Bon nuit! Siiii, sé que prometí que solo sería una semana para actualizar hace como 3 xD Pero es que no fue mi culpa, de veras! Mi cochino internet se murió, y entre la escuela, trabajo, etc., esta humilde servidora no tuvo tiempo (ni voluntad xD) más que para comer y dormir ^^ En fin, el punto es que llegó un capítulo nuevecito al fin, antes de que las huestes armadas con antorchas y trinches comiencen a invadir mi pacífica colonia.
Pero antes de eso, los agradecimientos! *golpeando micrófono* Probando, 1, 2, 3, probando... Me escuchan? Sirve esta cosa? Hey, ME ESCUCHAN?!?! ("Si Marianna, todos te escuchan, es solo que prefieren ignorarte..." responde No. 2, mientras se escucha un coro de risas dentro de la cabeza de Marianna. Todos se callan ante La Mirada. Todos temen La Mirada. Sin excepción). Ehh... En fin xD bienvenidos sean una vez más a una entrega más (redundante, y qué? Me vale! xP) de los Review Awards®, los premios que se encargan de honrar a todos aquellos quienes tienen la amabilidad de incluirme en su Story/Author alert y/o dejar un pequeño review a fin de inflar mi ya abultado ego! En esta ocasión, me es muy grato premiar con el S/AA Award a las siguientes personas: Serena Princesita Hale, osoqduerme, pily-sofy. A todos ellos mis voces y yo les damos un GRAAACIAS! Y una ovación de pie *aplausos* ("Marianna, pero si somos solo voces, cómo rayos esperas que aplau--- PLAF!"). Por otro lado, tenemos a dos afortunados acreedores al Review Globe! Ellos son pily-sofy (una vez más, gracias por tus comentarios, y con todo y tardanza pero seguiré actualizando, no dejes de leer!) y Adrit126 (muchas gracias por el comment, y... Todavía hay sorpresitas que descubrir, pero de una vez te adelanto, aunque es de mis parejas favoritas creo que un H/Hr a estas alturas no es adecuado... Aunque... quien sabe, en el mundo del fic tooooodo es posible! Sigue al pendiente :P).
En fin, después de una fructífera entrega más de los RA® y sin más preámbulos, los dejo con este chapter, titulado "Escapar". A leer se ha dicho!
Escapar
"Listo", pensó Draco Malfoy cuando estampó su firma por última vez en la carta dirigida al amor de su vida. La había releído cuidadosamente, haciendo correcciones en ciertas líneas, tachando unas y agregando otras, hasta que le pareció que había quedado perfecta. Después la había pasado en limpio, tratando de que la pluma no traspasara el pergamino aunque la apretara tan fuerte, y que las lágrimas no corrieran sus temblorosos trazos. Finalmente, la dobló y la guardó en un sobre que ya había rotulado previamente. "Hermione", rezaba simplemente. Draco procuró controlarse, evitar que su dulce recuerdo invadiera su ser, impidiéndole hacer lo que se proponía. Trató de concentrarse en todo el sufrimiento que le había causado, en el dolor tan hondo que recordaba en sus castaños ojos, y eso le bastó para continuar.
Terminada la labor, el rubio tomó el frasquito que había robado de las mazmorras. "Una gota inducirá las más terribles pesadillas, dos provocarán una inconsciencia plagada de alucinaciones monstruosas, de la cual es sumamente difícil despertar, y tres bastarán para causar la muerte más agónica que puedan imaginar". Draco decidió tomar todo el frasco. A fin de cuentas, sabía que el efecto se potencializaría a mayor cantidad ingiriera, y mientras más tormentoso fuera su fin, mejor.
Fue entonces que el chico recordó la otra carta. Esa que había escrito un par de días después del fallido plan, la que no se había atrevido a mandar. Dudó por un momento. ¿Valía la pena inquietar a Hermione más de lo que lo haría con su muerte? Sin embargo, sabía que debía entregársela también. Tenía que entender que siempre había sido sincero con ella, más de lo que lo había sido incluso con él mismo. Por lo tanto, se agachó en el suelo de madera hasta encontrar la tabla suelta donde ocultaba todas las cartas que había intercambiado, primero con "Two-Faced Girl", y luego simplemente con Hermione. Grande fue su sorpresa cuando, bajo el piso, no encontró absolutamente nada.
Un escalofrío le recorrió la columna vertebral. No había cambiado de lugar las cartas; lo recordaría perfectamente de haber sido así. Pero entonces, ¿cómo explicaba esa repentina desaparición?
- ¿Malfoy? Malfoy, ¿estás ahí dentro?
- ¿Qué rayos sucede, Zabbini? Bien sabes que no se me debe interrumpir cuando estoy en este lugar.
El rubio hizo ademán de salir de su escondite secreto, pero su amigo se le adelantó, metiéndose al lugar.
- ¡Eh! Sabes también que no me gusta que nadie entre sin…
- Cierra el pico, Malfoy, que tenemos un grave problema. O mejor dicho, tienes.
Y antes de que lo interrumpiera, Blaise comenzó a relatarle lo que había sucedido, desde su conversación con Pansy hasta la junta que había convocado Nott en la Sala Común. Finalizó con las palabras de advertencia de este último, provocando que los ojos de Malfoy, que antes se habían ensanchado con horror, se entrecerraran por la furia.
- ¿Así que ese idiota piensa que puede amenazarme? Ya verá quién…
- Malfoy, ¡por Merlín! ¿Es que no te das cuenta? El imbécil de Nott es ahora lo de menos, solamente está tratando de sacarte de tus casillas para que no te des cuenta de la verdadera amenaza.
- ¿La cual es…?
- ¿Acaso estuve hablándole a la pared? El Señor Tenebroso sabe lo que hiciste, sabe que saboteaste el plan.
- ¿Qué? No… n-no lo creo, Zabbini. Pienso que Nott solamente estaba fanfarroneando.
- ¿Fanfarroneando? Por Merlín, Malfoy, ¡él tenía las cartas de Hermione en la mano, yo mismo las vi! ¡No puedes tener esa evidencia en tus narices y pensar que solamente estaba fanfarroneando!
Pero Blaise sabía que Malfoy realmente no pensaba que Nott estuviera alardeando, pues lo vio palidecer, aún bajo la luz tenue de la vela. Ambos muchachos permanecieron silenciosos, mientras asimilaban la verdad y las terribles implicaciones de la misma.
- ¿Y ahora? – preguntó Blaise.
Pero Draco no contestó. Su mente ya estaba trabajando con la nueva información que le había traído Blaise.
Sabía que sus intenciones de quitarse la vida se habían ido al traste. Había considerado la posibilidad como escape a una vida sin Hermione, sí, pero también como una manera de culparse tácitamente, pues todos asumirían que, si se había suicidado, era porque sabía que él había provocado la falla en el plan; y él confiaba en que ahí terminaría el asunto. A fin de cuentas, los Malfoy eran los servidores más incondicionales del Señor Tenebroso, y tal vez éste considerara que la pérdida de su hijo sería suficiente castigo para sus siervos más útiles y valiosos. Pero ahora que el Señor Tenebroso conocía la verdad, que estaba completamente convencido de que él era el responsable de la situación, Draco sabía que todo se volvería mucho más personal, y que si se provocaba la muerte él mismo, el Señor Tenebroso, al ya no poder tomar represalias contra él, no dudaría en vengarse con sus personas más allegadas, aún cuando le fueran tan necesarias. Draco no podía soportar la idea de que sus padres murieran por su causa, cuando en un principio había actuado para salvar a su madre.
Tenía que haber un modo… Un modo en el cual el Señor Tenebroso decidiera olvidarse de sus padres y buscarlo a él y solo a él. Y sólo buscarlo, claro, porque no permitiría que el Señor Tenebroso lo atrapara con vida; eso solo significaría morir en sus manos, rogando y suplicando misericordia, y Draco no estaba dispuesto a perder su dignidad frente a él. El Señor Tenebroso le había quitado todo cuanto había deseado en su corta existencia: la atención de sus padres, su propia libertad, y sobre todo, el amor de Hermione. Lo único que no podría robarle sería su orgullo.
Por tanto, no quedaba otra alternativa. Y aunque lo supo desde que Blaise había comenzado su relato, todavía lo reflexionó unos momentos más, hasta decidir que era lo mejor que podía hacer.
- Es obvio, ¿no? Tengo que escapar.
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Hablaron por espacio de tres horas, hasta asegurarse de que no quedaba ningún cabo suelto. Lo más importante era evitar que alguien notara su desaparición hasta pasados unos días, una semana de preferencia. Después, discutieron el medio de transporte. Desaparecerse cerca de Hogwarts atraería a una multitud de aurores, dados los encantamientos protectores de Dumbledore en las afueras del colegio, y llegar hasta Hogsmeade caminando sería demasiado arriesgado. De cualquier manera, el resultado era el mismo: tenía que salir del colegio por medios no mágicos e indetectables, y en cuanto lo lograra, sería un fugitivo y tendría que estar en constante movimiento para no ser atrapado.
Cuando ambos se dieron por satisfechos, decidieron irse a la cama. La habitación estaba vacía, pues Blaise había echado a todos sus ocupantes hacía un rato, cuando apenas iba a relatarle a Draco acerca de la reunión de Nott. Blaise se acomodó en su cama, dispuesto a descansar ante el largo día que le esperaba. Sin embargo, Draco no manifestó intenciones de ir a dormir pronto.
- Tengo que decírselo, Zabbini.
- ¿Decírselo? ¿Qué? ¿A quién?
- Decírselo a ella, evidentemente. A Hermione.
- ¿Pero decirle qué?
- Lo que tengo planeado hacer.
- ¿Y eso de qué servirá? – preguntó adustamente Zabbini.
- No lo sé – admitió el rubio. – Pero tengo que hacerlo.
Blaise suspiró. Sería imposible tratar de razonar con Draco en ese punto.
- Pues será mejor que te apresures. Recuerda que sólo tenemos dos días.
- Lo haré ahora mismo.
Y sin decir más, Draco saltó de su cama, tomó su capa invisible y su varita y salió por la ventana.
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El sueño, o mejor dicho, la pesadilla, hacía que Hermione se revolcara en su cama. Por más que miraba hacia todos lados, lo único que veía era el rostro de Draco, que le decía "Te amo, Hermione", mientras sonreía con malignidad. Después, los rasgos se alargaban y el rostro se transformaba en una cara muy similar a una serpiente, una cara que nunca había visto pero que, gracias a las descripciones de Harry, conocía muy bien. "Hermione, Hermione" era lo único que repetía ese terrible rostro, que la miraba con los ojos rojos llenos de furia.
- Hermione… Hermione…
La castaña despertó bruscamente al fin. Fue entonces que se dio cuenta de que seguía escuchando el llamado.
- Hermione…
La interpelada miró hacia su ventana, y no pudo ocultar su sorpresa al ver a Draco asomándose por ella.
- Dios mío… ¿Qué rayos estás haciendo aquí?
- Por favor, Hermione, déjame entrar. Necesito hablar contigo urgentemente.
Hermione dudó. No había recuperado su confianza, en absoluto, pero… Podía ver el apremio en los ojos de Draco; sabía que la necesitaba. Se maldijo internamente por no haberse deshecho todavía del amor que sentía por Draco Malfoy, y al mismo tiempo, su corazón revoloteó de júbilo al saberlo ahí, desesperado por comunicarse con ella. Sin embargo, ninguna expresión apareció en su rostro. Se acercó a la ventana y la abrió con recelo, no sin antes tomar su varita de la mesita de noche. Al ver el gesto, Draco bufó.
- Por favor, Hermione. Sabes perfectamente que no voy a atacarte.
- ¿Qué es lo que quieres? – preguntó pausadamente, tratando de que su voz no la delatara.
- Ya te lo he dicho, necesito decirte algo urgente. Te ruego que me escuches, por favor; por lo menos dame la oportunidad de terminar antes de que me eches a patadas, si es lo que deseas.
La castaña permaneció callada, mordiéndose la lengua para no decirle al chico que sus deseos se acercaban más a arrojarse a sus brazos que a sacarlo a patadas. Draco suspiró, interpretando su silencio como aprobación, y procedió a relatarle los acontecimientos de esa noche, omitiendo la parte en la que planeaba suicidarse. Vio que Hermione abría los ojos y se cubría la boca, horrorizada, y sintió un breve destello de alegría al pensar que todavía le importaba. "Espera, que todavía no le has dicho lo mejor", pensó sarcásticamente.
- ¿Entonces… entonces Vol… él sabe? – preguntó con un hilo de voz.
- Tal parece que sí, pero no estoy seguro. De cualquier modo, no pienso quedarme a averiguarlo.
- ¿Qué? ¿Qué quieres decir con eso?
- Quiero decir que no voy a permitir que el Señor Tenebroso me atrape tan fácilmente. Voy a… - se le cortó la voz. – Voy a escapar.
Las manos de Hermione cayeron de sus labios. Sus ojos mostraban consternación.
- ¿Que vas a…? ¿Vas a… escapar?
- Sí – luchó contra el nudo en la garganta.
- ¿Qué…? ¿Qué quieres decir con eso?
- Que me marcho. De Hogwarts – respondió el rubio, tragando saliva. "Y de tu vida también, Herm".
- ¿Cuándo?
- El sábado.
Los ojos de Hermione finalmente manifestaron comprensión… y dolor. Se dejó caer al suelo, sin fuerzas.
- Eso es pasado mañana.
- Lo sé.
Draco la miró. Se veía tan indefensa… No pudo resistir la tentación de alargar su mano hasta tocar su mejilla. Para su sorpresa, ella no se retiró. Draco alcanzó a percibir una lágrima que había corrido hasta su mano antes de que Hermione se le lanzara a los brazos, llorando.
- Oh Draco… Lo siento tanto, tanto… - sollozó.
- No tienes por qué, mi Julieta… Quien debe sentirlo soy yo, por hacerte vivir este infierno que definitivamente no mereces.
Hermione siguió llorando, mientras Draco aprovechaba lo que probablemente sería su última oportunidad de estar con ella. Acarició su fragante pelo, deslizó su mano por la suave piel de sus mejillas y tocó sus labios con ternura, mientras la abrazaba contra su pecho. Disfrutó los brazos de ella alrededor de su cuerpo, y finalmente, depositó un suave beso en su frente. Después, se recargó en ella, deseando permanecer así por toda la eternidad.
- No te vayas, Draco, por favor…
- Tengo que hacerlo, Herm. Es mi única oportunidad, si quiero sobrevivir. Y ahora que te tengo entre mis brazos, creo que bien vale la pena luchar por mi vida – respondió el rubio con una débil sonrisa.
- ¡P-pero es muy peligroso!
- Lo sé, pero todavía lo es más sentarme y esperar a que venga por mí. Así por lo menos tengo una esperanza de vivir y poder regresar a ti algún día.
- Puedes acudir a Dumbledore, él no te negaría su protección…
- Tal vez no, Herm, pero no puedo hacerlo. ¿No lo ves? Tengo que empezar a hacer las cosas por mí mismo, y no porque los demás estimen que deba hacerlas. Es hora de que por fin, tras dieciséis años, asuma la libertad que me negaron durante toda mi vida. Dumbledore podría protegerme, sí, ¿pero a costa de qué? ¿De mi independencia, nuevamente? Porque es obvio que actuaría bajo su criterio, no el mío. No, Herm, esto es algo que de verdad tengo que hacer.
- Entonces llévame contigo.
- ¿Llevarte?
Draco se quedó pasmado. Nunca había considerado la eventualidad de que alguien más lo acompañara, y mucho menos Hermione. Ni siquiera había estado seguro de que accedería a escucharlo esa noche, y ahora ella le pedía que la llevara con él.
- Podría escapar contigo… si quieres, claro.
- ¡Pero claro que quiero, Hermione! – se apresuró a decir el chico. – Pero, ¿estás segura de que eso es lo que tú quieres?
Ella permaneció en silencio. Había dicho las palabras sin pensar, confiando en que la respuesta automática de Draco sería "no", pero ahora… Las posibilidades eran infinitas: podían escapar, irse juntos a cualquier lugar del mundo, donde nadie los conocería ni los encontraría, y serían libres para empezar desde cero y vivir su amor a tope… Hermione pensó en toda la gente que la conocía y la quería: sus padres, sus profesores, sus maravillosos amigos… ¿Sería capaz de hacerles algo tan ruin como abandonarlos para siempre sin avisar? O peor aún, ¿sería capaz de hacerlo por ella misma, siquiera?
El regocijo que había invadido a Draco cuando la chica le había comunicado sus deseos comenzó a apagarse al observar sus profundas cavilaciones.
- Oye, Herm, no tienes que hacerlo…
- Lo sé, Draco, pero lo que pasa es que quiero hacerlo.
El chico sonrió, exultante. Tenía que escapar, sí, pero al menos ya no lo haría solo.
- De acuerdo, Herm, ya que estás decidida, éste es el plan.
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- Debo hablar contigo, Nott.
La Sala Común de Slytherin estaba prácticamente vacía, pues la mayor parte de los alumnos estaban en clases, mientras que las serpientes de sexto tenían la hora libre. Antes, Blaise había bajado a desayunar solo como de costumbre, con la diferencia de que, en lugar de sentarse junto a Draco para hacerse compañía mutuamente, se había sentado lo más lejos posible de él, lanzándole ocasionales miradas cargadas de resentimiento que intrigaron a todos sus compañeros de curso, incluyendo a Pansy. No obstante, Draco parecía no notar esta actitud en torno a él; parecía demasiado agobiado por lo que fuera que tuviera en la cabeza. Incluso físicamente se veía mal: grandes ojeras surcaban su rostro, más pálido de lo habitual, y tenía los ojos inyectados en sangre. La mayoría pensó que debía estar enfermo, aunque nadie sospechó siquiera que eso era exactamente lo que él quería que creyeran.
Nott hizo una seña, e inmediatamente todos los que lo acompañaban abandonaron la Sala Común. Cuando estuvieron solos, le hizo un gesto a Blaise para que tomara asiento.
- ¿Y bien? ¿Has comunicado a Malfoy mi mensaje?
- De eso quería hablarte justamente – Blaise cruzó las manos. – No le he dicho absolutamente nada.
Nott lo interrogó con sus duros ojos cafés. Blaise le sostuvo la mirada, sabiendo que ese momento era crucial para lo que planeaban hacer después.
- ¿Y puedo saber por qué?
- Pues – comenzó Blaise, tras un rápido suspiro –, tras la interesante reunión de ayer, comencé a cavilar acerca de la situación, y llegué a la conclusión de que tienes razón. Muy a mi pesar, debo reconocer que estás en lo correcto al afirmar que Malfoy actuó incorrectamente, siendo fiel a la sangre sucia y a los traidores de la sangre, colocándoles antes incluso del mismísimo Señor Tenebroso. Y también acepto que Malfoy, siendo el único causante de toda esta situación por arruinar el plan que el Señor Tenebroso tan cuidadosamente había confeccionado, es también el único que merece ser castigado. Por ello, he resuelto retirarle todo mi apoyo a Malfoy, decisión que le comuniqué anoche mismo.
Nott no respondió nada. Su mirada era tan penetrante que Blaise tuvo que hacer un gran esfuerzo para resistirla.
- No me crees, Nott. Puedo ver la duda en tus ojos.
- No puedes culparme por ello, Zabbini. Sé muy bien dónde han estado siempre tus lealtades.
- Mis lealtades están única y exclusivamente con el Señor Tenebroso y con quien esté de su lado; si bien las de Malfoy han cambiado y se han vuelto contra él, eso no tiene por qué incumbirme a mí. No le debo nada a Malfoy. También deberías saber eso.
- No lo sé. Entenderás que no puedo confiar en ti ciegamente.
- ¿Y entonces cómo explicas el comportamiento de Malfoy de esta mañana? Su angustia y su aspecto enfermizo no se deben a otra cosa más que al saber que cuenta con un aliado menos.
El chico no respondió nada, pero pareció reflexionar lo que Blaise le estaba diciendo. Finalmente, asintió brevemente con la cabeza.
- Veo que lo has pensado bien, Zabbini, y me alegra que hayas comprendido que la única persona a la que le debes fidelidad es al Señor Tenebroso.
- Así es. Por lo tanto, decidí que no voy a hacer nada para poner a Malfoy sobre aviso de lo que le sucederá en cuanto dejemos Hogwarts.
- Sabia decisión, aunque algo cruel, incluso para mis estándares – Nott esbozó una sonrisa retorcida. – Quién lo hubiera dicho.
- Creo que es lo mejor en este caso. Si Malfoy sabe lo que se le viene encima, puedes estar seguro de que lo intentará todo para evitar su destino.
- Tienes razón. Así que ni una sola palabra a Malfoy. Dejemos que lo averigüe él solo.
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- Oye Draco, ¿estás bien?
Pansy lo miraba con creciente preocupación mientras se dirigían al aula de Pociones. Como el grupo había decidido excluir al rubio, éste se había adelantado para evitar confrontaciones innecesarias, pero Pansy, en un gesto de inusitada piedad, lo había alcanzado para preguntarle por su estado.
- Si le puedes llamar "bien" a ser el paria de Slytherin, algo inusual puesto que los rechazados solemos ser todos, me encuentro de maravilla, Parkinson.
- No, eh… Yo más bien me refería a tu salud.
- ¿Qué? Ah, eso, bien… La verdad es que no me he estado sintiendo tan bien, pero… ¿Tan mal me veo?
- Te ves terrible, Draco.
No mentía. Las ojeras parecían haber crecido desde el desayuno de esa mañana, y Pansy podría jurar que los ojos se estaban tornando cada vez más rojos. El cabello revuelto, que usualmente acentuaba su atractivo, definitivamente no le favorecía en ese momento. Además, en su piel anormalmente pálida habían comenzado a aparecer pequeñas manchas rojizas, muy curiosas en realidad. Pansy no estaba muy segura, pero hubiera jurado que las motas tenían forma de…
- ¿Escamas? ¿Son escamas esas cosas que tienes en la piel?
- ¿Qué? ¿De qué hablas Parkinson?
Pero Pansy no contestó, pues justo en ese momento tenues vaharadas de humo comenzaron a emerger de las fosas nasales de Malfoy, lo cual confirmó sus peores temores.
- ¡TIENE VIRUELA DE DRAGÓN! – gritó aterrorizada al grupo de Slytherins que por fin les había dado alcance.
Todos retrocedieron, asustados. La viruela de dragón, si bien no solía ser mortal, era sumamente contagiosa y podía ser grave si no se trataba oportunamente. Se había oído de casos en los que el enfermo se cubría de escamas de pies a cabeza, y las fumarolas de la nariz se convertían en verdaderas llamas. (N/a: ya parece comercial de los de Lolita Ayala xD en fin, la nota era solo para aclarar que los síntomas de la viruela de dragón fueron inventados por su servidora, por lo que pueden no coincidir supongo que no coinciden de hecho con los que JKR haya argumentado como podrán ver, si lo hizo yo lo desconozco xD o argumente en el futuro. He dicho xD)
Draco corrió a reflejarse en el cristal de la ventana más cercana, y notó lo que los demás ya veían: brillantes escamas rojas comenzaban a aparecer en sus mejillas pálidas y en su frente. Con los ojos desorbitados, miró a sus compañeros, que lo observaban con los ojos aún más abiertos.
- Tengo que salir de aquí – fue lo único que alcanzó a decir, antes de salir corriendo.
Los Slytherin, estupefactos, se miraron los unos a los otros hasta que Blaise habló.
- Será mejor que verifique que realmente vaya a la enfermería. Conociéndolo, pudo dirigirse a cualquier parte.
Acto seguido, se fue por el mismo lugar por el que Draco había desaparecido unos segundos antes. Finalmente llegó a la enfermería, donde el rubio lo esperaba.
- Ya era hora – musitó, sosteniéndose de la pared.
- No exageres, vine en cuanto te largaste. Solo que yo tomé la precaución de irme caminando en lugar de corriendo, además del hecho de que estoy en perfecto estado de salud, a diferencia de ti. ¿De verdad esa cosa hace que realmente te enfermes?
Draco sonrió con malicia mientras se quitaba un brazalete morado del brazo izquierdo, oculto por la túnica. El objeto rezaba "Sortilegios Weasley". Tras el éxito de los Surtidos Saltaclases, los gemelos habían decidido que había que ir más allá, y crearon toda una gama de productos que, agrupados bajo el nombre de "Indisposiciones Instantáneas Weasley", hacían las delicias de los alumnos de Hogwarts. Había desde malestares menores, como un resfriado o una alergia, hasta enfermedades realmente graves, como era el caso del brazalete de viruela de dragón que portaba Draco. Lo que hacía increíble al sistema era que, tras quitártelo, todos los síntomas desaparecían y se volvía a la normalidad. "¡Ideal para una broma a tus amigos!" era el eslogan de los chicos. Draco pensaba que, si bien esto no se trataba de ninguna broma, no por ello el brazalete que había conseguido era menos útil.
- Vaya. Quién hubiera pensado que por lo menos dos miembros de esa escoria a la que llaman familia tendrían algo de cerebro. En fin, será mejor que te lo pongas para la segunda fase de la operación.
Draco asintió mientras colocaba el brazalete de nuevo en su lugar. De inmediato, las escamas reaparecieron, las ojeras regresaron y la palidez mortal invadió su rostro. Blaise de inmediato colocó un brazo en torno a su cuerpo, mientras el rubio colocaba el suyo sobre los hombros de su amigo. Por último, Blaise abrió la puerta.
- Buenos dí-- ¡Oh, por las barbas de Merlín! ¿Qué es lo que le ha pasado a este chico! – dijo Madame Pomfrey, mientras se apresuraba a conducir a los chicos a la cama más cercana.
- No estoy muy seguro, Madame Pomfrey, pero parece ser viruela de dragón – respondió Blaise, mirando a Draco en cama, en su mejor actuación de enfermo, y tratando de reprimir la risa que le producía la tremenda pantomima que estaban montando.
- ¡Viruela de dragón! ¡Y en esta época del año, Merlín sabe que no es común! Pero sí, muchacho, pareces tener todos los síntomas… - murmuró la enfermera, mientras colocaba un termómetro en la boca del chico. Después tomó una lupa y examinó con cuidado una de las mejillas de Malfoy, donde había dos escamas brillantes. – Efectivamente, es viruela de dragón – concluyó con pesar tras leer la temperatura registrada por el objeto. – Pobre muchacho, a tu edad lo más probable es que te queden marcas de por vida… Pero en fin, lo más importante es curarte de esta horrible… ¿Y tú qué haces aquí? – preguntó de pronto, reparando en la presencia de Blaise.
- Eh, yo… Solo quería asegurarme de que estuviera bien, eso es todo – dijo con rapidez.
- ¿Qué no sabes que la viruela de dragón es sumamente contagiosa? ¡Fuera, sal de aquí si no quieres sufrir el mismo destino que él! – dijo la mujer, echándolo de la enfermería.
- Pero madame, yo ya padecí esa enfermedad cuando era niño… – repuso el chico, esta vez diciendo la verdad.
- Aún así, no se permiten visitantes cuando el paciente requiere de completo reposo y tranquilidad, y tu amigo decididamente lo requiere, así que largo – Después se volteó. – Tengo que enviar una nota urgente a San Mungo; aquí no tengo el equipo necesario para tratarlo… Pero primero, será mejor que llene el registro de la enfermería, no son necesarios más problemas…
Dicho esto, tomó el pesado libro donde registraba cada visita que un alumno o profesor hacía a la enfermería, el motivo y la fecha de ingreso. Eso era justo lo que estaban esperando los chicos. Cuando Madame Pomfrey terminó de llenar la entrada correspondiente a Draco, con todos los datos, Blaise sacó su varita y murmuró "¡Confundus!", mientras Draco saltaba de la cama y se arrancaba el brazalete. Los ojos desenfocados y soñolientos de Madame Pomfrey siguieron sus movimientos.
- Escúcheme bien, Madame Pomfrey. Este – dijo Zabbini, señalando a Draco – es Draco Malfoy. Si por cualquier motivo un alumno o profesor llegara preguntando por él, o incluso exigiendo verlo, usted le dirá a esa persona que Draco padece un caso de viruela de dragón contagiosa, no tan grave como para ir a San Mungo, pero lo suficiente como para permanecer en la enfermería en cuarentena.
- Viruela de dragón. Entendido – sus ojos adormilados miraban un punto en la nada.
- Si esta persona manifestara alguna duda acerca de si Draco está realmente aquí o no, usted no tiene más que enseñarle el registro de la enfermería para demostrar que él estuvo aquí desde el viernes por la tarde.
- Registro de enfermería. Entendido.
- Draco va ahora a abandonar la enfermería. Él no va a volver. Pero usted tiene que decir que él está aquí y que ha estado aquí desde el viernes, en todo momento y bajo cualquier circunstancia, ¿de acuerdo?
- No estará pero sí estará. Entendido.
- Ah, y otra cosa. No hable con nadie más de esto. Usted no me ha visto esta tarde ni ninguna otra. Es más, no sabe que existo.
- Tú no existes. Entendido.
- Bien, creo que eso es todo. ¿Algo que quieras agregar, Malfoy?
- Creo que nada – respondió el rubio con una sonrisa.
- Bien. Es hora de irnos de aquí.
Los Slytherin se encaminaron a la salida, y tras ocultarse bajo la capa invisible de Malfoy, se escabulleron hasta el séptimo piso, donde pasaron tres veces frente a una pared desnuda pensando en un lugar que sirviera de escondite para Draco.
Acto seguido, una puerta se materializó en el muro y la Sala de los Menesteres se transformó en una agradable habitación, con varios sillones mullidos, una gran colección de libros e incluso un piano.
- No puedes quejarte de que te aburrirás en este sitio, Malfoy – dijo Zabbini, admirando el lugar.
Draco no dijo nada. Paseó su mirada por la fila de libros, compuesta por diversas obras mágicas y muggles con títulos que le resultaban muy atractivos.
- ¿Cuándo llegará Hermione? – preguntó Draco, acariciando el piano.
- En cuanto termine la clase de Pociones, le pediré que venga unos momentos a verte, para que afinen detalles. No sé a qué hora le resulte conveniente llegar; supongo que ya en la noche… De cualquier modo, sabes que no puede quedarse; los Gryffindor sospecharían.
- De acuerdo. Ahora será mejor que te vayas, antes de que Snape comience a preguntar demasiado.
Blaise asintió, y tras echar un último vistazo a su amigo, desapareció por la puerta. Draco suspiró. Nunca, ni aunque viviera mil años, podría dejar de agradecerle a Blaise todo lo que había hecho por él, aun sin deberle nada. Miró un reloj que reposaba en la estantería de libros. Le quedaban unas dos horas mínimo antes de que Hermione tuviera oportunidad de venir. Suspiró antes de tomar un libro al azar, dispuesto a pasar el rato leyendo, placer que raras veces tenía oportunidad de darse.
El título de la obra era "Romeo y Julieta". Draco no pudo evitar sonreír.
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- No puedo evitar preguntarme qué clase de extraño ente ha logrado apoderarse de su mente este día, señorita Granger, pero no puedo estarle más agradecido. Por primera vez, no me ha interrumpido en una sola ocasión – los Slytherin, que usualmente hubieran aullado de risa, se limitaron a unas cautelosas sonrisas. – Sin embargo, sucede que el ser humano es caprichoso por naturaleza, así que he decidido que hoy me apetece escuchar su respuesta a la pregunta que he hecho. Adelante, por favor
- ¿Qué? Oh… Disculpe, profesor, me… me temo que no estaba poniendo atención.
- Eso es más que evidente – Snape esbozó una torcida sonrisa. – Diez puntos menos para Gryffindor. Y agradezca que no la he castigado de nuevo, señorita Granger.
Hermione no dijo nada. Estaba demasiado nerviosa, demasiado ocupada pensando en los acontecimientos que se habían suscitado desde la noche anterior como para preocuparse por Snape.
Cuando Snape llegó a la mazmorra, había preguntado, como es lógico, por su alumno favorito y por su mejor amigo, y Pansy Parkinson le había comentado que Draco estaba enfermo, y que Blaise lo había acompañado a la enfermería. Ninguna de las dos afirmaciones era cierta, pues Hermione sabía que Draco no estaba enfermo y que, según el plan, Blaise había fingido seguirlo, no acompañarlo. La idea de que el muchacho pareciera de pronto enemistado con Draco había surgido de Hermione, quien pensaba que era lo más conveniente para resguardarlo de habladurías que lo señalaran como cómplice suyo. Aunque Blaise se había negado en un principio, había terminado por aceptar a regañadientes, pues sabía que era lo mejor. Por lo menos se aseguraba la protección de su familia y de Pansy.
Unos veinte minutos después, había llegado por fin Blaise. Tras ser invitado amablemente a pasar, el chico contó a Snape y al resto de la clase que Malfoy padecía viruela de dragón, por lo que estaría en la enfermería varios días, probablemente hasta el fin de cursos. Mientras la clase murmuraba y el profesor manifestaba su consternación por un caso así en pleno junio, Blaise había aprovechado para dirigir a Hermione una rápida mirada, que ella atrapó al instante. "Todo va bien", intentaban decirle esos intensos ojos azules. En ese momento, la chica se había relajado un poco.
Sin embargo, las discretas pero insistentes miradas de Blaise le hicieron pensar que había algo más que decir, por lo que, al terminar la clase, tiró a propósito varios de sus ingredientes al suelo (restando otros diez puntos a la casa de Gryffindor). No le sorprendió que Blaise se quedara rezagado también, mientras ella recogía trozos de sapo en escabeche y larvas varias.
- ¿Qué pasa… Blaise? – preguntó en susurros, haciendo un esfuerzo para pronunciar el nombre del muchacho.
- Es necesario que visites a Draco en la enfermería para que sepas cómo se desarrolla su enfermedad – respondió él en clave. No obstante, Hermione lo captó al vuelo.
- De acuerdo. ¿Tengo permiso de visita?
Blaise sonrió. La chica no era nada tonta.
- Solamente tú y yo lo tenemos. Ya lo verás cuando llegues.
- Bien. Entonces te veré luego.
- Sí. Hasta luego… Hermione.
El muchacho abandonó rápidamente la mazmorra, sin percatarse de que alguien estaba afuera, esperando. No obstante, Hermione sí lo vio.
- Harry… ¿Qué haces aquí? – preguntó nerviosamente.
- Pues, nada… Solo vi que tardabas y decidí esperarte; es más, iba a entrar a ayudarte, pero… Vi que tenías compañía – dijo con una mueca.
- Ah, Blaise… Eh… Sólo… sólo me estaba informando del estado de Draco.
- Pensaba que no tenías ya nada que ver con él.
- No, eh, pues… Resulta que nos reconciliamos.
- ¿Ah sí? ¿Cuándo? – preguntó con interés Harry, intentando que su desazón no interfiriera con su intención de averiguar qué traía Hermione entre manos.
- Eh, pues… Anoche.
- ¿Qué no anoche te fuiste a dormir temprano? – inquirió él, arqueando una ceja.
Hermione finalmente cedió. Sabía que no podía ocultarle la verdad a Harry por mucho tiempo más. Se lo había planteado a Draco, y éste había rechazado de lleno su intención de contarle al león el plan de escape, pero Hermione sabía que él debía saber. Podía ocultárselo a todos, podía ocultárselo incluso a Ron, pero a Harry jamás.
- Sí, pero Draco fue a visitarme… Tenía algo urgente que decirme.
- ¿Y puedo saber qué es?
La chica suspiró, y tras verificar que no hubiera nadie alrededor, cerró la puerta de la mazmorra y le puso un hechizo muffliato.
- Esto es lo que pasa, Harry.
Y así, la chica relató todo el plan a su mejor amigo, quien la escuchaba con atención y una ligera pizca de interés.
- Así que Malfoy piensa escapar. Parece que tiene más agallas de las que suele demostrar. Quien lo hubiera dicho.
- Sí – fue lo único que respondió ella. Todavía no le hacía la pregunta fundamental, la que ella sabía que le haría, aunque él todavía no lo supiera.
- Pues no está mal. Me agrada que por fin haya decidido pasarse al bando de los buenos. Pobre tipo; si yo fuera él seguramente haría lo mismo. Aunque claro, también hubiera usado otra idea. ¿Viruela de dragón? Qué infantil… Además, no sé, probablemente también hubiera tratado de convencerte de que… Espera… ¿Hermione? Hermione, no planearás escapar con Malfoy, ¿o sí?
La castaña se había vuelto de cara a la pared, pero en cuanto Harry hizo la pregunta, supo que tenía que mirarlo de frente para contestar. Y ahí estaban, como siempre: los expresivos ojos verdes de Harry, que lo mismo podían demostrar furia, alegría, tristeza, desconcierto y una amplia gama de emociones, ahora expresaban el mayor tormento que Hermione hubiera visto en su vida.
Hermione sintió una llamarada en el pecho al tiempo que sus propios ojos se llenaban de lágrimas. Sabía que tenía que ser sincera y admitir que iba a irse con Draco, aunque eso le partiera el corazón y le asestara la estocada final a Harry, sabía que tenía que hacerlo. "Ahora o nunca, Hermione".
- No, Harry. Yo me quedo aquí.
El alivio que vio en los ojos verdes fue suficiente para ella, a pesar del remordimiento y la culpa que comenzaban a mostrarse en su rostro. Afortunadamente, el muchacho no se percató de nada de esto, pues se había apresurado a abrazar a su mejor amiga con fuerza.
Hermione suspiró. Hubiera podido decirle la verdad a cualquiera, hubiera podido decirle la verdad incluso a Ron… pero a Harry jamás.
Uuuu, que tal? Valió la pena la espera o no? En lo personal ha sido uno de los capítulos que más he disfrutado escribir, fue toda una explosión de emociones! Pero obviamente yo soy una juez algo parcial, así que no duden en opinar, su voto cuenta! ^^
Escapar? Y del mismisisisísimo Señor Tenebroso? Diooos, no cualquiera eh! Se necesita de mucho valor, mucho atrevimiento... y al parecer, un brazalete de viruela de dragón y una buena compañía xD Pero cómo que Hermione también se va con él? La alumna más brillante de Hogwarts, la prefecta perfecta abandona el colegio y a sus amigos de manera totalmente ilegal siguiendo al amor de su vida? Aaaah 3 insisto, por qué diablos Hogwarts no existe más que en nuestras burbujeantes imaginaciones? TT__TT
El desenlace está muy, muy próximo chicos, no se pierdan las actualizaciones, probablemente esta misma semana si mi internet coopera ^^
Y no olviden, flores, jitomates, amenazas y propuestas de matrimonio, clic en el botón verde que dice "Review"!
