Bonne nuit! Sí, años sin actualizar; sí, muerte y destrucción para mí y los míos, lo sé, TODOS los sabemos ¬¬ No pueden ser más originales en sus amenazas? Que tiene que hacer una humilde escritora de fics para conseguir verdaderas amenazas, como las que reciben los grandes escritores? Mínimo un "sé donde vives" o un "tengo a tu pez dorado, actualiza o te iremos enviando sus aletas, una a una" u_u Meh, en fin...

Pero esperen! Tengo una muy buena razón... Eh, no, la verdad no xD es solo que he notado que se me da bien esto de escribir largos enredos amorosos y dramáticos sobre los magos favoritos de todos los niños; en cuanto a eso de actualizar y estar al pendiente... Bueno, una no puede ser buena en todo no? u_u

En fin, antes de sufrir una muerte lenta y dolorosa que probablemente incluyan hogueras y sacrificios frente a altares de JKR hechos de chicle bomba, quiero agradecer por tooooodos los adds y reviews del capítulo ante-anterior a este (oséase si no me equivoco, el núm. 21) (oséase, a Sweet Knight me halagas enormemente, espero que estos dos últimos también hayan estado a la altura de tus expectativas *hace una reverencia y besa tu mano*, clamp-girl creo que es lo que todas decimos, "yo no lo hubiera perdonado!"... y justo después de decirlo corremos a abrazarlo ¬¬ en fin xD que bueno que te gusta, gracias por las flores! *estrecha tu mano con firmeza, pily-sofy sí, soy mala y a mucha honra! y recuerda, sin emociones y dudas la vida no es taaaaan divertida, además si no te hubiera dejado con la duda no estarías leyendo esto, y qué sería de mí sin tus lecturas y reviews? *pone cara de perrito triste*, y adrit126 pff, va a sufrir un buen rato el pequeño Harry u_u en cuanto a lo de un HxHr... Curiosamente es la pareja que más más me gusta, antes todavía que el DxHr, pero por alguna extraña razón nuuuunca puedo escribir un HxHr decente... se me da más juntar al bad boy con la good girl xD en fin, si alguna vez me sale un intento pasable te lo haré saber :) , y por sus adds a Nenita Malfoy casi lloro al leer tu review *.* gracias gracias gracias!, Maruuchiss también gracias por las flores, que bueno que es de tu agrado! *se seca una lágrima*, clamp-girl, reyna e. malfoy, Sweet Knight, Haushinka.A, y nonaloka.

Y... eso fue el capítulo 21 xD Ahora, en el capítulo 22 quiero agradecer a scorpiustar, Lady Evanna, Nyra Potter, RoseHaledeCullen, Andyie Pattz, y Angelita88 por los adds, y a clamp-girl nuevamente por el review se irá? no se irá? oh dudas, malditas dudas! resueltas aquí :D.

Y ya como nota final, hay algo que tengo que decir... Este es el último capítulo de este fic :'( así es, CAUD por fin llega a su fin! Pfff... este fue creo el capítulo más difícil que escribí, no es exageración pero literalmente lloré escribiéndolo y escuchando la canción que elegí como la del clímax y la que hace de este último capítulo una especie de songchap (ahí estaba Marianna de Bloom a las 2:54 AM, tecleando, escuchando y llorando como nena .). Y no es por nada, pero me gustó mucho, creo que el esfuerzo y la deshidratación por las lágrimas valió la pena :') La canción es de La Oreja de Van Gogh, se llama "Adiós" y la recomiendo totalmente porque es de mis canciones favoritas y ustedes deben obedecerme! Digo, porque no es tanto que la canción se haya adaptado a mi idea de esa escena, sino que la escena se basó completamente en esta canción increíble... No sé, me da sensación de melancolía, de esperanza y de amor... Pffff, ustedes ponganle play en cuanto lleguen a la escena y sabrán de qué hablo xD

Pero a fin de cuentas yo no importo en cuanto a la impresión que da el fic, la canción que elegí y la vida en general, ustedes son los jueces, y ustedes deciden si gusta o no gusta (pero por su bien, más valdría que gustara... Sé donde viven! .)

Ejem... Sin más preámbulos, los dejo con el capítulo final de Cartas a un desconocido, titulado El tren de medianoche, y esperando que sea de su total like :)

Ah! y vean la nota final, hay una sorpresita para ustedes :)


El tren de medianoche

Malfoy no despertó hasta que el golpe en su ventana se encargó de eso. Una lechuza nocturna, desorientada, había chocado con el cristal de la estancia en la que se encontraba, y ahora volaba, ofuscada, en dirección a la lechucería. El susto hizo que el rubio se levantara de golpe, pensando que lo habían descubierto. Sin embargo, se relajó al observar al causante del ruido; por lo menos hasta que sus ojos grises se dirigieron a la repisa de los libros. El reloj marcaba las once y tres.

Su corazón comenzó a acelerarse. Hermione debería estar ya ahí, es más, debía haber llegado hacía ya quince minutos. Y sin embargo, la sala se encontraba tan vacía como cuando él se había quedado traspuesto. Trató de controlar el entumecimiento que empezaba a invadir su cuerpo. "De seguro no puede salir de su habitación", se dijo finalmente. "Lo más probable es que Potter, o Weasley, o alguno de esos estúpidos Gryffindors la haya entretenido, y ahora no puede librarse de ellos. O quizás es que se topó con Filch merodeando por los pasillos, y tuvo que esconderse. Sí, debe ser eso. No hay otra razón por la que se esté demorando tanto".

Pero el corazón de Draco sabía que sí la había, aunque él se negara a reconocerlo. Había un tercer motivo que era más que factible, pero era demasiado abrumador como para darle cabida en sus pensamientos. Porque si Draco permitía que la idea entrara en su cabeza, sabía que no podría sacarla de ahí hasta que ambos estuvieran encima de un tren en movimiento. Pero su mente, terca como siempre, se empeñó en formular esa frase que él no deseaba construir.

"¿Y si resulta que Hermione ya no quiere escapar conmigo?".

El lúgubre pensamiento comenzó a apoderarse de su cerebro, provocándole temblores en todo el cuerpo. La llegada de Blaise lo salvó de seguir considerando la idea de ir a su cuarto a recuperar su frasco de Delirio Tóxico.

- Por favor disculpen la tardanza, me he quedado dormido… Oh, vaya, ¿debería decir "disculpa"?

Draco trató de ignorar la nota sarcástica en las palabras de su amigo, pues su pequeña esperanza se estaba haciendo todavía más vaga. El rubio había querido pensar que Hermione no recordaba cómo encontrar justamente la sala donde él se encontraba, y estaba en realidad esperando a que llegara Blaise para que le indicara cómo hacerlo. Sin embargo, ahora estaba convencido de que no era así, y que el Slytherin tampoco la había visto por ahí. Aún así, decidió confirmarlo.

- ¿No viste a Hermione de camino a aquí?

- En absoluto. Es más, pensaba que ya había llegado. Es obvio que también se le ha hecho tarde – Blaise observó los inquietos ojos grises de su amigo. – No te apures, ya llegará.

No obstante, pasaron diez largos y angustiantes minutos antes de que la leona por fin entrara a la habitación, con una capa de viaje y una pequeña bolsa marrón al hombro. Draco le sonrió en cuanto arribó al lugar, pero ella no le devolvió el gesto. Blaise no pareció notarlo.

- Ya era hora, Granger.

- Hubo un ligero contratiempo, Zabbini. Pero ya estoy aquí – dijo Hermione con la voz apagada pero firme. El rubio comenzó a relajarse.

- En fin – respondió Blaise, poniendo en blanco sus ojos azules. – Son exactamente las once y doce, por lo que tienen aproximadamente cuarenta y ocho minutos para llegar a la estación de trenes de Hogsmeade, pues el tren más pronto parte exactamente a medianoche. Sigo considerando que la opción más viable para llegar hasta el pueblo es el pasadizo del Sauce Boxeador; la Casa de los Gritos está solo a unos pasos de la estación y será sencillo llegar desde ahí. Cuando arriben a la primera ciudad, podrán aparecerse en el sitio que les apetezca. No sé si ustedes hayan ideado alguna otra forma de hacerlo.

Ninguno de los dos respondió nada. Draco observaba intranquilo a Hermione, quien a su vez miraba un punto en el suelo. Blaise interpretó su silencio como aceptación.

- Bien, si nadie tiene nada que objetar, será mejor que nos demos prisa o perderán el tren.

Dicho esto, Blaise sacó la capa invisible de Malfoy, que había traído de su habitación, y se la entregó a su dueño. El rubio cubrió a su novia y a sí mismo, mientras Blaise tomaba su propia capa invisible y se escondía bajo ella. Finalmente los tres salieron de la estancia en completo silencio.

El fresco ambiente al que salieron revivificó a Draco, quien pensó que un día más respirando el enviciado aire de la Sala de los Menesteres hubiera terminado por envenenarlo. Reanimado como estaba, iba a comentarlo con Hermione, cuando la expresión de su rostro lo detuvo.

- Oye, Herm, ¿está todo bien?

- ¿Qué? Oh, sí, sí, claro. Todo está perfecto – respondió apresuradamente la chica, esbozando una sonrisa que a Draco se le antojó tan falsa como las dotes de adivinación de la profesora Trelawney. Sin embargo, se limitó a tomar de la mano a la castaña, quien le sonrió nuevamente, esta vez con más naturalidad, lo cual terminó por relajarlo.

Siguieron avanzando en silencio pero a paso veloz, traspasando con mucho cuidado la entrada del castillo, llegando a los jardines y por fin al Sauce Boxeador, quien parecía dormir en esos momentos. Con un rápido movimiento de varita, Blaise apretó el nudo del árbol e inmediatamente éste se quedó en calma. Los tres jóvenes procedieron a quitarse las capas. La luna llena iluminó tenuemente sus siluetas, confiriéndoles un brillo espectral. Se observaron en silencio, incómodos.

- Bueno, creo que esto es todo – dijo finalmente Blaise.

- ¿No nos acompañas? – inquirió sorprendida Hermione.

- Tal parece que no. Créeme, no es mi culpa; mi intención era escoltarlos hasta la estación de trenes, pero Malfoy no me lo permitió – Blaise le sonrió burlonamente a Hermione. – Y tú piensas pasar el resto de tu vida con él; siendo honestos, yo no sé cómo lo soportas…

Hermione sonrió dulcemente, mientras Draco observaba una última vez a su amigo. El mejor que había conocido, aunque hubiera sido por tan poco tiempo.

- Te agradezco mucho todo lo que has hecho por nosotros, Blaise – dijo Hermione con suavidad. – Gracias por ser tan buen amigo para Draco, y espero que ésta no sea la última vez que nos veamos.

- No te apures, que no lo será. Fue un placer haberles podido ayudar, y les deseo suerte donde quiera que vayan. Encárgate de que Malfoy escriba, ¿de acuerdo?

- Lo haré. Muchas gracias, Blaise – y ante la sorpresa de todos, incluso de ella misma, Hermione lo abrazó.

- Eh… sí, no hay de qué – respondió él, incómodo al principio. Después suspiró, y le devolvió el abrazo con fuerza. – Hasta pronto, Hermione.

- Los dejaré un momento para que se despidan – dijo la castaña en cuanto se desprendió del chico, y se encaminó al pasadizo del Sauce Boxeador, sentándose justo en la entrada.

Draco y Blaise se limitaron a mirarse. Eran tantos los sentimientos encontrados… No podían dejar de apreciar la ironía del destino: se conocían desde siempre, pero su relación nunca había ido más lejos que la de líder y mano derecha, respectivamente. Se encargaron del trabajo sucio en Hogwarts, hombro con hombro, representando sus papeles ya asignados durante seis años, pero nunca se habían animado a ir más allá de lo que se esperaba de ellos. Y en el último instante, llevando a cabo un último y descabellado plan, habían descubierto en el otro el buen amigo que tanto les hacía falta a los dos. Ahora, tras la mejor y más efímera amistad de la historia, había llegado el momento de decir adiós.

- Blaise, yo… - comenzó Draco con la voz entrecortada. Sin embargo, el muchacho lo detuvo con un gesto.

- No hay nada que decir, Draco.

Se miraron una vez más. Y sin previo aviso, los amigos se fundieron en un abrazo final.

- No encuentro palabras para agradecerte lo que has hecho por mí y por Hermione. No sabes cómo lo aprecio.

- Ya te lo he dicho, no hay nada que decir. Deberías guardar esas energías para los tiempos que vienen, amigo – respondió Blaise, con una sonrisa y los ojos brillantes.

- Sí… Eso es lo que haré.

- Ten mucho cuidado; sabes que estarán tras de ti.

- Lo sé, y lo haré.

- Y cuídala. Es una joya.

Ambos observaron a la muchacha, que miraba al cielo con sus bellos ojos castaños.

- Es lo más importante en mi vida. Siempre lo será.

- Lo sé. Suerte, Draco, y hasta pronto.

- Gracias por todo, Blaise. Y hasta pronto.

Y sonriendo, Blaise desapareció bajo su capa invisible. Draco observó las tenues pisadas que brillaban en el césped, bajo la luz de la luna. Suspirando, alcanzó a Hermione en la entrada del Sauce Boxeador, y ambos observaron las pisadas desaparecer en la puerta del castillo.

- Tienes realmente un muy buen amigo, Draco.

- Lo sé. Lástima que me haya dado cuenta hasta ahora.

Los jóvenes se miraron. Los ojos de Hermione resplandecían como estrellas, y Draco sonrió al encontrarla tan hermosa. Ella solo le apretó la mano, indicando que debían continuar.

Y de ese modo, se adentraron en el profundo hueco del Sauce Boxeador.

-o0o0o0o0o0o0o0o0o0o-

Era una de esas terribles pesadillas en los que sabes que no se trata más que de un sueño, y aún así, por más que lo intentas, es muy difícil despertar. Las dolorosas imágenes se agolpaban en su cerebro, haciéndole emitir débiles quejidos. Su cerebro batallaba por recuperar la conciencia, mientras su subconsciente seguía reproduciendo una película que definitivamente no quería ver. Y por fin, tras varios minutos de lucha, Harry despertó de golpe.

Miró a su alrededor, desorientado. Procuró que su corazón recuperara su ritmo normal, mientras se frotaba los ojos para después tomar sus lentes de la mesita de noche. Miró el reloj: eran las once y treinta y tres; apenas había logrado dormir dieciocho minutos. Fastidiado, se acomodó nuevamente entre las mantas, tratando de relajarse. Sin embargo, las inquietantes imágenes volvían a él una y otra vez, impidiéndole conciliar el sueño. Todavía más molesto, Harry se sentó en su cama.

Sabía por qué la pesadilla le resultaba tan inquietante. Había visto en ella a Hermione escabullirse de la torre de Gryffindor, del castillo, mientras él la seguía gritando su nombre. Gritaba y gritaba hasta quedarse afónico, pero ella no la escuchaba; la jalaba del brazo, de la ropa, pero ella no lo sentía. Nada de lo que hacía impedía que Hermione traspasara las puertas del colegio y se desvaneciera en una niebla tóxica tras la cual estaba Malfoy, quien le sonreía con sorna, sus ojos grises brillantes de triunfo. Y Harry seguía gritando aunque ya no le salía la voz, y seguía jalando aunque ya no se asiera de nada, y caía en espiral en un pozo sin fondo, con la risa de Malfoy taladrándole los oídos. Su subconsciente no trabajaba en vano: había proyectado exactamente su miedo más grande.

Intranquilo, se levantó de la cama y comenzó a pasear por el dormitorio, procurando no despertar a sus amigos. Por supuesto que Hermione no había huido con Malfoy; ella debía estar ahora durmiendo apaciblemente en su propia habitación, ajena a todo lo demás. "Bueno, tal vez no tan apaciblemente", pensó Harry después, al recordar que, si todo había sido como su amiga le había dicho, Malfoy ya estaría ahora en camino a quien sabe dónde. "Pero solo", se recordó a sí mismo. "Nadie lo acompaña, y mucho menos Hermione".

Sin embargo, el chico no se sintió conforme. La desazón seguía invadiendo su mente y su pecho. Tras unos minutos de reflexión, decidió que iría a comprobar si Hermione realmente estaba descansando en su dormitorio, o si estaba en la Sala Común, o si todavía estaba en algún lugar de castillo. "Una rápida comprobación no tiene nada de malo", se dijo. "Solo para asegurarme".

Por lo tanto, Harry bajó en silencio a la Sala Común, con la intención de asomarse brevemente al dormitorio de las chicas de sexto año y verificar si la cabeza castaña de Hermione reposaba sobre la almohada. De puntillas, se dirigió a las escaleras, y tan solo había avanzado unos cuantos pasos cuando las mismas se convirtieron en un tobogán resbaladizo que lo hizo caer de sentón.

"Sabía que estaba olvidándome de algo", pensó mientras se frotaba la espalda baja con una mueca. Los alumnos tenían prohibido subir a las habitaciones de las chicas sin su pleno consentimiento y después de la hora de dormir. Por alguna razón, eso bastó para tranquilizar a Harry y hacerlo desistir de sus intenciones. Bostezó rápidamente y se dispuso a buscar sus gafas, que habían salido volando al momento de caerse. A gatas, tanteó la alfombra de la sala, asombrándose de la cantidad de basura que encontraba a su paso. Libros, envolturas de caramelos, plumas rotas, un sobre arrugado y rotulado con su nombre, un frasco de tinta seca… "Espera… ¿Qué rayos es esto?", se preguntó, perplejo. A pesar de su deficiente visión, alcanzaba a percibir los trazos finos y perfectos de Hermione formando su nombre.

Con manos temblorosas, Harry rasgó el sobre y sacó el pergamino en su interior, mientras se levantaba. Al tiempo que leía las líneas que su amiga había escrito – "que me escribió a mí", pensó –, su rostro se fue descomponiendo en una máscara de auténtico dolor y pena. Aún así, le fue necesario releer la carta otras dos veces para asimilar su fatal contenido.

Cuando por fin concluyó, se limitó a mirar por la ventana, al tiempo que la luna de junio iluminaba sus ojos verdes, ya brillantes por las lágrimas, y mientras sus manos estrujaban el pergamino.

-o0o0o0o0o0o0o-

El recorrido por el estrecho pasillo, si bien era bastante largo, a Draco se le antojó sumamente corto. La tensión se respiraba en el ambiente mientras caminaba junto a Hermione, siempre tomados de la mano, y era más que palpable cuando por fin salieron del túnel y se internaron en el sótano de la Casa de los Gritos. El chico sabía que era normal que ambos estuvieran nerviosos; por Merlín, estaban escapando de la protección de Hogwarts, que estaba bajo el cuidado de un número importante de aurores, para comenzar a huir de Voldemort por todo el mundo, siendo todavía menores de edad, sin el apoyo ni la ayuda de nadie. No obstante, sentía que en esa opresiva atmósfera, con tan negras perspectivas, había algo más. Miró a Hermione justo antes de abandonar la escalofriante mansión, con los ojos llenos de dudas. La muchacha le devolvió la mirada con serenidad, y con un gesto lo instó a seguir caminando. Así, ambos se internaron en silencio en la oscura noche, siempre cubiertos por la capa invisible, en dirección a la estación de tren.

Llegaron con doce minutos de anticipación. El andén despedía un olor desagradable, y estaba mal iluminado. Draco había llegado a pensar que Hermione y él bien podrían ser los únicos en abordar el tren a media noche. Sin embargo, se sorprendió al descubrir a otros diez o doce pasajeros que dormitaban sentados en las sillas verdes instaladas a lo largo del andén.

- Será mejor que nos quitemos la capa antes de que alguien despierte y provoquemos un ataque colectivo al aparecer de pronto – sugirió tímidamente el rubio.

Hermione, por su parte, se limitó a asentir. Draco suspiró, y retiró la prenda de encima de ellos, y tras hacerlo pudo observar, a pesar de la escasa iluminación, que Hermione estaba anormalmente pálida, y que tenía los ojos inyectados y la mirada perdida.

- Oye, ¿te encuentras bien, Herm?

- ¿Qué? Ah, sí, eh… Estoy bien. Todo está bien – respondió distraídamente, esbozando una sonrisa que no convenció en absoluto al muchacho. Sin embargo, no pronunció palabra, y se dirigió hacia la ventanilla a comprar los boletos.

Cuando volvió, notó que Hermione se había sentado en el extremo más alejado de las sillas verdes. Una vez más, la castaña miraba al infinito; sin embargo, había perdido la inexpresividad en los ojos, y ahora éstos reflejaban dolor, además de estar llenos de lágrimas. El rubio se arrodilló frente a ella, preocupado.

- No irás a decirme ahora que estás bien, ¿verdad, Hermione?

La muchacha no contestó. Siguió mirando fijamente a la nada, apretando tanto los labios que apenas y se le notaba una fina línea. Draco se sentó a su lado y tomó su mano, resignándose a pasar los últimos minutos antes de abordar en silencio, preso de sus propias inquietudes.

Estaba a punto de escapar y de iniciar una nueva vida. Sí, una nueva vida, sin responsabilidades impuestas, sin supuestas lealtades a quienes no le inspiraban más que repulsión y lástima, y al lado del ser a quien más había amado y amaría. Sí, sonaba maravilloso, pero… Él sabía que no era eso lo que le turbaba. Su nueva y supuestamente perfecta vida también siempre tendría una sombra presente: Voldemort. Y es que sabía que el brujo no descansaría hasta encontrarlo y hacerlo pagar por su traición. Draco sabía lo difícil que sería huir: tendría que estar siempre en constante movimiento, sin poder establecerse nunca en un lugar por mucho tiempo, viviendo siempre con miedo a que ese fuera el día en que por fin lo capturarían… Y el hecho de no poder utilizar la magia hasta cumplir los diecisiete años tornaba las perspectivas aún más sombrías. Hermione y él tendrían que buscar el modo de procurarse comida, techo, protección, siempre sin llamar la atención, ocultándose, temerosos hasta de sus respectivas sombras. A Draco se le revolvió el estómago. ¿A esa vida había arrastrado a Hermione al llevarla con él? Es más, ¿era ese el tipo de vida que quería para él mismo? Draco se dijo que no tenía opción, que era preferible eso a morir a manos de Voldemort. Pero… ¿y Hermione? Ella sí que tenía oportunidad de elegir. Y había elegido ese camino sólo por él. Tal vez por ello tenía esa expresión tan miserable en sus hermosos ojos castaños, y por ello corría esa lágrima por su mejilla…

- Espera… Hermione, ¿estás llorando?

Pero era una pregunta estúpida, porque la respuesta era más que evidente en ese momento, en que el llanto fluía copiosamente por el rostro de la chica, quien seguía mirando al vacío. Draco se arrodilló nuevamente frente a ella, mirándola preocupado.

- Hermione, mi amor, ¿qué pasa? – preguntó, besando suavemente sus manos.

- D-D-Draco… Y-yo… N-no pu-puedo ha…

El tartamudeo de Hermione se vio interrumpido por el fuerte sonido del silbato del tren de medianoche, que por fin había arribado a la estación, y aunque el rubio trató de concentrarse en las palabras de la chica, no pudo escuchar nada más.

- ¿Qué has dicho, Hermione? Escucha, sea lo que sea, lo hablamos en cuanto estemos en el tren, ¿de acuerdo?

- N-no… N-no p-p-puedo hacerlo, D-Draco…

- ¿Qué?

La gente que dormitaba en las sillas comenzó a levantarse y a arrastrarse somnolientamente a la entrada. Cargaban con desgana sus equipajes, instaban a sus compañeros de viaje a apurarse… Sin embargo, ninguno de esos detalles fue advertido por Draco, quien seguía tratando de asimilar lo que decía la muchacha sentada frente a él.

- ¿Hermione? ¿No puedes…? ¿No puedes hacer qué? – preguntó débilmente, mirándola con desesperación.

- N-no puedo… I-i-irme. Contigo. N-no puedo huir contigo, D-Draco – alcanzó a decir la castaña, antes de que un sollozo escapara de sus labios, interrumpiéndola.

Draco siguió mirando el suelo, mientras Hermione sollozaba desconsoladamente frente a él. Luego miró el reloj de la estación. Faltaban cinco minutos para que el tren partiera.

- No puedes huir conmigo – dijo lentamente, paladeando cada palabra mientras devolvía la vista hacia abajo.

- N-no…

El rubio desvió la mirada del piso, viendo a lo lejos sin ver realmente. Un torbellino de emociones se aglomeraban en su mente y en su pecho, dejándolo mareado. Se levantó finalmente y se encaminó a la entrada.

- ¡Draco, no, espera!

Hermione se levantó de un salto, aferrándose a la mano del rubio. Sus ojos castaños estaban llorosos y enrojecidos.

- Mi tren está por partir, será mejor que me vaya – respondió el rubio con voz inexpresiva, sin atreverse a mirar el rostro de la chica.

- Draco, p-por favor, deja que me explique…

Pero, ¿cómo explicar la confusión que reinaba en su cabeza en esos momentos, y que se había originado el día en que él le había confesado sus intenciones de escapar? ¿Cómo explicarla, si ella misma no la entendía?

Ese día, cuando Draco le reveló lo que planeaba hacer, Hermione había actuado por impulso, casi por inercia. "Llévame contigo", le había dicho ella. Y eran esas las palabras que ahora la tenían ahí, en una penumbrosa estación de tren, a medianoche, huyendo de la protección de Hogwarts, alejándose de sus mejores y más queridos amigos… ¿Era eso lo que realmente quería? ¿Era lo que ella había elegido? No, y eso lo tenía claro. Lo había elegido a él. Por él se encontraba ahí, dejando atrás una vida maravillosa, llena de gente única, de perspectivas infinitas, de cualquier cosa que ella deseara, porque para Hermione Granger, brillante, atractiva y agradable, todo era posible… Y sin embargo, ahora escapaba de todo ello, de la seguridad que le daba el ser quien era, por él. Por amor.

No obstante, justo después de haber pronunciado las palabras que la tenían ahí, las dudas habían comenzado a asaltarla. Ella sabía todo lo que provocaría con su huida. La ida al traste de todos sus planes y ambiciones, la sorpresa de sus padres, la decepción de sus profesores, sobre todo de Dumbledore, quien había confiado en ella, en su buen criterio para no hacer cosas estúpidas estando al lado de Draco, aunque nada comparable con el dolor y la confusión de sus amigos al enterarse. Y Harry… Sabía que en cuanto Harry supiera lo sucedido, se le rompería el corazón.

Hasta ese día, hasta apenas unas horas antes, Hermione no tenía muy claro lo que debía hacer. Huiría con Draco, era cierto, pero sin estar plenamente convencida de ello. Y entonces había llegado Harry, con sus palabras dulces, con su eterna sonrisa, a decirle lo mucho que apreciaba el esfuerzo sobrehumano que hacía al quedarse con ellos. Y Hermione se había dado cuenta por fin de que era cierto, de que su lugar era ahí, en Hogwarts, junto con el resto de sus amigos y la gente que la quería. Porque si bien ella podría vivir sin ellos, sin sus padres, sin sus profesores, sus amigos y sus sueños… sabía que todos ellos no podían seguir existiendo sin ella.

Todo eso quería decirle Hermione Granger al rubio que miraba sus zapatos en aquel momento, demasiado apesadumbrado como para levantar la vista. Sin embargo, en cuanto lo hizo, Hermione lo miró a los ojos, y el finalmente le devolvió la mirada. Y entonces ella supo que no había necesidad de explicar nada. Él lo entendía.

- ¡Última llamada, última llamada! – coreaba un hombre gordo, vestido con un uniforme rojo. Miró brevemente a los jóvenes, las últimas personas en la estación, y se adentró nuevamente en el tren.

Tanto Draco como Hermione dirigieron la mirada al reloj de la estación. Marcaba tres minutos para las doce de la noche. Un instante después, volvieron a mirarse.

No había palabras para describir todo lo que se estaba gestando en las cabezas de los muchachos. Los sentimientos se agolpaban, las ideas se entremezclaban, las palabras pugnaban por salir en un torrente de incoherencias. Y sin embargo, ambos sabían que las palabras sobraban, que las ideas estaban de más. La increíble conexión mental que había comenzado en septiembre del año anterior y se había ido fortaleciendo desde entonces, alimentada con amor, confianza y compromiso, les permitía comprender en silencio.

- Es hora de que me marche, Hermione – dijo finalmente Draco, con un nudo en la garganta.

Hermione solo asintió, el pecho entumecido impidiéndole hablar, siempre mirándolo a los ojos. Y Draco no pudo evitar pensar en aquella vieja canción, la que solía tararear su madre en otros tiempos, tiempos más felices.

Tengo que irme ya, abrázame

Y eso hizo, la abrazó, sabiendo que sería la última vez que lo haría en su vida, tratando de evitar que sus emociones se apoderaran de él y no le permitieran separarse de ella. Ella le devolvió el abrazo, si bien con sentimiento, también con cierta precaución, presintiendo tal vez lo mismo que él.

Nada más llegar, te llamaré

Por supuesto, él buscaría el modo de seguir en contacto con ella, por muy peligroso que fuera. Por supuesto, si ella lo deseaba así. Sin embargo, sabía que así sería. Ahora que por fin la había encontrado, no iba a perderla, aunque no pudiera tenerla del modo en que él tanto deseaba.

Déjame marchar, no llores más

"Sí, Hermione, suéltame, déjame ir. Limpia esas lágrimas de tu rostro, haz que dejen de correr, pues cada una se clava en mi pecho como una daga, cada una me hace sentir el ser más miserable sobre la faz de la tierra. Aparta tus brazos de mi cuerpo, retira tu frente de mi hombro. Porque si tú no lo haces, si tú no deshaces este abrazo, si no eres quien se aleja de mí… no sé si yo tenga la fuerza necesaria para hacerlo".

Túmbate otra vez, te dormirás

Y una vez más, la profundidad que tenía esa mística conexión entre ellos fue evidente, pues Hermione se apartó lentamente de Draco, mientras secaba sus ojos con el dorso de la mano.

- Sí… Es hora, Draco – murmuró con voz estrangulada.

El chico apretó los labios, y miró el reloj nuevamente. Un minuto. Oía trabajar pesadamente a la locomotora situada a sus espaldas, percibía el aroma del carbón quemándose en la caldera.

- Te extrañaré tanto, mi Julieta… - apenas alcanzó a balbucear, pues las lágrimas subieron inmediatamente a sus ojos, cerrando a su paso su garganta.

- Y yo a ti, mi Romeo… Y yo a ti – respondió Hermione, los ojos brillantes, y una forzada sonrisa en los labios.

Dicho esto, el rubio se dio media vuelta y se encaminó hacia la entrada del tren.

Te he dejado atrás, y pienso en ti

¡Y cómo no pensar en ella, si ella lo era todo! El motivo de su existencia, la razón de su vivir, el origen de sus problemas y la fuente de su felicidad. Lo primero y lo último en su vida. Y ahora la dejaba atrás, en una sucia estación de tren, mientras ella lo veía marcharse, mientras él se alejaba de ella. Porque así tenía que ser.

Oigo "adiós, amor" caer sobre mí.

Con una vocecilla estrangulada, habían sido las últimas palabras que le había escuchado pronunciar, justo después de darse la vuelta. Él no había respondido; sabía que si lo hacía, tendría que correr a sus brazos y suplicarle que lo repitiera una y otra vez, para grabar para siempre en su mente esa voz maravillosa viniendo de esos labios celestiales y que ésta lo acompañara para siempre, donde quiera que se encontrara.

Yo quiero irme de aquí, no puedo escapar…

Sí, no solo quería, tenía que hacerlo. Porque era necesario seguir con vida para tener la esperanza de algún día reencontrarse con ella. Tenía que escapar de las garras de la maldad, del odio, de la esclavitud, para poder algún día vivir nuevamente por y para ella.

Había ocupado un compartimiento vacío cuya ventanilla daba precisamente a donde se encontraba Hermione. La chica lo miraba con los ojos brillantes. Se le veía tan pequeña, tan sola… Draco deseó poder refugiarse en su cálido abrazo solo una vez más, poder tomar un solo beso de su boca, que lo acompañara hasta el día en que la volviera a ver…

El reloj de la estación marcó las doce, y finalmente el tren empezó a avanzar, lenta y parsimoniosamente. Draco vio como Hermione levantaba una mano para despedirse, y anheló más que nunca estar con ella un solo segundo más… Si tan solo eso fuera posible… El tren ya había comenzado a moverse. Y sin embargo…

Necesito volverse a abrazar

Hermione vio a Draco salir disparado del vagón que ocupaba y correr hacia la parte final de la locomotora, al barandal abierto al cielo. Con una agilidad sorprendente, el rubio saltó del tren en movimiento y corrió hacia ella, con el rostro descompuesto, mientras ella también se abalanzaba hacia él.

Ven, cálmate, no llores más

Y como si lo hubieran planeado, ambos se fundieron en el abrazo que apenas hacia unos minutos no habían querido darse. Se aferraron con desesperación el uno al otro, mientras los labios de Draco buscaban ansiosamente los de Hermione, mientras se deshicieron y rehicieron en un beso apasionado que exteriorizaba a todos los sentimientos que habían contenido aquella noche. Se besaron mientras el tren seguía avanzando perezosamente, sin prisas, a sus espaldas.

Si cierras los ojos verás

Que sigo junto a ti

- Te amo, Hermione. Te amo como a nada en este mundo. Por favor, nunca lo olvides – decía Draco entre lágrimas, sosteniendo el rostro de la chica entre sus manos.

- Y yo a ti Draco. Para siempre – respondió ella, el llanto también fluyendo, mientras él recorría con los labios su cuello, su cabello, sus mejillas empapadas en llanto.

Que no me iré sin besar

Una de esas lágrimas

Que van desde tu cara al mar

Atrás de ellos, el tren comenzó a ganar velocidad.

- Volveré por ti. No sé cómo, ni cuándo, pero lo haré. Es una promesa – dijo firmemente el rubio, los ojos grises inundados.

- Te esperaré toda la eternidad si es necesario – respondió ella con sencillez. Con eso bastaba.

El muchacho besó delicadamente su frente.

- Hasta pronto, Hermione.

- Hasta pronto, Draco.

Y esbozó una sonrisa. Draco pensó que nunca había lucido más hermosa. Con la misma destreza que había lucido antes, corrió hasta alcanzar la parte trasera del tren, y de un salto, se encaramó sobre la barandilla, subiendo nuevamente al último vagón. Lentamente se dio la vuelta.

Y ahí estaba ella, agitando nuevamente su mano para decir adiós. Le sonrió. Ella devolvió la sonrisa con los ojos destellando.

Y así se siguieron despidiendo, hasta que la figura de Hermione desapareció en el horizonte.

La vida viene, va, y se va…

-o0o0o0o0o0o0o0o0o-

Las últimas brasas se consumían lentamente frente a sus ojos. Pequeñas chispas brincaban entre los restos de madera, y algunas cenizas volaban juguetonamente en remolinos. Sin embargo, Harry no veía nada de esto. Su mirada se encontraba perdida más allá de la chimenea, más allá de cualquier lugar conocido del universo. No obstante, se mantenía sereno. La conmoción y el dolor lo agobiaban a tal grado que le impedían pensar en cualquier cosa. Lo único que lo conservaba atado a la cruel realidad era el arrugado trozo de papel que estrujaba en su mano derecha.

Por ello, cuando escuchó que se abría el hueco en el retrato, no se inmutó. Tampoco cuando los pasos de la persona que entró a la Sala Común tomaron dirección hacia donde se encontraba sentado, ni cuando el desconocido se detuvo justo a su lado. Solo se pudo apreciar una ligera reacción, apenas un respingo, cuando la persona habló con voz temblorosa:

- ¿Harry?

Sin embargo, el interpelado no se movió. No lo hizo porque durante un segundo, durante un ínfimo pero glorioso instante, creyó reconocer en aquella voz la melodiosidad de la de Hermione, su suave cadencia, su modo de marcar las palabras. Disfrutó como nada de aquel efímero momento, regodeándose en la fantasía, refugiándose en la ilusión, antes de que la cruda verdad lo golpeara con fuerza bruta, arrebatándole el aliento. No podía ser la voz de Hermione, se dijo. No podía porque Hermione estaba en esos momentos en algún lugar desconocido del planeta, alejándose cada vez más de él y en compañía de cierta serpiente. Debía ser alguien más, porque en aquellos instantes ella estaba huyendo del castillo, de sus amigos, de su vida. Y entonces, ¿por qué su mente se empeñaba en hacerle creer que era ella quien le hablaba? ¿Por qué hacía que él la viera en cualquier persona, incluso en aquél que en esos momentos estaba de pie a su lado, viéndole con ojos – los ojos castaños de Hermione – de preocupación? Harry cerró los propios, tratando con ello de borrar el dulce pero inexistente espejismo de la leona, cuando la persona volvió a hablar.

- ¿Harry? ¿Estás bien?

Esta vez Harry se convenció de que no se engañaba. Esa era la voz de Hermione. Abrió los ojos de golpe, y para su sorpresa la visión no había desaparecido. Ante sus ojos se encontraba la auténtica Hermione, de carne y hueso. Sin embargo, no se convenció hasta que no se levantó del sillón y la observó fijamente, boquiabierto. Tenía los ojos hinchados y enrojecidos, el cabello algo desordenado, las mejillas arreboladas. Vestía ropas cómodas, y en la mano derecha cargaba una pequeña bolsa marrón, mientras que con la izquierda sostenía firmemente un dije que colgaba de su cuello. Harry sabía que él nunca podría haber imaginado tantos detalles en caso de que no fuera más que una alucinación. Aun así, alargó una mano para tocarla por el hombro y asegurarse de que era real.

- Hermione… - dijo por fin, incrédulo.

- Al parecer no era a mí a quien esperabas ver – respondió la castaña con una débil sonrisa.

- Pero tú… La nota…

- Ah, la encontraste – respondió ella algo turbada. – Bien, pues… resulta que después de todo pensé bien las cosas y… simplemente me di cuenta de que mi lugar estaba aquí.

Pero a medida que lo decía, Hermione se daba cuenta de que aquello no era del todo cierto. Lo había hecho por ellos, sí, pero también por miedo. A los peligros que la acechaban si decidía huir, sí, pero sobre todo a decepcionar a sus seres queridos… A no llenar sus expectativas. Y muy a su pesar, se daba cuenta del gran error que había cometido.

Con un nudo en la garganta, y mientras Harry la abrazaba, Hermione miró por la ventana. Se preguntó dónde estaría Draco en esos momentos.

-o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o-

Salgo del portal, quiero morir

Y así era como se sentía en ese preciso momento, como un desahuciado en la fina línea que separa la vida y la muerte. Mientras se iba alejando lentamente de la estación, de sus recuerdos, de la única vida que había conocido… y de ella. El dolor que había pugnado por salir de su organismo cuando estaba a su lado seguía ahí, dominado por su propia voluntad. No obstante, la ausencia de Hermione anuló su empeño de mantener sus emociones bajo control. Y por fin Draco Malfoy se permitió llorar.

Tu en la habitación, llorando por mí

¿Y por qué no hacerlo, si sabía que ella estaba en las mismas condiciones? Se la imaginó en su recámara, la que tantas veces había visitado en persona y en sus sueños, recostada en su cama. ¿Estaría realmente llorando, o se habría dormido ya? ¿Seguiría pensando en él? Draco, muy a su pesar, confiaba en que no fuera así. Si algo había aprendido de los nueve meses ("¿Nueve meses? ¡Parece que han sido años y al mismo tiempo es como si hubieran pasado solo días!") que había pasado al lado de Hermione era que siempre la pondría a ella en primer lugar, por encima de todo lo demás. Y eso también incluía anteponer su bienestar al suyo propio. Prefería que ella estuviera bien, tal vez no feliz, pero sí tranquila, a imaginársela sufriendo por él.

Tú me has hecho tan feliz que siempre estaré

A tu lado, cuidando de ti

A fin de cuentas, sabía que llevaría su recuerdo hasta el fin del mundo, y que su presencia estaría siempre con él, pasara lo que pasara. Y que de algún modo, él estaría siempre velando por ella, aun en la distancia.

Ven, cálmate, no llores más

Y con esa dulce idea, Draco esbozó una tímida sonrisa, permitiéndose evocar la de Hermione.

Si cierras los ojos verás

Que sigo junto a ti

Sus párpados descendieron, y su mente recreó la imagen de la castaña, su tierna y a la vez intensa mirada, su fragante pelo, esa increíble sonrisa… Se la imaginó a su lado por un instante, ignorando a su mente que le aconsejaba que no era buena idea, dejándose llevar por el apremio de su ausencia.

Que no me iré sin besar

Una de esas lágrimas

Que van desde tu cara al mar

Y sin más defensas que vencer, aunque su debilitado cerebro insistía en quejarse, se imaginó besándola una vez más. Su rostro, sus manos… sus labios.

La vida viene, va y se va…

Y en eso abrió los ojos, y la realidad lo golpeó con fuerza. Hermione no estaba en el vagón junto a él; estaba en el castillo, ya a miles de kilómetros. La angustia se cernió sobre él, abriéndole un hueco en medio del pecho.

Y ven, cálmate, no llores más

Si cierras los ojos verás

Que sigo aquí junto a ti…

Y entonces volvió a sonreír, y el hueco en su pecho se cerró. Porque de alguna manera, ella estaba ahí con él. Como siempre había sido y como siempre sería.

El silbato del tren sonó en medio de la noche, como reafirmando dicho pensamiento.


Yyyyy? Les gustó? Díganme que sí por favor o serán causantes de una muerte provocada por el tren de Draco al atropellarme .

Sí, yo sé que probablemente no es el final que se esperaba para esta locura xD Es decir, Draco y Hermione no vivieron felices para siempre y se separaron? Él se fue y la dejó? Y ella dejó que se fuera y después se arrepintió? Debería correr a reencontrarlo, no? La pregunta es... a dónde?

Ah... demasiados asuntos al aire, lo sé... Lástima que este sea el capítulo final... Oh, esperen! Qué es esto que veo aquí? Ustedes lo saben? No? De hecho yo tampoco xD Pero aguarden, aguarden... Es esto acaso un EPÍLOGO? Ohh sí! xD Como soy un ser supremo y magnífico, dentro de mi infinita bondad y como acaba de pasar la Navidad y de seguro Santa no les trajo nada porque se portan mal, he decidido hacer un epílogo, solo para que sepan a dónde fueron a parar los chicos tras esta última despedida y no se queden llorando desesperados y golpeándose contra la pared por las dudas. Ya está escrito y en proceso de edición, espero poder subirlo si Dios me lo permite en una semana aproximadamente (hey, son vacaciones, no todo el día estoy pegada a la computadora .)

Así que ya saben, epílogo la próxima semana! Saludos, reviews y felices fiestas! ^^

Marianna de Bloom