas cuantas semanas de lecciones con él. La castaña, como sucedía a últimas fechas, no participaba en la conversación. Estaba preocupada por lo que pasaría ese día, cómo actuaría él, cómo se comportaría ella misma… No pudo evitar un escalofrío, el cual fue confortado por un abrazo de Harry. Los otros Gryffindors no hicieron ningún comentario. Ya habían comenzado a acostumbrarse al extraño comportamiento de sus amigos, aunque ninguno los entendiera, incluyendo a Ron.

Por su parte, los Slytherins temblaban ante la perspectiva de un encuentro directo con los Gryffindors. Hasta el momento, habían evitado toda clase de contacto con la casa de los leones, pero ahora sería imposible no convivir con ellos en el contexto de clase. La idea de confirmar lo que ellos solo sospechaba que sabían era aterradora para todos, aunque no tanto como lo era para Draco. Él sabía que ese encuentro era decisivo: tanto para su propio futuro y bienestar como para el de su familia y sus amigos. Y el de su relación con Hermione. No sabía exactamente qué esperar de ella, si odio, miedo, asco, lástima o una repulsiva mezcla de todo. Como fuera, sabía que no habría comprensión o perdón en sus hermosos ojos castaños, pensamiento que ocupaba su cerebro ese viernes, mientras se encaminaba al aula de Snape con los demás Slytherins de sexto curso.

Cuando los Gryffindor estaban a punto de entrar a la mazmorra, arribaron intempestivamente los Slytherins. Con pánico en los ojos, observaron al grupo de leones y sintieron su desprecio en la mirada.

-Ugh, ahora veo de dónde proviene ese olor… - fue el único comentario por parte de Ron, quien, con una mueca de desdén, entró al salón seguido de sus compañeros. Solo Harry y Hermione permanecieron rezagados.

Las miradas de los leones se encontraron con los ojos asustados de las serpientes. Harry, instintivamente, se acercó a Hermione para protegerla, gesto que no pasó inadvertido a Draco.

-Vamos, entremos Herm – dijo el ojiverde, tratando de que su amiga lo siguiera al interior del recinto. Sin embargo, la chica permaneció en su lugar, observando al grupo con una mirada que Harry nunca había visto. Podía apreciar el odio, pero también veía en sus ojos mucho dolor, impotencia, menosprecio y algo de… ¿lástima?

Ante aquel escrutinio tan avasallador, los Slytherins, incómodos, se apresuraron a meterse también al aula, sin dejar de dirigir miradas nerviosas a la joven que los miraba con desprecio y conmiseración a la vez en sus ojos castaños, y al rubio que se había puesto blanco como la cera al verla. En su precipitación arrastraron también a Harry, de modo que los únicos que permanecieron de pie, mirándose el uno al otro fuera del aula, fueron Hermione y Draco.

Siguieron observándose con fijeza hasta que Draco no pudo sostenerle la mirada. No podía con esa extraña mezcla de compasión y desdén, no después de lo que había hecho… Se sintió tan mal por no poder abrazarla y suplicarle de rodillas que lo perdonara y que dejara de mirarlo de aquel modo que lo hacía querer tirarse de un acantilado que prefirió desviar sus ojos grises.

Pero Hermione no podía evitar sentir lo que sentía, y transmitir aquel conglomerado de sentimientos con sus ojos castaños. Podía percibir la debilidad y los sentimientos de dolor y piedad que se iban apoderando de ella al ver a Draco frente a ella. Se veía tan vulnerable, tan indefenso, que Hermione consideró por un segundo bajar la guardia y arrojarse en sus brazos, olvidarse de todo y seguir adelante… Pero una voz en su interior, la que le impedía hacer cosas estúpidas, fue la que predominó sobre el resto de sus pensamientos. No podía hacerlo, por mucho que quisiera, no podía perdonar a Draco Malfoy la gravísima mentira que se empeñó en hacerle vivir.

Finalmente, el rubio no pudo contenerse más. La expresión de su rostro lo perseguía aunque ya no estuviera viéndola, y sabía que tenía que lograr que ella lo perdonara aunque fuera lo último que hiciera. Muy probablemente, sería lo último que haría.

-Hermione… - la voz suave de Draco temblaba, por mucho que él tratara de controlarla.

Ella no respondió. No podía, si quería seguir guardando la compostura y evitar lanzarse sobre él. Se limitó a mirarlo una vez más, y se encaminó nuevamente a la sala donde recibían la clase de Pociones.

-Hermione, por favor… - suplicó el rubio, tomándola por la mano.

Una descarga de energía eléctrica los recorrió a ambos ante aquel contacto, haciéndolos temblar. La leona retiró su mano con rapidez. "Un segundo más y tendré que quedarme ahí para siempre".

-No vuelvas a tocarme nunca más, Malfoy.

-Por favor, Hermione, escucha…

Pero la joven ya había entrado al salón de Pociones, sin dirigirle ni una seña al muchacho que dejaba atrás. Sin embargo, había dos personas que sí habían escuchado al rubio, y que habían visto el suplicio en sus ojos grises. La primera lo miraba con inquisitivos ojos azules, y en la mirada café del segundo empezaban a mostrarse signos de comprensión.


¿Qué tal? ¿Gustó o no? Tal vez no era lo que se esperaba, pero después de la intensidad del capitulo anterior, era necesario un poco más de tranquilidad :P En fin, tomen esto como un capítulo de transición absolutamente necesario para el siguiente, el cual está también relajadito pero algo más interesante jijiji

Ahh, sí, recuerdan esa nota de IMPORTANTE justo arriba del capítulo? ("¿Y cómo diablos esperas que la olviden, Marianna? Tus lectores evidentemente no sufren de tu déficit de aten--- ¡PLAF!"). En sí, he de comentarles un par de puntos y pedirles su opinión:

1.- Los capítulos del 20 al 22 están escritos en su totalidad (el 22 está todavía en fase de retoque, pero lo esencial ya está), por lo que estaré actualizando muuuuy pronto. ¡Nuestro fic se acaba! :( *llanto desconsolado*

2.- Y hablando del final del fic, solicito su humilde voto. El último capítulo es bastante largo, llevo 23 páginas de Word y todavía no lo termino! _ Por ello, quería preguntarles: ¿Prefieren que lo suba en dos partes, o se lo avientan todo de un jalón? Personalmente, preferiría subirlo en 1, porque cortarlo sería como violarlo prácticamente *.* (ok, esto último es una exageración, pero realmente pienso que queda mejor como un solo chap). Sin embargo, como en la soberana república de Mariannalandia existe la consabida democracia, no sean tímidos y voten! ^^

3.- Estoy considerando la posibilidad de hacer un pequeño songchap, acorde a la situación que viviran nuestros pequeños obviamente. ¿Les late o no?

Porfa, su opinión es muy importante y cuenta mucho para mí, así que dejenme un reviewcito sip? Y los incluiré en mis oraciones nocturnas ^^ ("Pero si tú ni rez--- ¡PLAF!").

Un beso, nos leemos pronto!