Hola!! siento muchísimo el retraso, pero bueno, aquí teneis un nuevo capítulo! :D espero que os guste!! Muchísimas gracias por los reviews! ^^


CAPÍTULO 2- PELOS EN MI FRAPPUCCINO

Habían pasado casi cinco días y el chico misterioso no había vuelto a dar señales de vida. Había decidido que me esperaría a que él me buscara, aunque la verdad era que no me quedaba de otra, porque no tenía su número registrado, era oculto. ¿Lo sabría él? ¿se habría olvidado ya de nuestra pequeña conversación? Liz no sabía nada de lo ocurrido, era un máximo secreto que sólo mi gato Lou sabía, y la verdad, dudaba que se lo pudiera contar alguien sin morirme de la vergüenza.

El sábado me desperté con el grito de mi abuela Audrey que venía de la cocina:

-April, ¡el desayuno!

Creí oler tortitas con chocolate, así que de un salto salí disparada hacia allí, donde Liam (mi hermano), y Nana estaban ya sentados, a punto de comerse su ración de tortas.

-¡Buenos días, cielo! – dijo nana. -¿Qué tal has dormido?

La verdad era que no muy bien. Había vuelto a soñar con el chico misterioso, pero eso no se lo podía contar a mi abuela, así que decidí mentir.

-Genial abuela, como un bebé.

Liam se rió y me miró las ojeras. ¡Malditas delatoras!

-Pues pareces un bebé con muchas ojeras, sister. –dijo entre carcajadas.

-Cállate, enano, y cómete tus tortitas.

Mi abuela pareció sospechar, pero no sé si llegó a pensar algo extraño, porque no dijo nada. Lo único que pasó fue que cambió de expresión y me dijo:

-April, cariño, acuérdate del plan: tu madre se ha ido ya al congreso de madres trabajadoras y no volverá hasta el lunes por la mañana – vaya, lo había olvidado por completo – y Liam y yo nos vamos a la casa de la playa a pasar el fin de semana. ¿de verdad no quieres venir? –me preguntó.

-No, gracias nana. Tengo planes con Liz –era verdad y si no iba a haber nadie en casa durante los dos días siguientes, mejor para mí. Así podría organizar mejor mis ideas.

Cuando acabé el desayuno, y después de una ducha, ayudé a mi abuela a cargar las cosas en el taxi que nos llevaría a la estación de autobuses. Yo no subiría a ese autobús, pero tenía que acompañarlos.

-¿Llevas dinero para volver? Tienes más en el bote de galletas en la cocina... Si necesitas algo llámame –mi abuela era la imagen de la preocupación.

-Sí nana, tranquila. –le di un beso en la mejilla- pasadlo muy bien y tened cuidado.

Me miró con cara de "abuela orgullosa" y se dio la vuelta mientras indicaba a Liam cuál de todos aquellos autobuses era el suyo.

Justo en el momento en que me di la vuelta para salir de allí, mi móvil empezó a vibrar descontroladamente en mi bolsillo. Lo cogí con excitación, igual que me había pasado toda la semana porque cada vez que sonaba creía que sería el chico misterioso... pero nunca era él.

-¿Diga? –pregunté.

-April, ven rápido a mi casa, tengo noticias sobre los gustos de los Jonas. Hay que revisarlos y memorizarlos. Seguro que queda algo que no sabemos aún. –era Liz. Qué raro que ella dijera eso; estaba prácticamente segura de que sabíamos todo lo relacionado con los hermanos.

-Liz, acabo de despedirme de mi abuela y del monstruo. Ahora voy ¿ok? ¿quieres que lleve algo? –dije.

-Ahá, así que estás en la estación de trenes ¿no? – mierda, ya estaba pensando... – ¿Te puedes pasar por el Starbucks? ¡Por favor! Compra 2 frappuccinos de chocolate y yo preparo muffins de chocolate.

Genial, mi punto débil: muffins.

-Claro, en una hora estoy allí – le dije.

-¡Gracias, te quiero!

En cuanto colgué me dirigí rauda y veloz al Starbucks. Se acercaba la hora del almuerzo y aquello se llenaría de gente. Sin embargo, tuve suerte porque pude pedir tranquilamente 2 frappuccinos de chocolate con extra de sirope de chocolate y meterlos en la bolsa. Lo cierto era que estaba un poco cargada y casi no me quedaban manos libres, por lo que tenía miedo de tirarlo todo al suelo. De repente...

"You're gonna BB good to me, I'm gonna BB good to you..." ¡Mierda! El móvil. ¿Liz otra vez para asegurarse de que había pedido extra de sirope? Hice malabares para poder alcanzar el móvil del bolsillo de mis pantalones y contestar, pero casi tiré al suelo la bolsa con los frappuccinos. ¡¡Número oculto!!

Me entraron sudores fríos, mareo, tembleque de piernas... Me recuperé como pude y apreté el botón de "descolgar" esperando oír esa magnífica voz.

-¿Días buenos... di-di-digame? –dije.

No me contestaba. Sólo oía la respiración de alguien.

-Oye, ¿quién eres? Te oigo respirar –pregunté. Nada, no contestaba.

-Enano, ¿qué haces con mi móvil? –se oyó desde el otro lado. Alguien se reía.

-¿Eres la nueva novia de mi hermano?

No contesté. ¿Se refería a mi?

-Dámelo. Dame el móvil ya o se lo diré a papá.

Se oyó al niño refunfuñar y pasarle el móvil al hermano mayor, mi chico misterioso.

-Hola, ¿estás aún? –dijo él. Me recompuse en un momento.

-Sí, sí, estoy. Hola cuanto...

-¿Porqué no me has llamado? Me disculpé contigo mil veces! –no me dejó completar mi frase.

-¿Qué? –dije. Me entró la risa tonta. Él quería que lo llamara. Oooh...! mis piernas se derretían. –Pues obvio, chico listo, porque no tengo tu número. Me apareces como número oculto.

-¿Sí? No lo sabía –sonaba avergonzado- siento haber sido tan brusco... ya es la segunda vez.

-Tranquilo, no pasa nada –le dije. ¡Por fin! El chico sexy misterioso había llamado al fin. Estaba tan contenta en ese momento que podía incluso bailar, cosa que habría quedado raro ya que aún estaba en medio de la calle cargada con una bolsa de bebidas.

-Vale, y ¿cómo te llamas? –me preguntó.

-A-A-April –conseguí decir –¿y tú?

Se oyó un tartamudeo.

-Yo soy Jack.. sí, me llamo Jack.

Mmm, eso sonó sospechoso, pero seguía siendo un nombre sexy.

-Hola Jack, ¿de dónde eres?

-Los Ángeles, ¿y tú?

-Yo vivo en Pasadena, no está muy lejos de Los Ángeles.

-Sí, sé donde está. Mis hermanos y yo hemos ido alguna vez a... –se calló –a... ¡visitar a unos amigos de la familia!

Muy sospechoso.

-¿En serio? Y, ¿cómo se llaman esos amigos? –esa era la mía. Seguro que no sabría qué decir. ¿Por qué me estaba mintiendo?

-Esto... ¿sabes que hoy tengo el día libre? –dijo Jack.

-Ah sí? ¿Sueles estar muy ocupado normalmente?

-Sí, claro. Tengo que estudiar.. –cada vez parecía más nervioso -¿Quieres que me pase hoy por Pasadena? Si quieres podemos quedar...

¿¿QUEE?? Y si era uno de esos salidos pervertidos?? Pero... no era posible! Tenía una voz tan mona...

-Está bien, pero ¿puedo llevar a una amiga? –le dije. Se lo pensó un momento.

-Sí claro. Yo llevaré a mi hermano, si te parece bien.

-Esto... creo que me has entendido mal. Mi amiga tiene mi edad, y creo que tu hermano es más pequeño ¿no?

-No, tengo otro. Tiene 19 años. ¿Te parece bien?

Sonreí. Claro, perfecto para Liz.

-¡Hecho! ¿A qué hora y dónde? –le pregunté.

-Te enviaré un sms cuando lo tengo claro ¿ok?

-Vale, y de paso apúntame tu número, así te puedo avisar.

-Perfecto, entonces hasta luego, ¿no, April?

-Sí, hasta luego Jack...

-Un beso –y colgó.

¿Un beso? Dios mío! Un beso... un beso de parte de Jack. Tenía mis dudas de que ese fuera su nombre real pero.. me daba igual. Quizá también se avergonzaba de su nombre, como yo. Guardé el móvil y eché a correr hacia casa de Liz. Cuando le contara todo lo que había pasado, estaba segura de que se desmayaría... aunque quizá se enfadara un poco conmigo por no habérselo contado antes, pero me daba igual, seguro que el hecho de que le hubiera conseguido una cita con un chico de 19 años hacía que se olvidara del enfado.

***

En cuanto colgué, mi corazón empezó a latir con fuerza. Perfecto, muy listo Nick. Iba a quedar con una desconocida que seguramente me reconocería en cuanto me viera... ¿o tal vez no? Esto requería una "reunión de hermanos" de emergencia. Busqué a Joe y a Kevin, y no me sorprendió nada encontrármelos peleando.

-Kevin, va, ven por favor.. ¡Que no duele! Yo lo hago a diario –decía Joe. Era extraño: perseguía a Kev alrededor de todo el salón con algo en la mano.

-Que no, Joe. Te he dicho que me gusta más el look natural –dijo Kev. ¿De qué hablaban? No se habían dado cuenta de que los observaba, así que me dediqué a analizar la situación: Joseph perseguía a Kevin con... ¡una plancha para el pelo! No sería capaz de...

-Kevin, hermano mío! Que por algo eres uno de los hombres más sexys del mundo! Ya verás que con el pelo liso estás mejor –dijo Joe sin parar de seguirlo.

-Pues a mí me gusta más como le queda rizado –dije yo. Ambos pararon y me miraron. No me gustaba esa mirada.

De golpe, Kevin dijo "¡A POR ÉL!" y entre él y Joe me arrastraron al baño.

-No, noo! ¡Por favor! ¡Me gustan mis rizos! No lo hagáis, pareceré un caniche mojado! –grité.

Intenté escapar, pero no pude hacer nada porque Frankie se había unido a la fiesta y me agarraba de la pierna. Al final, no pude hacer nada...

Cuando acabaron con "su obra maestra" tal y como dijo Joseph, estuvieron dispuestos a escucharme, pero antes tenían que restregármelo por la cara.

-De verdad, Nicholas, no sé cómo puedes vivir con ese pelo –dijo Joe. Kevin como siempre, se reía con risa de loco.

-Estás muy guapa –articuló Kev. –No sabía que tenía una hermana pequeña en vez de un hermano...

Me miré en el espejo y era cierto. Con el pelo liso parecía una niña. Una niña con unos brazos de hombre, eso sí. Dejé el problema del peinado a un lado, ya me lo arreglaría cuando estuvieran despistados.

-Tengo que contaros algo –les dije –¿He actuado mal?

-A ver, cuenta –dijeron mientras se sentaban.

Les conté todo lo de mis conversaciones con esa chica misteriosa, esa con una voz que me había estado volviendo loco toda la semana.. y también les conté lo de la cita de ese mismo día. Es seguida, Joseph se ofreció a acompañarme. No había forma de que él se negara a una chica.

-Yo iré contigo, pero no nos pueden ver –dijo.

-Lo más normal en una cita es que ambas personas se conozcan –dijo Kev poniendo los ojos en blanco –Así que ¿cuál es tu plan?

***

Lizzie había reaccionado bastante bien cuando se calmó. Su primera respuesta fue tirarme el frappuccino a la cabeza porque, según dijo ella: "las amigas se lo cuentan todo" pero cuando le dije que le había conseguido una cita con un chico de 19 años, la cosa cambió.

-¿Diecinueve años? ¡Como mi Joe! –dijo con un brillo en los ojos.

Estábamos sentadas en su cuarto del cual se mostraba muy orgullosa: todas las paredes estaban cubiertas de fotos de los Jonas y de cosas hechas por ella misma, como montajes en los que aparecía con Joe. Pero lo que más me gustaba era un póster de tamaño real que tenía de Joseph. Fui con ella a comprarlo y aún me acuerdo del grito que dimos cuando lo vimos.

-Entonces, ¿vamos? –le dije emocionada.

-Por supuesto. Nunca dejes pasar oportunidades así. Pero, cogeremos el spray antivioladores, por si acaso.

La miré asombrada.

-No es tan grave como parece –dijo. –Hoy en día todas las chicas llevamos uno en el bolso.

No era ese mi caso, la verdad. No tenía costumbre de llevar un spray pimienta detrás. En un momento se puso histérica decidiendo qué debíamos ponernos y qué pelo hacernos... ¡hasta intentaba decidir el color de uñas!

Tuve suerte cuando empezó a sonar mi móvil. ¡Número oculto otra vez! Pero ahora sí sabía que era él.

-¡Hola! –le dije-¡Cuánto tiempo! –murmuré irónicamente.

-Sí, ya... demasiado ¿verdad?

"No lo sabes tú bien" pensé. Sí, el tiempo se me hacía eterno cuando no hablaba con él.

-Ya está todo arreglado... pero mi hermano quiere hablar con tu amiga un momento –dijo Jack.

Claro, Liz había empezado a ponerse roja por momentos ya que tenía el móvil en altavoz.

-¡¡PÁSAMELO!! Quiero hablar con él –Liz se me tiró encima y trató de quitarme el móvil. Aunque me resistí, tuve que ceder ya que su mordisco en la mano dolió bastante.

-Hola? Eh... ¿estáis ahí? –se oía del otro lado.

-Sí! Hola... ¿está tu hermano mayor? –dijo Liz con voz seductora.

-Sí, ahora se... ¡Adam! No me empujes. –dijo Jack.

-¿Te llamas Adam? –dijo Lizzie. Parecía que los ojos estaban a punto de salírseles de las órbitas. Me miró y articuló sin sonido alguno: "¡Como mi Joseph!"

-Sí, monada. ¿Y tú? –preguntó Adam.

-Yo soy Liz..bueno Lizzie...no, Liz. Llámame como quieras. ¿Pero de verdad te llamas Adam?

El tal "Adam" empezó a ponerse nervioso.

-Sí... ¿porqué lo dices? No te gusta?

-¿Bromeas? –dijo Liz –Es como el de... –la corté intentando que no metiera la pata. No quería que la tomaran por una fan loca de los Jonas Brothers (aunque sí lo era).

-¿Cómo el de quién? –preguntó Adam.

Le arranqué el teléfono de las manos a Liz y pude hablar con Adam.

-¿Adam? Soy April otra vez. Esto... ¿ya tenéis claro a qué hora y dónde?

Pareció dudar un momento.

-Pues espera, te paso a N...Jack! ahora se pone Jack –dijo algo lioso.

-¿April? Nos veremos en el Starbucks del centro de vuestra ciudad. Os parece bien sobre las... 8 de la tarde? –dijo Jack.

Miré a Liz a ver qué le parecía y tras verla que estaba contando con los dedos cuántas horas nos quedaban de "preparación" hasta entonces, asintió con la cabeza y levantó el dedo pulgar.

-Vale, a las ocho en el Starbucks –repetí.

Se oyeron unos gritos desde la otra parte, como si alguien estuviera haciendo la danza de celebración.

-Perfecto –dijo Jack –y ¿cómo os reconoceremos? Es decir, ¿qué llevareis puesto?

-Pues... –me quedé mirando la habitación de Liz por un momento, y ella me iba proponiendo cosas -¿algo rojo? Sí, llevaré un vestido rojo.

-¿Y Liz? – se oyó de forma amortiguada desde lejos.

-Adam quiere saber qué llevará Liz. –dijo Jack cansinamente.

La miré con ojos interrogadores, pero ella me devolvió la mirada confundida.

*Qué te vas a poner?* les susurré sin que ellos lo oyeran.

*Ni idea* dijo ella. Se marchó a rebuscar a su armario.

-No lo sabe aún. Ella irá conmigo, es morena, de pelo largo y liso. –les dije.

-OK, hasta luego entonces, April –dijo Jack.

-Vale, hasta luego! Poneos guapos! –le dije.

-¡Nosotros somos siempre guapos! –gritó Adam a lo lejos.

Puse los ojos en blanco. Creído. Liz empezó a reír.

-Un beso! –gritó la loca. ¿qué hacía?

-Un beso! –respondió Adam.

-Bueno, nos vemos April. No puedo esperar –dijo Jack. Empecé a temblar.

-Yo tampoco, Jack –y colgué.

Tuve tiempo para sentarme justo antes de que Liz empezara a hacer su "desfile" con posibles conjuntos de ropa que llevaría esa tarde. Mi misión era asentir o poner cara de asco según lo que llevara puesto.

-Vale, preciosa. Y ahora, el pelo –dijo Liz cuando por fin se decidió. Iba a ser un día muuy largo hasta que fueran las ocho.

***

Como Joe habia estado muy ocupado consigo mismo esa tarde y Kevin estaba extrañamente ocupado, tuve tiempo para devolver a mi pelo su estado natural: rizado. Me sentía más a gusto así.

Cuando se hicieron las 8 menos cuarto, Kevin, Joe y yo ya estábamos entrando por la puerta trasera del Starbucks en el que habíamos quedado con las chicas, gracias a que Kev conocía al encargado.

-Gracias, Greg, eres muy amable. ¿Crees que podrías cerrar un trozo con 5 sillones, a modo de privado para nosotros y unas amigas que van a venir hoy?

Ese era el plan: si Greg, el amigo encargado de Kevin accedía a crearnos una "sala privada" en el Starbucks, esperaríamos a las chicas allí, y cuando las viéramos entrar, le diríamos a Greg que las trajera con nosotros. Era un plan bastante bueno, ¿no? Greg aceptó y armó un pequeño alboroto cuando echó a unos cuantos para crearnos el reservado lo más cerca posible de la puerta trasera. Fase 1 completada.

-Gracias, Kev –le dije- ¿Qué haríamos sin nuestro hermano mayor?

-Moriros del asco, seguro –dijo él con una sonrisa –Venga, vamos a esperar a las "princesitas encantadas".

Entramos en el reservado sin que nadie se diera cuenta. ¡Era perfecto! Podíamos ver sin ser vistos, así que en seguida Joe y yo estábamos vigilando la puerta de entrada, nerviosos. Nos asustamos varias veces, porque vimos algo rojo entrando, pero al final eran o chaquetas rojas o camisetas rojas, pero ningún vestido. Ya eran las 8:05 y no habían aparecido cuando de pronto...

-¡Nicholas! –Joe empezó a reír escandalosamente –¡Mira a esa que acaba de entrar!

Giré la cabeza esperando ver a la chica del vestido rojo, pero en su lugar vi a una loca que, sin tener en cuenta de que iba muy bien vestida, llevaba... ¡¿un bigote falso?!

-¡Qué daño le has hecho al mundo! –le dije a Joseph. Él seguía riendo.

-Pero, ¡es divertidísimo! Me encantaría poder conocerla... Está loca, tal y como a mí me gustan –dijo.

-¡Mirad, alguien la sigue! –dijo Kevin.

Una chica apareció corriendo detrás de ella. Tenía las mejillas rojas, suponía que por culpa de la carrerita que había tenido que hacer persiguiendo a su amiga. Pero entonces me fijé: ¡era April! Llevaba un vestido rojo con sandalias y una chaqueta negra, el pelo rizado suelto e intentaba sujetar a su amiga... Liz? Joe pareció darse cuenta en el mismo momento que yo de que esas chicas eran "nuestras citas".

-Nicholas, hermano mío... ¡eres un genio! –dijo Joe asombrado.

En ese momento no podía hacer otra cosa aparte de mirar a esa chica a la que había llamado por error hacía 5 días. Mi corazón iba cada vez más rápido y sentía que tenía ganas de levantarme a bailar claqué encima de la mesa, pero me tuve que contener.

Las chicas miraron alrededor, intentando averiguar quiénes éramos, pero el reservado era perfecto y no nos podían descubrir. Cuando pagaron sus bebidas, se acercaron a nuestro puesto, ya que habían encontrado sitio justo al lado del panel que nos ocultaba, así que pudimos escucharlas.

-Liz, ¿era necesario ese bigote? –preguntó April. Joseph me miró aguantándose la risa.

-Por supuesto. Si a Adam no le gusta mi bigote, será mejor saberlo desde un principio, ¿no crees? –le contestó Liz.

Yo no sabía qué hacer. Si hablaba con mis hermanos estaba seguro de que ellas nos oirían y nuestro secreto sería un desastre. Sin embargo, Joe parecía a punto de explotar de la risa que se estaba conteniendo.

-Qué raro este reservado ¿no crees? –preguntó April.

-Seguro que ahí dentro hay una pareja dándose el lote –contestó la amiga -. ¡Eh, vosotros! ¡Iros a un hotel!

Esto último lo dijo gritando, lo cual fue demasiado gracioso para Joseph, que rompió a reír como un loco. Yo rezaba para que a Kev no se le ocurriera reírse, ya que su risa era demasiado característica y estaba seguro de que se darían cuenta.

-¡Mierda! –dijo Liz. –Se me quedan los pelos del bigote en el frappuccino –Joe estaba rojo de la risa.

-Nicholas, ¡me encanta! –susurró mi hermano.

-¿Crees que tardarán mucho? –le preguntó April a Liz -¿y si no vienen?

-Seguro que sí –contestó ella –llama a Jack si quieres y le preguntas.

¡¡NOO!! ¡Si llamaba oiría mi móvil sonar al lado! Decidí adelantarme y le envié un mensaje rápidamente:

"Ya llegamos, siento la tardanza"

Oí cómo le llegaba.

-Vale, dicen que ya llegan –le dijo April a Liz. Mientras, la amiga seguía ocupada quitando pelos de su frappuccino.

Miré a Kev. Era el momento de la fase número dos: hacerles llegar una nota por medio de Greg para que entraran al reservado. Kevin me miró y me enseñó su móvil. Había un mensaje de papá. Teníamos que volver inmediatamente. Le dije que no con la cabeza, no podíamos hacerles eso; se enfadaría para siempre. Joe también parecía molesto, ya que le había gustado demasiado la chica como para dejarla ahora así como así. Pero las normas eran las normas, así que sólo nos dio tiempo a escribirles una nota antes de irnos disimuladamente por la puerta trasera.

***

No llegaban, y estaba segura de que todo había sido una broma de al gusto y que ahora Jack y su hermano Adam estarían riéndose bien de nosotras. Alguien tocó mi hombro.

-Perdona, ¿eres April? –me preguntó.

-Sí, soy yo –no era Jack, ni tampoco Adam. Parecía un empleado del Starbucks.

-Hola, soy Greg, el encargado. Tengo una nota que me han dejado hace unos segundos unos chicos: Jack y Adam. Me han pedido que os la diera.

Liz prácticamente se la arrancó de las manos al pobre hombre.

-Gracias –murmuré -¿hace mucho que estaban aquí?

-Sí, bastante –y se fue.

Liz empezó a leer la carta:

"April, siento mucho que no hayamos podido hablar en persona, pero hemos tenido que irnos rápidamente porque nos ha surgido algo. Por favor, no te enfades. Vas muy guapa de rojo. Jack."

¡Nos habían dado plantón! Liz me sacó de mi nube.

-¡Hay una para mí! –dijo.

"Liz, me encanta tu bigote. Adam."

-¡Oh! ¡Le encanta mi bigote! –gritó Liz -¿dónde crees que estarían escondidos?

La verdad, no lo sabía. Se tendría que disculpar mucho y muy bien para que le perdonara esto.

Tuvimos que movernos un poco cuando los camareros empezaron a desmontar el privado que teníamos al lado. Al echar un vistazo, descubrimos que los que habían estado allí se habían dejado sus vasos medio llenos, y casi morimos cuando leímos los nombres escritos en ellos: Joe, Kevin y Nick. ¿Era posible, o sólo otros que también se llamaban así? ¿Habían estado los Jonas Brothers a nuestro lado y no nos habíamos dado cuenta? Liz empezó a pegar saltitos y a ponerse roja.

-¡No...me...lo puedo creer! –nos dejamos caer en los sofás de golpe. Increíble.

-¡Y yo les he dicho que se fueran a un hotel! –murmuró Liz.

De repente, y sin esperármelo, Liz se puso a llorar.

-¿Qué te pasa, Lizzie? ¿Porqué lloras?

Ella siguió llorando, sin contestarme, miraba su frappuccino y luego hacia donde minutos antes habían estado los Jonas.

-Y... ¡¡encima mi frappuccino aún tiene pelos!!


Pobre Liz! xD si es que.. no se puede ser original y práctica a la vez! Os va gustando ?? Ü

ya sabéis... me alimento de reviews!! verdad que no queréis que me muera de hambre?? :)

comentaad porfavoor!! graaciass!!

POR CIERTOO! NO LO HE DICHO... no reclamo nada como propio... quiero decir, que los Jonas Brothers se pertenecen a sí mismos, o por lo menos a su madre... ¿o a sus novias? ¬¬ ni idea.. pero no son mios (OJALÁ!) :(